“Yo soy ese niño con quien nadie quiere jugar”


Escrito por Jackson J.
Texto original en inglés

Yo era más o menos inconsciente de mi TDAH. Entonces llegó el tercer curso y, con él, una nueva escuela en un nuevo estado y niños que decían que yo era insoportable. Si pudiera sentarme a explicarles cómo es mi cerebro, esto es lo que es diría.

Yo soy ese niño. Ese que está al fondo de la clase, que tiene un profesor de apoyo. Ese niño con quien nadie quiere jugar. Ese niño a quien nadie conoce de verdad. Ese he sido yo la mayor parte de mi vida.

Yo era un niño feliz. Y todavía lo soy, pero fue mucho más difícil ser feliz a partir del primer día en tercero – el día en que mi vida se volvió mucho peor. Yo vivía en Los Ángeles hasta acabar segundo y me encantaba. La vida de un niño no podría ser mejor: amigos, buenos maestros, familia feliz, sol. Todo esto cambió (sobre todo lo último), cuando mi familia se mudó al estado de Washington.

Desde el primer día en mi nueva escuela, nadie quiso jugar conmigo. Empecé a inventarme historias fantásticas sobre mi vida en Los Ángeles, para que me hicieran caso. Aun así, había un niño en particular que nunca me dejó jugar en su grupo. Yo estaba deseando jugar, así que se lo pedía una y otra y otra vez. En tercero, yo no tenía ni idea de lo insoportable que eso podía resultar. áspero

En general, no me doy cuenta de cuándo estoy siendo insoportable. La mayoría de las veces que hago algo raro, no me doy cuenta de que lo estoy haciendo. Podría estar chupándome los dedos sin darme cuenta. En algún lugar de mi cabeza sé que me estoy chupando las manos, pero la parte del cerebro que dice: “¡ALTO! Eso es muy raro, a la gente le parece molesto y asqueroso”, en el mío está rota. El caso es que no funciona.

Otra cosa sobre mi cerebro con TDAH: está totalmente en marcha o totalmente apagado. En un momento dado, estoy pensando en un millón de cosas al azar; lo siguiente que sé es que estoy haciendo veinte millones de preguntas o soltando ruidos raros. Y suelo empezar a hacerlo mucho antes de darme cuenta. Se podría decir que el mecanismo del cerebro que capta el entorno y sus reacciones está oculto bajo todas las cosas que pienso o hago. Esa parte de mi cerebro existe, pero no aparece sola. Tengo que sacarla manualmente, y no siempre puedo hacerlo. A veces lo oigo, miro a mi alrededor y digo “¿Qué estoy haciendo?” Pero mi cerebro va y lo empuja hasta el fondo, donde ya no puedo oírlo.

El trabajo en grupo es duro para mí. Si no sé todo lo que tengo que hacer, mi cerebro no me deja empezar. Esto lleva a una situación molesta más. Comienzo a hacer una lluvia de preguntas sin parar. Es muy raro. Literalmente NO PUEDO detenerme hasta saber exactamente lo que hay que hacer. Entonces, los compañeros de mi grupo piensan: “Este niño es inaguantable”. Si yo fuera uno de esos niños, también me sentiría terriblemente agobiado por mis preguntas. Pero, en ese momento, no me doy cuenta de cómo me ven.

Yo no decido ser molesto o asqueroso. La mayoría de las veces solo subestimo lo raro que es algo; me falta esa parte del cerebro que envía las alertas de rareza. ¿Es tan terrible, al fin y al cabo?

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Una respuesta a “Yo soy ese niño con quien nadie quiere jugar”

  1. Pues bueno, he leído varios de estos textos y me resulta extraño cómo algunos de estos rasgos del TDAH ( al que no he prestado casi atención en comparación con el TEA y parecen ir ambos metidos en la misma caja de las demás personas diversas ) son similares a los míos. Quiero decir, me cuesta decidir, necesito saberlo todo antes de empezar una tarea y hago preguntas hasta que me mandan parar, me cuesta el trabajo en grupo … pero claro, nada que ver en cuanto a muchas tareas simultáneas, nada de reaccionar en 0,05 segundos en un accidente. Y al mismo tiempo, las emociones que parecen no existir en mi mente, cuando me dicen que no voy a morir de un susto, que soy tranquilo y nada pasional … mientras unas pocas palabras en una frase contra mi pueden dejarme roto por horas y la ira surgir en los momentos más inapropiados.
    Qué cosas.
    Unos son excluidos por ser muy activos y los otros limitar su actividad a ellos mismos.

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