El colegio es un mal lugar para tener TDAH

Escrito por Neil Petersen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Cuando un estudiante con TDAH tiene dificultades en la escuela, el problema es del estudiante, ¿verdad? Al fin y al cabo, si no tuviera TDAH, tampoco tendría dificultades.

Es cierto que los síntomas del TDAH – inatención, falta de motivación y desorganización – interfieren con el rendimiento académico de los estudiantes y que tratar esos síntomas puede ayudar a éstos a tener éxito en clase.

Pero estamos olvidando algo cuando hablamos del TDAH como de un problema que se trata sólo cambiando al estudiante. Tratar los síntomas y ayudar a los estudiantes a desarrollar mejores estrategias de manejo es importante, pero hay soluciones que van más allá del estudiante individual.

Parte del problema está en la forma en que está estructurada la escuela. La forma en que se lleva a cabo la educación hoy día le va extraordinariamente mal a un cerebro con TDAH. Si quisiéramos diseñar un entorno que causara problemas sistemáticamente a niños y jóvenes con TDAH, probablemente no sería muy diferente a una escuela actual cualquiera.

Lo que esto significa es que, si bien los síntomas del TDAH interfieren con la capacidad de los estudiantes para aprender en cualquier ámbito, la forma en que funcionan las escuelas empeora el problema.

El modelo básico de aprendizaje en una escuela tipo consta de dos etapas. En la primera, te sientas a asimilar información escuchando a los maestros hablar durante un largo período de tiempo. En la segunda etapa, se califica tu capacidad de aplicar, de manera constante y aplicada al detalle, la información que has asimilado.

Ambas fases del proceso educativo tradicional plantean serios problemas a las personas con TDAH.

La primera fase es la lección, en la que los profesores transmiten sus conocimientos a los estudiantes. Esta es la cuestión: el cerebro con TDAH está diseñado para rehuir situaciones poco estimulantes. Siempre busca cosas estimulantes y gratificantes y le resulta especialmente difícil centrarse en cosas que no lo son.

Ahora bien, ¿se te ocurre algo menos estimulante y gratificante que escuchar a alguien hablar durante una hora? Dado que los estudiantes con TDAH no pueden obligarse a centrarse en cosas que no les estimulan, pasan gran parte de las clases sin prestar atención, lo quieran o no. Lo que significa que mucha de esa información que se supone que asimilan, en realidad no se asimila.

La segunda fase son los exámenes y los deberes, donde los estudiantes son evaluados por su capacidad de aplicar de manera constante la información que han asimilado. Obviamente, habrá problemas si previamente no han asimilado esa información. Pero hay un problema más profundo.

Estoy diciendo intencionadamente que a los estudiantes se les evalúa por su “capacidad de aplicar de manera constante la información que han asimilado”. La idea clave aquí es la constancia. Las calificaciones son una medida de la capacidad de los estudiantes para ser constantes y realizar de manera constante las tareas que se les encargan.

Lo que hace esto complicado es que los estudiantes con TDAH son por naturaleza menos constantes que quienes no lo tienen. Al tener una capacidad limitada para autorregular su atención y su motivación, les suele ir bien en las materias que por naturaleza les interesan ​​y no en las que no les interesan. Suele haber una brecha mayor entre lo que hacen bien y lo que no hacen bien.

Pero lo fundamental de las calificaciones se basa en tu capacidad de realizar de una manera constante todas las tareas que te encargan en la escuela, estén o no relacionadas con temas que te resulten interesantes. A un estudiante con TDAH puede apasionarle un tema en particular, e incluso podrá destacar en él dentro de algunos cursos, cuando tenga la posibilidad de centrarse en esa materia (por ejemplo, eligiéndola en la Universidad). Pero, dado que carece de la capacidad de ejecutar tareas con constancia en todas las materias, sus calificaciones se resentirán.

Otro punto a tener en cuenta es que las notas miden la capacidad de los estudiantes para realizar tareas orientadas a los detalles, no su comprensión conceptual de la materia. Una vez más, esto perjudica a los estudiantes con TDAH, que suelen tener una diferencia mayor entre lo que saben y lo que hacen. Por ejemplo, un estudiante con TDAH puede saber perfectamente cómo resolver un problema de álgebra, pero escribir un resultado incorrecto en el examen, debido a errores por descuido o a falta de tiempo por inatención.

La cuestión es que, si bien los síntomas del TDAH pueden interferir con el aprendizaje en general, parte del problema es que la estructura de la escuela choca con la forma de funcionar de un cerebro con TDAH.

Ciertamente, los estudiantes tienen mucho que ganar si usan herramientas que les ayuden a manejar sus síntomas, a nivel individual. Pero como sociedad, creo que deberíamos ser un poco más ambiciosos y no poner toda la carga sobre el estudiante individual: deberíamos tratar de hacer que el sistema educativo funcione mejor para los estudiantes con TDAH y otros trastornos del aprendizaje.

De entrada, hay dos posibles soluciones que saltan a la vista a partir de lo que he planteado.

La primera, que hay mucho margen para usar técnicas de enseñanza más activas, en lugar de hacer que los alumnos escuchen pasivamente largas lecciones. Esto es importante para los estudiantes con TDAH y tengo la ligera sospecha de que también podría ser útil para muchos estudiantes sin problemas de aprendizaje.

En segundo lugar, tenemos que analizar qué tratamos de conseguir realmente con las calificaciones. Esto significa plantearnos qué se califica, qué estándares de calificación establecemos, qué aparece en el boletín de notas y cómo se usan esas notas para limitar el acceso a instituciones como las universidades. Una vez más, los estudiantes con TDAH tienen mucho interés en esto, pero hemos de considerar la posibilidad de que todo el proceso de calificación se haya ido de las manos para todos los estudiantes.

En términos más generales, debemos hacer que las escuelas sean más flexibles al aceptar el hecho de que diferentes personas aprenden de diferentes maneras. Para cada estudiante hay un entorno óptimo diferente, dependiendo en parte de si tienen trastornos como TDAH o dislexia, y en parte de cuáles son sus fortalezas y debilidades individuales.

La solución a este último problema es un poco más compleja. Una posibilidad que veo es que la tecnología permita en el futuro que los estudiantes tengan procesos de aprendizaje más personalizados. Pero creo que el primer paso es simplemente reconocer que hay un problema y ​​que la responsabilidad de ayudar a los estudiantes con TDAH a salir adelante en la escuela no es sólo del propio estudiante.

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Un estudio a gran escala mediante IRM confirma diferencias en el cerebro relacionadas con el TDAH

Publicado por The Understood Team en el blog ADHD Research Roundup

Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu

Texto original en inglés

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Un estudio a gran escala ha mostrado diferencias en el tamaño del cerebro entre niños con y sin TDAH. La investigación también indica que estas diferencias parecen disminuir a medida que los niños con TDAH maduran y llegan a la edad adulta. El estudio fue publicado en “The Lancet” y financiado por los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU.

Se trata de uno de los estudios a mayor escala realizados sobre el TDAH y el cerebro. Los investigadores han observado Imágenes por Resonancia Magnética (IRM) del cerebro de más de 3.000 niños y adultos.

Entre estos había hombres y mujeres de edades comprendidas entre cuatro y sesenta y tres años. Un poco más de la mitad, con TDAH. Las imágenes fueron tomadas en 23 lugares diferentes de los Estados Unidos, Europa, China y Brasil.

Los expertos de Understood Ellen Braaten, Thomas E. Brown y Bob Cunningham han revisado el estudio. Aquí están las conclusiones.

Hallazgos clave

Los investigadores compararon siete regiones del cerebro en personas con y sin TDAH. Encontraron algunas diferencias significativas en el tamaño del cerebro:

  • Cinco de las siete regiones cerebrales eran más pequeñas en los niños con TDAH.
  • La mayor diferencia de tamaño se daba en la amígdala. Esta región del cerebro está relacionada con el control emocional y el autocontrol. También desempeña un papel en la capacidad de priorizar acciones. Las áreas relacionadas con la memoria y el aprendizaje también eran más pequeñas.
  • La medicación para el TDAH no era la causa de estas diferencias. Los niños que habían tomado medicación mostraban el mismo patrón de diferencias que los que nunca la habían tomado.
  • Estas diferencias de tamaño no existían en adultos con TDAH. Después de la adolescencia, el tamaño era similar en las personas con y sin TDAH.

Este es el primer gran estudio que analiza las diferencias en el tamaño del cerebro y el TDAH. Los estudios anteriores se referían a una población demasiado pequeña para resultar fiables. También eran poco coherentes en la forma de medir las diferencias cerebrales.

“Lo que hace este estudio es desarrollar algo que ya sabemos: existen diferencias en la estructura del cerebro de las personas con TDAH”, dice Brown. “Aunque el TDAH es un problema funcional, está conectado a algo estructural”.

Conclusiones para los padres

Se trata de un estudio fiable y significativo, que confirma que el TDAH es un trastorno localizado en el cerebro. Se disipan algunos de los mitos sobre el TDAH, como que “no es real”. Eso puede ayudar a reducir el estigma, tanto de los niños como de los padres.

Sin embargo, esto no significa que los escáneres cerebrales puedan usarse para diagnosticar el TDAH. Los investigadores observaron muchas imágenes y encontraron diferencias entre muchas personas. Pero esas diferencias pueden existir o no para un niño en particular.

Y aunque el estudio muestra que los cerebros de los niños parecen madurar al llegar a adultos, esto no significa que los síntomas del TDAH desaparezcan. El TDAH es un trastorno que dura toda la vida. Pero existen tratamientos efectivos y estrategias útiles.

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10 mujeres hablan sobre vivir con TDAH

10 mujeres hablan sobre vivir con TDAH

Escrito por Tessa  Miller
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Photo: Nick Dolding/Getty Images

La semana pasada, un informe de los CDC[1] reveló que, entre 2003 y 2015, las recetas de fármacos para tratar el TDAH extendidas a mujeres estadounidenses de entre 30 y 34 años aumentaron un 560%. En mujeres de entre 25 y 29 años, el aumento fue de un 700%. Los fármacos más recetados, según el informe, fueron Adderall, Vyvanse y Ritalin, y las tasas de prescripción en los estados del sur y del oeste fueron las que más aumentaron.

Al tiempo que aumentan los diagnósticos de TDAH en niños, los expertos no se ponen de acuerdo sobre si los médicos asignan esa etiqueta (y las consiguientes recetas de estimulantes) con demasiada generosidad. Con el informe de los CDC, esta controversia alcanza ahora a las mujeres adultas.

Durante años, el paciente típico de TDAH era un chico blanco con hiperactividad, y la investigación refleja ese sesgo. En 2016, solo el uno por ciento de la investigación del TDAH se centró exclusivamente en las niñas. Esa investigación muestra que el TDAH se presenta de manera muy diferente en las chicas que en los chicos, que los síntomas pueden empeorar en ellas tras la pubertad (mientras que en ellos se atenúan) y que las chicas suelen esforzarse más en ocultar y manejar su trastorno. Por estas y otras razones, el TDAH pasa a menudo desapercibido hasta la edad adulta. Un informe de Quartz llegó a llamar a estas mujeres “generación perdida”.

Y algunas mujeres desarrollan TDAH de adultas sin haber experimentado síntomas de niñas; es lo que se conoce como “TDAH de aparición tardía”. La investigación es aún muy limitada, pero los estudios han demostrado que las personas con TDAH de aparición tardía son, en su mayoría, mujeres. Todavía no está claro si se trata de un trastorno completamente diferente del TDAH infantil o si es el mismo trastorno, que se pasó por alto en la infancia.

Lo que está claro es que el TDAH tiene un diagnóstico complejo, aún más cuando el paciente es una mujer. Hemos hablado con diez de esas mujeres – algunas diagnosticadas en la infancia, otras en la edad adulta – sobre sus síntomas, medicación, mecanismos de adaptación y demás.


“Hay una atracción en los parques de aventura llamada “Revuelve mentes” (Mind Scrambler) que hace girar los asientos en sentidos opuestos, cada vez más deprisa, mientras te arroja de una esquina a otra, una y otra vez. El TDAH es algo parecido, pero no resulta divertido; sólo deseas que pare de una vez. Casi todas las personas tienen días en los que se sienten desorganizadas o tienen problemas para marcar prioridades o concentrarse, pero resulta agotador sentirse así todos los días.

Fui diagnosticada hace un par de años y todavía me obsesiona la parte del “trastorno”. ¿Cómo puedo tener un trastorno de aprendizaje si me gusta tanto aprender? ¿no tengo ya bastantes cosas con las que lidiar? Pero tener TDAH no significa que no seas inteligente o atenta o capaz; no es una cuestión de que algo esté mal o no funcione. Es sólo otra forma de ser “.


“Creo que los demás nos consideran egoístas o narcisistas. Realmente hay muchas cosas que nos inspiran. Me doy cuenta de tantas cosas interesantes como hay y resulta muy difícil desconectar. Quiero de veras hacer cien cosas a la vez, me siento hundida cuando no puedo, pero lo intento de todos modos. Todo parece interesantísimo e importantísimo.

Cuando era joven, i TDAH] se despachaba como un problema de conducta. Crecí en los años 80 en el sur. No podía permanecer sentada en mi asiento, siempre interrumpía a los maestros, y estaba constantemente aburrida. Fue un alivio, sinceramente, tener una receta que me ayudara a hacer las actividades básicas y a enfocarme para que no me echaran de la escuela. Todavía tomo Adderall cuando hay plazos y proyectos de alta prioridad que afectan a muchas personas, pero no a diario”.


“El mayor problema para mí es manejar los retos diarios de ser adulta. Hay facturas que olvido pagar. He olvidado ir a trabajar, porque mi horario cambia a menudo. Me olvido constantemente de los planes que hago con mis amigos. Me olvido de poner notas en mi agenda. Pierdo las llaves. Perdí mi pasaporte. Perdí mi bolso con la cartera y los carnés. Pierdo constantemente la noción del tiempo. Me olvido de ducharme. A menudo me dejo el bolso en las cafeterías. Voy hasta el metro y tengo que volver a casa porque se me ha olvidado la cartera. Constantemente tengo que comprobar tres veces que llevo todas mis cosas. Llevo muy retrasado el papeleo y me agobian las cuestiones prácticas.

Por otro lado, soy pintora. Mi arte me atrae como un imán y estar trabajando día y noche. A menudo sueño despierta. Siento que este aspecto del TDAH ha proporcionado a mi mente un mundo interior profundo y evocador y una rica imaginación”.


“Tienes que usar mecanismos de adaptación además de la medicación, de lo contrario te estás engañando a ti misma. Una de las cosas más locas que aprendí sobre mí a través de los resultados de mi prueba de TDAH fue que tengo unas increíbles dificultades con las prioridades; nunca pensé que fuera un síntoma. A veces, incluso cuando tomo Adderall, tengo que hablar literalmente conmigo misma y decir: ‘¿Es esto lo más importante que debería estar haciendo en este momento?’ Si no es así, me digo a mí misma que tengo que parar e ir a hacer otra cosa más importante.

Yo lo describiría como que tu cerebro tiene una vida secreta. Está por ahí, yendo por su cuenta, pero todavía muy presente en tu cuerpo, por lo que te ves arrastrado por él mientras vuelves a ver The Office, en vez de estudiar para el gran examen de mañana. Todo parece muy inocuo hasta que suspendes o tropiezas en el trabajo y piensas, ‘¿Cómo ha podido pasar?’


“Ya no tomo medicación; manejo mis síntomas con cafeína. Confío en las notificaciones de Google Calendar y en los recordatorios de Google Assistant para gestionar las tareas cotidianas. He utilizado recordatorios digitales de diversos tipos desde que tuve mi primera Palm Pilot en la universidad. Con los años, he aprendido que trabajo mejor por la noche, así que en lugar de combatirlo, he descubierto formas de adaptar mi horario a eso.

El TDAH no significa necesariamente saltar contra las paredes. Yo nunca fui particularmente movida de niña, por lo que no fui diagnosticada hasta después de la universidad. También se puede manifestar en el niño tranquilo que siempre está en las nubes y que puede pasarse horas leyendo, completamente ajeno a todo lo que sucede a su alrededor. Mi madre me pedía que hiciera las labores de casa mientras leía. Yo respondía que iba a hacerlo, pero varias horas más tarde aún no las había hecho. Ni siquiera era consciente de que me hubieran pedido que hiciera algo (ni de que yo hubiera respondido)”.


“No puedo explicar lo emotivo que fue el diagnóstico. Lo había sufrido toda mi vida, sin terminar la carrera que empecé, no entendía por qué me interesaban ciertos temas o actividades que, sin embargo, no podía terminar cuando debía. No tenía ni idea de que mi problema fuera el TDAH y ​​mi psiquiatra me dejó completamente alucinada cuando me lo diagnosticó después de las pruebas. Pasé muchas dificultades en el instituto y en la universidad, pese a todos mis esfuerzos.

Es extremadamente frustrante saber que he pasado por la vida con este trastorno y que podría haber tenido éxito, en vez de fracasar. Ahora tomo medicación, entiendo mis contratiempos y me va bien en mi trabajo. He recibido múltiples ascensos y estoy viviendo según mi verdadero potencial”.


“Al principio, yo era muy reservada sobre mi diagnóstico. Tenía sentimientos encontrados al respecto (que continúan), pero en aquel entonces lo consideraba un defecto personal y me preocupaba el estigma. Sabía que el TDAH no estaba bajo mi control y no era culpa mía, pero lo sentía como un fracaso personal. Siempre había compensado en la escuela y profesionalmente, y me iba bien, pero no era suficiente. Yo no era lo que podría ser, y eso era lo que importaba.

Mis maestros en la escuela primaria siempre les decían a mis padres que yo era muy inteligente, pero que no hacía todo lo que podía. Estaba en clases para superdotados, pero no podía organizarme para entregar los trabajos a tiempo ni conseguía localizar el trabajo que había hecho y perdido. Mi hermano, que es tres años más joven que yo, fue diagnosticado al principio de la escuela primaria, pero nadie me lo sugirió a mí hasta casi los treinta años. Mi hermano era muy activo y fracasaba en la escuela; yo era tranquila y tenía notas aceptables, pese a no rendir conforme a mi capacidad”.


“Era bastante reacia a tomar medicación porque en mi familia hay casos de adicciones. No me gustó cómo me sentaron los dos primeros medicamentos que probé. El tercero fue Adderall y le tenía miedo; solo tomé un cuarto de la dosis prescrita y luego guardé la botella. Cuando una amiga enfermera vino a verme y se lo conté, me dijo, de forma suave pero firme: “¿Por qué no pruebas la medicación, tal como te la recetaron, durante al menos dos semanas?”

La primera vez que tomé la dosis prescrita, se abrió una ventana en mi cerebro y un sistema de organización comenzó a implantarse. Cada cosa fue mejor y mejor. Durante años con la misma dosis, cada faceta de mi vida se fue haciendo más manejable. Y cuando tomé descansos del medicamento, noté que podía centrarme en el trabajo durante muchas más horas que nunca. Sentí que podía construir nuevos hábitos de enfoque de una manera que antes no podía”.


“Mi energía es lo mejor y lo peor del mundo. Soy un huracán de tamaño medio, lo que puede ser maravilloso cuando ese poder se dirige de una manera positiva. Si puedo ponerme en marcha, soy imparable. Tengo una buena amiga que una vez me dijo que soy la mujer más “injodible” que ha conocido. Pero en las relaciones, toda esa energía y aburrimiento y derroche cuando no estoy comprometida es un defecto terrible. Se me dan mal las relaciones: me aburro o quiero aferrarme demasiado. Un novio una vez rompió conmigo usando este ejemplo, “Las plantas se mueren si reciben demasiada agua, igual de rápido que si no reciben la suficiente”. Simplemente, no sé encontrar el equilibrio.

Interrumpo mucho a la gente. Siempre lo he hecho. Es algo que odio de mí misma, pero no puedo evitar soltar lo que pienso. No quiero decir que sea mandona o agresiva, ni ninguna de esas palabras que utilizamos para describir a las mujeres poderosas. Creo que se considera que las mujeres hiperactivas necesitan atención, y se suele hablar mal de las mujeres que necesitan atención. Pero yo no necesito atención, ¡lo que me pasa es que no puedo prestar atención!”


“De niña era una ‘empollona’, pero siempre tenía que estudiar mucho más que mis compañeras. Durante toda la escuela, también tuve problemas de comprensión de lectura. Los demás podían leer una página de un libro de texto o un capítulo de una novela e inmediatamente responder preguntas; yo no, yo tenía que leerlo tres o cuatro veces, eso si no me distraía, porque entonces tenía que volver a empezar de nuevo. Cuando estudiaba, tenía que leer un capítulo, volver a leerlo para subrayar lo importante, luego leer las partes subrayadas para poder tomar notas sobre ellos, entonces subrayar mis notas y por fin, leer las partes subrayadas de mis notas. Hacia el final de la escuela secundaria y durante todo el bachillerato, tenía que encerrarme en el baño para tener un silencio completo y ninguna distracción. Solía pasar horas leyendo y estudiando allí.

Hoy, como profesional de la salud mental, me doy cuenta de que, como yo era inteligente y tenía excelentes calificaciones, el TDAH nunca se consideró siquiera. No creo que nadie siquiera pensara que hubiera un problema, y yo ​​simplemente asumí que así eran las cosas. Llegué cursar un postgrado utilizando las mismas técnicas que toda mi vida. Pero recibir este diagnóstico supuso un punto de inflexión”.


[1] Centers for Disease Control and Prevention, agencia gubernamental de los EE.UU. para la prevención y el control de enfermedades (N. de la T.)

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Diez cosas que deberían saber los padres de niños “normales”

Escrito por Jami Ingledue
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Por favor, no nos digas que deberíamos “intentar tal cosa” o que nuestro hijo “debería estar haciendo tal otra”.

Si te encontraras con mi hija por la calle, pensarías que es perfectamente normal. Encantadora e ingeniosa, incluso. Lo que no sabes es que ha pasado su joven vida luchando con discapacidades y enfermedades que no puedes ver.

Muchos niños que sufren depresión, trastorno de ansiedad generalizada (que no es lo mismo que la angustia del adolescente), TDAH, déficit de las funciones ejecutivas, TND, dislexia o problemas sensoriales o están en el espectro autista pueden “pasar por normales” y sus síntomas, atribuirse a mala conducta o (lo más popular) a mala crianza por parte de sus padres.

Pero no es tan simple. He aquí algunas cosas que los padres de niños “neuro-divergentes” quieren que sepas.

1. El problema NO es que nosotros, o nuestros hijos, no nos esforcemos lo suficiente

La verdad es que luchan contra dificultades abrumadoras y eso resulta agotador. Así, muchos de ellos están exhaustos tras mantener la compostura en la escuela todos los días. A muchos se les da bien compensar y trabajan muy duro para ser “normales”. Pero cuando vuelven a casa, todo se va al infierno. Y ellos se vienen abajo estrepitosamente.

2. Lo hemos intentado todo

Por favor, no nos digas que deberíamos “intentar tal cosa” o que nuestro hijo “debería estar haciendo tal otra”. ¿Crees que no hemos probado ya todas las soluciones del mundo? ¿Crees que no nos preocupamos cada minuto de cada día porque nuestro hijo no esté donde debe estar y no nos preguntamos cómo demonios se las arreglará en este mundo? Lo hemos hecho. Hemos pensado en todas las soluciones imaginables. Nunca, nunca se nos quita la preocupación y, en muchos casos, puede que estemos así toda su vida.

Además, a menudo los profesores, médicos, administradores escolares, suegras… no nos creen ni confían en nosotros. Tenemos que pelear por cada adaptación, por cada volante médico, por cada cobertura de seguro, por todo.

3. Le hemos dado mil vueltas a la decisión de medicar

Ningún padre toma a la ligera la decisión de medicar a sus hijos, especialmente con psicofármacos estimulantes. Para nosotros, no se trata de optar por “la solución fácil”. Como si fuera fácil ir a la farmacia todos los meses, gastarnos el dinero y conseguir que nuestro hijo se trague una pastilla cada día. Hemos hablado con doctores y profesores, hemos hecho pruebas, hemos rellenado un millón de formularios, hemos pasado noches en blanco preguntándonos si hemos tomado la decisión correcta.

4. Las consecuencias naturales no funcionan como con los niños “normales”

Una niña del espectro autista NO siempre comerá, aunque tenga hambre. Un niño con ansiedad NO siempre aprenderá de su error cuando olvida sus deberes. En cambio, es probable que ceda ante sus ansiedades e inseguridades y se dé por vencida, reprendiéndose a sí misma por su fracaso.

Puede parecer que mimamos a nuestros hijos. Podemos parecer “padres helicóptero”. Pero no es tan sencillo. No siempre podemos dejar que nuestros hijos actúen por su cuenta y aprendan a resolver sus propios problemas, porque ellos no reaccionan ni aprenden como los niños “normales”.

5. Un enfoque autoritario, “de arriba hacia abajo”, no funciona con estos niños

Los intentos de educar de esa manera probablemente lleven a aumentar su ansiedad, a que se cierren en banda o un espectacular berrinche. Los límites y las restricciones son muy importantes, pero si esperamos que su comportamiento cambie sólo porque los mandamos un tiempo fuera o los castigamos, es que no comprendemos en absoluto el problema.

6. Hay horas, horas y más horas de entrenamiento entre bastidores que no ves

Todo ese trabajo cuesta tratar de entrenar su cerebro para que pueda manejar su trastorno y avanzar en el mundo. En nuestro caso, fueron horas de terapia cognitiva-conductual para aprender a lidiar con la ansiedad y a no cerrarse en banda. Horas de hacerle comprender sus ataques de ansiedad y sus episodios depresivos.

7. Si llegamos tarde o faltamos a alguna celebración, no es porque seamos desorganizados o no te respetemos

Probablemente ha sido porque hubo un ataque de gritos o de ansiedad y no pudimos lograr que nuestra hija saliera de su habitación, se duchase o se pusiera los zapatos. Y he llegado media hora tarde porque me ha costado todo ese tiempo hacerle comprender a mi hija su ataque de pánico, y luego he tenido que dedicar cinco minutos a llorar en el coche y recuperar fuerzas. Y no siempre podemos acudir adonde nos invitan porque es MUY DIFÍCIL y ya estamos agotados. No es que te estemos ignorando.

8. Es interminable

No podemos contratar a una niñera, dejar a nuestros hijos en el campamento, inscribirlos para deportes de equipo o darles la libertad de un adolescente normal. Cada decisión conlleva cierta tensión. Es algo incesante y siempre estamos temiendo que todo vuelva a venirse abajo.

9. Nos sentimos solos

Es difícil hablar sinceramente con otros padres sobre nuestros hijos y sus logros. ¿Tu hijo está en el cuadro de honor? Estupendo. El mío no se ha suicidado. ¡Bravo! No es una conversación ideal.

10. Nuestros hijos son marginados a menudo y les cuesta hacer y mantener amigos

Y eso nos rompe el corazón. Una y otra vez.

Así que, por favor, cuando la voz crítica de tu cabeza (yo también la tengo) comience a decirte que los padres de ahora no pueden con sus hijos: para. Permite que haya una voz más amable que te recuerde que no podemos saber lo que pasa en la vida de los demás, y todos lo hacemos lo mejor que podemos. Estamos llevando un gran peso, y necesitamos ayuda para levantarlo, no la carga extra de las críticas.

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Tres características que definen el TDAH y todos pasan por alto

Los síntomas de TDAH que aparecen en los libros – inatención, hiperactividad e impulsividad – no reflejan varias de las características más relevantes: las que configuran tus percepciones, emociones y motivación. El Dr. William Dodson explica aquí cómo reconocer y manejar las auténticas características que definen el TDAH.

Escrito por William Dodson, M.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

El DSM-V, la biblia del diagnóstico psiquiátrico, enumera 18 criterios diagnósticos para el Trastorno por Déficit de Atención (TDAH o TDA). Los médicos lo usan para identificar los síntomas, las compañías de seguros lo usan para determinar la cobertura y los investigadores lo usan para determinar las áreas que han de estudiarse.

El problema es que estos criterios sólo describen cómo afecta el TDAH a niños de entre 6 y 12 años, y eso ha llevado a diagnósticos erróneos, malentendidos y tratamientos fallidos en adolescentes, adultos y ancianos.

La mayoría de las personas, médicos incluidos, sólo tiene una vaga comprensión de lo que significa el TDAH. Suponen que equivale a hiperactividad y falta de concentración, principalmente en niños. Están equivocados.

Cuando damos un paso atrás y preguntamos: “¿Qué es lo que tienen en común todas las personas con TDAH y que no experimentan las personas sin TDAH?”, un conjunto diferente de síntomas toma forma.

Desde esta perspectiva, surgen tres características definitorias del TDAH que explican todos los aspectos del trastorno:

  1. sistema nervioso basado en el interés
  2. sobreexcitación emocional
  3. sensibilidad al rechazo

1. Sistema nervioso basado en el interés

¿Qué es un sistema nervioso basado en el interés?

A pesar de su nombre, el TDAH en realidad no provoca un déficit de la atención. Lo que provoca es una atención irregular que sólo se activa en determinadas circunstancias.

Las personas con TDAH a menudo dicen que “se enchufan” o “cogen ritmo”. Son formas de describir un estado de hiper-foco; una concentración intensa en una tarea particular, durante la cual el individuo siente que puede lograr cualquier cosa. De hecho, se puede centrar tanto que el adulto con TDA llega a perder por completo el sentido del tiempo.

Este estado no se activa por una orden del profesor o un encargo del jefe. Sólo puede provocarlo una sensación momentánea de interés, competición, novedad o urgencia debida al final de un plazo a vida o muerte.

El sistema nervioso con TDAH está basado en el interés más que en la importancia o la prioridad.

¿Cómo reconocer un sistema nervioso basado en el interés?

A menudo, los médicos preguntan: “¿Puedes prestar atención?” Y la respuesta suele ser: “A veces”.

Esta es una pregunta equivocada. Los padres, seres queridos y maestros que responden con frecuencia reconocen frustración, porque te han visto concentrarte en algo que te gusta – como los videojuegos – durante horas, por lo que tu incapacidad para lograr esa misma concentración en otras tareas y proyectos se interpreta como actitud desafiante o egoísta.

Lo que los médicos deberían preguntar es: “¿Alguna vez has podido involucrarte y mantenerte involucrado?” Y también, “Una vez te has comprometido, ¿alguna vez has visto que no podías hacer algo?”

Cualquier persona con TDAH responderá algo como lo siguiente: “Siempre soy capaz de hacer cualquier cosa que yo quiera, siempre que me involucre por interés, desafío, novedad, urgencia o pasión”.

Nunca he podido recurrir a las tres cosas que organizan y motivan a los demás: importancia, recompensas y consecuencias”.

¿Qué se puede hacer para manejar un sistema nervioso basado en el interés?

Un plan eficaz de manejo del TDAH necesita dos partes:

  • medicación para nivelar el terreno de juego neurológico
  • un nuevo conjunto de reglas que te enseñe a involucrarte a demanda

Los medicamentos estimulantes son muy buenos para evitar que las personas con TDAH se distraigan una vez que están involucradas, pero no ayudan a involucrarse desde el principio.

Los sistemas de planificación y organización suelen estar diseñados para cerebros neurotípicos que utilizan la importancia y el tiempo para despertar la motivación. En tu caso, debes crear tu propio “manual del propietario” para despertar el interés, centrándote en cómo y cuándo rindes más, y creando esas circunstancias desde el principio.

Este trabajo es muy personal e irá cambiando con el tiempo. Puede incluir estrategias como “duplicar el cuerpo” o pedirle a otra persona que se siente contigo mientras trabajas. O “inyectar interés” transformando con imaginación una tarea que, de otra manera, sería aburrida. Por ejemplo, una estudiante de Anatomía aburrida de estudiar puede imaginarse que está aprendiendo para salvar la vida de su estrella favorita.

2. Sobreexcitación emocional

¿Qué es la sobreexcitación emocional?

La mayoría de las personas cree que el TDAH produce una hiperactividad visible. Esto sólo ocurre en el 25% de los niños y el 5% de los adultos. El resto experimenta una sensación interna de sobreexcitación. Cuando pido a personas con TDAH que lo expliquen, dicen:

  • “Siempre estoy en tensión. Nunca me puedo relajar “.
  • “No puedo sentarme a ver un programa de televisión con el resto de la familia”.
  • “No puedo apagar el cerebro y el cuerpo para irme a dormir por la noche”.

Las personas con TDAH tienen pensamientos y emociones apasionados, más intensos que los de una persona normal. Sus momentos altos son más altos y los bajos son más bajos. Esto significa que experimentan, tanto la felicidad como la crítica, con más fuerza que sus compañeros y familiares.

Los niños con TDAH saben que son “diferentes”, lo que rara vez se percibe como algo bueno. Pueden desarrollar una baja autoestima, porque se dan cuenta de que no consiguen involucrarse y terminar lo que comienzan y porque los niños no distinguen entre lo que haces y lo que eres. La vergüenza puede convertirse en una emoción dominante en la edad adulta, a medida que los duros diálogos interiores, o las críticas de los demás, van arraigando.

¿Cómo reconocer la sobreexcitación emocional?

Los médicos están preparados para reconocer los trastornos del estado de ánimo, pero no la mayor intensidad de esos estados de ánimo que es propia del TDAH. Muchas personas con TDAH son diagnosticadas erróneamente al principio de un trastorno del estado de ánimo. Como media, un adulto verá a 2,3 médicos y realizará 6,6 pruebas con antidepresivos antes de ser diagnosticado de un trastorno por déficit de atención.

Los trastornos del estado de ánimo se caracterizan por estados de ánimo que han cobrado vida propia, al margen de los acontecimientos de la vida de la persona, y que suelen durar más de dos semanas. Los estados de ánimo creados por el TDAH se desencadenan casi siempre por acontecimientos y percepciones, y se resuelven muy rápidamente. Son estados de ánimo normales en todos los sentidos, excepto por su intensidad.

Los médicos deberían preguntar: “Cuando te enfadas, ¿se te suele pasar pronto?” “¿Sientes que no puedes sacarte de la cabeza un determinado pensamiento o idea cuando quieres?”

¿Qué se puede hacer para manejar la sobreexcitación emocional?

Para contrarrestar los sentimientos de vergüenza y baja autoestima, una persona con TDAH necesita el apoyo de personas que la consideren buena o útil. Puede ser un padre, un hermano mayor, maestro, entrenador o incluso un vecino amable. Cualquiera, con tal de que piense que eres bueno, simpático y capaz, especialmente cuando las cosas van mal. Esta persona “animadora” debe ser sincera, porque las personas con TDAH son excelentes detectores de mentiras.

El mensaje principal de una persona animadora es: “Te conozco, eres una buena persona. Si alguien podría haber superado esos problemas con trabajo duro y pura capacidad, habrías sido tú. Eso me dice que hay algo que no vemos y se interpone en tu camino; quiero que sepas que estaré contigo hasta que sepamos qué es y dominemos ese problema”.

La verdadera clave para combatir la baja autoestima y la vergüenza es ayudar a la persona con TDAH a descubrir cómo tener éxito con su especial sistema nervioso. Así, la persona con TDAH no se queda a solas con sentimientos de vergüenza o culpa por no alcanzar sus objetivos.

3. Sensibilidad al rechazo

¿Qué es la sensibilidad al rechazo?

La disforia sensible al rechazo (DSR) es una vulnerabilidad intensa ante la percepción – que no siempre responde a la realidad – de sufrir el rechazo, las burlas o la crítica de personas importantes. La DSR causa un dolor emocional extremo, que también puede desencadenarse por una sensación de fracasar o de quedarse corto: no cumplir con los elevados estándares que se ha fijado o con las expectativas de los demás.

Es una reacción primitiva, que a las personas con TDAH a menudo les cuesta describir. Dicen: “No sé cómo explicártelo, pero no puedo soportarlo”. Muchas personas experimentan la DSR como dolor físico, como si hubieran sido apuñaladas o golpeadas justo en mitad del pecho.

Con frecuencia, esta reacción emocional permanece oculta a los demás. Las personas que la experimentan no quieren hablar de ella, debido a la vergüenza que les produce su falta de control, o a que no quieren que la gente conozca esta gran vulnerabilidad.

¿Cómo reconozco la sensibilidad al rechazo?

La pregunta que puede ayudar a identificar la DSR es: “Durante toda tu vida, ¿has sido siempre mucho más sensible que las personas que conoces al rechazo, las burlas, las críticas o a tu propia percepción de haber fallado?”

Cuando una persona internaliza la respuesta emocional de la DSR, aparece como un desarrollo repentino de un trastorno del estado de ánimo. La persona puede ser calificada de “caso extremo” que hay que “tratar de inmediato”. Cuando la respuesta emocional de la DSR se exterioriza, aparece como una explosión de ira. La mitad de las personas que reciben cursos de manejo de la ira por orden judicial tenían previamente un TDAH no reconocido.

Algunas personas evitan el rechazo volviéndose complacientes. Otras optan por no hacer nada y ni siquiera lo intentan, porque cualquier esfuerzo les provoca mucha ansiedad.

¿Qué se puede hacer para manejar la sensibilidad al rechazo?

Un 98-99% de los adolescentes y adultos con TDAH reconoce tener DSR. Para el 30%, la DSR es el aspecto más perjudicial de su TDAH, en parte porque no responde a la terapia.

Los medicamentos alfa-agonistas, como la guanfacina y la clonidina, pueden ayudar a tratarla. Sólo una de cada tres personas experimenta alivio con cada uno de esos medicamentos, pero el 60% experimenta beneficios sólidos cuando prueba ambos. Cuando se trata con éxito, las personas con DSR reconocen sentirse “en paz” o tener un “blindaje emocional”. Ven las mismas cosas que antes les hacían daño, pero ahora ya no se lo hacen. También dicen que, en lugar de tener tres o cuatro pensamientos a la vez, ahora tienen uno solo.

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Mareo tras la graduación: 6 formas de suavizar la transición del bachillerato a la universidad

Tu hijo adolescente puede poner en marcha una lavadora y recuerda casi todas las instrucciones de la secadora. Es un buen comienzo, pero aún no está listo para vivir fuera de casa. Desde el principio de la escuela secundaria, los padres también deben enseñar las bellas artes de la defensa de sus intereses, el seguimiento de la medicación y el control del tiempo. Aprende aquí cómo garantizar una transición sin problemas a la universidad.

Escrito por Theresa E. Laurie Maitland, Ph.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

La escuela secundaria resulta francamente brutal para muchos adolescentes con TDAH o problemas de aprendizaje – y también para muchos niños que no los tienen. Pero lo cierto es que la escuela secundaria es pan comido comparada con la universidad, que requiere de los estudiantes funciones ejecutivas sólidas, habilidades académicas inquebrantables y estrategias diarias de manejo del estrés. El apoyo de los padres no se evapora – pero vosotros no estaréis (y no debéis estar) allí para hablar con el profesor después de un examen suspendido, para mandarle recordatorios diarios de su agenda o para moderar el consumo de pizza.

La universidad asusta. También es una de las experiencias más gratificantes y satisfactorias de la vida de una persona joven, si se empeña en planificarla con estrategia y prudencia, antes y durante ese periodo.

Estos seis consejos – que tratan sobre habilidades que van desde la colada hasta la defensa de sus intereses – pueden ayudar a padres y adolescentes a trabajar juntos para pasar del entorno estructurado de la escuela secundaria al mundo independiente y desafiante de la universidad.

1. Ayuda a tu adolescente a desarrollar autoaceptación

La libre determinación – saber quién eres y de lo que eres capaz – es un factor crítico en cualquier carrera universitaria. Las personas que la poseen comprenden sus fortalezas y sus debilidades, y aceptan ambas. Esto, a su vez, les permite establecer metas realistas y trabajar con decisión hacia el éxito.

Algunos adolescentes con TDAH luchan por conseguir esa libre determinación. Aún no han aceptado que aprenden de manera diferente – y con frecuencia dudan a la hora de hablar sobre sus desafíos o de aceptar el tratamiento a medida que crecen. Pero, para tener éxito en la universidad (y en la vida), vuestra adolescente tendrá que comprender y aceptar su TDAH.

¿Cómo pueden ayudar los padres? Primero, aseguraos de que vosotros mismos habéis aceptado las diferencias de vuestro hijo. Los adolescentes reflejan a menudo el punto de vista de sus padres, por lo que, si os avergüenza el TDAH de vuestro hijo u os sentís culpables de “habérselo transmitido”, es probable que él sienta lo mismo. Echa un vistazo sincero a tus sentimientos. Si ves el TDAH de manera negativa, es importante tratar esas emociones. Habla con alguien en quien confíes: otro padre, un profesional médico o un grupo de apoyo. Una vez que comprendas tus propios sentimientos, puedes ayudar a tu hijo a manejar mejor los suyos.

Centrarte en las fortalezas de tu hija – y enseñarle a manejar sus desafíos – es el siguiente paso hacia la libre determinación. Busca oportunidades para que tu hija reflexione sobre sus fortalezas; crea un clima que permita que sus talentos florezcan. Si tu hija cree que “todo lo hace mal”, utiliza herramientas que le ayuden a identificar sus habilidades.

2. Ayuda a tu adolescente a valerse por sí mismo

Has estado luchando incansablemente por conseguir adaptaciones desde la enseñanza primaria. Pero la universidad trae consigo algunos cambios legales importantes, y los padres (y los jóvenes) deben estar preparados. Las leyes de los EE. UU. exigen que sean los propios estudiantes universitarios quienes hablen de sus discapacidades, busquen adaptaciones y comuniquen sus necesidades; de hecho, la universidad tiene prohibido contactar con los padres, a menos que cuente con el permiso escrito del alumno.

Para que tu hija se defienda por sí misma de una manera independiente y efectiva en la universidad, tienes que ir dando pasos hacia atrás lentamente a lo largo de la escuela secundaria. Comienza a llevarla a las reuniones del IEP[1] tan pronto como creas que tiene edad suficiente para participar. Anímala a hacer y responder preguntas, pero haz de copiloto si necesita ayuda. Poco a poco, déjala ir tomando la iniciativa; para la graduación, se reunirá ella sola con el profesorado y planificará sus propias adaptaciones. Así, cuando esté volando sola en la universidad, tendrá confianza en su capacidad de valerse por sí misma – y, por supuesto, estará a sólo una llamada de distancia.

3. Aprended (juntos) las diferencias entre la universidad y el instituto

Incluso los adolescentes que pasaron el bachillerato sin dificultades coinciden en que la universidad es otra cosa. La asistencia a clase rara vez es obligatoria, unos pocos exámenes pueden determinar las calificaciones de todo un curso y el tamaño de las clases puede variar entre 4 y 400. La mayoría de las dificultades que tienen los adolescentes durante los primeros semestres se debe a que llegaron a la universidad mal preparados para estas dinámicas cambiantes.

Para obtener una imagen más precisa, inscribe a tu hijo adolescente en un recorrido por el campus dirigido por estudiantes que tengan un conocimiento profundo de la vida cotidiana allí. La mayoría de los padres esperan hasta el bachillerato para comenzar a visitar las universidades, pero debes comenzar antes si tienes los recursos para hacerlo: incluso los estudiantes de ESO pueden sacar provecho de tener una imagen rápida del futuro.

Pídele al instituto de tu hija que invite a graduados recientes a hablar sobre sus experiencias. Es más probable que escuche con atención y formule preguntas espontáneas sobre la vida en el campus, la redacción de trabajos y cómo compaginar las tareas académicas con un trabajo a tiempo parcial. Si el instituto no lo hace, busca a familiares o vecinos que estén en la universidad y puedan charlar individualmente con ella.

4. Practica habilidades cotidianas necesarias para la universidad

Este es, quizá, el consejo más importante y obvio, pero también el más comúnmente olvidado en el caos diario del último año de bachillerato. Cuando viva solo, tu hijo lavará su propia ropa, administrará sus propios medicamentos, se despertará para ir a clase y comerá – ¡alimentos sanos! – a horas normales. La enseñanza de estas habilidades no lleva mucho tiempo, pero requiere planificarlas con tiempo y practicarlas.

Pasa el verano previo al último curso enseñando a tu hija cómo lavar su propia ropa, pedir sus propias recetas y estar pendiente de las llaves. Haced una tormenta de ideas sobre qué estrategias puede usar y trabaja con ella para descubrir cuáles funcionan mejor. Prueba a usar recordatorios quincenales en el teléfono o el calendario, para que la colada no se descontrole, y piensa en adquirir herramientas como Tile para hacer más fácil la organización.

Enseñar a tu hijo adolescente a hacer la colada y controlar los gastos no será algo muy popular. Pero estas habilidades incidirán en su salud, su vida social y su felicidad. Puede que a él no le importe llevar una camiseta sucia durante toda la semana, pero seguramente a sus compañeros de cuarto o potenciales amigos no les entusiasmará la idea. Según mi experiencia, los adolescentes que llegan a la universidad sin estas habilidades desearían haber dedicado tiempo a aprenderlas – antes de que algún compañero de cuarto se queje ante los encargados por esas montañas de calcetines sucios.

5. Retira poco a poco las adaptaciones que no estén disponibles en la universidad

Las universidades solo están obligadas a proporcionar adaptaciones moderadas que no alteren los requisitos fundamentales del grado. Esto significa que un adolescente que ha confiado en el tiempo extra para hacer los exámenes en el instituto, por ejemplo, puede que no reciba esta adaptación, si en esa asignatura es importante que termine el examen en un tiempo determinado.

Investiga la disponibilidad de adaptaciones importantes y procura que el IEP de tu hija en el instituto busque desarrollar las habilidades necesarias para que arreglárselas sin servicios que desaparecerán. Si es posible, haz que tu hija vaya prescindiendo de sus adaptaciones específicas a medida que crece.

6. Desarrolla un plan de transición potente

La universidad no es adecuada para todos. Para algunos adolescentes, es mejor tomar un año sabático o ponerse a trabajar de inmediato. La universidad es cara, larga y difícil; así que, antes de que tu hijo acepte una plaza, asegúrate de que todos estáis de acuerdo en que es la mejor decisión para él. Si la respuesta es sí, ¡genial! Ahora necesitas un plan. La simple esperanza de que tu hijo adolescente conseguirá organizarse puede ser – y a menudo lo es – contraproducente y conducir a asignaturas suspendidas, dinero malgastado y familias desoladas.

Para garantizar una transición exitosa, investiga con tu hija los apoyos disponibles en la universidad. Eso no solo se refiere a los apoyos por discapacidad, que algunos adolescentes dudan en usar. La mayoría de las universidades tienen apoyos – como centros de escritura o servicios de salud mental – disponibles para todos los estudiantes. Asegúrate de que tu hija sepa cuáles son esos apoyos antes de llegar al campus, y habla con ella sobre algunas situaciones en las que pueden ser útiles.

Luego, planea un primer semestre razonable. Los primeros meses en la universidad son un torbellino de acontecimientos sociales, experiencias nuevas y expectativas cambiantes. ¿Podrá tu hija manejar su carga de trabajo en medio de todo eso? En la medida de lo posible, ayúdale a elegir una carga de asignaturas manejable y que responda a sus puntos fuertes. Si no le importa hablar de sus diferencias, los asesores académicos pueden ser un gran recurso para diseñar un programa apropiado para el TDAH y que responda a las exigencias del grado.

Por último – pero ciertamente no menos importante – elabora un plan para la participación de los padres. ¿Cuáles son vuestras expectativas de comunicación? ¿Bastará con una llamada telefónica a la semana o esperáis un mensaje diario? Respeta los deseos de independencia de tu hijo y asegúrate de que sepa que estarás disponible siempre que lo necesite. La comunicación puede ser irregular a veces, y sus necesidades podrán ajustarse tras algunas semanas o meses. Lo importante es que sepa que, no importa lo difícil y emocionante que sea la universidad, estarás ahí para él.

[1] Programa de Educación Individualizado. En los EE. UU., el IEP es un documento legal que especifica las necesidades de aprendizaje de un alumno, los servicios que la escuela proporcionará y cómo se medirá su progreso. Ver https://www.understood.org/es-mx/school-learning/special-services/ieps/understanding-individualized-education-programs

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¿Cuánto sabe el profesorado sobre el TDAH?

Escrito por Neil Petersen 
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Uno de los lugares en los que más temprano se manifiestan los síntomas del TDAH es el aula. Esto significa que el profesorado, para bien o para mal, es a menudo la primera línea de detección del TDAH.

Pero ¿cuánto sabe el profesorado sobre el TDAH? Es evidente que no han recibido formación como profesionales de la salud mental.

Un estudio reciente realizado en España formulaba esa pregunta, y los resultados no inspiran confianza, precisamente.

En el estudio, se les hacía una serie de preguntas sobre aspectos básicos del TDAH, como los síntomas, el diagnóstico y el tratamiento. Como media, pudieron responder correctamente menos de la mitad de las preguntas. Así que, efectivamente, tendrían un suspenso.

Además de eso, un tercio del profesorado dijo que simplemente se sentía “en cierto modo” o “absolutamente” incapaz de enseñar a niños con TDAH. Teniendo en cuenta que estos profesores tendrán estudiantes con TDAH, es una mala noticia para los profesores y para los estudiantes.

Afortunadamente, es un problema de fácil solución. En el estudio, los profesores que habían recibido formación sobre TDAH pudieron responder correctamente a más preguntas. Esto sugiere que, con sólo darles a los maestros una formación básica sobre lo que es el TDAH y cómo aprenden los estudiantes con este trastorno, mejoraría la vida de todos los afectados.

Obviamente, no es realista esperar que los profesores se conviertan en expertos en los diferentes trastornos relacionados con la salud mental que podrían tener sus alumnos. Sin embargo, cuando se trata de TDAH, estamos hablando de un trastorno muy frecuente y que está estrechamente relacionado con la forma en que las personas aprenden y la forma en que afrontan la escuela. En el caso del TDAH y otros trastornos que impactan en el aprendizaje en particular (como la dislexia, por ejemplo), parece que el profesorado debería recibir alguna formación sobre aspectos básicos de identificación y manejo de los síntomas.

Este estudio indica que, cuando se trata de la concienciación sobre el TDAH entre los profesionales de la educación, sin duda hay mucho que mejorar. Pero la buena noticia es que capacitar al profesorado para comprender mejor a los estudiantes con TDAH parece marcar una diferencia, lo que significa que aquí hay una oportunidad clara de mejorar la eficacia con que nuestro sistema educativo atiende a los estudiantes con TDAH.

 

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Nunca castigues a un niño por un comportamiento que no puede controlar

Haz que tu enemigo sea el TDAH, no tu hijo. Pilla a tu hija portándose bien cada día. Deja de echar la culpa a los demás. Y otras reglas para criar a un niño con TDAH que todos los padres deberían conocer.

Escrito por Deborah Carpenter
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

La mayoría de los padres son buenos padres. Pero si vuestro hijo o vuestra hija tienen un trastorno por déficit de atención (TDAH o TDA), puede que no baste con ser “buenos”. Para aseguraros de que vuestro hijo esté feliz y equilibrado ahora y en el futuro – y para crear un entorno tranquilo en casa – debéis ser excelentes padres.

Afortunadamente, es más fácil de lo que imaginas pasar de bueno a excelente. Todo lo que se necesita son unos pequeños ajustes en tus estrategias para criar a un niño con TDAH y en la forma en que interactúas con tu hijo. Esto es lo que funciona y por qué:

1. Acepta el hecho de que tu hijo – como todos los niños – es imperfecto

No es fácil aceptar que hay algo que no es “normal” en tu hijo. Pero es poco probable que un niño que perciba en sus padres rencor – y pesimismo sobre sus expectativas – desarrolle la autoestima y el espíritu de “sí se puede” que necesitará para convertirse en un adulto feliz y equilibrado.

“Para que un niño se sienta aceptado y apoyado, necesita sentir que sus padres confían en sus habilidades”, dice Ken Brown-Gratchev, Ph.D., instructor de educación especial en Kaiser Permanente, en Portland (Oregón). “Cuando los padres aprenden a mirar los dones del TDAH – como la excepcional energía, la creatividad y las habilidades sociales – pueden ver el brillo que hay en sus hijos”.

Sin duda, Carol Barnier, de New Fairfield (Connecticut), ve el “brillo” de su hija con TDAH. “Mi hija está destinado a algo maravilloso, algo que sería imposible para niños más tranquilos y con un nivel de energía normal”, dice. “Se me ocurren varios trabajos donde su ilimitada energía sería una ventaja increíble. Incluso estoy celosa de su incansable entusiasmo por la vida y me pregunto qué podría lograr yo si tuviera ese don”.

Dedica todas tus fuerzas a amar a tu hijo incondicionalmente. Trátalo como si ya fuera la persona que te gustaría que fuera. Eso le ayudará a convertirse en esa persona.

2. No te creas todas las “malas noticias” sobre tu hijo.

No es agradable escuchar a los profesores de la escuela describir a tu hijo como “lento” o desmotivado. Pero no dejes que los comentarios negativos te impidan hacer todo lo que esté en tu mano para abogar por sus necesidades educativas. Después de todo, los niños con TDAH pueden tener éxito si obtienen la ayuda que necesitan.

“Si bien es cierto que la mente de tu hijo funciona de manera diferente, es perfectamente capaz de aprender y tener éxito, como cualquier otro niño”, dice George DuPaul, Ph.D., profesor de Psicología Escolar en la Lehigh University de Bethlehem (Pennsylvania). “Míralo de esta manera: si tu hijo fuera diabético o tuviese asma, ¿dudarías un minuto en buscar lo mejor para él?” Del mismo modo que un diabético necesita insulina y un niño asmático necesita ayuda para respirar, un niño con TDAH necesita que un entorno de aprendizaje ordenado.

Sue Greco, de Warwick (Rhode Island), es firme cuando se trata de ser la mayor defensora de su hija de 11 años. “Mi hija tiene un gran cerebro”, dice. “Es una líder, con grandes ideas, pero la han etiquetado como ‘incapaz de tener éxito’ en la escuela pública local. Como sé que es capaz de hacer más, la inscribí en un colegio católico, confiando en que la mayor exigencia académica y la mayor estructura supongan un desafío positivo para ella”.

3. No sobrevalores la importancia de la medicación.

No cabe duda de que, para muchos niños con TDAH, la medicación adecuada marca una gran diferencia en el comportamiento. Pero de ninguna manera la medicación es lo único que marca esa diferencia, y hablar de ello como si fuera así hará que el niño sienta que el buen comportamiento tiene poco que ver con sus propios esfuerzos. Cuando pilles a tu hijo haciendo algo que le has dicho muchas veces que no haga, reprime el impulso de preguntarle: “¿Te has olvidado de tomar la medicación esta mañana?” Y nunca le amenaces con aumentar la dosis por haber hecho algo inapropiado.

“Declaraciones como estas le dan a su hijo la impresión de que su comportamiento está controlado únicamente por factores externos”, dice el Dr. Brown-Gratchev. “Es responsabilidad de los padres enviar el mensaje claro de que la medicación mejorará las habilidades que ya posee, pero no resolverá todos sus problemas por arte de magia”.

Como dice Sara Bykowski, madre de dos hijos con TDAH que viven en Angola (Indiana), “yo les digo a mis hijos que su medicina es como las gafas, Las gafas mejoran la vista que la persona ya tiene. Mis hijos saben que su autocontrol, sin importar lo limitado que sea, es el factor principal en el manejo de su comportamiento”.

4. Asegúrate de conocer la diferencia entre disciplina y castigo

¿Con qué frecuencia te has quejado ante tus amigos o familiares (o incluso ante un terapeuta), “¡Le he gritado, sermoneado, amenazado, le he mandado tiempo fuera, quitado juguetes, le he dejado sin salir, sobornado, suplicado e incluso azotado, y nada funciona! “¿Ves el problema de este enfoque? Cualquier niño expuesto a tal variedad de “palos” estaría confuso. Y uno de los enfoques más efectivos en la disciplina, la “zanahoria” del refuerzo positivo, ni siquiera se menciona.

“Muchos padres usan indistintamente los términos disciplina y castigo“, dice Sal Severe, Ph.D., autor de How to Behave So Your Preschooler Will Too! . “Pero en realidad, son muy diferentes”. La disciplina, dice, es preferible porque le enseña al niño cómo debe comportarse. Incluye una explicación del comportamiento inapropiado y una redirección a un comportamiento aceptable – además de un refuerzo positivo cada vez que el niño toma una buena decisión de conducta. El castigo, por su parte, usa el miedo y la vergüenza para obligar al niño a comportarse.

Por supuesto, el castigo tiene su lugar. Sin embargo, nunca debe implicar maltrato físico ni verbal, y debe usarse solo como último recurso. Por ejemplo, si tu hija continúa tirando de la cola del gato a pesar de que le hayáis dicho repetidas veces que no lo haga, deberíais castigarla.

A menudo, la mejor manera de disciplinar a un niño con TDAH es a través de un programa simple de modificación del comportamiento: definir objetivos alcanzables apropiados para la edad y recompensar sistemáticamente cada pequeño logro, hasta que el comportamiento se convierta en rutina. Al recompensar el comportamiento positivo (en lugar de castigar el comportamiento negativo), ayudas a tu hijo a sentirse exitoso – y aumenta aún más su motivación para hacer lo correcto.

5. Nunca castigues a un niño por un comportamiento que no puede controlar.

Imagina que le dices a tu hija de 10 años que se haga la cama. Ahora imagina que te la encuentras, un rato después, tumbada en la cama sin hacer y jugando a las cartas. ¿Qué deberías hacer? ¿Pegarle un grito y castigarla con un tiempo fuera?

Según el Dr. Severe, es probable que ése no es el mejor enfoque. En muchos casos, si un niño con TDAH no cumple, no es porque sea desafiante, sino simplemente porque se distrae de la tarea que tiene entre manos (en este caso, hacer la cama). La distracción es un síntoma común del TDAH, algo que puede ser incapaz de controlar. Y cuando castigas repetidamente a un niño por un comportamiento que no puede controlar, lo preparas para el fracaso. Con el tiempo, su deseo de complacerte se evapora. Él piensa: “¿Para qué me voy a molestar?” Como resultado, la relación entre padres e hijos se deteriora.

El mejor enfoque en situaciones como ésta puede ser simplemente recordarle a tu hija que haga lo que quieres que haga. El castigo tiene sentido si está muy claro que tu hija te está desafiando; por ejemplo, si se niega a hacer la cama. Pero dale el beneficio de la duda.

6. Deja de culpar a otros por las dificultades de tu hijo

¿Eres el tipo de padre que encuentra defectos en todos menos en su hijo? ¿Dices cosas como “ese conductor del autobús no controla a los niños” o “si el maestro gestionara mejor el comportamiento, mi hija no tendría tantos problemas en la escuela”?

Puede que otras personas contribuyan a los problemas de tu hija. Pero tratar de culpar exclusivamente a los demás le anima a tomar el camino más fácil. ¿Por qué debería asumir la responsabilidad de sus acciones, si puede echar la culpa a otra persona (o si escucha una y otra vez que tú echas la culpa a otra persona)?

7. Ten cuidado de separar la acción del autor

“Los palos y las piedras pueden romperme los huesos, pero las palabras nunca me pueden hacer daño”. No lo creas. Los niños que repetidamente escuchan cosas malas sobre ellos, se las acaban creyendo.

No importa cuán frustrante sea el comportamiento de tu hijo, nunca le llames “vago”, “hiperactivo”, “atontado” o cualquier otra cosa que pueda herirle. Y detente si empiezas a decir algo como “Eres un desastre, ¿por qué no puedes mantener tu habitación limpia?” O “¿Qué te pasa? No te lo he dicho una vez, te lo he dicho mil veces…”

Carol Brady, Ph.D., psicóloga infantil en Houston, lo explica de esta manera: “Los padres deben hacer que el enemigo sea el TDAH, no el niño. Cuando personalizas los problemas de un niño asociados con el TDAH, su autoestima se desmorona. Pero cuando trabajas en equipo con tu hijo para resolver varios comportamientos negativos, creas un clima en el que tu hijo se siente amado y apoyado a pesar de sus limitaciones”.

La próxima vez que la habitación de tu hija sea un desastre, dile: “Tenemos un problema y necesito que me ayudes a resolverlo”. Dile que te resulta difícil acostarla porque tienes miedo de tropezarte con los juguetes del suelo de su dormitorio, o que dejar comida en su habitación atrae a los insectos. Pide su opinión. Cuanto más involucrado esté tu hija en la solución, mejor será el resultado.

8. No te apresures a decir “no”.

Todos los niños necesitan que se les diga “no” en ciertos momentos, para evitar que hagan algo peligroso o inapropiado. Pero muchos padres dicen “no” por reflejo, sin considerar si podrían decir “sí”. Y un niño que escucha “no” muchas veces tiende a rebelarse, especialmente si es impulsivo por naturaleza.

¿Por qué los padres son tan rápidos al decir “no”? A menudo, es por miedo (“No, no puedes ir solo a la escuela”), preocupación (“No, no puedes dormir en la casa de Jake hasta que conozcamos a sus padres”), deseo de controlar (“No, no puedes tomar un aperitivo antes de comer”), o una necesidad competidora (“Esta noche no, chico, estoy demasiado cansado”). Los padres inteligentes saben cuándo decir “no”, y cuándo es más lógico respirar hondo y responder afirmativamente.

En muchos casos, un pequeño cambio en la forma de usar las palabras “sí” y “no” con tu hijo puede significar la diferencia entre una interacción agradable y una confrontación desagradable.

Digamos que tu hijo quiere salir a jugar, pero tú quieres que se siente a hacer la tarea. “En lugar de decir automáticamente no”, sugiere el Dr. DuPaul, “pídele que te ayude a pensar en una solución viable”. De esa manera, él siente que tiene cierto grado de control sobre la situación y que estás tratando de acomodar sus deseos. Se sentirá menos frustrado y colaborará más.

9. Presta más atención al comportamiento positivo de su hijo.

En tu búsqueda por anular los problemas de comportamiento, muchos padres pasan por alto todas las formas positivas de comportamiento de su hijo. La negatividad resultante puede ensombrecer el hogar y afectar a todos los aspectos de la vida.

“Reconviértete para mirar lo positivo”, dice el Dr. Severe. “Pilla a tu hija siendo buena o haciendo algo bien, y elógiala. Cuando señalas y alabas los comportamientos deseables, le enseñas lo que quieres – no lo que no quiere “.

Ten en cuenta que algunos de los comportamientos problemáticos que atribuyes al TDAH pueden ser comunes a todos los niños de esa edad. Es útil leer sobre las etapas del desarrollo infantil, especialmente si tu hijo con TDAH es el primero.

Haz de la felicidad y la risa las piedras angulares de la vida familiar. Pasa tiempo divirtiéndote con tus hijos. Da paseos en bicicleta con ellos. Juega con ellos en el parque. Visitad museos juntos. Llévalos al cine. Es cierto que la vida con TDAH puede ser un desafío. Pero las recompensas son fantásticas para los padres que realmente conectan con sus hijos.

10. Aprende a anticipar situaciones potencialmente explosivas.

Imagina que han invitado a tu hija a una fiesta. Es una buena noticia, especialmente para una niña que no es muy popular entre sus compañeros. Ahora imagina que la fiesta está organizada por una chica con quien tu hija se ha peleado hace poco. ¿Te limitas a cruzar los dedos y esperar que todo vaya bien?

“Rotundamente, no”, advierte el Dr. DuPaul. “Los padres pasan mucho tiempo en modo reactivo, en lugar de pensar en el futuro y planificarlo”. Tan sólo se necesita un plan simple, dice, para evitar que una experiencia positiva se vuelva negativa para todos.

“En nuestra casa, tenemos ‘el plan'”, dice Sara Bykowski. “Antes de entrar en una tienda o en casa de un amigo, hablamos sobre el comportamiento que esperamos y las posibles dificultades. También tenemos una rutina para cuando surja un problema. Yo le digo: “¿Puedo hablar un momento contigo?” y le alejo del grupo. Hablamos de lo que está pasando e intentamos encontrar una solución. A veces, todavía tenemos que irnos antes de tiempo, pero ahora sucede mucho menos”.

Hagas lo que hagas, sé coherente. “Todos los niños se benefician de la coherencia”, dice el Dr. DuPaul, “pero los niños con TDAH, en particular, la necesitan. Para ellos, no es ningún lujo”. Un cambio de horario de última hora o la interrupción de una rutina familiar pueden causar estragos en una niña que ya se siente la mayor parte del tiempo desequilibrada y “tratando de estar al día”. Es mejor establecer rutinas y planes y hacer todo lo posible por cumplirlos.

“Ordena tu hogar de un modo que estimule la organización y la responsabilidad, y luego hazlo funcionar como un cuartel”, sugiere Shirley McCurdy, experta en organización y autora de The Floor Is Not an Option. “Haz las cosas fáciles y accesibles: recipientes de almacenamiento transparentes para la ropa, bolsillos con cremallera para los deberes y un calendario familiar grande y codificado por colores”.

Asegúrate de que tú y tu pareja estéis de acuerdo en cuestiones de organización y disciplina. “Los padres que no comparten un mismo criterio en la motivación y disciplina de su hijo con TDAH pueden generar problemas”, dice Stephen Grcevich, M.D., psiquiatra infantil en Chagrin Falls (Ohio). “Es difícil que las intervenciones conductuales en niños con TDAH tengan éxito si no se aplican de una forma coherente”.

Cuando los padres presentan un frente unido, sus hijos saben exactamente a qué atenerse. En última instancia, cuanto más predecible y coherente sea el entorno de tu hijo, más feliz será toda la familia.

11. Sé un buen modelo

Los padres son el modelo más influyente para un niño, así que piensa cuidadosamente en tu comportamiento. Si tú no eres capaz de controlarte, ¿cómo puedes esperar que tu hijo lo sea?

“Gritar es dar un mal ejemplo de cómo debe manejar sus emociones tu hijo”, dice el Dr. Brady. “Los padres tienden a pensar que, cuanto más alto hablen, mayor será el impacto en el niño, pero no es así. Lo único que el niño oye es la ira. La situación rápidamente escapa al control”.

Es normal que te enfades con tu hijo de vez en cuando. No está bien gritarle continuamente. No se te ocurriría gritar o insultar a tus amigos o compañeros de trabajo, así que puedes controlar tu ira si es necesario.

La próxima vez que tu hijo haga algo que te enfurezca, sal de la habitación, respira profundamente o haz algo para calmarte. Cuando muestras técnicas de autocontrol de esta manera, le enseñas a tu hijo la importancia de manejar sus emociones.

Si pierdes los estribos, no dudes en disculparte con tu hijo.

12. Busca ayuda de otros

Algunas cosas en la vida simplemente no se pueden hacer bien a solas, y criar a un niño con TDAH es una de ellas. “Si actúas como Clint Eastwood, terminarás exhausto mental, emocional y físicamente”, dice el Dr. Brown-Gratchev. “Construye un sistema de apoyo, como en la NASA. De esa forma, cuando tu propio ‘sistema’ se sobrecargue o falle – algo que inevitablemente ocurrirá de vez en cuando – habrá alguien que pueda volver a montarlo”.

Pídele a tu pediatra el nombre de un psicólogo u otro profesional de la salud mental especializado en TDAH. O contacta con CHADD, lo más probable es que haya una delegación en tu comunidad.

Sue Kordish, de Tyngsboro (Massachusetts), conoce el valor de un sistema de apoyo fiable. “Durante años, mi esposo y yo estábamos preocupados porque ninguna niñera entendía las necesidades especiales de nuestro hijo”, dice. “Probamos a contratar a un adolescente, pero no funcionó, y la experiencia nos volvió aún más cautelosos. Sin familiares viviendo cerca, la situación era difícil. Nunca salíamos. Entonces encontramos una niñera que trabaja con niños con necesidades especiales. Finalmente pudimos relajarnos y disfrutar de un tiempo de pareja atrasado durante demasiado tiempo”.

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Razones por las que hay personas con TDAH que no buscan ayuda

Escrito por Neil Petersen 
Traducido por la Dra Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Muchas personas con TDAH pasan mucho, mucho tiempo sin ser diagnosticadas. A veces nunca llegan a serlo.

Normalmente, esto se debe simplemente a que no conocen los síntomas del TDAH y tampoco tienen a nadie que reconozca que tienen rasgos de TDAH, así que viven en una ignorancia “no tan bendita”. Es difícil buscar ayuda para algo que no sabes que tienes. Si no sabes lo suficiente como para relacionar los problemas de tu vida con el TDAH, la respuesta por defecto es culparte a ti mismo o a otras personas de esos problemas.

Sin embargo, hay personas que sospechan que pueden tener TDAH, pero no buscan ayuda psicológica profesional. ¿Por qué pasa esto? Se me ocurren varias posibles razones:

 

  • Saben que tienen TDAH, pero no saben cuánto pueden beneficiarles el tratamiento: cuando has vivido toda tu vida con TDAH, eso es lo único que conoces, así que es difícil ver hasta qué punto interfieren sus síntomas en tu vida, y mucho menos cómo cambiará ésta cuando esos síntomas sean tratados. Incluso si las personas reconocen tener algunos síntomas del TDAH, es posible que no se hagan una idea de la profundidad de esos síntomas y que no comprendan cómo puede llegar a cambiar su vida tratarlos. Y si no crees que tratar el TDAH vaya a mejorar mucho tu vida, desaparecen de entrada varios de los incentivos para buscar ayuda.
  • Piensan que sus síntomas no son tan malos: las personas con trastornos de salud mental tienden a carecer de una idea clara sobre su propio trastorno. Es algo que forma parte del lote, y el TDAH no es una excepción. Las personas con TDAH están tan acostumbradas a vivir con sus síntomas, que pueden verlos como algo normal. También pueden aferrarse a la creencia de que, si “se esfuerzan más”, sus síntomas desaparecerán, aunque todos los antecedentes indiquen lo contrario.
  • Han tenido malas experiencias con profesionales de la salud mental: Desgraciadamente, hay muchos profesionales de la salud mental que no saben gran cosa sobre el TDAH. Un número significativo de personas con TDAH ha tenido que acudir a múltiples profesionales de salud mental, a veces durante muchos años, antes de obtener un diagnóstico correcto. Por cada persona con TDAH que recibe un diagnóstico erróneo, cambia de médico y es diagnosticada correctamente, es probable que otra persona mal diagnosticada pierda completamente la fe en los psiquiatras.
  • Buscar ayuda les parece un signo de debilidad: para mí, ser proactivo para mejorar tu salud mental es un signo de fortaleza y resiliencia, pero todavía hay un gran estigma en nuestra sociedad en torno a la búsqueda de ayuda psicológica. Es probable que algunas personas duden de buscar diagnóstico o tratamiento para el TDAH porque han recibido el mensaje de que acudir a un profesional de la salud mental es un signo de debilidad, o algo propio de “locos”.
  • Van a buscar ayuda … pero no ahora: las personas con TDAH son procrastinadoras contumaces. Sin ninguna duda, muchas personas que sospechan que tener TDAH tienen la intención de buscar tratamiento, pero nunca llegan a hacerlo.
  • No quieren estar tomando medicamentos durante mucho tiempo: algunas personas pueden dudar a la hora de buscar evaluación de un posible TDAH porque no quieren tomar medicamentos indefinidamente, así que no tiene mucho sentido que les diagnostiquen. Sin embargo, olvidan los otros muchos beneficios de buscar ayuda para el TDAH. En primer lugar, un diagnóstico oficial puede abrirte posibilidades como adaptaciones y reconocimiento legal de tener una discapacidad. En segundo lugar, incluso si no tienes intención de seguir tomando medicamentos de por vida, probarlos durante un tiempo limitado puede hacerte ver cómo afectan los síntomas del TDAH a tu vida y cómo es la vida sin esos síntomas. Por último, incluso si optas por no tomar medicamentos, trabajar con un profesional de la salud mental te permitirá comprender tus síntomas de nuevas maneras y encontrar otros métodos para manejarlos.

Yo diría que ninguna de ellas es una buena razón para no buscar ayuda para el TDAH. Son razones comprensibles, claro, pero en última instancia, contraproducentes.

El problema es que es difícil tomar una decisión informada acerca de cómo afectará el diagnóstico de TDAH a tu vida hasta que realmente te diagnostiquen. En mi caso, sé que el proceso de diagnóstico y tratamiento del TDAH condujo a ideas completamente nuevas, que yo nunca habría esperado.

Pasar de pensar “hmm, podría tener TDAH” a dar el paso concreto de acudir a un profesional de la salud mental puede cambiar tu vida. Si crees que podrías tener TDAH pero no tienes intención de buscar ayuda, es muy probable que estés subestimando el impacto que tendría en tu vida trabajar con un profesional de la salud mental durante algún tiempo. Piénsalo de esta manera: si no te evalúan de TDAH, no sabrás lo que te puedes estar perdiendo, pero si te encuentras con un profesional de salud mental, siempre tienes la opción de volver a vivir con un TDAH no diagnosticado ni tratado, ¡si es eso lo que prefieres!

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El TDAH enciende la disforia sensible al rechazo

El extremo sufrimiento emocional por el rechazo percibido es un sentimiento exclusivo de las personas con TDAH y puede debilitarlas. Aprende cómo puede afectar la DSR a esas personas

Escrito por William Dodson, M.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés
Publicado en: 

 

La disforia sensible al rechazo (RSD) consiste en una sensibilidad emocional y un dolor emocional extremos, provocados por la percepción –  no siempre ajustada a la realidad – de una persona de haber sido rechazada u objeto de burla o crítica por personas que para ella son importantes. La RSD también puede ser desencadenada por una sensación de fracaso, de no llegar a cumplir las elevadas expectativas propias o de los demás.

Disforia, en griego, significa “difícil de soportar”. No es que las personas con trastorno por déficit de atención (TDAH o TDA) sean blandas o débiles; es que la respuesta emocional les causa mucho más sufrimiento que a personas sin este trastorno.

Cuando esta respuesta emocional se internaliza, puede imitar un trastorno mayor del estado de ánimo con ideación suicida. Los repentinos cambios de sentirse perfectamente a sentirse profundamente triste, como resultado de la DSR, se diagnostican a menudo erróneamente como un trastorno límite de la personalidad (TLP) de ciclo rápido.

Los médicos pueden tardar mucho tiempo en reconocer que estos síntomas son causados ​​por los cambios emocionales repentinos asociados al TDAH y a la sensibilidad al rechazo, mientras que todas las otras relaciones de objeto son completamente normales.

Cuando esta respuesta emocional se exterioriza, es como una impresionante e instantánea rabieta dirigida a la persona o la situación responsables de causar el sufrimiento. El 50% de las personas a las que un juzgado les obligó a seguir un tratamiento de manejo de la ira tenían un TDAH no reconocido previamente.

La RSD puede hacer que las personas con TDAH anticipen el rechazo, aunque éste no tenga por qué producirse. Esto les hace estar alerta para evitarlo, lo que puede diagnosticarse erróneamente como fobia social. La fobia social es un miedo anticipado e intenso a sentir vergüenza o humillación en público, o a que ser examinado con dureza por el mundo exterior.

La sensibilidad al rechazo es difícil de aislar. A menudo, las personas no pueden encontrar las palabras que describan su dolor. Dicen que es intenso, horrible, terrible, abrumador. Siempre se desencadena por la pérdida – real o percibida – de aprobación, amor o respeto. Las personas con TDAH afrontan este enorme elefante emocional de dos formas principales, que no se excluyen mutuamente.

  1. Se convierten en personas complacientes. Analizan a cada persona que conocen, para descubrir qué es lo que esa persona admira y elogia y se presentan ante ella con ese falso yo. A menudo, esto se convierte en un objetivo tan dominante que olvidan lo que realmente querían de su propia vida. Están demasiado ocupadas en asegurarse de no disgustar a los demás.
  2. Dejan de intentarlo. La más mínima posibilidad de fracasar al intentar algo nuevo o quedarse cortos ante los demás es demasiado dolorosa y arriesgada para planteárselo siquiera. Así que no lo hacen. Son esas personas tan brillantes y capaces que se convierten en las más holgazanas, que no hacen absolutamente nada con su vida porque cualquier esfuerzo les produce ansiedad. Renuncian a acudir a citas, a solicitar trabajo o a hablar en reuniones.

Algunas personas usan el dolor de la RSD para encontrar formas de adaptarse y sobrepasar las expectativas. Trabajan constantemente para ser las mejores en todo lo que hacen. O bien, se obligan a estar por encima de la crítica o el reproche. Llevan vidas admirables, pero ¿a qué precio? Luchan por la perfección, que nunca pueden alcanzar, y se ven constantemente forzadas a lograr más.

Cómo tratar la RSD

La sensibilidad al rechazo es parte del TDAH. Es algo neurológico y genético. Los traumas de la primera infancia empeoran las cosas, pero no causan DSR. A menudo, los pacientes sienten consuelo con sólo saber que este sentimiento tiene un nombre. Saber qué es, que no están solas y que casi el 100% de las personas con TDAH experimentan sensibilidad al rechazo es algo que marca la diferencia. Al escuchar este diagnóstico, saben que no es culpa suya, que no están chifladas.

La psicoterapia no ayuda particularmente a pacientes con DSR, porque las emociones golpean repentinamente y abruman por completo la mente y los sentidos. A una persona con RSD le cuesta algún tiempo recuperarse tras cada episodio.

Hay dos soluciones farmacológicas posibles para la DSR. La más simple es recetar los agonistas alfa guanfacina y clonidina conjuntamente. Estos fármacos fueron diseñados originalmente para la tensión arterial. La dosis óptima varia desde medio miligramo hasta siete miligramos de guanfacina, y de una a cinco décimas de miligramo de clonidina. Dentro de ese rango de dosis, aproximadamente una de cada tres personas siente alivio en su DSR. Cuando eso sucede, es algo que cambia la vida. El tratamiento puede marcar una diferencia aún mayor que un estimulante al tratar el TDAH.

Un estudio realizado por la Universidad de Harvard descubrió que el aumento de la dosis a cuatro miligramos de guanfacina y clonidina a siete u ocho décimas de miligramo (por encima de los límites aprobados por la FDA), logró una tasa de respuesta un 40% más alta. Sin embargo, conlleva efectos secundarios como sequedad de boca, sedación leve y, a veces, ortostatis, o maros al levantarse demasiado rápido.

El segundo tratamiento consiste en prescribir inhibidores de la monoamino oxidasa (IMAO) fuera de lo indicado. Tradicionalmente, éste ha sido el tratamiento de elección para la DSR entre médicos experimentados. Puede ser espectacularmente efectivo, tanto para el componente de atención / impulsividad del TDAH como para el componente emocional. La tranilcipromina suele funcionar mejor, con menos efectos secundarios. Entre éstos, los más comunes son tensión arterial baja, agitación, sedación y confusión.

Se ha visto que los IMAO son tan efectivos para el TDA/H como el metilfenidato en un ensayo directo realizado en los años 60. También producen muy pocos efectos secundarios con una dosis diaria, no son sustancias controladas (no existe riesgo de abuso), se venden en versiones genéricas baratas y de alta calidad y están aprobados por la FDA para los trastornos del estado de ánimo y la ansiedad. La desventaja es que los pacientes deben evitar los alimentos curados en vez de cocidos, así como los medicamentos estimulantes para el TDAH de primera línea, todos los medicamentos antidepresivos, los medicamentos sin receta para el resfriado, la sinusitis, la fiebre del heno y la tos. Algunas formas de anestesia no se pueden administrar.

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