Padres y madres: cambiemos todos esos “no puede” por “puede”

¿También vosotros habéis caído en la trampa de asumir que vuestro hijo “no puede” hacer algo? Esa no es la forma de ayudar a un niño con TDAH. Lo que yo hice fue dar la vuelta a esos puntos negativos en su mente.

Escrito por  Penny Williams
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

 

La primera cosa que nos dan cuando un niño es diagnosticado con TDAH es la lista de la compra con todas las cosas que no puede hacer:

No puede prestar atención durante mucho tiempo.

No puede controlar bien sus impulsos.

No puede tener tanto éxito socialmente como sus compañeros.

No puede hacerlo bien en la escuela.

Y así sucesivamente…

Así, desde el primer momento, estamos preparados para fallar al criar a nuestros hijos con TDAH. Nos dicen todas las cosas que no puede hacer, pero no nos dicen qué hacer para sobrevivir y prosperar, centrándonos en las cosas que puede hacer.

El diagnóstico de TDAH inicia a menudo una expectativa de limitaciones y un montón de “no puede”. Esto produce una perspectiva negativa y muchas creencias restrictivas.

“Mi hijo me necesita más que los demás niños de su edad, así que no puede ir al campamento de verano”.

“Mi hija se emociona muy fácilmente, así que no puede quedar para jugar si no voy yo”.

“Mi hijo no puede controlar sus impulsos, así que no puedes enfadarte por su conducta”.

“A mi hija le resultan difíciles los procesos complejos, así que no puede jugar a deportes de equipo”.

Los niños con TDAH merecen las mismas experiencias y oportunidades en su infancia que cualquier otro niño. Pueden necesitar adaptaciones o circunstancias especiales, pero no debéis limitarlas basándoos en tus suposiciones de lo que el TDAH les va a impedir hacer bien.

He caído muchas veces en la trampa de confiar en los “no puede” con mi hijo Ricochet, que tiene TDAH, autismo, ansiedad y dificultades de aprendizaje. En los últimos años me he esforzado mucho para estar atenta a esas ocasiones y dejar de limitar sus experiencias.

El mes pasado, la escuela de Ricochet llevó a unos doscientos estudiantes de octavo curso[1] a un viaje de tres días a Atlanta (a unas cuatro horas de viaje). Siempre hacen un viaje en octavo para fomentar su independencia y hacer que prueben un poco la responsabilidad que necesitarán el próximo curso, en la escuela secundaria. Pasan tres días y dos noches lejos de casa, durmiendo en habitaciones de seis plazas. Eso significa tres días sin recordatorios sobre higiene de mamá. Tres días sin un momento para estar a solas o de descanso social.

Podría pensar en un montón de razones por las que mi hijo no debería ir a ese viaje o por las que no iba a pasarlo bien. Yo sabía lo difícil que le iba a resultar soportar el agobiante ruido y el caos de todos esos niños durante 65 horas seguidas, sin un refugio de tranquilidad. Sabía lo mal que se encontraría si no pudiera dormir. Sabía que sólo pensar en la intensidad del ruido y la multitud en el partido de baloncesto de la NBA le provocaría pánico.

También sabía que él necesitaba esta experiencia. Sus amigos iban a ir, y él estaba deseando ir también. Hablamos de lo duro que iba a ser algunas veces, pero él insistió en que ya tiene edad suficiente para manejarlo. Papá estaba en contra, convencido de que tendríamos que ir a Atlanta a recogerle antes de tiempo. Yo, por otra parte, no estaba dispuesta a impedirle tener esa experiencia basándome en un montón de “y si…”. No quiero limitarlo basándome en la discapacidad.

Creo que esos tres días fueron más duros para mí que para Ricochet. Estuve preocupada todo el tiempo: si huiría del grupo, si se llevaría bien con sus amigos, si se burlarían de él o le harían pasarlo mal, si manejaría el desorden sensorial y la ansiedad … Él, sin embargo, estaba decidido a ser “mayor” y hacer lo que sus compañeros podían hacer. Y así fue en el viaje.

Por supuesto, hubo un par de incidentes problemáticos. Uno hizo que yo hablara por teléfono con la tienda CNN (estaban en el CNN Center) rogándoles que me dejaran pagar por teléfono una chaqueta, para que él se la pudiera llevar (cosa que hicieron). Su chaqueta tenía algo que le “picaba”, hacía demasiado frío para pasar otro día sin chaqueta, y él no llevaba dinero. Otro hizo que se gastara todos los datos de su tarifa de móvil viendo videos durante el viaje de ida, así que no pudo mandarnos ni recibir mensajes. Me llamó desde el palacio de deportes, antes del partido de baloncesto, diciéndome que no quería quedarse y que fuera a recogerle entonces mismo.

Afortunadamente, el maestro asignado a su grupo de estudiantes conoce bien a Ricochet y tiene una debilidad por él. Se aprestaba a ayudarle cada vez que Ricochet necesitaba algo. Me envió una foto de Ricochet de pie y animando en el partido de baloncesto, una vez consiguió que se calmara.

En lugar de limitar sus experiencias con todos los “no puede”, enviamos a Ricochet a un viaje largo lo mejor preparado posible, e hicimos lo necesario para ayudarle a pasarlo bien. Llegó a casa con una resolución más firme y una confianza mayor en sí mismo. ¡Ah, y con una maleta llena de ropa limpia, porque se puso la misma ropa los tres días!

 

[1] Equivale a 2º ESO (N. de la T.)

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Una respuesta a Padres y madres: cambiemos todos esos “no puede” por “puede”

  1. rodriysusi dijo:

    Mi hijo es TDAH y ASPERGER y es exactamente igual.

    Le gusta a 1 persona

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