7 verdades sobre el TDAH y las emociones intensas

Las personas con TDAH sienten las emociones más intensamente que quienes no tienen este trastorno. Para muchas de ellas, la dificultad de regulación emocional es uno de los síntomas cuyo manejo supone un reto mayor.

Escrito por Thomas E. Brown, Ph.D.Additude Editors
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

 

No estás imaginando cosas, es cierto que el TDAH está ligado a emociones más poderosas, repentinas y rebeldes.

Pero, una vez entiendes tus dificultades con la regulación emocional, puedes tenerla bajo tu control.

7 verdades sobre la regulación emocional en el TDAH

Verdad # 1: las emociones intensas son un sello distintivo del TDAH.

Pocos médicos tienen en cuenta los desafíos emocionales al realizar un diagnóstico.
Sin embargo, la investigación muestra que las personas con TDAH experimentan dificultades agudas de:

  • frustración
  • impaciencia
  • irritabilidad

Verdad # 2: Los desafíos emocionales comienzan en el cerebro.

Las redes de conectividad cerebral que llevan la información emocional no funcionan bien en las personas con TDAH.
“El procesamiento de las emociones comienza en el cerebro”, dice Thomas Brown, Ph.D. “A veces, las limitaciones de la de memoria de trabajo del TDAH permiten a una emoción momentánea volverse demasiado fuerte, inundando el cerebro de una emoción intensa “.

Verdad # 3: las personas con TDAH pueden ser rápidamente barridas por una sola emoción.

Una emoción momentánea puede consumir todo el espacio del cerebro, igual que un virus informático puede devorar todo un disco duro.
Esa sola emoción desplaza cualquier otra información que pudiera ayudar a modular los sentimientos y regular el comportamiento. Esto explica por qué a veces falla la capacidad de razonar.

Verdad # 4: Las emociones motivan la acción.

Las neuroimágenes muestran que las recompensas diferidas no cuentan para las personas con TDAH.
Les motiva más la gratificación instantánea que ofrecen las emociones fuertes.

Verdad # 5: Una memoria imperfecta afecta a las emociones.

Las deficiencias de la memoria de trabajo disminuyen la energía emocional necesaria para planificar, monitorizar o autorregularse.
Esto deja a las personas con TDAH desorganizadas, prontas a enfadarse o propensas a postergar tareas.

Verdad # 6: El cerebro con TDAH no siempre distingue entre problemas menores y amenazas peligrosas.

Como resultado, a una persona con TDAH le cuesta lidiar de manera racional y realista con sucesos que son estresantes, pero que no suponen una preocupación seria.

Verdad # 7: tratar las emociones del TDAH requiere un enfoque multimodal.

La medicación para el TDAH puede mejorar las redes emocionales en el cerebro.

Pero también se necesita terapia conversacional para controlar el miedo o la baja autoestima.

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7 déficits de las funciones ejecutivas ligados al TDAH

Una autoridad internacionalmente reconocida en el TDAH, el Dr. Russell Barkley, explica cómo los déficits de las funciones ejecutivas se originan en el cerebro y cómo pueden servir como señales de alerta temprana del TDAH.

Escrito por ADDITUDE editorsRussell Barkley, PH.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

¿Qué son las funciones ejecutivas? ¿Y el TDAH?

Existe una gran confusión en torno a las “funciones ejecutivas” y cómo se relacionan con el TDAH. ¿Es el TDAH un trastorno de las funciones ejecutivas? ¿Todos los trastornos de las funciones ejecutivas son también TDAH? Las respuestas dependen de qué entendemos por “funciones ejecutivas” y de qué tienen que ver con la autorregulación.

El término “funcionamiento ejecutivo” fue acuñado en los años setenta por Karl Pribram, cuyas investigaciones indicaban que las funciones ejecutivas están reguladas principalmente por el córtex prefrontal. Tradicionalmente, ha sido ampliamente utilizado en neuropsicología, psicología clínica y psiquiatría. En los últimos años, sin embargo, se ha extendido al campo de la psicología general y a la educación, donde a menudo se incorpora a las estrategias de enseñanza y las adaptaciones en el aula.

Hasta ahora, conocemos cuatro circuitos de esta parte del cerebro relacionados con el funcionamiento ejecutivo y con los déficits de éste.

  • El circuito “Qué”: va del lóbulo frontal – especialmente la superficie externa – hacia un área del cerebro llamada ganglio basal, particularmente hacia una estructura llamada cuerpo estriado. El circuito “Qué” está vinculado a la memoria de trabajo, por lo que es aquí donde lo que pensamos comienza a guiar lo que hacemos. Esto es especialmente cierto cuando se trata de planes, objetivos y el futuro.
  • El circuito “Cuándo”: este segundo circuito va de la misma área prefrontal a una parte muy antigua del cerebro, llamada cerebelo, situada en la parte posterior de la cabeza. El circuito “Cuándo” es el que controla el tiempo en el cerebro: no sólo coordina la tranquilidad del comportamiento y la secuencia de la conducta, sino también la puntualidad de tus acciones y cuándo haces ciertas cosas. Un mal funcionamiento de un circuito “Cuándo” en una persona con TDAH explica por qué a menudo tenemos problemas con el manejo del tiempo.
  • El circuito “Por qué”: el tercer circuito también comienza en el lóbulo frontal y pasa por la parte central del cerebro (conocida como el córtex cingulado anterior) hasta la amígdala, la puerta de entrada al sistema límbico. Se le conoce como el circuito “caliente” porque está vinculado a nuestras emociones: es donde lo que creemos controla cómo nos sentimos, y viceversa. Es quien toma la decisión final en todos nuestros planes. Cuando pensamos en varias cosas que podríamos hacer, éste es el circuito que acaba eligiendo entre las opciones, basándose en lo que sentimos acerca de ellas y en sus propiedades emocionales y motivacionales.
  • El circuito “Quién”: este último circuito va desde el lóbulo frontal hasta la parte posterior del hemisferio. Es donde tiene lugar la autoconciencia – donde somos conscientes de qué hacemos, cómo nos sentimos (tanto interna como externamente) y qué nos está sucediendo.

Viendo el TDAH en relación con estos cuatro circuitos, puedes comprender dónde se originan los síntomas. Dependiendo de qué circuitos estén más o menos deteriorados, se pueden ver diferentes tipos de síntomas en cada persona. Algunas personas tienen más déficit de memoria de trabajo. Otras tienen más problemas de regulación emocional. Las hay que tienen más dificultades con el tiempo, pero menos dificultades con todo lo demás. Pero todas esas limitaciones tienen que ver con estos circuitos.

Así pues, sabemos qué partes del cerebro controlan las funciones ejecutivas, pero ¿qué son específicamente? En términos generales, las funciones ejecutivas se refieren a las capacidades cognitivas o mentales que las personas necesitan para perseguir sus objetivos activamente. En otras palabras, tratan de cómo nos comportamos con respecto a nuestros objetivos futuros y qué habilidades mentales necesitamos para lograrlos.

El término está muy relacionado con la autorregulación: las funciones ejecutivas son cosas que te haces a ti mismo para cambiar tu comportamiento. Al emplear tus funciones ejecutivas de manera efectiva, esperas cambiar tu futuro para mejor.

Las funciones ejecutivas se juzgan por la fuerza de estas siete habilidades:

  1. Autoconciencia: En pocas palabras, es una atención autodirigida.
  2. Inhibición: también conocida como autocontrol.
  3. Memoria de trabajo no verbal: la capacidad de mantener las cosas en tu mente. Esencialmente, imágenes visuales: qué tal puedes imaginar mentalmente las cosas.
  4. Memoria de trabajo verbal: auto-discurso, o discurso interno. La mayoría de la gente considera esto su “monólogo interior”.
  5. Autorregulación emocional: la capacidad de tomar las cuatro funciones ejecutivas anteriores y usarlas para manipular tu propio estado emocional. Esto significa aprender a usar palabras, imágenes y tu propia autoconciencia para procesar y alterar qué sentimos acerca de las cosas.
  6. Auto-motivación: ¿Qué tal puedes motivarte para completar una tarea cuando no hay una consecuencia externa inmediata?
  7. Planificación y resolución de problemas: a los expertos a veces les gusta pensar en esto como un “juego del yo”: cómo jugamos con la información en nuestras mentes para encontrar nuevas formas de hacer algo. Al separar las cosas y combinarlas de diferentes maneras, estamos planeando soluciones a nuestros problemas.

¿Te resulta familiar esta lista? Debería ser así. Cualquiera que presente los síntomas clásicos del TDAH tendrá dificultades con todas o la mayoría de estas siete funciones ejecutivas. Los problemas de inhibición en alguien con TDAH llevan a acciones impulsivas, por ejemplo. Los problemas de regulación emocional conducen a rabietas inapropiadas.

Esencialmente, el TDAH es un trastorno de déficit de las funciones ejecutivas. El término general “TDAH” es simplemente otra forma de referirse a estas cuestiones.

Estas siete funciones ejecutivas se desarrollan con el tiempo, generalmente en orden cronológico. La autoconciencia comienza a desarrollarse hacia los dos años; a los treinta, la planificación y la resolución de problemas deben estar completamente desarrolladas en una persona neurotípica. Las personas con TDAH generalmente llevan entre un 30 y un 40 por ciento de retraso respecto a sus iguales en la transición de una función ejecutiva a la siguiente. Por lo tanto, es lógico que los niños y adultos con TDAH tengan problemas para lidiar con situaciones propias para su edad: piensan y actúan como personas más jóvenes.

El conocimiento de estas funciones ejecutivas puede ayudar a los padres a establecer un sistema de detección precoz del TDAH, ayudándoles a buscar una evaluación profesional y adaptaciones antes de que un niño comience a pasarlo mal en la escuela. Luego, con las adaptaciones y el tratamiento adecuados, las personas con TDAH pueden aprender a usar lo que saben y fortalecer estas funciones ejecutivas a lo largo del tiempo.

 

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Derrotar a la indecisión. ¡Es fácil tomar decisiones!

¿Te supone un reto tomar decisiones? ¿Te da miedo equivocarte? Aprende cómo decidir – incluso bajo presión. Y cómo tomar decisiones que mejoren tu productividad y tu estado de ánimo

Escrito por Sandy Maynard
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Nuestro rapidísimo cerebro TDAH parece incapaz, a veces, de hacer fáciles las cosas. Queremos comprar un nuevo smartphone, así que entramos en Internet para ver qué es lo que hay; lo que conseguimos es un caso de trastorno por exceso de atención. Descubrimos tanta información que no podemos tomar una decisión. Estamos desbordados.

A veces, nuestra dificultad para tomar decisiones se extiende a las cosas que deben resolverse ahora mismo, como un grifo que pierde agua. No sabemos qué grifo comprar, así que dejamos que el viejo gotee durante meses hasta que tenemos una inundación debajo del fregadero. Pero tomar decisiones no tiene por qué ser un desafío: así es como algunos de mis pacientes con TDAH se hicieron más decididos.

El proceso de toma de decisiones

Susan, una funcionaria jubilada recientemente, quería regresar a un pequeño pueblo de Carolina del Norte donde viven sus padres y amigos. Sabía que era la elección correcta, pero en lugar de buscar un lugar para vivir, pasó semanas navegando por la red para ver lámparas, armarios de cocina y suelos. Vino a pedirme ayuda. Descubrimos dos estrategias para salir adelante.

Considera los pros y los contras: la primera estrategia fue hablar sobre el tipo de casa en la que le gustaría vivir. Escuchar sus propias palabras en voz alta facilitó el proceso de toma de decisiones, ya que fue capaz de descartar opciones. Rehabilitar una casa o construir una nueva parecía atractivo cuando Susan lo pensó, pero perdió ese atractivo cuando le pregunté: “¿Cuánto tiempo crees que costará?”. Se dio cuenta de que un piso era una opción mejor.

Prioriza: la segunda estrategia fue identificar lo que ella más valoraba: pasar tiempo con su familia y amigos y mantenerse activa. Decidió que tener una gran sala de estar/comedor para recibir visitas era más importante que tener tres dormitorios grandes. Y quería que el piso estuviera cerca de un carril bici o un gimnasio. Esta idea redujo sus opciones. Un piso que había descartado ahora parecía más atractivo. Lo compró.

Piensa a largo plazo y en conjunto: Terry, una recién graduada que acaba de empezar en su primer trabajo, usa la misma estrategia para ayudarse a tomar decisiones. Antes de elegir, se pregunta: “¿Cuál es la opción más saludable para mi bienestar físico, espiritual y emocional?” Antes de que identificara el cuidado personal como algo más importante que el éxito financiero y los logros profesionales, cualquier decisión era estresante. Terry trabajaba hasta tarde y se lamentaba por perderse su clase de yoga o por no pasar tiempo con sus amigos. Además, quedarse hasta tarde perjudicaba su rendimiento en el trabajo al día siguiente. Ella me dijo: “Tomar decisiones basadas en lo que es mejor para mí me ha ayudado a hacer mi trabajo más rápido y mejor. Cuidarme a mí misma es la forma de conseguir ventaja profesional”.

Toma decisiones con confianza: Tom tenía claro lo que quería. Pero no podía avanzar porque temía que no fuera la elección “correcta”. Le sugerí que enumerara sus temores y se preguntara: “¿Qué es lo peor que puede pasar?” Mientras discutíamos las formas de manejar cada cosa que podía salir mal, Tom se dio cuenta de que era lo bastante inteligente y lo bastante resiliente emocionalmente para manejar cualquier cosa pudiera ocurrir. Esto hizo desaparecer el miedo de su toma de decisiones.

Evita actuar de forma impulsiva: dado que las personas con TDAH toman decisiones impulsivas que a veces son contraproducentes, la decisión de no decidir también es una buena opción. A veces me doy cuenta varias semanas después de que muchas de mis “grandes ideas” no valen la pena. No hay que hacer caso de todo lo que se nos pasa por la cabeza. Es importante ser capaz de tomar decisiones, pero es igual de importante no tomar decisiones que nos desorienten.

Qué hacer para decidir

  • Identifica el problema.
  • Enumera las soluciones y opciones.
  • Discute las estrategias con otros.
  • Clasifica las opciones según tus preferencias.
  • Haz una lista de pros y contras de las dos o tres primeras.
  • Elige la opción con la que te sientas más a gusto e identifica las acciones necesarias para realizarla.
  • Tómate algo de tiempo antes de seguir adelante, para asegurarte de que tu elección no fue impulsiva. Al hacerlo, puede que descubras que la segunda o la tercera opción es mejor para ti. Esto me ha pasado un montón de veces.
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Tomar las riendas del tratamiento en el instituto

Tres formas en que los adolescentes con TDAH pueden dominar los desafíos de la medicación en el instituto.


Escrito por Larry Silver, M. D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

A nadie le gusta ser “diferente”, especialmente en la adolescencia, cuando es importante encajar. Por eso muchos estudiantes con trastorno por déficit de atención e hiperactividad deciden dejar de tomar la medicación para el TDAH que tomaban de niños.

Pero, contra la creencia popular, el TDAH no suele desaparecer con la edad. Dejar de tomar medicamentos puede hacer que tus diferencias destaquen más y conducirte a un desastre social.

He aquí formas mejores de lidiar con los desafíos planteados por tu TDAH.

“Me avergüenza que todo el mundo sepa que tengo TDAH y tomo medicación. Si no tomo medicación, nadie tiene por qué saber que lo tengo”.

Como adolescente, tener TDAH es asunto tuyo y tú decides con quién compartir esta información. Habla con tus padres sobre un plan de acción para minimizar tus sentimientos de vergüenza. Ahora hay medicamentos que se toman una vez al día, lo que significa que no tienes que ir a la enfermería del colegio a tomar una dosis al mediodía.

Si tienes un profesor insensible, habla con él del respeto a tu privacidad médica. Si vas a visitar a un amigo, responsabilízate de tu propia medicación. para que los demás no tengan que saber que la tomas.

“Cuando tomo mi medicación no tengo apetito, así que soy mucho más bajo que todos los de mi edad”.

Para aumentar de peso y músculo, crea “oportunidades”. Trata de desayunar fuerte antes de tomar tu primera dosis. Come una hamburguesa o pizza si lo deseas; no hay ninguna ley que obligue a desayunar cereales y tostadas.

Acepta que quizá no tengas apetito a la hora de comer. Intenta comer pequeñas cantidades de alimentos ricos en calorías, como queso, mantequilla de cacahuete o helado.

Calcula la hora de tomar la medicación para que se termine su efecto para las seis de la tarde. Tu apetito regresará y podrás disfrutar de una cena abundante, aunque es posible que no puedas hacer los deberes en este momento. Toma una dosis final después de la cena si necesitas concentrarte. Si este horario no es práctico, píde a tus padres que te excusen de comer y guarden tu plato para más adelante, cuando pase el efecto de la medicación.

Algunos niños preparan batidos con suplementos alimenticios altos en calorías como Pediasure o Meritene. Añade tus propios ingredientes: helado, leche, fruta y esencias.

Si aún no puedes ganar peso, habla con tu médico sobre la posibilidad de cambiar a otro medicamento que no afecte al apetito. En cualquier caso, no te preocupes. Aunque la medicación puede ralentizar tu crecimiento, los estudios muestran que tiene poco o ningún efecto sobre tu estatura final.

“Algunos de mis amigos beben cerveza y fuman marihuana. No quiero que piensen que no soy guay. ¿A que no es tan malo?

Lo siento, pero sí que es malo. Además de ser ilegales, las drogas y el alcohol no combinan bien con los medicamentos para el TDAH. Incluso si no tomas medicamentos, las drogas y el alcohol pueden empeorar tus síntomas de TDAH, lo que puede convertirte en un paria social. Si ya tienes problemas para controlar tus impulsos y tus interacciones sociales, ¿qué sucederá cuando las drogas y el alcohol eliminen todo tu autocontrol?

Dicho eso, seamos realistas. Si te encuentras en una situación social en la que puede que bebas, asegúrate de que tu medicamento no está haciendo efecto. Si es así, recuerda que puedes experimentar una sensación de “colocón” o “euforia” mayores de lo normal. Bebe menos.

El consumo habitual de alcohol y drogas con medicamentos para el TDAH puede ocasionar problemas graves. Como adolescente, sólo tú puedes decidir si quieres comportarte como un adulto y tomar la opción madura y responsable. Tómatelo con calma o mejor aún, no bebas ni consumas drogas.

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“¿Cómo puede ser ya la hora?”

¿Tienes un mal sentido del tiempo que te hace ir con retraso, corriendo y perdiendo el hilo de tu agenda? Prueba estos consejos para vencer al reloj de una vez por todas.

Escrito por Ari Tuckman, Psy.D., MBA
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Todos tenemos un reloj interno que nos dice cuánto tiempo ha pasado.

Para algunas personas, ese reloj marca su tic tac de manera fuerte y sistemática, por lo que calculan bastante bien el paso del tiempo. Utilizan ese conocimiento para guiar su comportamiento y realizar los ajustes necesarios, como acelerar cuando se acaba el tiempo o priorizar sus actividades para completar las tareas más importantes cuando cambian las circunstancias. Tienen una agenda en su mente y saben en qué punto de ella están: qué les queda por hacer y cuánto tiempo tienen para hacerlo.

En general, las personas con TDAH saben lo que tienen que hacer, pero les cuesta hacerlo. El tic tac de su reloj interno es muy tenue, demasiado silencioso para guiar su comportamiento. Como resultado, se quedan absortos en actividades divertidas cuando deberían hacer otras más importantes, pero menos emocionantes. O, si están haciendo algo importante, es posible que no se den cuenta de que deben dejarlo y hacer otra cosa, como acudir a una reunión, irse a la cama o recoger a los niños.

Ceguera al paso del tiempo

¿Os describen las siguientes situaciones a ti y a tu vida?

El tiempo es fluido. Diez minutos haciendo algo aburrido te parece una hora. Una hora haciendo algo divertido es para ti como diez minutos.

Subestimas el tiempo necesario para hacer una tarea. Te resulta difícil predecir cuánto tiempo van a costar las cosas. Al planear un proyecto, subestimas, no sobreestimas, cuánto tiempo llevará terminarlo.

Vas tarde. No te das cuenta de cuándo es hora de salir para una cena o una cita de negocios, porque tu despertador interno aún no ha sonado.

Te acuestas demasiado tarde todas las noches. Te pasas el día yendo a la zaga y eso retrasa la hora de irte a la cama. Pierdes la noción del tiempo cuando pasas la tarde en casa sin un horario, por lo que no te das cuenta de que es hora de dormir.

Siempre estás corriendo demasiado. Debido a las prisas, sales de casa con mucho estrés y recuperas el tiempo perdido conduciendo más rápido.

Te ven como alguien que desperdicia el tiempo. Te critican por hacer primero las tareas menos importantes y no llegar a las más importantes, pero eso no lo eliges conscientemente.

Resiste

El objetivo es pasar por un proceso de compromiso con estrategias de control de tiempo basadas en tus fortalezas, tus debilidades y lo que tienes que hacer. Te garantizo que las siguientes estrategias son buenas y funcionarán. Todo se reduce a utilizarlas. Así que haz la asume el siguiente compromiso, pero no lo hagas a la ligera. Piénsalo durante un día, o incluso una semana. Si vas a hacerlo, dedica tus mejores esfuerzos. Tú lo mereces.

Quiero una vida mejor, así que me comprometo a:

  • hacer cambios y probar algo nuevo
  • hacer mi mejor esfuerzo para usar estas estrategias con diligencia, aun cuando no me apetezca
  • estar abierto a aprender de estas experiencias
  • ser flexible cuando una estrategia no funcione
  • abandonar una estrategia sólo cuando pueda reemplazarla por otra que funcione mejor.

Ajusta tu reloj interno

  1. Pon un reloj en cada habitación. Cuantos más relojes veas (sin tener que buscarlos), más probable es que seas consciente de la hora.
  2. Mira la hora regularmente. Proponte mirar la hora a lo largo del día. Hacerlo con regularidad hará menos probable que el tiempo pase sin darte cuenta.
  3. Lleva reloj. Tu teléfono marca la hora, pero es más probable que mires la hora si está en tu muñeca que si tienes que sacar el teléfono del bolsillo.
  4. Capta las vibraciones y los pitidos. Muchos relojes digitales se pueden configurar para emitir pitidos o vibraciones a intervalos regulares. Estos recordatorios te hacen saber que ha pasado otro período de tiempo. Pueden romper tu hiperfoco si llevas demasiado tiempo enganchado a algo. También puedes descargar aplicaciones para el móvil para eso.
  5. Hazte una pregunta. Si te preguntas muy a menudo por qué has pasado tanto tiempo haciendo algo, acostúmbrate a preguntarte: “¿Qué debería estar haciendo ahora? ¿Estoy empleando bien mi tiempo?” Si no es así, cambia a algo más productivo.
  6. Cuelga letreros por la casa. Averigua cuánto tiempo te lleva completar tus rutinas de la mañana, luego cuenta hacia atrás desde el momento en que debes salir de casa y cuándo debes terminar cada actividad (terminar el desayuno a las 8:30, vestirte a las 8:10, y así). Coloca notas adhesivas o letreros en cada habitación que te digan cuándo debes pasar a la siguiente actividad.

Avísate de que se ha acabado el tiempo

  1. Configura una alarma. En lugar de confiar en tu reloj interno, deja que la tecnología te tenga al corriente de que es hora de comenzar o dejar de hacer algo.
  2. Usa temporizadores de cuenta atrás. Puedes usar tu reloj digital o uno de esos temporizadores baratos de cocina para avisarte de que ha pasado una cantidad de tiempo determinada y de que es hora de hacer otra cosa. Los temporizadores te evitan tener que estar pendiente de cuánto tiempo ha pasado. Si estás trabajando en el ordenador, usa Outlook u otros programas para avisarte.
  3. Programa una alarma “prepárate para irte a la cama”. El retraso de la mañana a menudo comienza acostándose tarde la noche anterior. Si te enredas en actividades y te olvidas de la hora de acostarte, programa una alarma para que suene a la hora de prepararte para ir a la cama. Obedécela, a menos que tu casa esté ardiendo.
  4. Usa complementos de tu navegador para limitar tu tiempo online. Es fácil perder la noción del tiempo cuando estás en Internet. Un enlace lleva a otro… y a otro… Descarga complementos como Leechblok para Firefox y Stayfocusd para Google Chrome, para limitar el tiempo que pasas en sitios específicos, así como tu tiempo online.
  5. Programa tu televisor para que se apague solo. Muchos televisores se apagan automáticamente después de un tiempo determinado o en un momento específico.
  6. Conecta las luces de tu casa a un temporizador. Para romper tu hiperfoco nocturno, reemplaza el interruptor por uno programable. La oscuridad te recordará que es hora de levantarte y cambiar de tarea, o de ir a dormir.
  7. Vincula tu horario al de otra persona. Irte a la cama, despertarte y salir de casa al mismo tiempo que otro miembro de la familia, te permite seguir el ejemplo de esa persona sobre qué momento es y en qué parte del proceso debes estar. En el trabajo, puedes hacer coincidir tu horario con el de otra persona acudiendo a una reunión al mismo tiempo.

Programa tu tiempo

  1. Escribe un cronograma para el día y revísalo. Es difícil saber si estás adelantado o atrasado si no sabes cuál es el horario. No programes cada momento, solo tareas o actividades concretas (salir al banco a las 3:30, lavar la ropa antes de comer). Consulta el cronograma para guiar tus actos.
  2. Ajusta tu cronograma cuando cambien las circunstancias. Es raro el día que sigue exactamente el cronograma. Mantenlo a mano, para poder consultarlo cuando surja algo nuevo. No te comprometas a nada nuevo hasta que hayas comprobado cómo encaja en tu plan general.
  3. Añade tiempo para prepararte. Las personas con TDAH se retrasan cuando no tienen en cuenta el tiempo que cuesta pasar de una actividad a otra o salir de casa o de la oficina. Si tienes que salir para una reunión de negocios a las dos, comienza a reunir materiales y caminar hacia el coche hacia las dos menos veinte.
  4. Agrega un 50 por ciento o más a todas tus estimaciones. Si tienes una actividad que no ha cronometrado, debes adivinar cuánto tiempo te llevará cumplirla. Todo cuesta más tiempo de lo que creemos, así que hincha tus estimaciones. Si terminas más rápido, considéralo un regalo. Y como cualquier regalo, no cuentes con recibirlo todos los días.

Extraído de “Understand Your Brain; Get More Done: The ADHD Executive Functions Workbook”, de Ari Tuckman, Psy.D., MBA. © Specialty Press, Inc. 2012.

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Para profesores: cinco formas de ayudar a los niños hiperactivos a aprender

Con estas divertidas técnicas de enseñanza, puedes conseguir que tus alumnos hiperactivos dirijan toda esa energía en la dirección correcta

Escrito por Susan Saurel
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

¿Te vuelven un poco loco los niños hiperactivos en el aula? La mayoría de los profesores diría que sí. Los estudiantes hiperactivos son exigentes, pero ¿eso significa perder la esperanza? ¡Por supuesto que no!

Dirigirte a los alumnos hiperactivos de la forma correcta puede convertirse en una hermosa experiencia de motivación y respeto mutuos.

Los niños hiperactivos simplemente necesitan más atención. En general, los niños son activos por naturaleza, pero los niños hiperactivos están siempre en movimiento y saltando de una actividad a otra. Les cuesta prestar atención a las explicaciones cuando empleas métodos de enseñanza tradicionales.

Por eso debes aplicar otras estrategias que involucren a los estudiantes hiperactivos en su propio nivel. Lo mejor es que estos métodos también hacen más divertido el proceso de enseñanza.

1.   Enséñales cómo relajarse

Mindfulness (Atención Plena) y escuela pueden parecer poco compatibles, pero muchos profesores han experimentado sus beneficios. Investigaciones recientes han descubierto que los programas y técnicas de Atención Plena producen resultados beneficiosos en el aula. Un instituto de bachillerato de Nueva York implantó un programa de yoga en 2016. Los estudiantes que participaron tuvieron una nota media significativamente más alta que los que no lo hicieron.

No se trata solo de las calificaciones. Otro estudio realizado con estudiantes de secundaria mostró que el yoga ayuda a los estudiantes a controlar sus emociones.

La Atención Plena consiste en estar en el momento presente, sin ningún apego ni juicio. Para un niño hiperactivo, significa percibir el estado actual en su cuerpo y mente, y hacer las paces con él.

La Atención Plena se logra normalmente a través de técnicas de meditación. La meditación entrena la mente para dejar a un lado las distracciones y estar presente en el momento actual. Si crees que tus alumnos son demasiado jóvenes o demasiado inatentos para la meditación, puedes comenzar con técnicas simples de respiración y relajación. Estas también conducen a un estado mental de concentración.

  • Primero, debes saber cómo implantar la relajación y la respiración en el aula. Busca un buen instructor en tu localidad y asiste a algunas clases. Pregúntale cómo enseñar técnicas de relajación y respiración a los niños. Puedes invitarle a venir a tu clase para dirigir una breve sesión de relajación.
  • Combina la técnica de relajación con imágenes visuales positivas. Muchos atletas confían en la visualización para mejorar su rendimiento. Como estás tratando con estudiantes hiperactivos, diles que imaginen una escena relajante, como un jardín, una playa o un bosque silencioso.

2.   Fomenta el aprendizaje práctico

Los estudiantes hiperactivos aprenden mejor cuando participan en el proceso. No puedes esperar que se sienten tranquilamente en su pupitre, escuchen la lección y hagan un examen. Eso les resulta demasiado difícil. Siempre es mejor hacer que escuchar, así que puedes transformar su hacer en una actividad de aprendizaje.

  • Pídeles que dibujen ilustraciones para una de las lecturas del curso. Es una buena manera de enseñar a escribir redacciones y contar historias.
  • Hablando de redacciones, pon en contacto a tus alumnos con escritores profesionales que puedan proporcionarles una guía paso a paso que los enganche al proceso de escribir.
  • Los profesores suelen aconsejar a los padres que practiquen el aprendizaje práctico con sus hijos. ¿Por qué no sigues tu propio consejo? En lugar de enseñar las ciencias en clase, búscalas fuera de las paredes del aula de vez en cuando. Llevar a tu clase al parque puede poner a prueba tu paciencia, pero si organizas bien la excursión, puedes hacer que tus alumnos aprendan mientras exploran.

3.   Permíteles moverse

A los niños hiperactivos, por definición, les resulta difícil estarse quietos. Es una tortura quedarse sentados en su pupitre demasiado tiempo. Estos estudiantes son aprendices kinestésicos. Eso no es malo. Es una oportunidad para que introduzcas nuevos métodos en tus rutinas educativas orientadas a ese estilo de aprendizaje.

  • Cuando enseñes una lección de historia, conviértela en un proyecto teatralizado. A cada alumno se le asigna un papel y todos representan escenas de la lección. Tú puedes ser el narrador, introduciendo fechas y datos en la representación. Les será mucho más fácil recordar la información si la aprenden mediante un juego activo.
  • Cuando vayas a preguntar algo, lánzale al alumno una pelota suavemente, en lugar de llamarle por su nombre. Es una actividad sencilla que agrega diversión a los debates.
  • Después de pasar media hora sentados en sus pupitres, recompensa a tus alumnos invitándoles a ponerse de pie, estirarse y descansar bailando durante un minuto.

4.   Enséñales a ser útiles

Los niños hiperactivos quieren y necesitan moverse. Canaliza esa necesidad en una actividad útil. La limpieza, para ser precisos.

Anima a tus estudiantes a responsabilizarse de limpiar el aula. Enséñales que es una parte más de la jornada escolar.

Di: “¡Ea, vamos a limpiar el aula entre todos!” Haz una llamada a la acción. Puedes dividirlos en grupos: unos limpian los pupitres, otros recogen los papeles del suelo y los demás ordenan los objetos del aula. Haz rotar los grupos a lo largo del mes, para que todos hagan de todo.

Estas sencillas tareas dan a los niños un sentido de la responsabilidad y hará que quemen algo del exceso de energía. El resultado final es que los alumnos estarán más tranquilos durante el resto del día.

5.   Crea tu propio sistema de recompensas

No puedes esperar que todos tus estudiantes estén motivados y deseosos de aprender todo lo que les eches. Sin embargo, puedes alentar y persuadir a tus alumnos para que tengan ganas de aprender.

  • Ayuda a arrancar su motivación ofreciendo recompensas tangibles. Regálales diplomas, calcomanías o chuches sanas como premio. Las recompensas tangibles producen resultados inmediatos y les dan a los alumnos algo en lo que centrarse.
  • Sin embargo, no les acostumbres demasiado a ganar premios por hacer los deberes escolares. Los comentarios verdaderamente positivos también están bien. Cuando los estudiantes hiperactivos se comportan bien, aunque sea tan sólo durante una hora, felicítalos por su logro.

Cualquiera que sea el método que decidas usar, recuerda: los niños hiperactivos son solo niños. No pueden ser serios y seguir instrucciones todo el tiempo. El primer paso para resolver el problema es simple: el maestro debe dejar de ser demasiado serio. Con técnicas de enseñanza divertidas, puedes dirigir a los estudiantes hiperactivos a dirigir toda esa energía en la dirección correcta.

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TDAH: conduciendo hacia la catástrofe

Editado por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Escrito por Taylor J.

Mi marido condujo un Ford Bronco de 1979 durante la mayor parte de nuestro matrimonio (o sea, hasta que se incendió en el aparcamiento de un Home Depot. Guardó la carrocería quemada para arreglarla… “algún día”). Antes del tratamiento, yo pensaba que su tendencia a darse golpes cuando conducía otros coches se debía únicamente a que estaba acostumbrado a la lenta y pesada mole de metal que había conducido tanto tiempo.

En realidad, puede que esa lenta y pesada mole de metal le haya hecho ir más despacio y le haya salvado la vida.

Yo rezaba a todas horas para que no le pasara nada en la carretera y contaba los minutos hasta que volvía.

“Desconectando” mientras conducía

Otro problema era conducir largas distancias: sin previo aviso, se quedaba dormido al volante. Yo estaba leyendo o cosiendo y, de repente, el coche empezaba a cambiar de carril. Miraba hacia su lado y le veía dando cabezadas.

Ideamos un sistema. Yo le rascaba el brazo desde el codo hacia arriba, y él diseñaba mentalmente el secreter de sus sueños. En cuanto encontrábamos un lugar seguro donde detenernos, yo me ponía el volante.

Más tarde descubrimos que ésta es probablemente otra manifestación del TDAH; el aburrimiento te lleva, en cierto sentido, a “desconectar”. Aquella especie de estrategia, que desarrollamos sin saber nada sobre el TDAH, servía para mantener su cerebro ocupado en algo más interesante que seguir la línea de la carretera (y nos salvó la vida).

Hay que decirlo: yo tampoco era la mejor conductora

Me distraía con una llamada telefónica, con un CD o hablando con alguien del asiento trasero. Llegué a leerme los dos primeros capítulos de un libro mientras el semáforo se ponía en rojo una y otra vez. ¡Tonta, tonta, tonta! Casi todos mis accidentes han sido golpes por detrás, por culpa mía.

Gina escribe:

“Ninguna otra actividad de la vida afectada por el TDAH adulto se ha estudiado tanto como la conducción. Sistemáticamente, los estudios demuestran que la medicación estimulante es efectiva para mitigar los problemas al volante relacionados con el TDAH “.

Ninguno de los dos hemos tenido ningún accidente desde que comenzamos el tratamiento con medicación.

Como pasa con el manejo del dinero, Gina señala que conducir no supone un problema para todos los adultos con TDAH. Tampoco es que cada conductor malo oculte un TDAH sin tratar. Pero “en general, cuando hablamos de TDAH no tratado, la evidencia predominante indica que se dan serias interrupciones, que pueden llegar a ser mortales”.

El especialista en TDAH Russell Barkley ha llegado a proponer que el “exceso de velocidad” se incluya como síntoma común del TDAH.

Verdaderamente es una cuestión de vida o muerte

¿Cómo podemos reconocer las conductas al volante debidas al TDAH en nosotros mismos y en nuestra pareja? Gina nos ayuda a detectarlos con una lista de síntomas de la consultora educativa Marlene Snyder, autora de ADHD & Driving: a Guide for Parents of Teens with ADHD (2001).

Los conductores inatentos pueden ignorar señales y peligros

Rosalía aprendió hace treinta años a no ir en el coche cuando conducía su marido, pero hace poco ha necesitado que él la lleve a las sesiones de quimioterapia: “Se pone a mirar a su alrededor, en vez de prestar atención a la conducción. La última vez que iba con él, no se dio cuenta de la señal del tren que teníamos justo delante. A pesar de las luces rojas parpadeantes y del sonido de las campanas ‘ding, ding, ding’, siguió adelante hasta que pegué un grito. ¡La barrera nos cayó encima del capó!”

Los conductores impulsivos suelen hacer movimientos imprevisibles

Para Fanny, descubrir el TDAH le hizo entender el comportamiento de su marido al volante: “¡Dios mío! Es un conductor horrible. En la ciudad, decide meterse en el carril del Burger justo después de habérselo pasado. En la autopista, atraviesa tres carriles entre coches ¡porque se ha despistado con la salida!”

Los conductores hiperactivos tienen tiempos de reacción irregulares

El caso de Julia tiene que ver con esto: “Mi esposo va pasando de un carril a otro, cambiando de marcha inconscientemente, cambiando el CD, e incluso mandando mensajes por el móvil. El coche es como una extensión de su cuerpo, siempre sin parar, y los peligros de la carretera escapan a su atención”.

Los conductores imprudentes practican juegos peligrosos

Nuria jura que su novio recibe un chute de adrenalina cuando juega al Piloto del Nivel de Combustible o a ese espeluznante juego llamado “¿A qué velocidad puedo pasar el semáforo en ámbar?” Y Jesús, que tiene TDAH, como su mujer, explica que antes de comenzar a tomar medicamentos, sólo tenía la mente clara cuando “pisaba a fondo” su potente coche. “Si conducía despacio, me aburría tanto que, al final, era más imprudente”, explica.

Los conductores distraídos intentan coger esa palomita que se ha caído

Lo que más teme Laura es que su novio consiga el carné de conductor de camión: “Cualquier cosa le llama la atención y puede hacer que se salga de la carretera”. Y ¿acaso la mujer de David compensa su distraibilidad con el hiperfoco en el destino? “Conduce como si el coche fuera el ratón del ordenador: apuntar y hacer clic. Apunta con el coche hacia donde desea ir y pisa el acelerador. ¡O el supermercado o la nada!”

Los conductores irritables se ponen agresivos

Luisa también repite lo que dicen otros miembros del grupo sobre el tema: “Mi marido conduce de una forma demasiado rápida y agresiva. ¡Actúa como si los demás estuvieran en la carretera sólo para molestarle! Me muero de miedo. No consigo entender cómo puede tener broncas de tráfico en un aburrido pueblo de 5.000 habitantes, pero las tiene”.

Luisa no es la única. Un estudio demostró lo que muchos miembros del grupo de apoyo atestiguan: Los conductores con TDAH son más propensos a mostrar ira y agresividad al volante que aquellos sin TDAH.[1]

Los estudios indican que del 4 al 10 por ciento de los niños tiene TDAH. Si del 4 al 10 por ciento de los nuevos conductores adolescentes se distrae en la carretera, ¿no significa eso que están en riesgo sus vidas? ¿No significa eso que también están en riesgo las vidas de otras personas – como mi hijo cuando cruza la calle detrás de un balón de fútbol?

Merece la pena repetirlo: “Sistemáticamente, los estudios demuestran que la medicación estimulante es efectiva para mitigar los problemas al volante relacionados con el TDAH“. Comprender esto se convirtió en una cuestión de vida o muerte.

 


[1] Extraído de “¿Eres tú, soy yo o es el TDAH adulto?” de Gina Pera. Versión española editada por TDAH Vallès (N. de la T.)

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Dificultades sociales de los niños con TDAH

Cómo afectan los síntomas del TDAH a las relaciones sociales de los niños

Escrito por Eileen Kennedy-Moore Ph.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Para los niños, lo más difícil de tener Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) está a menudo en los desafíos sociales que causa.

Rechazados y sin amigos: dificultades sociales de los niños con TDAH

Según Betsy Hoza y sus colegas, más de la mitad de los niños con TDAH sufren un fuerte rechazo de sus iguales. Esto significa que, cuando los investigadores piden a los niños que digan confidencialmente qué compañeros les gustan más y cuáles menos, los niños con TDAH obtienen pocos “me gusta” y muchos “no me gusta”.

El 56% de los niños con TDAH no tiene amistades recíprocas, casi el doble que el número de niños neurotípicos sin amigos (Hoza et al., 2005). Y cuando los niños con TDAH tienen amistades, suelen ser de peor calidad y menos estables que las de los niños neurotípicos. Un estudio realizado a lo largo de seis meses (Normand et al., 2013) encontró que, durante ese período, uno de cada cuatro niños con TDAH perdió a su amigo, mientras que sólo uno de cada diez niños típicos terminó una amistad.

Los niños con TDAH tienen habilidades sociales sustancialmente peores que otros niños, según las valoraciones de padres, maestros y observadores. Los estudios experimentales muestran que los niños con el tipo hiperactivo o inatento del TDAH pueden experimentar rechazo a las pocas horas de conocer a nuevos compañeros (Hodgens, Cole y Boldizar, 2000).

Déficits de habilidades sociales en niños con TDAH

Pero ¿qué hacen los niños con TDAH que resulta tan desagradable a sus compañeros? La actividad continua, las acciones impulsivas y la agresividad, más frecuentes en niños con TDAH hiperactivo o combinado, son fuentes obvias de molestias para sus compañeros. Son más proclives que otros niños a discutir e iniciar peleas. Pero los niños con TDAH inatento también pueden tener problemas sociales. Pueden parecer introvertidos o poco interesados ​​en los demás. También pueden meter la pata, debido a su poco conocimiento de los sentimientos de los demás o a sus dificultades para manejar sus propias emociones.

Normand y sus colegas observaron el comportamiento de niños de 7 a 13 años con TDAH y de otros de comparación mientras jugaban a juegos competitivos y cooperativos con un amigo de su elección. Durante el juego competitivo, los niños con TDAH tenían más probabilidades de romper las reglas y actuar de manera autoritaria. Durante el juego cooperativo, hacían sugerencias más egoístas.

Mirando el lado positivo

Y, sin embargo, tengo un lugar especial en mi corazón para los niños con TDAH. A menudo son muy creativos y les apasionan sus aficiones. Su energía y entusiasmo pueden ser muy atractivos. Sus rápidos saltos de un tema a otro pueden ser entretenidos o incluso estimulantes.

Barreras a la amistad y soluciones para niños con TDAH

Ayudar a los niños con TDAH a aprender a llevarse mejor con sus compañeros es muy difícil. La investigación muestra que la medicación y los sistemas de recompensas pueden reducir su mal comportamiento, pero estos cambios no necesariamente llevan a ser más aceptados por sus iguales o a hacer amigos.

Enseñarles a estos niños habilidades sociales de forma aislada tampoco ha resultado eficaz. Aunque los niños puedan aplicar perfectamente una determinada habilidad en la clínica o en su casa, eso no significa que vayan a acordarse de aplicarla en una situación relevante en la escuela o con un amigo.

La interesante investigación de Amori Mikami y sus colegas indica que el “entrenamiento de la amistad por los padres” puede ser una clave importante para ayudar a los niños con TDAH a afrontar sus desafíos sociales. En un estudio piloto de 2010, estos investigadores prepararon a padres de niños con TDAH para que entrenaran a sus hijos para llevarse bien, enseñándoles habilidades sociales, organizando citas para jugar y cultivando una relación positiva entre padres e hijos. Esto condujo a mejoras en las habilidades sociales y en las amistades de los niños, así como, en opinión de los maestros, a una mayor aceptación entre iguales.

La ayuda efectiva para niños con TDAH que tienen problemas sociales debe abordar las importantes barreras que se interponen en su camino:

1) Sesgo positivo ilusorio

Los niños con TDAH a menudo son incapaces de ver sus problemas sociales. Sobreestiman sus habilidades sociales y lo apreciados que son y dicen ser amigos de niños que no les consideran como tales. La investigación indica que este sesgo es defensivo.

Posible solución: orientación y apoyo suaves

La retroalimentación es esencial para el aprendizaje, pero decirle a un niño con TDAH “¡Estás haciendo el idiota!” no es útil ni amable. Si queremos que nuestros hijos escuchen nuestras recomendaciones, primero tenemos que demostrar que entendemos sus preocupaciones y creemos que sus intenciones son buenas, aunque la líen.

Nunca critiques a tu hijo delante de otros. Llévatelo aparte para mantener una conversación privada. Reconoce los sentimientos de tu hijo antes de hacer ninguna observación sobre las dificultades. “Es frustrante cuando el juego no va como tú quieres…”. “No te gusta cuando ella hace eso…”. Luego, con el tono de alguien que comparte información con un aliado, explica el impacto del comportamiento de tu hijo en los demás. “Ella está empezando a enfadarse…” “Él puede pensar que te da igual…”

2) Reputación negativa

La reputación tarda en cambiar. Cuando un niño tiene un historial de mala conducta social, es probable que sus compañeros esperen una mala conducta continuada. Se fijarán en los errores, pasarán por alto los cambios positivos y se negarán a dar una segunda oportunidad.

Posible solución: centrarse en las amistades individuales

Es más fácil ganarse a un niño individualmente que a un grupo completo. Las citas para jugar uno con uno son una forma importante para que los niños construyan y profundicen amistades. Ayuda a tu hijo a elegir a otros niños para invitar a quienes podrían estar dispuestos a ser amigos suyos. Los niños hacen amigos haciendo cosas juntos. Planifica una actividad divertida y haz que dure poco tiempo, para que acabe bien.

3) Problemas para aplicar lo que saben

Incluso cuando los niños con TDAH entienden lo que deben hacer, es posible que no se acuerden de hacerlo en la tensión del momento o en un contexto diferente.

Posible solución: dar pistas y reorientar

Hablar con los niños ANTES de que caigan en una situación comprometida coloca la información importante al frente de su mente. En lugar de darle una charla (¡los niños con TDAH son maestros en aparentar que escuchan cuando no lo hacen!), solicita a su hijo que te cuente estrategias clave. Puedes hacer preguntas como “¿Qué tienes que acordarte de hacer?” o “¿Qué vas a hacer si pasa eso?”

Durante una tarde de juegos, mantente donde puedas oír a tu hijo. Si oyes ruido de discusión o aburrimiento, es la señal para entrar como por casualidad y romper la tensión creciente. Un “¿Quién quiere un bocadillo?” a tiempo puede darle a tu hijo la oportunidad de reorganizarse y volver a intentarlo.

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Los desafíos sociales pueden ser abrumadores para los niños con TDAH. Si a tu hijo le cuesta llevarse bien con sus compañeros, es importante ayudarle a avanzar de manera positiva, pero también es importante disfrutar simplemente de la compañía de tu hijo. Cuando las relaciones con los compañeros son difíciles, tener una relación cálida y de apoyo con los padres puede ser muy reconfortante para los niños.

 

 

 

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Yo “entiendo” a su hijo

La orientación de una profesora muy especial que compredía de verdad a mi hijo – y su TDAH – lo cambió todo.

kim flyr

Escrito por Kimberly Flyr
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Yo no tengo trastorno por déficit de atención, pero me afecta todos los días. Mi hijo David, de 8 años, fue diagnosticado de TDAH el año pasado.

Amar a un niño con TDAH resulta exigente, gratificante, frustrante y a menudo divertido. Hago todo lo que puedo para ayudarle en la escuela y conseguirle las adaptaciones adecuadas. Pero, como descubrí, a veces un poco de suerte también ayuda.

No es que no hubiera oído nada sobre el TDAH antes de nacer David. Como maestra en una escuela pública durante 10 años, tuve mis estudiantes con TDAH. Recuerdo a muchos de ellos: tanto su inteligencia como sus rarezas.

Un niño pequeño al que le costaba mantener las manos quietas durante el cuentacuentos se entretenía dando vueltas a una moneda. Un día decidió ver qué pasaba si se metía la moneda en la boca. Me enteré al verle de pie gritando: “¡Me he tragado la moneda! ¿Me voy a morir?”. Salió corriendo al pasillo en busca de la enfermera de la escuela.

Recuerdo la preocupación de su madre por su impulsividad, su inquietud y sus extravagancias. Con sólo veinticuatro años y sin hijos, aquel niño me parecía adorable y divertido. Aunque mostré mi solidaridad a la preocupada madre y modifiqué mis métodos de enseñanza para adaptarlos a las necesidades de su hijo, ahora me pregunto si hice lo suficiente o si entendí lo suficiente.

Más vieja y más sabia

Doce años y tres hijos después, soy más vieja y considerablemente más sabia. Ahora siento empatía con aquella madre porque, de alguna manera, me he convertido en ella. David también es impulsivo y extravagante, inteligente y propenso a la preocupación. Es cariñoso y sensible, divertido y deportista. Pero necesita ayuda para concentrarse en una tarea. Necesita que las tareas estén divididas en pequeñas partes y que alguien lime las asperezas de la vida.

Presto atención a los maestros que trabajan con él. Necesita uno que tenga paciencia, que sea capaz de alimentar su pensamiento creativo y, espero, que aprecie su última adicción, Calvin y Hobbes.

Apoyo a sus maestros porque sé que su esfuerzo extra ayuda a David; también trato de apoyar a mi hijo, respondiendo a sus muchas preguntas sobre la escuela: ¿por qué la historia relato que ha escrito no tiene sentido para el maestro, si tiene todo el sentido para él? ¿Por qué no se acuerda de los deberes? ¿Por qué está mal corregir a la maestra si se equivoca?

La llamada que cambió las cosas

Me acostumbré a responder llamadas telefónicas de profesores, asesores y amigos frustrados. Así que, cuando uno de los maestros de David me llamó a casa la primavera pasada, me armé de valor para lo que iba a decirme. Justo la víspera había estado con varios de los profesores de David. Todos estábamos decepcionados de que nuestros mejores esfuerzos no hubieran ayudado a mi hijo tanto como esperábamos. Al coger el teléfono para hablar con otro profesor más, volví a pensar que sería buena idea cambiar mi número de teléfono.

Pero esta llamada resultó ser diferente. “Su hijo es muy listo”, dijo una optimista Nancy Kapp, su profesora de extraescolares. “Pero necesita trabajar con profesores que entiendan su forma de pensar. Yo ‘entiendo’ a su hijo, y me gustaría orientarle, si a usted le parece bien”.

“Me parece más que bien”, recuerdo que murmuré mientras me invadía el alivio.

Y así comenzó una relación entre David, la Sra. Kapp y yo. La Sra. Kapp aceptó trabajar con David, sacándole de clase una vez a la semana para trabajar en un proyecto especial de escritura que a él le resultaba interesante (cómics y escritura creativa). El proyecto comenzó en segundo curso y continuará mientras David y la Sra. Kapp sigan dispuestos a trabajar juntos.

Defensora y asesora

Es tranquilizador saber que la Sra. Kapp entiende a David. Si un profesor no está seguro de cómo ayudar a mi hijo, la Sra. Kapp aporta una solución. Cuando David tuvo dificultades para escribir una historia para un trabajo, ella se ofreció a escribirla mientras él se la dictaba, organizando las oraciones y los párrafos sobre la marcha. David estaba orgulloso de cómo quedó.

La Sra. Kapp también actúa como asesora del padre de David y mía. Si tenemos dudas sobre el progreso de David, ella ofrece ideas y soluciones. Cuando decidimos usar una tabla de conducta para ayudar a David a completar su trabajo en clase, por ejemplo, ella ayudó a desarrollar la tabla y se ofreció a “probarla” en su propia clase.

¿Hemos tenido suerte al haber encontrado a la Sra. Kapp? Por supuesto que sí. Pero es probable que tú también puedas encontrar un maestro que marque la diferencia en la vida de tu hijo. Como descubrí, desarrollar alianzas con los maestros puede hacer que la escuela sea una experiencia más fácil para todos.

Antes de hacer amistad con la Sra. Kapp, a David le producía ansiedad la escuela. Cuando lo visitaba durante el almuerzo o el recreo, su cuerpo y su rostro parecían tensos. Ahora está deseando que llegue el tiempo individual con la Sra. Kapp y se ha relajado un poco. ¿Están resueltos nuestros problemas? No del todo. Pero, como señalan los personajes del cómic favorito de David, es más divertido pasar el día con un amigo de confianza al lado.

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Síntomas habituales del TDAH en mujeres

Escrito por Keath Low, MA
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

¿Qué síntomas específicos de género tiene el TDAH en las mujeres?

Una mujer con TDAH puede ser menos hiperactiva y menos impulsiva que sus homólogos masculinos. A cambio, puede presentar síntomas más sutiles, como ser desorganizada, dispersa, olvidadiza, introvertida, retraída y solitaria. Puede tener grandes dificultades para mantener la atención en las tareas, despistándose y distrayéndose fácilmente por lo que le rodea o incluso por sus propios pensamientos. Le puede costar más tiempo procesar la información, por lo que parece “lenta”, “ausente” o “atolondrada”, cuando, de hecho, puede ser muy inteligente.

Puede tener una baja tolerancia al estrés, ser extremadamente sensible a las críticas y esforzarse para cumplir con las expectativas adultas, con la esperanza de obtener la aprobación de los demás. Puede tener dificultades para decir “no”, por lo que se compromete a responsabilidades que no puede cumplir. Puede costarle tomar decisiones definitivas hasta sobre tareas simples, por lo que parece débil de carácter e indecisa. Las situaciones en las que debe resolver problemas pueden resultarle abrumadoras y, a menudo, quedarse bloqueada con una sensación de parálisis, totalmente incapaz de salir adelante.

Administrar el tiempo también puede ser un enorme desafío; “andar con retraso” puede ser la norma. También puede ser hipersensible a su entorno: el ruido, las miradas, incluso el contacto, y rápidamente se sobrecarga, se “encierra en sí misma” y es incapaz de funcionar. Puede sentir una vergüenza increíble, reprendiéndose a sí misma por no “estar a la altura de su capacidad”.

Una mujer con síntomas de TDAH hiperactivo / impulsivo puede ser charlatana y sociable en exceso, extrovertida – el alma de la fiesta. A menudo puede “meter la pata”, diciendo sin pensar cosas que luego lamenta. Puede tener reacciones emocionales intensas, parecer temperamental, impaciente y obstinada o discutidora. Puede tener poco autocontrol, tomar decisiones de forma impulsiva, además de tener dificultades para motivarse, ser más productiva, planificar, priorizar y organizar su vida.

Es importante saber que los síntomas del TDAH pueden manifestarse de maneras muy diferentes de una persona a otra, incluso de una mujer a otra o a lo largo de la vida de una mujer. Comprender esto puede ser útil. Si te preocupa tener TDAH, habla con tu médico, mejor aún si encuentras un médico con experiencia en la evaluación y el tratamiento del TDAH en mujeres y sepa cómo afectan las fluctuaciones hormonales y el estrógeno a los síntomas.

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