El misterio de la motivación en el TDAH

¿Por qué los adultos y niños con TDAH tienen fuertes motivación y funciones ejecutivas para algunas tareas y nunca consiguen la chispa cognitiva para llevar a cabo otras?

Escrito por Thomas E. Brown, Ph.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Pese a las muchas diferencias en el TDAH entre niños y adultos, hay algo que comparten prácticamente todos. Aunque tienen una dificultad crónica considerable para organizarse y comenzar muchas tareas, enfocar su atención, mantener el esfuerzo y utilizar su memoria de trabajo, hay siempre algunas actividades o tareas específicas en las que no tienen ninguna dificultad para ejercer estas mismas funciones de una manera normal o incluso extraordinaria.

La irregularidad en la motivación y el rendimiento es el aspecto más desconcertante del TDAH. Cabría pensar que un niño o adulto que muestra una fuerte motivación y es capaz de centrarse en algunas tareas, debería ser también capaz de hacerlo en otras tareas importantes. Parece una simple cuestión de “falta de voluntad”. Si puedes hacer esto, ¿por qué no puede hacer también eso y aquello, que son aún más importantes? Sin embargo, el TDAH no es una cuestión de fuerza de voluntad. Se trata de un problema en la dinámica de la química del cerebro.

Uno de mis pacientes me dijo una vez: “Tengo una metáfora sexual que puede usar para explicar lo que es tener TDAH. Es como una disfunción eréctil de la mente. Si la tarea a la que te enfrentas te excita, te resulta realmente interesante, entonces estás “dispuesto” y puedes hacerla. Pero si la tarea no te resulta intrínsecamente interesante, si no te excita, no eres capaz de levantarte a realizarla. No importa cuántas veces te digas ‘tengo que hacerlo, debo hacerlo’. No es una cuestión de fuerza de voluntad.

Investigaciones recientes ofrecen considerables evidencias de que el TDAH no es una “cuestión de fuerza de voluntad”, aunque a menudo lo parezca. Cuando una persona con TDAH se enfrenta a una tarea que le resulta realmente interesante – no porque alguien le diga que debe serlo, sino porque en ese momento se lo parece así – esa percepción, consciente o inconsciente, cambia instantáneamente la química del cerebro. Es un proceso que no depende de la voluntad.

Las suposiciones acerca de la fuerza de voluntad se basan en dos errores sobre el funcionamiento del cerebro. Estas suposiciones ignoran el complejo y poderoso papel de las emociones inconscientes en los procesos de motivación y tampoco reconocen la gran importancia de la memoria de trabajo a la hora de priorizar tareas en cada momento.

La principal diferencia entre las búsquedas en Google y las motivaciones de un individuo cualquiera – aparte de las diferencias evidentes en el tamaño de la base de datos – es el proceso mediante el que se determina la relevancia y se prioriza la información. Google prioriza basándose en la relevancia del contenido manifiesto y en la frecuencia de la petición en búsquedas similares de otras personas. La principal base usada por las personas para priorizar la información es la emoción, asociada con recuerdos conscientes e inconscientes activados por los pensamientos y percepciones del individuo en un momento dado.

Tu cerebro emocional

En 1996, el neurocientífico Joseph LeDoux publicó “El cerebro emocional”, un libro en el que resalta la importancia de las emociones en el funcionamiento cognitivo del cerebro. LeDoux hace hincapié en que las emociones – en su mayoría inconscientes – son potentes e importantísimas motivadoras de los pensamientos y las acciones humanas. Esta comprensión del papel esencial de las emociones en todos los aspectos de la motivación y el comportamiento humanos no se ha integrado suficientemente en la concepción actual sobre el TDAH.

Las emociones – positivas y negativas – tienen un papel crucial en las funciones ejecutivas: iniciar y priorizar las tareas, mantener o cambiar el interés o el esfuerzo, mantener pensamientos en la memoria activa y decidir evitar una tarea o situación. Mientras que Google responde a las consultas tecleadas en su motor de búsqueda, el cerebro humano responde a la calidad y la intensidad de las emociones vinculadas a los recuerdos asociados.

Muchas personas piensan que las emociones sólo implican sentimientos conscientes, limitados a sensaciones como tristeza, ira, placer, preocupación… de las que la persona es plenamente consciente y que suele poder identificar. La neurociencia ha demostrado que los sentimientos conscientes son sólo una pequeña parte de la amplia gama de emociones que opera en cada persona en la motivación de las funciones ejecutivas. El neurocientífico Joaquín Fuster enfatizó: “Podemos ser plenamente conscientes de un recuerdo, pero la gran mayoría de los recuerdos que evocamos permanecen inconscientes”.

A menudo, estas emociones inconscientes entran en conflicto y nos hacen actuar de manera contradictoria con nuestras intenciones conscientes. Detrás de nuestro fracaso en la ejecución de tareas que conscientemente queremos llevar a cabo, o de nuestra implicación, directa o indirecta, en acciones que conscientemente no queremos realizar, suele haber una corriente subyacente de emociones conflictivas.

Una persona puede pensar que una determinada tarea es importante y creer sinceramente que quiere dedicarle una atención inmediata y un esfuerzo sostenido, pero no actuar en consecuencia. Puede continuar procrastinando, ocupándose de tareas menos urgentes, o puede buscar distracciones activamente, contactando con amigos, navegando por Internet, bebiendo o yéndose a dormir. Tales contradicciones sólo adquieren sentido cuando nos damos cuenta de que las emociones que guían nuestras motivaciones son a menudo contradictorias o no totalmente conscientes. Podemos estar influenciados por emociones de las que no somos conscientes (ver el apartado “Escapar de situaciones estresantes”).

Factores de Motivación

El factor fundamental en la capacidad de una persona con TDAH para centrarse y aplicar de manera eficiente sus funciones ejecutivas a algunas tareas, mientras que es crónicamente incapaz de centrarse adecuadamente en muchas otras, tiene que ver con la transmisión neuronal. Durante muchos años se ha asumido que los individuos con TDAH tienen una insuficiencia crónica en la liberación y recarga del neurotransmisor dopamina en las uniones sinápticas entre las neuronas de las redes que gestionan las funciones ejecutivas.

Muchos estudios han demostrado que el tratamiento con medicamentos estimulantes mejora la eficiencia de la comunicación neuronal. Sin embargo, la mayor liberación y el retardo de la recaptación no dependen de la voluntad. Solamente se dan en aquellas tareas por las que el individuo con TDAH tiene un gran interés. Este interés puede deberse a que esa actividad le ha proporcionado placer u otras recompensas anteriormente. O puede intensificarse por temor a que ocurra de inmediato algo que prevé desagradable si no se dedica a la tarea en ese momento. Ya sea por placer o temor anticipado, el mayor interés provoca instantáneamente una mayor liberación de dopamina, que perdurará mientras ese interés intensificado persista.

El segundo factor que influye en la capacidad de prestar atención a algunas tareas y no a otras es la relativa debilidad de la memoria de trabajo, característica de muchas personas con TDAH. La memoria de trabajo es esencial para tener presente la prioridad relativa de nuestros diversos intereses en un momento dado.

La investigación en Psicología Social ha demostrado que los individuos con mayor memoria de trabajo tienen mayor capacidad de manejar las emociones – agradables o desagradables – sin dejarse atrapar por ellas. Las personas con TDAH tienen menos “ancho de banda” en su memoria de trabajo, por lo que tienen más dificultad para vincular con rapidez varios recuerdos relevantes a la hora de hacer o no una tarea. Son menos proclives a considerar el panorama general del que forma parte el momento presente (ver “Atrapado por las emociones”). Funcionan como alguien que ve un partido de baloncesto a través de un catalejo y no puede percibir lo que ocurre en el resto de la cancha, las amenazas y oportunidades que hay fuera del pequeño círculo que su catalejo le permite ver.

Extraído de Outside the Box: Rethinking ADD/ADHD in Children and Adults, de THOMAS E. BROWN, Ph.D. © 2017 Asociación Americana de Psiquiatría.

Escapar de situaciones estresantes

Era un ejercicio difícil, y a Jim le estaba costando contestar a la mayoría de las preguntas, posiblemente porque aún no se había leído ni la mitad de los temas que entraban. Jim llevaba varios días sin estudiar. Estaba preocupado por un correo electrónico que le había mandado su novia desde su ciudad. Le decía que quería romper con él, que estaba demasiado lejos y había empezado a salir con otra persona.

A las dos de la mañana, después de varias horas luchando con el ejercicio, Jim decidió dormir un par de horas y tratar de terminarlo después. Puso el despertador a las cuatro. Pero cuando sonó, Jim se despertó un momento, lo apagó y volvió a dormirse. No se despertó hasta cinco horas después.

Cuando se dio cuenta de que había pasado la hora de entrega, sintió pánico. El profesor había avisado de que no aceptaría ninguna entrega fuera de plazo. Asumiendo que con seguridad iba a tener un cero en el parcial, Jim decidió de repente que no estaba preparado para estar en la universidad. Sin consultarlo con nadie, hizo la maleta y se marchó a casa, con la intención de quedarse allí hasta el otoño siguiente, en que volvería a intentar ir a la universidad.

Una semana después, cuando habló conmigo de esto, me dijo que abandonar la universidad era lo mejor que podía hacer en ese momento. Le hacía mucha ilusión ir a estudiar fuera, pero el trabajo le resultaba demasiado duro, aún no había hecho verdaderos amigos y echaba mucho de menos a su novia ya sus padres. También afirmó que tener un cero en el primer parcial significaba suspender el curso, así que no tenía sentido para él continuar allí ese semestre. No veía otra manera de manejar la situación. También mencionó que, al regresar a casa, esperaba recuperar el afecto de su novia. Pero resultó que ella no tenía ningún interés en volver a salir con él.

Era un patrón que Jim no había identificado. Anteriormente había abandonado muchas otras actividades. Se sentía inseguro con facilidad y rápidamente huía de cualquier situación en la que temiera no hacerlo bien. Tenía una tendencia exagerada a escapar cuanto antes del estrés.

Sólo después de varios meses de psicoterapia consiguió Jim ver que volver “accidentalmente” a dormirse aquella mañana, no hablar siquiera de la situación con su consejero universitario y asumir que se enfrentaba a un inevitable fracaso no habían sido buenas decisiones para él.

Atrapado por las emociones

Una mujer me dijo que le daban miedo las noches de los miércoles. Para su familia, era la noche después de la recogida de basura del miércoles por la mañana. Tenía dos hijos adolescentes y su marido les encargó que los martes por la tarde llevaran los cubos de basura al inicio del camino de acceso a la casa y los miércoles por la tarde trajeran de vuelta a la casa los cubos vacíos. Pero muchas veces se olvidaban de traer los cubos de vuelta.

La madre explicaba que, cada vez que su marido volvía de trabajar el miércoles por la noche y veía los cubos de basura en la carretera, se enfurecía y se ponía a gritar, diciendo que eran unos inútiles y unos irresponsables, que no sabían agradecer lo que habían recibido y no eran capaces siquiera de ayudar a su familia trayendo los cubos de basura a casa una vez a la semana.

La madre explicaba que, después de reñir a sus hijos con esa dureza, su marido solía calmarse y murmurar una disculpa hacia los chicos. “Sé que les quiere mucho y que daría su vida por cualquiera de ellos, pero cuando se enfurece por uno de esos episodios de los miércoles, parece que se olvida de que son sus hijos, a quienes quiere y cuida. En ese momento, lo único que sabe es que está furioso con los dos porque no han cumplido con esa tarea.

Cualquier padre puede perder los nervios con sus hijos en alguna ocasión, pero la mayoría de los padres, la mayoría de las veces puede expresar su frustración al niño sin llegar a un ataque verbal tan intenso. Su memoria de trabajo les permite tener en cuenta su amor, incluso cuando su ira ocupa mucho espacio en su mente.

 

 

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