¿Qué es el hiperfoco del TDAH?

Un síntoma muy común – pero confuso – del TDAH es el llamado “hiperfoco”, la capacidad de concentrarse intensamente en un proyecto o una actividad durante varias horas seguidas.

Escrito por Royce Flippin
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

¿Qué es el hiperfoco? ¿Es un síntoma del TDAH?

El hiperfoco es la tendencia de niños y adultos con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) a centrarse intensamente en las cosas que les interesan. A veces, se centran con tanta fuerza que se vuelven ajenos al mundo que les rodea. El hiperfoco es el reverso de otro síntoma del TDAH, la distracción.

¿Cómo afecta el hiperfoco a niños y adultos con TDAH?

Para los niños, el objeto del “hiperfoco” puede ser jugar a un videojuego o ver la televisión. Para los adultos, puede ser ir de compras o navegar por Internet. Pero sea lo que sea lo que llame la atención, el resultado es el mismo: a menos que algo o alguien interrumpa, las horas pasan mientras las tareas y las relaciones importantes se van quedando en el camino.

“Quienes piensan que el TDAH consiste en tener un período corto de atención no entienden qué es el TDAH”, dice Kathleen Nadeau, Ph.D., psicóloga en Silver Spring, Maryland, y autora de “ADD-Friendly Ways to Organize Your Life”. “Una forma mejor de verlo es que las personas con TDAH tienen un sistema de atención mal regulado”.

¿Qué causa el TDAH en el cerebro?

Al igual que la distracción, se cree que el hiperfoco es el resultado de niveles anormalmente bajos de dopamina, un neurotransmisor particularmente activo en los lóbulos frontales del cerebro. Esta falta de dopamina hace difícil “cambiar de marcha” para asumir tareas aburridas pero necesarias.

“Los niños y adultos con TDAH tienen dificultades para cambiar la atención de una cosa a otra”, dice Russell Barkley, Ph.D., profesor investigador de psiquiatría en SUNY Upstate Medical University en Syracuse, Nueva York. “Si están haciendo algo que les gusta o les resulta psicológicamente gratificante, tenderán a persistir en este comportamiento cuando otras personas suelen cambiar a otra cosa. El cerebro de una persona con TDAH se siente atraído por las actividades que brindan una recompensa instantánea”.

En opinión de Larry Silver, M.D., psiquiatra de la Facultad de Medicina de la Universidad de Georgetown en Washington D.C., esa concentración tan intensa es, en realidad, un mecanismo de defensa.

“Es una forma de lidiar con la distracción”, dice Silver. “Los estudiantes universitarios con TDAH me dicen que entran intencionadamente en un estado de concentración intensa para realizar su trabajo. Los niños pequeños hacen lo mismo inconscientemente cuando hacen algo que les gusta, como ver una película o jugar en el ordenador. A menudo, ni siquiera son conscientes de que están enfocándose tan intensamente”.

¿Es malo el hiperfoco?

No hay nada intrínsecamente dañino en el hiperfoco. De hecho, puede ser un elemento positivo. Algunas personas con TDAH, por ejemplo, pueden canalizar su enfoque hacia algo productivo, como una actividad relacionada con la escuela o el trabajo. Otras se permiten a sí mismas hiperconcentrarse en algo como recompensa por completar una tarea aburrida pero importante.

“Muchos científicos, escritores y artistas con TDAH han tenido éxito en sus carreras, en gran parte, por su capacidad para concentrarse durante horas y horas en lo que están haciendo”, dice Nadeau.

Pero el enfoque intenso incontrolado a menudo es un lastre. Cuando no se controla, puede provocar fracaso escolar, pérdida de productividad en el trabajo y tensión en las relaciones con las amistades y en el hogar.

“Los niños con TDAH a menudo son atraídos por lo que les entretiene y emociona y son reacios a hacer lo que no quieren”, dice Joseph Biederman, M.D., jefe del programa de psicofarmacología pediátrica del Hospital General de Massachusetts, en Boston. “Combina esto con la mala gestión del tiempo y los problemas de socialización típicos de los niños con TDAH, y el niño puede terminar jugando solo con la Nintendo todo el fin de semana”.

Los adultos con TDAH cuentan historias de reuniones olvidadas o plazos incumplidos porque estaban tan absortos en algo que perdieron la noción del tiempo. En una historia clínica citada por Nadeau, una mujer con TDAH estaba tan concentrada en un proyecto que no se dio cuenta de que su casa se había incendiado. “Sólo cuando los bomberos recorrieron en la casa, buscando si quedaba alguien adentro, levantó la vista y se dio cuenta de lo que estaba pasando”, dice Nadeau.

¿Cómo puedo entrenar el hiperfoco de mi hijo?

Si un niño con TDAH tiende a perderse en una actividad que le apasiona, los padres o maestros deberían tomar medidas para limitar el tiempo que le permiten dedicar a esa actividad.

“Aunque esté tomando medicación para el TDAH, jugar con Nintendo siempre será más atractivo que estudiar un examen de matemáticas”, dice Biederman. “Así que sólo se le debe permitir jugar en periodos medidos, no durante todo el día”.

“Si tienes un niño que se hiperconcentra en su actividad favorita, tendrás que contrarrestar esta tendencia con una vigilancia extra a la hora de limitar el tiempo que dedica a esa actividad y de cuidar de que cumpla su horario”, dice Carol Brady, Ph.D., psicóloga de Houston. “También puede ser útil acordar con tu hijo por adelantado cuándo puede hacer esa actividad y cuándo no”.

Así pues, es esencial desarrollar un sistema que ayude a tus hijos a redirigir su enfoque. Cuando llegue el momento de concluir la actividad, Brady recomienda ser un poco flexible y, si es posible, esperar a una interrupción natural: cuando acabe un programa de televisión, por ejemplo.

Pero no basta con marcarle al niño un límite de tiempo y esperar que se detenga. “Les digo a los padres que tienen que hacer algo para romper el ‘trance’ en que se encuentra su hijo”, dice Silver, “como darle un toque en el hombro, mover una mano delante de su cara o ponerse delante de la televisión o de la pantalla del ordenador”. A menos que hagas algo así, puede que el niño no se dé cuenta de que tratas de llamar su atención.

“No es que estos niños sean desobedientes”, dice Nadeau. “Es que su cerebro no registra lo que estás diciendo. Por eso la interrupción nunca debe hacerse riñéndole, y por eso debes esperar unos minutos para que se produzca el cambio en la atención. Es casi como sacar a alguien de un sueño”.

Para ayudar a suavizar este proceso, Nadeau recomienda dedicar un tiempo a enseñar a tu hijo cómo funciona su cerebro. “Tu hijo debe comprender por qué le resulta difícil dejar de hacer algo en lo que realmente le gusta”, dice. “El niño también necesita saber que, por este motivo, puede que los maestros y los padres tengan que intervenir de vez en cuando para detener una actividad”.

¿Cómo puedo entrenar mi hiperfoco?

Para los adultos con TDAH, administrar los episodios de hiperfoco requiere establecer señales externas que redirijan su atención. “Este tipo de enfoque intenso no es algo que puedas coger y dejar sólo con decirlo”, dice Barkley.

Nadeau, que tiene TDAH, experimenta a menudo un hiperfoco cuando aborda una tarea escrita. Entonces pone un temporizador para recordarse a sí misma las citas a que tiene que acudir o las llamadas que tiene que hacer. Programar mensajes en el ordenador para que aparezcan en la pantalla en momentos preestablecidos, también puede ser útil. También recibir ayuda de tu pareja o de un compañero de trabajo. “Tuve un paciente que llegaba a estar tan absorto en su trabajo que entrenó a un colega para que le sacara de su oficina para las reuniones”, dice Nadeau.

Otro de los pacientes de Nadeau tenía la costumbre de trabajar en su ordenador después de cenar. “Se evadía por completo”, dice Nadeau, “hasta el punto en que su esposa se iba a la cama y él ni siquiera se daba cuenta. Simplemente seguía trabajando hasta las dos o las tres de la madrugada”. Exasperada, la esposa del hombre comenzó a desconectar literalmente su ordenador cuando llegaba la hora de acostarse. “Era la única forma de llamar su atención”, dice Nadeau.

Haciendo las tareas aburridas más apasionantes

En definitiva, la mejor manera de lidiar con hiperfoco no es combatirlo, sino aprovecharlo. “Si la escuela o el trabajo pueden hacerse estimulantes, atraparán la atención de la misma manera”, dice Nadeau.

“Los niños con TDAH requieren un mayor nivel de enseñanza”, dice William Sears, M.D., profesor clínico asociado de Pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de California en Irvine. “Un niño con TDAH se aburre pronto cuando tiene que memorizar un montón de fechas históricas. Pero si ayuda a escribir una obra de teatro sobre el tema y luego actúa en ella, va a destacar”.

Lo mismo vale para los adultos. “Un trabajo del que rindes cuentas en público y proporciona consecuencias inmediatas y agradables, puede ser ideal para las personas con TDAH”, dice Barkley. “Quizás esta es la razón por la cual el 35 por ciento de las personas con TDAH trabaja por cuenta propia cuando están en la treintena, una cifra muy superior a la media”.

El lado positivo del hiperfoco

Una vez aprendas a cambiar el hiperfoco en tu favor, puede ser una ventaja intrínseca. Abundan las historias sobre personas con TDAH que pueden concentrarse intensamente durante largos períodos de tiempo en proyectos complejos.

“Cuando dirigía anuncios para la televisión, nunca podía sentarme a hacer un informe de gastos”, dice Frank Coppola, de Nueva York, un entrenador de TDAH que tiene él mismo TDAH. “Pero en el estudio, tenía nueve cosas en marcha a la vez y podía centrarme en todas sin ningún problema”.

“Soy entrenador de béisbol”, señala Sears, “y siempre pongo a los niños con TDAH como lanzadores y receptores. Como lanzadores, su capacidad de hiperfoco les ayuda a centrarse en el objetivo, y como receptores, hace aumentar su conciencia del bateador. Los niños con TDAH son grandes porteros de hockey por la misma razón. Cuando el disco está en el otro extremo de la pista, están mirando a su alrededor, distraídos, pero tan pronto como el disco viene por la pista hacia ellos, hacen clic para hiperconcentrarse y ponerse muy alerta”.

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Secretos de tu cerebro TDAH

La mayoría de las personas está neurológicamente dotada para determinar qué es importante y motivarse para hacerlo, aunque no le interese. Luego estamos los demás, que tenemos déficit de atención – TDAH o TDA – y un cerebro alineado con él.

Escrito por William Dodson, M.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

El trastorno de déficit de atención (TDAH o TDA) es un trastorno confuso, contradictorio, incoherente y frustrante. Es abrumador para las personas que viven con él a diario. Los criterios de diagnóstico que se han utilizado durante los últimos 40 años dejan a muchas personas preguntándose si tienen o no el trastorno. Los diagnósticos tienen largas listas de síntomas para revisar y marcar. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5 tiene 18 criterios, y otras listas de síntomas citan hasta 100 rasgos.

Los médicos, yo incluido, hemos estado tratando de establecer una forma más simple y clara de comprender los impedimentos del TDAH. Hemos estado buscando la “línea clara y brillante” que defina el trastorno, explique la fuente de las deficiencias y dé indicaciones sobre qué hacer al respecto.

Mi trabajo en la última década sugiere que hemos olvidado algo importante acerca de la naturaleza fundamental del cerebro con TDAH. Volví a consultar a los expertos en el trastorno – los cientos de personas y sus familias con quienes trabajé y que fueron diagnosticadas con él – para confirmar mi hipótesis. Mi objetivo era buscar la característica que tienen todas las personas con TDAH, y que no tienen las personas neurotípicas.

La encontré. Es el sistema nervioso TDAH, una creación única y especial que regula la atención y las emociones de diferente manera que el sistema nervioso de quienes no tienen el trastorno.

La “marcha” TDAH

Casi todos mis pacientes y sus familias quieren abandonar el término Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, porque describe algo opuesto a lo que experimentan en cada momento de su vida. Es difícil llamar a algo trastorno cuando confiere muchos aspectos positivos. El sistema nervioso TDAH no está dañado ni es defectuoso. Es un sistema nervioso que funciona bien utilizando su propio conjunto de reglas.

A pesar de que el TDAH se asocia a las dificultades de aprendizaje, la mayoría de las personas con un sistema nervioso TDAH tiene un cociente intelectual significativamente mayor que la media. También usan ese mayor cociente intelectual de forma diferente que las personas neurotípicas. Cuando las personas con el trastorno llegan al bachillerato, suelen ser capaces de abordar problemas para los que los demás no tienen respuesta y llegar a soluciones que nadie más ve.

Los adultos con un sistema nervioso TDAH, en general, no son manifiestamente hiperactivos. Son hiperactivos internamente.

Quienes sufren el trastorno no tienen falta de atención. Prestan demasiada atención a todo. La mayoría de las personas con TDAH no tratado tiene cuatro o cinco cosas a la vez en la cabeza. El sello distintivo del sistema nervioso TDAH no es el déficit de atención, sino la atención inconsistente.

Todas las personas con TDAH saben que pueden “coger marcha” al menos cuatro o cinco veces al día. Cuando “han cogido marcha” no sufren ninguna discapacidad y los déficits de funciones ejecutivas que pudieran tener desaparecen. Las personas con TDAH saben que son brillantes e inteligentes, pero nunca están seguras de si sus habilidades aparecerán cuando las necesiten. El hecho de que los síntomas y discapacidades aparezcan y desaparezcan a lo largo del día es el rasgo definitorio del TDAH. Es lo que hace el trastorno desconcertante y frustrante.

Las personas con TDAH suelen “coger marcha” principalmente cuando están interesadas o fascinadas por lo que hacen. Es lo que llamo sistema nervioso basado en el interés. Hay amigos y familiares que les critican por ser poco fiable o egoísta. Cuando tus amigos dicen: “Puedes hacer las cosas que te gustan”, están describiendo la esencia del sistema nervioso TDAH.

Las personas con TDAH también “cogen marcha” cuando son desafiadas o lanzadas a un entorno competitivo. A veces, una tarea nueva o novedosa atrae su atención. Sin embargo, la novedad es efímera y todo se vuelve viejo al cabo del tiempo.

La mayoría de las personas con un sistema nervioso TDAH puede asumir una tarea y recurrir a sus habilidades cuando esa tarea es urgente; por ejemplo, una fecha límite a vida o muerte. Esta es la razón por la cual la procrastinación es una discapacidad casi universal en las personas con TDAH. Quieren hacer su trabajo, pero no pueden empezar hasta que la tarea se vuelva interesante, desafiante o urgente.

Cómo funciona el resto del mundo

Al 90 por ciento de las personas sin TDAH del mundo se les conoce como “neurotípicas”. No es que sean “normales” o mejores. Su neurología es aceptada y respaldada por el mundo. Para las personas con un sistema nervioso neurotípico, estar interesadas ​​en una tarea, sentirse desafiadas o encontrarla novedosa o urgente es útil, pero no es un requisito previo para hacerla.

Las personas neurotípicas usan tres factores diferentes para decidir qué hacer, cómo empezarlo y seguir con ello hasta terminar:

  1. el concepto de importancia (piensan que deben hacerlo).
  2. el concepto de importancia secundaria: están motivadas por el hecho de que sus padres, maestro, jefe o alguien a quien respetan piensa que es importante abordar y completar la tarea.
  3. el concepto de recompensa por hacer una tarea y consecuencia/castigo por no hacerla.

Una persona con un sistema nervioso TDAH nunca será capaz de utilizar la idea de importancia o recompensa para comenzar y hacer una tarea. Sabe qué es importante, le gustan las recompensas y no le gustan los castigos. Pero para esa persona, las cosas que motivan al resto del mundo son meros incordios.

La incapacidad de utilizar la importancia y las recompensas para motivarse tiene un impacto permanente en la vida de las personas con TDAH:

¿Cómo pueden estas personas elegir entre varias opciones, si no pueden utilizar los conceptos de importancia y recompensa financiera para motivarlas?

¿Cómo pueden tomar decisiones importantes, si los conceptos de importancia y recompensa no son útiles para tomar una decisión ni una motivación para hacer lo que eligen?

Comprender esto explica por qué ninguna de las terapias cognitivas y conductuales utilizadas para controlar los síntomas del TDAH tiene un efecto duradero. Los investigadores consideran que el TDAH es consecuencia de un sistema nervioso defectuoso o con un déficit. Para mí, el TDAH es consecuencia de un sistema nervioso que funciona perfectamente bien, de acuerdo con sus propias reglas. Desgraciadamente, no funciona según ninguna de las reglas o técnicas que se enseñan y fomentan en un mundo neurotípico.

Por esa razón:

Las personas con TDAH no encajan en el sistema escolar convencional, que se basa en repetir lo que otra persona considera importante y relevante.

Las personas con TDAH no prosperan en un trabajo convencional, que paga a la gente por hacer lo que otra persona (su jefe) considera importante.

Las personas con TDAH son desorganizadas, porque casi todos los sistemas de organización se basan en dos cosas – la priorización y la administración del tiempo – que a las personas con TDAH no se les dan bien.

Las personas con TDAH lo pasan mal cuando tienen que elegir entre alternativas, porque todas son igual de irrelevantes. Para ellas, todas las alternativas son parecidas.

Las personas con un sistema nervioso TDAH saben que, si se implican en una tarea, pueden hacerla. Lejos de ser productos defectuosos, las personas con un sistema nervioso TDAH son brillantes e inteligentes. El principal problema es que, al nacer, recibieron un manual de instrucciones neurotípico. Funciona para todas las demás, pero no para ellas.

No conviertas a las personas con TDAH en neurotípicas

Las implicaciones de esta nueva concepción son enormes. Lo primero que deben hacer los entrenadores, médicos y profesionales es dejar de intentar convertir a las personas con TDAH en personas neurotípicas. El objetivo debe ser intervenir lo antes posible, antes de que la persona se sienta frustrada y desmoralizada por la lucha en un mundo neurotípico, donde las cartas están en su contra. Un enfoque terapéutico que pueda llegar a funcionar donde ningún otro podría debe tener dos partes:

Nivela el campo de juego neurológico con medicación, de modo que el individuo con TDAH tenga capacidad de atención, control de impulsos y calma interior. Para la mayoría, se requieren dos fármacos diferentes para esto. Los estimulantes mejoran el rendimiento diario de una persona con TDAH, ayudándole a hacer las cosas. Pero no son efectivos para calmar la hiperexcitación interna que tienen muchas personas con TDAH. Para esos síntomas, la mayoría de las personas mejorarán agregando un medicamento alfa agonista (clonidina/Kapvay o guanfacina/Intuniv) al estimulante.

La medicación, sin embargo, no basta. Una persona puede tomar la medicación adecuada con la dosis correcta, pero nada cambiará si sigue afrontando las tareas con estrategias neurotípicas.

La segunda parte del tratamiento de los síntomas del TDAH es hacer que la persona cree su propio manual de instrucciones TDAH. Los manuales de instrucciones genéricos que se han escrito han sido decepcionantes para las personas con este trastorno. Estas, como las demás, crecen y maduran con el tiempo. Lo que interesa y desafía a alguien a los siete años no le interesará ni le desafiará cuando tenga veintisiete.

Escribe tus propias reglas

El manual de instrucciones TDAH debe basarse en los éxitos actuales. ¿Cómo “coges marcha” ahora? ¿Bajo qué circunstancias triunfas y prosperas en tu vida actual? En lugar de concentrarte en dónde fallas, has de identificar cómo te pones en acción y funcionas a niveles llamativos.

Suelo aconsejar a mis pacientes que lleven un bloc de notas o una grabadora durante un mes, para escribir o explicar cómo “cogen marcha”.

¿Es porque están interesados? Si es así, ¿qué les interesa concretamente de la tarea o situación?

¿Es porque se sienten competitivos? Si es así, ¿qué hay en su “oponente” o en la situación que libera los jugos competitivos?

Al final del mes, la mayoría de las personas ha recopilado 50 o 60 técnicas diferentes que funcionan. Ahora, cuando se les pide que actúen y se impliquen, entienden cómo funciona su sistema nervioso y qué técnicas son útiles.

He visto que estas estrategias funcionan para muchas personas con TDAH que dieron un paso atrás y descubrieron los factores desencadenantes a los que deben recurrir. Este enfoque no intenta transformar a las personas con un sistema nervioso TDAH en personas neurotípicas (como si fuera posible hacerlo), sino que les brinda una ayuda permanente, porque se basa en sus propias fortalezas.

 

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TDAH y adultos: consejos útiles contra el aburrimiento

Escrito por Margarita Tartakovsky, M.S. 
Traducido por la Dra Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés


El cerebro con TDAH se crece ante las tareas interesantes, desafiantes y novedosas, por lo que a las personas con TDAH les resulta muy difícil terminar algo que les aburra. Esto no tiene nada que ver con la pereza ni con ningún defecto del carácter.

Es más bien la naturaleza del TDAH. En su libro “El tabú del TDAH: derrotar al aburrimiento es el secreto para manejarlo”, Letitia Sweitzer define el aburrimiento como “la sensación de tener demasiado poca estimulación”. Incluye una cita del experto en TDAH Edward M. Hallowell, de su libro “Delivered from Distraction”. El Dr. Hallowell describe su propia experiencia con el aburrimiento como “sentirse como asfixiado”.

Sweitzer también cita este artículo de 2002 del psiquiatra de Colorado William W. Dodson:

Para las personas con TDAH, la capacidad de mantener la atención y el control de sus impulsos está determinada por un solo factor: si la tarea es interesante, deseada o desafiante, la persona con TDAH no tiene problemas de distracción ni de impulsividad. Si, por el contrario, la tarea es aburrida, resulta neurológicamente imposible no distraerse. Sólo el interés y el desafío determinan la capacidad de funcionar, no la importancia. Este ‘rendimiento basado en el interés’ viene a ser el síntoma característico para diagnosticar el trastorno y la clave para manejarlo con éxito, una vez pautado el tratamiento con fármacos.

La intolerancia al aburrimiento puede afectar a todos los aspectos de tu vida, desde completar tareas en el trabajo hasta cuidar de la casa. Cuando te aburres, dejas de estar atento, comienzas a buscar algo que te interese, olvidas los detalles, cometes errores por descuido y no haces lo que tienes que hacer.

Sin embargo, puedes poner en práctica estrategias para vencer el aburrimiento, que Sweitzer incluye en “El tabú del TDAH”. El libro está dirigido a médicos, maestros y cualquiera que trabaje con personas con TDAH. Ofrece valiosos consejos y estudios de casos. A continuación, os cuento algunos de estos consejos, que puedes probar por tu cuenta. O puedes hablar sobre los consejos de Sweitzer con tu entrenador o terapeuta y trabajar juntos para abrirte camino en el aburrimiento y conseguir tener las cosas al día.

Elementos de interés

Sweitzer propone averiguar lo que te interesa y aplicar esos elementos a tareas o situaciones aburridas. Ella llama a este concepto “Elementos de Interés”. Esto se refiere simplemente a “los aspectos subyacentes de una actividad que te interesan o entusiasman”. No a la propia actividad, como la historia o el fútbol, ​​porque ésta implica múltiples elementos de interés.

Por ejemplo, puede que te guste jugar al fútbol porque entre tus Elementos de Interés están la actividad física y la competición. O puede que te guste debido a la interacción social. Cuando tengas una comprensión mejor de los elementos específicos que te interesan de una actividad, puedes aplicarlos a actividades que normalmente te aburren.

En el libro, Sweitzer incluye una minuciosa lista de Elementos de Interés. Entre ellos: defensa, altruismo, competición, contemplación, curiosidad, peligro, drama, emprendimiento, ejercicio, actividad manual, humor, imaginación, maestría, naturaleza, novedad, acción física, resolución de problemas, ruptura de las reglas, relato, sorpresa, límite de tiempo, urgencia y variedad.

Las mayores alegrías

Una forma útil de descubrir tus Elementos de Interés es crear una lista de tus “10 mayores alegrías”. Según Sweitzer, consiste en anotar 10 ocasiones, acontecimientos o actividades de tu vida que te han proporcionado la mayor alegría, satisfacción o felicidad. Luego, para cada una, pregúntate: ¿qué hizo que esto me produjera alegría? “La fuente de tus alegrías son tus Elementos de Interés”, escribe Sweitzer.

Agregar interés a las tareas aburridas

Hay muchas maneras de incorporar elementos interesantes para ti a tareas que te resulten tediosas. Por ejemplo, si la actividad física es un Elemento de Interés para ti, bota una pelota de baloncesto mientras practicas tu presentación o discurso. Tira a canasta después de cada viñeta. O camina mientras haces llamadas telefónicas.

Sweitzer trabajó con una paciente que tenía un trabajo temporal aburrido, muy por debajo de su capacitación. La parte más aburrida era esperar que un ordenador súper lento cargase la siguiente tarea en la pantalla. Se les ocurrió que la paciente hiciera ejercicio con pesas o bandas de resistencia mientras esperaba. A ella no le importaba hacer esto delante de sus compañeros de trabajo.

Si la imaginación es un Elemento de Interés, puedes soñar despierto mientras realizas una actividad que no requiera toda tu atención, como doblar la ropa o esperar que se imprima un informe. También puedes usar la imaginación para satisfacer otros elementos. Si la competición es importante, “marca un gol por cada tarea o cada paso de una tarea completados”. Si los aplausos son importantes, imagina un público elogioso para cada proyecto que completes.

Consejos adicionales

Sweitzer sugiere que aprendas todo lo posible sobre el trabajo que realizas, para que lo encuentres más interesante. Como ella escribe, “cuanto más sabes sobre un tema, más interesante puede ser para ti”.

También podría ser de ayuda una tormenta de ideas que respondan a esta pregunta: “¿Qué puedes hacer para transformar la sensación de vacío o aburrimiento en una experiencia satisfactoria?”

Cuando las personas con TDAH no se sienten estimuladas, se aburren. Es algo habitual y fácil de comprender. Pero afortunadamente, puedes encontrar formas de hacer las tareas más interesantes y conseguir terminarlas.

 

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El colegio es un mal lugar para tener TDAH

Escrito por Neil Petersen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Cuando un estudiante con TDAH tiene dificultades en la escuela, el problema es del estudiante, ¿verdad? Al fin y al cabo, si no tuviera TDAH, tampoco tendría dificultades.

Es cierto que los síntomas del TDAH – inatención, falta de motivación y desorganización – interfieren con el rendimiento académico de los estudiantes y que tratar esos síntomas puede ayudar a éstos a tener éxito en clase.

Pero estamos olvidando algo cuando hablamos del TDAH como de un problema que se trata sólo cambiando al estudiante. Tratar los síntomas y ayudar a los estudiantes a desarrollar mejores estrategias de manejo es importante, pero hay soluciones que van más allá del estudiante individual.

Parte del problema está en la forma en que está estructurada la escuela. La forma en que se lleva a cabo la educación hoy día le va extraordinariamente mal a un cerebro con TDAH. Si quisiéramos diseñar un entorno que causara problemas sistemáticamente a niños y jóvenes con TDAH, probablemente no sería muy diferente a una escuela actual cualquiera.

Lo que esto significa es que, si bien los síntomas del TDAH interfieren con la capacidad de los estudiantes para aprender en cualquier ámbito, la forma en que funcionan las escuelas empeora el problema.

El modelo básico de aprendizaje en una escuela tipo consta de dos etapas. En la primera, te sientas a asimilar información escuchando a los maestros hablar durante un largo período de tiempo. En la segunda etapa, se califica tu capacidad de aplicar, de manera constante y aplicada al detalle, la información que has asimilado.

Ambas fases del proceso educativo tradicional plantean serios problemas a las personas con TDAH.

La primera fase es la lección, en la que los profesores transmiten sus conocimientos a los estudiantes. Esta es la cuestión: el cerebro con TDAH está diseñado para rehuir situaciones poco estimulantes. Siempre busca cosas estimulantes y gratificantes y le resulta especialmente difícil centrarse en cosas que no lo son.

Ahora bien, ¿se te ocurre algo menos estimulante y gratificante que escuchar a alguien hablar durante una hora? Dado que los estudiantes con TDAH no pueden obligarse a centrarse en cosas que no les estimulan, pasan gran parte de las clases sin prestar atención, lo quieran o no. Lo que significa que mucha de esa información que se supone que asimilan, en realidad no se asimila.

La segunda fase son los exámenes y los deberes, donde los estudiantes son evaluados por su capacidad de aplicar de manera constante la información que han asimilado. Obviamente, habrá problemas si previamente no han asimilado esa información. Pero hay un problema más profundo.

Estoy diciendo intencionadamente que a los estudiantes se les evalúa por su “capacidad de aplicar de manera constante la información que han asimilado”. La idea clave aquí es la constancia. Las calificaciones son una medida de la capacidad de los estudiantes para ser constantes y realizar de manera constante las tareas que se les encargan.

Lo que hace esto complicado es que los estudiantes con TDAH son por naturaleza menos constantes que quienes no lo tienen. Al tener una capacidad limitada para autorregular su atención y su motivación, les suele ir bien en las materias que por naturaleza les interesan ​​y no en las que no les interesan. Suele haber una brecha mayor entre lo que hacen bien y lo que no hacen bien.

Pero lo fundamental de las calificaciones se basa en tu capacidad de realizar de una manera constante todas las tareas que te encargan en la escuela, estén o no relacionadas con temas que te resulten interesantes. A un estudiante con TDAH puede apasionarle un tema en particular, e incluso podrá destacar en él dentro de algunos cursos, cuando tenga la posibilidad de centrarse en esa materia (por ejemplo, eligiéndola en la Universidad). Pero, dado que carece de la capacidad de ejecutar tareas con constancia en todas las materias, sus calificaciones se resentirán.

Otro punto a tener en cuenta es que las notas miden la capacidad de los estudiantes para realizar tareas orientadas a los detalles, no su comprensión conceptual de la materia. Una vez más, esto perjudica a los estudiantes con TDAH, que suelen tener una diferencia mayor entre lo que saben y lo que hacen. Por ejemplo, un estudiante con TDAH puede saber perfectamente cómo resolver un problema de álgebra, pero escribir un resultado incorrecto en el examen, debido a errores por descuido o a falta de tiempo por inatención.

La cuestión es que, si bien los síntomas del TDAH pueden interferir con el aprendizaje en general, parte del problema es que la estructura de la escuela choca con la forma de funcionar de un cerebro con TDAH.

Ciertamente, los estudiantes tienen mucho que ganar si usan herramientas que les ayuden a manejar sus síntomas, a nivel individual. Pero como sociedad, creo que deberíamos ser un poco más ambiciosos y no poner toda la carga sobre el estudiante individual: deberíamos tratar de hacer que el sistema educativo funcione mejor para los estudiantes con TDAH y otros trastornos del aprendizaje.

De entrada, hay dos posibles soluciones que saltan a la vista a partir de lo que he planteado.

La primera, que hay mucho margen para usar técnicas de enseñanza más activas, en lugar de hacer que los alumnos escuchen pasivamente largas lecciones. Esto es importante para los estudiantes con TDAH y tengo la ligera sospecha de que también podría ser útil para muchos estudiantes sin problemas de aprendizaje.

En segundo lugar, tenemos que analizar qué tratamos de conseguir realmente con las calificaciones. Esto significa plantearnos qué se califica, qué estándares de calificación establecemos, qué aparece en el boletín de notas y cómo se usan esas notas para limitar el acceso a instituciones como las universidades. Una vez más, los estudiantes con TDAH tienen mucho interés en esto, pero hemos de considerar la posibilidad de que todo el proceso de calificación se haya ido de las manos para todos los estudiantes.

En términos más generales, debemos hacer que las escuelas sean más flexibles al aceptar el hecho de que diferentes personas aprenden de diferentes maneras. Para cada estudiante hay un entorno óptimo diferente, dependiendo en parte de si tienen trastornos como TDAH o dislexia, y en parte de cuáles son sus fortalezas y debilidades individuales.

La solución a este último problema es un poco más compleja. Una posibilidad que veo es que la tecnología permita en el futuro que los estudiantes tengan procesos de aprendizaje más personalizados. Pero creo que el primer paso es simplemente reconocer que hay un problema y ​​que la responsabilidad de ayudar a los estudiantes con TDAH a salir adelante en la escuela no es sólo del propio estudiante.

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Un estudio a gran escala mediante IRM confirma diferencias en el cerebro relacionadas con el TDAH

Publicado por The Understood Team en el blog ADHD Research Roundup

Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu

Texto original en inglés

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Un estudio a gran escala ha mostrado diferencias en el tamaño del cerebro entre niños con y sin TDAH. La investigación también indica que estas diferencias parecen disminuir a medida que los niños con TDAH maduran y llegan a la edad adulta. El estudio fue publicado en “The Lancet” y financiado por los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU.

Se trata de uno de los estudios a mayor escala realizados sobre el TDAH y el cerebro. Los investigadores han observado Imágenes por Resonancia Magnética (IRM) del cerebro de más de 3.000 niños y adultos.

Entre estos había hombres y mujeres de edades comprendidas entre cuatro y sesenta y tres años. Un poco más de la mitad, con TDAH. Las imágenes fueron tomadas en 23 lugares diferentes de los Estados Unidos, Europa, China y Brasil.

Los expertos de Understood Ellen Braaten, Thomas E. Brown y Bob Cunningham han revisado el estudio. Aquí están las conclusiones.

Hallazgos clave

Los investigadores compararon siete regiones del cerebro en personas con y sin TDAH. Encontraron algunas diferencias significativas en el tamaño del cerebro:

  • Cinco de las siete regiones cerebrales eran más pequeñas en los niños con TDAH.
  • La mayor diferencia de tamaño se daba en la amígdala. Esta región del cerebro está relacionada con el control emocional y el autocontrol. También desempeña un papel en la capacidad de priorizar acciones. Las áreas relacionadas con la memoria y el aprendizaje también eran más pequeñas.
  • La medicación para el TDAH no era la causa de estas diferencias. Los niños que habían tomado medicación mostraban el mismo patrón de diferencias que los que nunca la habían tomado.
  • Estas diferencias de tamaño no existían en adultos con TDAH. Después de la adolescencia, el tamaño era similar en las personas con y sin TDAH.

Este es el primer gran estudio que analiza las diferencias en el tamaño del cerebro y el TDAH. Los estudios anteriores se referían a una población demasiado pequeña para resultar fiables. También eran poco coherentes en la forma de medir las diferencias cerebrales.

“Lo que hace este estudio es desarrollar algo que ya sabemos: existen diferencias en la estructura del cerebro de las personas con TDAH”, dice Brown. “Aunque el TDAH es un problema funcional, está conectado a algo estructural”.

Conclusiones para los padres

Se trata de un estudio fiable y significativo, que confirma que el TDAH es un trastorno localizado en el cerebro. Se disipan algunos de los mitos sobre el TDAH, como que “no es real”. Eso puede ayudar a reducir el estigma, tanto de los niños como de los padres.

Sin embargo, esto no significa que los escáneres cerebrales puedan usarse para diagnosticar el TDAH. Los investigadores observaron muchas imágenes y encontraron diferencias entre muchas personas. Pero esas diferencias pueden existir o no para un niño en particular.

Y aunque el estudio muestra que los cerebros de los niños parecen madurar al llegar a adultos, esto no significa que los síntomas del TDAH desaparezcan. El TDAH es un trastorno que dura toda la vida. Pero existen tratamientos efectivos y estrategias útiles.

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10 mujeres hablan sobre vivir con TDAH

10 mujeres hablan sobre vivir con TDAH

Escrito por Tessa  Miller
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Photo: Nick Dolding/Getty Images

La semana pasada, un informe de los CDC[1] reveló que, entre 2003 y 2015, las recetas de fármacos para tratar el TDAH extendidas a mujeres estadounidenses de entre 30 y 34 años aumentaron un 560%. En mujeres de entre 25 y 29 años, el aumento fue de un 700%. Los fármacos más recetados, según el informe, fueron Adderall, Vyvanse y Ritalin, y las tasas de prescripción en los estados del sur y del oeste fueron las que más aumentaron.

Al tiempo que aumentan los diagnósticos de TDAH en niños, los expertos no se ponen de acuerdo sobre si los médicos asignan esa etiqueta (y las consiguientes recetas de estimulantes) con demasiada generosidad. Con el informe de los CDC, esta controversia alcanza ahora a las mujeres adultas.

Durante años, el paciente típico de TDAH era un chico blanco con hiperactividad, y la investigación refleja ese sesgo. En 2016, solo el uno por ciento de la investigación del TDAH se centró exclusivamente en las niñas. Esa investigación muestra que el TDAH se presenta de manera muy diferente en las chicas que en los chicos, que los síntomas pueden empeorar en ellas tras la pubertad (mientras que en ellos se atenúan) y que las chicas suelen esforzarse más en ocultar y manejar su trastorno. Por estas y otras razones, el TDAH pasa a menudo desapercibido hasta la edad adulta. Un informe de Quartz llegó a llamar a estas mujeres “generación perdida”.

Y algunas mujeres desarrollan TDAH de adultas sin haber experimentado síntomas de niñas; es lo que se conoce como “TDAH de aparición tardía”. La investigación es aún muy limitada, pero los estudios han demostrado que las personas con TDAH de aparición tardía son, en su mayoría, mujeres. Todavía no está claro si se trata de un trastorno completamente diferente del TDAH infantil o si es el mismo trastorno, que se pasó por alto en la infancia.

Lo que está claro es que el TDAH tiene un diagnóstico complejo, aún más cuando el paciente es una mujer. Hemos hablado con diez de esas mujeres – algunas diagnosticadas en la infancia, otras en la edad adulta – sobre sus síntomas, medicación, mecanismos de adaptación y demás.


“Hay una atracción en los parques de aventura llamada “Revuelve mentes” (Mind Scrambler) que hace girar los asientos en sentidos opuestos, cada vez más deprisa, mientras te arroja de una esquina a otra, una y otra vez. El TDAH es algo parecido, pero no resulta divertido; sólo deseas que pare de una vez. Casi todas las personas tienen días en los que se sienten desorganizadas o tienen problemas para marcar prioridades o concentrarse, pero resulta agotador sentirse así todos los días.

Fui diagnosticada hace un par de años y todavía me obsesiona la parte del “trastorno”. ¿Cómo puedo tener un trastorno de aprendizaje si me gusta tanto aprender? ¿no tengo ya bastantes cosas con las que lidiar? Pero tener TDAH no significa que no seas inteligente o atenta o capaz; no es una cuestión de que algo esté mal o no funcione. Es sólo otra forma de ser “.


“Creo que los demás nos consideran egoístas o narcisistas. Realmente hay muchas cosas que nos inspiran. Me doy cuenta de tantas cosas interesantes como hay y resulta muy difícil desconectar. Quiero de veras hacer cien cosas a la vez, me siento hundida cuando no puedo, pero lo intento de todos modos. Todo parece interesantísimo e importantísimo.

Cuando era joven, i TDAH] se despachaba como un problema de conducta. Crecí en los años 80 en el sur. No podía permanecer sentada en mi asiento, siempre interrumpía a los maestros, y estaba constantemente aburrida. Fue un alivio, sinceramente, tener una receta que me ayudara a hacer las actividades básicas y a enfocarme para que no me echaran de la escuela. Todavía tomo Adderall cuando hay plazos y proyectos de alta prioridad que afectan a muchas personas, pero no a diario”.


“El mayor problema para mí es manejar los retos diarios de ser adulta. Hay facturas que olvido pagar. He olvidado ir a trabajar, porque mi horario cambia a menudo. Me olvido constantemente de los planes que hago con mis amigos. Me olvido de poner notas en mi agenda. Pierdo las llaves. Perdí mi pasaporte. Perdí mi bolso con la cartera y los carnés. Pierdo constantemente la noción del tiempo. Me olvido de ducharme. A menudo me dejo el bolso en las cafeterías. Voy hasta el metro y tengo que volver a casa porque se me ha olvidado la cartera. Constantemente tengo que comprobar tres veces que llevo todas mis cosas. Llevo muy retrasado el papeleo y me agobian las cuestiones prácticas.

Por otro lado, soy pintora. Mi arte me atrae como un imán y estar trabajando día y noche. A menudo sueño despierta. Siento que este aspecto del TDAH ha proporcionado a mi mente un mundo interior profundo y evocador y una rica imaginación”.


“Tienes que usar mecanismos de adaptación además de la medicación, de lo contrario te estás engañando a ti misma. Una de las cosas más locas que aprendí sobre mí a través de los resultados de mi prueba de TDAH fue que tengo unas increíbles dificultades con las prioridades; nunca pensé que fuera un síntoma. A veces, incluso cuando tomo Adderall, tengo que hablar literalmente conmigo misma y decir: ‘¿Es esto lo más importante que debería estar haciendo en este momento?’ Si no es así, me digo a mí misma que tengo que parar e ir a hacer otra cosa más importante.

Yo lo describiría como que tu cerebro tiene una vida secreta. Está por ahí, yendo por su cuenta, pero todavía muy presente en tu cuerpo, por lo que te ves arrastrado por él mientras vuelves a ver The Office, en vez de estudiar para el gran examen de mañana. Todo parece muy inocuo hasta que suspendes o tropiezas en el trabajo y piensas, ‘¿Cómo ha podido pasar?’


“Ya no tomo medicación; manejo mis síntomas con cafeína. Confío en las notificaciones de Google Calendar y en los recordatorios de Google Assistant para gestionar las tareas cotidianas. He utilizado recordatorios digitales de diversos tipos desde que tuve mi primera Palm Pilot en la universidad. Con los años, he aprendido que trabajo mejor por la noche, así que en lugar de combatirlo, he descubierto formas de adaptar mi horario a eso.

El TDAH no significa necesariamente saltar contra las paredes. Yo nunca fui particularmente movida de niña, por lo que no fui diagnosticada hasta después de la universidad. También se puede manifestar en el niño tranquilo que siempre está en las nubes y que puede pasarse horas leyendo, completamente ajeno a todo lo que sucede a su alrededor. Mi madre me pedía que hiciera las labores de casa mientras leía. Yo respondía que iba a hacerlo, pero varias horas más tarde aún no las había hecho. Ni siquiera era consciente de que me hubieran pedido que hiciera algo (ni de que yo hubiera respondido)”.


“No puedo explicar lo emotivo que fue el diagnóstico. Lo había sufrido toda mi vida, sin terminar la carrera que empecé, no entendía por qué me interesaban ciertos temas o actividades que, sin embargo, no podía terminar cuando debía. No tenía ni idea de que mi problema fuera el TDAH y ​​mi psiquiatra me dejó completamente alucinada cuando me lo diagnosticó después de las pruebas. Pasé muchas dificultades en el instituto y en la universidad, pese a todos mis esfuerzos.

Es extremadamente frustrante saber que he pasado por la vida con este trastorno y que podría haber tenido éxito, en vez de fracasar. Ahora tomo medicación, entiendo mis contratiempos y me va bien en mi trabajo. He recibido múltiples ascensos y estoy viviendo según mi verdadero potencial”.


“Al principio, yo era muy reservada sobre mi diagnóstico. Tenía sentimientos encontrados al respecto (que continúan), pero en aquel entonces lo consideraba un defecto personal y me preocupaba el estigma. Sabía que el TDAH no estaba bajo mi control y no era culpa mía, pero lo sentía como un fracaso personal. Siempre había compensado en la escuela y profesionalmente, y me iba bien, pero no era suficiente. Yo no era lo que podría ser, y eso era lo que importaba.

Mis maestros en la escuela primaria siempre les decían a mis padres que yo era muy inteligente, pero que no hacía todo lo que podía. Estaba en clases para superdotados, pero no podía organizarme para entregar los trabajos a tiempo ni conseguía localizar el trabajo que había hecho y perdido. Mi hermano, que es tres años más joven que yo, fue diagnosticado al principio de la escuela primaria, pero nadie me lo sugirió a mí hasta casi los treinta años. Mi hermano era muy activo y fracasaba en la escuela; yo era tranquila y tenía notas aceptables, pese a no rendir conforme a mi capacidad”.


“Era bastante reacia a tomar medicación porque en mi familia hay casos de adicciones. No me gustó cómo me sentaron los dos primeros medicamentos que probé. El tercero fue Adderall y le tenía miedo; solo tomé un cuarto de la dosis prescrita y luego guardé la botella. Cuando una amiga enfermera vino a verme y se lo conté, me dijo, de forma suave pero firme: “¿Por qué no pruebas la medicación, tal como te la recetaron, durante al menos dos semanas?”

La primera vez que tomé la dosis prescrita, se abrió una ventana en mi cerebro y un sistema de organización comenzó a implantarse. Cada cosa fue mejor y mejor. Durante años con la misma dosis, cada faceta de mi vida se fue haciendo más manejable. Y cuando tomé descansos del medicamento, noté que podía centrarme en el trabajo durante muchas más horas que nunca. Sentí que podía construir nuevos hábitos de enfoque de una manera que antes no podía”.


“Mi energía es lo mejor y lo peor del mundo. Soy un huracán de tamaño medio, lo que puede ser maravilloso cuando ese poder se dirige de una manera positiva. Si puedo ponerme en marcha, soy imparable. Tengo una buena amiga que una vez me dijo que soy la mujer más “injodible” que ha conocido. Pero en las relaciones, toda esa energía y aburrimiento y derroche cuando no estoy comprometida es un defecto terrible. Se me dan mal las relaciones: me aburro o quiero aferrarme demasiado. Un novio una vez rompió conmigo usando este ejemplo, “Las plantas se mueren si reciben demasiada agua, igual de rápido que si no reciben la suficiente”. Simplemente, no sé encontrar el equilibrio.

Interrumpo mucho a la gente. Siempre lo he hecho. Es algo que odio de mí misma, pero no puedo evitar soltar lo que pienso. No quiero decir que sea mandona o agresiva, ni ninguna de esas palabras que utilizamos para describir a las mujeres poderosas. Creo que se considera que las mujeres hiperactivas necesitan atención, y se suele hablar mal de las mujeres que necesitan atención. Pero yo no necesito atención, ¡lo que me pasa es que no puedo prestar atención!”


“De niña era una ‘empollona’, pero siempre tenía que estudiar mucho más que mis compañeras. Durante toda la escuela, también tuve problemas de comprensión de lectura. Los demás podían leer una página de un libro de texto o un capítulo de una novela e inmediatamente responder preguntas; yo no, yo tenía que leerlo tres o cuatro veces, eso si no me distraía, porque entonces tenía que volver a empezar de nuevo. Cuando estudiaba, tenía que leer un capítulo, volver a leerlo para subrayar lo importante, luego leer las partes subrayadas para poder tomar notas sobre ellos, entonces subrayar mis notas y por fin, leer las partes subrayadas de mis notas. Hacia el final de la escuela secundaria y durante todo el bachillerato, tenía que encerrarme en el baño para tener un silencio completo y ninguna distracción. Solía pasar horas leyendo y estudiando allí.

Hoy, como profesional de la salud mental, me doy cuenta de que, como yo era inteligente y tenía excelentes calificaciones, el TDAH nunca se consideró siquiera. No creo que nadie siquiera pensara que hubiera un problema, y yo ​​simplemente asumí que así eran las cosas. Llegué cursar un postgrado utilizando las mismas técnicas que toda mi vida. Pero recibir este diagnóstico supuso un punto de inflexión”.


[1] Centers for Disease Control and Prevention, agencia gubernamental de los EE.UU. para la prevención y el control de enfermedades (N. de la T.)

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Diez cosas que deberían saber los padres de niños “normales”

Escrito por Jami Ingledue
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Por favor, no nos digas que deberíamos “intentar tal cosa” o que nuestro hijo “debería estar haciendo tal otra”.

Si te encontraras con mi hija por la calle, pensarías que es perfectamente normal. Encantadora e ingeniosa, incluso. Lo que no sabes es que ha pasado su joven vida luchando con discapacidades y enfermedades que no puedes ver.

Muchos niños que sufren depresión, trastorno de ansiedad generalizada (que no es lo mismo que la angustia del adolescente), TDAH, déficit de las funciones ejecutivas, TND, dislexia o problemas sensoriales o están en el espectro autista pueden “pasar por normales” y sus síntomas, atribuirse a mala conducta o (lo más popular) a mala crianza por parte de sus padres.

Pero no es tan simple. He aquí algunas cosas que los padres de niños “neuro-divergentes” quieren que sepas.

1. El problema NO es que nosotros, o nuestros hijos, no nos esforcemos lo suficiente

La verdad es que luchan contra dificultades abrumadoras y eso resulta agotador. Así, muchos de ellos están exhaustos tras mantener la compostura en la escuela todos los días. A muchos se les da bien compensar y trabajan muy duro para ser “normales”. Pero cuando vuelven a casa, todo se va al infierno. Y ellos se vienen abajo estrepitosamente.

2. Lo hemos intentado todo

Por favor, no nos digas que deberíamos “intentar tal cosa” o que nuestro hijo “debería estar haciendo tal otra”. ¿Crees que no hemos probado ya todas las soluciones del mundo? ¿Crees que no nos preocupamos cada minuto de cada día porque nuestro hijo no esté donde debe estar y no nos preguntamos cómo demonios se las arreglará en este mundo? Lo hemos hecho. Hemos pensado en todas las soluciones imaginables. Nunca, nunca se nos quita la preocupación y, en muchos casos, puede que estemos así toda su vida.

Además, a menudo los profesores, médicos, administradores escolares, suegras… no nos creen ni confían en nosotros. Tenemos que pelear por cada adaptación, por cada volante médico, por cada cobertura de seguro, por todo.

3. Le hemos dado mil vueltas a la decisión de medicar

Ningún padre toma a la ligera la decisión de medicar a sus hijos, especialmente con psicofármacos estimulantes. Para nosotros, no se trata de optar por “la solución fácil”. Como si fuera fácil ir a la farmacia todos los meses, gastarnos el dinero y conseguir que nuestro hijo se trague una pastilla cada día. Hemos hablado con doctores y profesores, hemos hecho pruebas, hemos rellenado un millón de formularios, hemos pasado noches en blanco preguntándonos si hemos tomado la decisión correcta.

4. Las consecuencias naturales no funcionan como con los niños “normales”

Una niña del espectro autista NO siempre comerá, aunque tenga hambre. Un niño con ansiedad NO siempre aprenderá de su error cuando olvida sus deberes. En cambio, es probable que ceda ante sus ansiedades e inseguridades y se dé por vencida, reprendiéndose a sí misma por su fracaso.

Puede parecer que mimamos a nuestros hijos. Podemos parecer “padres helicóptero”. Pero no es tan sencillo. No siempre podemos dejar que nuestros hijos actúen por su cuenta y aprendan a resolver sus propios problemas, porque ellos no reaccionan ni aprenden como los niños “normales”.

5. Un enfoque autoritario, “de arriba hacia abajo”, no funciona con estos niños

Los intentos de educar de esa manera probablemente lleven a aumentar su ansiedad, a que se cierren en banda o un espectacular berrinche. Los límites y las restricciones son muy importantes, pero si esperamos que su comportamiento cambie sólo porque los mandamos un tiempo fuera o los castigamos, es que no comprendemos en absoluto el problema.

6. Hay horas, horas y más horas de entrenamiento entre bastidores que no ves

Todo ese trabajo cuesta tratar de entrenar su cerebro para que pueda manejar su trastorno y avanzar en el mundo. En nuestro caso, fueron horas de terapia cognitiva-conductual para aprender a lidiar con la ansiedad y a no cerrarse en banda. Horas de hacerle comprender sus ataques de ansiedad y sus episodios depresivos.

7. Si llegamos tarde o faltamos a alguna celebración, no es porque seamos desorganizados o no te respetemos

Probablemente ha sido porque hubo un ataque de gritos o de ansiedad y no pudimos lograr que nuestra hija saliera de su habitación, se duchase o se pusiera los zapatos. Y he llegado media hora tarde porque me ha costado todo ese tiempo hacerle comprender a mi hija su ataque de pánico, y luego he tenido que dedicar cinco minutos a llorar en el coche y recuperar fuerzas. Y no siempre podemos acudir adonde nos invitan porque es MUY DIFÍCIL y ya estamos agotados. No es que te estemos ignorando.

8. Es interminable

No podemos contratar a una niñera, dejar a nuestros hijos en el campamento, inscribirlos para deportes de equipo o darles la libertad de un adolescente normal. Cada decisión conlleva cierta tensión. Es algo incesante y siempre estamos temiendo que todo vuelva a venirse abajo.

9. Nos sentimos solos

Es difícil hablar sinceramente con otros padres sobre nuestros hijos y sus logros. ¿Tu hijo está en el cuadro de honor? Estupendo. El mío no se ha suicidado. ¡Bravo! No es una conversación ideal.

10. Nuestros hijos son marginados a menudo y les cuesta hacer y mantener amigos

Y eso nos rompe el corazón. Una y otra vez.

Así que, por favor, cuando la voz crítica de tu cabeza (yo también la tengo) comience a decirte que los padres de ahora no pueden con sus hijos: para. Permite que haya una voz más amable que te recuerde que no podemos saber lo que pasa en la vida de los demás, y todos lo hacemos lo mejor que podemos. Estamos llevando un gran peso, y necesitamos ayuda para levantarlo, no la carga extra de las críticas.

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Tres características que definen el TDAH y todos pasan por alto

Los síntomas de TDAH que aparecen en los libros – inatención, hiperactividad e impulsividad – no reflejan varias de las características más relevantes: las que configuran tus percepciones, emociones y motivación. El Dr. William Dodson explica aquí cómo reconocer y manejar las auténticas características que definen el TDAH.

Escrito por William Dodson, M.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

El DSM-V, la biblia del diagnóstico psiquiátrico, enumera 18 criterios diagnósticos para el Trastorno por Déficit de Atención (TDAH o TDA). Los médicos lo usan para identificar los síntomas, las compañías de seguros lo usan para determinar la cobertura y los investigadores lo usan para determinar las áreas que han de estudiarse.

El problema es que estos criterios sólo describen cómo afecta el TDAH a niños de entre 6 y 12 años, y eso ha llevado a diagnósticos erróneos, malentendidos y tratamientos fallidos en adolescentes, adultos y ancianos.

La mayoría de las personas, médicos incluidos, sólo tiene una vaga comprensión de lo que significa el TDAH. Suponen que equivale a hiperactividad y falta de concentración, principalmente en niños. Están equivocados.

Cuando damos un paso atrás y preguntamos: “¿Qué es lo que tienen en común todas las personas con TDAH y que no experimentan las personas sin TDAH?”, un conjunto diferente de síntomas toma forma.

Desde esta perspectiva, surgen tres características definitorias del TDAH que explican todos los aspectos del trastorno:

  1. sistema nervioso basado en el interés
  2. sobreexcitación emocional
  3. sensibilidad al rechazo

1. Sistema nervioso basado en el interés

¿Qué es un sistema nervioso basado en el interés?

A pesar de su nombre, el TDAH en realidad no provoca un déficit de la atención. Lo que provoca es una atención irregular que sólo se activa en determinadas circunstancias.

Las personas con TDAH a menudo dicen que “se enchufan” o “cogen ritmo”. Son formas de describir un estado de hiper-foco; una concentración intensa en una tarea particular, durante la cual el individuo siente que puede lograr cualquier cosa. De hecho, se puede centrar tanto que el adulto con TDA llega a perder por completo el sentido del tiempo.

Este estado no se activa por una orden del profesor o un encargo del jefe. Sólo puede provocarlo una sensación momentánea de interés, competición, novedad o urgencia debida al final de un plazo a vida o muerte.

El sistema nervioso con TDAH está basado en el interés más que en la importancia o la prioridad.

¿Cómo reconocer un sistema nervioso basado en el interés?

A menudo, los médicos preguntan: “¿Puedes prestar atención?” Y la respuesta suele ser: “A veces”.

Esta es una pregunta equivocada. Los padres, seres queridos y maestros que responden con frecuencia reconocen frustración, porque te han visto concentrarte en algo que te gusta – como los videojuegos – durante horas, por lo que tu incapacidad para lograr esa misma concentración en otras tareas y proyectos se interpreta como actitud desafiante o egoísta.

Lo que los médicos deberían preguntar es: “¿Alguna vez has podido involucrarte y mantenerte involucrado?” Y también, “Una vez te has comprometido, ¿alguna vez has visto que no podías hacer algo?”

Cualquier persona con TDAH responderá algo como lo siguiente: “Siempre soy capaz de hacer cualquier cosa que yo quiera, siempre que me involucre por interés, desafío, novedad, urgencia o pasión”.

Nunca he podido recurrir a las tres cosas que organizan y motivan a los demás: importancia, recompensas y consecuencias”.

¿Qué se puede hacer para manejar un sistema nervioso basado en el interés?

Un plan eficaz de manejo del TDAH necesita dos partes:

  • medicación para nivelar el terreno de juego neurológico
  • un nuevo conjunto de reglas que te enseñe a involucrarte a demanda

Los medicamentos estimulantes son muy buenos para evitar que las personas con TDAH se distraigan una vez que están involucradas, pero no ayudan a involucrarse desde el principio.

Los sistemas de planificación y organización suelen estar diseñados para cerebros neurotípicos que utilizan la importancia y el tiempo para despertar la motivación. En tu caso, debes crear tu propio “manual del propietario” para despertar el interés, centrándote en cómo y cuándo rindes más, y creando esas circunstancias desde el principio.

Este trabajo es muy personal e irá cambiando con el tiempo. Puede incluir estrategias como “duplicar el cuerpo” o pedirle a otra persona que se siente contigo mientras trabajas. O “inyectar interés” transformando con imaginación una tarea que, de otra manera, sería aburrida. Por ejemplo, una estudiante de Anatomía aburrida de estudiar puede imaginarse que está aprendiendo para salvar la vida de su estrella favorita.

2. Sobreexcitación emocional

¿Qué es la sobreexcitación emocional?

La mayoría de las personas cree que el TDAH produce una hiperactividad visible. Esto sólo ocurre en el 25% de los niños y el 5% de los adultos. El resto experimenta una sensación interna de sobreexcitación. Cuando pido a personas con TDAH que lo expliquen, dicen:

  • “Siempre estoy en tensión. Nunca me puedo relajar “.
  • “No puedo sentarme a ver un programa de televisión con el resto de la familia”.
  • “No puedo apagar el cerebro y el cuerpo para irme a dormir por la noche”.

Las personas con TDAH tienen pensamientos y emociones apasionados, más intensos que los de una persona normal. Sus momentos altos son más altos y los bajos son más bajos. Esto significa que experimentan, tanto la felicidad como la crítica, con más fuerza que sus compañeros y familiares.

Los niños con TDAH saben que son “diferentes”, lo que rara vez se percibe como algo bueno. Pueden desarrollar una baja autoestima, porque se dan cuenta de que no consiguen involucrarse y terminar lo que comienzan y porque los niños no distinguen entre lo que haces y lo que eres. La vergüenza puede convertirse en una emoción dominante en la edad adulta, a medida que los duros diálogos interiores, o las críticas de los demás, van arraigando.

¿Cómo reconocer la sobreexcitación emocional?

Los médicos están preparados para reconocer los trastornos del estado de ánimo, pero no la mayor intensidad de esos estados de ánimo que es propia del TDAH. Muchas personas con TDAH son diagnosticadas erróneamente al principio de un trastorno del estado de ánimo. Como media, un adulto verá a 2,3 médicos y realizará 6,6 pruebas con antidepresivos antes de ser diagnosticado de un trastorno por déficit de atención.

Los trastornos del estado de ánimo se caracterizan por estados de ánimo que han cobrado vida propia, al margen de los acontecimientos de la vida de la persona, y que suelen durar más de dos semanas. Los estados de ánimo creados por el TDAH se desencadenan casi siempre por acontecimientos y percepciones, y se resuelven muy rápidamente. Son estados de ánimo normales en todos los sentidos, excepto por su intensidad.

Los médicos deberían preguntar: “Cuando te enfadas, ¿se te suele pasar pronto?” “¿Sientes que no puedes sacarte de la cabeza un determinado pensamiento o idea cuando quieres?”

¿Qué se puede hacer para manejar la sobreexcitación emocional?

Para contrarrestar los sentimientos de vergüenza y baja autoestima, una persona con TDAH necesita el apoyo de personas que la consideren buena o útil. Puede ser un padre, un hermano mayor, maestro, entrenador o incluso un vecino amable. Cualquiera, con tal de que piense que eres bueno, simpático y capaz, especialmente cuando las cosas van mal. Esta persona “animadora” debe ser sincera, porque las personas con TDAH son excelentes detectores de mentiras.

El mensaje principal de una persona animadora es: “Te conozco, eres una buena persona. Si alguien podría haber superado esos problemas con trabajo duro y pura capacidad, habrías sido tú. Eso me dice que hay algo que no vemos y se interpone en tu camino; quiero que sepas que estaré contigo hasta que sepamos qué es y dominemos ese problema”.

La verdadera clave para combatir la baja autoestima y la vergüenza es ayudar a la persona con TDAH a descubrir cómo tener éxito con su especial sistema nervioso. Así, la persona con TDAH no se queda a solas con sentimientos de vergüenza o culpa por no alcanzar sus objetivos.

3. Sensibilidad al rechazo

¿Qué es la sensibilidad al rechazo?

La disforia sensible al rechazo (DSR) es una vulnerabilidad intensa ante la percepción – que no siempre responde a la realidad – de sufrir el rechazo, las burlas o la crítica de personas importantes. La DSR causa un dolor emocional extremo, que también puede desencadenarse por una sensación de fracasar o de quedarse corto: no cumplir con los elevados estándares que se ha fijado o con las expectativas de los demás.

Es una reacción primitiva, que a las personas con TDAH a menudo les cuesta describir. Dicen: “No sé cómo explicártelo, pero no puedo soportarlo”. Muchas personas experimentan la DSR como dolor físico, como si hubieran sido apuñaladas o golpeadas justo en mitad del pecho.

Con frecuencia, esta reacción emocional permanece oculta a los demás. Las personas que la experimentan no quieren hablar de ella, debido a la vergüenza que les produce su falta de control, o a que no quieren que la gente conozca esta gran vulnerabilidad.

¿Cómo reconozco la sensibilidad al rechazo?

La pregunta que puede ayudar a identificar la DSR es: “Durante toda tu vida, ¿has sido siempre mucho más sensible que las personas que conoces al rechazo, las burlas, las críticas o a tu propia percepción de haber fallado?”

Cuando una persona internaliza la respuesta emocional de la DSR, aparece como un desarrollo repentino de un trastorno del estado de ánimo. La persona puede ser calificada de “caso extremo” que hay que “tratar de inmediato”. Cuando la respuesta emocional de la DSR se exterioriza, aparece como una explosión de ira. La mitad de las personas que reciben cursos de manejo de la ira por orden judicial tenían previamente un TDAH no reconocido.

Algunas personas evitan el rechazo volviéndose complacientes. Otras optan por no hacer nada y ni siquiera lo intentan, porque cualquier esfuerzo les provoca mucha ansiedad.

¿Qué se puede hacer para manejar la sensibilidad al rechazo?

Un 98-99% de los adolescentes y adultos con TDAH reconoce tener DSR. Para el 30%, la DSR es el aspecto más perjudicial de su TDAH, en parte porque no responde a la terapia.

Los medicamentos alfa-agonistas, como la guanfacina y la clonidina, pueden ayudar a tratarla. Sólo una de cada tres personas experimenta alivio con cada uno de esos medicamentos, pero el 60% experimenta beneficios sólidos cuando prueba ambos. Cuando se trata con éxito, las personas con DSR reconocen sentirse “en paz” o tener un “blindaje emocional”. Ven las mismas cosas que antes les hacían daño, pero ahora ya no se lo hacen. También dicen que, en lugar de tener tres o cuatro pensamientos a la vez, ahora tienen uno solo.

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Mareo tras la graduación: 6 formas de suavizar la transición del bachillerato a la universidad

Tu hijo adolescente puede poner en marcha una lavadora y recuerda casi todas las instrucciones de la secadora. Es un buen comienzo, pero aún no está listo para vivir fuera de casa. Desde el principio de la escuela secundaria, los padres también deben enseñar las bellas artes de la defensa de sus intereses, el seguimiento de la medicación y el control del tiempo. Aprende aquí cómo garantizar una transición sin problemas a la universidad.

Escrito por Theresa E. Laurie Maitland, Ph.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

La escuela secundaria resulta francamente brutal para muchos adolescentes con TDAH o problemas de aprendizaje – y también para muchos niños que no los tienen. Pero lo cierto es que la escuela secundaria es pan comido comparada con la universidad, que requiere de los estudiantes funciones ejecutivas sólidas, habilidades académicas inquebrantables y estrategias diarias de manejo del estrés. El apoyo de los padres no se evapora – pero vosotros no estaréis (y no debéis estar) allí para hablar con el profesor después de un examen suspendido, para mandarle recordatorios diarios de su agenda o para moderar el consumo de pizza.

La universidad asusta. También es una de las experiencias más gratificantes y satisfactorias de la vida de una persona joven, si se empeña en planificarla con estrategia y prudencia, antes y durante ese periodo.

Estos seis consejos – que tratan sobre habilidades que van desde la colada hasta la defensa de sus intereses – pueden ayudar a padres y adolescentes a trabajar juntos para pasar del entorno estructurado de la escuela secundaria al mundo independiente y desafiante de la universidad.

1. Ayuda a tu adolescente a desarrollar autoaceptación

La libre determinación – saber quién eres y de lo que eres capaz – es un factor crítico en cualquier carrera universitaria. Las personas que la poseen comprenden sus fortalezas y sus debilidades, y aceptan ambas. Esto, a su vez, les permite establecer metas realistas y trabajar con decisión hacia el éxito.

Algunos adolescentes con TDAH luchan por conseguir esa libre determinación. Aún no han aceptado que aprenden de manera diferente – y con frecuencia dudan a la hora de hablar sobre sus desafíos o de aceptar el tratamiento a medida que crecen. Pero, para tener éxito en la universidad (y en la vida), vuestra adolescente tendrá que comprender y aceptar su TDAH.

¿Cómo pueden ayudar los padres? Primero, aseguraos de que vosotros mismos habéis aceptado las diferencias de vuestro hijo. Los adolescentes reflejan a menudo el punto de vista de sus padres, por lo que, si os avergüenza el TDAH de vuestro hijo u os sentís culpables de “habérselo transmitido”, es probable que él sienta lo mismo. Echa un vistazo sincero a tus sentimientos. Si ves el TDAH de manera negativa, es importante tratar esas emociones. Habla con alguien en quien confíes: otro padre, un profesional médico o un grupo de apoyo. Una vez que comprendas tus propios sentimientos, puedes ayudar a tu hijo a manejar mejor los suyos.

Centrarte en las fortalezas de tu hija – y enseñarle a manejar sus desafíos – es el siguiente paso hacia la libre determinación. Busca oportunidades para que tu hija reflexione sobre sus fortalezas; crea un clima que permita que sus talentos florezcan. Si tu hija cree que “todo lo hace mal”, utiliza herramientas que le ayuden a identificar sus habilidades.

2. Ayuda a tu adolescente a valerse por sí mismo

Has estado luchando incansablemente por conseguir adaptaciones desde la enseñanza primaria. Pero la universidad trae consigo algunos cambios legales importantes, y los padres (y los jóvenes) deben estar preparados. Las leyes de los EE. UU. exigen que sean los propios estudiantes universitarios quienes hablen de sus discapacidades, busquen adaptaciones y comuniquen sus necesidades; de hecho, la universidad tiene prohibido contactar con los padres, a menos que cuente con el permiso escrito del alumno.

Para que tu hija se defienda por sí misma de una manera independiente y efectiva en la universidad, tienes que ir dando pasos hacia atrás lentamente a lo largo de la escuela secundaria. Comienza a llevarla a las reuniones del IEP[1] tan pronto como creas que tiene edad suficiente para participar. Anímala a hacer y responder preguntas, pero haz de copiloto si necesita ayuda. Poco a poco, déjala ir tomando la iniciativa; para la graduación, se reunirá ella sola con el profesorado y planificará sus propias adaptaciones. Así, cuando esté volando sola en la universidad, tendrá confianza en su capacidad de valerse por sí misma – y, por supuesto, estará a sólo una llamada de distancia.

3. Aprended (juntos) las diferencias entre la universidad y el instituto

Incluso los adolescentes que pasaron el bachillerato sin dificultades coinciden en que la universidad es otra cosa. La asistencia a clase rara vez es obligatoria, unos pocos exámenes pueden determinar las calificaciones de todo un curso y el tamaño de las clases puede variar entre 4 y 400. La mayoría de las dificultades que tienen los adolescentes durante los primeros semestres se debe a que llegaron a la universidad mal preparados para estas dinámicas cambiantes.

Para obtener una imagen más precisa, inscribe a tu hijo adolescente en un recorrido por el campus dirigido por estudiantes que tengan un conocimiento profundo de la vida cotidiana allí. La mayoría de los padres esperan hasta el bachillerato para comenzar a visitar las universidades, pero debes comenzar antes si tienes los recursos para hacerlo: incluso los estudiantes de ESO pueden sacar provecho de tener una imagen rápida del futuro.

Pídele al instituto de tu hija que invite a graduados recientes a hablar sobre sus experiencias. Es más probable que escuche con atención y formule preguntas espontáneas sobre la vida en el campus, la redacción de trabajos y cómo compaginar las tareas académicas con un trabajo a tiempo parcial. Si el instituto no lo hace, busca a familiares o vecinos que estén en la universidad y puedan charlar individualmente con ella.

4. Practica habilidades cotidianas necesarias para la universidad

Este es, quizá, el consejo más importante y obvio, pero también el más comúnmente olvidado en el caos diario del último año de bachillerato. Cuando viva solo, tu hijo lavará su propia ropa, administrará sus propios medicamentos, se despertará para ir a clase y comerá – ¡alimentos sanos! – a horas normales. La enseñanza de estas habilidades no lleva mucho tiempo, pero requiere planificarlas con tiempo y practicarlas.

Pasa el verano previo al último curso enseñando a tu hija cómo lavar su propia ropa, pedir sus propias recetas y estar pendiente de las llaves. Haced una tormenta de ideas sobre qué estrategias puede usar y trabaja con ella para descubrir cuáles funcionan mejor. Prueba a usar recordatorios quincenales en el teléfono o el calendario, para que la colada no se descontrole, y piensa en adquirir herramientas como Tile para hacer más fácil la organización.

Enseñar a tu hijo adolescente a hacer la colada y controlar los gastos no será algo muy popular. Pero estas habilidades incidirán en su salud, su vida social y su felicidad. Puede que a él no le importe llevar una camiseta sucia durante toda la semana, pero seguramente a sus compañeros de cuarto o potenciales amigos no les entusiasmará la idea. Según mi experiencia, los adolescentes que llegan a la universidad sin estas habilidades desearían haber dedicado tiempo a aprenderlas – antes de que algún compañero de cuarto se queje ante los encargados por esas montañas de calcetines sucios.

5. Retira poco a poco las adaptaciones que no estén disponibles en la universidad

Las universidades solo están obligadas a proporcionar adaptaciones moderadas que no alteren los requisitos fundamentales del grado. Esto significa que un adolescente que ha confiado en el tiempo extra para hacer los exámenes en el instituto, por ejemplo, puede que no reciba esta adaptación, si en esa asignatura es importante que termine el examen en un tiempo determinado.

Investiga la disponibilidad de adaptaciones importantes y procura que el IEP de tu hija en el instituto busque desarrollar las habilidades necesarias para que arreglárselas sin servicios que desaparecerán. Si es posible, haz que tu hija vaya prescindiendo de sus adaptaciones específicas a medida que crece.

6. Desarrolla un plan de transición potente

La universidad no es adecuada para todos. Para algunos adolescentes, es mejor tomar un año sabático o ponerse a trabajar de inmediato. La universidad es cara, larga y difícil; así que, antes de que tu hijo acepte una plaza, asegúrate de que todos estáis de acuerdo en que es la mejor decisión para él. Si la respuesta es sí, ¡genial! Ahora necesitas un plan. La simple esperanza de que tu hijo adolescente conseguirá organizarse puede ser – y a menudo lo es – contraproducente y conducir a asignaturas suspendidas, dinero malgastado y familias desoladas.

Para garantizar una transición exitosa, investiga con tu hija los apoyos disponibles en la universidad. Eso no solo se refiere a los apoyos por discapacidad, que algunos adolescentes dudan en usar. La mayoría de las universidades tienen apoyos – como centros de escritura o servicios de salud mental – disponibles para todos los estudiantes. Asegúrate de que tu hija sepa cuáles son esos apoyos antes de llegar al campus, y habla con ella sobre algunas situaciones en las que pueden ser útiles.

Luego, planea un primer semestre razonable. Los primeros meses en la universidad son un torbellino de acontecimientos sociales, experiencias nuevas y expectativas cambiantes. ¿Podrá tu hija manejar su carga de trabajo en medio de todo eso? En la medida de lo posible, ayúdale a elegir una carga de asignaturas manejable y que responda a sus puntos fuertes. Si no le importa hablar de sus diferencias, los asesores académicos pueden ser un gran recurso para diseñar un programa apropiado para el TDAH y que responda a las exigencias del grado.

Por último – pero ciertamente no menos importante – elabora un plan para la participación de los padres. ¿Cuáles son vuestras expectativas de comunicación? ¿Bastará con una llamada telefónica a la semana o esperáis un mensaje diario? Respeta los deseos de independencia de tu hijo y asegúrate de que sepa que estarás disponible siempre que lo necesite. La comunicación puede ser irregular a veces, y sus necesidades podrán ajustarse tras algunas semanas o meses. Lo importante es que sepa que, no importa lo difícil y emocionante que sea la universidad, estarás ahí para él.

[1] Programa de Educación Individualizado. En los EE. UU., el IEP es un documento legal que especifica las necesidades de aprendizaje de un alumno, los servicios que la escuela proporcionará y cómo se medirá su progreso. Ver https://www.understood.org/es-mx/school-learning/special-services/ieps/understanding-individualized-education-programs

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¿Cuánto sabe el profesorado sobre el TDAH?

Escrito por Neil Petersen 
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Uno de los lugares en los que más temprano se manifiestan los síntomas del TDAH es el aula. Esto significa que el profesorado, para bien o para mal, es a menudo la primera línea de detección del TDAH.

Pero ¿cuánto sabe el profesorado sobre el TDAH? Es evidente que no han recibido formación como profesionales de la salud mental.

Un estudio reciente realizado en España formulaba esa pregunta, y los resultados no inspiran confianza, precisamente.

En el estudio, se les hacía una serie de preguntas sobre aspectos básicos del TDAH, como los síntomas, el diagnóstico y el tratamiento. Como media, pudieron responder correctamente menos de la mitad de las preguntas. Así que, efectivamente, tendrían un suspenso.

Además de eso, un tercio del profesorado dijo que simplemente se sentía “en cierto modo” o “absolutamente” incapaz de enseñar a niños con TDAH. Teniendo en cuenta que estos profesores tendrán estudiantes con TDAH, es una mala noticia para los profesores y para los estudiantes.

Afortunadamente, es un problema de fácil solución. En el estudio, los profesores que habían recibido formación sobre TDAH pudieron responder correctamente a más preguntas. Esto sugiere que, con sólo darles a los maestros una formación básica sobre lo que es el TDAH y cómo aprenden los estudiantes con este trastorno, mejoraría la vida de todos los afectados.

Obviamente, no es realista esperar que los profesores se conviertan en expertos en los diferentes trastornos relacionados con la salud mental que podrían tener sus alumnos. Sin embargo, cuando se trata de TDAH, estamos hablando de un trastorno muy frecuente y que está estrechamente relacionado con la forma en que las personas aprenden y la forma en que afrontan la escuela. En el caso del TDAH y otros trastornos que impactan en el aprendizaje en particular (como la dislexia, por ejemplo), parece que el profesorado debería recibir alguna formación sobre aspectos básicos de identificación y manejo de los síntomas.

Este estudio indica que, cuando se trata de la concienciación sobre el TDAH entre los profesionales de la educación, sin duda hay mucho que mejorar. Pero la buena noticia es que capacitar al profesorado para comprender mejor a los estudiantes con TDAH parece marcar una diferencia, lo que significa que aquí hay una oportunidad clara de mejorar la eficacia con que nuestro sistema educativo atiende a los estudiantes con TDAH.

 

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