Asociación entre TDAH y adicción a videojuegos

marklfuerst.com

Publicado el 9 de mayo de 2016 por Mark L. Fuerst
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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La adicción a videojuegos parece estar asociada con el TDAH y otros trastornos psiquiátricos, según indica un reciente estudio[1].

“Dedicarse de forma excesiva a jugar puede ser un mecanismo de escape o una manera de afrontar trastornos psiquiátricos subyacentes, un intento de aliviar sentimientos desagradables y de calmar la inquietud física”, dice el autor principal, Cecilie Schou Andreassen, Psy.D. de la Universidad de Bergen (Noruega).

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La investigación sobre “conductas tecnológicas adictivas” ha mostrado una fuerte asociación entre el uso adictivo de la tecnología y trastornos psiquiátricos comórbidos. Schou Andreassen y sus colegas llevaron a cabo un estudio transversal online sobre 23.533 adultos, de una edad media de 36 años. Analizaron si las variables demográficas y los síntomas de TDAH, trastorno obsesivo-compulsivo, ansiedad y depresión podrían explicar el uso compulsivo y excesivo de redes sociales y videojuegos.

Los investigadores encontraron correlaciones positivas significativas entre los síntomas del uso adictivo de la tecnología y los síntomas de trastornos mentales. La edad parecía ser inversamente proporcional al uso adictivo de estas tecnologías. Partiendo de este estudio, las personas más jóvenes con algunas de estas características podrían ser el objetivo de medidas para prevenir el desarrollo de patrones de juego poco saludables, según Schou Andreassen.

El sexo masculino está significativamente asociado con el uso adictivo de videojuegos, mientras que el sexo femenino se asocia significativamente con el uso adictivo de las redes sociales. “Los hombres parecen, en general, más propensos a hacerse adictos a los juegos online, los juegos de azar y la ciber-pornografía, mientras que las mujeres pueden serlo a las redes sociales, los mensajes de texto y las compras online”, dice Schou Andreassen. También existe una correlación positiva entre la soltería y las adicciones, tanto a redes sociales como a videojuegos.

Los análisis muestran que los factores demográficos explican entre el 11% y el 12% de la varianza en el uso adictivo de la tecnología. Las variables de salud mental explican entre el 7% y el 15% de la varianza.

“El estudio aumenta significativamente nuestra comprensión de los síntomas de salud mental y su papel en el uso adictivo de las nuevas tecnologías; también sugiere que el concepto de trastorno por uso de Internet (“adicción a Internet”) como unidad conceptual no está justificada”, explica Schou Andreassen.

El estudio emplea siete criterios para identificar la adicción a los videojuegos. Se puntúa la experiencia de juego en los últimos seis meses, en una escala que va desde “nunca” hasta “muy a menudo”. Las proposiciones son:

  • Estás todo el día pensando en jugar a videojuegos
  • Pasas cada vez más tiempo con los videojuegos
  • Juegas para olvidarte de la vida real
  • Otras personas han tratado sin éxito de reducir el uso que haces de los videojuegos
  • Te sientes mal cuando no puedes jugar
  • Tienes discusiones con otras personas (familiares, amigos) sobre el tiempo que pasas jugando.
  • Descuidas otras actividades importantes (trabajo, estudios, deportes) para jugar

Una puntuación alta en, al menos, cuatro de los siete ítems sugiere una adicción a los videojuegos asociada a problemas con la salud, el trabajo, los estudios o las relaciones sociales.


[1] Schou Andreassen C, Billieux J, Griffiths MD, et al. The relationship between addictive use of social media and video games and symptoms of psychiatric disorders: a large-scale cross-sectional study. Psychol Addict Behav. 2016;30:252-262.

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Carta a la madre de un niño con TDAH

W.R.Cummings

Escrito por W. R. Cummings 
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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A mi hermana, cuyo hijo tiene TDAH,

Cuando era un bebé, sabíamos que tu niño era diferente. Lloraba más que los demás y no sabíamos por qué. Aprendió a gatear más pronto y empezamos a especular acerca de por qué. Después, empezó a caminar y a desafiar los límites antes que ninguno, y ya estábamos bastante seguras de saber por qué.

Era más ruidoso y más destrozón y teníamos que vigilarle constantemente. WRC1Había en él siempre un comportamiento impulsivo a punto de estallar.

Cuando por fin fue diagnosticado de TDAH, lo único que sentimos fue alivio, por tener finalmente una respuesta oficial a lo que ya sabíamos.

Recuerdo una mañana, cuando Félix era pequeño, que viniste a mi casa sólo para charlar. Esperabas que una conversación adulta te distrajera de la sensación de que tu hijo te desbordaba.

Y, nada más llegar, te quedaste dormida en el sofá.

Llevé a Felix a la otra habitación y estuvimos jugando mientras dormías, porque sabía lo cansada que estabas. No era sólo cansancio físico por la falta de sueño (y es que Félix nunca dormía más de cinco horas), sino también cansancio mental. Cansancio emocional. Cansancio tipo ya-no-puedo-hacer-esto-ni un-segundo-más.

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Lo sabía porque lo veía en tus ojos y sobre tus hombros. Lo sabía porque, estando tan sólo un rato con él, yo acababa cansada. Sabía que dedicarle el 100% del tiempo, sin tener jamás un descanso, sería todavía más duro.

Porque no importa lo incondicionalmente que ames a tu hijo, criar a un niño con TDAH es muy duro. Tienes que estar en guardia cada segundo. Nunca puedes distraerte, porque tu hijo puede salir corriendo a la calle. Puede desaparecer detrás de un perchero en la tienda de ropa, o echarse en brazos de un extraño, ya que no entiende de límites ni de seguridad.

Ni siquiera en casa puedes descansar. Desmonta cosas para estudiarlas más rápido de lo que tú puedes volver a montarlas. Escondes el papel higiénico porque sabes que lo va a desenrollar entero o va a tirar el rollo al retrete. Colocas los objetos de valor a bastante altura, porque sabes que no durarán nada. Cierras la puerta con llave, porque sabes que va a salir a la calle si puede abrirla.

Estás agotada de tratar de que te haga caso trescientas veces al día. Estás cansada de tratar WRC3de enseñarle a obedecer, cuando él no puede ni siquiera estar mirándote durante más de un tercio de segundo. Estás exhausta de pasar tantos días sin tratar con personas adultas, porque es difícil quedar con los padres de otros niños o invitar a gente a casa cuando la mayoría de los adultos/padres no entiende cómo funciona el cerebro de tu hijo, ni sus impulsos. Es difícil ayudarle a hacer amigos (y así poder tú hacer amigos) cuando tu hijo sólo sabe jugar por su cuenta, no con los demás.

Es difícil vivir en armonía con otras personas cuando la gran mayoría de ellas tiene una idea negativa de tu pequeño, al que tanto te esfuerzas por educar bien. No hay café suficiente para superar este tipo de agotamiento. Está en lo más profundo de tu alma.

Veo que haces todo lo que puedes y te esfuerzas al máximo y quiero que sepas que ES SUFICIENTE.

No sólo es que estés haciendo lo suficiente, sino que es lo mejor. TÚ eres lo mejor para él. Vino a este mundo en un momento realmente “inoportuno” y, sin embargo, aquél fue el momento perfecto. Él cambió todo para ti. Y con el tiempo, tu estás cambiando todo para él. Vosotros dos estabais, literalmente, hechos el uno para el otro.

Y pese a que los últimos seis años han sido los más agotadores de tu vida, sé que también han sido los que más te han llenado (sí, esta contradicción tiene sentido, pero sólo si tienes hijos).

WRC4¿Y sabes por qué te han llenado tanto? Porque, acurrucado junto a ese agotamiento, en el fondo de tu alma, está el amor de un niño que, a los ojos de Dios, es perfecto.

Veo cómo le miras cuando duerme. Veo cómo le apartas el pelo de la cara y le arropas.

Veo cómo le miras cuando lanza la pelota más lejos que nadie de su equipo y corre las bases más rápido que cualquier niño de su edad. Veo cómo te entusiasmas cuando utiliza una habilidad motriz fina que nunca antes había utilizado. Veo cómo te ríes cuando dice algo divertido que surge del fondo de su rica imaginación.

Estás en el rincón de Félix y ESO es lo que él necesita. Incluso si estás molida a golpes y casi fuera de combate, sigues en su rincón, animándole.

Eres una gran madre. eres la mejor madre para él. Me encanta mirarte y estoy muy agradecida de que seas tú su madre.

Algún día, le veremos graduarse en el instituto, quizá casarse, tener hijos… y sabremos que fuiste TÚ quien permaneció a su lado y le enseñó a ser un buen hombre. Un buen marido. Un buen trabajador. Un buen padre.

Él se merece cada gramo de energía que le estás dedicando y lo agradecerá cuando sea lo bastante mayor para comprenderlo.

Te quiero.

De todo corazón,

La hermana que te ve.

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La forma de resolver este laberinto depende de si tienes o no síntomas de TDAH

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Escrito por Neil Petersen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Mientras todo el mundo andaba como loco la semana pasada con un estudio que mostraba un incremento del 43% en el diagnóstico de TDAH, también se dieron a conocer los resultados de otro estudio sobre el TDAH. Éste no recibió tanta atención mediática, pero en lo que a mí respecta, es mucho más interesante el aumento de los índices de diagnóstico.

En este segundo estudio, los investigadores analizaron cómo resolvían diferentes personas un laberinto virtual. El laberinto constaba de ocho caminos radiales desde el centro de un paisaje con rocas, árboles y otros elementos de referencia.

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Cada uno de los ocho caminos del laberinto virtual terminaba en una escalera. Cuatro de ellas (las marcadas en la imagen con asteriscos rojos) contenían objetos ocultos bajo ellas; en otras palabras, la mitad de los caminos terminaba en recompensas ocultas. A los niños que participaron en el estudio se les pidió que aprendieran qué cuatro caminos escondían objetos y que completaran varias veces el laberinto. En teoría, su rendimiento iría mejorando con el tiempo.

Al final del experimento, se pedía a los participantes que completaran el laberinto encontrando, una vez más, los objetos ocultos, pero con una particularidad: se eliminaban del laberinto los objetos de referencia.

Y ¿qué pasa con todo esto?

Los investigadores estaban interesados, no sólo en la mayor o menor capacidad de los participantes para aprender qué caminos contenían las recompensas, sino también en cómo aprendían a navegar por el laberinto.

Concretamente, las personas aprenden el laberinto utilizando dos posibles tipos de estrategias: estrategias de respuesta y estrategias espaciales.

Las estrategias de respuesta consisten en aprender un patrón fijo para llegar a todas las recompensas. Por ejemplo, numerar los caminos y recordar ir por los caminos 1, 2, 4 y 7 sería una estrategia de respuesta. Memorizar una secuencia de acciones (“Primero ir por el camino de enfrente; a continuación, el que está justo al lado; luego, saltarse un camino”) sería otra estrategia de respuesta. Pensar en el laberinto a partir de un único punto de referencia fijo sería otro ejemplo de estrategia de respuesta.

Las estrategias espaciales consisten en construir un mapa mental de qué recompensas están cerca de qué puntos de referencia. Los investigadores determinaban que los participantes empleaban una estrategia espacial si, al describir cómo resolvieron el laberinto “el participante mencionaba al menos dos puntos de referencia y no hablaba de aplicar un patrón”.

Ahora, recuerda que los investigadores finalizaron el experimento eliminando todos los elementos de referencia, para ver si los participantes aún podían resolver el laberinto. A las personas que utilizaban estrategias espaciales, les resultó muy complicado: de repente, todas las referencias que usaban para guiarse por el laberinto habían desaparecido. Las personas que emplearon estrategias de respuesta tuvieron menos dificultades, ya que se basaban en un patrón fijo en lugar de utilizar múltiples puntos de referencia para orientarse. Así que quienes utilizaron estrategias de respuesta tenían más probabilidades de resolver perfectamente el laberinto (sin elegir ningún camino equivocado), incluso cuando habían desaparecido los elementos de referencia.

Sí, resulta sugerente que las personas se encuadren en uno de estos dos grupos al resolver este sencillo laberinto, pero no es esto lo más interesante. Lo más interesante viene ahora.

La estrategia que utilices depende en parte del modo en que tu cerebro procesa las recompensas. Si piensas en ello, aprender una estrategia de respuesta es un modo de hacer las cosas más orientado hacia la recompensa, pues consiste en reforzar una secuencia o patrón determinados de acciones. Por su parte, las estrategias espaciales se basan más en las funciones ejecutivas y la capacidad de tener una visión de las cosas objetiva y de alto nivel.

Así que las personas que utilizan estrategias de respuesta en lugar de estrategias espaciales tienden a elegir la estrategia más orientada a la recompensa, porque son más ávidas de recompensas. Aquí es donde entra en el TDAH: las personas con TDAH procesan las recompensas de manera diferente y, en general, las buscan con más ahínco que las personas sin TDAH. En el estudio, los investigadores descubrieron que los niños con al menos un síntoma de TDAH eran más propensos a optar por estrategias de respuesta.

Los adultos siguen un patrón similar. Un estudio previo realizado por los mismos investigadores concluyó que los adultos que utilizaban estrategias de respuesta fumaban más cigarrillos, consumían más cannabis y bebían más alcohol.

Creo que resulta fascinante es que el modo en que procesamos las recompensas se refleja en este sencillo experimento del laberinto, pero también podemos sacar una consecuencia práctica: a las personas con TDAH les van mejor las estrategias de aprendizaje que hacen hincapié en la recompensa y la repetición.

También tengo curiosidad por conocer qué estrategias creen los lectores que utilizarían para resolver este laberinto. ¡Si tienes alguna idea, déjala en los comentarios!

Enlace a la referencia del estudio (en inglés):
http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0166432815301522

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Romper viejos patrones del matrimonio, tras casi romperme la muñeca

Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADHD and relationships

Esto es lo que sucede a menudo con “el TDAH y la pareja”: tras varios años de relación, descubrís que uno de vosotros, o ambos, tenéis TDAH. Para entonces, los dos habéis desarrollado unos cuantos patrones de manejo bastante contraproducentes. La mayoría va a necesitar un gran esfuerzo para superar pautas destructivas y respuestas emocionales ya arraigadas.

Suelo hablar de esto en mis charlas para el público en general y para profesionales sanitarios, desde San Francisco hasta Turquía. Porque, tenedlo por seguro, además de conseguir la categoría de “experta en TDAH”, tengo multitud de oportunidades para practicar en casa. Ayer mismo tuvimos un incidente. Permitidme que os lo cuente. Pero antes, conectad los altavoces, porque tiene efectos de sonido.

Lesionada, abandonada y desconsolada

Para mí, un patrón particularmente negativo se refiere al temor de que mi marido (el cónyuge con TDAH de nuestro matrimonio) se muestre incapaz – e incluso indiferente – a la hora de cuidarme si estoy enferma o impedida, aunque sea temporalmente. Y ese patrón ha vuelto a manifestarse esta semana.

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En los veinte años que llevamos juntos, he tenido un montón de “pruebas” que apoyan esta creencia no-tan-irracional de que sólo podré contar conmigo misma si algún día estoy enferma o incapacitada.

Por ejemplo, tras operarme de un pie hace algunos años, me dieron órdenes estrictas de mantenerlo en alto y moverme lo menos posible. Mi marido, que entonces trabajaba en casa, juró que sería mi enfermera Nightingale (una Nigthingale de metro noventa y ciento cuatro kilos).

Se estrenó en el cargo tras la operación, llevando mi silla de ruedas a toda velocidad por los pasillos del hospital, camino del ascensor, como si estuviera en Disneylandia. ¡Yujuuuu!

¡Yo iba agarrándome a la silla con todas mis fuerzas, rezando para que no me golpeara el pie con el marco del ascensor ni me catapultara fuera de la silla!

Una vez en casa, preparó obedientemente la cabecera de la cama con un teléfono fijo y su teléfono móvil. De este modo, yo podía estar segura de localizarle en su despacho del piso de arriba cuando lo necesitase.

El problema es que al teléfono fijo se le agotó la batería, y el móvil de prepago se quedó sin saldo.

Estuve abandonada durante largas horas, sin que él oyera mis gritos. Tampoco se le ocurrió venir a ver cómo estaba. Así que me sentí impotente, dolorida y engañada. En contra de mi sentido común – afinado tras tantos años de decepciones – había hecho un acto de fe confiándole mi cuidado.

Auto-advertencia: nunca vuelvas a confiar

Me sentí como si me hubiera dado un golpe en la cabeza. Y desconsolada.

Nota mental para mi subconsciente: ten mucho cuidado con volver a confiar a esta persona tu bienestar.

De esto hará unos seis años.

Ayer sufrí una caída prolongada, poco elegante y bastante dolorosa en el garaje.

Tropecé con un pedal de la bicicleta y, al tratar de evitar pisar un humidificador de aire, reboté varias veces sobre diferentes superficies hasta acabar aterrizando con un estruendo en el peldaño de entrada a la cocina.

Algo como:

Mi marido ha vuelto a trabajar en casa, después de estar seis años en una oficina. Estaba en el piso de arriba (al menos eso creía yo).

Estaba segura que habría oído mi caída (¡me pareció que había sonado lo bastante fuerte!). Y si no, estaba segura de que no podía ignorar mi gimoteo y mis gritos llamándole.

Algo como esto, pero no con la misma energía:

Allí tirada como una muñeca de trapo, pasaron por mi mente todas las explicaciones posibles: había oído el estruendo, pero pensó: “Estará bien. Es de esas personas auto-suficientes”; o, peor aún, lo había oído y no quería interrumpir su trabajo. Pero, maldita sea, yo podía haberme roto algo.

Por fin me puse de pie y avancé como Quasimodo hacia mi estudio, llamándole por el camino. Tenía la esperanza de que estuviera en otra parte de la casa, y no hubiera oído mi caída ni mis llamadas. Entonces lo descubrí. Estaba en el baño. “¡Chivo!”, le dije (porque ese es su apodo). “¡Me he caído de mala manera!”

Lo oí a través de la puerta cerrada: profundo disgusto por la interrupción. Un suspiro como este:

Sin embargo, él lo recuerda más bien como:

Se había desatado el peor de mis temores: estaba molesto porque me había pasado algo malo que requería su ayuda.

¿”En el fondo”, le importa?

¿Pero dónde está exactamente ese fondo?

Me suena haberlo oído más veces.

En más de una década liderando un grupo online para cónyuges de adultos con TDAH, me lo han contado muchas veces: el cónyuge con TDAH no ve con compasión la enfermedad de su pareja, sino que la considera… una molestia.

Es escalofriante el primer encuentro con esta reacción. La primera respuesta puede ser de negación – tu pareja no puede ser tan fría, insensible y egoísta. Después, cuando la realidad finalmente se impone, puedes sentir tu ánimo absolutamente paralizado.

De hecho, no importan nuestras fantasías sobre la relación, nuestra pareja puede ser absolutamente fría, insensible y egoísta, tenga o no TDAH. Si es éste el caso, ¡abre los ojos y deja de soñar!

¿Cómo sabemos, sin embargo, si es el TDAH quien produce esta respuesta indeseable o es otra cosa? ¿Simple insensibilidad, por ejemplo? No hay una respuesta fácil. Cada persona es un caso distinto.

Pero la dura realidad es que a veces sólo lo sabes con certeza después del tratamiento médico del TDAH y los trastornos coexistentes, como el trastorno bipolar, la ansiedad o la depresión.

El TDAH y las relaciones de pareja: no hay soluciones estándar

ADHD and relationships

Una advertencia: algunos autoproclamados expertos en TDAH hacen sistemáticamente “luz de gas” a los cónyuges de los adultos con TDAH. Proclaman que al cónyuge con TDAH “en el fondo”, sí que le importa, aunque sus actos no lo demuestren.

Por supuesto, esto es cierto a veces; los síntomas del TDAH y las estrategias de manejo inadecuadas pueden obstaculizar su capacidad para expresar sentimientos o actuar conforme a ellos.

Pero no lo es para los 10 a 30 millones de adultos con TDAH que hay sólo en los EE.UU., y sería absurdo afirmarlo. Nada es cierto para tantas personas. Hay que reconocer, honestamente, que en algunos cónyuges con TDAH, “en el fondo” sólo hay más egocentrismo.

Los millones de adultos con TDAH sólo tienen una cosa en común: aspectos variables de este síndrome tan variable.

Debes tener en cuenta el resto de la personalidad, así como las complicaciones por trastornos coexistentes (trastorno de conducta, trastorno de personalidad antisocial y otros). En otras palabras, estos juicios deben emitirse caso por caso. Es fácil echar mano de tópicos “estándar”. Esto, sin embargo, no ayuda a nadie – y puede hacer mucho daño.

Aprender a recurrir a recuerdos más recientes

Tras casi veinte años juntos, he aprendido que hay un “fondo” de bondad en mi marido. Con demasiada frecuencia, fue oscurecido o directamente saboteado por un TDAH mal manejado. Defraudaba mis expectativas – y las suyas. En lugar de reaccionar con arrepentimiento, lo hacía con ira. Luego, decía, dirigía esa ira contra sí mismo (“¡He vuelto a fallar!”). Pero era yo quien quedaba atrapada en el fuego cruzado.

Afortunadamente, las cosas ahora son diferentes

Esa mañana, mientras me arrastraba hacia la parte trasera de la casa en busca de consuelo, decidí ignorar momentáneamente el suspiro de incomodidad de mi marido y todas las dolorosas pautas acumuladas durante tanto tiempo. En vez de eso, recurrí a un recuerdo más reciente: cuando me hicieron un injerto óseo, hace dos años.

La mañana de la operación, el médico le dio a mi marido, que me había acompañado a la consulta, instrucciones estrictas sobre mis cuidados. Mi marido las siguió al pie de la letra. Cada cuatro horas, desde la mañana hasta la medianoche, aparecía junto a mi cama y me atiborraba de barbitúricos y helado de vainilla. Al final, tuve que pedirle que se detuviera, si no quería provocar una tragedia como la de Marilyn Monroe.

Con ese recuerdo en mente, retrocedí un paso mental y le concedí un minuto para hacer la “transición” – y de paso terminar lo que estuviera haciendo en el baño.

Algo como esto:

Me dejé caer en la cama y finalmente dije: “¡Hey!, me he hecho daño y necesito un poco de consuelo”. En ese momento captó la onda – fue rápidamente a por bolsas de hielo, se sentó conmigo en la cama, me acarició la cabeza, y me besó la muñeca golpeada, diciendo: “Pobrecita…”.

Fue un resultado mucho mejor del que ambos habríamos experimentado hace años, a saber:

  • Yo reacciono con ira y dolor a su suspiro de molestia, le acuso de ser el hombre más egoísta que he conocido y salgo furiosa de la habitación, con unas sensaciones horribles sobre mi matrimonio y planeando fugarme.
  • Él reacciona refugiándose en los confines seguros de la elaboración de bases de datos en su ordenador, sintiéndose molesto consigo mismo por haber vuelto a meter la pata, estupefacto porque sus intenciones se trasladen tan mal a sus actos y pensando “¿pero qué diablos le pasa?”

¿Puede ayudar esta estrategia en tu relación? Dar un paso atrás y permitir que tu pareja con TDAH, ahora embarcada en estrategias de tratamiento, tenga un momento de transición, ¿ayudará a curar patrones contraproducentes anteriores? Construir nuevos patrones ¿te permitirá dejar a un lado los viejos?

No puedo prometerlo. Pero puede valer la pena probar.

Posdata: Esta mañana fui al garaje a meter la ropa en la lavadora. ¿Qué encontré? Un camino absolutamente amplio y despejado, libre de la bicicleta, el humidificador y otros trastos y desechos. ¡Gracias, Dr. Chivo!

¡Esperamos que nuestra historia os ayude!

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Tres consejos para mantener enganchados a alumnos con TDAH

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Escrito por Neil Petersen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Tener TDAH sitúa a los alumnos en grave riesgo de desconectarse en clase. Esta falta de conexión puede llevar a una situación del tipo perder-perder-perder: los profesores no saben cómo comunicarse con los alumnos, éstos ven que les culpan por cosas que escapan a su control y los padres contemplan el cuadro impotentes.

¡Pero las cosas no tienen por qué ser así! Éstas son algunas técnicas que me han parecido muy útiles para mantener enganchados a los estudiantes con TDAH; se  basan en mi experiencia, primero como estudiante con TDAH y luego, como profesor particular de niños con TDAH. Pruébalas porque, si eres capaz de mantener al alumno con TDAH enganchado, tienes más de media batalla ganada.

En este post, voy a centrarme en tres técnicas que creo especialmente útiles para ver cómo funciona la mente de los alumnos con TDAH. Seguiré con más consejos en otro post.

1. Déjales moverse

Trabajar con éxito con alumnos con TDAH requiere cambiar la forma en que “leemos” la costumbre de moverse. A menudo pensamos que el movimiento es una señal de que alguien no presta atención o no escucha.

En alumnos con TDAH, sin embargo, el movimiento significa justo lo contrario; están tratando de concentrarse y escuchar. El cerebro con TDAH sufre una falta de estimulación crónica, y el movimiento es un mecanismo para aumentar el estado de alerta.

La investigación es muy clara: los niños con TDAH se concentran mejor cuando se están moviendo (éste es uno de los estudios sobre este tema). Así que decirles que dejen de moverse no sólo no hará que estén más atentos, sino que, en muchos casos, lo que haremos es interferir con sus propios esfuerzos por conseguirlo.

Lo importante es entender que el movimiento es una conducta diferente en niños con y sin TDAH. Los niños sin TDAH no mejoran su rendimiento en tareas cognitivas al estar moviéndose. Los niños con TDAH sí mejoran su rendimiento en las tareas cognitivas cuanto más se mueven.

Para animar a los alumnos con TDAH a moverse sin distraer a quienes les rodean, prueba a dejarles usar una pelota antiestrés, garabatear durante las lecciones, estar de pie mientas trabajan o sentarse en sillas que les permitan moverse libremente (¡un balón de Pilates puede ser un magnífico asiento para un niño con TDAH!).

Al ir al instituto descubrí que el chicle era otra manera útil de canalizar mi inquietud, especialmente durante los exámenes. ¡Me costó horas quitarme el sabor a menta de la boca después de la Selectividad!

2. Expón la información de forma oral y escrita

Siempre que sea posible, ofrece a los alumnos con TDAH la posibilidad de elegir entre aprender la materia nueva leyendo o  escuchando.

Con las charlas ocurre que, una vez se ha dado la información, se va para siempre – así que, si tienes tendencia a no prestar atención, terminarás perdiéndote gran parte de lo que se dice. Sin embargo, si la información está escrita, no se irá a ningún lado.

Por otro lado, muchos estudiantes con TDAH no manejan bien grandes cantidades de material escrito. Se despistan mientras leen, acaban teniendo que leer la misma frase una y otra vez, etc. Y en muchos casos, el TDAH se presenta como un “dos por uno” junto con la dislexia.

Por lo tanto, siempre que sea posible, trata de asegurarte de que los estudiantes tienen la opción de aprender la nueva materia tanto de forma visual como oral. De este modo, pueden escuchar las partes difíciles de leer y leer las partes difíciles de escuchar.

Esta técnica es importante para evitar que los alumnos lleguen a un punto en que se hayan perdido tanta información que estén completamente desorientados, y cualquier intento de reengancharlos sea inútil.

3. Aprovecha sus puntos fuertes

En los estudiantes con TDAH suele darse una brecha mayor entre las cosas que se les dan bien y las que hacen mal que en otros estudiantes. En el entorno escolar, pueden pasarse la mayor parte del tiempo tratando de corregir lo que hacen mal, en vez de esmerarse en mejorar aquello que ya hacen bien.

Sin embargo, es importante dedicar también tiempo a las cosas que hacen bien y estimularles a mejorar en ellas, por varias razones:

  • Les ayudará a mejorar la confianza y desarrollar un sentido de maestría que se trasladará a todas sus actividades.
  • Equilibrar actividades gratificantes y otras frustrantes aumentará su tolerancia a la frustración
  • Experimentar que algunas actividades son a la vez difíciles e interesantes les enseñará que no todas las actividades difíciles son necesariamente desmotivadoras.
  • A largo plazo, las actividades que se les dan bien son probablemente las que volverán a desarrollar a lo largo de su vida

¿Cuáles son tus experiencias trabajando con estudiantes con TDAH – o siendo uno de ellos, para el caso? ¡Por favor, escribe tus comentarios!

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Cómo me ha robado el día el TDAH

Kelly Babcock

Escrito por Kelly Babcock
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Hoy he tenido un día. Sí, todos los días tengo un día, pero hay que poner el énfasis correcto en las palabras. Tal vez si lo adorno un poco, ¿cómo sería…? ¡¡¡Tío, qué día he tenido hoy !!!

He empezado con las gafas equivocadas. Ha sido porque ayer me rompí las gafas cuando intentaba limpiarlas. Así que he rescatado unas gafas viejas para llevar mientras las arreglo. Me preguntarás ¿Por qué voy a arreglarlas? Porque ya tienen casi diez años y estoy seguro de que, si las llevo a una óptica, me van a decir “Imposible”.

Un momento; si ésas tienen diez años…

Así es, las que llevo puestas ahora tienen casi quince. Bueno, por lo menos trece. Y sí, me producen molestias en los ojos. Pero no me queda otra opción.

Así que he cogido resina con fibra de vidrio y un trapo y me he puesto a trabajar. Sólo los empollones de la tele arreglan sus gafas con cinta adhesiva. ¡Los tipos duros usamos epoxi! Y mientras estaba en ello, he decidido reparar mi atril; necesita un bulón nuevo con un pomo para ajustarlo. Por resumir, he estado entretenido con esas dos chapuzas y casi la he liado con las dos.

¿Qué ha pasado entonces?

Mientras se secaba la resina, he ido a trabajar. Yo trabajo online, así que mi camino al trabajo consiste en ir desde el salón hasta mi despacho, al final del pasillo, pasando por la cocina para tomar un café.

Una vez conectado, visito las páginas en los que se supone que estoy trabajando. Pero las redes sociales son parte de mi trabajo, y eso me lleva a quedar atrapado haciendo clicks, y el TDAH es un objetivo natural para eso. Tengo que recordarme constantemente que tengo que trabajar.

“♫ ♪¿No es gracioso… ♪ ♫”

…cómo se escapa el tiempo. La experiencia epoxi incluye cómo me las he arreglado para echar un poquito de epoxi en un cristal de las gafas. Y ojalá pudiera decir que eso ha sido todo, pero también ha caído una mancha en la pantalla del móvil.

Entonces esa cosa epoxi me ha seguido hasta mi despacho. Un puntito mate, que debe de ser resina, ha aparecido también en el teclado de mi portátil. Y sí, he tenido un problema con dos dedos que se han quedado pegados durante un momento.

Una vez terminado el trabajo, unos 30 minutos aprovechados tras dedicar varias horas, he bajado al sótano para retomar mi ataque al caos, en mi intento por recuperar mi casa para poder venderla. Esta es otra área en la que el TDAH hace que las cosas se eternicen. Una de las cosas más difíciles de hacer para alguien con TDAH, es decidir si, y cómo, deshacerse de algo. Pero, a base de constancia, he logrado recolectar una buena carga de basura. La he metido en la trasera de mi camioneta y he cogido las llaves, listo para llevarla al vertedero.

¡Entonces he mirado el reloj!

Mi reloj es una de las pocas cosas de mi persona que han evitado la resina. Y funciona bien. Así que no es culpa suya que esa racha distraída con la resina, trabajo online y disputa con la basura del sótano se hayan acabado comiendo el día entero.

Con la camioneta cargada hasta arriba de basura, me he dado cuenta de que el vertedero cerraría en cinco minutos y a mí me cuesta veinte llegar allí.

El carro de la basura…

Así que he cerrado la trasera de la camioneta y he decidido que la basura puede quedarse ahí hasta mañana. He merendado algo y me he ido al open mic[1] a practicar para mi próximo espectáculo.

Y sí, he llevado la basura conmigo. ¿Una señal de distracción TDAH? ¿O de un trabajo en marcha? Yo diría que… las dos cosas.

Puede que pida cita con mi optometrista. Pronto.


[1] Open mic (literalmente, micrófono abierto) es un local donde cualquiera que tenga algo que mostrar al mundo (música, monólogos, poesía…) puede hacerlo libremente (N. de la T.).

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La salud mental de mi hija es más importante que mis sueños sobre su futuro

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He aprendido a dejar que sea Lee quien tome la decisión de ir o no a la universidad

Jennifer Gay Summers

Escrito por Jennifer Gay Summers
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Noche de los Junior[1]. Aparqué el coche y me pregunté, por enésima vez, ¿por qué asistía? Sabía que iba a ser igual que la Noche de los Sophomore: escuchar a consejeros hablar de las asignaturas que deberían elegir nuestros hijos el próximo año para orientarse mejor hacia la universidad. En particular, destacarían el mejor itinerario hacia la muy respetada y competitiva Universidad de California, que en este momento no entra en los cálculos de mi hija. Seguí sentada en mi coche, sintiendo un gran peso sobre mis hombros. Lee estaba pasándolo bastante mal con sus notas en el instituto, debido a sus problemas con el TDAH, la ansiedad y la dislexia. Empezar una diplomatura de dos años era lo más que mi mente podía plantearse en este momento. Incluso Lee había dicho: “Mamá, ¿por qué vas a ir?”

Pero me resultaba difícil no ir, renunciar a la esperanza que había estado manteniendo durante años de que ella llegaría a triunfar sobre sus retos y sería capaz de estudiar una carrera de cuatro años. En aquel momento me arrepentí. ¿A qué precio? La salud mental de mi hija era más importante que mis sueños para su futuro. Volví a poner la llave en el contacto, pero entonces pensé: “Con que aprenda una sola cosa que ayude a Lee el próximo curso, habrá valido la pena”.

“¿Jennifer?” Amy, una madre con la que solía trabajar como voluntaria en la escuela primaria de Lee, estaba junto a la ventanilla. Dios mío, pensé, ya estamos. Amy había sido la presidenta de la PTA, el grupo de cerebros tras cada acción de voluntariado, y estaba siempre dispuesta a darme consejos para ayudar a Lee a tener éxito. Es madre de Sean, el típico niño sin ninguna discapacidad, y no tiene la menor comprensión de lo que cuesta educar a un hijo con TDAH.

Nos sentamos en la parte trasera del auditorio, y vi que Amy sacaba un cuaderno y un bolígrafo. Yo había estado tan atareada ayudando a Lee a memorizar fechas para un examen de Historia que no había venido preparada. Escarbé en mi bolso y al final encontré una lista vieja de la compra y un trozo de lápiz. Amy susurró, “Jennifer, ¿tú crees que Sean debería coger cuatro asignaturas de nivel alto, en lugar de tres? ¿Cuántas va a coger Lee? ”

“Ninguna”, dije en voz baja y me aparté, fingiendo interés en lo que el consejero decía.

“¿No te preocupa que no pueda hacer una carrera de cuatro años?”

Mi cabeza retumbó. Tenía que salir de allí, alejarme de la madre perfecta. Metí el lápiz y el papel en mi bolso y agarré las llaves. Pero entonces pensé en Amy y, en ese momento, me vi a mí misma. ¿No había yo venido, en realidad, a causa de mis propios miedos? ¿Cómo podía juzgar a otra madre por querer lo mejor para su hijo? ¿Y qué era, en realidad, lo mejor para Lee? En el fondo, yo sabía la respuesta. Quería que Lee tomase las cosas de una en una, para poder manejar su ansiedad. Yo quería que ella encontrara su propio camino. Aunque tropezara, ella se levantaría y lo resolvería, como había hecho toda su vida. Yo quería que ella fuera a la universidad, pero sólo si ella se veía capaz de hacer frente al desafío. Y eso aún estaba por ver.

Cuando llegué a casa, Lee estaba dibujando. Levantó la vista y dijo: “¿Has aprendido algo?”

Sonreí y dije, “Estoy segura de que estás en el buen camino. ¿Puedo ver tu dibujo? ”

Lo levantó, y me sentí renacer mi esperanza. Lee podía tener problemas para leer o prestar atención, pero había dedicado un montón de horas de trabajo a lo que le gustaba. Y sabía que su pasión artística, o cualquier otra pasión que sintiera, le darían fuerza y resistencia para llegar hasta el final, fuera donde fuera.


[1] Junior: En EE.UU. estudiante de tercer año de la Escuela Secundaria, penúltimo antes de la universidad. Sophomore corresponde al segundo año (N. de la T.)

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4 costumbres molestas de las personas con TDAH

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Escrito por Neil Petersen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Lo bueno del TDAH es que no es un trastorno que tengas que sufrir a solas. Las personas a tu alrededor también lo sufren.

Cuando tienes TDAH, tú sientes lo peor de sus síntomas, pero aquellos que viven contigo sienten sus efectos secundarios, ya sean leves, severos o simplemente molestos.

Quiero centrarme en esta tercera categoría: esos detalles irritantes que hacen a las personas con TDAH tan difíciles de soportar. Éstos son algunos de los más frecuentes en mi propia vida:

1. Quedar con otros en el lugar equivocado

Esto me sucede con una frecuencia alarmante, y nunca deja de sorprenderme. Básicamente se debe a no prestar de verdad atención cuando hago planes con otras personas.

Suele pasar que, si normalmente quedamos en un sitio, no me doy cuenta si cambian el lugar. Por ejemplo, si nos encontramos por lo general en el bar A y me mandan un whatsapp diciendo: “Nos vemos en el bar B”, es probable que sólo lea la palabra “bar” y pase por alto lo demás.

También suele ocurrir que si quedamos en un bar de una cadena, yo inevitablemente iré al local equivocado. O a un lugar diferente con un nombre parecido. Todos estos escenarios conducen a una llamada telefónica tan confusa como ésta:

“Estoy aquí, ¿dónde estás?”

“¡Yo estoy aquí también! ¿Dónde estás tú? “

“Yo estoy aquí …”

“¿Dónde es “aquí”?”

“…”

2. Llegar tarde

Incluso si llego al lugar correcto, hay muchas probabilidades de que no pase lo mismo con la hora. Como ya he escrito alguna vez, las personas con TDAH tendemos a llegar tarde.

Dicho esto, lo cierto es que he mejorado un poco en esto. Me gustaría poder decir que he descubierto un mecanismo de manejo súper eficaz que ha eliminado los retrasos y los problemas de gestión del tiempo de una sola vez, pero mi técnica secreta contra los retrasos es simplemente coger un taxi.

Así que ahora, si me veo en una situación en la que el transporte público supondrá llegar escandalosamente tarde (o no tan tarde, si es algo que empieza a una hora exacta), me trago lo que cueste y llamo a un taxi. Por desgracia, disponer de ese último recurso sólo empeora mi gestión del tiempo.

3. Hacer un montón de planes y no cumplirlos

Una cosa del TDAH es que solemos tener un montón de ideas sobre cosas que queremos hacer, proyectos que queremos empezar, etc. Hay quien piensa que esto es parte de las “ventajas del TDAH”. Por desgracia, la desventaja del TDAH es que, al final, no hacemos la mayoría de esas cosas.

Pero no por eso dejamos de compartir con el mundo todos nuestros maravillosos planes para el futuro, ni de decir incluso que vamos a incluir a otros en estos planes. Tampoco evita que, cuando estos planes no se materializan, todo el mundo mire al cielo y piense “Ya he oído eso antes” ante la próxima idea brillante que tengamos para hacer algo.

4. Interrumpir a los demás

Esto es algo que estoy tratando de corregir. Sabemos que es molesto, pero lo hacemos de todos modos. Esto tiene mucho que ver con la impulsividad – saber que no hay que hacer algo, pero hacerlo sin pensar. Hay una desconexión entre saber y hacer.

Por si os sirve de consuelo, os diré que nos interrumpimos a nosotros mismos aún más que a vosotros. De hecho, tratar de hablar y ser interrumpido es una pequeña ventana para entender lo que supone tener TDAH – la única diferencia es que nosotros tratamos de pensar y nos vemos constantemente interrumpidos.

¿Qué costumbres y manías relacionadas con el TDAH tienes tú? ¿O cuáles tienen las personas que conoces? ¡Por favor, cuéntanoslas en tus comentarios! (Si tu pareja tiene TDAH, ésta es tu oportunidad…)

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¿Millennial con TDAH?

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Escrito por Neil Petersen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

PsychCentral

¡Bienvenidos a Millennial[1] con TDAH!

Mi nombre es Neil; acabo de graduarme en la universidad y fui diagnosticado de TDAH hace cuatro años. Voy a escribir sobre esto en los próximos artículos; voy a escribir sobre tener TDAH, sobre ser un millennial y (por supuesto) sobre ser un millennial con TDAH. También quisiera conocer vuestros pensamientos sobre estos temas.

Hoy, sin embargo, quiero empezar haciendo las preguntas importantes: ¿Quién se identificaría a sí mismo como un “millennial con TDAH”? ¿Por qué iba nadie a hacerlo?

Tanto las personas con TDAH como los millennials tienen mala prensa. Las personas con TDAH son vagos adictos a las pastillas. Los millennials son, por definición, vagos narcisistas. Por lo tanto, los millennials con TDAH deben tener una dosis doble de vagancia, además de muchos otros rasgos no deseables.

No sorprende, pues, que al buscar en Google la expresión “Millennial con TDAH” veamos que se emplea, sobre todo, como insulto. Algo como “Los niños de ahora… sin carácter ni autodisciplina… sólo son un puñado de millennials con TDAH”.

Curiosamente, “TDAH” y “millennial” tienen connotaciones negativas por razones similares: tanto quienes tienen TDAH como los millennials son vistos como personas que quieren cosas que no merecen y que no están dispuestas a esforzarse para conseguirlas. Las personas con TDAH quieren adaptaciones para “rasgos humanos normales” como la falta de atención, o eso se dice. Los millennials, en palabras de Ron Alsop, colaborador del Wall Street Journal, quieren “que el trabajo se adapte a su vida, en lugar de adaptar su vida a su lugar de trabajo”.

¿Significa esto que la experiencia de tener TDAH y la de ser un millennial son similares? Sólo hasta cierto punto, porque hay una gran diferencia entre formar parte de una tendencia generacional y tener un trastorno neuropsiquiátrico.

Pero sí significa que, si eres un millennial con TDAH, los retos que afrontas por tener TDAH y los que afrontas como millennial van a entrecruzarse. Si eres un millennial, has crecido en la era digital, tienes una perspectiva diferente sobre instituciones como el lugar de trabajo y deseas que esas instituciones funcionen de manera diferente a como lo hacían en el siglo XX. Si tienes TDAH, necesitas que estas instituciones funcionen de manera diferente a como lo hacían en el siglo XX.

Así que, por ahora, sólo quiero plantearlo como algo sobre lo que pensar: de alguna manera, la experiencia de tener TDAH influye en la experiencia de ser un millennial y viceversa.

Ahora que estamos empezando, también quiero saludar a dos personajes que probablemente aparezcan a menudo en este blog: la duda y la esperanza.

La duda y la esperanza son dos emociones fundamentales para un millennial.

Nuestra vida está llena de dudas: ¿Encontraré un trabajo que me haga sentirme a gusto con mi vida al final de cada jornada? ¿Encontraré un trabajo, de hecho? ¿Encontraré a la persona adecuada con la que vivir?

En los días buenos, nuestra vida también está llena de esperanza: , voy a encontrar ese trabajo y a esa persona.

El TDAH tiende a magnificar todas las dudas y las esperanzas que conlleva ser un millennial. Es mucho más difícil encontrar una profesión gratificante y es mucho más difícil encontrar a la persona que te atrape.

Pero, pese a todos sus inconvenientes, el TDAH también magnifica la esperanza. Un diagnóstico de TDAH puede ser una poderosa fuente de esperanza, pues señala el camino hacia una vida más equilibrada y consciente.

Si tienes un diagnóstico de TDAH, tienes esperanza. Si no has sido diagnosticado de TDAH, pero has descubierto que podrías tenerlo, también tienes esperanza. Y si tienes TDAH y no lo sabes, puedes sentirte bastante desesperanzado, porque tienes un gran problema y todavía no tienes la solución, pero aun así, tienes esperanza.

Para mí, la esperanza es la diferencia mayor entre el Neil de antes del diagnóstico y el de después. Recibir un diagnóstico de TDAH no resuelve inmediatamente todos tus problemas, pero te muestra que hay un camino a seguir.

Antes de ser diagnosticado, yo sentía que había algún aspecto en que mi vida básicamente no funcionaba, pero sin saber por qué. Al igual que muchas personas con TDAH, me trataron de ansiedad y depresión y salí del tratamiento habiendo descubierto que la mejor manera de tratar mi ansiedad y mi depresión era manejar mi TDAH.

Ahora, respecto a mi diagnóstico de ser un millennial, tengo que confesar que es un auto-diagnóstico, pero estoy bastante seguro de él. Al igual que mi diagnóstico de TDAH, tardó mucho en llegar, pero puedo decirte en qué momento exacto lo hice. Fue cuando me gradué de la universidad; pensé que todos mis problemas quedaban ya atrás, traté de averiguar qué haría entonces y me di cuenta: “No tengo ni idea de lo que estoy haciendo”.

Más de un año después, todavía no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, y estoy deseando escribir aquí sobre ello.

[1] Por fluidez del texto, se utiliza el término empleado en el blog original para referirse a la Generación del Milenio o Generación Y, formada por aquellos jóvenes que llegaron a su vida adulta con el cambio de siglo, es decir en el año 2000. Para más información, consultar aquí.

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7 cosas que los padres de un niño con TDAH quieren que sepas

W.R.Cummings

Escrito por W. R. Cummings
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Si no conoces a ningún niño con TDAH, puede que no tengas una comprensión realista de cómo es su vida (o la de sus padres). Incluso si conoces alguno, puede que estés mal informado.

Para interactuar mejor con familias especiales como éstas, echa un vistazo a algunos de estos consejos de quien tiene un hijo con TDAH.

1. No es una cuestión de disciplina… o de falta de ella

Nuestro hijo no se sube por las paredes porque le hayamos animado a hacerlo. Y tampoco lo hace porque le “dejemos hacer lo que quiera”. Lo hace porque su cuerpo no sabe cómo frenar y su mente no puede estar concentrada más que unos pocos segundos. No hay disciplina que haga desaparecer su TDAH.

Eso no quiere decir que no debamos castigarle si se porta mal. Sólo significa que no hemos de castigarle por cosas que no puede evitar.

2. La medicación no es una cura mágica y no es algo inevitable

Mucha gente nos pregunta qué tipo de medicación toma Félix. Suelen sorprenderse cuando les decimos que no toma ninguna.

Los medicamentos para el TDAH pueden ser muy beneficiosos para algunas personas; pero para otras, los efectos secundarios son peores que el trastorno. Los estudios demuestran que la medicación para el TDAH puede afectar a la personalidad, el apetito y la salud física del niño.

Además, entendemos que medicar a nuestro hijo no va a convertirlo repentinamente en una personilla obediente y “normal”. Todos tenemos problemas. A todos se nos dan mal algunas cosas. Incluso a los niños sin TDAH les cuesta a veces prestar atención y obedecer. No es realista esperar que una píldora llegue y por arte de magia haga a tu hijo “perfecto”.

Además… algunas de las cosas que más me gustan de él son sus peculiaridades. Son las que le hacen especial.

Así que a menos que el TDAH de mi hijo empiece a impedirle vivir una vida plena, la medicación no nos parece la mejor opción. Para otros, lo es. Pero para nosotros, no. No en este momento y esperamos que nunca.

3. Estamos muy, MUY cansados

Nuestro hijo no duerme. Al menos, no tanto como otros niños. ¿Y la siesta? Nuestro hijo no ha dormido la siesta desde que era un bebé, lo que significa que nosotros tampoco.

Trata de comprender nuestro agotamiento. Sé indulgente con nosotros. Puede que nos comportemos como payasos chiflados porque llevamos doce días seguidos con dos horas de sueño y seis tazas de café. Nadie podría hacer lo que hacemos sin venirse abajo.

4. Los consejos pueden causar más daño que beneficio

Lo más probable es que ya lo hayamos intentado. Y si no intentado, al menos lo hemos analizado. Me encanta que la gente quiera ayudar (de veras), pero ser bombardeados con una docena de nuevas ideas cada día es agotador. Me hace sentir como una madre incompetente y constantemente me recuerda que algo “va mal” en mi hijo.

A veces sólo quiero que la gente me diga lo maravilloso que es mi hijo, no que trate de arreglarlo.

5. Nada de lo que digas me va a convencer de que mi hijo está mal diagnosticado

Decir “No es más que un niño” o “Probablemente es sólo una etapa” no ayuda en absoluto. Me hace ver que no entiendes lo que le pasa a mi hijo y me dice que no estás dispuesto a aprender nada.

Si vas a poner en duda todo lo que yo diga sobre el TDAH, ya sea en voz alta o de forma inconsciente, no podré hablar contigo de casi nada. No es sólo que me haga daño a mí, sino que también significa que te vas a perder en un montón de cosas geniales de su vida.

6. Necesitamos personas y lugares seguros

Es difícil estar en público con un niño con TDAH. Es frustrante para nosotros y para nuestros hijos. Lo que es aún más frustrante, sin embargo, es no llegar a salir nunca de casa porque la gente se agobia con nosotros. Necesitamos gente que nos reciba en sus vidas, con todo nuestro caos, y nos quiera tal como somos. Tenemos tan sólo que… existir… en lugares donde no nos sintamos juzgados.

Hay algunas personas que nos quieren de esta manera, pero necesitamos más. Como todos los padres.

7. ¡Nos encanta nuestro hijo tal y como es!

Cuando miramos a nuestro pequeño hombre de cabellos revueltos, no vemos un diagnóstico andante. Vemos a Félix. Vemos un corazón tierno más allá de la razón y un cerebro que se da cuenta de todo lo que ve. Vemos al niño que nos ama hasta el fin del mundo, y ninguna “diferencia” que tenga va a cambiar la fuerza con que le devolvemos ese amor. No es una versión defectuosa de un niño normal. Fue hecho a imagen de Dios y es perfecto tal como es.

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