“Cómo calmé el ataque de ansiedad de mi hija”

El treinta por ciento de los niños con TDAH también es diagnosticado de ansiedad. Así es como puedes ayudar a tu hijo a afrontar un ataque de ansiedad.

Escrito por Dana Baker-Williams
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Tiembla, no puede respirar y está hiperventilando, todo a la vez. Ella entra en pánico y tú también. Bienvenidos al mundo de los ataques de ansiedad. Pueden sufrirlos de repente, sin previo aviso, personas que sufren de ansiedad. Aunque el estrés y la ansiedad exacerban la probabilidad de tener un ataque de pánico, éste puede ocurrir en cualquier momento, incluso durante el sueño. Dan miedo a quien lo sufre y a quien lo presencia.

Cuando es nuestro hijo el que está fuera de control, es fácil que nos asustemos y nos sintamos impotentes. Pero no lo somos, y él tampoco.

Hace años, a mi hija Kylie le diagnosticaron ansiedad y TDAH. Se estima que el 60 por ciento de las personas con TDAH tiene un trastorno coexistente. Alrededor del 50 por ciento de los adultos y el 30 por ciento de los niños con TDAH tiene un trastorno de ansiedad. Cada trastorno tiene sus propios síntomas, pero algunos reproducen los de otros. Era angustioso ver a Kylie en pleno ataque de ansiedad. Todavía lo es, pero ahora son raros y cortos, gracias a su medicación y a las estrategias que descubrimos para aplicar durante un ataque.

Es fundamental que aceptes el ataque tal como es. Mareo, sudoración, dolor en el pecho, taquicardia, todo es real. Cuando mi hija tiene un ataque de ansiedad, su cuerpo tiene una falsa alarma de “lucha o huye”. Le parece que se está muriendo porque los cambios fisiológicos están ocurriendo de verdad. No le digas que sólo está en su cabeza o que ella está bien, porque no se siente bien. De hecho, no puede pensar con claridad. Su cerebro se ve afectado por pensamientos acelerados, preocupación excesiva y una sensación de muerte inminente.

¿Entonces que puedes hacer? Comienza por abrazarla y ser un salvavidas al que pueda aferrarse. Dile que es sólo una falsa alarma, que es un ataque de ansiedad y que lo va a superar – y que tú vas a ayudarla.

Éstas son algunas cosas que me han funcionado con mi hija.

Si me llama por teléfono en un momento de pánico, siempre le digo que busque un lugar tranquilo, si no está en uno ya. Entonces empiezo con un par de inspiraciones muy lentas y profundas, hasta que ella puede oírme por encima del ruido de su mente. Después, recurro a mi voz más tranquila y relajante de “meditación”. Le digo que la entiendo, que está teniendo un ataque de pánico y que lo superará, igual que otras veces. Lo hago porque, en medio de un ataque, la positividad sale por la ventana; recordarle que puede tomar el control y que pasará pronto le ayuda a centrar su mente.

Luego le dirijo una respiración lenta. Le digo que respire y que encuentre los puntos de contacto del lugar donde está: qué puede ver, oír, oler o sentir. Por teléfono, no puedes hacer mucho más que hablarle. Así que toma aire tú misma y tranquilízate unos minutos, porque te puede costar un rato calmarla lo suficiente como para llegar a la raíz del problema. Sé lo difícil que es que no te afecten su ansiedad y su miedo, pero si no eres la madre más tranquila del mundo, la pondrás aún más nerviosa. Así que oblígate a dar un gran paso atrás emocionalmente, si eres capaz.

Y si no lo eres, dale el teléfono a alguien que sí lo sea.

Dado que Kylie es una adolescente y ya ha sufrido varios ataques de ansiedad, normalmente basta con esto para que se encuentre lo bastante bien como para seguir adelante. Cuando era más pequeña, nos costaba más tiempo superarlo; hubo momentos en que tenía que ir a buscarla. Cuando estás con ella, es más fácil y rápido calmarla (según la gravedad del ataque, por supuesto).

Esto es lo que yo hago: voy a donde ella está. Entonces, si está tumbada en el suelo del baño, me echo a su lado. Le digo en voz baja que está bien, que sea lo que sea, la entiendo. La rodeo con mis brazos o, si no puedo hacerlo, le cojo de la mano o la toco, lo que sea para hacerla asentarse. Le digo que me mire para que tenga algo tranquilo en lo que concentrarse, para devolverla al momento y al lugar donde está. La sujeto, le digo que respire conmigo, que acompase su respiración a la mía.

Cuando ralentizas tu respiración para acompasarla a la de otra persona, tu sistema nervioso se reajusta. Cuando estamos abrazadas, o lo bastante cerca, le digo que sienta el latido de mi corazón, que se concentre en eso. A veces la abrazo hasta que la siento rendirse, relajarse en mí. Aguanta así abrazada así y ella cederá; aflojará sus hombros tirantes y tensos y sentirá cómo se deslizan hacia atrás y dejarán de estar encogidos. Su cuerpo y su respiración se acomodarán a los tuyos. Como magia.

Repito, asegúrate de poder ser fuente de calma. Recuerdo una vez que Kylie se enfadó en Yosemite. La había picado un bicho, la picadura se le estaba inflamando y le dolía. Se puso a llorar. Probablemente reaccioné diciendo que ya se le pasaría, lo que no la ayudó en absoluto. A medida que el dolor y la hinchazón crecían, también lo hacía su ataque de pánico. No podía respirar, no podía recuperar el aliento.

¿Qué hice? Asumí su ansiedad y comencé a entrar en pánico también yo. No era la madre calmada y con voz de meditación que hacía falta. De hecho, tuve que alejarme y pedirle a mi hermana que se encargase ella. No fue mi mejor momento como madre, pero fue la decisión correcta, dada mi falta de serenidad. Yo no era la persona que podía ayudarla en aquel momento.

Afortunadamente, mi hermana sí encontró su relajante voz de meditación y todos vivimos para contarlo.

Herramientas de manejo

Cada niño es diferente, por lo que es mejor tener un buen surtido de técnicas contra la ansiedad. Aquí hay algunas ideas para ensayar. Cuando encuentres algo que funciona, guárdalo y úsalo. La rutina, los pautas y las respuestas habituales pueden ser por sí mismas calmantes.

  • Quédate con ella y mantén la calma.
  • Llévala a un lugar tranquilo.
  • Respira con ella, lentamente.
  • Habla con frases cortas y sencillas.
  • Sé predecible. Evita las sorpresas.
  • Hazla reparar en algo que vea o huela.
  • Trata de distraerla con música
  • Haz que te mire y dile cosas tranquilizadoras:
    • “Tú puedes con esto”
    • “Estoy orgullosa de ti. Bien hecho”
    • “Dime qué necesitas ahora”.
    • “Concéntrate en tu respiración. Atiende al presente”.
    • “Lo que sientes te da miedo, pero no es peligroso”.
    • “Te ha pasado esto y yo estoy contigo”.

Una palabra de advertencia: lo peor de un ataque de pánico no es siempre el propio ataque de pánico. A veces, es el miedo que lo acompaña, la preocupación de tener otro ataque de pánico. Ella puede sentirse desprotegida y vulnerable y comenzar a evitar actividades que, según ella, le provocarán otro ataque. Po desgracia, esto a menudo puede incluir actividades escolares o extraescolares. Puede que le oigas mencionar la “educación en casa”. Yo lo oí.

Hazle saber que así es como funciona la ansiedad. Explícale que el pánico quiere que evite las cosas, pero que, cuantas más cosas evite, peor será el pánico. La mejor forma de vencer el pánico es afrontarlo y continuar con tu vida, por duro que resulte.

Eso lo hará más fácil – para ambas.

 

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Una respuesta a “Cómo calmé el ataque de ansiedad de mi hija”

  1. Hola, ¿se pueden prevenir estos ataques de ansiedad? Entiendo que con la consciencia bajará ese estado de angustia ¿no?

    Un saludo y gran artículo

    Me gusta

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