Tú puedes ser quien decide


¿Te abruman las elecciones? ¿Te paralizan las opciones? Necesitas esta guía para pensar con claridad y elegir sabiamente teniendo déficit de atención.

Escrito por Judith Kolberg
Texto original en inglés 

“¡Hagan algo!”, gritaba la angustiada madre mientras su hijo, atropellado por un coche, yacía en la carretera. Jack escuchó los gritos, saltó la valla en su patio trasero y corrió hacia el accidente. Llamó al 112 con su móvil mientras le arrancaba la camiseta con la otra mano. Arrodillado junto al niño, le dio el teléfono a otra persona y usó su camisa para hacer un torniquete en el brazo ensangrentado.

“Mi cerebro se enfocó como un láser”, le dijo Jack a un periodista. “No recuerdo haber saltado la valla, haber llamado al 112 ni ninguna otra cosa. Sólo hice lo que había que hacer”.

Jack no es conocido por su capacidad de decisión. Como adulto con TDAH que es, el tren de su pensamiento a menudo se sale de la vía, cambia de ruta o se olvida por completo de la estación. En su libro “El don del TDAH adulto”, la autora Lara Honos-Webb hace notar que los adultos con TDAH, “…al estar anclados en el presente, a menudo son quienes pueden tomar decisiones rápidas sobre el terreno en el calor del momento, sin tener que sintetizar mucha información, porque piensan como los bomberos”.

Hay quien lo prefiere caliente

Las personas con TDAH suelen ser brillantes al tomar “decisiones importantes” en momentos de urgencia. Los acontecimientos rápidos encienden los neurotransmisores del cerebro con TDAH y centran la atención. Pero ¿y al tomar “decisiones en frío”? No tanto. Las decisiones frías requieren llegar a una convicción. Es un proceso de reflexión, en el que la conclusión se alcanza utilizando las funciones ejecutivas (FE) del cerebro. Las FE son como el andamio de un edificio en construcción. El andamio soporta trabajadores, herramientas, suministros y todo tipo de actividades necesarias para construir el edificio. Las FE apoyan la toma de decisiones. Muchas personas con TDAH tienen problemas para acceder a sus FE.

Muchas decisiones en frío están guiadas por la información, y a las personas con TDAH les cuesta descartar la información irrelevante. Les excita la información nueva y la emoción de buscar más. En la era de información sin fin en la que vivimos, este comportamiento se vuelve desenfrenado. El andamio de las FE no puede sostenerse. Si añades la tendencia del TDAH a la poca tolerancia a la frustración, es fácil comprender por qué las decisiones que toma una mente con TDAH son 1) un alivio por “quitarse de encima” la indecisión, o 2) resignarse a una decisión pasiva por defecto, para aliviar la angustia.

Veo esto en mi empresa de organización. Marsha y yo estamos limpiando su armario. Agarra un cinturón bajo el brazo izquierdo, se cuelga un bolso del brazo derecho, lleva una bufanda en la mano izquierda y coge una cartera con la mano derecha. Cada objeto representa una decisión de escasas consecuencias que no es capaz de tomar: quedarse con ese objeto o regalarlo. ¿Cuál es la decisión por defecto de Marsha? Quedarse con todos.

Brittany tiene que tomar una decisión de mayores consecuencias. Necesita elegir un plan de pensiones de su empresa entre las diferentes opciones de su empresa. “Es que hay demasiada información, y parece que nunca puedo decidir a tiempo”, dice Brittany. Así que se ha quedado con el plan por defecto.

No tienes que tomar las decisiones de esta manera. Puedes tomar decisiones más acertadas y más rápidamente. Aquí hay algunas herramientas prácticas para hacerlo.

  • Cierra tu mente. ¿Sabías que la palabra decidir, en latín, equivale a “cortar”? Limita tus opciones. Para mi cliente Olivia, que tiene TDAH, resultaba insoportable elegir un campamento de verano para su hija. Redujimos las opciones según el presupuesto, la fecha límite de inscripción y proximidad al hogar. No miró nada que estuviera fuera de esos criterios.
  • Haz caso a tu intuición. Los estudios demuestran que, mucho antes de que tu mente racional entre en acción, tu cerebro emocional ya siente cuál es el camino que hay que seguir. Consulta tu corazón. A menudo, las buenas decisiones son una mezcla de lógica y emociones.
  • Haz que las cosas se calmen. El ruido, el desorden visual y el exceso de ajetreo sobrecargan un cerebro con TDAH, dificultando la toma de decisiones. Busca una habitación o un rincón tranquilo para pensar.
  • Fija una fecha límite para decidir, especialmente si no hay una fecha de vencimiento establecida. Marca esa fecha límite en tu calendario. Tener una fecha para decidir añade atención y motivación hacia una decisión que no tiene un plazo fijo.
  • Socializa la decisión. Delega la decisión en personas de tu confianza de tu red social. Ellas toman la decisión, pero tú asumes la responsabilidad.
  • Anota los riesgos y beneficios de una posible decisión en una hoja de papel y evalúalos.
  • Aprende a pedir más tiempo. Di: “Dame un rato para contestarte” o “¿Puedo consultarlo con la almohada?” O “¿Me puedes enviar un email la próxima semana para que lo decida?” Ganar tiempo contrarresta las decisiones impulsivas.
  • Después de recopilar información, da un paso atrás para evaluarla. A las personas con TDAH a menudo les atrae más recopilar información que decidir. Puede que tengas suficiente información para decidir, pero a menos que des un paso atrás, no lo sabrás.
  • Anticipa decisiones periódicas. Marca en tu calendario la fecha anual para renovar tu plan de pensiones o tu seguro médico. Evitarás que te pille por sorpresa y tomes una decisión apresurada (y mala).

Pequeñas decisiones

  • Trata de invertir más en el resultado. Si estás posponiendo la organización de tu mesa de trabajo, piensa que, cuando lo hagas, dejarán de incordiarte, podrás encontrar el pendrive que te falta y tendrás más superficie para trabajar.
  • Dedica un minuto a pensar en lo que ganarás. Mejor aún, anota los beneficios.
  • Dale más o menos vueltas en función de las consecuencias o los riesgos. Equivocarte al elegir una mochila tiene menores consecuencias que equivocarte al elegir el campamento de verano; por lo tanto, dedica menos tiempo a pensar en la mochila.
  • Toma por adelantado todas las pequeñas decisiones que puedas. Congelar comidas preparadas elimina las decisiones sobre qué comer. Agrupar las prendas en una percha reduce las decisiones sobre qué ponerte, y leer el menú online puede acabar con la cuestión infernal de “qué elegir en el restaurante”.
  • Decir las opciones en voz alta te puede llevar a tomar una decisión. Externalizar los pensamientos desbroza el caos de pensamientos que compiten.
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