Tu mantra para tirar trastos: ¡son sólo objetos!

El hecho de deshacerte (o tan sólo pensar en hacerlo) de los trastos de tu casa puede provocarte un gran sentimiento de culpabilidad, remordimiento o sentimentalismo. Eso es normal. Pero dejar que las emociones te impidan deshacerte de cosas – y simplificar así tu vida – no lo es.

Escrito por Sandy Maynard
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Las personas con TDAH nos ponemos sentimentales con un montón de cosas, sobre todo con las cosas nos han regalado. Tenemos más tendencia que otras personas a aferrarnos a las cosas. La culpa por desprendernos de regalos de personas queridas nos hace muy difícil deshacernos de esas cosas y poner en orden nuestras habitaciones y armarios.

Estas son algunas de las excusas comunes para aferrarnos a las cosas, y algunas razones aún mejores para deshacernos de ellas.

“Me siento culpable por deshacerme de un regalo”. Esta era la razón de Jane para mantener muchos objetos en su cocina, almacenados en cajas sin abrir y en armarios. Le dije que los regalos son símbolos del amor que recibimos de familiares y amigos, y que volver a regalarlos es una forma de hacer que ese amor fluya. Jane echó un vistazo a un vaso negro y feo y dijo: “Creo que tienes razón. Esto podría mantener el amor fluyendo durante mucho tiempo. Está hecho para ser regalado de nuevo”. Una vez Jane regaló el primer objeto, le fue fácil desprenderse del resto.

“Algún día haré algo con estas cosas”. Esa era la razón de Matt para aferrarse a la mayor parte de los trastos de su garaje, que se había convertido en un almacén de chatarra. Para Matt, que suele hacer chapuzas los fines de semana, los objetos eran como tesoros. Había que buscar un término medio. Para hacerlo fácil, Matt miró a su alrededor y eligió los objetos que usaría en un proyecto de renovación para el que sabía que tenía tiempo. Se despidió de las cosas que nunca iba a utilizar.

“No puedo soportar separarme de esto. Es muy especial”. Esta es la forma en que Tara respondió al 90 por ciento de los trastos de su dormitorio. Yo sabía que era el momento de tener una charla sobre la diferencia entre sentimentalismo y sensiblería. Decidimos hacer fotos de sus posesiones más preciadas y ponerlas en un marco digital de fotos. Ahora sus recuerdos se conservan en una fantástica presentación sobre un aparador libre de trastos.

“¿No tendrá esto valor?”, se preguntaba Tim mientras cruzaba una habitación llena de cosas que había heredado. Hemos resuelto este problema buscando en Google esos artículos. Descubrimos que las viejas revistas, los cromos de béisbol y los juguetes de la infancia rara vez eran muy valorados, a menos que estuvieran en perfectas condiciones. También encontramos una casa de subastas que realizaba tasaciones gratis, con la esperanza de que Tim vendiera algunos de sus objetos. Y así lo hizo.

 

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Lo perfecto es inútil: 16 normas de organización que tú puedes seguir

Aunque suene contradictorio, muchos problemas de organización relacionados con el TDAH son consecuencia del perfeccionismo, de la creencia de que las cosas deben hacerse de una manera impecable. Es un objetivo imposible que hace que muchos de nosotros tengamos la casa desordenada, las finanzas fuera de control y unos horarios agotadores Estas 16 reglas de organización pueden ayudarte a cambiar esa tendencia.

Escrito por Judith Kolberg
 Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Ordena tus cosas y organiza tu vida. Suena fácil, ¿verdad? En realidad, es un paso clave para alcanzar mayores y mejores metas. Entonces, ¿por qué tantos adultos con trastorno por déficit de atención no buscan la ayuda que necesitan para organizarse y lograr una vida más racional?

Judith Kolberg sugiere que es un problema de perfeccionismo: no podemos hacer lo necesario para estar tan sólo un poquito más organizados, porque nos preocupa no llegar a estar perfectamente organizados. Y como señala Kolberg, autora de “La conquista de la desorganización crónica”, la organización perfecta no existe. La vida es caprichosa y las estrategias para “conseguir hacerlo” que funcionan hoy pueden resultar inútiles mañana.

La buena noticia, dice Kolberg, es que unos cambios aparentemente pequeños pueden traer grandes mejoras a tu vida – menos desorden, menos complicaciones y más tranquilidad.

Sigue leyendo para conocer formas fáciles de poner orden en tu vida.

Organización general

Establece límites de tiempo para tomar decisiones. Los adultos con TDAH pueden pasar días de agonía para tomar decisiones que otros toman en minutos. Acelera el proceso estableciendo un marco temporal o un límite de presupuesto. Si estás eligiendo un campamento de verano para tu hijo, por ejemplo, fíjate un plazo y haz la mejor elección posible antes de esa fecha. Si vas a decidir qué nuevo teléfono móvil comprar, elige un precio máximo e ignora los más caros.

Identifica siempre el factor más importante a considerar en cualquier decisión: el precio, la comodidad, la estética, la funcionalidad… Céntrate únicamente en ese factor al plantearte tu decisión.

Evita la tendencia al exceso de compromisos. Por cada nuevo compromiso que asumas, renuncia a uno viejo. Si aceptas unirte al comité de recaudación de fondos de la escuela, por ejemplo, renuncia a la comisión de vigilancia del barrio. Las personas con TDAH suelen tratar de abarcar demasiado.

Mantén breve tu lista de tareas. Usando letras grandes, Haz una lista con letras grandes y no más de cinco tareas en una tarjeta (anota las demás en la parte de atrás). Una vez hayas hecho esas cinco cosas, mira la parte posterior de la tarjeta, elabora una nueva lista de tareas y desecha la vieja. Lograrás más cosas, sentirás menos frustración y gestionarás mejor tu tiempo.

Combate la hiperconcentración. Pon un despertador, un temporizador de cocina o la alarma del ordenador – o pide a alguien de confianza que te llame a una hora determinada. Si tiendes a perderte durante horas en eBay, necesitas este tipo de ayuda.

Utilizar un “doble”. Se trata de un amigo o familiar que se sentará contigo mientras afrontas tareas rutinarias, como contabilizar un talonario de cheques, rellenar una solicitud de empleo o revisar las cuentas de casa. Tu “doble” creará una atmósfera productiva, sentándose en silencio y haciendo una tarea que no moleste, como pegar sellos en sobres o recortar recetas de una revista.

Organiza tus finanzas

Programa una revisión trimestral de las inversiones contigo mismo. Escribe la fecha y la hora de la revisión en tu calendario o en tu agenda y repasa tus cuentas, inversiones y planes de jubilación.

Pásate a la banca electrónica. ¿Cuánto tiempo pasas cada mes rellenando cheques, escribiendo direcciones en los sobres y pegando sellos (por no hablar de llevarlos al correo)? Es más rápido realizar tus operaciones bancarias por internet, sobre todo porque puedes configurar pagos periódicos automáticos – y te ahorrarás los gastos de envío.

Si te agobia que resulte complicado abrir una cuenta online, pide ayuda a un amigo o a algún familiar hábil con los ordenadores.

Utiliza una cuenta solo para los cheques. Lleva el talonario en la cartera o en el bolso y vuelve a guardarlo inmediatamente después de usarlo. Guarda el registro de los cheques y algunos para emergencias (¡pero no otro talonario!) en otro lugar, por si pierdes el talonario.

Reduce al mínimo el uso de tarjetas de crédito. Cuantas más tengas, más extractos y recibos tendrás que revisar. Es mejor usar sólo una o dos tarjetas y evitar las que cobran intereses altos. Lee la letra pequeña y plantéate nuevas ofertas sólo si las condiciones son claramente mejores que las de tus tarjetas actuales.

Utiliza una tarjeta de débito. Llévala en la cartera y utilízala en lugar de los cheques, siempre que sea posible. Cada vez que utilices la tarjeta, haz una anotación en tu registro de cheques, como si hubieras firmado un cheque. De esta manera, tu cuenta de cheques se mantendrá equilibrada.

Ten algo de dinero a mano. Pon varios cientos de dólares en una bolsa de plástico impermeable y guárdala en un lugar seguro, pero fácil de localizar (tal vez el congelador). De esa manera, no te quedarás con las manos vacías si una tormenta, un corte de electricidad o alguna catástrofe hace imposible utilizar las tarjetas.

Lleva una cartera de colores vivos. Es más difícil perder una cartera roja que una negra o marrón corriente. Lo mismo vale para tu chequera.

Organízate para tu salud y felicidad

Guarda a mano algo de medicación extra para tu TDAH. Con cada nueva receta, anota en tu agenda la fecha en la que necesitarás la siguiente (o programa en el ordenador una alerta o un recordatorio por correo electrónico para esa fecha). La “fecha de renovación” debe ser al menos una semana anterior a que acabe tu medicación.

Incluye las actividades sociales en tu agenda. De esta forma, tus deseos de conocer gente nueva, tener conversaciones interesantes y estar al día con tus amigos se irán cumpliendo por sí mismos. Ve a clases, únete a un club de lectura o a una serie de conferencias o monta un grupo de cenas.

Únete a un grupo de apoyo para TDAH. Los grupos de apoyo brindan algo más que apoyo emocional. Por ejemplo, los miembros pueden reunirse online cuando llega el momento de abordar tareas aburridas, como hacer la declaración de la renta o archivar documentos. De uno en uno, cada persona deja el ordenador, dedica quince minutos a la tarea que tiene entre manos y regresa a la conversación a bromear, compadecer y felicitarse unos a otros. Puedes obtener más información sobre grupos de apoyo online y presenciales en tu asociación local de TDAH.

Compra experiencias, no objetos. No hay nada malo en una pequeña “compraterapia” para recompensarte por tus logros. Pero piénsalo dos veces antes de comprar un objeto nuevo (que puede convertirse en otro trasto en tu casa). En vez de eso, emplea tu dinero en una experiencia placentera, como un masaje o una cena con amigos.

 

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Mi hijo tiene amigos, ¡Por fin!

“Es fantástico tener por fin amigos, mamá,” me dijo mi hijo. “Apuesto a que te sientes muy bien, campeón”. Su reconfortante sonrisa lo decía todo.

 

Escrito por Penny Williams
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Las personas con TDAH a menudo tienen dificultades con sus habilidades sociales y con las relaciones personales. Los síntomas del TDAH – hiperactividad, falta de concentración, inmadurez – Interfieren con una buena relación entre iguales. Si añadimos a esto la percepción negativa de ser diferente de sus compañeros, resulta increíble que nuestros niños con TDAH lleguen a tener alguna interacción social positiva. Por supuesto, no es por culpa suya.

Cuando mi hijo Ricochet era muy pequeño, tenía un amigo; un niño con cierto retraso. Después del jardín de infancia fueron a diferentes escuelas y dejaron de verse a diario. En la escuela, Ricochet fue acosado sin parar. Era el más pequeño de su clase y era, además, dos o tres años menos maduro que su edad cronológica. Estaba como un pulpo en un garaje, pero no hay excusa, jamás, para el acoso escolar.

Él sufría el terrible dolor de ser diferente. Pasaba el recreo solo en el patio o siendo atormentado por sus acosadores. Su amigo del jardín de infancia era el único que acudía a sus fiestas de cumpleaños, a pesar de que él invitaba a toda la clase. Era muy consciente de que los demás no le aceptaban. Mi corazón de madre se rompía una y otra vez.

Luchamos con sus problemas sociales lo mejor que pudimos. Traté de atenuar las interacciones dañinas para él, fundamentalmente haciendo de asesora personal y de árbitro – andando por ahí cerca e interviniendo cuando hacía falta. Puede que le ayudara a evitar algunas situaciones dolorosas, pero seguía teniendo dificultades sociales.

En su momento más bajo, cuando era un pre-adolescente, los chavales con los que andaba se gastaban bromas unos a otros, como es habitual entre los chicos, pero Ricochet no lo veía así; se sentía atacado. Empecé a darme cuenta de que había algún problema más, aparte del TDAH; poco después, fue también diagnosticado de Trastorno del Espectro Autista.

El diagnóstico nos dio la pauta para trabajar en sus habilidades sociales. Este trabajo, junto con una creciente madurez y conciencia de sí mismo, comenzó a marcar una diferencia positiva en Ricochet. Esto y el compromiso que asumimos, como familia, de permitirle ser él mismo y apoyar sus aficiones.

El año pasado, en séptimo curso, Ricochet comenzó a conectar con otros niños con similares aficiones. Entró en el club de Robótica y conoció a varios chicos tan aficionados a la tecnología y a la ciencia (sí, también a jugar) como él.

Ha pasado un año de esto. Hace unos días, íbamos él y yo en el coche, camino de una reunión. Le pregunté cómo le iba en la escuela, esperando que se sincerase mientras estábamos atrapados en el tráfico. Él dijo: “Es fantástico tener por fin amigos, mamá. Me refiero a amigos de verdad. Ya sabes, amigos que quieren estar contigo. Mis amigos se me acercan en el pasillo y me dicen ‘hola’, sin que yo les hubiera visto. Vienen donde mí. Quieren hablar conmigo y estar conmigo”.

Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, pero le di una respuesta sencilla: “Apuesto a que te sientes muy bien, campeón, realmente bien”.

Se volvió hacia mí y reconoció que sí con la sonrisa más reconfortante.

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Por qué las personas con TDAH no terminan lo que empiezan

Escrito por Neil Petersen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu

Texto original en inglés

 

Para ser claros, quienes tenemos TDAH sí que empezamos proyectos y sí que los terminamos. Algunas veces. Aunque me imagino que la proporción entre los proyectos que terminamos y los que empezamos es un poco peor que la media.

Entonces, ¿por qué las personas con TDAH tenemos una reputación (bien merecida) de empezar cosas y no terminarlas? Se me ocurren en varias razones:

  • Perder la motivación cuando pasa la emoción inicial: Cuando tienes TDAH, tanto tu motivación como tu capacidad de concentración están estrechamente vinculadas a lo interesante y estimulante que encuentres algo. Te falta la capacidad de autorregulación necesaria para “forzarte” a ti mismo a centrarte o estar motivado. Lo que significa que todo va bien mientras la emoción inicial de una nueva idea recorre tus neuronas, puedes perder rápidamente ese impulso una vez que la novedad va desapareciendo.
  • Procrastinación sin fin: Cuando las personas con TDAH dejamos un proyecto sin terminar, no quiere decir que nos sentemos y digamos, “¡A tomar por saco! ¡Por fin he acabado con esto!”. A menudo, nuestros planes de seguir trabajando en ello sólo se van desplazando una y otra vez hacia un futuro que nunca llega. Retrasar indefinidamente tareas que se han vuelto aburridas para nosotros es una de nuestras especialidades.
  • No tener en cuenta lo que supone realmente completar un proyecto: planificar con gran detalle no es algo que las personas con TDAH hagamos con naturalidad. Tendemos a centrarnos desproporcionadamente en nuestros impulsos a corto plazo y a pensar en el futuro en términos vagos, como mucho. Lo que significa que somos propensos a caer en la trampa de iniciar proyectos sin pensar en detalle a qué nos estamos comprometiendo en realidad.
  • Exceso de compromisos: Esto tiene relación con el punto anterior sobre no planificar. Por decirlo suavemente, se sabe que las personas con TDAH se comprometen a veces a cosas sin detenerse a pensar en dónde se están metiendo, en lo referente a la cantidad de tiempo y de trabajo que supone. Esto puede llevar a exceso de compromisos y cuando tienes más proyectos de los que puedes encajar en tu jornada, alguno saldrá malparado.

Sin duda esta lista no está completa. De hecho, es casi como si… la hubiera iniciado y no la hubiera terminado. ¡Si se te ocurren otras razones, no dudes en agregarlas a continuación!

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Las musarañas, Babia y la luna: inatención

 

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5 razones prácticas por las que las mujeres ocultan su TDAH

Escrito por Liz Lewis
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

El verano pasado, estando parada ante un semáforo en rojo en mi ciudad, me fijé en un tipo que caminaba. Tenía entradas en el pelo y llevaba un cortavientos de manga larga y pantalones a juego. Estábamos a más de treinta grados. Iba paseando y hablando solo.

No es que yo crea que me vaya a volver loca, pero últimamente he pensado mucho sobre las enfermedades mentales y la manera en que las tratamos como sociedad. El TDAH no es una enfermedad mental, sino más bien un problema neuroquímico. Desgraciadamente, hay algunos problemas de salud mental que acompañan a menudo a este trastorno.

Independientemente de su origen, el TDAH sigue siendo un tema controvertido en muchos círculos. Incluso hay médicos que dudan de su existencia. No es nada raro que se nos tache de personas perezosas o desmotivadas. No es de extrañar que lo guardemos en secreto.

¿De dónde viene este estigma?

Francamente, no hay una respuesta fácil a esta pregunta, pero entiendo por qué las personas y en particular, las mujeres, ocultan su diagnóstico. Ocultarlo era una forma de vida para mí durante algunos años. Para conseguir que el TDAH y otras enfermedades mentales sean más aceptados socialmente, hemos de examinar las razones por las que tenemos tanto miedo a hablar de nuestro diagnóstico.

Como mujeres y madres con TDAH, necesitamos apoyarnos unas a otras reconociendo nuestro diagnóstico, en lugar de ocultarlo.

5 Razones PRáCTICAs por las que las mujeres ocultan su tdah

TE DA MIEDO QUE LA GENTE PIENSE QUE TIENES UNA DISCAPACIDAD INTELECTUAL

Eres capaz de aprender casi cualquier cosa que te propongas. Es probable que, si estás leyendo esto, todavía temas que te etiqueten de “tonta”. Créeme, sé de lo que hablo. He llegado a acusar a mi marido de tratarme como si fuera idiota, lo que es una locura.

Mi marido no se casaría con alguien que no fuera una intelectual. Él disfruta con los debates intelectuales hasta extremos increíbles.

En la escuela secundaria me matriculé en el nivel avanzado de todas las asignaturas. Sudé la gota gorda sólo para compensar mi inatención en clase y demostrar que no era tonta.

Una vez hice una breve presentación sobre el TDAH. Algunos de mis compañeros de clase se mostraron muy interesados. Hicieron preguntas realmente buenas y en general, fueron muy receptivos.

Me sentía humillada. A pesar de que me fue bien en aquel curso de Inglés, tuve dificultades en Matemáticas. Y continué teniéndolas en la universidad. Para entonces, no tomaba medicación y vivía con todo el peso de mi paranoia por ser “descubierta”.

No hagas lo que hice yo. Sé consciente de que nadie piensa que seas intelectualmente inferior. En todo caso, se preguntan cómo eres capaz de mantener tan bien el control.

NO QUIERES EXPLICAR EL DIAGNÓSTICO

Incluso ahora hago cualquier cosa con tal de no explicarle a la gente mi historia clínica, mis síntomas, etc.

Cada vez que sale el tema de mi TDAH, la gente empieza a hacer preguntas. ¿Alguna vez has…? ¿Crees que…? …y me lanzan todo tipo de situaciones que afectan a sus propios hijos.

Muchas personas piensan que el TDAH es un trastorno infantil y se sorprenden de que puede tenerlo un adulto. Si bien tiene su parte divertida, también resulta embarazoso, molesto y frustrante.

No todos nos explicamos bien verbalmente. Sobre todo, si nos ponen en un brete y nos atosigan con preguntas.

Verdad: No tienes que explicar tu diagnóstico. La gente hará sus propios juicios y no hay nada que puedas hacer al respecto. Sólo ser sincera.

PENSABAS QUE ARRUINARÍA TU CARRERA

A día de hoy, todavía no estoy segura del impacto que ha tenido mi diagnóstico de TDAH en mi vida laboral. He desarrollado algunos métodos interesantes para “apoyarme” a mí misma en mi lugar de trabajo y conseguir hacer las cosas.

Con el tiempo, he descubierto cómo tener una conversación sin perder completamente el hilo. También sé cómo manejar el tiempo para llevar a cabo mis tareas sin agotarme.

En honor a la verdad, sin embargo, nunca llegué a asentarme del todo en ningún trabajo. Empecé haciendo seguimiento de ventas en una tienda – yo entonces era pasante de abogada. A continuación, trabajé como profesora durante un breve periodo. En cada una de estas iniciativas profesionales logré hacerlo lo bastante bien para no ser despedida.

Si, como yo, nunca has sido empleada del año, no te preocupes. Cuesta trabajo, pero puedes desarrollar métodos para mantenerte bajo control en tu lugar de trabajo. Además, no tengas miedo de pedir ayuda y/o aclaraciones en el trabajo.

TE JUZGARÁN COMO MADRE

Como sabe la mayoría de las mujeres, hay una enorme presión para que seamos esposas y madres perfectas. Se supone que debemos tener una casa hermosa y limpia, unos niños hermosos y obedientes, una profesión (o no, dependiendo de quién sea tu pareja) – y lo más importante, tienes que tener un aspecto fantástico mientras lo haces.

Desde el día en que nació mi hijo, me preocupaba constantemente que se juzgasen mis habilidades como madre. Si alguien supiera que yo tenía TDAH, me podría echar la culpa de la hiperreactividad sensorial del bebé.

Ahora que la gente sabe que tengo TDAH pueden ver algunos comportamientos de mi hijo y culparme de ellos. Es una verdad dolorosa con la que todavía tengo que lidiar. Ahora que mi hijo también ha sido diagnosticado de síndrome de Asperger, soy plenamente consciente de que la gente vigila.

Esta es mi opinión sobre la vergüenza como madre. No la tengas y mantente lejos de quienes la practican. Sólo está en tu mano controlar una parte de la personalidad de tu hijo, el resto no depende de ti.

Además, nadie nos juzga con tanta dureza como nosotras mismas.

ESPERABAS QUE DESAPARECIERA POR ARTE DE MAGIA

Es verdad. Durante mucho tiempo pensé que, si conseguía compensar, o incluso sobrecompensar mi TDAH. tal vez podría llegar a ser más lista que él. Hacía listas, pegaba post-it por todas partes, y acumulé montones de basura en el desván.

Me presioné tanto que entré en el territorio TOC. Me pasé haciendo ejercicio, haciendo régimen, haciendo análisis. Me hice hipervigilante sobre gérmenes y lactancia materna.

¿Algo de esto te suena familiar? ¿Trataste de desear que fuera?

No estás sola. Ni mucho menos. Pero juntas somos más fuertes.

Si queremos que el estigma de TDAH (y otros problemas de salud mental) desaparezca, tenemos que compartir nuestras historias. No más ocultación. No más vergüenza.

 

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Padres y madres: cambiemos todos esos “no puede” por “puede”

¿También vosotros habéis caído en la trampa de asumir que vuestro hijo “no puede” hacer algo? Esa no es la forma de ayudar a un niño con TDAH. Lo que yo hice fue dar la vuelta a esos puntos negativos en su mente.

Escrito por  Penny Williams
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

 

La primera cosa que nos dan cuando un niño es diagnosticado con TDAH es la lista de la compra con todas las cosas que no puede hacer:

No puede prestar atención durante mucho tiempo.

No puede controlar bien sus impulsos.

No puede tener tanto éxito socialmente como sus compañeros.

No puede hacerlo bien en la escuela.

Y así sucesivamente…

Así, desde el primer momento, estamos preparados para fallar al criar a nuestros hijos con TDAH. Nos dicen todas las cosas que no puede hacer, pero no nos dicen qué hacer para sobrevivir y prosperar, centrándonos en las cosas que puede hacer.

El diagnóstico de TDAH inicia a menudo una expectativa de limitaciones y un montón de “no puede”. Esto produce una perspectiva negativa y muchas creencias restrictivas.

“Mi hijo me necesita más que los demás niños de su edad, así que no puede ir al campamento de verano”.

“Mi hija se emociona muy fácilmente, así que no puede quedar para jugar si no voy yo”.

“Mi hijo no puede controlar sus impulsos, así que no puedes enfadarte por su conducta”.

“A mi hija le resultan difíciles los procesos complejos, así que no puede jugar a deportes de equipo”.

Los niños con TDAH merecen las mismas experiencias y oportunidades en su infancia que cualquier otro niño. Pueden necesitar adaptaciones o circunstancias especiales, pero no debéis limitarlas basándoos en tus suposiciones de lo que el TDAH les va a impedir hacer bien.

He caído muchas veces en la trampa de confiar en los “no puede” con mi hijo Ricochet, que tiene TDAH, autismo, ansiedad y dificultades de aprendizaje. En los últimos años me he esforzado mucho para estar atenta a esas ocasiones y dejar de limitar sus experiencias.

El mes pasado, la escuela de Ricochet llevó a unos doscientos estudiantes de octavo curso[1] a un viaje de tres días a Atlanta (a unas cuatro horas de viaje). Siempre hacen un viaje en octavo para fomentar su independencia y hacer que prueben un poco la responsabilidad que necesitarán el próximo curso, en la escuela secundaria. Pasan tres días y dos noches lejos de casa, durmiendo en habitaciones de seis plazas. Eso significa tres días sin recordatorios sobre higiene de mamá. Tres días sin un momento para estar a solas o de descanso social.

Podría pensar en un montón de razones por las que mi hijo no debería ir a ese viaje o por las que no iba a pasarlo bien. Yo sabía lo difícil que le iba a resultar soportar el agobiante ruido y el caos de todos esos niños durante 65 horas seguidas, sin un refugio de tranquilidad. Sabía lo mal que se encontraría si no pudiera dormir. Sabía que sólo pensar en la intensidad del ruido y la multitud en el partido de baloncesto de la NBA le provocaría pánico.

También sabía que él necesitaba esta experiencia. Sus amigos iban a ir, y él estaba deseando ir también. Hablamos de lo duro que iba a ser algunas veces, pero él insistió en que ya tiene edad suficiente para manejarlo. Papá estaba en contra, convencido de que tendríamos que ir a Atlanta a recogerle antes de tiempo. Yo, por otra parte, no estaba dispuesta a impedirle tener esa experiencia basándome en un montón de “y si…”. No quiero limitarlo basándome en la discapacidad.

Creo que esos tres días fueron más duros para mí que para Ricochet. Estuve preocupada todo el tiempo: si huiría del grupo, si se llevaría bien con sus amigos, si se burlarían de él o le harían pasarlo mal, si manejaría el desorden sensorial y la ansiedad … Él, sin embargo, estaba decidido a ser “mayor” y hacer lo que sus compañeros podían hacer. Y así fue en el viaje.

Por supuesto, hubo un par de incidentes problemáticos. Uno hizo que yo hablara por teléfono con la tienda CNN (estaban en el CNN Center) rogándoles que me dejaran pagar por teléfono una chaqueta, para que él se la pudiera llevar (cosa que hicieron). Su chaqueta tenía algo que le “picaba”, hacía demasiado frío para pasar otro día sin chaqueta, y él no llevaba dinero. Otro hizo que se gastara todos los datos de su tarifa de móvil viendo videos durante el viaje de ida, así que no pudo mandarnos ni recibir mensajes. Me llamó desde el palacio de deportes, antes del partido de baloncesto, diciéndome que no quería quedarse y que fuera a recogerle entonces mismo.

Afortunadamente, el maestro asignado a su grupo de estudiantes conoce bien a Ricochet y tiene una debilidad por él. Se aprestaba a ayudarle cada vez que Ricochet necesitaba algo. Me envió una foto de Ricochet de pie y animando en el partido de baloncesto, una vez consiguió que se calmara.

En lugar de limitar sus experiencias con todos los “no puede”, enviamos a Ricochet a un viaje largo lo mejor preparado posible, e hicimos lo necesario para ayudarle a pasarlo bien. Llegó a casa con una resolución más firme y una confianza mayor en sí mismo. ¡Ah, y con una maleta llena de ropa limpia, porque se puso la misma ropa los tres días!

 

[1] Equivale a 2º ESO (N. de la T.)

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Por esto sientes siempre tanto cansancio

Escrito por William Dodson, M.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Los trastornos del sueño causados ​​por el TDAH se han pasado por alto por varias razones, entre ellas la avanzada edad de inicio. Pero estudios recientes confirman que el TDAH no desaparece por la noche. Aquí podrás entender la relación entre TDAH y sueño y sus manifestaciones más comunes. También obtener consejos para relajarte más rápido, dormir más tiempo y despertar en mejor forma.

 

A muchos adultos y niños con trastorno de déficit de atención, la idea de dormirse con facilidad, dormir durante toda la noche y despertar fácilmente – y con sensación de descanso – les parece un sueño.

Los adultos con TDAH saben que el sueño puede perturbarse por inquietud mental y física y que esto puede afectar al tratamiento del TDAH. Pero, como con la mayor parte del conocimiento sobre el TDAH adulto, estamos sólo empezando a entender que hay un vínculo más fuerte entre TDAH y sueño, que conlleva dificultades para conciliar el sueño, seguir dormido y despertar.

Las perturbaciones del sueño causadas ​​por el TDAH se han pasado por alto por varias razones. Los problemas del sueño no encajaban claramente en el requisito establecido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), de la Asociación Americana de Psiquiatría, de que todos los síntomas del TDAH deben estar presentes antes de los siete años. Los trastornos del sueño asociados con el TDAH suelen aparecer más tarde, hacia los doce años. En consecuencia, este arbitrario límite de edad ha impedido reconocer los trastornos del sueño del TDAH hasta hace poco, cuando los estudios en adultos se han extendido. Así como el TDAH no desaparece en la adolescencia, tampoco desaparece por la noche. Continúa entorpeciendo el funcionamiento vital las 24 horas del día.

Descarga gratuita: Aplicaciones móviles para dormir mejor (en inglés)

En los primeros intentos de definir el trastorno, los problemas del sueño se llegaron a considerar como un criterio del TDAH, pero se eliminaron de la lista de síntomas al considerarse que la evidencia sobre ellos era demasiado genérica. A medida que la investigación se ha extendido a los adultos con TDAH, las causas y efectos de los trastornos del sueño se han vuelto más claros.

Por ahora, los problemas del sueño tienden a ser ignorados o vistos como problemas coexistentes, con una relación poco clara con el TDAH en sí. Los trastornos del sueño se han atribuido erróneamente a los fármacos estimulantes, que suelen ser los primeros que se utilizan para tratar el TDAH.

Las Cuatro Grandes Problemas del Sueño

Ninguna publicación científica sobre el insomnio incluye el TDAH entre las causas principales de los trastornos del sueño. La mayoría de los artículos se centra en las alteraciones del sueño debidas a los fármacos estimulantes, en vez de considerar al TDAH como su causa. Sin embargo, los adultos con TDAH saben que la conexión entre su trastorno y los problemas de sueño es real. Los pacientes suelen llamarlo “sueño perverso”: cuando quieren dormir, siguen despiertos; Cuando quieren estar despiertos, se duermen.

Los cuatro trastornos del sueño más comunes asociados con el TDAH son:

  1. Insomnio de conciliación

Tres cuartas partes de los adultos con TDAH se declaran incapaces de “apagar la mente para dormirme por la noche”. Muchos se definen como “noctámbulos” que reciben un arranque repentino de energía al ponerse el sol. Otros dicen sentirse cansados ​​durante el día, pero en cuanto su cabeza toca la almohada, la mente se pone en marcha. Sus pensamientos van saltando de una preocupación a otra. Desafortunadamente, muchos de estos adultos describen sus pensamientos como “acelerados”, lo que lleva a un diagnóstico erróneo de trastorno bipolar, cuando no es más que la inquietud mental propia del TDAH.

Antes de la pubertad, entre el 10 y el 15 por ciento de los niños con TDAH tiene problemas para dormir. Es el doble de la tasa en niños y adolescentes sin TDAH. El número aumenta llamativamente con la edad: a los doce años, el 50 por ciento de los niños con TDAH tiene dificultades para conciliar el sueño casi todas las noches. A los treinta, más del 70 por ciento de los adultos con TDAH admite que le cuesta más de una hora dormirse por la noche.

  1. Sueño inquieto

Cuando las personas con TDAH consiguen dormirse, su sueño es inquieto. No paran de dar vueltas. Se despiertan ante cualquier ruido en la casa. Se mueven tanto que su pareja a menudo prefiere dormir en otra cama. A menudo, al despertar encuentran la cama deshecha y las sábanas tiradas por el suelo. El sueño no es reparador y se despiertan tan cansadas ​​como cuando se acostaron.

  1. Dificultad para despertar

Más del 80 por ciento de los adultos con TDAH de mi consulta dice despertarse varias veces hasta las cuatro de la mañana. Entonces, caen en “el sueño de los muertos”, del que tienen extrema dificultad para despertar.

Siguen durmiendo, aunque suenen dos o tres despertadores y los demás miembros de la familia intenten sacarles de la cama. Las personas con TDAH suelen mostrarse irritables, incluso combativas, cuando se les despierta antes de tiempo. Muchas dicen no estar completamente alerta hasta el mediodía.

  1. Sueño intrusivo

El Dr. Paul Wender, investigador del TDAH durante 30 años, lo relaciona con el rendimiento basado en el interés. Mientras las personas con TDAH estaban interesadas o motivadas por lo que hacían, no mostraban síntomas del trastorno (este fenómeno se llama hiperfoco y es considerado a menudo como un rasgo del TDAH). Si, por el contrario, una persona con TDAH pierde interés en una actividad, su sistema nervioso se desconecta, en busca de algo más interesante. A veces esta desconexión es tan abrupta como para inducir somnolencia extrema y repentina, hasta el punto de que la persona se queda dormida.

Marian Sigurdson, experta en estudios de electroencefalografía (EEG) aplicados al TDAH, informa de que los trazados de ondas cerebrales en ese momento muestran una intrusión repentina de ondas theta en los ritmos alfa y beta de alerta. Todos hemos visto “intrusiones de olas theta” en un estudiante situado al final de la clase que de repente cae al suelo porque “se ha dormido”. Probablemente era alguien con TDAH que estaba perdiendo el conocimiento debido al aburrimiento, más que quedándose dormido. Este síndrome es potencialmente mortal si se produce al conducir y a menudo es inducido por conducir largas distancias en carreteras rectas y monótonas. A menudo, este trastorno se diagnostica erróneamente como “narcolepsia EEG negativa”. No se conoce el grado de incidencia del “sueño” intrusivo, ya que sólo se produce bajo ciertas condiciones, difíciles de reproducir en el laboratorio.

¿Que es lo que pasa?

Existen varias teorías sobre las causas de las perturbaciones del sueño en personas con TDAH, con una llamativa variedad de puntos de vista. Los médicos basan su respuesta a las quejas de sus pacientes sobre problemas del sueño en su interpretación de la causa de esos problemas. Un médico que busque primero trastornos resultantes de hábitos de vida desordenados tratará los problemas de manera diferente a uno que piense en ellos como una manifestación del TDAH.

El Dr. Thomas Brown – investigador durante mucho tiempo del TDAH y desarrollador de las Escalas de Brown – fue uno de los primeros en prestar atención seria a los problemas de sueño en niños y adolescentes con TDAH. Para él, los trastornos del sueño son indicativos de los problemas de activación y estado de alerta del propio TDAH. Dos de los cinco grupos de síntomas que aparecen en la escala de Brown tienen que ver con la activación:

  • Organización y activación para comenzar actividades.
  • Mantenimiento de la alerta, energía y esfuerzo.

Brown interpreta los problemas del sueño como una discapacidad de las funciones de gestión cerebrales relacionado con el desarrollo – en particular, una incapacidad para sostener y regular la activación y el estado de alerta. Lo llamativo es que no recomienda tratamientos comunes para el TDAH; aplica un enfoque de dos vías, centrado en una mejor higiene del sueño y en la supresión de estados de excitación no deseados e inconvenientes mediante fármacos de efecto sedante.

La explicación más sencilla es que los trastornos del sueño son manifestaciones directas del propio TDAH. La auténtica hiperactividad es extremadamente rara en mujeres de cualquier edad. La mayoría experimenta la inquietud mental y física del TDAH sólo cuando trata de apagar el estado de activación del funcionamiento cotidiano para conciliar el sueño. Al menos el 75 por ciento de los adultos de ambos sexos informa de que su mente se mueve sin parar de una preocupación a otra durante varias horas, hasta que por fin se duermen. Incluso entonces, dan vueltas en la cama, se despiertan con frecuencia y a veces apenas duermen.

El hecho de que el 80 por ciento de los adultos con TDAH termine cayendo en “el sueño de los muertos” ha llevado a los investigadores a buscar una explicación. Ninguna teoría explica por sí sola el grave deterioro de la capacidad para conseguir despertarse. Algunos pacientes con TDAH cuentan que duermen bien cuando van de acampada o están al aire libre durante períodos largos de tiempo.

Una hipótesis es que la falta de exactitud en el reloj circadiano también puede explicar la dificultad de muchas personas con TDAH para calcular el paso del tiempo. Su reloj interno no está “ajustado”. Por ello, sólo experimentan dos momentos: “ahora” y “no ahora”. Muchos de mis pacientes adultos no llevan reloj. Para ellos, el tiempo es un concepto abstracto, importante para otros, pero que no pueden entender. Se necesitarán muchos más estudios para establecer los vínculos entre los ritmos circadianos y el TDAH.

Cómo conseguir dormir

No importa cómo explique cada doctor los problemas del sueño, el remedio normalmente tiene que ver con lo que llamamos “higiene del sueño”, que incluye todo aquello que fomenta la conciliación y el mantenimiento del sueño. El conjunto de condiciones depende mucho de cada individuo. Algunas personas necesitan un silencio absoluto. Otras necesitan ruido blanco, como un ventilador o una radio, para enmascarar las perturbaciones. Algunas personas necesitan comer algo antes de acostarse, mientras que otras no pueden comer nada. Hay algunas reglas de la higiene del sueño universales:

  • Usa la cama sólo para dormir o tener relaciones sexuales, no como lugar donde afrontar problemas o discutir.
  • Establece una hora y una rutina para acostarte y síguelas estrictamente.
  • Evita las siestas durante el día.

Hay otros dos hábitos de la higiene del sueño que, aunque parecen obvios, hay que subrayar para las personas con TDAH.

  • Para dormir, vete a la cama. Muchas personas con TDAH están en su mejor momento por la noche. Se sienten con más energía, piensan con más claridad y son más estables después de ponerse el sol. La casa está tranquila y hay pocas distracciones. Es su momento más productivo. Desgraciadamente, tienen un trabajo y una familia a los que deben atender a la mañana siguiente, tareas que serán más complicadas con un sueño inadecuado.
  • Evita la cafeína por la noche. La cafeína puede hacer que un acelerado cerebro con TDAH esté aún más excitable y alerta. La cafeína también es diurética, aunque no tan potente como los expertos creían, y puede causar interrupciones del sueño por la necesidad de ir al baño. Es aconsejable no consumir ningún líquido antes de acostarse.

Opciones de tratamiento

Si el paciente pasa horas por la noche dando vueltas en la cama y a su cabeza, probablemente sea una manifestación de TDAH. El mejor tratamiento es una dosis de medicación estimulante 45 minutos antes de acostarse. Sin embargo, es difícil vender esta pauta a pacientes con insomnio. En consecuencia, una vez que se ha determinado su dosis óptima de medicación, les pido que se echen una siesta una hora después de tomar la segunda dosis.

Generalmente, encuentran que el “efecto paradójico” de la medicación calmando la inquietud es suficiente para poder dormirse. Los pacientes suelen estar tan faltos de sueño que consiguen echar una cabezadita. Cuando la persona ve por sí misma, en una situación “sin riesgo”, que la medicación puede ayudarle a desconectar su cerebro y su cuerpo y quedarse dormida, está más dispuesta a probar la medicación a la hora de acostarse. Aproximadamente dos tercios de mis pacientes adultos toman una dosis completa de su medicación para el TDAH por las noches, para conseguir dormir.

¿Qué ocurre si la historia clínica es la contraria? Una cuarta parte de las personas con TDAH no tiene alteraciones del sueño o sólo tiene las dificultades normales para dormirse. Para ellas no son útiles los medicamentos estimulantes a la hora de acostarse. El Dr. Brown recomienda tomar 25 a 50 mg de difenhidramina una hora antes de ir a la cama.  La difenhidramina es un antihistamínico disponible sin receta y que no crea hábito. La desventaja es que es de larga duración, y puede causar somnolencia hasta durante 60 horas en algunas personas. Alrededor del 10 por ciento de las personas con TDAH experimenta agitación paradójica severa con este medicamente y nunca vuelve a probarlo.

Los expertos señalan que las alteraciones del sueño en personas diagnosticadas con TDAH no siempre se deben a causas relacionadas con él. A veces los pacientes tienen un trastorno de sueño comórbido al TDAH. Algunos profesionales solicitan un estudio del sueño de sus pacientes, para determinar la causa de la perturbación. Se realizan test como una prueba de sueño domiciliaria, una polisomnografía o un test de latencias múltiples del sueño. Si hay problemas secundarios de sueño, los doctores pueden aplicar opciones de tratamiento adicionales para manejarlos.

Nerviosismo, cansancio y falta de sueño crónica

El siguiente peldaño en la escalera de tratamiento son los medicamentos con receta. La mayoría de los médicos tratan de evitar las pastillas para dormir porque son potencialmente adictivas. Las personas desarrollan tolerancia a ellas rápidamente y requieren dosis cada vez mayores. Por lo tanto, los fármacos de siguiente elección son los que no crean hábito y tienen una sedación significativa como efecto secundario. Son

  • Melatonina. Este péptido de origen natural liberado por el cerebro en respuesta a la puesta del sol tiene algún papel en el ajuste del reloj circadiano. Está disponible sin receta en la mayoría de farmacias y herboristerías. Las dosis que se venden suelen ser demasiado altas. Casi toda la investigación publicada sobre la melatonina habla de dosis de 1 mg o menos, pero las dosis disponibles suelen ser de 3 ó 6 mg. Dosis mayores de un miligramo no aportan nada más. La melatonina puede no ser eficaz la primera noche, por lo que será necesario tomarla varias noches para que haga efecto.
  • Antihistamínico sujeto a receta, la ciproheptadina (Peritol), funciona como la difenhidramina, pero tiene las ventajas añadidas de suprimir los sueños y compensar la pérdida del apetito inducida por los estimulantes. Para quienes no sufren pérdida del apetito, el aumento de peso puede limitar la utilidad de Peritol.
  • Clonidina. Algunos médicos la recomiendan en dosis de 0,05 a 0,1 mg, una hora antes de acostarse. Este medicamento, utilizado para la hipertensión arterial, es el fármaco de elección para la componente de hiperactividad del TDAH. Tiene efectos sedantes significativos durante unas cuatro horas.
  • Fármacos antidepresivos, como la trazadona (Deprax) 50 a 100 mg, o la mirtazapina (Remeron) 15 mg, utilizados por algunos médicos por sus efectos secundarios sedantes. Debido a un complejo mecanismo de acción, las dosis bajas de mirtazapina son más sedantes que las altas; más no es mejor. Al igual que la difenhidramina, estos medicamentos tienden a producir sedación durante el día siguiente y pueden hacer más difícil levantarse por la mañana.

Problemas para despertarse

Los problemas para despertarse y estar totalmente alerta pueden abordarse de dos maneras. La más sencilla es utilizar dos alarmas. El paciente coloca una primera dosis de medicación estimulante y un vaso de agua en la mesilla. La primera alarma está programada para sonar una hora antes de cuando la persona prevé levantarse. Cuando suena, el paciente se despierta justo para tomar el medicamento y sigue durmiendo. Cuando suena la segunda alarma, una hora después, el medicamento está alcanzando su nivel máximo en sangre, ayudando al individuo a levantarse de la cama y empezar la jornada.

Un segundo enfoque, más tecnológico, se basa en la evidencia de que la dificultad para despertar por la mañana es un problema del ritmo circadiano. Hay pruebas anecdóticas que sugieren que el uso de luces que simulan el anochecer y el amanecer pueden fijar el reloj interno de personas con Síndrome de la Fase del Sueño Retrasada. Como beneficio añadido, muchas personas refieren que se ha agudizado su sentido del tiempo y su capacidad para gestionarlo, una vez su reloj interno se ha ajustado correctamente. Estas luces, sin embargo, están en fase experimental y son caras (unos 400 €).

Los trastornos del sueño en personas con TDAH son comunes, pero casi completamente ignorados por nuestro sistema de diagnóstico actual y por la investigación sobre el TDAH. Estos patrones empeoran progresivamente con la edad. El reconocimiento de las alteraciones del sueño en el TDAH se ha visto obstaculizado por la atribución errónea del insomnio inicial a los efectos de medicamentos estimulantes. Ahora reconocemos que las dificultades del sueño están asociadas con el propio TDAH y que los fármacos estimulantes son a menudo el mejor tratamiento para esas dificultades y no su causa.

 

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El misterio de la motivación en el TDAH

¿Por qué los adultos y niños con TDAH tienen fuertes motivación y funciones ejecutivas para algunas tareas y nunca consiguen la chispa cognitiva para llevar a cabo otras?

Escrito por Thomas E. Brown, Ph.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Pese a las muchas diferencias en el TDAH entre niños y adultos, hay algo que comparten prácticamente todos. Aunque tienen una dificultad crónica considerable para organizarse y comenzar muchas tareas, enfocar su atención, mantener el esfuerzo y utilizar su memoria de trabajo, hay siempre algunas actividades o tareas específicas en las que no tienen ninguna dificultad para ejercer estas mismas funciones de una manera normal o incluso extraordinaria.

La irregularidad en la motivación y el rendimiento es el aspecto más desconcertante del TDAH. Cabría pensar que un niño o adulto que muestra una fuerte motivación y es capaz de centrarse en algunas tareas, debería ser también capaz de hacerlo en otras tareas importantes. Parece una simple cuestión de “falta de voluntad”. Si puedes hacer esto, ¿por qué no puede hacer también eso y aquello, que son aún más importantes? Sin embargo, el TDAH no es una cuestión de fuerza de voluntad. Se trata de un problema en la dinámica de la química del cerebro.

Uno de mis pacientes me dijo una vez: “Tengo una metáfora sexual que puede usar para explicar lo que es tener TDAH. Es como una disfunción eréctil de la mente. Si la tarea a la que te enfrentas te excita, te resulta realmente interesante, entonces estás “dispuesto” y puedes hacerla. Pero si la tarea no te resulta intrínsecamente interesante, si no te excita, no eres capaz de levantarte a realizarla. No importa cuántas veces te digas ‘tengo que hacerlo, debo hacerlo’. No es una cuestión de fuerza de voluntad.

Investigaciones recientes ofrecen considerables evidencias de que el TDAH no es una “cuestión de fuerza de voluntad”, aunque a menudo lo parezca. Cuando una persona con TDAH se enfrenta a una tarea que le resulta realmente interesante – no porque alguien le diga que debe serlo, sino porque en ese momento se lo parece así – esa percepción, consciente o inconsciente, cambia instantáneamente la química del cerebro. Es un proceso que no depende de la voluntad.

Las suposiciones acerca de la fuerza de voluntad se basan en dos errores sobre el funcionamiento del cerebro. Estas suposiciones ignoran el complejo y poderoso papel de las emociones inconscientes en los procesos de motivación y tampoco reconocen la gran importancia de la memoria de trabajo a la hora de priorizar tareas en cada momento.

La principal diferencia entre las búsquedas en Google y las motivaciones de un individuo cualquiera – aparte de las diferencias evidentes en el tamaño de la base de datos – es el proceso mediante el que se determina la relevancia y se prioriza la información. Google prioriza basándose en la relevancia del contenido manifiesto y en la frecuencia de la petición en búsquedas similares de otras personas. La principal base usada por las personas para priorizar la información es la emoción, asociada con recuerdos conscientes e inconscientes activados por los pensamientos y percepciones del individuo en un momento dado.

Tu cerebro emocional

En 1996, el neurocientífico Joseph LeDoux publicó “El cerebro emocional”, un libro en el que resalta la importancia de las emociones en el funcionamiento cognitivo del cerebro. LeDoux hace hincapié en que las emociones – en su mayoría inconscientes – son potentes e importantísimas motivadoras de los pensamientos y las acciones humanas. Esta comprensión del papel esencial de las emociones en todos los aspectos de la motivación y el comportamiento humanos no se ha integrado suficientemente en la concepción actual sobre el TDAH.

Las emociones – positivas y negativas – tienen un papel crucial en las funciones ejecutivas: iniciar y priorizar las tareas, mantener o cambiar el interés o el esfuerzo, mantener pensamientos en la memoria activa y decidir evitar una tarea o situación. Mientras que Google responde a las consultas tecleadas en su motor de búsqueda, el cerebro humano responde a la calidad y la intensidad de las emociones vinculadas a los recuerdos asociados.

Muchas personas piensan que las emociones sólo implican sentimientos conscientes, limitados a sensaciones como tristeza, ira, placer, preocupación… de las que la persona es plenamente consciente y que suele poder identificar. La neurociencia ha demostrado que los sentimientos conscientes son sólo una pequeña parte de la amplia gama de emociones que opera en cada persona en la motivación de las funciones ejecutivas. El neurocientífico Joaquín Fuster enfatizó: “Podemos ser plenamente conscientes de un recuerdo, pero la gran mayoría de los recuerdos que evocamos permanecen inconscientes”.

A menudo, estas emociones inconscientes entran en conflicto y nos hacen actuar de manera contradictoria con nuestras intenciones conscientes. Detrás de nuestro fracaso en la ejecución de tareas que conscientemente queremos llevar a cabo, o de nuestra implicación, directa o indirecta, en acciones que conscientemente no queremos realizar, suele haber una corriente subyacente de emociones conflictivas.

Una persona puede pensar que una determinada tarea es importante y creer sinceramente que quiere dedicarle una atención inmediata y un esfuerzo sostenido, pero no actuar en consecuencia. Puede continuar procrastinando, ocupándose de tareas menos urgentes, o puede buscar distracciones activamente, contactando con amigos, navegando por Internet, bebiendo o yéndose a dormir. Tales contradicciones sólo adquieren sentido cuando nos damos cuenta de que las emociones que guían nuestras motivaciones son a menudo contradictorias o no totalmente conscientes. Podemos estar influenciados por emociones de las que no somos conscientes (ver el apartado “Escapar de situaciones estresantes”).

Factores de Motivación

El factor fundamental en la capacidad de una persona con TDAH para centrarse y aplicar de manera eficiente sus funciones ejecutivas a algunas tareas, mientras que es crónicamente incapaz de centrarse adecuadamente en muchas otras, tiene que ver con la transmisión neuronal. Durante muchos años se ha asumido que los individuos con TDAH tienen una insuficiencia crónica en la liberación y recarga del neurotransmisor dopamina en las uniones sinápticas entre las neuronas de las redes que gestionan las funciones ejecutivas.

Muchos estudios han demostrado que el tratamiento con medicamentos estimulantes mejora la eficiencia de la comunicación neuronal. Sin embargo, la mayor liberación y el retardo de la recaptación no dependen de la voluntad. Solamente se dan en aquellas tareas por las que el individuo con TDAH tiene un gran interés. Este interés puede deberse a que esa actividad le ha proporcionado placer u otras recompensas anteriormente. O puede intensificarse por temor a que ocurra de inmediato algo que prevé desagradable si no se dedica a la tarea en ese momento. Ya sea por placer o temor anticipado, el mayor interés provoca instantáneamente una mayor liberación de dopamina, que perdurará mientras ese interés intensificado persista.

El segundo factor que influye en la capacidad de prestar atención a algunas tareas y no a otras es la relativa debilidad de la memoria de trabajo, característica de muchas personas con TDAH. La memoria de trabajo es esencial para tener presente la prioridad relativa de nuestros diversos intereses en un momento dado.

La investigación en Psicología Social ha demostrado que los individuos con mayor memoria de trabajo tienen mayor capacidad de manejar las emociones – agradables o desagradables – sin dejarse atrapar por ellas. Las personas con TDAH tienen menos “ancho de banda” en su memoria de trabajo, por lo que tienen más dificultad para vincular con rapidez varios recuerdos relevantes a la hora de hacer o no una tarea. Son menos proclives a considerar el panorama general del que forma parte el momento presente (ver “Atrapado por las emociones”). Funcionan como alguien que ve un partido de baloncesto a través de un catalejo y no puede percibir lo que ocurre en el resto de la cancha, las amenazas y oportunidades que hay fuera del pequeño círculo que su catalejo le permite ver.

Extraído de Outside the Box: Rethinking ADD/ADHD in Children and Adults, de THOMAS E. BROWN, Ph.D. © 2017 Asociación Americana de Psiquiatría.

Escapar de situaciones estresantes

Era un ejercicio difícil, y a Jim le estaba costando contestar a la mayoría de las preguntas, posiblemente porque aún no se había leído ni la mitad de los temas que entraban. Jim llevaba varios días sin estudiar. Estaba preocupado por un correo electrónico que le había mandado su novia desde su ciudad. Le decía que quería romper con él, que estaba demasiado lejos y había empezado a salir con otra persona.

A las dos de la mañana, después de varias horas luchando con el ejercicio, Jim decidió dormir un par de horas y tratar de terminarlo después. Puso el despertador a las cuatro. Pero cuando sonó, Jim se despertó un momento, lo apagó y volvió a dormirse. No se despertó hasta cinco horas después.

Cuando se dio cuenta de que había pasado la hora de entrega, sintió pánico. El profesor había avisado de que no aceptaría ninguna entrega fuera de plazo. Asumiendo que con seguridad iba a tener un cero en el parcial, Jim decidió de repente que no estaba preparado para estar en la universidad. Sin consultarlo con nadie, hizo la maleta y se marchó a casa, con la intención de quedarse allí hasta el otoño siguiente, en que volvería a intentar ir a la universidad.

Una semana después, cuando habló conmigo de esto, me dijo que abandonar la universidad era lo mejor que podía hacer en ese momento. Le hacía mucha ilusión ir a estudiar fuera, pero el trabajo le resultaba demasiado duro, aún no había hecho verdaderos amigos y echaba mucho de menos a su novia ya sus padres. También afirmó que tener un cero en el primer parcial significaba suspender el curso, así que no tenía sentido para él continuar allí ese semestre. No veía otra manera de manejar la situación. También mencionó que, al regresar a casa, esperaba recuperar el afecto de su novia. Pero resultó que ella no tenía ningún interés en volver a salir con él.

Era un patrón que Jim no había identificado. Anteriormente había abandonado muchas otras actividades. Se sentía inseguro con facilidad y rápidamente huía de cualquier situación en la que temiera no hacerlo bien. Tenía una tendencia exagerada a escapar cuanto antes del estrés.

Sólo después de varios meses de psicoterapia consiguió Jim ver que volver “accidentalmente” a dormirse aquella mañana, no hablar siquiera de la situación con su consejero universitario y asumir que se enfrentaba a un inevitable fracaso no habían sido buenas decisiones para él.

Atrapado por las emociones

Una mujer me dijo que le daban miedo las noches de los miércoles. Para su familia, era la noche después de la recogida de basura del miércoles por la mañana. Tenía dos hijos adolescentes y su marido les encargó que los martes por la tarde llevaran los cubos de basura al inicio del camino de acceso a la casa y los miércoles por la tarde trajeran de vuelta a la casa los cubos vacíos. Pero muchas veces se olvidaban de traer los cubos de vuelta.

La madre explicaba que, cada vez que su marido volvía de trabajar el miércoles por la noche y veía los cubos de basura en la carretera, se enfurecía y se ponía a gritar, diciendo que eran unos inútiles y unos irresponsables, que no sabían agradecer lo que habían recibido y no eran capaces siquiera de ayudar a su familia trayendo los cubos de basura a casa una vez a la semana.

La madre explicaba que, después de reñir a sus hijos con esa dureza, su marido solía calmarse y murmurar una disculpa hacia los chicos. “Sé que les quiere mucho y que daría su vida por cualquiera de ellos, pero cuando se enfurece por uno de esos episodios de los miércoles, parece que se olvida de que son sus hijos, a quienes quiere y cuida. En ese momento, lo único que sabe es que está furioso con los dos porque no han cumplido con esa tarea.

Cualquier padre puede perder los nervios con sus hijos en alguna ocasión, pero la mayoría de los padres, la mayoría de las veces puede expresar su frustración al niño sin llegar a un ataque verbal tan intenso. Su memoria de trabajo les permite tener en cuenta su amor, incluso cuando su ira ocupa mucho espacio en su mente.

 

 

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TDAH, empatía y “criar a una narcisista”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

¿Qué se pierde en medio de todo ese charloteo indocumentado online sobre “drogar a los niños” por el TDAH? La compasión por estos niños.

Muchos niños con TDAH sufren impedimentos que van mucho más allá de la clase. Impedimentos que distorsionan lo que para cualquier persona razonable es una “infancia feliz”. Que, de hecho, amenazan con deformar el curso de toda su vida. Como, por ejemplo, déficit de empatía.

En este post, Taylor J, anfitriona del Club de Lectura “Tú, yo y el TDAH“, nos cuenta esta historia sobre el reciente diagnóstico y tratamiento del TDAH de su hija mayor. Taylor veía con desesperación cómo su hija iba camino de parecerse a sus propios padres, narcisistas y faltos de empatía (ambos rasgos suelen ir de la mano).

Taylor y su marido trataban de enseñar empatía a la niña, pero sus lecciones no llegaban a calar. O eso creían.

Gina

Por Taylor J.

La Número Uno entre las cosas más profundas que he aprendido sobre el TDAH es ésta: puede hacer que sea difícil relacionar “causa” y “efecto”. Y eso puede crear todo un mundo de problemas.

Por ejemplo, este estudiante no verá que sus pobres hábitos de estudio son la causa de sus malas notas y echará la culpa a la “maldad” del profesor. Aquella esposa no verá que sus palabras cortantes y sarcásticas han hecho a su marido retraerse emocionalmente, y dirá que es “frío”. Ese joven no verá que su imprudente conducción y el exceso de velocidad causaron un accidente de tráfico y culpará a las malas condiciones meteorológicas.

No hay que ser un genio para entender que no relacionar nunca las acciones con las consecuencias causará estragos en la vida de una persona. Peor aún, puede matar el potencial para las relaciones.

Vi desarrollarse esto con toda crudeza en mi hija de diez años. Yo la llamo “Dinamita”.

Prometí ser diferente a mis padres

Permitidme primero que os ponga en antecedentes.

Mis padres tienen un terrible trastorno mental, del que se niegan a tratarse. Prefirieron culpar a los demás de sus problemas y ahogar sus penas en alcohol, drogas y autocompasión morbosa. Incluso estando yo en el hospital – enferma o con un bebé recién nacido – mis padres sólo hablaban de sí mismos. Su absoluta falta de empatía me horrorizaba.

Cuando me casé y formé mi propia familia, prometí ser diferente.

Sin embargo, al criar a mi primera hija, la mayor de cuatro chicas, observaba impotente cómo cada lección sobre empatía que trataba de inculcarle parecía rebotar en su corazón.

Abusaba de los demás. Organizaba juegos en los que todos la trataban como una reina de otro planeta o convencía a sus amigas para que le “dejaran” sus juguetes y su ropa favoritos. Para siempre.

Llegué a pillarla en una elaborada “extorsión” infantil: le pedía dinero a su hermana por mantener alejados a los monstruos (¡ya le había sacado 6 dólares!).

Recibía, pero nunca daba. Sus amigas le daban regalos, invitaciones o elogios. Pero ella nunca veía la necesidad de devolver ningún favor.

ADHD, Empathy & "Raising a Narcissist"

De hecho, se quejaba si en un elogio faltaba un detalle o si el regalo no era perfecto. ¡Incluso iba a casa de sus amigas a criticar su ropa o su decoración! “La verdad es que no deberías tener esa casa de muñecas, es para niñas pequeñas. Deberías tener la casa de muñecas de Barbie”.
¿En serio? ¿Dónde has aprendido esto?

Me estaba equivocando de pregunta. Como aprendí mucho tiempo después, el suyo no era un comportamiento aprendido; era algo innato.

Mi marido y yo le explicábamos, una y otra vez, que sus palabras hacían daño a otras personas. “¿Cómo te sentirías si Ginny viniera a tu casa a decirte que tu casa de muñecas es para niñas pequeñas?”

No había “causas” ni “efectos”; tan sólo “malos padres”

“Dinamita” parecía confundida y respondió: “Pero mi casa de muñecas no es para niñas pequeñas, así que nunca diría eso”. La castigábamos por decir palabras crueles, pero nunca entendió la razón de los castigos. Tan sólo éramos “malos padres”.

Aún había más. Explotaba ante la mínima frustración. Cualquier cosa – una costura molesta en sus calcetines, la colcha arrugada, sus cereales con un puntito de “leche de más” – provocaba una rabieta explosiva.

La recuerdo cuando tenía sólo un año, gritándole a su juego de formas geométricas porque no podía encajar un bloque como ella quería.

Es cierto que veíamos destellos esporádicos de cariño en ella, pero nunca podíamos predecir cuándo ocurrirían.

Sus primeras palabras al ver a su hermana recién nacida fueron: “Voy a cuidar de ella y me aseguraré de que no se escape a la calle sin mí!” Con tres años, se puso a pegar a un compañero de la guardería que se acercó y sacudió la silla de paseo de su hermana (mientras yo hablaba con un profesor); tenía miedo de que hiciera daño al bebé en su “punto blando”.

Cuando yo estaba pasándolo mal en otro embarazo, proclamó orgullosamente a su hermana, “No te preocupes. Cuando mamá vomite, yo te haré un sandwich”.

Sus palabras, sin embargo, rara vez se correspondían con sus acciones.

“Dinamita” le gritó a su hermana por cambiar los peluches de su estantería. La pequeña, deshecha en lágrimas, preguntaba: “¿Por qué no me quiere?” ¿Y qué contestó “Dinamita”? Que los sollozos de su hermana le estaban molestando mientras leía.

Comencé a preguntarme si estaba criando a una narcisista.

Un cambio impactante

Tanto mi marido como yo tenemos TDAH. Ambos tomamos medicación y conozco muy bien los espectaculares cambios cognitivos y de comportamiento que produce.

Pero cuando “Dinamita” fue por fin diagnosticada de TDAH en julio pasado y comenzó a tomar medicación, ni siquiera yo estaba preparada para el cambio que se produjo.

Le di la primera dosis de Ritalin. A las dos horas, cuando regresábamos del supermercado, me dijo: “Mamá, tú no puedes cargar con todo eso. ¡Déjame ayudarte!”. Cogió dos bolsas del supermercado y el paquete de pañales. “¡Mamá, tienes que pedir ayuda cuando la necesites!”

MOTION

Nuestra “Dinamita”, siempre en movimiento. Con su hermana.

Después, cuando el bebé se puso a llorar: “¡Oh, cariño, ven aquí y déjame abrazarte! No te preocupes, mamá, ya la tengo yo… ya veo que estás haciendo la comida”.

Cuando tuve que cambiar lo que estaba deseando hacer: “Jo, qué rabia, pero ya sé que no lo has hecho para fastidiarme. Ya iremos mañana”.

Por decirlo claramente: mi hija no se había convertido en un escalofriante robot “niña buena”. Seguía siendo ella misma. Pero era una versión de ella misma mejor regulada emocionalmente. Una versión más feliz de ella misma.

¡Mamá! ¡¡Es horrible!!

¿Era siempre así

cuando no tomaba medicación?

Había algo evidente: ella estaba tan aliviada por los cambios como nosotros.

Cinco horas más tarde, había pasado el efecto de la medicación. “Dinamita” vino a mí hecha un mar de lágrimas y gritando: “¡Mamá! ¡¡Es horrible!! ¡El bebé no para de llorar! (El bebé llevaría llorando cosa de un minuto). ¿Era siempre así cuando no tomaba medicación?”

La tomé de los hombros, le miré a los ojos y le dije en voz baja: “–No te preocupes. Todo va a ir bien. Sí, era así todo el tiempo. Toma la siguiente dosis y siéntate aquí a ver algo en la tele mientras yo pongo en marcha un cronómetro. Cuando llegue a cero, habrá empezado a hacer efecto”. Limpié sus lágrimas y puse en la tele algo divertido.

Pasó media hora. Cuando se sintió mejor, me miró y dijo: “Mamá, tal vez deberías comprarme un libro de crucigramas para hacer cuando esté enfadada. Así puedo calmarme sin gritar a nadie.”

Miré el resto de la tarde cómo hablaba cariñosamente a sus hermanas y les perdonaba cuando cometían el grave pecado de tocar sus cosas.

El alivio por las conexiones realizadas

Mientras leía su libro favorito antes de acostarse, levantó la vista y dijo: “Mamá, ahora entiendo por qué Eragon suspiró tan profundamente cuando vio a su hermano: ¡Temía que también se convirtiera en jinete!” Hasta las historias resultaban cada vez más claras.

Recuerda, estamos sólo en el primer día del tratamiento del TDAH.

Le pedí a mi marido que acostara él a las niñas aquella noche. Abrí el grifo de la ducha y rompí a llorar mientras el agua caía sobre mi cara. Con inmensa gratitud y alivio, por fin supe que mi hija no era una narcisista. Realmente captaba las lecciones sobre compasión y empatía que le enseñábamos, lo que ocurría es que no podía echar mano de ellas cuando las necesitaba. Mi hija había estado sufriendo un trastorno mental tratable, no una maldad incurable escondida detrás de su sonrisa.

Tal vez a mis padres también se les pueda ayudar a cambiar su comportamiento. Sólo tengo la esperanza de que lleguen a un punto en que estén dispuestos a probar el tratamiento.

Por lo tanto, la próxima vez que oigáis a alguien estremecerse ante la idea de medicar a un niño para el TDAH, por favor acuérdate de mi “Dinamita”. Por favor, pensad que hacer ciertas conexiones entre causa y efecto escapa al control de muchas personas con TDAH, entre ellas los niños. Por favor, sabed que, desde que comenzó a tomar medicación estimulante, mi niña está más feliz y más sana que nunca.

El cómic de “Dinamita”: superar una dificultad

Voy a cerrar con este extraordinario cómic que Dinamita dibujó para la escuela. Yo no tuve nada que ver en esto. A mi hija le encantan las novelas gráficas, como las de Raina Telgemeier, y ha creado decenas de cómics en ese estilo. Recientemente, su clase leyó una historieta llamada El punto, acerca de superar una gran dificultad. En respuesta, debían escribir sobre una dificultad que hubieran superado. Esta es la historieta de mi hija.

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Muchas veces perdía los nervios… con mucha facilidad.                                                                                     “¿¿Qué has hecho??”    “Lo siento, he roto tu peluche”                                                                                         Tenía fuertes rabietas de vez en cuando                                                                                                                    …Hasta que… “Tienes TDAH” “¡Buaaa… ¿Qué?”                                                                                                    ESTO me ayudó un montón.       Todavía las tomo todos los días.

 

 

 

 

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