Las personas perfeccionistas también pueden tener TDAH

Escrito el 27 de julio de 2016 por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Para quienes no acaban de entender el TDAH en adultos, suena como una contradicción ridícula: ¿una persona perfeccionista con TDAH?

Sin embargo, es un fenómeno sorprendentemente común. Lo escucho entre amigos míos que dicen, por ejemplo, que les lleva horas escribir un email. Quieren que sea “perfecto”.

Como hago hincapié en mi primer libro, el TDAH es esencialmente una dificultad para encontrar el punto medio entre hacer poco y hacer demasiado.

Quiero compartir con vosotros este post de la bloguera Liz Lewis sobre el tema, extraído de su entretenido y reflexivo blog “Una dosis de distracción saludable”.

Gina

Escrito por Liz Lewis

Durante mucho tiempo he tratado de averiguar por qué tantas mujeres ocultan su TDAH. He escrito sobre las razones por las que yo mantuve en secreto mi diagnóstico (“Cómo ocultar mi TDAH”).

No se trata sólo de vergüenza. Se trata de pensar que puedes “superarlo”. Y algunas de nosotras nos sentimos tan incapaces de controlar nuestros síntomas que empezamos a tratar de controlar cada pequeña cosa. Esta forma de pensar lleva al perfeccionismo.

A los perfeccionistas les resulta duro cometer errores

Por encima de todo, “los perfeccionistas son rígidos”, según Adrian Furnham, profesor de Psicología en el University College de Londres. En un artículo de opinión para el Telegraph, Furnham explica que los perfeccionistas creen que “la aceptación y el aprecio de los demás dependen de que no cometan nunca errores… es todo o nada”.

Es cierto: soy tremendamente rígida para ser alguien que carece de la capacidad de concentrarse en nada durante más de unos pocos minutos. Mi conducta también confirma la afirmación del Dr. Furnham de que, para los perfeccionistas, “los errores equivalen al fracaso”.

Como persona con TDAH, me tomo mal mis errores. Quiero – en el peor sentido – hacer todo a la perfección, para no ser juzgada por mi diagnóstico. ¿Dónde está la ironía? En el pasado, me señalaban mis errores y me criticaban con bastante dureza; ahora soy yo misma quien lo hago.

Errores = Humillación + Críticas = Vergüenza (en la mente de alguien con TDAH).

Los rasgos comunes a los perfeccionistas

He leído cosas sobre el perfeccionismo, y estos rasgos comúnmente asociados a él me resultaron conocidos:

Complacer a los demás

Siempre estaba deseando agradar. De niña, les decía a los adultos lo que pensaba que querían oír. Nunca me verías discutir con los profesores, los padres, o cualquier persona que considerase una figura de autoridad. Muchos niños con TDAH son justo lo contrario: pueden llegar a ser negativistas y amigos de discusiones. Yo no discutía, simplemente desconectaba.

Procrastinar

Lo sé, resulta chocante imaginar que esto fuese evidente para alguien con TDAH.

Criticar a los demás

Solía ​​ser más crítica con la gente de lo que soy ahora. Cuanto mayor me hago, más trato de entender a otras personas en lugar de criticarlas. En general, no me gusta juzgar o herir los sentimientos de nadie.

Tener dificultades para compartir los sentimientos

¡Vaya! Se me da muy mal hablar de mis sentimientos. Quiero decir increíblemente mal. Mi marido podría contaros muchas historias sobre mi incapacidad para tener conversaciones delicadas. Me encanta conocer a los demás, pero abrirme yo es mi punto débil.

Planeé mi boda con el menor número de testigos posible, porque no quería decir “Te quiero” delante de la gente. Si eso no es patológico, no sé qué es.

TDAH, te presento al perfeccionismo

Tengo TDAH y también tendencia al perfeccionismo. ¿Y dónde se cruzan los dos rasgos?

De acuerdo con la Asociación Americana de Psicología (APA), hay una diferencia entre un perfeccionismo “flexible” y un perfeccionismo “inadaptado”. En otras palabras, se puede ser perfeccionista de una manera sana o se puede ser perfeccionista de una forma enfermiza.

Existen ejemplos de perfeccionismo flexible en atletas profesionales y cirujanos. No te voy a engañar: si me pongo en manos de un cirujano, espero la perfección. Un atleta profesional no me preocupa, salvo que su entrenamiento tenga un impacto negativo en su salud física o mental.

Por desgracia, el perfeccionismo, en mi caso, tiende a ser inadaptado. Lógicamente, no soy la única. Conozco a otras mujeres con TDAH que se muestran perfeccionistas y exhiben algunos de los rasgos que he mencionado más arriba.

¿Cómo es el perfeccionismo inadaptado?

El artículo de la APA explica que, cuando empiezas a creer que la perfección es tu forma de alcanzar la aceptación social, esa es una conducta inadaptada. O si se sometes a tanta presión para alcanzar el cuerpo perfecto que desciendes por el camino de los trastornos alimentarios, eso es inadaptado. Yo me confieso culpable en el pasado de ambas tendencias perfeccionistas inadaptadas.

Una vez más, tengo TDAH. Todavía sufro con esta necesidad de obligarme a ser perfecta. Lograr un cuerpo perfecto, una casa perfecta y unas condiciones de crédito perfectas harán mi vida infinitamente más satisfactoria, ¿verdad?

Puede que sí, puede que no. Tengo TDAH y soy perfeccionista. Y todavía estoy aprendiendo, creciendo y cambiando (y espero que proporcionando alguna información esclarecedora para mi tribu).

¿Qué opinas? ¿Puede alguien perfeccionista tener también TDAH?

¿Por qué?, o ¿Por qué no?

¿Se puede superar el perfeccionismo?

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TDAH e ira – Estoy frustrado y agobiado

Escrito por Rick Green
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

 

Cuando fui diagnosticado de TDAH, quería recibir ayuda para gestionar el tiempo, la organización, el desorden, la agenda… La ‘logística de la vida’.

El dominio estos desafíos del TDAH es una tarea en marcha. Siempre mejorando. Nunca perfecta. Mi éxito requiere un arsenal de herramientas coordinadas. Sin embargo, cuando una estrategia dejaba de funcionar, yo me ‘esforzaba más’. Y ya sabemos cómo funciona eso.

No dejaba de pensar que el problema era yo. No la estrategia concreta. Me llevó tiempo darme cuenta de que no todas las herramientas, trucos o consejos me sirven a mí.

Al final, me limitaba a sustituir una herramienta o estrategia que no funcionaba por otra. Si esa funcionaba, ¡genial! Si no, probaba otra.

Dejar atrás lo que ha funcionado para encontrar lo que va a funcionar AHORA

A veces, ya no necesitaba una determinada estrategia. Me sirvió hasta un cierto punto y luego ya no me hacía falta. Como ese mapa de carreteras que utilizaste para conducir por Dakota del Norte, pero ahora necesitas un mapa de Dakota del Sur. (En la era del GPS, muchas personas jóvenes nunca han utilizado los mapas que vendían en las gasolineras. Los mapas de carreteras eran como Google Maps instalado en unos dispositivos móviles muy finos llamados papel. Podías desplegar el mapa hasta ocupar medio coche y, cuando llegabas, lo doblabas hasta formar una pelota arrugada y lo empujabas dentro de la guantera).

Las estrategias para el TDAH parecen funcionarme bien o no funcionarme. La mayoría requieren algún reajuste creativo. Pero cualquiera que sea el truco o la técnica, lo cierto es que todo el progreso depende, en última instancia, de algo intangible. Mis emociones.

Mis emociones son la clave de los éxitos o los fracasos

Es cierto que ninguna estrategia es infalible. Y muy pocas son fáciles o automáticas. Requieren algo de mí. Lo cual está bien. Puedo permitirme aportarlo. Pero incluso las estrategias más simples y más poderosas del mundo no sirven de nada si estoy atascado en el malestar, la ira, la frustración o el agobio.

Me costó mucho darme cuenta de que mis emociones son un enorme desafío. Y de que se ven agravadas por mi TDAH.

Durante la primera década desde mi diagnóstico, no presté ninguna atención a mis emociones ni al impacto del TDAH sobre mi sensibilidad emocional y mi reactividad.

Me dedicaba únicamente a ser ‘más productivo’ y tener todo ‘organizado y al día’ para que estuviera listo cuando lo necesitara.

Pero nunca era suficiente. Probaba algo, funcionaba durante un tiempo, luego ya no, y yo me sentía molesto conmigo mismo, agobiado, desolado y enfadado. La mayor parte de las veces, conmigo mismo. Algunas veces, con el mundo. Rara vez, con otra persona.

Estoy enfadado, pero nunca lo sabrás

No agredía a otras personas ni lanzaba objetos. Nadie llamaba a la policía. Era algo que internalizaba. Dando vueltas como un loco por la oficina, murmurando como una víctima llena de amargura, paranoia y odio hacia mí mismo. Entonces, se me ocurría una solución y en poco tiempo volvía a mi yo habitual.

De hecho, yo nunca hubiera dicho que estaba enfadado. No gritaba. Bueno, gritaba dentro de mi cabeza. Pero eso no parecía ira. (¿He mencionado que mis habilidades de auto-evaluación no llegan a ser brillantes?)

Esos cambios repentinos son agotadores

Estos ataques de ira o malestar llegaban de repente. Las peores consecuencias posibles. En segundos. Como saltarse los primeros 20 minutos de la película “Psicosis” y comenzar en la escena de la ducha.

Ese estado de ánimo pasaba con la misma rapidez. El malestar solía durar unas pocas horas. A menudo menos. A veces estallaba y se evaporaba en sólo tres minutos

De hecho, llegué a preguntarme si no tendría también un trastorno bipolar (un error común; el trastorno bipolar es otra cosa).

Luego, cuando estábamos rodando “ADD &Loving It?!”, la estrella del programa, Patrick McKenna, habló de sus propias dificultades con la ira explosiva. Su esposa, Janis, ofreció un hilarante contrapunto a las confesiones avergonzadas de Patrick.

Empecé a fijarme en mis propias emociones. Y en mi sensibilidad emocional. Mi nivel de ansiedad. Con qué facilidad me alarmaba, molestaba o asustaba. Leí un montón acerca de cómo nuestros cuerpos reaccionan a la violencia en las películas, los programas de televisión o las noticias.

¿La mayor sorpresa?

Lo más sorprendente fue darme cuente de que hay cosas que puedo hacer para gestionar mis emociones, antes de que estén fuera de control. Igual que puedo evitar esas olas de agobio usando sencillas estrategias de organización. Las emociones son, básicamente, inundaciones de sustancias químicas en el cuerpo. ¿Y qué desata esas inundaciones?

Puede ser un pensamiento, un comentario, un error.

Pensé que mis emociones llegaban sin más y que dependía de mí experimentarlas, sobrevivir a ellas y recuperarme.

Pero ¿detener la montaña rusa? ¿Sobre todo la parte negativa?

Claro, me di cuenta de que podía crear un magnífico estado de ánimo haciendo algo divertido y creativo… estar con los amigos, actuar en el escenario… Pero ¿el malestar? ¿La ira? Eran reacciones naturales y totalmente fuera de mi control.

Pero nuestras emociones son siempre el resultado de nuestros pensamientos. Llegan buenas noticias, estoy contento. Llegan malas noticias, estoy alarmado. Pero ¿y si pudiera parar y preguntarme: “¿Son realmente malas noticias? ¿O son en realidad una señal de que tengo que hacer algo diferente?” o “¿Qué es lo peor que puede pasar?”?

Las emociones no son algo aleatorio.

De hecho, nuestras emociones son a menudo respuestas lógicas a una situación. O, mejor dicho, a nuestra percepción de una situación. Que se estropeara mi Power Point justo antes de mi espectáculo era un desastre. Para mí. El público no sabía lo que se estaba perdiendo y simplemente disfrutó del espectáculo. De hecho, yo estaba tan disparado de adrenalina por el desastre que el espectáculo fue fantástico aquella noche.

¡¿Quién lo sabía?!

En realidad, podemos controlar gran parte de nuestro estado emocional. Esto ha sido para mí una completa revelación. Incluso las emociones más aparatosas, como las breves explosiones de ira tan comunes en las personas con TDAH, pueden ser dominadas y, tal vez, hasta cortadas de raíz.

Nuestro video sobre TDAH e ira ofrece un montón de formas sencillas de reducir la gravedad y la frecuencia de los ataques de ira.

Ver los detonantes y comprender las señales de advertencia y las soluciones ha resultado sorprendente. Por ejemplo, la Dra. Kathleen Nadeau se refiere, entre otras muchas cosas, a la necesidad de proteínas por las tardes. El Dr. Ned Hallowell explica la importancia de ser capaz de expresar los sentimientos, en vez que simplemente sentirlos, para gestionar su propia ira.

Una vez que empecé a apreciar lo volátiles que eran mis emociones en comparación con las de la mayoría, y por qué eso, en gran parte, se debía a mi TDAH, empecé a hacer cambios en mi forma de pasar el día. (No más entretenimiento violento o de miedo. Mucho más yoga y mindfulness).

Mi nivel de ‘autoconciencia’ nunca fue muy alto, pero puedo sentir que la montaña rusa es mucho más sosegada. Mi esposa puede confirmar que estoy mucho más tranquilo. Más sereno. Más controlado. (Más fácil para convivir).

¿La recompensa? Puedo reservar mi limitado suministro de energía y atención para manejar lo que estaba tratando de controlar cuando fui diagnosticado: gestionar el tiempo, la organización, el desorden, la agenda…

Ya sabes, la ‘logística de la vida’.

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¿Qué hay en un nombre? ¿Qué hay en un diagnóstico?

Después de ocultarle su diagnóstico de TDAH, una madre descubrió que su hija estaba encantada de saber qué le hacía ser como era.

Por AMANDA MENESES, RN, BSN
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Recuerdo cuando nuestra hija fue por fin diagnosticada: TDAH subtipo inatento. Habíamos visto signos y superado sus desafíos durante años. Buscamos una evaluación durante meses. Aun así, tener en la mano el papel con las palabras impresas escocía un poco. Mi primera hija, la mayor, tenía un diagnóstico.
Como padres, solemos tomar decisiones por nuestros hijos; las tomamos pensando en lo mejor para ellos. Queremos que se les acepte, que no se les margine. Queremos que se sientan comprendidos, pero no perdonados. Queremos que se conozcan a sí mismos, pero que no se sientan etiquetados. Por eso decidimos, cuando nuestra hija estaba en segundo, no hablarle de su diagnóstico. Le dijimos que tenía “problemas de atención” y que “aprendía de manera diferente” que otros niños. Le aseguramos que llegaría tan lejos como los demás; sólo tenía que trabajar para conseguirlo. Habíamos decidido empezar con terapia en lugar de medicación y le explicamos que su terapeuta le ayudaría a aprender nuevas formas de organizarse y sería alguien más con quien hablar. No queríamos que se sintiera como si le pasara algo “malo”, así que su diagnóstico de TDAH fue nuestro secreto; aprender a concentrarse era su desafío.
Mejoró poco a poco durante el siguiente año y medio. Contando con un plan 504 y todo tipo de adaptaciones y reuniones con profesores, comenzamos nuestra ascensión y, con ella, una nueva costumbre. El primer día de clase de cada curso, enviaba un correo electrónico al maestro de nuestra hija: “Hola, mi hija está en su clase este curso y quiero contarle algo sobre ella. A primera vista, no le parecerá que pueda tener problemas académicos, por lo que le pasará desapercibida. Por eso me dirijo a usted, para informarle sobre su TDAH y lo que necesitamos para que tenga éxito en clase y en general, en el centro”. La carta resultó, con los años, increíblemente enriquecedora y eficaz para el éxito de mi hija.
En cuarto curso, sin embargo, el correo alcanzó un nuevo nivel de enriquecimiento y éxito. Cuando escribí la carta de aquel año, no especifiqué que nuestra hija no estaba al corriente de su diagnóstico. Me centré tanto en sus necesidades que no expliqué que ella nunca había oído el término “TDAH”. Cuando llegó a casa un día y dijo: “Mamá, la señora _____ me ha llevado aparte y ha hablado conmigo de mi TDAH”, se me hizo un nudo en el estómago. Contuve la respiración, mi mente empezó a dar vueltas y me dispuse a darle explicaciones. Me preparé para el trauma que, estaba segura, ella iba a sufrir al conocer su diagnóstico.
Pero no ocurrió nada de eso. Me contó que la hermana de la maestra tenía TDAH, y qué adaptaciones había recibido en clase. Me enseñó el juguetito que le había dado la maestra para manipular cuando necesitara moverse y me habló del rincón de lectura al que podía escapar cuando necesitara marcharse unos minutos. Pero, sobre todo, me di cuenta, ella decía “mi TDAH” una y otra y otra vez. “Sabes mamá, ese es el nombre de mi problema de concentración. Ya sabes lo difícil que es para mí prestar atención; es porque tengo TDAH”.
En esos pocos minutos aprendí una lección para siempre. No tenía que salvar a mi hija del nombre de un diagnóstico amenazador. Ella ya sabía que era diferente. Estaba viviendo esos desafíos. Al mantener en secreto el nombre, el diagnóstico, yo no estaba salvando a nadie. Nuestro secreto de adultos había estado gritándole en su cabeza durante años. Ese monstruo que le había perseguido todos los días tenía ahora un nombre. Y ese nombre era todo lo que ella necesitaba para separar a su propio yo de su discapacidad.
En una sola tarde, todo aquello con lo que había luchado durante los últimos tres años se lo explicó una profesora que no tenía más conocimientos, pero que se tomó interés.
“Es por mi TDAH, mamá”. Quién iba a pensar que un nombre sería la clave para que ella comprendiera y que un diagnóstico podría resultar tan liberador.

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Desvelar tu TDAH: ¿debes mantenerlo en secreto?

Rick Green

Escrito por Rick Green
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

 

Quienes tenemos TDAH somos, bueno, diferentes. No sólo diferentes al 96% del mundodisclosure-1 que son “neuro-típicos”, sino diferentes entre nosotros. Claro que somos una tribu, pero una tribu muy diversa.

Cada uno de nosotros nos las tenemos que ver con una combinación de desafíos distinta. Cada uno tenemos nuestro propio popurrí de síntomas. Algunos “síntomas” pueden suponer un problema serio para ti. Otros, no tanto. Y algunos, no tener ninguna importancia.

Las personas con el “subtipo predominantemente inatento del TDAH” no tienen que luchar, por definición, contra la hiperactividad o la impulsividad (quizá sean menos propensas a hacerse adictas a las compras, pero es probable que se olviden de pagar sus facturas).

La ira explosiva nunca fue un problema para mí. La rumiación, por el contrario … (RRrrrRRrrrRRrrr… “Tendría que haber… Si hubiera… ¿Por qué no hice…?”) Para mí, es un desafío constante.

Estás tú. Y está tu mundo.

Así como nuestros cerebros son diferentes, también lo son las situaciones de la vida. Cada vida es única: soltero, divorciada, viudo, casada. Hombre, mujer o transexual. Con o sin hijos. Tal vez tus padres viven contigo. O están a miles de millas de distancia, pero no te dejan en paz (¡Ja!)

Tenemos diferentes trabajos. A menudo, uno tras otro, o varios a la vez. Y la mayoría de los trabajos van cambiando. “Estamos actualizándonos a un nuevo sistema …” “Estamos automatizando el registro de salida…” “Nuestro nuevo programa de televisión se emite por internet…”

El lugar donde vivimos, nuestra edad, nuestra salud, nuestra religión, nuestra cultura.

La mayoría de las personas con TDAH también lucha con otra “cosa”. Se les llama “comorbilidades”. El TDAH tiene a menudo algún “amigo” que le ayuda a complicarte la vida. Trastornos del aprendizaje. Depresión. Ansiedad… De hecho, el 40% de los adultos tiene tres o más desafíos.

Y, por último, tu TDAH vive en un “ambiente” único. Puedes tener la suerte de que tus amigos, familiares y compañeros de trabajo te apoyen por completo y entiendan tu TDAH (en una estimación aproximada, yo diría que un 0,0000001% de nosotros estamos en esa situación. Y envidio a esa persona tan afortunada).

No preguntes. No hables.

En algún momento, todos encontramos resistencia, rechazo u hostilidad. La mayoría disclosure-2hemos llegado a esta situación por hablar demasiado Nos hemos ido de la lengua con nuestro TDAH. Puede que hayas hablado de tu diagnóstico a unos pocos amigos. O a un padre o un hermano que está en el mismo caso, suponiendo que ahora que lo entienden te apoyarán. (¡Sorpresa! Acabas de darles más munición. “Siempre te pasa algo a ti, ¿no?”)

Algunos se lo decimos a todos los que nos encontramos. Al menos hasta que nos hartamos de sus reacciones de hostilidad, desprecio o superioridad. No me importa debatir, pero no con personas que no tienen ni idea de lo que están hablando.

Revelar mi TDAH nunca fue un gran problema para mí. Mejor dicho, no pensé que lo sería. Encantado de descubrir lo que iba “mal” en mí, se lo dije a todo el mundo. No se me ocurrió que eso podría afectar a mis amistades o socavar mi carrera. Pagué la novatada. Fue horrible. Estaba avergonzado e indignado con razón, por todas las estupideces que decía la gente. Furioso, de hecho… Hmm, ¿no tendré quizá algún problema con los estallidos de ira?

“¿A quién se lo debería decir?” es una pregunta muy difícil. Créeme. Revelar tu TDAH es peligroso. Decir al mundo que tú, tu hijo o tu cónyuge tenéis TDAH puede ser contraproducente. Y mucho.

Hablar de ello seguirá siendo una decisión peligrosa hasta que hayamos logrado eliminar totalmente la ignorancia y el estigma en torno a este trastorno. Algo que, sospecho, yo no llegaré a ver.

Curiosamente, una manera de aumentar la conciencia sobre la verdad es que más personas hablen abiertamente sobre lo que tienen, lo que están pasando, y cómo ha mejorado su vida ahora que lo saben. La pescadilla que se muerde la cola.

Nos encanta hablar…

Me di cuenta de esto a raíz de un mensaje de una miembro de TotallyADD que es enfermera. Le preocupaba que entrar en uno de nuestros concursos, o comentar algo en nuestra página de Facebook, pudiera ser arriesgado, ya que, como señaló, las personas con TDAH tienen a veces algún problema con los límites. Tipo “sin límites”. “Irse de la lengua”. “Compartir demasiado” “Hablar sin pensar”. “¿¡He dicho eso!?”

Me tuve que reír.

“Tal vez he hablado demasiado …”

Como ya he dicho, cuando al principio le hablaba a la gente sobre mi TDAH, rara vez me fue bien. De hecho, el desdén y el menosprecio me provocaron una furia que me impulsó para producir “¿¡Amar el TDAH!?” y fundar TotallyADD.

De hecho, aquella enfermera que me escribió admitió que revelar su diagnóstico de TDAH a sus colegas había sido contraproducente. Lo utilizaron contra ella. Hablar abiertamente había dañado su carrera. Algo de lo más triste, teniendo en cuenta que su intención era hacer mejor su trabajo.

Si te preguntas si debes “compartirlo”, nuestro vídeo sobre los riesgos de la revelación describe por qué hay que hacerlo con mucho cuidado.

Es fácil irse de la lengua. Trata ahora de que vuelva a ser algo privado. No es fácil. Ni divertido.

No tienes que buscar mucho en los foros de TotallyADD para descubrir más historias de personas que han encontrado hostilidad, desprecio, incredulidad o pérdida de amistades, incluso de su trabajo.

Tuvimos un concurso de Memes en nuestra página de Facebook, “¿Cuál es la mayor tontería que te han dicho sobre tu TDAH?” Y los resultados nos dejaron boquiabiertos.

Entre los 10 finalistas: “Tienes que beber más agua”. “Tienes que dejar de pensar tanto” y el siempre tan útil, “Lleva calzado adecuado con plantillas y usa este colchón y desaparecerá”. ¡Vaya! ¿¡un colchón nuevo puede eliminar un trastorno del neuro-desarrollo de origen genético!? ¿Traerá un somier a juego para curar la diabetes?

“¿Drogadicto? ¿Poco fiable? ¿Caro de mantener?”

Las consecuencias más negativas de la revelación se dan probablemente en el trabajo.disclosure-3

(¡Ah! Por cierto. Ava, mi esposa, me acaba de interrumpir para leerme una carta de un miembro de TotallyADD, en la que dice que la FAA le habría quitado su licencia de piloto si hubiera descubierto que tiene TDAH. Tomase medicación o no. Resulta que él no tiene TDAH. Pero su mensaje deja claro que el TDAH aún puede usarse en tu contra por los colegas y por la administración).

Conozco varias personas jóvenes que han tenido que mentir acerca de su TDAH para lograr su sueño de ingresar en el ejército. Ahora son militares y están logrando ascensos.

Por lo tanto, “¿A quién se lo dices?” es una gran pregunta.

Para mí, y supongo que para Patrick McKenna, el protagonista de “¡Dominar el TDAH!” eldisclosure-4 coste de dejar que todo el mundo sepa que tengo TDAH ha sido difícil de medir. Mejor dicho, el coste negativo ha sido difícil de medir. Porque, como he dicho, las miradas al cielo, los resoplidos y los “¡No queremos trabajar con él, tiene algún problema mental!” suceden a tus espaldas.

Por lo que nunca sabré el coste que he pagado por ‘salir del armario’ sobre mi estado mental. Pero estoy seguro de que lo hay. Tal vez el teléfono haya dejado de sonar tanto simplemente porque la propia industria de la televisión ha decaído en los últimos 10 años. ¿Quién sabe?

Podría tratar de averiguar quién me ha ignorado o quién sigue propagando basura maliciosa, “¿De qué habla? Ha hecho todo tipo de programas de televisión con éxito”.

Como dijo alguien, “No mires hacia atrás, porque tú no vas en esa dirección“.

El bueno, el feo y el malo

Te puedo contar los aspectos positivos que he experimentado desde que lo desvelé. Los cientos de personas que me han abrazado, nos han dado las gracias y nos han contado su caso. Las familias que han dado las gracias a Patrick y Janis McKenna, con lágrimas en los ojos, por compartir tanto en “¿¡Amar el TDAH!?”.

“¿A quién decírselo?” Es un tema que exploramos un poco en “La carrera perfecta para el TDAH” y en profundidad en lo que quizá sea mi video favorito, “Decir o no decir” (actualizado en diciembre de 2014) Hay algunos buenos consejos sobre a quién decirlo, qué decir, y sobre todo qué NO decir.

Sólo sé que hablar abiertamente acerca de tu TDAH a las personas equivocadas tendrá consecuencias negativas. Compartirlo con la gente adecuada puede ser muy útil. Tener aliados es maravilloso. Ninguno de nosotros maneja esto solo. Si lo hiciéramos, no habríamos acabado en una consulta médica, preguntándonos, “¿Qué me ocurre?”

Con el tiempo, algún día, cuando suficientes personas se hayan levantado para decir: “Tengo TDAH”, ya no habrá ningún estigma. Ninguna consecuencia negativa.

¿No estaría bien?

Por cierto, ¿lo has dado a conocer? ¿A quién se lo has dicho? ¿Qué dijiste? ¿Y cómo te fue?

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Ser madre es difícil. Ser madre con TDAH parece imposible

Sé que soy una buena madre, pero cuando se trata de la interminable lista de responsabilidades con los hijos, casi nunca llego.

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Escrito por Emily McCombs

Publicado en cosmopolitan-magazine-logo el 31 de agosto de 2016
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Mom

Mientras escribo esto, estoy sentada en el cuarto de estar, rodeada de todos los juguetes que posee mi hijo de cuatro años. Era tan tarde que he preferido acostarlo, en vez de ponernos a recoger. Seguramente, los juguetes seguirán ahí mañana por la mañana, así que tendremos que tratar de no pisar los Hot Wheels ni los dinosaurios de plástico cuando salgamos corriendo, atosigados por las tareas de última hora – oye, ¿nos hemos acordado de lavarnos los dientes? – camino de la escuela.

Soy una buena madre. Quiero a mi hijo y él lo sabe. Le proporciono alimentos, refugio y ropa. Le escucho y le protejo. Pero cuando se trata de la lista interminable de responsabilidades con los hijos, casi nunca llego.

Esto se debe a que tengo un TDAH del tipo predominantemente inatento – según adhdadulthood.com, los síntomas incluyen “tener dificultad para prestar atención a los detalles/cometer errores por descuido”, ” ser a menudo incapaz de llevar a cabo tareas”, ” perder a menudo cosas necesarias para realizar tareas” y “ser descuidada en las actividades diarias”. Todo el mundo tiene estos síntomas de vez en cuando pero, para quienes tenemos TDAH, son constantes y afectan nuestra calidad de vida, nuestras relaciones y nuestra capacidad de salir adelante.

También son exactamente lo contrario de las cualidades necesarias para cuidar a un hijo.

Mi vida como madre puede a veces parecer un largo monólogo interno de pánico, salpicado de momentos de vergüenza cuando, inevitablemente, hago mal algo. ¿Me he acordado de para darle su medicina para la alergia? ¿Le he puesto crema protectora si va a hacer mucho sol? ¿Lleva su botella de agua en la mochila? ¿Hemos cogido la mochila y me acordaré de dársela al dejarle, o volveré a casa con ella colgada del hombro, como la semana pasada? ¿He llamado al médico para cambiar la cita que pedí para el día equivocado? ¿Dónde he dejado su tarjeta sanitaria? ¿Qué día empezaban las clases?

Ser madre es difícil, pero ser madre con TDAH – desorganizada, distraída, impulsiva y despistada por la propia naturaleza química de mi cerebro – llega a parecer imposible.

No me diagnosticaron TDAH hasta los 31 años. Como suele considerarse asociado a los chicos, a menudo las mujeres pasan desapercibidas en la niñez, sobre todo porque no suelen presentar la hiperactividad característica del TDAH masculino (a veces se omite la H, para reflejar esa falta de hiperactividad). Las mujeres tienen más probabilidad de estar en la luna que de subirse por las paredes, así que sus problemas no provocan la misma atención ni intervención. Socializadas para tratar de agradar, también nos esforzamos más en “esconder” los síntomas, por lo que muchas de nosotras lo pasamos mal durante décadas y sólo recibimos ayuda cuando nuestros síntomas llegan a ser inmanejables.

Durante la mayor parte de mi vida, gracias a mi alto cociente intelectual y a base de puro esfuerzo, solía tener buenos resultados en la escuela y luego en el trabajo. Pero fuera del trabajo, todo se me hacía muy difícil. No importaba cuánto intentara concentrarme, siempre me olvidaba de terminar las tareas importantes. Cosas como devolver llamadas, hacer recados, pagar facturas y otras minucias propias de cualquier lista de tareas se me olvidaban completamente, o me distraía con otra cosa a medio hacerlas. Una vez me equivoqué de dirección al acudir a una cita médica; salí pitando hacia la dirección correcta y entonces me di cuenta de que me la cita era para otro día.

Tareas domésticas como cocinar y limpiar me superaban, debido a mi falta de atención a los detalles. Perdía constantemente papeles y otras cosas importantes. Cometer errores en tareas aparentemente sencillas se convirtió en parte de mi identidad, hasta llegar a interiorizar la idea de que era incapaz de hacer nada bien. Los demás daban por hecho que yo era descuidada; yo no sabía cómo convencerles de lo mucho que lo intentaba, vistos los resultados.

Nunca pensé que la culpa pudiera ser del TDAH hasta que me convertí en madre; mis problemas con las tareas domésticas y los olvidos se multiplicaron en los meses de estrés e insomnio que siguieron al nacimiento de mi hijo. Los niños traen consigo un montón de nuevas responsabilidades; mis sistemas y soluciones comenzaron a resentirse y acabaron por colapsar ante la presión de la maternidad.

Tenía razones para pensar que podía tener un tumor cerebral. Dejaba al lado un pijama mientras vestía a mi hijo, y desaparecía. Olvidé tantas citas seguidas con mi psiquiatra que me dio vergüenza pedirle otra, así que me cambié de médico. En casa, me dejaba abierta la puerta del congelador o mezclaba los platos sucios con los limpios, en lugar de vaciar primero el lavavajillas. Mi relación con el padre de mi hijo se resintió y acabó por romperse, en parte porque yo no podía cumplir mi papel como parte de la pareja.

Deambulaba en un estado de ansiedad permanente, a la espera de descubrir que había vuelto a meter la pata. Me aterraba tener que repetir “se me ha olvidado” por enésima vez. En el fondo, yo sabía que no era deliberadamente irresponsable ni perezosa, pero por mucho que lo intentara, no era capaz de ver aquel desorden que tenía que recoger o recordar dónde había dejado aquel formulario de vacunación.

Ahora, en lugar de sentirme simplemente una mala persona, me sentía una mala madre.

Resulta que este es un precursor común de diagnóstico para mujeres adultas con TDAH; los médicos especializados en TDAH en mujeres señalan que a menudo se nos diagnostica al casarnos o tener hijos, cuando el estrés de la mayor responsabilidad exacerba los síntomas hasta el límite, haciéndonos buscar ayuda profesional. Kathleen Nadeau, PhD, co-autora del libro “Comprender a las chicas con TDAH”, explica a Additude Magazine que suele ver muchos casos en que las mujeres empiezan a sospechar que tienen TDAH tras luchar durante años para equilibrar las responsabilidades del trabajo, la casa y la educación de los hijos. Al final, ya no podemos mantener las apariencias.

Todas las madres se enfrentan a expectativas poco realistas. La madre ideal es una agenda ambulante: sabe cuándo están programados todos los entrenamientos de fútbol y las citas con el médico, dónde está cada autorización firmada y cada impreso del colegio. Se espera de las madres que proporcionen estructura y organización para ellas mismas, para sus hijos y, a menudo, para su pareja. Según una encuesta realizada en 2015 por el Instituto de Investigación de las Madres Trabajadoras, incluso las madres que trabajaban a jornada completa asumían más tareas domésticas que sus maridos: lavar la ropa, cocinar, y la mayor parte del cuidado de niños.

Los campos que se supone que las madres deben dominar – limpieza, crianza de los hijos, planificación financiera, organización, recuerdo y gestión de tareas y citas – son los que más problemas nos suelen causar. Cuando olvidamos comprar un ingrediente clave para la comida, o dejamos dos días la colada en la lavadora, no sólo sentimos que hemos fallado. Sentimos que estamos fallando a nuestros hijos.

Cuando me diagnosticaron TDA, fue un gran alivio descubrir que yo no era una vaga, una estúpida ni una inútil. Después de sentirme deficiente por naturaleza durante la mayor parte de mi vida, me di cuenta de que, aunque a veces cometiera errores, yo no era una mala persona. Pero todavía tengo problemas para tolerar el modo en que mi TDAH afecta a la crianza de mis hijos.

Para cuando las mujeres con TDAH somos diagnosticadas, a menudo llevamos años luchando para gestionar tareas aparentemente simples, que la mayoría de las personas – y la mayoría de las madres – parecen dominar, y reprendiéndonos a nosotras mismas cuando no damos la talla. No es de extrañar entonces que, igual que las mujeres con TDAH son más propensas a sufrir trastornos mentales que el resto, las madres con TDAH suframos a menudo baja autoestima, depresión, ansiedad y estrés crónico. De hecho, según “Madres con TDAH: Manual de Autoayuda”, el 70 por ciento de las madres con TDAH tiene un trastorno del estado de ánimo o de ansiedad, en comparación con sólo el 23 por ciento de las madres sin TDAH.

En la actualidad, tomo medicación y utilizo estrategias de organización que me ayudan a controlar los síntomas, pero eso no es una cura. Y el estrés, un factor constante de la vida de una madre, exacerba esos síntomas de una forma significativa. Cuando dejo las gafas de mi hijo en un “lugar seguro” y no vuelvo a verlas, o me paso veinte minutos buscando las llaves porque están colgadas de una manilla y no en su sitio, es difícil no darme de bofetadas a mí misma, aun conociendo mi diagnóstico.

Pero trato de recordar que el TDAH tiene también sus recompensas. Muchas mujeres con TDAH somos extremadamente creativas y disfrutamos del momento, lo que supone relacionarnos con nuestros hijos en un nivel de juego y diversión. Somos flexibles y espontáneas – el tipo de madre que sirve tortitas para comer u organiza un campamento en el cuarto de estar. Y somos comprensivas – sabemos lo que supone funcionar de manera diferente o que nos critiquen por nuestras debilidades.

En cuanto a esto último, estoy orgullosa de haber transmitido esta cualidad a mi hijo. Hace unas semanas, un día que me quedé dormida y casi llegamos tarde, tuvimos la siguiente conversación:

“Siento mucho haberme dormido”, le dije cuando salíamos corriendo de casa. Él reaccionó de la mejor forma posible ante los remordimientos de una madre, tenga o no TDAH: “Pero hay muchas veces que no te pasa”, me dijo. “Así que no te preocupes”.

 

 

 

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Mito #7: “El del TDAH es un diagnóstico controvertido”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

MITO 7

Si te das una vuelta por Internet, verás miles de sitios web que denuncian que el TDAH es un fraude y acusan a la comunidad psiquiátrica de aliarse con la industria farmacéutica para fomentar su negocio.

Ah, y cuando visitas esos sitios, suele ser habitual que te animen a comprar un libro o algunos remedios para el cerebro tan caros como cuestionables. Al parecer, recurrir al miedo es algo que vende.

Sin embargo, si tú o tu pareja tenéis TDAH, sabréis que es un trastorno absolutamente real. Las pruebas no hacen más que aumentar, aunque muchos profesionales de la salud mental no hayan seguido las prácticas médicas idóneas.

La Declaración de Consenso Internacional sobre el TDAH

Hace más de una década, investigadores y médicos se hartaron de escuchar tantos mitos, conceptos erróneos e ideas extravagantes sobre el TDAH. Temían que aquellas informaciones incorrectas, que retrataban el TDAH como un fraude o como un trastorno irrelevante, iban a disuadir a miles de personas de buscar el tratamiento que necesitaban.

En el año 2002, bajo la dirección del psicólogo Russell Barkley, redactaron la Declaración de Consenso Internacional sobre el TDAH.

La declaración documenta, de forma clara y concisa, los hallazgos científicos con respecto a la validez y el impacto adverso del TDAH sin tratar sobre la vida de las muchas personas a quienes afecta. Entre sus 85 firmantes hay reconocidos médicos, psicólogos y científicos de todo el mundo.

Un extracto:

La cobertura mediática habitual acerca del trastorno lo presenta como si se tratara de un evento deportivo entre competidores del mismo nivel.

Se enfrentan los puntos de vista de un puñado de médicos inexpertos con los de una mayoría de científicos de alto nivel como si ambos tuvieran el mismo valor.

Tales intentos de equilibrio dan al público la impresión de que hay un desacuerdo científico fundamental acerca de si el TDAH es o no una condición médica real.

En realidad no hay tal desacuerdo, al menos no en mayor medida que lo hay sobre si fumar produce cáncer o sobre si es un virus lo que causa el SIDA.

Para decirlo claramente, el TDAH es un diagnóstico válido, con una fuerte base física centrada en el cerebro.

“Uno de los Trastornos mejor investigados en Medicina”

Incluso hace una década, la American Medical Association formó una comisión que llegó a la siguiente conclusión:

El TDAH es uno de los trastornos mejor investigadas en medicina, y los datos globales sobre su validez son mucho más convincentes que en la mayoría de los trastornos mentales y en muchas otras enfermedades.

El TDAH es aceptado como un trastorno válido y no controvertido por estas organizaciones profesionales, entre otras:

  • U.S. Surgeon General (Equivalente al Ministro de Sanidad de EE.UU.)
  • American Medical Association (Asociación Médica Americana)
  • American Psychiatric Association (Asociación Americana de Psiquiatría)
  • American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente)
  • American Psychological Association (Asociación Americana de Psicología)
  • Canadian Psychiatric Association (Asociación Canadiense de Psiquiatría)

Para 1993, 31 países habían adoptado el uso de medicamentos para el TDAH, según un estudio acreditado. Para 2003, 55 naciones habían reconocido oficialmente la validez del diagnóstico del TDAH y de la medicación como tratamiento.

Conclusión: no hay ninguna controversia.

Gina Pera

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Mito #6: “¡Es mucha medicación para alguien tan pequeño!”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Algunos amigos míos de Twitter están siguiendo esta serie sobre los Mitos del TDAH. Les he preguntado por su mito favorito.

Desde Mobile (Alabama), el especialista en TDAH Dr. James Wiley me ha respondido con uno que escucha a menudo en su consulta.

Llamémoslo Mito # 6: ¡Es mucha medicación para alguien tan pequeño!

Él explica:

La dosis de medicación estimulante no depende del tamaño del individuo.

Hay personas pequeñas que absorben mal la medicación y la metabolizan rápidamente. Por lo tanto, se requieren dosis más altas que para personas grandes que la absorben bien o la metabolizan más lentamente.

Tengo jugadores de rugby que pesan más de 130 kilos a quienes les bastan dosis bajas y chavalillas que necesitan dosis altas. ¡No hay una regla fija!

Gina Pera

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Mito #5: “El TDAH existe para enriquecer a las compañías farmacéuticas”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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“La industria farmacéutica no fabrica curas, sino clientes. Despierta, es Matrix”

Teóricos de la conspiración, tomad nota: El descubrimiento de que los medicamentos neuroestimulantes pueden mitigar los síntomas del TDAH se produjo accidentalmente. En 1937. Y costó 50 años que aquel descubrimiento se extendiera a la práctica clínica.

(En el capítulo 20 de mi libro “¿Eres tú, soy yo o es el TDAH adulto?” se explica aquel descubrimiento casual).

¿Quiere esto decir que podemos confiar siempre en las “grandes compañías farmacéuticas” y en sus tácticas de marketing? No. Eso es peligroso.

Pero en el caso del TDAH, sabemos que estos medicamentos son de ayuda. Con todas las dificultades que supone obtener un diagnóstico, conseguir las recetas para la medicación y demás, no habría manera de que las personas con TDAH siguieran tomando esta medicación si no funcionara.

Menospreciar el TDAH y los medicamentos utilizados para tratarlo como una operación de las “grandes compañías farmacéuticas” con fines lucrativos sólo sirve para estigmatizar a personas que ya se enfrentan a bastantes dificultades.

Estimulantes y personas: una larga historia

Sabemos desde hace siglos, quizá incluso milenios, que los estimulantes suaves favorecen la atención y la alerta en muchas personas, pero causan agitación en otras. Piensa en estimulantes tan extendidos como el tabaco, el café, el té e incluso el azúcar.

Podemos incluso decir que las personas con TDAH – que están en un extremo de los comportamientos humanos típicos – necesitan grandes cantidades de estimulación para “estar bien” o “ver con claridad”.

Después de todo, durante la mayor parte de la historia de la humanidad, el mero hecho de sobrevivir y encontrar comida implicaba suficiente estimulación. Para un sector de la población, puede que las comodidades modernas hagan difícil conseguir la cantidad necesaria de estimulación para su mente de una manera segura, prudente, saludable o sistemática.

Por otra parte, la vida moderna es terriblemente compleja y requiere gran cantidad de procesos cerebrales de orden superior para sobrevivir, no digamos para prosperar.

La “teoría de la rivalidad”: medicamentos vs psicoanálisis

¿Por qué pasó tanto tiempo hasta que los estimulantes se utilizaron habitualmente para tratar el TDAH? Las teorías abundan, incluyendo el hecho de que los primeros medicamentos tuvieran efectos secundarios más adversos. Otra teoría tiene que ver con – lo has adivinado – la rivalidad territorial profesional.

MITO 5.2

El catedrático de Psiquiatría de la UCSF Samuel Barondes, antiguo presidente del Consejo de Asesores Científicos del Instituto Nacional de Salud Mental, explica la teoría de la “rivalidad”.

Durante las largas décadas de dominio del psicoanálisis, muchos médicos consideraban este tipo de “terapia conversacional” como la primera opción de tratamiento para la depresión y la esquizofrenia, así como para el TDAH. Relegaron los medicamentos a tratamientos de segunda elección, si llegaban siquiera a pensar en ellos.

“Cuando se empezaron a introducir los psicofármacos”, recuerda, “no fueron muy bien recibidos por los psicoanalistas; todavía hay algo de tensión”.

En ninguna parte es tan evidente esta rivalidad territorial como en Francia, donde la bazofia psicoanalítica sigue dominando. De hecho, ni siquiera existe tal rivalidad.

Puedes tener más información sobre la situación en Francia:

¿Que los niños franceses no tienen TDAH? ¡Bien sûr, ils le font!

Vive La France! But Adieu To Its Abusive “Psychiatry” (en inglés)

Gina Pera

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Mito #4: “La vida moderna nos produce a todos una especie de TDAH”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

mito 4

De hecho, puede parecerlo. Pero hay una diferencia entre un TDAH y “una especie de TDAH”.

Viviendo en el vertiginoso siglo XXI, es fácil sentir tanto agobio y estrés que cualquiera puede, a veces, olvidar detalles, comunicarse mal, gritar a sus seres queridos y distraerse de lo que se supone que debía estar haciendo.

Y luego están todos esos dispositivos electrónicos que juegan con los canales de la dopamina de nuestro sistema nervioso. No te equivoques: ¡juegan con ellos de verdad!

Para las personas con TDAH, sin embargo, estos problemas no son algo transitorio o circunstancial. Son persistentes y generalizados. “Sí, el mundo ahora es muy diferente, comparado con cómo era cuando la mayoría de nosotros crecimos; ahora hay que hacer muchos más juegos malabares”, admite la experta en TDAH Patricia Quinn, MD.

Así que, en cierto sentido, sí: la vida moderna nos produce a todos una especie de TDAH

¿Eso quiere decir, sin embargo, que nuestra acelerada vida produce TDAH? No, dice Quinn. Un estrés excesivo puede afectar a las funciones cerebrales de cualquiera, pero no produce TDAH. Nos ofrece esta conclusión: “Cuando se eliminan los factores estresantes, las personas con TDAH siguen teniendo TDAH. En otras palabras, no es simplemente el estrés lo que inhibe su funcionamiento. Es la falta de las habilidades necesarias para afrontar los retos”.

Por otra parte, nuestro acelerado mundo puede hacer que una persona con TDAH funcione peor que cómo lo habría hecho en épocas anteriores. De hecho, dicen algunos expertos, esta es otra razón por la que el TDAH está siendo más diagnosticado: porque la vida moderna exige de nosotros más que nunca.

Ciertamente, estamos aprendiendo que el buen funcionamiento del cerebro es vulnerable a la estimulación constante de los teléfonos móviles, la televisión, el correo electrónico, los videojuegos y nuestro cada vez más ruidoso entorno. Hay quien se habitúa a la estimulación como a una droga y se aburre con mayor facilidad si le falta su dosis.

Las personas con TDAH, sin embargo, parecen poseer una tendencia exagerada a buscar estimulación y luego sufrir más los efectos cognitivos incapacitantes de la sobreestimulación.

TDAH: no tan moderno, en realidad

Por último, fíjate en estos apuntes históricos:

  • La conciencia general sobre el TDAH se expandió en el siglo XX, comenzando hacia 1902, cuando el médico británico George Still enseñaba en el Real Colegio de Médicos y escribió sobre los componentes de la conducta (que había observado en las familias) en la prestigiosa revista médica Lancet.
  • Antes, el médico alemán Heinrich Hoffman había escrito unas nanas hacia 1860 sobre “Phil el inquieto” y “El pequeño Juan, siempre en Babia”. Estas historias, en opinión de muchos expertos, muestran un estrecho paralelismo con el TDAH.
  • Por otra parte, la historia del TDAH puede abarcar al menos 2.500 años. Fue entonces cuando el médico y científico griego Hipócrates pareció observar una enfermedad sospechosamente similar al TDAH. Describió pacientes que tenían “respuestas vívidas ante experiencias sensoriales, pero también menos tenacidad, porque el alma atiende rápidamente a la siguiente impresión”. No menciona los teléfonos celulares ni los videojuegos como factores causales.

Gina Pera

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Mito #3: “Los síntomas del TDAH son simplemente conductas humanas”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Tomados uno a uno, los síntomas del TDAH se parecen a conductas humanas normales, porque lo son. Pero no hay nada “simple” en esto.

“El TDAH es una cuestión de severidad, una exageración de comportamientos humanos normales”, explica la médico, escritora y experta en TDAH Patricia Quinn, MD.

Por otra parte, puedes tener un TDAH leve o severo – o estar en algún grado intermedio.

¿Es entonces cierto, como oímos a menudo, que “todo el mundo tiene algo de TDAH”? No. Una persona puede tener dificultades con algunos de los síntomas del TDAH, pero si no las tiene con un cierto número de ellos – hasta el extremo de que le supongan una discapacidad en su vida – esa persona no tiene TDAH.

El psicólogo J. Russell Ramsay, de la Universidad de Pennsylvania, echa por tierra el mito de que “todo el mundo lo tiene” de esta manera:

Decir que todo el que tiene algunos problemas de organización y procrastinación tiene TDAH es como afirmar que, como todo el mundo se siente triste o nervioso de vez en cuando, todos sufrimos trastornos de depresión o ansiedad.

Gina Pera

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