El colegio es un mal lugar para tener TDAH

Escrito por Neil Petersen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Cuando un estudiante con TDAH tiene dificultades en la escuela, el problema es del estudiante, ¿verdad? Al fin y al cabo, si no tuviera TDAH, tampoco tendría dificultades.

Es cierto que los síntomas del TDAH – inatención, falta de motivación y desorganización – interfieren con el rendimiento académico de los estudiantes y que tratar esos síntomas puede ayudar a éstos a tener éxito en clase.

Pero estamos olvidando algo cuando hablamos del TDAH como de un problema que se trata sólo cambiando al estudiante. Tratar los síntomas y ayudar a los estudiantes a desarrollar mejores estrategias de manejo es importante, pero hay soluciones que van más allá del estudiante individual.

Parte del problema está en la forma en que está estructurada la escuela. La forma en que se lleva a cabo la educación hoy día le va extraordinariamente mal a un cerebro con TDAH. Si quisiéramos diseñar un entorno que causara problemas sistemáticamente a niños y jóvenes con TDAH, probablemente no sería muy diferente a una escuela actual cualquiera.

Lo que esto significa es que, si bien los síntomas del TDAH interfieren con la capacidad de los estudiantes para aprender en cualquier ámbito, la forma en que funcionan las escuelas empeora el problema.

El modelo básico de aprendizaje en una escuela tipo consta de dos etapas. En la primera, te sientas a asimilar información escuchando a los maestros hablar durante un largo período de tiempo. En la segunda etapa, se califica tu capacidad de aplicar, de manera constante y aplicada al detalle, la información que has asimilado.

Ambas fases del proceso educativo tradicional plantean serios problemas a las personas con TDAH.

La primera fase es la lección, en la que los profesores transmiten sus conocimientos a los estudiantes. Esta es la cuestión: el cerebro con TDAH está diseñado para rehuir situaciones poco estimulantes. Siempre busca cosas estimulantes y gratificantes y le resulta especialmente difícil centrarse en cosas que no lo son.

Ahora bien, ¿se te ocurre algo menos estimulante y gratificante que escuchar a alguien hablar durante una hora? Dado que los estudiantes con TDAH no pueden obligarse a centrarse en cosas que no les estimulan, pasan gran parte de las clases sin prestar atención, lo quieran o no. Lo que significa que mucha de esa información que se supone que asimilan, en realidad no se asimila.

La segunda fase son los exámenes y los deberes, donde los estudiantes son evaluados por su capacidad de aplicar de manera constante la información que han asimilado. Obviamente, habrá problemas si previamente no han asimilado esa información. Pero hay un problema más profundo.

Estoy diciendo intencionadamente que a los estudiantes se les evalúa por su “capacidad de aplicar de manera constante la información que han asimilado”. La idea clave aquí es la constancia. Las calificaciones son una medida de la capacidad de los estudiantes para ser constantes y realizar de manera constante las tareas que se les encargan.

Lo que hace esto complicado es que los estudiantes con TDAH son por naturaleza menos constantes que quienes no lo tienen. Al tener una capacidad limitada para autorregular su atención y su motivación, les suele ir bien en las materias que por naturaleza les interesan ​​y no en las que no les interesan. Suele haber una brecha mayor entre lo que hacen bien y lo que no hacen bien.

Pero lo fundamental de las calificaciones se basa en tu capacidad de realizar de una manera constante todas las tareas que te encargan en la escuela, estén o no relacionadas con temas que te resulten interesantes. A un estudiante con TDAH puede apasionarle un tema en particular, e incluso podrá destacar en él dentro de algunos cursos, cuando tenga la posibilidad de centrarse en esa materia (por ejemplo, eligiéndola en la Universidad). Pero, dado que carece de la capacidad de ejecutar tareas con constancia en todas las materias, sus calificaciones se resentirán.

Otro punto a tener en cuenta es que las notas miden la capacidad de los estudiantes para realizar tareas orientadas a los detalles, no su comprensión conceptual de la materia. Una vez más, esto perjudica a los estudiantes con TDAH, que suelen tener una diferencia mayor entre lo que saben y lo que hacen. Por ejemplo, un estudiante con TDAH puede saber perfectamente cómo resolver un problema de álgebra, pero escribir un resultado incorrecto en el examen, debido a errores por descuido o a falta de tiempo por inatención.

La cuestión es que, si bien los síntomas del TDAH pueden interferir con el aprendizaje en general, parte del problema es que la estructura de la escuela choca con la forma de funcionar de un cerebro con TDAH.

Ciertamente, los estudiantes tienen mucho que ganar si usan herramientas que les ayuden a manejar sus síntomas, a nivel individual. Pero como sociedad, creo que deberíamos ser un poco más ambiciosos y no poner toda la carga sobre el estudiante individual: deberíamos tratar de hacer que el sistema educativo funcione mejor para los estudiantes con TDAH y otros trastornos del aprendizaje.

De entrada, hay dos posibles soluciones que saltan a la vista a partir de lo que he planteado.

La primera, que hay mucho margen para usar técnicas de enseñanza más activas, en lugar de hacer que los alumnos escuchen pasivamente largas lecciones. Esto es importante para los estudiantes con TDAH y tengo la ligera sospecha de que también podría ser útil para muchos estudiantes sin problemas de aprendizaje.

En segundo lugar, tenemos que analizar qué tratamos de conseguir realmente con las calificaciones. Esto significa plantearnos qué se califica, qué estándares de calificación establecemos, qué aparece en el boletín de notas y cómo se usan esas notas para limitar el acceso a instituciones como las universidades. Una vez más, los estudiantes con TDAH tienen mucho interés en esto, pero hemos de considerar la posibilidad de que todo el proceso de calificación se haya ido de las manos para todos los estudiantes.

En términos más generales, debemos hacer que las escuelas sean más flexibles al aceptar el hecho de que diferentes personas aprenden de diferentes maneras. Para cada estudiante hay un entorno óptimo diferente, dependiendo en parte de si tienen trastornos como TDAH o dislexia, y en parte de cuáles son sus fortalezas y debilidades individuales.

La solución a este último problema es un poco más compleja. Una posibilidad que veo es que la tecnología permita en el futuro que los estudiantes tengan procesos de aprendizaje más personalizados. Pero creo que el primer paso es simplemente reconocer que hay un problema y ​​que la responsabilidad de ayudar a los estudiantes con TDAH a salir adelante en la escuela no es sólo del propio estudiante.

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