Yo “entiendo” a su hijo

La orientación de una profesora muy especial que compredía de verdad a mi hijo – y su TDAH – lo cambió todo.

kim flyr

Escrito por Kimberly Flyr
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Yo no tengo trastorno por déficit de atención, pero me afecta todos los días. Mi hijo David, de 8 años, fue diagnosticado de TDAH el año pasado.

Amar a un niño con TDAH resulta exigente, gratificante, frustrante y a menudo divertido. Hago todo lo que puedo para ayudarle en la escuela y conseguirle las adaptaciones adecuadas. Pero, como descubrí, a veces un poco de suerte también ayuda.

No es que no hubiera oído nada sobre el TDAH antes de nacer David. Como maestra en una escuela pública durante 10 años, tuve mis estudiantes con TDAH. Recuerdo a muchos de ellos: tanto su inteligencia como sus rarezas.

Un niño pequeño al que le costaba mantener las manos quietas durante el cuentacuentos se entretenía dando vueltas a una moneda. Un día decidió ver qué pasaba si se metía la moneda en la boca. Me enteré al verle de pie gritando: “¡Me he tragado la moneda! ¿Me voy a morir?”. Salió corriendo al pasillo en busca de la enfermera de la escuela.

Recuerdo la preocupación de su madre por su impulsividad, su inquietud y sus extravagancias. Con sólo veinticuatro años y sin hijos, aquel niño me parecía adorable y divertido. Aunque mostré mi solidaridad a la preocupada madre y modifiqué mis métodos de enseñanza para adaptarlos a las necesidades de su hijo, ahora me pregunto si hice lo suficiente o si entendí lo suficiente.

Más vieja y más sabia

Doce años y tres hijos después, soy más vieja y considerablemente más sabia. Ahora siento empatía con aquella madre porque, de alguna manera, me he convertido en ella. David también es impulsivo y extravagante, inteligente y propenso a la preocupación. Es cariñoso y sensible, divertido y deportista. Pero necesita ayuda para concentrarse en una tarea. Necesita que las tareas estén divididas en pequeñas partes y que alguien lime las asperezas de la vida.

Presto atención a los maestros que trabajan con él. Necesita uno que tenga paciencia, que sea capaz de alimentar su pensamiento creativo y, espero, que aprecie su última adicción, Calvin y Hobbes.

Apoyo a sus maestros porque sé que su esfuerzo extra ayuda a David; también trato de apoyar a mi hijo, respondiendo a sus muchas preguntas sobre la escuela: ¿por qué la historia relato que ha escrito no tiene sentido para el maestro, si tiene todo el sentido para él? ¿Por qué no se acuerda de los deberes? ¿Por qué está mal corregir a la maestra si se equivoca?

La llamada que cambió las cosas

Me acostumbré a responder llamadas telefónicas de profesores, asesores y amigos frustrados. Así que, cuando uno de los maestros de David me llamó a casa la primavera pasada, me armé de valor para lo que iba a decirme. Justo la víspera había estado con varios de los profesores de David. Todos estábamos decepcionados de que nuestros mejores esfuerzos no hubieran ayudado a mi hijo tanto como esperábamos. Al coger el teléfono para hablar con otro profesor más, volví a pensar que sería buena idea cambiar mi número de teléfono.

Pero esta llamada resultó ser diferente. “Su hijo es muy listo”, dijo una optimista Nancy Kapp, su profesora de extraescolares. “Pero necesita trabajar con profesores que entiendan su forma de pensar. Yo ‘entiendo’ a su hijo, y me gustaría orientarle, si a usted le parece bien”.

“Me parece más que bien”, recuerdo que murmuré mientras me invadía el alivio.

Y así comenzó una relación entre David, la Sra. Kapp y yo. La Sra. Kapp aceptó trabajar con David, sacándole de clase una vez a la semana para trabajar en un proyecto especial de escritura que a él le resultaba interesante (cómics y escritura creativa). El proyecto comenzó en segundo curso y continuará mientras David y la Sra. Kapp sigan dispuestos a trabajar juntos.

Defensora y asesora

Es tranquilizador saber que la Sra. Kapp entiende a David. Si un profesor no está seguro de cómo ayudar a mi hijo, la Sra. Kapp aporta una solución. Cuando David tuvo dificultades para escribir una historia para un trabajo, ella se ofreció a escribirla mientras él se la dictaba, organizando las oraciones y los párrafos sobre la marcha. David estaba orgulloso de cómo quedó.

La Sra. Kapp también actúa como asesora del padre de David y mía. Si tenemos dudas sobre el progreso de David, ella ofrece ideas y soluciones. Cuando decidimos usar una tabla de conducta para ayudar a David a completar su trabajo en clase, por ejemplo, ella ayudó a desarrollar la tabla y se ofreció a “probarla” en su propia clase.

¿Hemos tenido suerte al haber encontrado a la Sra. Kapp? Por supuesto que sí. Pero es probable que tú también puedas encontrar un maestro que marque la diferencia en la vida de tu hijo. Como descubrí, desarrollar alianzas con los maestros puede hacer que la escuela sea una experiencia más fácil para todos.

Antes de hacer amistad con la Sra. Kapp, a David le producía ansiedad la escuela. Cuando lo visitaba durante el almuerzo o el recreo, su cuerpo y su rostro parecían tensos. Ahora está deseando que llegue el tiempo individual con la Sra. Kapp y se ha relajado un poco. ¿Están resueltos nuestros problemas? No del todo. Pero, como señalan los personajes del cómic favorito de David, es más divertido pasar el día con un amigo de confianza al lado.

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Una respuesta a Yo “entiendo” a su hijo

  1. Natalia dijo:

    Yo conocía los cómics de Calvin y Hobbes y mucho antes de que mi hijo fuera diagnosticado, pensé que le gustarían….era tan parecido a Calvin! El flechazo fue instantáneo creo que se sentía completamente identificado con ese niño inteligente, imaginativo, bueno e inocente que era un desastre en la escuela y que traía de cabeza a sus padres!

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