Mareo tras la graduación: 6 formas de suavizar la transición del bachillerato a la universidad

Tu hijo adolescente puede poner en marcha una lavadora y recuerda casi todas las instrucciones de la secadora. Es un buen comienzo, pero aún no está listo para vivir fuera de casa. Desde el principio de la escuela secundaria, los padres también deben enseñar las bellas artes de la defensa de sus intereses, el seguimiento de la medicación y el control del tiempo. Aprende aquí cómo garantizar una transición sin problemas a la universidad.

Escrito por Theresa E. Laurie Maitland, Ph.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

La escuela secundaria resulta francamente brutal para muchos adolescentes con TDAH o problemas de aprendizaje – y también para muchos niños que no los tienen. Pero lo cierto es que la escuela secundaria es pan comido comparada con la universidad, que requiere de los estudiantes funciones ejecutivas sólidas, habilidades académicas inquebrantables y estrategias diarias de manejo del estrés. El apoyo de los padres no se evapora – pero vosotros no estaréis (y no debéis estar) allí para hablar con el profesor después de un examen suspendido, para mandarle recordatorios diarios de su agenda o para moderar el consumo de pizza.

La universidad asusta. También es una de las experiencias más gratificantes y satisfactorias de la vida de una persona joven, si se empeña en planificarla con estrategia y prudencia, antes y durante ese periodo.

Estos seis consejos – que tratan sobre habilidades que van desde la colada hasta la defensa de sus intereses – pueden ayudar a padres y adolescentes a trabajar juntos para pasar del entorno estructurado de la escuela secundaria al mundo independiente y desafiante de la universidad.

1. Ayuda a tu adolescente a desarrollar autoaceptación

La libre determinación – saber quién eres y de lo que eres capaz – es un factor crítico en cualquier carrera universitaria. Las personas que la poseen comprenden sus fortalezas y sus debilidades, y aceptan ambas. Esto, a su vez, les permite establecer metas realistas y trabajar con decisión hacia el éxito.

Algunos adolescentes con TDAH luchan por conseguir esa libre determinación. Aún no han aceptado que aprenden de manera diferente – y con frecuencia dudan a la hora de hablar sobre sus desafíos o de aceptar el tratamiento a medida que crecen. Pero, para tener éxito en la universidad (y en la vida), vuestra adolescente tendrá que comprender y aceptar su TDAH.

¿Cómo pueden ayudar los padres? Primero, aseguraos de que vosotros mismos habéis aceptado las diferencias de vuestro hijo. Los adolescentes reflejan a menudo el punto de vista de sus padres, por lo que, si os avergüenza el TDAH de vuestro hijo u os sentís culpables de “habérselo transmitido”, es probable que él sienta lo mismo. Echa un vistazo sincero a tus sentimientos. Si ves el TDAH de manera negativa, es importante tratar esas emociones. Habla con alguien en quien confíes: otro padre, un profesional médico o un grupo de apoyo. Una vez que comprendas tus propios sentimientos, puedes ayudar a tu hijo a manejar mejor los suyos.

Centrarte en las fortalezas de tu hija – y enseñarle a manejar sus desafíos – es el siguiente paso hacia la libre determinación. Busca oportunidades para que tu hija reflexione sobre sus fortalezas; crea un clima que permita que sus talentos florezcan. Si tu hija cree que “todo lo hace mal”, utiliza herramientas que le ayuden a identificar sus habilidades.

2. Ayuda a tu adolescente a valerse por sí mismo

Has estado luchando incansablemente por conseguir adaptaciones desde la enseñanza primaria. Pero la universidad trae consigo algunos cambios legales importantes, y los padres (y los jóvenes) deben estar preparados. Las leyes de los EE. UU. exigen que sean los propios estudiantes universitarios quienes hablen de sus discapacidades, busquen adaptaciones y comuniquen sus necesidades; de hecho, la universidad tiene prohibido contactar con los padres, a menos que cuente con el permiso escrito del alumno.

Para que tu hija se defienda por sí misma de una manera independiente y efectiva en la universidad, tienes que ir dando pasos hacia atrás lentamente a lo largo de la escuela secundaria. Comienza a llevarla a las reuniones del IEP[1] tan pronto como creas que tiene edad suficiente para participar. Anímala a hacer y responder preguntas, pero haz de copiloto si necesita ayuda. Poco a poco, déjala ir tomando la iniciativa; para la graduación, se reunirá ella sola con el profesorado y planificará sus propias adaptaciones. Así, cuando esté volando sola en la universidad, tendrá confianza en su capacidad de valerse por sí misma – y, por supuesto, estará a sólo una llamada de distancia.

3. Aprended (juntos) las diferencias entre la universidad y el instituto

Incluso los adolescentes que pasaron el bachillerato sin dificultades coinciden en que la universidad es otra cosa. La asistencia a clase rara vez es obligatoria, unos pocos exámenes pueden determinar las calificaciones de todo un curso y el tamaño de las clases puede variar entre 4 y 400. La mayoría de las dificultades que tienen los adolescentes durante los primeros semestres se debe a que llegaron a la universidad mal preparados para estas dinámicas cambiantes.

Para obtener una imagen más precisa, inscribe a tu hijo adolescente en un recorrido por el campus dirigido por estudiantes que tengan un conocimiento profundo de la vida cotidiana allí. La mayoría de los padres esperan hasta el bachillerato para comenzar a visitar las universidades, pero debes comenzar antes si tienes los recursos para hacerlo: incluso los estudiantes de ESO pueden sacar provecho de tener una imagen rápida del futuro.

Pídele al instituto de tu hija que invite a graduados recientes a hablar sobre sus experiencias. Es más probable que escuche con atención y formule preguntas espontáneas sobre la vida en el campus, la redacción de trabajos y cómo compaginar las tareas académicas con un trabajo a tiempo parcial. Si el instituto no lo hace, busca a familiares o vecinos que estén en la universidad y puedan charlar individualmente con ella.

4. Practica habilidades cotidianas necesarias para la universidad

Este es, quizá, el consejo más importante y obvio, pero también el más comúnmente olvidado en el caos diario del último año de bachillerato. Cuando viva solo, tu hijo lavará su propia ropa, administrará sus propios medicamentos, se despertará para ir a clase y comerá – ¡alimentos sanos! – a horas normales. La enseñanza de estas habilidades no lleva mucho tiempo, pero requiere planificarlas con tiempo y practicarlas.

Pasa el verano previo al último curso enseñando a tu hija cómo lavar su propia ropa, pedir sus propias recetas y estar pendiente de las llaves. Haced una tormenta de ideas sobre qué estrategias puede usar y trabaja con ella para descubrir cuáles funcionan mejor. Prueba a usar recordatorios quincenales en el teléfono o el calendario, para que la colada no se descontrole, y piensa en adquirir herramientas como Tile para hacer más fácil la organización.

Enseñar a tu hijo adolescente a hacer la colada y controlar los gastos no será algo muy popular. Pero estas habilidades incidirán en su salud, su vida social y su felicidad. Puede que a él no le importe llevar una camiseta sucia durante toda la semana, pero seguramente a sus compañeros de cuarto o potenciales amigos no les entusiasmará la idea. Según mi experiencia, los adolescentes que llegan a la universidad sin estas habilidades desearían haber dedicado tiempo a aprenderlas – antes de que algún compañero de cuarto se queje ante los encargados por esas montañas de calcetines sucios.

5. Retira poco a poco las adaptaciones que no estén disponibles en la universidad

Las universidades solo están obligadas a proporcionar adaptaciones moderadas que no alteren los requisitos fundamentales del grado. Esto significa que un adolescente que ha confiado en el tiempo extra para hacer los exámenes en el instituto, por ejemplo, puede que no reciba esta adaptación, si en esa asignatura es importante que termine el examen en un tiempo determinado.

Investiga la disponibilidad de adaptaciones importantes y procura que el IEP de tu hija en el instituto busque desarrollar las habilidades necesarias para que arreglárselas sin servicios que desaparecerán. Si es posible, haz que tu hija vaya prescindiendo de sus adaptaciones específicas a medida que crece.

6. Desarrolla un plan de transición potente

La universidad no es adecuada para todos. Para algunos adolescentes, es mejor tomar un año sabático o ponerse a trabajar de inmediato. La universidad es cara, larga y difícil; así que, antes de que tu hijo acepte una plaza, asegúrate de que todos estáis de acuerdo en que es la mejor decisión para él. Si la respuesta es sí, ¡genial! Ahora necesitas un plan. La simple esperanza de que tu hijo adolescente conseguirá organizarse puede ser – y a menudo lo es – contraproducente y conducir a asignaturas suspendidas, dinero malgastado y familias desoladas.

Para garantizar una transición exitosa, investiga con tu hija los apoyos disponibles en la universidad. Eso no solo se refiere a los apoyos por discapacidad, que algunos adolescentes dudan en usar. La mayoría de las universidades tienen apoyos – como centros de escritura o servicios de salud mental – disponibles para todos los estudiantes. Asegúrate de que tu hija sepa cuáles son esos apoyos antes de llegar al campus, y habla con ella sobre algunas situaciones en las que pueden ser útiles.

Luego, planea un primer semestre razonable. Los primeros meses en la universidad son un torbellino de acontecimientos sociales, experiencias nuevas y expectativas cambiantes. ¿Podrá tu hija manejar su carga de trabajo en medio de todo eso? En la medida de lo posible, ayúdale a elegir una carga de asignaturas manejable y que responda a sus puntos fuertes. Si no le importa hablar de sus diferencias, los asesores académicos pueden ser un gran recurso para diseñar un programa apropiado para el TDAH y que responda a las exigencias del grado.

Por último – pero ciertamente no menos importante – elabora un plan para la participación de los padres. ¿Cuáles son vuestras expectativas de comunicación? ¿Bastará con una llamada telefónica a la semana o esperáis un mensaje diario? Respeta los deseos de independencia de tu hijo y asegúrate de que sepa que estarás disponible siempre que lo necesite. La comunicación puede ser irregular a veces, y sus necesidades podrán ajustarse tras algunas semanas o meses. Lo importante es que sepa que, no importa lo difícil y emocionante que sea la universidad, estarás ahí para él.

[1] Programa de Educación Individualizado. En los EE. UU., el IEP es un documento legal que especifica las necesidades de aprendizaje de un alumno, los servicios que la escuela proporcionará y cómo se medirá su progreso. Ver https://www.understood.org/es-mx/school-learning/special-services/ieps/understanding-individualized-education-programs

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2 respuestas a Mareo tras la graduación: 6 formas de suavizar la transición del bachillerato a la universidad

  1. Blanca dijo:

    Elena, me ha encantado!! no podía llegar en mejor momento.Gracias

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