5 razones prácticas por las que las mujeres ocultan su TDAH

Escrito por Liz Lewis
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

El verano pasado, estando parada ante un semáforo en rojo en mi ciudad, me fijé en un tipo que caminaba. Tenía entradas en el pelo y llevaba un cortavientos de manga larga y pantalones a juego. Estábamos a más de treinta grados. Iba paseando y hablando solo.

No es que yo crea que me vaya a volver loca, pero últimamente he pensado mucho sobre las enfermedades mentales y la manera en que las tratamos como sociedad. El TDAH no es una enfermedad mental, sino más bien un problema neuroquímico. Desgraciadamente, hay algunos problemas de salud mental que acompañan a menudo a este trastorno.

Independientemente de su origen, el TDAH sigue siendo un tema controvertido en muchos círculos. Incluso hay médicos que dudan de su existencia. No es nada raro que se nos tache de personas perezosas o desmotivadas. No es de extrañar que lo guardemos en secreto.

¿De dónde viene este estigma?

Francamente, no hay una respuesta fácil a esta pregunta, pero entiendo por qué las personas y en particular, las mujeres, ocultan su diagnóstico. Ocultarlo era una forma de vida para mí durante algunos años. Para conseguir que el TDAH y otras enfermedades mentales sean más aceptados socialmente, hemos de examinar las razones por las que tenemos tanto miedo a hablar de nuestro diagnóstico.

Como mujeres y madres con TDAH, necesitamos apoyarnos unas a otras reconociendo nuestro diagnóstico, en lugar de ocultarlo.

5 Razones PRáCTICAs por las que las mujeres ocultan su tdah

TE DA MIEDO QUE LA GENTE PIENSE QUE TIENES UNA DISCAPACIDAD INTELECTUAL

Eres capaz de aprender casi cualquier cosa que te propongas. Es probable que, si estás leyendo esto, todavía temas que te etiqueten de “tonta”. Créeme, sé de lo que hablo. He llegado a acusar a mi marido de tratarme como si fuera idiota, lo que es una locura.

Mi marido no se casaría con alguien que no fuera una intelectual. Él disfruta con los debates intelectuales hasta extremos increíbles.

En la escuela secundaria me matriculé en el nivel avanzado de todas las asignaturas. Sudé la gota gorda sólo para compensar mi inatención en clase y demostrar que no era tonta.

Una vez hice una breve presentación sobre el TDAH. Algunos de mis compañeros de clase se mostraron muy interesados. Hicieron preguntas realmente buenas y en general, fueron muy receptivos.

Me sentía humillada. A pesar de que me fue bien en aquel curso de Inglés, tuve dificultades en Matemáticas. Y continué teniéndolas en la universidad. Para entonces, no tomaba medicación y vivía con todo el peso de mi paranoia por ser “descubierta”.

No hagas lo que hice yo. Sé consciente de que nadie piensa que seas intelectualmente inferior. En todo caso, se preguntan cómo eres capaz de mantener tan bien el control.

NO QUIERES EXPLICAR EL DIAGNÓSTICO

Incluso ahora hago cualquier cosa con tal de no explicarle a la gente mi historia clínica, mis síntomas, etc.

Cada vez que sale el tema de mi TDAH, la gente empieza a hacer preguntas. ¿Alguna vez has…? ¿Crees que…? …y me lanzan todo tipo de situaciones que afectan a sus propios hijos.

Muchas personas piensan que el TDAH es un trastorno infantil y se sorprenden de que puede tenerlo un adulto. Si bien tiene su parte divertida, también resulta embarazoso, molesto y frustrante.

No todos nos explicamos bien verbalmente. Sobre todo, si nos ponen en un brete y nos atosigan con preguntas.

Verdad: No tienes que explicar tu diagnóstico. La gente hará sus propios juicios y no hay nada que puedas hacer al respecto. Sólo ser sincera.

PENSABAS QUE ARRUINARÍA TU CARRERA

A día de hoy, todavía no estoy segura del impacto que ha tenido mi diagnóstico de TDAH en mi vida laboral. He desarrollado algunos métodos interesantes para “apoyarme” a mí misma en mi lugar de trabajo y conseguir hacer las cosas.

Con el tiempo, he descubierto cómo tener una conversación sin perder completamente el hilo. También sé cómo manejar el tiempo para llevar a cabo mis tareas sin agotarme.

En honor a la verdad, sin embargo, nunca llegué a asentarme del todo en ningún trabajo. Empecé haciendo seguimiento de ventas en una tienda – yo entonces era pasante de abogada. A continuación, trabajé como profesora durante un breve periodo. En cada una de estas iniciativas profesionales logré hacerlo lo bastante bien para no ser despedida.

Si, como yo, nunca has sido empleada del año, no te preocupes. Cuesta trabajo, pero puedes desarrollar métodos para mantenerte bajo control en tu lugar de trabajo. Además, no tengas miedo de pedir ayuda y/o aclaraciones en el trabajo.

TE JUZGARÁN COMO MADRE

Como sabe la mayoría de las mujeres, hay una enorme presión para que seamos esposas y madres perfectas. Se supone que debemos tener una casa hermosa y limpia, unos niños hermosos y obedientes, una profesión (o no, dependiendo de quién sea tu pareja) – y lo más importante, tienes que tener un aspecto fantástico mientras lo haces.

Desde el día en que nació mi hijo, me preocupaba constantemente que se juzgasen mis habilidades como madre. Si alguien supiera que yo tenía TDAH, me podría echar la culpa de la hiperreactividad sensorial del bebé.

Ahora que la gente sabe que tengo TDAH pueden ver algunos comportamientos de mi hijo y culparme de ellos. Es una verdad dolorosa con la que todavía tengo que lidiar. Ahora que mi hijo también ha sido diagnosticado de síndrome de Asperger, soy plenamente consciente de que la gente vigila.

Esta es mi opinión sobre la vergüenza como madre. No la tengas y mantente lejos de quienes la practican. Sólo está en tu mano controlar una parte de la personalidad de tu hijo, el resto no depende de ti.

Además, nadie nos juzga con tanta dureza como nosotras mismas.

ESPERABAS QUE DESAPARECIERA POR ARTE DE MAGIA

Es verdad. Durante mucho tiempo pensé que, si conseguía compensar, o incluso sobrecompensar mi TDAH. tal vez podría llegar a ser más lista que él. Hacía listas, pegaba post-it por todas partes, y acumulé montones de basura en el desván.

Me presioné tanto que entré en el territorio TOC. Me pasé haciendo ejercicio, haciendo régimen, haciendo análisis. Me hice hipervigilante sobre gérmenes y lactancia materna.

¿Algo de esto te suena familiar? ¿Trataste de desear que fuera?

No estás sola. Ni mucho menos. Pero juntas somos más fuertes.

Si queremos que el estigma de TDAH (y otros problemas de salud mental) desaparezca, tenemos que compartir nuestras historias. No más ocultación. No más vergüenza.

 

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Padres y madres: cambiemos todos esos “no puede” por “puede”

¿También vosotros habéis caído en la trampa de asumir que vuestro hijo “no puede” hacer algo? Esa no es la forma de ayudar a un niño con TDAH. Lo que yo hice fue dar la vuelta a esos puntos negativos en su mente.

Escrito por  Penny Williams
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

 

La primera cosa que nos dan cuando un niño es diagnosticado con TDAH es la lista de la compra con todas las cosas que no puede hacer:

No puede prestar atención durante mucho tiempo.

No puede controlar bien sus impulsos.

No puede tener tanto éxito socialmente como sus compañeros.

No puede hacerlo bien en la escuela.

Y así sucesivamente…

Así, desde el primer momento, estamos preparados para fallar al criar a nuestros hijos con TDAH. Nos dicen todas las cosas que no puede hacer, pero no nos dicen qué hacer para sobrevivir y prosperar, centrándonos en las cosas que puede hacer.

El diagnóstico de TDAH inicia a menudo una expectativa de limitaciones y un montón de “no puede”. Esto produce una perspectiva negativa y muchas creencias restrictivas.

“Mi hijo me necesita más que los demás niños de su edad, así que no puede ir al campamento de verano”.

“Mi hija se emociona muy fácilmente, así que no puede quedar para jugar si no voy yo”.

“Mi hijo no puede controlar sus impulsos, así que no puedes enfadarte por su conducta”.

“A mi hija le resultan difíciles los procesos complejos, así que no puede jugar a deportes de equipo”.

Los niños con TDAH merecen las mismas experiencias y oportunidades en su infancia que cualquier otro niño. Pueden necesitar adaptaciones o circunstancias especiales, pero no debéis limitarlas basándoos en tus suposiciones de lo que el TDAH les va a impedir hacer bien.

He caído muchas veces en la trampa de confiar en los “no puede” con mi hijo Ricochet, que tiene TDAH, autismo, ansiedad y dificultades de aprendizaje. En los últimos años me he esforzado mucho para estar atenta a esas ocasiones y dejar de limitar sus experiencias.

El mes pasado, la escuela de Ricochet llevó a unos doscientos estudiantes de octavo curso[1] a un viaje de tres días a Atlanta (a unas cuatro horas de viaje). Siempre hacen un viaje en octavo para fomentar su independencia y hacer que prueben un poco la responsabilidad que necesitarán el próximo curso, en la escuela secundaria. Pasan tres días y dos noches lejos de casa, durmiendo en habitaciones de seis plazas. Eso significa tres días sin recordatorios sobre higiene de mamá. Tres días sin un momento para estar a solas o de descanso social.

Podría pensar en un montón de razones por las que mi hijo no debería ir a ese viaje o por las que no iba a pasarlo bien. Yo sabía lo difícil que le iba a resultar soportar el agobiante ruido y el caos de todos esos niños durante 65 horas seguidas, sin un refugio de tranquilidad. Sabía lo mal que se encontraría si no pudiera dormir. Sabía que sólo pensar en la intensidad del ruido y la multitud en el partido de baloncesto de la NBA le provocaría pánico.

También sabía que él necesitaba esta experiencia. Sus amigos iban a ir, y él estaba deseando ir también. Hablamos de lo duro que iba a ser algunas veces, pero él insistió en que ya tiene edad suficiente para manejarlo. Papá estaba en contra, convencido de que tendríamos que ir a Atlanta a recogerle antes de tiempo. Yo, por otra parte, no estaba dispuesta a impedirle tener esa experiencia basándome en un montón de “y si…”. No quiero limitarlo basándome en la discapacidad.

Creo que esos tres días fueron más duros para mí que para Ricochet. Estuve preocupada todo el tiempo: si huiría del grupo, si se llevaría bien con sus amigos, si se burlarían de él o le harían pasarlo mal, si manejaría el desorden sensorial y la ansiedad … Él, sin embargo, estaba decidido a ser “mayor” y hacer lo que sus compañeros podían hacer. Y así fue en el viaje.

Por supuesto, hubo un par de incidentes problemáticos. Uno hizo que yo hablara por teléfono con la tienda CNN (estaban en el CNN Center) rogándoles que me dejaran pagar por teléfono una chaqueta, para que él se la pudiera llevar (cosa que hicieron). Su chaqueta tenía algo que le “picaba”, hacía demasiado frío para pasar otro día sin chaqueta, y él no llevaba dinero. Otro hizo que se gastara todos los datos de su tarifa de móvil viendo videos durante el viaje de ida, así que no pudo mandarnos ni recibir mensajes. Me llamó desde el palacio de deportes, antes del partido de baloncesto, diciéndome que no quería quedarse y que fuera a recogerle entonces mismo.

Afortunadamente, el maestro asignado a su grupo de estudiantes conoce bien a Ricochet y tiene una debilidad por él. Se aprestaba a ayudarle cada vez que Ricochet necesitaba algo. Me envió una foto de Ricochet de pie y animando en el partido de baloncesto, una vez consiguió que se calmara.

En lugar de limitar sus experiencias con todos los “no puede”, enviamos a Ricochet a un viaje largo lo mejor preparado posible, e hicimos lo necesario para ayudarle a pasarlo bien. Llegó a casa con una resolución más firme y una confianza mayor en sí mismo. ¡Ah, y con una maleta llena de ropa limpia, porque se puso la misma ropa los tres días!

 

[1] Equivale a 2º ESO (N. de la T.)

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Por esto sientes siempre tanto cansancio

Escrito por William Dodson, M.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Los trastornos del sueño causados ​​por el TDAH se han pasado por alto por varias razones, entre ellas la avanzada edad de inicio. Pero estudios recientes confirman que el TDAH no desaparece por la noche. Aquí podrás entender la relación entre TDAH y sueño y sus manifestaciones más comunes. También obtener consejos para relajarte más rápido, dormir más tiempo y despertar en mejor forma.

 

A muchos adultos y niños con trastorno de déficit de atención, la idea de dormirse con facilidad, dormir durante toda la noche y despertar fácilmente – y con sensación de descanso – les parece un sueño.

Los adultos con TDAH saben que el sueño puede perturbarse por inquietud mental y física y que esto puede afectar al tratamiento del TDAH. Pero, como con la mayor parte del conocimiento sobre el TDAH adulto, estamos sólo empezando a entender que hay un vínculo más fuerte entre TDAH y sueño, que conlleva dificultades para conciliar el sueño, seguir dormido y despertar.

Las perturbaciones del sueño causadas ​​por el TDAH se han pasado por alto por varias razones. Los problemas del sueño no encajaban claramente en el requisito establecido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), de la Asociación Americana de Psiquiatría, de que todos los síntomas del TDAH deben estar presentes antes de los siete años. Los trastornos del sueño asociados con el TDAH suelen aparecer más tarde, hacia los doce años. En consecuencia, este arbitrario límite de edad ha impedido reconocer los trastornos del sueño del TDAH hasta hace poco, cuando los estudios en adultos se han extendido. Así como el TDAH no desaparece en la adolescencia, tampoco desaparece por la noche. Continúa entorpeciendo el funcionamiento vital las 24 horas del día.

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En los primeros intentos de definir el trastorno, los problemas del sueño se llegaron a considerar como un criterio del TDAH, pero se eliminaron de la lista de síntomas al considerarse que la evidencia sobre ellos era demasiado genérica. A medida que la investigación se ha extendido a los adultos con TDAH, las causas y efectos de los trastornos del sueño se han vuelto más claros.

Por ahora, los problemas del sueño tienden a ser ignorados o vistos como problemas coexistentes, con una relación poco clara con el TDAH en sí. Los trastornos del sueño se han atribuido erróneamente a los fármacos estimulantes, que suelen ser los primeros que se utilizan para tratar el TDAH.

Las Cuatro Grandes Problemas del Sueño

Ninguna publicación científica sobre el insomnio incluye el TDAH entre las causas principales de los trastornos del sueño. La mayoría de los artículos se centra en las alteraciones del sueño debidas a los fármacos estimulantes, en vez de considerar al TDAH como su causa. Sin embargo, los adultos con TDAH saben que la conexión entre su trastorno y los problemas de sueño es real. Los pacientes suelen llamarlo “sueño perverso”: cuando quieren dormir, siguen despiertos; Cuando quieren estar despiertos, se duermen.

Los cuatro trastornos del sueño más comunes asociados con el TDAH son:

  1. Insomnio de conciliación

Tres cuartas partes de los adultos con TDAH se declaran incapaces de “apagar la mente para dormirme por la noche”. Muchos se definen como “noctámbulos” que reciben un arranque repentino de energía al ponerse el sol. Otros dicen sentirse cansados ​​durante el día, pero en cuanto su cabeza toca la almohada, la mente se pone en marcha. Sus pensamientos van saltando de una preocupación a otra. Desafortunadamente, muchos de estos adultos describen sus pensamientos como “acelerados”, lo que lleva a un diagnóstico erróneo de trastorno bipolar, cuando no es más que la inquietud mental propia del TDAH.

Antes de la pubertad, entre el 10 y el 15 por ciento de los niños con TDAH tiene problemas para dormir. Es el doble de la tasa en niños y adolescentes sin TDAH. El número aumenta llamativamente con la edad: a los doce años, el 50 por ciento de los niños con TDAH tiene dificultades para conciliar el sueño casi todas las noches. A los treinta, más del 70 por ciento de los adultos con TDAH admite que le cuesta más de una hora dormirse por la noche.

  1. Sueño inquieto

Cuando las personas con TDAH consiguen dormirse, su sueño es inquieto. No paran de dar vueltas. Se despiertan ante cualquier ruido en la casa. Se mueven tanto que su pareja a menudo prefiere dormir en otra cama. A menudo, al despertar encuentran la cama deshecha y las sábanas tiradas por el suelo. El sueño no es reparador y se despiertan tan cansadas ​​como cuando se acostaron.

  1. Dificultad para despertar

Más del 80 por ciento de los adultos con TDAH de mi consulta dice despertarse varias veces hasta las cuatro de la mañana. Entonces, caen en “el sueño de los muertos”, del que tienen extrema dificultad para despertar.

Siguen durmiendo, aunque suenen dos o tres despertadores y los demás miembros de la familia intenten sacarles de la cama. Las personas con TDAH suelen mostrarse irritables, incluso combativas, cuando se les despierta antes de tiempo. Muchas dicen no estar completamente alerta hasta el mediodía.

  1. Sueño intrusivo

El Dr. Paul Wender, investigador del TDAH durante 30 años, lo relaciona con el rendimiento basado en el interés. Mientras las personas con TDAH estaban interesadas o motivadas por lo que hacían, no mostraban síntomas del trastorno (este fenómeno se llama hiperfoco y es considerado a menudo como un rasgo del TDAH). Si, por el contrario, una persona con TDAH pierde interés en una actividad, su sistema nervioso se desconecta, en busca de algo más interesante. A veces esta desconexión es tan abrupta como para inducir somnolencia extrema y repentina, hasta el punto de que la persona se queda dormida.

Marian Sigurdson, experta en estudios de electroencefalografía (EEG) aplicados al TDAH, informa de que los trazados de ondas cerebrales en ese momento muestran una intrusión repentina de ondas theta en los ritmos alfa y beta de alerta. Todos hemos visto “intrusiones de olas theta” en un estudiante situado al final de la clase que de repente cae al suelo porque “se ha dormido”. Probablemente era alguien con TDAH que estaba perdiendo el conocimiento debido al aburrimiento, más que quedándose dormido. Este síndrome es potencialmente mortal si se produce al conducir y a menudo es inducido por conducir largas distancias en carreteras rectas y monótonas. A menudo, este trastorno se diagnostica erróneamente como “narcolepsia EEG negativa”. No se conoce el grado de incidencia del “sueño” intrusivo, ya que sólo se produce bajo ciertas condiciones, difíciles de reproducir en el laboratorio.

¿Que es lo que pasa?

Existen varias teorías sobre las causas de las perturbaciones del sueño en personas con TDAH, con una llamativa variedad de puntos de vista. Los médicos basan su respuesta a las quejas de sus pacientes sobre problemas del sueño en su interpretación de la causa de esos problemas. Un médico que busque primero trastornos resultantes de hábitos de vida desordenados tratará los problemas de manera diferente a uno que piense en ellos como una manifestación del TDAH.

El Dr. Thomas Brown – investigador durante mucho tiempo del TDAH y desarrollador de las Escalas de Brown – fue uno de los primeros en prestar atención seria a los problemas de sueño en niños y adolescentes con TDAH. Para él, los trastornos del sueño son indicativos de los problemas de activación y estado de alerta del propio TDAH. Dos de los cinco grupos de síntomas que aparecen en la escala de Brown tienen que ver con la activación:

  • Organización y activación para comenzar actividades.
  • Mantenimiento de la alerta, energía y esfuerzo.

Brown interpreta los problemas del sueño como una discapacidad de las funciones de gestión cerebrales relacionado con el desarrollo – en particular, una incapacidad para sostener y regular la activación y el estado de alerta. Lo llamativo es que no recomienda tratamientos comunes para el TDAH; aplica un enfoque de dos vías, centrado en una mejor higiene del sueño y en la supresión de estados de excitación no deseados e inconvenientes mediante fármacos de efecto sedante.

La explicación más sencilla es que los trastornos del sueño son manifestaciones directas del propio TDAH. La auténtica hiperactividad es extremadamente rara en mujeres de cualquier edad. La mayoría experimenta la inquietud mental y física del TDAH sólo cuando trata de apagar el estado de activación del funcionamiento cotidiano para conciliar el sueño. Al menos el 75 por ciento de los adultos de ambos sexos informa de que su mente se mueve sin parar de una preocupación a otra durante varias horas, hasta que por fin se duermen. Incluso entonces, dan vueltas en la cama, se despiertan con frecuencia y a veces apenas duermen.

El hecho de que el 80 por ciento de los adultos con TDAH termine cayendo en “el sueño de los muertos” ha llevado a los investigadores a buscar una explicación. Ninguna teoría explica por sí sola el grave deterioro de la capacidad para conseguir despertarse. Algunos pacientes con TDAH cuentan que duermen bien cuando van de acampada o están al aire libre durante períodos largos de tiempo.

Una hipótesis es que la falta de exactitud en el reloj circadiano también puede explicar la dificultad de muchas personas con TDAH para calcular el paso del tiempo. Su reloj interno no está “ajustado”. Por ello, sólo experimentan dos momentos: “ahora” y “no ahora”. Muchos de mis pacientes adultos no llevan reloj. Para ellos, el tiempo es un concepto abstracto, importante para otros, pero que no pueden entender. Se necesitarán muchos más estudios para establecer los vínculos entre los ritmos circadianos y el TDAH.

Cómo conseguir dormir

No importa cómo explique cada doctor los problemas del sueño, el remedio normalmente tiene que ver con lo que llamamos “higiene del sueño”, que incluye todo aquello que fomenta la conciliación y el mantenimiento del sueño. El conjunto de condiciones depende mucho de cada individuo. Algunas personas necesitan un silencio absoluto. Otras necesitan ruido blanco, como un ventilador o una radio, para enmascarar las perturbaciones. Algunas personas necesitan comer algo antes de acostarse, mientras que otras no pueden comer nada. Hay algunas reglas de la higiene del sueño universales:

  • Usa la cama sólo para dormir o tener relaciones sexuales, no como lugar donde afrontar problemas o discutir.
  • Establece una hora y una rutina para acostarte y síguelas estrictamente.
  • Evita las siestas durante el día.

Hay otros dos hábitos de la higiene del sueño que, aunque parecen obvios, hay que subrayar para las personas con TDAH.

  • Para dormir, vete a la cama. Muchas personas con TDAH están en su mejor momento por la noche. Se sienten con más energía, piensan con más claridad y son más estables después de ponerse el sol. La casa está tranquila y hay pocas distracciones. Es su momento más productivo. Desgraciadamente, tienen un trabajo y una familia a los que deben atender a la mañana siguiente, tareas que serán más complicadas con un sueño inadecuado.
  • Evita la cafeína por la noche. La cafeína puede hacer que un acelerado cerebro con TDAH esté aún más excitable y alerta. La cafeína también es diurética, aunque no tan potente como los expertos creían, y puede causar interrupciones del sueño por la necesidad de ir al baño. Es aconsejable no consumir ningún líquido antes de acostarse.

Opciones de tratamiento

Si el paciente pasa horas por la noche dando vueltas en la cama y a su cabeza, probablemente sea una manifestación de TDAH. El mejor tratamiento es una dosis de medicación estimulante 45 minutos antes de acostarse. Sin embargo, es difícil vender esta pauta a pacientes con insomnio. En consecuencia, una vez que se ha determinado su dosis óptima de medicación, les pido que se echen una siesta una hora después de tomar la segunda dosis.

Generalmente, encuentran que el “efecto paradójico” de la medicación calmando la inquietud es suficiente para poder dormirse. Los pacientes suelen estar tan faltos de sueño que consiguen echar una cabezadita. Cuando la persona ve por sí misma, en una situación “sin riesgo”, que la medicación puede ayudarle a desconectar su cerebro y su cuerpo y quedarse dormida, está más dispuesta a probar la medicación a la hora de acostarse. Aproximadamente dos tercios de mis pacientes adultos toman una dosis completa de su medicación para el TDAH por las noches, para conseguir dormir.

¿Qué ocurre si la historia clínica es la contraria? Una cuarta parte de las personas con TDAH no tiene alteraciones del sueño o sólo tiene las dificultades normales para dormirse. Para ellas no son útiles los medicamentos estimulantes a la hora de acostarse. El Dr. Brown recomienda tomar 25 a 50 mg de difenhidramina una hora antes de ir a la cama.  La difenhidramina es un antihistamínico disponible sin receta y que no crea hábito. La desventaja es que es de larga duración, y puede causar somnolencia hasta durante 60 horas en algunas personas. Alrededor del 10 por ciento de las personas con TDAH experimenta agitación paradójica severa con este medicamente y nunca vuelve a probarlo.

Los expertos señalan que las alteraciones del sueño en personas diagnosticadas con TDAH no siempre se deben a causas relacionadas con él. A veces los pacientes tienen un trastorno de sueño comórbido al TDAH. Algunos profesionales solicitan un estudio del sueño de sus pacientes, para determinar la causa de la perturbación. Se realizan test como una prueba de sueño domiciliaria, una polisomnografía o un test de latencias múltiples del sueño. Si hay problemas secundarios de sueño, los doctores pueden aplicar opciones de tratamiento adicionales para manejarlos.

Nerviosismo, cansancio y falta de sueño crónica

El siguiente peldaño en la escalera de tratamiento son los medicamentos con receta. La mayoría de los médicos tratan de evitar las pastillas para dormir porque son potencialmente adictivas. Las personas desarrollan tolerancia a ellas rápidamente y requieren dosis cada vez mayores. Por lo tanto, los fármacos de siguiente elección son los que no crean hábito y tienen una sedación significativa como efecto secundario. Son

  • Melatonina. Este péptido de origen natural liberado por el cerebro en respuesta a la puesta del sol tiene algún papel en el ajuste del reloj circadiano. Está disponible sin receta en la mayoría de farmacias y herboristerías. Las dosis que se venden suelen ser demasiado altas. Casi toda la investigación publicada sobre la melatonina habla de dosis de 1 mg o menos, pero las dosis disponibles suelen ser de 3 ó 6 mg. Dosis mayores de un miligramo no aportan nada más. La melatonina puede no ser eficaz la primera noche, por lo que será necesario tomarla varias noches para que haga efecto.
  • Antihistamínico sujeto a receta, la ciproheptadina (Peritol), funciona como la difenhidramina, pero tiene las ventajas añadidas de suprimir los sueños y compensar la pérdida del apetito inducida por los estimulantes. Para quienes no sufren pérdida del apetito, el aumento de peso puede limitar la utilidad de Peritol.
  • Clonidina. Algunos médicos la recomiendan en dosis de 0,05 a 0,1 mg, una hora antes de acostarse. Este medicamento, utilizado para la hipertensión arterial, es el fármaco de elección para la componente de hiperactividad del TDAH. Tiene efectos sedantes significativos durante unas cuatro horas.
  • Fármacos antidepresivos, como la trazadona (Deprax) 50 a 100 mg, o la mirtazapina (Remeron) 15 mg, utilizados por algunos médicos por sus efectos secundarios sedantes. Debido a un complejo mecanismo de acción, las dosis bajas de mirtazapina son más sedantes que las altas; más no es mejor. Al igual que la difenhidramina, estos medicamentos tienden a producir sedación durante el día siguiente y pueden hacer más difícil levantarse por la mañana.

Problemas para despertarse

Los problemas para despertarse y estar totalmente alerta pueden abordarse de dos maneras. La más sencilla es utilizar dos alarmas. El paciente coloca una primera dosis de medicación estimulante y un vaso de agua en la mesilla. La primera alarma está programada para sonar una hora antes de cuando la persona prevé levantarse. Cuando suena, el paciente se despierta justo para tomar el medicamento y sigue durmiendo. Cuando suena la segunda alarma, una hora después, el medicamento está alcanzando su nivel máximo en sangre, ayudando al individuo a levantarse de la cama y empezar la jornada.

Un segundo enfoque, más tecnológico, se basa en la evidencia de que la dificultad para despertar por la mañana es un problema del ritmo circadiano. Hay pruebas anecdóticas que sugieren que el uso de luces que simulan el anochecer y el amanecer pueden fijar el reloj interno de personas con Síndrome de la Fase del Sueño Retrasada. Como beneficio añadido, muchas personas refieren que se ha agudizado su sentido del tiempo y su capacidad para gestionarlo, una vez su reloj interno se ha ajustado correctamente. Estas luces, sin embargo, están en fase experimental y son caras (unos 400 €).

Los trastornos del sueño en personas con TDAH son comunes, pero casi completamente ignorados por nuestro sistema de diagnóstico actual y por la investigación sobre el TDAH. Estos patrones empeoran progresivamente con la edad. El reconocimiento de las alteraciones del sueño en el TDAH se ha visto obstaculizado por la atribución errónea del insomnio inicial a los efectos de medicamentos estimulantes. Ahora reconocemos que las dificultades del sueño están asociadas con el propio TDAH y que los fármacos estimulantes son a menudo el mejor tratamiento para esas dificultades y no su causa.

 

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El misterio de la motivación en el TDAH

¿Por qué los adultos y niños con TDAH tienen fuertes motivación y funciones ejecutivas para algunas tareas y nunca consiguen la chispa cognitiva para llevar a cabo otras?

Escrito por Thomas E. Brown, Ph.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Pese a las muchas diferencias en el TDAH entre niños y adultos, hay algo que comparten prácticamente todos. Aunque tienen una dificultad crónica considerable para organizarse y comenzar muchas tareas, enfocar su atención, mantener el esfuerzo y utilizar su memoria de trabajo, hay siempre algunas actividades o tareas específicas en las que no tienen ninguna dificultad para ejercer estas mismas funciones de una manera normal o incluso extraordinaria.

La irregularidad en la motivación y el rendimiento es el aspecto más desconcertante del TDAH. Cabría pensar que un niño o adulto que muestra una fuerte motivación y es capaz de centrarse en algunas tareas, debería ser también capaz de hacerlo en otras tareas importantes. Parece una simple cuestión de “falta de voluntad”. Si puedes hacer esto, ¿por qué no puede hacer también eso y aquello, que son aún más importantes? Sin embargo, el TDAH no es una cuestión de fuerza de voluntad. Se trata de un problema en la dinámica de la química del cerebro.

Uno de mis pacientes me dijo una vez: “Tengo una metáfora sexual que puede usar para explicar lo que es tener TDAH. Es como una disfunción eréctil de la mente. Si la tarea a la que te enfrentas te excita, te resulta realmente interesante, entonces estás “dispuesto” y puedes hacerla. Pero si la tarea no te resulta intrínsecamente interesante, si no te excita, no eres capaz de levantarte a realizarla. No importa cuántas veces te digas ‘tengo que hacerlo, debo hacerlo’. No es una cuestión de fuerza de voluntad.

Investigaciones recientes ofrecen considerables evidencias de que el TDAH no es una “cuestión de fuerza de voluntad”, aunque a menudo lo parezca. Cuando una persona con TDAH se enfrenta a una tarea que le resulta realmente interesante – no porque alguien le diga que debe serlo, sino porque en ese momento se lo parece así – esa percepción, consciente o inconsciente, cambia instantáneamente la química del cerebro. Es un proceso que no depende de la voluntad.

Las suposiciones acerca de la fuerza de voluntad se basan en dos errores sobre el funcionamiento del cerebro. Estas suposiciones ignoran el complejo y poderoso papel de las emociones inconscientes en los procesos de motivación y tampoco reconocen la gran importancia de la memoria de trabajo a la hora de priorizar tareas en cada momento.

La principal diferencia entre las búsquedas en Google y las motivaciones de un individuo cualquiera – aparte de las diferencias evidentes en el tamaño de la base de datos – es el proceso mediante el que se determina la relevancia y se prioriza la información. Google prioriza basándose en la relevancia del contenido manifiesto y en la frecuencia de la petición en búsquedas similares de otras personas. La principal base usada por las personas para priorizar la información es la emoción, asociada con recuerdos conscientes e inconscientes activados por los pensamientos y percepciones del individuo en un momento dado.

Tu cerebro emocional

En 1996, el neurocientífico Joseph LeDoux publicó “El cerebro emocional”, un libro en el que resalta la importancia de las emociones en el funcionamiento cognitivo del cerebro. LeDoux hace hincapié en que las emociones – en su mayoría inconscientes – son potentes e importantísimas motivadoras de los pensamientos y las acciones humanas. Esta comprensión del papel esencial de las emociones en todos los aspectos de la motivación y el comportamiento humanos no se ha integrado suficientemente en la concepción actual sobre el TDAH.

Las emociones – positivas y negativas – tienen un papel crucial en las funciones ejecutivas: iniciar y priorizar las tareas, mantener o cambiar el interés o el esfuerzo, mantener pensamientos en la memoria activa y decidir evitar una tarea o situación. Mientras que Google responde a las consultas tecleadas en su motor de búsqueda, el cerebro humano responde a la calidad y la intensidad de las emociones vinculadas a los recuerdos asociados.

Muchas personas piensan que las emociones sólo implican sentimientos conscientes, limitados a sensaciones como tristeza, ira, placer, preocupación… de las que la persona es plenamente consciente y que suele poder identificar. La neurociencia ha demostrado que los sentimientos conscientes son sólo una pequeña parte de la amplia gama de emociones que opera en cada persona en la motivación de las funciones ejecutivas. El neurocientífico Joaquín Fuster enfatizó: “Podemos ser plenamente conscientes de un recuerdo, pero la gran mayoría de los recuerdos que evocamos permanecen inconscientes”.

A menudo, estas emociones inconscientes entran en conflicto y nos hacen actuar de manera contradictoria con nuestras intenciones conscientes. Detrás de nuestro fracaso en la ejecución de tareas que conscientemente queremos llevar a cabo, o de nuestra implicación, directa o indirecta, en acciones que conscientemente no queremos realizar, suele haber una corriente subyacente de emociones conflictivas.

Una persona puede pensar que una determinada tarea es importante y creer sinceramente que quiere dedicarle una atención inmediata y un esfuerzo sostenido, pero no actuar en consecuencia. Puede continuar procrastinando, ocupándose de tareas menos urgentes, o puede buscar distracciones activamente, contactando con amigos, navegando por Internet, bebiendo o yéndose a dormir. Tales contradicciones sólo adquieren sentido cuando nos damos cuenta de que las emociones que guían nuestras motivaciones son a menudo contradictorias o no totalmente conscientes. Podemos estar influenciados por emociones de las que no somos conscientes (ver el apartado “Escapar de situaciones estresantes”).

Factores de Motivación

El factor fundamental en la capacidad de una persona con TDAH para centrarse y aplicar de manera eficiente sus funciones ejecutivas a algunas tareas, mientras que es crónicamente incapaz de centrarse adecuadamente en muchas otras, tiene que ver con la transmisión neuronal. Durante muchos años se ha asumido que los individuos con TDAH tienen una insuficiencia crónica en la liberación y recarga del neurotransmisor dopamina en las uniones sinápticas entre las neuronas de las redes que gestionan las funciones ejecutivas.

Muchos estudios han demostrado que el tratamiento con medicamentos estimulantes mejora la eficiencia de la comunicación neuronal. Sin embargo, la mayor liberación y el retardo de la recaptación no dependen de la voluntad. Solamente se dan en aquellas tareas por las que el individuo con TDAH tiene un gran interés. Este interés puede deberse a que esa actividad le ha proporcionado placer u otras recompensas anteriormente. O puede intensificarse por temor a que ocurra de inmediato algo que prevé desagradable si no se dedica a la tarea en ese momento. Ya sea por placer o temor anticipado, el mayor interés provoca instantáneamente una mayor liberación de dopamina, que perdurará mientras ese interés intensificado persista.

El segundo factor que influye en la capacidad de prestar atención a algunas tareas y no a otras es la relativa debilidad de la memoria de trabajo, característica de muchas personas con TDAH. La memoria de trabajo es esencial para tener presente la prioridad relativa de nuestros diversos intereses en un momento dado.

La investigación en Psicología Social ha demostrado que los individuos con mayor memoria de trabajo tienen mayor capacidad de manejar las emociones – agradables o desagradables – sin dejarse atrapar por ellas. Las personas con TDAH tienen menos “ancho de banda” en su memoria de trabajo, por lo que tienen más dificultad para vincular con rapidez varios recuerdos relevantes a la hora de hacer o no una tarea. Son menos proclives a considerar el panorama general del que forma parte el momento presente (ver “Atrapado por las emociones”). Funcionan como alguien que ve un partido de baloncesto a través de un catalejo y no puede percibir lo que ocurre en el resto de la cancha, las amenazas y oportunidades que hay fuera del pequeño círculo que su catalejo le permite ver.

Extraído de Outside the Box: Rethinking ADD/ADHD in Children and Adults, de THOMAS E. BROWN, Ph.D. © 2017 Asociación Americana de Psiquiatría.

Escapar de situaciones estresantes

Era un ejercicio difícil, y a Jim le estaba costando contestar a la mayoría de las preguntas, posiblemente porque aún no se había leído ni la mitad de los temas que entraban. Jim llevaba varios días sin estudiar. Estaba preocupado por un correo electrónico que le había mandado su novia desde su ciudad. Le decía que quería romper con él, que estaba demasiado lejos y había empezado a salir con otra persona.

A las dos de la mañana, después de varias horas luchando con el ejercicio, Jim decidió dormir un par de horas y tratar de terminarlo después. Puso el despertador a las cuatro. Pero cuando sonó, Jim se despertó un momento, lo apagó y volvió a dormirse. No se despertó hasta cinco horas después.

Cuando se dio cuenta de que había pasado la hora de entrega, sintió pánico. El profesor había avisado de que no aceptaría ninguna entrega fuera de plazo. Asumiendo que con seguridad iba a tener un cero en el parcial, Jim decidió de repente que no estaba preparado para estar en la universidad. Sin consultarlo con nadie, hizo la maleta y se marchó a casa, con la intención de quedarse allí hasta el otoño siguiente, en que volvería a intentar ir a la universidad.

Una semana después, cuando habló conmigo de esto, me dijo que abandonar la universidad era lo mejor que podía hacer en ese momento. Le hacía mucha ilusión ir a estudiar fuera, pero el trabajo le resultaba demasiado duro, aún no había hecho verdaderos amigos y echaba mucho de menos a su novia ya sus padres. También afirmó que tener un cero en el primer parcial significaba suspender el curso, así que no tenía sentido para él continuar allí ese semestre. No veía otra manera de manejar la situación. También mencionó que, al regresar a casa, esperaba recuperar el afecto de su novia. Pero resultó que ella no tenía ningún interés en volver a salir con él.

Era un patrón que Jim no había identificado. Anteriormente había abandonado muchas otras actividades. Se sentía inseguro con facilidad y rápidamente huía de cualquier situación en la que temiera no hacerlo bien. Tenía una tendencia exagerada a escapar cuanto antes del estrés.

Sólo después de varios meses de psicoterapia consiguió Jim ver que volver “accidentalmente” a dormirse aquella mañana, no hablar siquiera de la situación con su consejero universitario y asumir que se enfrentaba a un inevitable fracaso no habían sido buenas decisiones para él.

Atrapado por las emociones

Una mujer me dijo que le daban miedo las noches de los miércoles. Para su familia, era la noche después de la recogida de basura del miércoles por la mañana. Tenía dos hijos adolescentes y su marido les encargó que los martes por la tarde llevaran los cubos de basura al inicio del camino de acceso a la casa y los miércoles por la tarde trajeran de vuelta a la casa los cubos vacíos. Pero muchas veces se olvidaban de traer los cubos de vuelta.

La madre explicaba que, cada vez que su marido volvía de trabajar el miércoles por la noche y veía los cubos de basura en la carretera, se enfurecía y se ponía a gritar, diciendo que eran unos inútiles y unos irresponsables, que no sabían agradecer lo que habían recibido y no eran capaces siquiera de ayudar a su familia trayendo los cubos de basura a casa una vez a la semana.

La madre explicaba que, después de reñir a sus hijos con esa dureza, su marido solía calmarse y murmurar una disculpa hacia los chicos. “Sé que les quiere mucho y que daría su vida por cualquiera de ellos, pero cuando se enfurece por uno de esos episodios de los miércoles, parece que se olvida de que son sus hijos, a quienes quiere y cuida. En ese momento, lo único que sabe es que está furioso con los dos porque no han cumplido con esa tarea.

Cualquier padre puede perder los nervios con sus hijos en alguna ocasión, pero la mayoría de los padres, la mayoría de las veces puede expresar su frustración al niño sin llegar a un ataque verbal tan intenso. Su memoria de trabajo les permite tener en cuenta su amor, incluso cuando su ira ocupa mucho espacio en su mente.

 

 

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TDAH, empatía y “criar a una narcisista”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

¿Qué se pierde en medio de todo ese charloteo indocumentado online sobre “drogar a los niños” por el TDAH? La compasión por estos niños.

Muchos niños con TDAH sufren impedimentos que van mucho más allá de la clase. Impedimentos que distorsionan lo que para cualquier persona razonable es una “infancia feliz”. Que, de hecho, amenazan con deformar el curso de toda su vida. Como, por ejemplo, déficit de empatía.

En este post, Taylor J, anfitriona del Club de Lectura “Tú, yo y el TDAH“, nos cuenta esta historia sobre el reciente diagnóstico y tratamiento del TDAH de su hija mayor. Taylor veía con desesperación cómo su hija iba camino de parecerse a sus propios padres, narcisistas y faltos de empatía (ambos rasgos suelen ir de la mano).

Taylor y su marido trataban de enseñar empatía a la niña, pero sus lecciones no llegaban a calar. O eso creían.

Gina

Por Taylor J.

La Número Uno entre las cosas más profundas que he aprendido sobre el TDAH es ésta: puede hacer que sea difícil relacionar “causa” y “efecto”. Y eso puede crear todo un mundo de problemas.

Por ejemplo, este estudiante no verá que sus pobres hábitos de estudio son la causa de sus malas notas y echará la culpa a la “maldad” del profesor. Aquella esposa no verá que sus palabras cortantes y sarcásticas han hecho a su marido retraerse emocionalmente, y dirá que es “frío”. Ese joven no verá que su imprudente conducción y el exceso de velocidad causaron un accidente de tráfico y culpará a las malas condiciones meteorológicas.

No hay que ser un genio para entender que no relacionar nunca las acciones con las consecuencias causará estragos en la vida de una persona. Peor aún, puede matar el potencial para las relaciones.

Vi desarrollarse esto con toda crudeza en mi hija de diez años. Yo la llamo “Dinamita”.

Prometí ser diferente a mis padres

Permitidme primero que os ponga en antecedentes.

Mis padres tienen un terrible trastorno mental, del que se niegan a tratarse. Prefirieron culpar a los demás de sus problemas y ahogar sus penas en alcohol, drogas y autocompasión morbosa. Incluso estando yo en el hospital – enferma o con un bebé recién nacido – mis padres sólo hablaban de sí mismos. Su absoluta falta de empatía me horrorizaba.

Cuando me casé y formé mi propia familia, prometí ser diferente.

Sin embargo, al criar a mi primera hija, la mayor de cuatro chicas, observaba impotente cómo cada lección sobre empatía que trataba de inculcarle parecía rebotar en su corazón.

Abusaba de los demás. Organizaba juegos en los que todos la trataban como una reina de otro planeta o convencía a sus amigas para que le “dejaran” sus juguetes y su ropa favoritos. Para siempre.

Llegué a pillarla en una elaborada “extorsión” infantil: le pedía dinero a su hermana por mantener alejados a los monstruos (¡ya le había sacado 6 dólares!).

Recibía, pero nunca daba. Sus amigas le daban regalos, invitaciones o elogios. Pero ella nunca veía la necesidad de devolver ningún favor.

ADHD, Empathy & "Raising a Narcissist"

De hecho, se quejaba si en un elogio faltaba un detalle o si el regalo no era perfecto. ¡Incluso iba a casa de sus amigas a criticar su ropa o su decoración! “La verdad es que no deberías tener esa casa de muñecas, es para niñas pequeñas. Deberías tener la casa de muñecas de Barbie”.
¿En serio? ¿Dónde has aprendido esto?

Me estaba equivocando de pregunta. Como aprendí mucho tiempo después, el suyo no era un comportamiento aprendido; era algo innato.

Mi marido y yo le explicábamos, una y otra vez, que sus palabras hacían daño a otras personas. “¿Cómo te sentirías si Ginny viniera a tu casa a decirte que tu casa de muñecas es para niñas pequeñas?”

No había “causas” ni “efectos”; tan sólo “malos padres”

“Dinamita” parecía confundida y respondió: “Pero mi casa de muñecas no es para niñas pequeñas, así que nunca diría eso”. La castigábamos por decir palabras crueles, pero nunca entendió la razón de los castigos. Tan sólo éramos “malos padres”.

Aún había más. Explotaba ante la mínima frustración. Cualquier cosa – una costura molesta en sus calcetines, la colcha arrugada, sus cereales con un puntito de “leche de más” – provocaba una rabieta explosiva.

La recuerdo cuando tenía sólo un año, gritándole a su juego de formas geométricas porque no podía encajar un bloque como ella quería.

Es cierto que veíamos destellos esporádicos de cariño en ella, pero nunca podíamos predecir cuándo ocurrirían.

Sus primeras palabras al ver a su hermana recién nacida fueron: “Voy a cuidar de ella y me aseguraré de que no se escape a la calle sin mí!” Con tres años, se puso a pegar a un compañero de la guardería que se acercó y sacudió la silla de paseo de su hermana (mientras yo hablaba con un profesor); tenía miedo de que hiciera daño al bebé en su “punto blando”.

Cuando yo estaba pasándolo mal en otro embarazo, proclamó orgullosamente a su hermana, “No te preocupes. Cuando mamá vomite, yo te haré un sandwich”.

Sus palabras, sin embargo, rara vez se correspondían con sus acciones.

“Dinamita” le gritó a su hermana por cambiar los peluches de su estantería. La pequeña, deshecha en lágrimas, preguntaba: “¿Por qué no me quiere?” ¿Y qué contestó “Dinamita”? Que los sollozos de su hermana le estaban molestando mientras leía.

Comencé a preguntarme si estaba criando a una narcisista.

Un cambio impactante

Tanto mi marido como yo tenemos TDAH. Ambos tomamos medicación y conozco muy bien los espectaculares cambios cognitivos y de comportamiento que produce.

Pero cuando “Dinamita” fue por fin diagnosticada de TDAH en julio pasado y comenzó a tomar medicación, ni siquiera yo estaba preparada para el cambio que se produjo.

Le di la primera dosis de Ritalin. A las dos horas, cuando regresábamos del supermercado, me dijo: “Mamá, tú no puedes cargar con todo eso. ¡Déjame ayudarte!”. Cogió dos bolsas del supermercado y el paquete de pañales. “¡Mamá, tienes que pedir ayuda cuando la necesites!”

MOTION

Nuestra “Dinamita”, siempre en movimiento. Con su hermana.

Después, cuando el bebé se puso a llorar: “¡Oh, cariño, ven aquí y déjame abrazarte! No te preocupes, mamá, ya la tengo yo… ya veo que estás haciendo la comida”.

Cuando tuve que cambiar lo que estaba deseando hacer: “Jo, qué rabia, pero ya sé que no lo has hecho para fastidiarme. Ya iremos mañana”.

Por decirlo claramente: mi hija no se había convertido en un escalofriante robot “niña buena”. Seguía siendo ella misma. Pero era una versión de ella misma mejor regulada emocionalmente. Una versión más feliz de ella misma.

¡Mamá! ¡¡Es horrible!!

¿Era siempre así

cuando no tomaba medicación?

Había algo evidente: ella estaba tan aliviada por los cambios como nosotros.

Cinco horas más tarde, había pasado el efecto de la medicación. “Dinamita” vino a mí hecha un mar de lágrimas y gritando: “¡Mamá! ¡¡Es horrible!! ¡El bebé no para de llorar! (El bebé llevaría llorando cosa de un minuto). ¿Era siempre así cuando no tomaba medicación?”

La tomé de los hombros, le miré a los ojos y le dije en voz baja: “–No te preocupes. Todo va a ir bien. Sí, era así todo el tiempo. Toma la siguiente dosis y siéntate aquí a ver algo en la tele mientras yo pongo en marcha un cronómetro. Cuando llegue a cero, habrá empezado a hacer efecto”. Limpié sus lágrimas y puse en la tele algo divertido.

Pasó media hora. Cuando se sintió mejor, me miró y dijo: “Mamá, tal vez deberías comprarme un libro de crucigramas para hacer cuando esté enfadada. Así puedo calmarme sin gritar a nadie.”

Miré el resto de la tarde cómo hablaba cariñosamente a sus hermanas y les perdonaba cuando cometían el grave pecado de tocar sus cosas.

El alivio por las conexiones realizadas

Mientras leía su libro favorito antes de acostarse, levantó la vista y dijo: “Mamá, ahora entiendo por qué Eragon suspiró tan profundamente cuando vio a su hermano: ¡Temía que también se convirtiera en jinete!” Hasta las historias resultaban cada vez más claras.

Recuerda, estamos sólo en el primer día del tratamiento del TDAH.

Le pedí a mi marido que acostara él a las niñas aquella noche. Abrí el grifo de la ducha y rompí a llorar mientras el agua caía sobre mi cara. Con inmensa gratitud y alivio, por fin supe que mi hija no era una narcisista. Realmente captaba las lecciones sobre compasión y empatía que le enseñábamos, lo que ocurría es que no podía echar mano de ellas cuando las necesitaba. Mi hija había estado sufriendo un trastorno mental tratable, no una maldad incurable escondida detrás de su sonrisa.

Tal vez a mis padres también se les pueda ayudar a cambiar su comportamiento. Sólo tengo la esperanza de que lleguen a un punto en que estén dispuestos a probar el tratamiento.

Por lo tanto, la próxima vez que oigáis a alguien estremecerse ante la idea de medicar a un niño para el TDAH, por favor acuérdate de mi “Dinamita”. Por favor, pensad que hacer ciertas conexiones entre causa y efecto escapa al control de muchas personas con TDAH, entre ellas los niños. Por favor, sabed que, desde que comenzó a tomar medicación estimulante, mi niña está más feliz y más sana que nunca.

El cómic de “Dinamita”: superar una dificultad

Voy a cerrar con este extraordinario cómic que Dinamita dibujó para la escuela. Yo no tuve nada que ver en esto. A mi hija le encantan las novelas gráficas, como las de Raina Telgemeier, y ha creado decenas de cómics en ese estilo. Recientemente, su clase leyó una historieta llamada El punto, acerca de superar una gran dificultad. En respuesta, debían escribir sobre una dificultad que hubieran superado. Esta es la historieta de mi hija.

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Muchas veces perdía los nervios… con mucha facilidad.                                                                                     “¿¿Qué has hecho??”    “Lo siento, he roto tu peluche”                                                                                         Tenía fuertes rabietas de vez en cuando                                                                                                                    …Hasta que… “Tienes TDAH” “¡Buaaa… ¿Qué?”                                                                                                    ESTO me ayudó un montón.       Todavía las tomo todos los días.

 

 

 

 

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¿Son “problemas de comunicación” o quizá TDAH adulto?

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Con una cálida sonrisa y un beso, Diane recibió a su prometido George en la puerta de casa; vio entonces sus botas embarradas y, con un tono amable, le pidió que dejara las botas en la escalera.

Perplejo, él contestó, “¿Comprarnos otra caldera? ¿De qué diablos estás hablando?” A pesar de que ella se lo aclaró, George siguió convencido de que era exactamente eso lo que había dicho Diane. Y que, además, se lo había dicho en ese tono (es de suponer que el de desaprobación).

No era la primera comunicación confusa de esta pareja. De hecho, sucedía tan a menudo que George fue a revisarse el oído, pero parecía estar bien. Su terapeuta de pareja sugirió que George podría presentar una resistencia psicológica subconsciente a escuchar a Diane.

¿Me oyes ahora?

Afortunadamente, el diagnóstico de TDAH de George llegó justo cuando estos “problemas de comunicación” llegaran a extremos insoportables. Ambos se sintieron aliviados cuando el terapeuta cognitivo les explicó cómo el TDAH tiene un compañero de viaje muy común llamado Trastorno de Procesamiento Auditivo Central (TPA). En pocas palabras, el TPA puede hacer que una persona malinterprete el contenido e incluso el tono de voz (más detalles sobre el TPA en un minuto). El terapeuta proporcionó a la pareja estrategias para mejorar sus comunicaciones, señalando que los medicamentos estimulantes a menudo ayudan a “reforzar la señal”.

¿De qué señal hablamos? De la que viaja desde el punto A (el oído, adonde llegan las ondas sonoras) hasta el punto B (el córtex de procesamiento auditivo del cerebro, donde los sonidos se interpretan y se les da un significado).

Este viaje es posible gracias a sustancias químicas del cerebro llamadas neurotransmisores. Si hay escasez de ciertos neurotransmisores, los mensajes no llegarán, o no lo harán completos (es como transmitir un archivo grande usando un módem de acceso telefónico: los datos llegan corruptos).

Además de la debilidad de la señal, hay otros trastornos neurológicos relacionados con el TDAH que podrían contribuir a la Torre de Babel de tu relación: distraibilidad, falta de atención, pobre memoria de trabajo e incluso dificultad para descifrar señales como las expresiones faciales. Como decía un joven con TDAH (en un video producido por Chris Dendy): “Es como vivir escuchando a la gente hablar en un idioma que no entiendes y sin disponer de traducción”.

El estrés de saber que las comunicaciones van mal no hace más que empeorar las cosas para el adulto con TDAH, especialmente a la hora de hablar de cuestiones personales; es lo que afirma mi amigo Carl, quien, al igual que su esposa, fue diagnosticado hace ocho años. “Con el estrés, las personas con TDAH sufren un ‘bloqueo mental’ y pierden toda esperanza de poder expresarse y tener una conversación ‘auténtica’ como quisieran”, dice Carl. “Así que tratan desesperadamente de decir algo correcto para que aquello pase, pues no son capaces de expresar lo que realmente sienten. No pueden siquiera definir o centrarse en lo que sienten, mucho menos hablar de ello a otra persona”.

Está también mi amiga Mary, desconsolada por el estado de su matrimonio: “Ya no sé cómo hablar con mi marido. Si llegamos a un acuerdo, lo olvida o protesta, busca una excusa para incumplirlo o me acusa de no recordarlo bien”.

Una demostración de oído

Recientemente asistí a una conferencia en la que un psiquiatra (que, además de tener TDAH, se dedica a tratarlo) demostró cómo el TDAH puede afectar a la capacidad de retener información verbal. En primer lugar, pidió que levantaran la mano quienes hubieran sido diagnosticados de TDAH o que sospecharan tenerlo. Las veinticinco personas del público levantaron la mano. Entonces contó una pequeña biografía (se han cambiado los detalles):

“Mi nombre es John Michael Smith. Me crie en Filadelfia, Pensilvania. Estudié en la facultad de Medicina de la Universidad de California, Los Ángeles. Ahora vivo en Palo Alto.

“Muy bien; ahora” dijo “¿quién puede decirme mi segundo nombre?” Se alzaron dos manos.

“¿Quién puede decirme a qué Facultad de Medicina asistí?” Una mano.

“¿Dónde vivo?” Se alzaron seis manos (aunque pudo influir que la reunión se celebrara en Palo Alto).

“¿Quién puede decirme dónde crecí?” Dos manos se levantaron tímidamente.

“Ya lo ven,” concluyó, “cuando piensan que tienen problemas de comunicación, lo que tienen es dificultades para recordar los detalles entre una frase y la siguiente.”

TPA y TDAH: ¿Son la misma cosa?

Teniendo en cuenta todo esto, no puedo entender por qué estos problemas se identifican normalmente como TPA en niños, pero cuando se trata de adultos con un TDAH no diagnosticado, suelen denominarse… ¿qué exactamente? ¿Agresividad pasiva? ¿Obstinación? ¿Negativismo? A veces. Hasta que eres lo bastante mayor para que evalúen tus problemas auditivos y te coloquen un audífono. El problema es que quizá tu “oído” funciona bien.

Lee estas características de la TPA (del Instituto Nacional sobre la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación), y observa las similitudes con el TDAH (algunos expertos dudan de que ambos trastornos, a menudo coexistentes, sean realmente cosas distintas):

  • Tiene dificultad para prestar atención y recordar información oral.
  • Tiene problemas para llevar a cabo secuencias de instrucciones de varios pasos
  • Tiene poca capacidad de escucha
  • Necesita más tiempo para procesar la información
  • Tiene bajo rendimiento académico
  • Tiene problemas de conducta
  • Tiene dificultades de lenguaje (por ejemplo, confunde secuencias de sílabas y le cuesta desarrollar el vocabulario y entender el lenguaje)
  • Tiene dificultades con la lectura, comprensión, ortografía y vocabulario.

En este breve post tan sólo he planteado someramente cómo, cuando se trata de TDAH, oír bien no siempre significa poder escuchar bien.

¡Oído atento! Estrategias sólidas para parejas en conflicto

A algunas parejas les resultan útiles estas estrategias prácticas.

Para cónyuges de adultos con TDAH:

Apaga los ruidos que puedan distraer antes de hablar (TV, radio, ordenador…).

Toca a tu pareja y haz contacto visual antes de hablar, dejándole suficiente tiempo de transición.

Pídele a tu pareja que repita lo que has dicho, para asegurarte de que lo ha entendido.

Habla de manera sencilla y concisa, sin detalles superfluos, por qués y para qués, etc. (admitiendo que esto no siempre es posible en comunicaciones más complejas).

No trates asuntos importantes “sobre la marcha”, mientras tu pareja está dedicada a otra actividad necesaria o cuando estás saliendo de casa.

Para parejas:

Para algunos temas, funciona mejor el correo electrónico. El cónyuge con TDAH tiene así tiempo para centrarse, releer y reflexionar sobre su respuesta sin sentir la presión de tener que contestar inmediatamente.

Dad un paseo juntos cuando tratéis asuntos importantes (el ejercicio activa el flujo de sangre al cerebro y alivia el estrés).

Colocad una pizarra en el “centro de mando” de la casa para dedicarla a dos o tres mensajes importantes enunciados brevemente .

Para adultos con TDAH:

Reconoce qué significa para tu pareja escuchar bien: que tú valoras sus opiniones y que él/ella te importa.

Primero escucha. Después responde. Dedica un esfuerzo mental adicional para escuchar de verdad. Deja a un lado lo que estabas haciendo, lo que vas a hacer cuando tu pareja termine, lo que vas a responder o temas que no vienen al caso. Si necesitas más tiempo para dar forma a tu respuesta, pídelo.

Utiliza técnicas de relajación para despejar tu mente antes de una conversación importante.

Cuando los síntomas son moderados o severos

A veces, estas estrategias no son suficientes; la medicación puede resultar más útil para reforzar la “señal transmitida” en unos cuantos puntos. Fíjate en esta historia de “antes y después”:

“Mi novio lleva cosa de un mes tomando medicación neuroestimulante; la mayor diferencia que hemos notado es que ahora podemos tener conversaciones sin grandes explosiones de genio. Él es mucho menos dramático en sus expresiones de auto-desprecio o ira; hemos aprendido que se producían sobre todo porque él perdía el foco de atención y subconscientemente lanzaba adrenalina para recuperarlo, además de que se sentía mal por no poder seguir prestando atención. Él solía perder el hilo enseguida; automáticamente se iba por una tangente más estimulante (para él), dejándome a mí descolocada y haciéndome enfadar si trataba de volver al asunto.

“Hay que decir que, antes, nuestras conversaciones no serían especialmente exigentes para la mayoría; eran conversaciones normales que las parejas tienen a diario. Ahora ya no se marcha de la habitación a media conversación para enfurruñarse. Ya no “recuerda mal” los acuerdos a que hemos llegado. Ya no está en completo silencio, ignorando lo que yo digo y obsesionado por lo inútil que es y cómo me está decepcionando”.

 

 

 

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Mito #8: “El TDAH no es para tanto”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

O, en la versión más larga:

El TDAH es sólo una diferencia en la forma de ver el mundo. ¿Por qué darle tanta importancia – o peor aún, considerarlo algo patológico?

Por supuesto, el diagnóstico de TDAH podría parecer trivial a cualquiera que no haya vivido con él. No reconocido o mal gestionado, sin embargo, puede ser, sin duda, un problema serio.

La tendencia a minimizar el TDAH surge, en mi opinión, de su naturaleza tan variable:

  • Afecta a individuos cuya personalidad tiene muchos otros aspectos.
  • Es ampliamente reconocido como poligénico. En otras palabras, no hay un “gen del TDAH”. Más bien hay “múltiples genes con un efecto moderado involucrados en la base genética del TDAH” (ADHDgene es una base de datos genéticos sobre el trastorno por déficit de atención e hiperactividad).
  • Puede variar desde leve a “extra fuerte”.
  • Tiene una serie de “compañeros de viaje” (el 75 por ciento de los adultos con TDAH tiene un trastorno coexistente, como depresión, ansiedad, trastorno bipolar o trastorno por uso de sustancias; el 50 por ciento tiene dos o más trastornos coexistentes).

Si conoces a alguien con TDAH que tiene muy “altas capacidades”, puede que pienses… ¡vaya, no es ningún problema!

Por otra parte, puede que no sepas el gran esfuerzo que le supone.

Sin discapacidad no hay TDAH

Piensa primero: No es TDAH si no hay discapacidad.

Para tener un diagnóstico de TDAH, una persona debe estar experimentando dificultades en más de un “ámbito de la vida”. Entre estos ámbitos están el trabajo, las relaciones afectivas, las finanzas, la educación y otros.

Como se explicó anteriormente en esta serie sobre Mitos del TDAH, los síntomas del TDAH son comportamientos humanos típicos. Es su número y su severidad lo que lleva al diagnóstico, junto con la discapacidad.

Sin embargo, el diagnóstico de TDAH no es, como algunos creen, un presagio fatal. Más bien, aporta el conocimiento sobre la mejor manera de reducir o eliminar la discapacidad. Por eso un diagnóstico de TDAH es una “buena noticia”.

(Para obtener más información sobre lo referente al TDAH y la relación de pareja, echa un vistazo a mi artículo en dos partes del blog que escribo para CHADD:  Cuando la “buena noticia” del diagnóstico es una “mala noticia” en tu pareja)

Estas discapacidades pueden ser realmente importantes. La investigación señala que los adultos con TDAH mal manejado obtienen peores resultados en la vida que los adultos sin TDAH.

Por supuesto, hay muchos adultos con TDAH a quienes les va bien, estén o no diagnosticados. Pero estamos hablando de un riesgo generalmente más alto de resultados adversos. Al minimizar el potencial de estos resultados adversos, corremos el riesgo de subestimar la legitimidad del TDAH en la percepción pública, que es donde se toman decisiones políticas y de gestión.

En otras palabras, si deseas que tu seguro te cubra el diagnóstico y el tratamiento del TDAH, piensa en el riesgo de considerarlo un “don”.

Potencialmente: el trastorno extrahospitalario más discapacitante

De hecho, muchos expertos consideran el TDAH uno de los trastornos potencialmente más discapacitantes en psiquiatría; sí, más que la depresión o la ansiedad.

En parte, esto se debe a que el TDAH puede afectar a muchos aspectos de la vida: la administración del dinero, la educación, la conducción, el empleo, la comunicación, el sueño, la capacidad auditiva e incluso el sexo.

Sin embargo, ¿vemos en el New York Times titulares sensacionalistas que apunten a la depresión o a la ansiedad? No. Habría un escándalo.

¿Qué hay de los reportajes sobre depresión y suicidio en adolescentes? ¿Encontramos comentarios de los lectores diciendo algo como “Te diré lo que hacían en mis tiempos con los chicos así – ¡darles un par de azotes!” No.

Pero con el TDAH, es algo habitual.

Las investigaciones muestran que los niños con TDAH tienen tasas más altas de otros trastornos psiquiátricos, mayor frecuencia de hospitalizaciones, visitas a Urgencias y gastos médicos, en comparación con los individuos sin TDAH (Liebson et al., 2001).

Tres áreas clave de impacto

En una entrevista con Russell Barkley para mi libro, citó numerosos estudios que apuntaban a malos resultados para personas con TDAH no tratado (de nuevo, hablando en general) en estas tres áreas, entre otras:

1. Educación: menos probabilidades de terminar la escuela

Es menos probable que terminen el bachillerato o la universidad y más probable que lleguen a estudiar menos de lo que podrían con su capacidad intelectual y los antecedentes educativos de su familia.

2. Trabajo: pérdida del empleo, subempleo

“Son siete veces más propensos a ser despedidos de su trabajo, y no subirán en la escala económica o laboral tan rápidamente como personas sin TDAH de su mismo barrio, CI y nivel educativo”, dice Barkley.

Además, son más proclives a cambiar de trabajo con frecuencia, ya sea por aburrimiento, dificultades para cumplir con los plazos o problemas personales con sus compañeros de trabajo, supervisores o clientes.

3. Relaciones personales: discordia y divorcio

Las personas con TDAH mal gestionado acaban con sus amistades y relaciones sentimentales con más rapidez que el promedio y son más propensos a los problemas matrimoniales y el divorcio.

Como población, los adultos con TDAH muestran estos patrones:

  • Experimentan incidencias mucho más altas de separaciones y divorcios (casi el doble) en comparación con una muestra representativa de la población de los Estados Unidos.
  • Tienden a casarse con más frecuencia, incluso en comparación con otros adultos que acudieron a una evaluación de TDAH, pero no tenían el trastorno.
  • Tienden a estar más insatisfechos que los grupos de control en su relación de pareja, incluso más que su propia pareja. Y a menudo tienen más dificultades para actuar como padres de una manera efectiva y coherente.

Barkley y otros expertos serios no hacen hincapié en estos hechos porque sean unos pájaros de mal agüero. Pero saben que las políticas públicas en torno al TDAH – cobertura de los seguros, acceso a los medicamentos y adaptaciones académicas – depende de una evaluación precisa de lo que las personas afrontan.

En cuanto a los psiquiatras que tienen TDAH y lo “venden” como un don, me tengo que preguntar qué interés defienden: la comunidad TDAH o sus propios ingresos financieros (y, para ser sincera, no tengo muchas dudas).

Conclusión

El objeto de este mito cazado no es pintar el TDAH con tonos muy oscuros. Más bien, es enfatizar que el conocimiento, las estrategias y los tratamientos del siglo XXI son capaces de conseguir que el TDAH no sea un problema tan grave. Para nadie. Pero sólo si no nos distraemos con pensamientos confusos y cuentos de hadas sobre qué es y qué no es el TDAH.

Algún día, la ciencia será capaz de ayudarnos a “profundizar” en el diagnóstico y distinguir mejor entre las variadas formas de experimentarlo.

Hasta entonces, a nadie nos gusta meter a 10-30 millones de personas en un mismo saco llamado “TDAH”. Por ahora, sin embargo, es todo lo que tenemos. En lugar de pintar el TDAH como un don, propongo que trabajemos en comunicar la gran diversidad en su diagnóstico y la importancia de ver a todas las personas como individuos.

 

 

Gina Pera

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¿Puede afectar el TDAH al sentido del olfato?

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

El mensajero me entregó una pequeña caja. Mientras se alejaba, pensé: “Vaya, todavía se nota su colonia. Debe ser fuerte”. Entonces abrí la caja: una botellita de aceite de pachulí. A pesar de estar bien cerrada, el aroma casi resultaba asfixiante.

Le llevé la botella a mi marido y le pregunté, “¿Te gusta este olor?”, poniéndole la botella bajo la nariz.

Sniff. Sniff. Sniff. “No huelo nada”, respondió. ¿Qué?

¿Es ésta otra de las “cosas del TDAH”?

No era la primera vez que mi marido no podía apreciar como yo aromas deliciosos. Fíjate en mi gardenia, toda llena de flores. (como en la foto arriba, apropiadamente decorada con una cabra; suelo llamar a mi marido “Dr. Cabra” o, más familiarmente, “Cabra”).

“Debí de acabar con mis receptores olfativos en el laboratorio”, concluye. Se refiere al tiempo que pasó estudiando Biología y manejando productos químicos en los experimentos.

Eso no puede ser. Es absolutamente capaz de detectar algunas fragancias. Incluso algunas muy suaves. Además, es súper rápido para captar cualquier olor molesto, como el jabón de lavadora perfumado, el suavizante, los desodorantes o limpiadores químicos, colonia y cosas similares. Compartimos la aversión a todos ellos y no tenemos nada de eso en casa.

Su errático sentido del olfato resulta muy extraño. Tal vez sea contextual. Tal vez esté relacionado con su nivel de energía, con el efecto de su medicación estimulante o con su “interés” en detectar el olor.

Durante años, lo dejé estar.

Por supuesto, no le enseñé artículos como: “¿Tienes mal olfato? Enhorabuena, eres un psicópata”. Se refiere a un estudio de la Universidad Macquarie en Sydney, Australia, en el que los científicos se basan en la relación entre la personalidad psicópata y un deficiente “procesamiento olfativo”. El estudio se titula “Habilidades olfativas y psicopatía: valores más altos de psicopatía se asocian con una peor discriminación e identificación de los olores”.

 Haz la prueba del zinc

Aún me rondaba una pregunta: ¿Podría deberse su errático sentido del olfato a una deficiencia de zinc? No, no parecía tener ningún otro síntoma de falta de zinc. Y tomamos una dieta bastante rica en zinc (semillas de calabaza y girasol, algo de carne roja, etc.). Aun así, me llamó la atención un análisis de zinc para hacer en casa y compré el líquido para hacerlo. Él aceptó hacer el experimento.

Es sencillo. Tomas una cucharadita del líquido. Si tienes falta de zinc, apenas apreciarás su sabor; podría parecerte como agua. Si no tienes falta de zinc, notarás un sabor desagradable. Mi marido hizo inmediatamente una mueca, lo que parecía significar que no tiene falta de zinc (sí, hice un control “ciego” con una cucharada de agua corriente).

Encontré un artículo que revisaba esta prueba: “La precisión del método de prueba de zinc”. Había algunos hallazgos positivos, pero los investigadores advertían de que la prueba no puede considerarse definitiva. Además, la falta de zinc seguramente no puede explicar todos los casos de hipogeusia.

Entonces me di cuenta: no se centra

Un capullo de gardenia floreció. Arranqué la aterciopelada flor y la llevé a la casa. “Prueba” dije, sosteniendo la gardenia cerca de su nariz.

Pero esta vez observé más de cerca la manera en que él intentaba percibir su olor: SniffSniffSniff. Entonces me di cuenta: ¡No se centra en oler! Se centra en aspirar.

Probé su método. SniffSniffSniff. Yo tampoco olí nada. Pruébalo tú. Si aspiras varias veces muy seguidas, seguro que no vas a oler casi nada.

Compartí con él este destello de conocimiento y le dije: “Bien, ahora cierra los ojos y respira hon…”

A mi marido siempre le entra la risa cuando le hago esta sugerencia. Nos recuerda nuestros esfuerzos ridículamente fútiles en varios talleres, antes de que fuera diagnosticado de TDAH, para ayudarle a “calmarse”.

Cambio de táctica. “Está bien, tan sólo siéntate, relájate y disfruta del olor”. Lo hizo.

“Oh, me encanta”, dijo. ¡Eureka!

TDAH: una fuente constante de descubrimientos

Después de casi 20 años estudiando el TDAH, aún aprendo algo nuevo cada día:

  • Leyendo un libro o un estudio publicado
  • Haciendo de Sherlock Holmes en casa
  • Escuchando una conferencia o las historias que se cuentan en mi Grupo de Adultos con TDAH de la Asociación CHADD de Silicon Valley.
  • Leyendo mensajes del grupo de discusión online para cónyuges de personas con TDAH que yo modero

Siempre consigo aprender algo nuevo que se suma al panorama general de conocimiento.

¿Quién sabía que debemos “centrarnos” para oler una flor? Aunque sea una micro-concentración, sigue siendo concentración. Para mí, esto da un significado completamente nuevo a la frase “Párate a oler las rosas[1], o mejor, las gardenias”.

-Gina Pera

 

[1] Stop and smell the roses es una expresión en inglés que significa tomarse un descanso para disfrutar las pequeñas cosas de la vida (N. de la T.)

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“¡Ha sido por tu culpa, mamá!”

mom is the word

Estos días, mi hija echa la culpa de todo lo que le sale mal a mí, a sus amigos… a cualquiera excepto a ella misma. Ahora entiendo por qué

Jennifer Gay Summers

Escrito por Jennifer Gay Summers
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

“¡Has matado mi planta!” Mi hija adolescente me lanzó una mirada de odio mientras señalaba las rosas enanas secas de su maceta, en el lavabo de su baño.

“Lee, es tu planta y tu responsabilidad.”

“¡Pero yo nunca me acuerdo de regar las plantas! Por eso se supone que tú…”

Cogió las rosas muertas, abrió el grifo y las empapó para reparar el daño. Pero la planta tenía tan poco futuro como su intento de echarme a mí la culpa.

Es algo que he oído muchísimas veces durante el último curso. “Mamá, me han puesto sólo un aprobado en el examen de matemáticas porque el profesor sustituto era muy aburrido y no nos ayudaba a aprender”. O “Me he rozado la rodilla porque Dave me ha perseguido por el campo de fútbol. ¡Ha sido todo por su culpa!”

A través de los años, he pasado de hiperventilar cuando pasan esas cosas a respirar hondo, porque, como sabe cualquier padre de un niño con TDAH, casi todos los días pasan “cosas”. Aprendí a bajar el tono de mis reacciones, de “¿¡Qué has hecho queeé!?” a “Así que te has dejado llevar por tus impulsos; esas cosas pasan. Asume tu error, pide disculpas y sigue adelante”. Ella ya sabía que, aunque el TDAH no era una excusa, podría ser una explicación.

Pero a veces llegaba a echarme la culpa de un modo absurdo, como la semana pasada, cuando Lee estaba haciendo las tareas de casa. Como está en juego su paga, nunca se olvida de regar el jardín. Miró la regadera azul que tenía en las manos y luego miró al otro extremo del patio, hacia el lugar donde debía guardarla; justo al lado de la silla donde yo estaba sentada. Me di cuenta de que estaba pensando en lanzarla en lugar de llevarla a su sitio y grité: “¡No!” Pero ya era demasiado tarde. Me agaché, la regadera voló sobre mi cabeza y aplastó una maceta de preciosas flores rosas.

“¡Es culpa tuya, mamá, me has distraído!”

“¡¿Queé?!”

Mire la maceta de rosas muertas y empapadas en el lavabo. Vuelta a empezar de nuevo. Llamé a la terapeuta de Lee, que me recordó que los niños con TDAH son culpados tan a menudo por sus momentos impulsivos que desarrollan una reacción instintiva de “¡Yo no lo hice! ¡Yo no he sido!” aunque no sea cierto. No importa cuántas veces le había dicho a Lee, “Está bien, has hecho lo que has podido en matemáticas”, o “No tenías intención de arrojar la regadera,” el terapeuta explicó que Lee debía de sentirse estúpida o vaga por el daño causado.

Cogí la maceta y dije: “Lee, podemos reemplazarla. Pero la nueva tendrás que regarla tú. Puedo ayudarte a encontrar una forma de acordarte, pero no va a ser responsabilidad mía”.

“Pero te había dicho…” Entonces una sonrisa culpable se extendió por su cara. “Está bien, mamá, has hecho lo que has podido. No querías matar mi planta”, dijo. Salió de la habitación riéndose y yo sonreí. En algún lugar, debajo de toda la culpa, mis palabras habían conseguido echar raíces.

 

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¡cÓMO sER pERFECTO!

Por Kelly Babcock
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu 
Texto original en inglés

¡Vaya! Bueno, sigamos adelante. Quiero decirte cómo ser perfecto.

Y tengo que decir que es bastante fácil.

Simplemente, no hagas nada. No te arriesgues. No seas aventurero.

¿No te funciona?

Ya, a mí tampoco me funciona.

Pero en realidad, todavía hay algunas cosas que puedes hacer para acercarte a la perfección.

Comienza por olvidar

Olvídate de todo lo que los demás esperan de ti. Quiero decir: si les importas, ya conocen tus límites y tus habilidades. Si les importas, tendrán eso en cuenta. Cuando hagas algo grande, te aplaudirán y cuando falles, lo comprenderán.

Pero si no les importas, sólo esperarán “lo normal” de ti, no son tus amigos. Pueden tener otra influencia sobre ti, pueden ser, en cierto modo, tus jefes. Así que hazlo lo mejor que puedas, pero si les fallas a causa de tu TDAH, acéptalo y sigue adelante. Sigues siendo perfecto, no te has fallado a ti mismo.

Y no te preocupes…

Ya lo sé, es algo difícil de conseguir. Pero la verdad es que las cosas van a pasar, algunas buenas, otras malas, otras indiferentes. Y si te dedicas a preocuparte por cualquiera de ellas y a tratar de averiguar lo qué podrías haber hecho, estás perdiendo el tiempo.

Si, como yo, repites las cosas en tu cabeza intentando arreglarlas, no sólo estás perdiendo el tiempo, sino que te estás estresando. La vida es demasiado corta para esas tonterías, y el estrés la hará aún más corta.

Déjalo estar

Mi madre solía decir: “Déjalo en manos de Dios…” y yo pensaba que por algo lo decía. Y, aunque no soy cristiano, debo decir que tenía razón.

Cuando mi abuelo estaba muy enfermo en el hospital, ella rezó todas las noches durante semanas, y como no podía dormir, rezó muchísimo. Cada día las noticias parecían peores. Tras casi dos meses, estaba tan agotada que se fue a dormir y le pidió a Dios que se quedara en su lugar mientras ella dormía. Le dijo en una breve oración que dejaba el cuidado de su padre en Sus manos.

¿Y?

Sorprendentemente, se sintió consolada por esta decisión y consiguió dormir por primera vez en semanas. Durmió toda la noche. Cuando llamó al hospital por la mañana, recibió la noticia de que su padre había pasado una buena noche y se encontraba mucho mejor. Volvió a casa a las dos semanas.

Sigo sin ser cristiano, pese a lo convincente que resulta esta historia. Pero la idea de que ella pudiera decidir dejar el estrés y la preocupación en manos de otra persona siempre me ha intrigado.

Asi que…

Así que lo pongo en práctica cada vez que noto que lo necesito. No dejo mis problemas en las manos de un Dios en el que no creo. Pero dejo que sigan su destino mientras me tomo un descanso y recupero fuerzas.

Después de todo, si voy a ser perfecto, necesitaré todas las fuerzas que pueda reunir, ¿verdad? Y, por supuesto, no me tengo que preocupar de lo que otros piensen de mí o de mis logros. Puedo ser mi peor crítico, pero también soy el único crítico del que debo preocuparme cuando se trata de mi TDAH.

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