TDAH e ira – Estoy frustrado y agobiado

Escrito por Rick Green
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

 

Cuando fui diagnosticado de TDAH, quería recibir ayuda para gestionar el tiempo, la organización, el desorden, la agenda… La ‘logística de la vida’.

El dominio estos desafíos del TDAH es una tarea en marcha. Siempre mejorando. Nunca perfecta. Mi éxito requiere un arsenal de herramientas coordinadas. Sin embargo, cuando una estrategia dejaba de funcionar, yo me ‘esforzaba más’. Y ya sabemos cómo funciona eso.

No dejaba de pensar que el problema era yo. No la estrategia concreta. Me llevó tiempo darme cuenta de que no todas las herramientas, trucos o consejos me sirven a mí.

Al final, me limitaba a sustituir una herramienta o estrategia que no funcionaba por otra. Si esa funcionaba, ¡genial! Si no, probaba otra.

Dejar atrás lo que ha funcionado para encontrar lo que va a funcionar AHORA

A veces, ya no necesitaba una determinada estrategia. Me sirvió hasta un cierto punto y luego ya no me hacía falta. Como ese mapa de carreteras que utilizaste para conducir por Dakota del Norte, pero ahora necesitas un mapa de Dakota del Sur. (En la era del GPS, muchas personas jóvenes nunca han utilizado los mapas que vendían en las gasolineras. Los mapas de carreteras eran como Google Maps instalado en unos dispositivos móviles muy finos llamados papel. Podías desplegar el mapa hasta ocupar medio coche y, cuando llegabas, lo doblabas hasta formar una pelota arrugada y lo empujabas dentro de la guantera).

Las estrategias para el TDAH parecen funcionarme bien o no funcionarme. La mayoría requieren algún reajuste creativo. Pero cualquiera que sea el truco o la técnica, lo cierto es que todo el progreso depende, en última instancia, de algo intangible. Mis emociones.

Mis emociones son la clave de los éxitos o los fracasos

Es cierto que ninguna estrategia es infalible. Y muy pocas son fáciles o automáticas. Requieren algo de mí. Lo cual está bien. Puedo permitirme aportarlo. Pero incluso las estrategias más simples y más poderosas del mundo no sirven de nada si estoy atascado en el malestar, la ira, la frustración o el agobio.

Me costó mucho darme cuenta de que mis emociones son un enorme desafío. Y de que se ven agravadas por mi TDAH.

Durante la primera década desde mi diagnóstico, no presté ninguna atención a mis emociones ni al impacto del TDAH sobre mi sensibilidad emocional y mi reactividad.

Me dedicaba únicamente a ser ‘más productivo’ y tener todo ‘organizado y al día’ para que estuviera listo cuando lo necesitara.

Pero nunca era suficiente. Probaba algo, funcionaba durante un tiempo, luego ya no, y yo me sentía molesto conmigo mismo, agobiado, desolado y enfadado. La mayor parte de las veces, conmigo mismo. Algunas veces, con el mundo. Rara vez, con otra persona.

Estoy enfadado, pero nunca lo sabrás

No agredía a otras personas ni lanzaba objetos. Nadie llamaba a la policía. Era algo que internalizaba. Dando vueltas como un loco por la oficina, murmurando como una víctima llena de amargura, paranoia y odio hacia mí mismo. Entonces, se me ocurría una solución y en poco tiempo volvía a mi yo habitual.

De hecho, yo nunca hubiera dicho que estaba enfadado. No gritaba. Bueno, gritaba dentro de mi cabeza. Pero eso no parecía ira. (¿He mencionado que mis habilidades de auto-evaluación no llegan a ser brillantes?)

Esos cambios repentinos son agotadores

Estos ataques de ira o malestar llegaban de repente. Las peores consecuencias posibles. En segundos. Como saltarse los primeros 20 minutos de la película “Psicosis” y comenzar en la escena de la ducha.

Ese estado de ánimo pasaba con la misma rapidez. El malestar solía durar unas pocas horas. A menudo menos. A veces estallaba y se evaporaba en sólo tres minutos

De hecho, llegué a preguntarme si no tendría también un trastorno bipolar (un error común; el trastorno bipolar es otra cosa).

Luego, cuando estábamos rodando “ADD &Loving It?!”, la estrella del programa, Patrick McKenna, habló de sus propias dificultades con la ira explosiva. Su esposa, Janis, ofreció un hilarante contrapunto a las confesiones avergonzadas de Patrick.

Empecé a fijarme en mis propias emociones. Y en mi sensibilidad emocional. Mi nivel de ansiedad. Con qué facilidad me alarmaba, molestaba o asustaba. Leí un montón acerca de cómo nuestros cuerpos reaccionan a la violencia en las películas, los programas de televisión o las noticias.

¿La mayor sorpresa?

Lo más sorprendente fue darme cuente de que hay cosas que puedo hacer para gestionar mis emociones, antes de que estén fuera de control. Igual que puedo evitar esas olas de agobio usando sencillas estrategias de organización. Las emociones son, básicamente, inundaciones de sustancias químicas en el cuerpo. ¿Y qué desata esas inundaciones?

Puede ser un pensamiento, un comentario, un error.

Pensé que mis emociones llegaban sin más y que dependía de mí experimentarlas, sobrevivir a ellas y recuperarme.

Pero ¿detener la montaña rusa? ¿Sobre todo la parte negativa?

Claro, me di cuenta de que podía crear un magnífico estado de ánimo haciendo algo divertido y creativo… estar con los amigos, actuar en el escenario… Pero ¿el malestar? ¿La ira? Eran reacciones naturales y totalmente fuera de mi control.

Pero nuestras emociones son siempre el resultado de nuestros pensamientos. Llegan buenas noticias, estoy contento. Llegan malas noticias, estoy alarmado. Pero ¿y si pudiera parar y preguntarme: “¿Son realmente malas noticias? ¿O son en realidad una señal de que tengo que hacer algo diferente?” o “¿Qué es lo peor que puede pasar?”?

Las emociones no son algo aleatorio.

De hecho, nuestras emociones son a menudo respuestas lógicas a una situación. O, mejor dicho, a nuestra percepción de una situación. Que se estropeara mi Power Point justo antes de mi espectáculo era un desastre. Para mí. El público no sabía lo que se estaba perdiendo y simplemente disfrutó del espectáculo. De hecho, yo estaba tan disparado de adrenalina por el desastre que el espectáculo fue fantástico aquella noche.

¡¿Quién lo sabía?!

En realidad, podemos controlar gran parte de nuestro estado emocional. Esto ha sido para mí una completa revelación. Incluso las emociones más aparatosas, como las breves explosiones de ira tan comunes en las personas con TDAH, pueden ser dominadas y, tal vez, hasta cortadas de raíz.

Nuestro video sobre TDAH e ira ofrece un montón de formas sencillas de reducir la gravedad y la frecuencia de los ataques de ira.

Ver los detonantes y comprender las señales de advertencia y las soluciones ha resultado sorprendente. Por ejemplo, la Dra. Kathleen Nadeau se refiere, entre otras muchas cosas, a la necesidad de proteínas por las tardes. El Dr. Ned Hallowell explica la importancia de ser capaz de expresar los sentimientos, en vez que simplemente sentirlos, para gestionar su propia ira.

Una vez que empecé a apreciar lo volátiles que eran mis emociones en comparación con las de la mayoría, y por qué eso, en gran parte, se debía a mi TDAH, empecé a hacer cambios en mi forma de pasar el día. (No más entretenimiento violento o de miedo. Mucho más yoga y mindfulness).

Mi nivel de ‘autoconciencia’ nunca fue muy alto, pero puedo sentir que la montaña rusa es mucho más sosegada. Mi esposa puede confirmar que estoy mucho más tranquilo. Más sereno. Más controlado. (Más fácil para convivir).

¿La recompensa? Puedo reservar mi limitado suministro de energía y atención para manejar lo que estaba tratando de controlar cuando fui diagnosticado: gestionar el tiempo, la organización, el desorden, la agenda…

Ya sabes, la ‘logística de la vida’.

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Una respuesta a TDAH e ira – Estoy frustrado y agobiado

  1. Dosinda Castrillo Casal dijo:

    Elena en el artículo habla sobre el video en el cual da herramientas y consejos para conseguir ese control. El video no lo veo y aunque estuviera no lo entendería. En resumen, me gustaría saber cuales son esos consejos o herramientas para conseguir ese control. Gracias Elena por tu trabajo.

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