Mito #2: “El TDAH es una excusa para la falta de responsabilidad”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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El psicólogo y experto en TDAH J. Russell Ramsay ha escuchado esa frase tantas veces que la ha nominado como uno de los tres mayores mitos sobre el TDAH (los otros dos se tratarán en futuros artículos de esta serie).

Como co-director del Programa de Investigación y Tratamiento del TDAH adulto de la Universidad en de Pennsylvania, ha observado que sus pacientes suelen dedicar mucho más tiempo y esfuerzo que las demás personas a tratar de cumplir sus responsabilidades – normalmente “el doble de esfuerzo para la mitad de resultados”. En vez de buscar una salida fácil, argumenta, “quieren conseguir una medida predecible de la relación causa-efecto en sus vidas”.

Harold Meyer, fundador del Centro de Recursos sobre TDA de la ciudad de Nueva York y entrenador de TDAH, está de acuerdo. “En general, las personas con TDAH saben lo que hay que hacer”, dice. “La dificultad y la constante frustración, tanto para sí mismas como para las demás, está en hacer lo que saben o, a veces, en pensar antes de actuar. En lugar de Preparados-Listos-Ya es Preparados-Ya-Listos”.

O, como dijo un paciente de Meyer, “Para cuando pienso lo que debería haber hecho, ya he hecho lo primero en que pensé”.

Sí, es cierto que algunos adultos con TDAH utilizan el diagnóstico como excusa. Pero, francamente, esto sucede sobre todo cuando no se dan cuenta de que el tratamiento puede eliminar en gran medida la necesidad de cualquier tipo de excusa. Simplemente han aprendido que los síntomas de TDAH no son, como siempre habían pensado, defectos de su carácter que podrían cambiar “si de verdad quisieran”. Y eso, sin duda, ha de ser un alivio.

Gina Pera

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Mito #1: “¡El TDAH es una cosa de niños!”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

A happy African American man and boy, father and son, family sitting together at home

¿Es el TDAH una cosa sólo de niños? Evidentemente, no. Pero no siempre lo hemos sabido.

Hasta la década de los noventa, la mayoría de los profesionales médicos consideraba el TDAH como un diagnóstico sólo para niños, concretamente para niños físicamente hiperactivos (hay algunos en el mundo de la asistencia sanitaria – afortunadamente muy pocos – que todavía lo creen así). ¿La explicación?: se pensaba que los niños acababan superando el TDAH porque la hiperactividad física, considerada durante mucho tiempo como la marca distintiva del trastorno, tiende a disminuir con la edad.

Este error de percepción comenzó a cambiar en la década de los 70, cuando algunos pediatras con experiencia en el tratamiento del TDAH sacaron conclusiones al observar que “de tal palo, tal astilla”. Es decir, los padres de sus pacientes a menudo compartían muchos de sus mismos comportamientos, aunque en una forma adulta. Por ejemplo, no se automedicaban con dulces o actividades bulliciosas, sino con alcohol o cigarrillos.

“Al tratar a niños con TDAH, empecé a preguntar a sus padres si ellos habían tenido este tipo de problemas de niños, y el cónyuge replicaba, ‘¿Cómo que “había tenido”?'”, dice el psiquiatra Paul Wender, a quien se conoce como “el Decano del TDAH”. Wender es profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard. Comenzó a estudiar el TDAH hace cuatro décadas, convirtiéndose en un pionero en su diagnóstico y tratamiento, tanto en niños como en adultos.

Aquí hay otro punto importante: la mayoría de adultos de hoy que realmente tienen TDAH no fue diagnosticada de niños. De hecho, el 88 por ciento de quienes contestaron a la Encuesta a Cónyuges de Personas con TDAH dice que su pareja fue evaluada y diagnosticada ya de adulta, durante su relación. De acuerdo con las investigaciones más recientes, sólo 1 de cada 10 adultos con TDAH es diagnosticado.

Dada la mayor conciencia y los métodos de diagnóstico de hoy en día, si estos adultos fueran ahora jóvenes, es más probable que sus síntomas fueran reconocidos. Pero no fue así, y por lo tanto no es de extrañar que los críticos denuncien el “alarmante” aumento de los diagnósticos en la actualidad. Sin embargo, hay que decir que estos críticos no estaban preocupados por que el TDAH esté infra-diagnosticado – ni entonces ni ahora.

Pero incluso hoy en día, muchos niños brillantes a quienes el TDAH causa problemas permanecen sin detectar durante años, debido a que:

  • Su inteligencia les permite compensarlo
  • Sus padres les proporcionan apoyo y estructura sólidos
  • Asisten a escuelas altamente estructuradas
  • Nadie presta atención a los problemas y extrae conclusiones

Es sólo más adelante – quizá en la universidad, en su primer trabajo, en su primera relación seria, o con su primer bebé – cuando “chocan contra la pared”.

BARKLEY

De hecho, de acuerdo con Russell Barkley, una autoridad sobre TDAH, el trastorno es “mucho más evidente e incluso más discapacitante en adultos que en niños, porque los adultos tienen más ámbitos de responsabilidad”. Esto es, se espera que los adultos tengan un trabajo, lleven la casa, gestionen el dinero, cuiden de su salud y, en algunos casos, proporcionen una estructura diaria a los niños.

Gina Pera

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A la caza de los mitos sobre el TDAH: presentación

Gina Pera

Publicado el 22 de julio de 2015 por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Myths and Facts opposition written on whiteboard

A lo largo de la historia, siempre que no hemos conseguido entender algún fenómeno, los mitos han ocupado el lugar del conocimiento. A medida que aprendemos más sobre el TDAH, los errores que solemos encontrar (¡sobre todo en los comentarios a las noticias!) irán desapareciendo por completo. Esa es nuestra esperanza.

He creado esta nueva serie, A la caza de los mitos sobre el TDAH, para ayudaros a educar a los demás (incluso a familiares “reticentes”) sobre estos temas:

  1. Entender que el TDAH afecta a niños y adultos.
  2. Dejar a un lado las nociones erróneas que el TDAH es una excusa para la irresponsabilidad, un “comportamiento humano normal”, una consecuencia de la vida moderna, o una invención de las compañías farmacéuticas.
  3. Saber que el TDAH no es, en modo alguno, un diagnóstico “controvertido” y que todos los organismos científicos y médicos relevantes están de acuerdo en que el TDAH es un trastorno médica real.
  4. Darse cuenta de que, de no tratarse, algunos de los síntomas del TDAH pueden producir consecuencias graves

Estos son los siete mitos específicos que examinaré en las próximas semanas. Vuestros comentarios y sugerencias serán bienvenidos ¡Gracias!

  1. “… el TDAH es una cosa de niños”
  2. “…el TDAH es sólo una excusa para la falta de responsabilidad”
  3. “… los síntomas son comportamientos humanos básicos”
  4. “…la vida moderna hace que todos parezcamos tener TDAH”
  5. “… es un ardid para hacer ricas a las empresas farmacéuticas”
  6. “… el TDAH es un diagnóstico controvertido”
  7. “… el TDAH es una diferencia pequeña, no es para tanto”
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Asociación entre TDAH y adicción a videojuegos

marklfuerst.com

Publicado el 9 de mayo de 2016 por Mark L. Fuerst
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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La adicción a videojuegos parece estar asociada con el TDAH y otros trastornos psiquiátricos, según indica un reciente estudio[1].

“Dedicarse de forma excesiva a jugar puede ser un mecanismo de escape o una manera de afrontar trastornos psiquiátricos subyacentes, un intento de aliviar sentimientos desagradables y de calmar la inquietud física”, dice el autor principal, Cecilie Schou Andreassen, Psy.D. de la Universidad de Bergen (Noruega).

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La investigación sobre “conductas tecnológicas adictivas” ha mostrado una fuerte asociación entre el uso adictivo de la tecnología y trastornos psiquiátricos comórbidos. Schou Andreassen y sus colegas llevaron a cabo un estudio transversal online sobre 23.533 adultos, de una edad media de 36 años. Analizaron si las variables demográficas y los síntomas de TDAH, trastorno obsesivo-compulsivo, ansiedad y depresión podrían explicar el uso compulsivo y excesivo de redes sociales y videojuegos.

Los investigadores encontraron correlaciones positivas significativas entre los síntomas del uso adictivo de la tecnología y los síntomas de trastornos mentales. La edad parecía ser inversamente proporcional al uso adictivo de estas tecnologías. Partiendo de este estudio, las personas más jóvenes con algunas de estas características podrían ser el objetivo de medidas para prevenir el desarrollo de patrones de juego poco saludables, según Schou Andreassen.

El sexo masculino está significativamente asociado con el uso adictivo de videojuegos, mientras que el sexo femenino se asocia significativamente con el uso adictivo de las redes sociales. “Los hombres parecen, en general, más propensos a hacerse adictos a los juegos online, los juegos de azar y la ciber-pornografía, mientras que las mujeres pueden serlo a las redes sociales, los mensajes de texto y las compras online”, dice Schou Andreassen. También existe una correlación positiva entre la soltería y las adicciones, tanto a redes sociales como a videojuegos.

Los análisis muestran que los factores demográficos explican entre el 11% y el 12% de la varianza en el uso adictivo de la tecnología. Las variables de salud mental explican entre el 7% y el 15% de la varianza.

“El estudio aumenta significativamente nuestra comprensión de los síntomas de salud mental y su papel en el uso adictivo de las nuevas tecnologías; también sugiere que el concepto de trastorno por uso de Internet (“adicción a Internet”) como unidad conceptual no está justificada”, explica Schou Andreassen.

El estudio emplea siete criterios para identificar la adicción a los videojuegos. Se puntúa la experiencia de juego en los últimos seis meses, en una escala que va desde “nunca” hasta “muy a menudo”. Las proposiciones son:

  • Estás todo el día pensando en jugar a videojuegos
  • Pasas cada vez más tiempo con los videojuegos
  • Juegas para olvidarte de la vida real
  • Otras personas han tratado sin éxito de reducir el uso que haces de los videojuegos
  • Te sientes mal cuando no puedes jugar
  • Tienes discusiones con otras personas (familiares, amigos) sobre el tiempo que pasas jugando.
  • Descuidas otras actividades importantes (trabajo, estudios, deportes) para jugar

Una puntuación alta en, al menos, cuatro de los siete ítems sugiere una adicción a los videojuegos asociada a problemas con la salud, el trabajo, los estudios o las relaciones sociales.


[1] Schou Andreassen C, Billieux J, Griffiths MD, et al. The relationship between addictive use of social media and video games and symptoms of psychiatric disorders: a large-scale cross-sectional study. Psychol Addict Behav. 2016;30:252-262.

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Carta a la madre de un niño con TDAH

W.R.Cummings

Escrito por W. R. Cummings 
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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A mi hermana, cuyo hijo tiene TDAH,

Cuando era un bebé, sabíamos que tu niño era diferente. Lloraba más que los demás y no sabíamos por qué. Aprendió a gatear más pronto y empezamos a especular acerca de por qué. Después, empezó a caminar y a desafiar los límites antes que ninguno, y ya estábamos bastante seguras de saber por qué.

Era más ruidoso y más destrozón y teníamos que vigilarle constantemente. WRC1Había en él siempre un comportamiento impulsivo a punto de estallar.

Cuando por fin fue diagnosticado de TDAH, lo único que sentimos fue alivio, por tener finalmente una respuesta oficial a lo que ya sabíamos.

Recuerdo una mañana, cuando Félix era pequeño, que viniste a mi casa sólo para charlar. Esperabas que una conversación adulta te distrajera de la sensación de que tu hijo te desbordaba.

Y, nada más llegar, te quedaste dormida en el sofá.

Llevé a Felix a la otra habitación y estuvimos jugando mientras dormías, porque sabía lo cansada que estabas. No era sólo cansancio físico por la falta de sueño (y es que Félix nunca dormía más de cinco horas), sino también cansancio mental. Cansancio emocional. Cansancio tipo ya-no-puedo-hacer-esto-ni un-segundo-más.

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Lo sabía porque lo veía en tus ojos y sobre tus hombros. Lo sabía porque, estando tan sólo un rato con él, yo acababa cansada. Sabía que dedicarle el 100% del tiempo, sin tener jamás un descanso, sería todavía más duro.

Porque no importa lo incondicionalmente que ames a tu hijo, criar a un niño con TDAH es muy duro. Tienes que estar en guardia cada segundo. Nunca puedes distraerte, porque tu hijo puede salir corriendo a la calle. Puede desaparecer detrás de un perchero en la tienda de ropa, o echarse en brazos de un extraño, ya que no entiende de límites ni de seguridad.

Ni siquiera en casa puedes descansar. Desmonta cosas para estudiarlas más rápido de lo que tú puedes volver a montarlas. Escondes el papel higiénico porque sabes que lo va a desenrollar entero o va a tirar el rollo al retrete. Colocas los objetos de valor a bastante altura, porque sabes que no durarán nada. Cierras la puerta con llave, porque sabes que va a salir a la calle si puede abrirla.

Estás agotada de tratar de que te haga caso trescientas veces al día. Estás cansada de tratar WRC3de enseñarle a obedecer, cuando él no puede ni siquiera estar mirándote durante más de un tercio de segundo. Estás exhausta de pasar tantos días sin tratar con personas adultas, porque es difícil quedar con los padres de otros niños o invitar a gente a casa cuando la mayoría de los adultos/padres no entiende cómo funciona el cerebro de tu hijo, ni sus impulsos. Es difícil ayudarle a hacer amigos (y así poder tú hacer amigos) cuando tu hijo sólo sabe jugar por su cuenta, no con los demás.

Es difícil vivir en armonía con otras personas cuando la gran mayoría de ellas tiene una idea negativa de tu pequeño, al que tanto te esfuerzas por educar bien. No hay café suficiente para superar este tipo de agotamiento. Está en lo más profundo de tu alma.

Veo que haces todo lo que puedes y te esfuerzas al máximo y quiero que sepas que ES SUFICIENTE.

No sólo es que estés haciendo lo suficiente, sino que es lo mejor. TÚ eres lo mejor para él. Vino a este mundo en un momento realmente “inoportuno” y, sin embargo, aquél fue el momento perfecto. Él cambió todo para ti. Y con el tiempo, tu estás cambiando todo para él. Vosotros dos estabais, literalmente, hechos el uno para el otro.

Y pese a que los últimos seis años han sido los más agotadores de tu vida, sé que también han sido los que más te han llenado (sí, esta contradicción tiene sentido, pero sólo si tienes hijos).

WRC4¿Y sabes por qué te han llenado tanto? Porque, acurrucado junto a ese agotamiento, en el fondo de tu alma, está el amor de un niño que, a los ojos de Dios, es perfecto.

Veo cómo le miras cuando duerme. Veo cómo le apartas el pelo de la cara y le arropas.

Veo cómo le miras cuando lanza la pelota más lejos que nadie de su equipo y corre las bases más rápido que cualquier niño de su edad. Veo cómo te entusiasmas cuando utiliza una habilidad motriz fina que nunca antes había utilizado. Veo cómo te ríes cuando dice algo divertido que surge del fondo de su rica imaginación.

Estás en el rincón de Félix y ESO es lo que él necesita. Incluso si estás molida a golpes y casi fuera de combate, sigues en su rincón, animándole.

Eres una gran madre. eres la mejor madre para él. Me encanta mirarte y estoy muy agradecida de que seas tú su madre.

Algún día, le veremos graduarse en el instituto, quizá casarse, tener hijos… y sabremos que fuiste TÚ quien permaneció a su lado y le enseñó a ser un buen hombre. Un buen marido. Un buen trabajador. Un buen padre.

Él se merece cada gramo de energía que le estás dedicando y lo agradecerá cuando sea lo bastante mayor para comprenderlo.

Te quiero.

De todo corazón,

La hermana que te ve.

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La forma de resolver este laberinto depende de si tienes o no síntomas de TDAH

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Escrito por Neil Petersen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Mientras todo el mundo andaba como loco la semana pasada con un estudio que mostraba un incremento del 43% en el diagnóstico de TDAH, también se dieron a conocer los resultados de otro estudio sobre el TDAH. Éste no recibió tanta atención mediática, pero en lo que a mí respecta, es mucho más interesante el aumento de los índices de diagnóstico.

En este segundo estudio, los investigadores analizaron cómo resolvían diferentes personas un laberinto virtual. El laberinto constaba de ocho caminos radiales desde el centro de un paisaje con rocas, árboles y otros elementos de referencia.

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Cada uno de los ocho caminos del laberinto virtual terminaba en una escalera. Cuatro de ellas (las marcadas en la imagen con asteriscos rojos) contenían objetos ocultos bajo ellas; en otras palabras, la mitad de los caminos terminaba en recompensas ocultas. A los niños que participaron en el estudio se les pidió que aprendieran qué cuatro caminos escondían objetos y que completaran varias veces el laberinto. En teoría, su rendimiento iría mejorando con el tiempo.

Al final del experimento, se pedía a los participantes que completaran el laberinto encontrando, una vez más, los objetos ocultos, pero con una particularidad: se eliminaban del laberinto los objetos de referencia.

Y ¿qué pasa con todo esto?

Los investigadores estaban interesados, no sólo en la mayor o menor capacidad de los participantes para aprender qué caminos contenían las recompensas, sino también en cómo aprendían a navegar por el laberinto.

Concretamente, las personas aprenden el laberinto utilizando dos posibles tipos de estrategias: estrategias de respuesta y estrategias espaciales.

Las estrategias de respuesta consisten en aprender un patrón fijo para llegar a todas las recompensas. Por ejemplo, numerar los caminos y recordar ir por los caminos 1, 2, 4 y 7 sería una estrategia de respuesta. Memorizar una secuencia de acciones (“Primero ir por el camino de enfrente; a continuación, el que está justo al lado; luego, saltarse un camino”) sería otra estrategia de respuesta. Pensar en el laberinto a partir de un único punto de referencia fijo sería otro ejemplo de estrategia de respuesta.

Las estrategias espaciales consisten en construir un mapa mental de qué recompensas están cerca de qué puntos de referencia. Los investigadores determinaban que los participantes empleaban una estrategia espacial si, al describir cómo resolvieron el laberinto “el participante mencionaba al menos dos puntos de referencia y no hablaba de aplicar un patrón”.

Ahora, recuerda que los investigadores finalizaron el experimento eliminando todos los elementos de referencia, para ver si los participantes aún podían resolver el laberinto. A las personas que utilizaban estrategias espaciales, les resultó muy complicado: de repente, todas las referencias que usaban para guiarse por el laberinto habían desaparecido. Las personas que emplearon estrategias de respuesta tuvieron menos dificultades, ya que se basaban en un patrón fijo en lugar de utilizar múltiples puntos de referencia para orientarse. Así que quienes utilizaron estrategias de respuesta tenían más probabilidades de resolver perfectamente el laberinto (sin elegir ningún camino equivocado), incluso cuando habían desaparecido los elementos de referencia.

Sí, resulta sugerente que las personas se encuadren en uno de estos dos grupos al resolver este sencillo laberinto, pero no es esto lo más interesante. Lo más interesante viene ahora.

La estrategia que utilices depende en parte del modo en que tu cerebro procesa las recompensas. Si piensas en ello, aprender una estrategia de respuesta es un modo de hacer las cosas más orientado hacia la recompensa, pues consiste en reforzar una secuencia o patrón determinados de acciones. Por su parte, las estrategias espaciales se basan más en las funciones ejecutivas y la capacidad de tener una visión de las cosas objetiva y de alto nivel.

Así que las personas que utilizan estrategias de respuesta en lugar de estrategias espaciales tienden a elegir la estrategia más orientada a la recompensa, porque son más ávidas de recompensas. Aquí es donde entra en el TDAH: las personas con TDAH procesan las recompensas de manera diferente y, en general, las buscan con más ahínco que las personas sin TDAH. En el estudio, los investigadores descubrieron que los niños con al menos un síntoma de TDAH eran más propensos a optar por estrategias de respuesta.

Los adultos siguen un patrón similar. Un estudio previo realizado por los mismos investigadores concluyó que los adultos que utilizaban estrategias de respuesta fumaban más cigarrillos, consumían más cannabis y bebían más alcohol.

Creo que resulta fascinante es que el modo en que procesamos las recompensas se refleja en este sencillo experimento del laberinto, pero también podemos sacar una consecuencia práctica: a las personas con TDAH les van mejor las estrategias de aprendizaje que hacen hincapié en la recompensa y la repetición.

También tengo curiosidad por conocer qué estrategias creen los lectores que utilizarían para resolver este laberinto. ¡Si tienes alguna idea, déjala en los comentarios!

Enlace a la referencia del estudio (en inglés):
http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0166432815301522

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Romper viejos patrones del matrimonio, tras casi romperme la muñeca

Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADHD and relationships

Esto es lo que sucede a menudo con “el TDAH y la pareja”: tras varios años de relación, descubrís que uno de vosotros, o ambos, tenéis TDAH. Para entonces, los dos habéis desarrollado unos cuantos patrones de manejo bastante contraproducentes. La mayoría va a necesitar un gran esfuerzo para superar pautas destructivas y respuestas emocionales ya arraigadas.

Suelo hablar de esto en mis charlas para el público en general y para profesionales sanitarios, desde San Francisco hasta Turquía. Porque, tenedlo por seguro, además de conseguir la categoría de “experta en TDAH”, tengo multitud de oportunidades para practicar en casa. Ayer mismo tuvimos un incidente. Permitidme que os lo cuente. Pero antes, conectad los altavoces, porque tiene efectos de sonido.

Lesionada, abandonada y desconsolada

Para mí, un patrón particularmente negativo se refiere al temor de que mi marido (el cónyuge con TDAH de nuestro matrimonio) se muestre incapaz – e incluso indiferente – a la hora de cuidarme si estoy enferma o impedida, aunque sea temporalmente. Y ese patrón ha vuelto a manifestarse esta semana.

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En los veinte años que llevamos juntos, he tenido un montón de “pruebas” que apoyan esta creencia no-tan-irracional de que sólo podré contar conmigo misma si algún día estoy enferma o incapacitada.

Por ejemplo, tras operarme de un pie hace algunos años, me dieron órdenes estrictas de mantenerlo en alto y moverme lo menos posible. Mi marido, que entonces trabajaba en casa, juró que sería mi enfermera Nightingale (una Nigthingale de metro noventa y ciento cuatro kilos).

Se estrenó en el cargo tras la operación, llevando mi silla de ruedas a toda velocidad por los pasillos del hospital, camino del ascensor, como si estuviera en Disneylandia. ¡Yujuuuu!

¡Yo iba agarrándome a la silla con todas mis fuerzas, rezando para que no me golpeara el pie con el marco del ascensor ni me catapultara fuera de la silla!

Una vez en casa, preparó obedientemente la cabecera de la cama con un teléfono fijo y su teléfono móvil. De este modo, yo podía estar segura de localizarle en su despacho del piso de arriba cuando lo necesitase.

El problema es que al teléfono fijo se le agotó la batería, y el móvil de prepago se quedó sin saldo.

Estuve abandonada durante largas horas, sin que él oyera mis gritos. Tampoco se le ocurrió venir a ver cómo estaba. Así que me sentí impotente, dolorida y engañada. En contra de mi sentido común – afinado tras tantos años de decepciones – había hecho un acto de fe confiándole mi cuidado.

Auto-advertencia: nunca vuelvas a confiar

Me sentí como si me hubiera dado un golpe en la cabeza. Y desconsolada.

Nota mental para mi subconsciente: ten mucho cuidado con volver a confiar a esta persona tu bienestar.

De esto hará unos seis años.

Ayer sufrí una caída prolongada, poco elegante y bastante dolorosa en el garaje.

Tropecé con un pedal de la bicicleta y, al tratar de evitar pisar un humidificador de aire, reboté varias veces sobre diferentes superficies hasta acabar aterrizando con un estruendo en el peldaño de entrada a la cocina.

Algo como:

Mi marido ha vuelto a trabajar en casa, después de estar seis años en una oficina. Estaba en el piso de arriba (al menos eso creía yo).

Estaba segura que habría oído mi caída (¡me pareció que había sonado lo bastante fuerte!). Y si no, estaba segura de que no podía ignorar mi gimoteo y mis gritos llamándole.

Algo como esto, pero no con la misma energía:

Allí tirada como una muñeca de trapo, pasaron por mi mente todas las explicaciones posibles: había oído el estruendo, pero pensó: “Estará bien. Es de esas personas auto-suficientes”; o, peor aún, lo había oído y no quería interrumpir su trabajo. Pero, maldita sea, yo podía haberme roto algo.

Por fin me puse de pie y avancé como Quasimodo hacia mi estudio, llamándole por el camino. Tenía la esperanza de que estuviera en otra parte de la casa, y no hubiera oído mi caída ni mis llamadas. Entonces lo descubrí. Estaba en el baño. “¡Chivo!”, le dije (porque ese es su apodo). “¡Me he caído de mala manera!”

Lo oí a través de la puerta cerrada: profundo disgusto por la interrupción. Un suspiro como este:

Sin embargo, él lo recuerda más bien como:

Se había desatado el peor de mis temores: estaba molesto porque me había pasado algo malo que requería su ayuda.

¿”En el fondo”, le importa?

¿Pero dónde está exactamente ese fondo?

Me suena haberlo oído más veces.

En más de una década liderando un grupo online para cónyuges de adultos con TDAH, me lo han contado muchas veces: el cónyuge con TDAH no ve con compasión la enfermedad de su pareja, sino que la considera… una molestia.

Es escalofriante el primer encuentro con esta reacción. La primera respuesta puede ser de negación – tu pareja no puede ser tan fría, insensible y egoísta. Después, cuando la realidad finalmente se impone, puedes sentir tu ánimo absolutamente paralizado.

De hecho, no importan nuestras fantasías sobre la relación, nuestra pareja puede ser absolutamente fría, insensible y egoísta, tenga o no TDAH. Si es éste el caso, ¡abre los ojos y deja de soñar!

¿Cómo sabemos, sin embargo, si es el TDAH quien produce esta respuesta indeseable o es otra cosa? ¿Simple insensibilidad, por ejemplo? No hay una respuesta fácil. Cada persona es un caso distinto.

Pero la dura realidad es que a veces sólo lo sabes con certeza después del tratamiento médico del TDAH y los trastornos coexistentes, como el trastorno bipolar, la ansiedad o la depresión.

El TDAH y las relaciones de pareja: no hay soluciones estándar

ADHD and relationships

Una advertencia: algunos autoproclamados expertos en TDAH hacen sistemáticamente “luz de gas” a los cónyuges de los adultos con TDAH. Proclaman que al cónyuge con TDAH “en el fondo”, sí que le importa, aunque sus actos no lo demuestren.

Por supuesto, esto es cierto a veces; los síntomas del TDAH y las estrategias de manejo inadecuadas pueden obstaculizar su capacidad para expresar sentimientos o actuar conforme a ellos.

Pero no lo es para los 10 a 30 millones de adultos con TDAH que hay sólo en los EE.UU., y sería absurdo afirmarlo. Nada es cierto para tantas personas. Hay que reconocer, honestamente, que en algunos cónyuges con TDAH, “en el fondo” sólo hay más egocentrismo.

Los millones de adultos con TDAH sólo tienen una cosa en común: aspectos variables de este síndrome tan variable.

Debes tener en cuenta el resto de la personalidad, así como las complicaciones por trastornos coexistentes (trastorno de conducta, trastorno de personalidad antisocial y otros). En otras palabras, estos juicios deben emitirse caso por caso. Es fácil echar mano de tópicos “estándar”. Esto, sin embargo, no ayuda a nadie – y puede hacer mucho daño.

Aprender a recurrir a recuerdos más recientes

Tras casi veinte años juntos, he aprendido que hay un “fondo” de bondad en mi marido. Con demasiada frecuencia, fue oscurecido o directamente saboteado por un TDAH mal manejado. Defraudaba mis expectativas – y las suyas. En lugar de reaccionar con arrepentimiento, lo hacía con ira. Luego, decía, dirigía esa ira contra sí mismo (“¡He vuelto a fallar!”). Pero era yo quien quedaba atrapada en el fuego cruzado.

Afortunadamente, las cosas ahora son diferentes

Esa mañana, mientras me arrastraba hacia la parte trasera de la casa en busca de consuelo, decidí ignorar momentáneamente el suspiro de incomodidad de mi marido y todas las dolorosas pautas acumuladas durante tanto tiempo. En vez de eso, recurrí a un recuerdo más reciente: cuando me hicieron un injerto óseo, hace dos años.

La mañana de la operación, el médico le dio a mi marido, que me había acompañado a la consulta, instrucciones estrictas sobre mis cuidados. Mi marido las siguió al pie de la letra. Cada cuatro horas, desde la mañana hasta la medianoche, aparecía junto a mi cama y me atiborraba de barbitúricos y helado de vainilla. Al final, tuve que pedirle que se detuviera, si no quería provocar una tragedia como la de Marilyn Monroe.

Con ese recuerdo en mente, retrocedí un paso mental y le concedí un minuto para hacer la “transición” – y de paso terminar lo que estuviera haciendo en el baño.

Algo como esto:

Me dejé caer en la cama y finalmente dije: “¡Hey!, me he hecho daño y necesito un poco de consuelo”. En ese momento captó la onda – fue rápidamente a por bolsas de hielo, se sentó conmigo en la cama, me acarició la cabeza, y me besó la muñeca golpeada, diciendo: “Pobrecita…”.

Fue un resultado mucho mejor del que ambos habríamos experimentado hace años, a saber:

  • Yo reacciono con ira y dolor a su suspiro de molestia, le acuso de ser el hombre más egoísta que he conocido y salgo furiosa de la habitación, con unas sensaciones horribles sobre mi matrimonio y planeando fugarme.
  • Él reacciona refugiándose en los confines seguros de la elaboración de bases de datos en su ordenador, sintiéndose molesto consigo mismo por haber vuelto a meter la pata, estupefacto porque sus intenciones se trasladen tan mal a sus actos y pensando “¿pero qué diablos le pasa?”

¿Puede ayudar esta estrategia en tu relación? Dar un paso atrás y permitir que tu pareja con TDAH, ahora embarcada en estrategias de tratamiento, tenga un momento de transición, ¿ayudará a curar patrones contraproducentes anteriores? Construir nuevos patrones ¿te permitirá dejar a un lado los viejos?

No puedo prometerlo. Pero puede valer la pena probar.

Posdata: Esta mañana fui al garaje a meter la ropa en la lavadora. ¿Qué encontré? Un camino absolutamente amplio y despejado, libre de la bicicleta, el humidificador y otros trastos y desechos. ¡Gracias, Dr. Chivo!

¡Esperamos que nuestra historia os ayude!

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Tres consejos para mantener enganchados a alumnos con TDAH

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Escrito por Neil Petersen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Tener TDAH sitúa a los alumnos en grave riesgo de desconectarse en clase. Esta falta de conexión puede llevar a una situación del tipo perder-perder-perder: los profesores no saben cómo comunicarse con los alumnos, éstos ven que les culpan por cosas que escapan a su control y los padres contemplan el cuadro impotentes.

¡Pero las cosas no tienen por qué ser así! Éstas son algunas técnicas que me han parecido muy útiles para mantener enganchados a los estudiantes con TDAH; se  basan en mi experiencia, primero como estudiante con TDAH y luego, como profesor particular de niños con TDAH. Pruébalas porque, si eres capaz de mantener al alumno con TDAH enganchado, tienes más de media batalla ganada.

En este post, voy a centrarme en tres técnicas que creo especialmente útiles para ver cómo funciona la mente de los alumnos con TDAH. Seguiré con más consejos en otro post.

1. Déjales moverse

Trabajar con éxito con alumnos con TDAH requiere cambiar la forma en que “leemos” la costumbre de moverse. A menudo pensamos que el movimiento es una señal de que alguien no presta atención o no escucha.

En alumnos con TDAH, sin embargo, el movimiento significa justo lo contrario; están tratando de concentrarse y escuchar. El cerebro con TDAH sufre una falta de estimulación crónica, y el movimiento es un mecanismo para aumentar el estado de alerta.

La investigación es muy clara: los niños con TDAH se concentran mejor cuando se están moviendo (éste es uno de los estudios sobre este tema). Así que decirles que dejen de moverse no sólo no hará que estén más atentos, sino que, en muchos casos, lo que haremos es interferir con sus propios esfuerzos por conseguirlo.

Lo importante es entender que el movimiento es una conducta diferente en niños con y sin TDAH. Los niños sin TDAH no mejoran su rendimiento en tareas cognitivas al estar moviéndose. Los niños con TDAH sí mejoran su rendimiento en las tareas cognitivas cuanto más se mueven.

Para animar a los alumnos con TDAH a moverse sin distraer a quienes les rodean, prueba a dejarles usar una pelota antiestrés, garabatear durante las lecciones, estar de pie mientas trabajan o sentarse en sillas que les permitan moverse libremente (¡un balón de Pilates puede ser un magnífico asiento para un niño con TDAH!).

Al ir al instituto descubrí que el chicle era otra manera útil de canalizar mi inquietud, especialmente durante los exámenes. ¡Me costó horas quitarme el sabor a menta de la boca después de la Selectividad!

2. Expón la información de forma oral y escrita

Siempre que sea posible, ofrece a los alumnos con TDAH la posibilidad de elegir entre aprender la materia nueva leyendo o  escuchando.

Con las charlas ocurre que, una vez se ha dado la información, se va para siempre – así que, si tienes tendencia a no prestar atención, terminarás perdiéndote gran parte de lo que se dice. Sin embargo, si la información está escrita, no se irá a ningún lado.

Por otro lado, muchos estudiantes con TDAH no manejan bien grandes cantidades de material escrito. Se despistan mientras leen, acaban teniendo que leer la misma frase una y otra vez, etc. Y en muchos casos, el TDAH se presenta como un “dos por uno” junto con la dislexia.

Por lo tanto, siempre que sea posible, trata de asegurarte de que los estudiantes tienen la opción de aprender la nueva materia tanto de forma visual como oral. De este modo, pueden escuchar las partes difíciles de leer y leer las partes difíciles de escuchar.

Esta técnica es importante para evitar que los alumnos lleguen a un punto en que se hayan perdido tanta información que estén completamente desorientados, y cualquier intento de reengancharlos sea inútil.

3. Aprovecha sus puntos fuertes

En los estudiantes con TDAH suele darse una brecha mayor entre las cosas que se les dan bien y las que hacen mal que en otros estudiantes. En el entorno escolar, pueden pasarse la mayor parte del tiempo tratando de corregir lo que hacen mal, en vez de esmerarse en mejorar aquello que ya hacen bien.

Sin embargo, es importante dedicar también tiempo a las cosas que hacen bien y estimularles a mejorar en ellas, por varias razones:

  • Les ayudará a mejorar la confianza y desarrollar un sentido de maestría que se trasladará a todas sus actividades.
  • Equilibrar actividades gratificantes y otras frustrantes aumentará su tolerancia a la frustración
  • Experimentar que algunas actividades son a la vez difíciles e interesantes les enseñará que no todas las actividades difíciles son necesariamente desmotivadoras.
  • A largo plazo, las actividades que se les dan bien son probablemente las que volverán a desarrollar a lo largo de su vida

¿Cuáles son tus experiencias trabajando con estudiantes con TDAH – o siendo uno de ellos, para el caso? ¡Por favor, escribe tus comentarios!

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Cómo me ha robado el día el TDAH

Kelly Babcock

Escrito por Kelly Babcock
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

kelly

Hoy he tenido un día. Sí, todos los días tengo un día, pero hay que poner el énfasis correcto en las palabras. Tal vez si lo adorno un poco, ¿cómo sería…? ¡¡¡Tío, qué día he tenido hoy !!!

He empezado con las gafas equivocadas. Ha sido porque ayer me rompí las gafas cuando intentaba limpiarlas. Así que he rescatado unas gafas viejas para llevar mientras las arreglo. Me preguntarás ¿Por qué voy a arreglarlas? Porque ya tienen casi diez años y estoy seguro de que, si las llevo a una óptica, me van a decir “Imposible”.

Un momento; si ésas tienen diez años…

Así es, las que llevo puestas ahora tienen casi quince. Bueno, por lo menos trece. Y sí, me producen molestias en los ojos. Pero no me queda otra opción.

Así que he cogido resina con fibra de vidrio y un trapo y me he puesto a trabajar. Sólo los empollones de la tele arreglan sus gafas con cinta adhesiva. ¡Los tipos duros usamos epoxi! Y mientras estaba en ello, he decidido reparar mi atril; necesita un bulón nuevo con un pomo para ajustarlo. Por resumir, he estado entretenido con esas dos chapuzas y casi la he liado con las dos.

¿Qué ha pasado entonces?

Mientras se secaba la resina, he ido a trabajar. Yo trabajo online, así que mi camino al trabajo consiste en ir desde el salón hasta mi despacho, al final del pasillo, pasando por la cocina para tomar un café.

Una vez conectado, visito las páginas en los que se supone que estoy trabajando. Pero las redes sociales son parte de mi trabajo, y eso me lleva a quedar atrapado haciendo clicks, y el TDAH es un objetivo natural para eso. Tengo que recordarme constantemente que tengo que trabajar.

“♫ ♪¿No es gracioso… ♪ ♫”

…cómo se escapa el tiempo. La experiencia epoxi incluye cómo me las he arreglado para echar un poquito de epoxi en un cristal de las gafas. Y ojalá pudiera decir que eso ha sido todo, pero también ha caído una mancha en la pantalla del móvil.

Entonces esa cosa epoxi me ha seguido hasta mi despacho. Un puntito mate, que debe de ser resina, ha aparecido también en el teclado de mi portátil. Y sí, he tenido un problema con dos dedos que se han quedado pegados durante un momento.

Una vez terminado el trabajo, unos 30 minutos aprovechados tras dedicar varias horas, he bajado al sótano para retomar mi ataque al caos, en mi intento por recuperar mi casa para poder venderla. Esta es otra área en la que el TDAH hace que las cosas se eternicen. Una de las cosas más difíciles de hacer para alguien con TDAH, es decidir si, y cómo, deshacerse de algo. Pero, a base de constancia, he logrado recolectar una buena carga de basura. La he metido en la trasera de mi camioneta y he cogido las llaves, listo para llevarla al vertedero.

¡Entonces he mirado el reloj!

Mi reloj es una de las pocas cosas de mi persona que han evitado la resina. Y funciona bien. Así que no es culpa suya que esa racha distraída con la resina, trabajo online y disputa con la basura del sótano se hayan acabado comiendo el día entero.

Con la camioneta cargada hasta arriba de basura, me he dado cuenta de que el vertedero cerraría en cinco minutos y a mí me cuesta veinte llegar allí.

El carro de la basura…

Así que he cerrado la trasera de la camioneta y he decidido que la basura puede quedarse ahí hasta mañana. He merendado algo y me he ido al open mic[1] a practicar para mi próximo espectáculo.

Y sí, he llevado la basura conmigo. ¿Una señal de distracción TDAH? ¿O de un trabajo en marcha? Yo diría que… las dos cosas.

Puede que pida cita con mi optometrista. Pronto.


[1] Open mic (literalmente, micrófono abierto) es un local donde cualquiera que tenga algo que mostrar al mundo (música, monólogos, poesía…) puede hacerlo libremente (N. de la T.).

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La salud mental de mi hija es más importante que mis sueños sobre su futuro

mom is the word

He aprendido a dejar que sea Lee quien tome la decisión de ir o no a la universidad

Jennifer Gay Summers

Escrito por Jennifer Gay Summers
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Noche de los Junior[1]. Aparqué el coche y me pregunté, por enésima vez, ¿por qué asistía? Sabía que iba a ser igual que la Noche de los Sophomore: escuchar a consejeros hablar de las asignaturas que deberían elegir nuestros hijos el próximo año para orientarse mejor hacia la universidad. En particular, destacarían el mejor itinerario hacia la muy respetada y competitiva Universidad de California, que en este momento no entra en los cálculos de mi hija. Seguí sentada en mi coche, sintiendo un gran peso sobre mis hombros. Lee estaba pasándolo bastante mal con sus notas en el instituto, debido a sus problemas con el TDAH, la ansiedad y la dislexia. Empezar una diplomatura de dos años era lo más que mi mente podía plantearse en este momento. Incluso Lee había dicho: “Mamá, ¿por qué vas a ir?”

Pero me resultaba difícil no ir, renunciar a la esperanza que había estado manteniendo durante años de que ella llegaría a triunfar sobre sus retos y sería capaz de estudiar una carrera de cuatro años. En aquel momento me arrepentí. ¿A qué precio? La salud mental de mi hija era más importante que mis sueños para su futuro. Volví a poner la llave en el contacto, pero entonces pensé: “Con que aprenda una sola cosa que ayude a Lee el próximo curso, habrá valido la pena”.

“¿Jennifer?” Amy, una madre con la que solía trabajar como voluntaria en la escuela primaria de Lee, estaba junto a la ventanilla. Dios mío, pensé, ya estamos. Amy había sido la presidenta de la PTA, el grupo de cerebros tras cada acción de voluntariado, y estaba siempre dispuesta a darme consejos para ayudar a Lee a tener éxito. Es madre de Sean, el típico niño sin ninguna discapacidad, y no tiene la menor comprensión de lo que cuesta educar a un hijo con TDAH.

Nos sentamos en la parte trasera del auditorio, y vi que Amy sacaba un cuaderno y un bolígrafo. Yo había estado tan atareada ayudando a Lee a memorizar fechas para un examen de Historia que no había venido preparada. Escarbé en mi bolso y al final encontré una lista vieja de la compra y un trozo de lápiz. Amy susurró, “Jennifer, ¿tú crees que Sean debería coger cuatro asignaturas de nivel alto, en lugar de tres? ¿Cuántas va a coger Lee? ”

“Ninguna”, dije en voz baja y me aparté, fingiendo interés en lo que el consejero decía.

“¿No te preocupa que no pueda hacer una carrera de cuatro años?”

Mi cabeza retumbó. Tenía que salir de allí, alejarme de la madre perfecta. Metí el lápiz y el papel en mi bolso y agarré las llaves. Pero entonces pensé en Amy y, en ese momento, me vi a mí misma. ¿No había yo venido, en realidad, a causa de mis propios miedos? ¿Cómo podía juzgar a otra madre por querer lo mejor para su hijo? ¿Y qué era, en realidad, lo mejor para Lee? En el fondo, yo sabía la respuesta. Quería que Lee tomase las cosas de una en una, para poder manejar su ansiedad. Yo quería que ella encontrara su propio camino. Aunque tropezara, ella se levantaría y lo resolvería, como había hecho toda su vida. Yo quería que ella fuera a la universidad, pero sólo si ella se veía capaz de hacer frente al desafío. Y eso aún estaba por ver.

Cuando llegué a casa, Lee estaba dibujando. Levantó la vista y dijo: “¿Has aprendido algo?”

Sonreí y dije, “Estoy segura de que estás en el buen camino. ¿Puedo ver tu dibujo? ”

Lo levantó, y me sentí renacer mi esperanza. Lee podía tener problemas para leer o prestar atención, pero había dedicado un montón de horas de trabajo a lo que le gustaba. Y sabía que su pasión artística, o cualquier otra pasión que sintiera, le darían fuerza y resistencia para llegar hasta el final, fuera donde fuera.


[1] Junior: En EE.UU. estudiante de tercer año de la Escuela Secundaria, penúltimo antes de la universidad. Sophomore corresponde al segundo año (N. de la T.)

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