10 mujeres hablan sobre vivir con TDAH

10 mujeres hablan sobre vivir con TDAH

Escrito por Tessa  Miller
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Photo: Nick Dolding/Getty Images

La semana pasada, un informe de los CDC[1] reveló que, entre 2003 y 2015, las recetas de fármacos para tratar el TDAH extendidas a mujeres estadounidenses de entre 30 y 34 años aumentaron un 560%. En mujeres de entre 25 y 29 años, el aumento fue de un 700%. Los fármacos más recetados, según el informe, fueron Adderall, Vyvanse y Ritalin, y las tasas de prescripción en los estados del sur y del oeste fueron las que más aumentaron.

Al tiempo que aumentan los diagnósticos de TDAH en niños, los expertos no se ponen de acuerdo sobre si los médicos asignan esa etiqueta (y las consiguientes recetas de estimulantes) con demasiada generosidad. Con el informe de los CDC, esta controversia alcanza ahora a las mujeres adultas.

Durante años, el paciente típico de TDAH era un chico blanco con hiperactividad, y la investigación refleja ese sesgo. En 2016, solo el uno por ciento de la investigación del TDAH se centró exclusivamente en las niñas. Esa investigación muestra que el TDAH se presenta de manera muy diferente en las chicas que en los chicos, que los síntomas pueden empeorar en ellas tras la pubertad (mientras que en ellos se atenúan) y que las chicas suelen esforzarse más en ocultar y manejar su trastorno. Por estas y otras razones, el TDAH pasa a menudo desapercibido hasta la edad adulta. Un informe de Quartz llegó a llamar a estas mujeres “generación perdida”.

Y algunas mujeres desarrollan TDAH de adultas sin haber experimentado síntomas de niñas; es lo que se conoce como “TDAH de aparición tardía”. La investigación es aún muy limitada, pero los estudios han demostrado que las personas con TDAH de aparición tardía son, en su mayoría, mujeres. Todavía no está claro si se trata de un trastorno completamente diferente del TDAH infantil o si es el mismo trastorno, que se pasó por alto en la infancia.

Lo que está claro es que el TDAH tiene un diagnóstico complejo, aún más cuando el paciente es una mujer. Hemos hablado con diez de esas mujeres – algunas diagnosticadas en la infancia, otras en la edad adulta – sobre sus síntomas, medicación, mecanismos de adaptación y demás.


“Hay una atracción en los parques de aventura llamada “Revuelve mentes” (Mind Scrambler) que hace girar los asientos en sentidos opuestos, cada vez más deprisa, mientras te arroja de una esquina a otra, una y otra vez. El TDAH es algo parecido, pero no resulta divertido; sólo deseas que pare de una vez. Casi todas las personas tienen días en los que se sienten desorganizadas o tienen problemas para marcar prioridades o concentrarse, pero resulta agotador sentirse así todos los días.

Fui diagnosticada hace un par de años y todavía me obsesiona la parte del “trastorno”. ¿Cómo puedo tener un trastorno de aprendizaje si me gusta tanto aprender? ¿no tengo ya bastantes cosas con las que lidiar? Pero tener TDAH no significa que no seas inteligente o atenta o capaz; no es una cuestión de que algo esté mal o no funcione. Es sólo otra forma de ser “.


“Creo que los demás nos consideran egoístas o narcisistas. Realmente hay muchas cosas que nos inspiran. Me doy cuenta de tantas cosas interesantes como hay y resulta muy difícil desconectar. Quiero de veras hacer cien cosas a la vez, me siento hundida cuando no puedo, pero lo intento de todos modos. Todo parece interesantísimo e importantísimo.

Cuando era joven, i TDAH] se despachaba como un problema de conducta. Crecí en los años 80 en el sur. No podía permanecer sentada en mi asiento, siempre interrumpía a los maestros, y estaba constantemente aburrida. Fue un alivio, sinceramente, tener una receta que me ayudara a hacer las actividades básicas y a enfocarme para que no me echaran de la escuela. Todavía tomo Adderall cuando hay plazos y proyectos de alta prioridad que afectan a muchas personas, pero no a diario”.


“El mayor problema para mí es manejar los retos diarios de ser adulta. Hay facturas que olvido pagar. He olvidado ir a trabajar, porque mi horario cambia a menudo. Me olvido constantemente de los planes que hago con mis amigos. Me olvido de poner notas en mi agenda. Pierdo las llaves. Perdí mi pasaporte. Perdí mi bolso con la cartera y los carnés. Pierdo constantemente la noción del tiempo. Me olvido de ducharme. A menudo me dejo el bolso en las cafeterías. Voy hasta el metro y tengo que volver a casa porque se me ha olvidado la cartera. Constantemente tengo que comprobar tres veces que llevo todas mis cosas. Llevo muy retrasado el papeleo y me agobian las cuestiones prácticas.

Por otro lado, soy pintora. Mi arte me atrae como un imán y estar trabajando día y noche. A menudo sueño despierta. Siento que este aspecto del TDAH ha proporcionado a mi mente un mundo interior profundo y evocador y una rica imaginación”.


“Tienes que usar mecanismos de adaptación además de la medicación, de lo contrario te estás engañando a ti misma. Una de las cosas más locas que aprendí sobre mí a través de los resultados de mi prueba de TDAH fue que tengo unas increíbles dificultades con las prioridades; nunca pensé que fuera un síntoma. A veces, incluso cuando tomo Adderall, tengo que hablar literalmente conmigo misma y decir: ‘¿Es esto lo más importante que debería estar haciendo en este momento?’ Si no es así, me digo a mí misma que tengo que parar e ir a hacer otra cosa más importante.

Yo lo describiría como que tu cerebro tiene una vida secreta. Está por ahí, yendo por su cuenta, pero todavía muy presente en tu cuerpo, por lo que te ves arrastrado por él mientras vuelves a ver The Office, en vez de estudiar para el gran examen de mañana. Todo parece muy inocuo hasta que suspendes o tropiezas en el trabajo y piensas, ‘¿Cómo ha podido pasar?’


“Ya no tomo medicación; manejo mis síntomas con cafeína. Confío en las notificaciones de Google Calendar y en los recordatorios de Google Assistant para gestionar las tareas cotidianas. He utilizado recordatorios digitales de diversos tipos desde que tuve mi primera Palm Pilot en la universidad. Con los años, he aprendido que trabajo mejor por la noche, así que en lugar de combatirlo, he descubierto formas de adaptar mi horario a eso.

El TDAH no significa necesariamente saltar contra las paredes. Yo nunca fui particularmente movida de niña, por lo que no fui diagnosticada hasta después de la universidad. También se puede manifestar en el niño tranquilo que siempre está en las nubes y que puede pasarse horas leyendo, completamente ajeno a todo lo que sucede a su alrededor. Mi madre me pedía que hiciera las labores de casa mientras leía. Yo respondía que iba a hacerlo, pero varias horas más tarde aún no las había hecho. Ni siquiera era consciente de que me hubieran pedido que hiciera algo (ni de que yo hubiera respondido)”.


“No puedo explicar lo emotivo que fue el diagnóstico. Lo había sufrido toda mi vida, sin terminar la carrera que empecé, no entendía por qué me interesaban ciertos temas o actividades que, sin embargo, no podía terminar cuando debía. No tenía ni idea de que mi problema fuera el TDAH y ​​mi psiquiatra me dejó completamente alucinada cuando me lo diagnosticó después de las pruebas. Pasé muchas dificultades en el instituto y en la universidad, pese a todos mis esfuerzos.

Es extremadamente frustrante saber que he pasado por la vida con este trastorno y que podría haber tenido éxito, en vez de fracasar. Ahora tomo medicación, entiendo mis contratiempos y me va bien en mi trabajo. He recibido múltiples ascensos y estoy viviendo según mi verdadero potencial”.


“Al principio, yo era muy reservada sobre mi diagnóstico. Tenía sentimientos encontrados al respecto (que continúan), pero en aquel entonces lo consideraba un defecto personal y me preocupaba el estigma. Sabía que el TDAH no estaba bajo mi control y no era culpa mía, pero lo sentía como un fracaso personal. Siempre había compensado en la escuela y profesionalmente, y me iba bien, pero no era suficiente. Yo no era lo que podría ser, y eso era lo que importaba.

Mis maestros en la escuela primaria siempre les decían a mis padres que yo era muy inteligente, pero que no hacía todo lo que podía. Estaba en clases para superdotados, pero no podía organizarme para entregar los trabajos a tiempo ni conseguía localizar el trabajo que había hecho y perdido. Mi hermano, que es tres años más joven que yo, fue diagnosticado al principio de la escuela primaria, pero nadie me lo sugirió a mí hasta casi los treinta años. Mi hermano era muy activo y fracasaba en la escuela; yo era tranquila y tenía notas aceptables, pese a no rendir conforme a mi capacidad”.


“Era bastante reacia a tomar medicación porque en mi familia hay casos de adicciones. No me gustó cómo me sentaron los dos primeros medicamentos que probé. El tercero fue Adderall y le tenía miedo; solo tomé un cuarto de la dosis prescrita y luego guardé la botella. Cuando una amiga enfermera vino a verme y se lo conté, me dijo, de forma suave pero firme: “¿Por qué no pruebas la medicación, tal como te la recetaron, durante al menos dos semanas?”

La primera vez que tomé la dosis prescrita, se abrió una ventana en mi cerebro y un sistema de organización comenzó a implantarse. Cada cosa fue mejor y mejor. Durante años con la misma dosis, cada faceta de mi vida se fue haciendo más manejable. Y cuando tomé descansos del medicamento, noté que podía centrarme en el trabajo durante muchas más horas que nunca. Sentí que podía construir nuevos hábitos de enfoque de una manera que antes no podía”.


“Mi energía es lo mejor y lo peor del mundo. Soy un huracán de tamaño medio, lo que puede ser maravilloso cuando ese poder se dirige de una manera positiva. Si puedo ponerme en marcha, soy imparable. Tengo una buena amiga que una vez me dijo que soy la mujer más “injodible” que ha conocido. Pero en las relaciones, toda esa energía y aburrimiento y derroche cuando no estoy comprometida es un defecto terrible. Se me dan mal las relaciones: me aburro o quiero aferrarme demasiado. Un novio una vez rompió conmigo usando este ejemplo, “Las plantas se mueren si reciben demasiada agua, igual de rápido que si no reciben la suficiente”. Simplemente, no sé encontrar el equilibrio.

Interrumpo mucho a la gente. Siempre lo he hecho. Es algo que odio de mí misma, pero no puedo evitar soltar lo que pienso. No quiero decir que sea mandona o agresiva, ni ninguna de esas palabras que utilizamos para describir a las mujeres poderosas. Creo que se considera que las mujeres hiperactivas necesitan atención, y se suele hablar mal de las mujeres que necesitan atención. Pero yo no necesito atención, ¡lo que me pasa es que no puedo prestar atención!”


“De niña era una ‘empollona’, pero siempre tenía que estudiar mucho más que mis compañeras. Durante toda la escuela, también tuve problemas de comprensión de lectura. Los demás podían leer una página de un libro de texto o un capítulo de una novela e inmediatamente responder preguntas; yo no, yo tenía que leerlo tres o cuatro veces, eso si no me distraía, porque entonces tenía que volver a empezar de nuevo. Cuando estudiaba, tenía que leer un capítulo, volver a leerlo para subrayar lo importante, luego leer las partes subrayadas para poder tomar notas sobre ellos, entonces subrayar mis notas y por fin, leer las partes subrayadas de mis notas. Hacia el final de la escuela secundaria y durante todo el bachillerato, tenía que encerrarme en el baño para tener un silencio completo y ninguna distracción. Solía pasar horas leyendo y estudiando allí.

Hoy, como profesional de la salud mental, me doy cuenta de que, como yo era inteligente y tenía excelentes calificaciones, el TDAH nunca se consideró siquiera. No creo que nadie siquiera pensara que hubiera un problema, y yo ​​simplemente asumí que así eran las cosas. Llegué cursar un postgrado utilizando las mismas técnicas que toda mi vida. Pero recibir este diagnóstico supuso un punto de inflexión”.


[1] Centers for Disease Control and Prevention, agencia gubernamental de los EE.UU. para la prevención y el control de enfermedades (N. de la T.)

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