TDAH, empatía y “criar a una narcisista”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

¿Qué se pierde en medio de todo ese charloteo indocumentado online sobre “drogar a los niños” por el TDAH? La compasión por estos niños.

Muchos niños con TDAH sufren impedimentos que van mucho más allá de la clase. Impedimentos que distorsionan lo que para cualquier persona razonable es una “infancia feliz”. Que, de hecho, amenazan con deformar el curso de toda su vida. Como, por ejemplo, déficit de empatía.

En este post, Taylor J, anfitriona del Club de Lectura “Tú, yo y el TDAH“, nos cuenta esta historia sobre el reciente diagnóstico y tratamiento del TDAH de su hija mayor. Taylor veía con desesperación cómo su hija iba camino de parecerse a sus propios padres, narcisistas y faltos de empatía (ambos rasgos suelen ir de la mano).

Taylor y su marido trataban de enseñar empatía a la niña, pero sus lecciones no llegaban a calar. O eso creían.

Gina

Por Taylor J.

La Número Uno entre las cosas más profundas que he aprendido sobre el TDAH es ésta: puede hacer que sea difícil relacionar “causa” y “efecto”. Y eso puede crear todo un mundo de problemas.

Por ejemplo, este estudiante no verá que sus pobres hábitos de estudio son la causa de sus malas notas y echará la culpa a la “maldad” del profesor. Aquella esposa no verá que sus palabras cortantes y sarcásticas han hecho a su marido retraerse emocionalmente, y dirá que es “frío”. Ese joven no verá que su imprudente conducción y el exceso de velocidad causaron un accidente de tráfico y culpará a las malas condiciones meteorológicas.

No hay que ser un genio para entender que no relacionar nunca las acciones con las consecuencias causará estragos en la vida de una persona. Peor aún, puede matar el potencial para las relaciones.

Vi desarrollarse esto con toda crudeza en mi hija de diez años. Yo la llamo “Dinamita”.

Prometí ser diferente a mis padres

Permitidme primero que os ponga en antecedentes.

Mis padres tienen un terrible trastorno mental, del que se niegan a tratarse. Prefirieron culpar a los demás de sus problemas y ahogar sus penas en alcohol, drogas y autocompasión morbosa. Incluso estando yo en el hospital – enferma o con un bebé recién nacido – mis padres sólo hablaban de sí mismos. Su absoluta falta de empatía me horrorizaba.

Cuando me casé y formé mi propia familia, prometí ser diferente.

Sin embargo, al criar a mi primera hija, la mayor de cuatro chicas, observaba impotente cómo cada lección sobre empatía que trataba de inculcarle parecía rebotar en su corazón.

Abusaba de los demás. Organizaba juegos en los que todos la trataban como una reina de otro planeta o convencía a sus amigas para que le “dejaran” sus juguetes y su ropa favoritos. Para siempre.

Llegué a pillarla en una elaborada “extorsión” infantil: le pedía dinero a su hermana por mantener alejados a los monstruos (¡ya le había sacado 6 dólares!).

Recibía, pero nunca daba. Sus amigas le daban regalos, invitaciones o elogios. Pero ella nunca veía la necesidad de devolver ningún favor.

ADHD, Empathy & "Raising a Narcissist"

De hecho, se quejaba si en un elogio faltaba un detalle o si el regalo no era perfecto. ¡Incluso iba a casa de sus amigas a criticar su ropa o su decoración! “La verdad es que no deberías tener esa casa de muñecas, es para niñas pequeñas. Deberías tener la casa de muñecas de Barbie”.
¿En serio? ¿Dónde has aprendido esto?

Me estaba equivocando de pregunta. Como aprendí mucho tiempo después, el suyo no era un comportamiento aprendido; era algo innato.

Mi marido y yo le explicábamos, una y otra vez, que sus palabras hacían daño a otras personas. “¿Cómo te sentirías si Ginny viniera a tu casa a decirte que tu casa de muñecas es para niñas pequeñas?”

No había “causas” ni “efectos”; tan sólo “malos padres”

“Dinamita” parecía confundida y respondió: “Pero mi casa de muñecas no es para niñas pequeñas, así que nunca diría eso”. La castigábamos por decir palabras crueles, pero nunca entendió la razón de los castigos. Tan sólo éramos “malos padres”.

Aún había más. Explotaba ante la mínima frustración. Cualquier cosa – una costura molesta en sus calcetines, la colcha arrugada, sus cereales con un puntito de “leche de más” – provocaba una rabieta explosiva.

La recuerdo cuando tenía sólo un año, gritándole a su juego de formas geométricas porque no podía encajar un bloque como ella quería.

Es cierto que veíamos destellos esporádicos de cariño en ella, pero nunca podíamos predecir cuándo ocurrirían.

Sus primeras palabras al ver a su hermana recién nacida fueron: “Voy a cuidar de ella y me aseguraré de que no se escape a la calle sin mí!” Con tres años, se puso a pegar a un compañero de la guardería que se acercó y sacudió la silla de paseo de su hermana (mientras yo hablaba con un profesor); tenía miedo de que hiciera daño al bebé en su “punto blando”.

Cuando yo estaba pasándolo mal en otro embarazo, proclamó orgullosamente a su hermana, “No te preocupes. Cuando mamá vomite, yo te haré un sandwich”.

Sus palabras, sin embargo, rara vez se correspondían con sus acciones.

“Dinamita” le gritó a su hermana por cambiar los peluches de su estantería. La pequeña, deshecha en lágrimas, preguntaba: “¿Por qué no me quiere?” ¿Y qué contestó “Dinamita”? Que los sollozos de su hermana le estaban molestando mientras leía.

Comencé a preguntarme si estaba criando a una narcisista.

Un cambio impactante

Tanto mi marido como yo tenemos TDAH. Ambos tomamos medicación y conozco muy bien los espectaculares cambios cognitivos y de comportamiento que produce.

Pero cuando “Dinamita” fue por fin diagnosticada de TDAH en julio pasado y comenzó a tomar medicación, ni siquiera yo estaba preparada para el cambio que se produjo.

Le di la primera dosis de Ritalin. A las dos horas, cuando regresábamos del supermercado, me dijo: “Mamá, tú no puedes cargar con todo eso. ¡Déjame ayudarte!”. Cogió dos bolsas del supermercado y el paquete de pañales. “¡Mamá, tienes que pedir ayuda cuando la necesites!”

MOTION

Nuestra “Dinamita”, siempre en movimiento. Con su hermana.

Después, cuando el bebé se puso a llorar: “¡Oh, cariño, ven aquí y déjame abrazarte! No te preocupes, mamá, ya la tengo yo… ya veo que estás haciendo la comida”.

Cuando tuve que cambiar lo que estaba deseando hacer: “Jo, qué rabia, pero ya sé que no lo has hecho para fastidiarme. Ya iremos mañana”.

Por decirlo claramente: mi hija no se había convertido en un escalofriante robot “niña buena”. Seguía siendo ella misma. Pero era una versión de ella misma mejor regulada emocionalmente. Una versión más feliz de ella misma.

¡Mamá! ¡¡Es horrible!!

¿Era siempre así

cuando no tomaba medicación?

Había algo evidente: ella estaba tan aliviada por los cambios como nosotros.

Cinco horas más tarde, había pasado el efecto de la medicación. “Dinamita” vino a mí hecha un mar de lágrimas y gritando: “¡Mamá! ¡¡Es horrible!! ¡El bebé no para de llorar! (El bebé llevaría llorando cosa de un minuto). ¿Era siempre así cuando no tomaba medicación?”

La tomé de los hombros, le miré a los ojos y le dije en voz baja: “–No te preocupes. Todo va a ir bien. Sí, era así todo el tiempo. Toma la siguiente dosis y siéntate aquí a ver algo en la tele mientras yo pongo en marcha un cronómetro. Cuando llegue a cero, habrá empezado a hacer efecto”. Limpié sus lágrimas y puse en la tele algo divertido.

Pasó media hora. Cuando se sintió mejor, me miró y dijo: “Mamá, tal vez deberías comprarme un libro de crucigramas para hacer cuando esté enfadada. Así puedo calmarme sin gritar a nadie.”

Miré el resto de la tarde cómo hablaba cariñosamente a sus hermanas y les perdonaba cuando cometían el grave pecado de tocar sus cosas.

El alivio por las conexiones realizadas

Mientras leía su libro favorito antes de acostarse, levantó la vista y dijo: “Mamá, ahora entiendo por qué Eragon suspiró tan profundamente cuando vio a su hermano: ¡Temía que también se convirtiera en jinete!” Hasta las historias resultaban cada vez más claras.

Recuerda, estamos sólo en el primer día del tratamiento del TDAH.

Le pedí a mi marido que acostara él a las niñas aquella noche. Abrí el grifo de la ducha y rompí a llorar mientras el agua caía sobre mi cara. Con inmensa gratitud y alivio, por fin supe que mi hija no era una narcisista. Realmente captaba las lecciones sobre compasión y empatía que le enseñábamos, lo que ocurría es que no podía echar mano de ellas cuando las necesitaba. Mi hija había estado sufriendo un trastorno mental tratable, no una maldad incurable escondida detrás de su sonrisa.

Tal vez a mis padres también se les pueda ayudar a cambiar su comportamiento. Sólo tengo la esperanza de que lleguen a un punto en que estén dispuestos a probar el tratamiento.

Por lo tanto, la próxima vez que oigáis a alguien estremecerse ante la idea de medicar a un niño para el TDAH, por favor acuérdate de mi “Dinamita”. Por favor, pensad que hacer ciertas conexiones entre causa y efecto escapa al control de muchas personas con TDAH, entre ellas los niños. Por favor, sabed que, desde que comenzó a tomar medicación estimulante, mi niña está más feliz y más sana que nunca.

El cómic de “Dinamita”: superar una dificultad

Voy a cerrar con este extraordinario cómic que Dinamita dibujó para la escuela. Yo no tuve nada que ver en esto. A mi hija le encantan las novelas gráficas, como las de Raina Telgemeier, y ha creado decenas de cómics en ese estilo. Recientemente, su clase leyó una historieta llamada El punto, acerca de superar una gran dificultad. En respuesta, debían escribir sobre una dificultad que hubieran superado. Esta es la historieta de mi hija.

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Muchas veces perdía los nervios… con mucha facilidad.                                                                                     “¿¿Qué has hecho??”    “Lo siento, he roto tu peluche”                                                                                         Tenía fuertes rabietas de vez en cuando                                                                                                                    …Hasta que… “Tienes TDAH” “¡Buaaa… ¿Qué?”                                                                                                    ESTO me ayudó un montón.       Todavía las tomo todos los días.

 

 

 

 

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2 respuestas a TDAH, empatía y “criar a una narcisista”

  1. Gabriela dijo:

    lei el testimonio de la mamá que cuenta la evolución de su niña con la medicacion.
    mi pregunta es si en algún momento se les da el alta de la medicación y solo seguir con las terapias.

    Me gusta

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