Mi hijo tiene amigos, ¡Por fin!

“Es fantástico tener por fin amigos, mamá,” me dijo mi hijo. “Apuesto a que te sientes muy bien, campeón”. Su reconfortante sonrisa lo decía todo.

 

Escrito por Penny Williams
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Las personas con TDAH a menudo tienen dificultades con sus habilidades sociales y con las relaciones personales. Los síntomas del TDAH – hiperactividad, falta de concentración, inmadurez – Interfieren con una buena relación entre iguales. Si añadimos a esto la percepción negativa de ser diferente de sus compañeros, resulta increíble que nuestros niños con TDAH lleguen a tener alguna interacción social positiva. Por supuesto, no es por culpa suya.

Cuando mi hijo Ricochet era muy pequeño, tenía un amigo; un niño con cierto retraso. Después del jardín de infancia fueron a diferentes escuelas y dejaron de verse a diario. En la escuela, Ricochet fue acosado sin parar. Era el más pequeño de su clase y era, además, dos o tres años menos maduro que su edad cronológica. Estaba como un pulpo en un garaje, pero no hay excusa, jamás, para el acoso escolar.

Él sufría el terrible dolor de ser diferente. Pasaba el recreo solo en el patio o siendo atormentado por sus acosadores. Su amigo del jardín de infancia era el único que acudía a sus fiestas de cumpleaños, a pesar de que él invitaba a toda la clase. Era muy consciente de que los demás no le aceptaban. Mi corazón de madre se rompía una y otra vez.

Luchamos con sus problemas sociales lo mejor que pudimos. Traté de atenuar las interacciones dañinas para él, fundamentalmente haciendo de asesora personal y de árbitro – andando por ahí cerca e interviniendo cuando hacía falta. Puede que le ayudara a evitar algunas situaciones dolorosas, pero seguía teniendo dificultades sociales.

En su momento más bajo, cuando era un pre-adolescente, los chavales con los que andaba se gastaban bromas unos a otros, como es habitual entre los chicos, pero Ricochet no lo veía así; se sentía atacado. Empecé a darme cuenta de que había algún problema más, aparte del TDAH; poco después, fue también diagnosticado de Trastorno del Espectro Autista.

El diagnóstico nos dio la pauta para trabajar en sus habilidades sociales. Este trabajo, junto con una creciente madurez y conciencia de sí mismo, comenzó a marcar una diferencia positiva en Ricochet. Esto y el compromiso que asumimos, como familia, de permitirle ser él mismo y apoyar sus aficiones.

El año pasado, en séptimo curso, Ricochet comenzó a conectar con otros niños con similares aficiones. Entró en el club de Robótica y conoció a varios chicos tan aficionados a la tecnología y a la ciencia (sí, también a jugar) como él.

Ha pasado un año de esto. Hace unos días, íbamos él y yo en el coche, camino de una reunión. Le pregunté cómo le iba en la escuela, esperando que se sincerase mientras estábamos atrapados en el tráfico. Él dijo: “Es fantástico tener por fin amigos, mamá. Me refiero a amigos de verdad. Ya sabes, amigos que quieren estar contigo. Mis amigos se me acercan en el pasillo y me dicen ‘hola’, sin que yo les hubiera visto. Vienen donde mí. Quieren hablar conmigo y estar conmigo”.

Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, pero le di una respuesta sencilla: “Apuesto a que te sientes muy bien, campeón, realmente bien”.

Se volvió hacia mí y reconoció que sí con la sonrisa más reconfortante.

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