Mito #4: “La vida moderna nos produce a todos una especie de TDAH”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

mito 4

De hecho, puede parecerlo. Pero hay una diferencia entre un TDAH y “una especie de TDAH”.

Viviendo en el vertiginoso siglo XXI, es fácil sentir tanto agobio y estrés que cualquiera puede, a veces, olvidar detalles, comunicarse mal, gritar a sus seres queridos y distraerse de lo que se supone que debía estar haciendo.

Y luego están todos esos dispositivos electrónicos que juegan con los canales de la dopamina de nuestro sistema nervioso. No te equivoques: ¡juegan con ellos de verdad!

Para las personas con TDAH, sin embargo, estos problemas no son algo transitorio o circunstancial. Son persistentes y generalizados. “Sí, el mundo ahora es muy diferente, comparado con cómo era cuando la mayoría de nosotros crecimos; ahora hay que hacer muchos más juegos malabares”, admite la experta en TDAH Patricia Quinn, MD.

Así que, en cierto sentido, sí: la vida moderna nos produce a todos una especie de TDAH

¿Eso quiere decir, sin embargo, que nuestra acelerada vida produce TDAH? No, dice Quinn. Un estrés excesivo puede afectar a las funciones cerebrales de cualquiera, pero no produce TDAH. Nos ofrece esta conclusión: “Cuando se eliminan los factores estresantes, las personas con TDAH siguen teniendo TDAH. En otras palabras, no es simplemente el estrés lo que inhibe su funcionamiento. Es la falta de las habilidades necesarias para afrontar los retos”.

Por otra parte, nuestro acelerado mundo puede hacer que una persona con TDAH funcione peor que cómo lo habría hecho en épocas anteriores. De hecho, dicen algunos expertos, esta es otra razón por la que el TDAH está siendo más diagnosticado: porque la vida moderna exige de nosotros más que nunca.

Ciertamente, estamos aprendiendo que el buen funcionamiento del cerebro es vulnerable a la estimulación constante de los teléfonos móviles, la televisión, el correo electrónico, los videojuegos y nuestro cada vez más ruidoso entorno. Hay quien se habitúa a la estimulación como a una droga y se aburre con mayor facilidad si le falta su dosis.

Las personas con TDAH, sin embargo, parecen poseer una tendencia exagerada a buscar estimulación y luego sufrir más los efectos cognitivos incapacitantes de la sobreestimulación.

TDAH: no tan moderno, en realidad

Por último, fíjate en estos apuntes históricos:

  • La conciencia general sobre el TDAH se expandió en el siglo XX, comenzando hacia 1902, cuando el médico británico George Still enseñaba en el Real Colegio de Médicos y escribió sobre los componentes de la conducta (que había observado en las familias) en la prestigiosa revista médica Lancet.
  • Antes, el médico alemán Heinrich Hoffman había escrito unas nanas hacia 1860 sobre “Phil el inquieto” y “El pequeño Juan, siempre en Babia”. Estas historias, en opinión de muchos expertos, muestran un estrecho paralelismo con el TDAH.
  • Por otra parte, la historia del TDAH puede abarcar al menos 2.500 años. Fue entonces cuando el médico y científico griego Hipócrates pareció observar una enfermedad sospechosamente similar al TDAH. Describió pacientes que tenían “respuestas vívidas ante experiencias sensoriales, pero también menos tenacidad, porque el alma atiende rápidamente a la siguiente impresión”. No menciona los teléfonos celulares ni los videojuegos como factores causales.

Gina Pera

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