¿Son “problemas de comunicación” o quizá TDAH adulto?

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Con una cálida sonrisa y un beso, Diane recibió a su prometido George en la puerta de casa; vio entonces sus botas embarradas y, con un tono amable, le pidió que dejara las botas en la escalera.

Perplejo, él contestó, “¿Comprarnos otra caldera? ¿De qué diablos estás hablando?” A pesar de que ella se lo aclaró, George siguió convencido de que era exactamente eso lo que había dicho Diane. Y que, además, se lo había dicho en ese tono (es de suponer que el de desaprobación).

No era la primera comunicación confusa de esta pareja. De hecho, sucedía tan a menudo que George fue a revisarse el oído, pero parecía estar bien. Su terapeuta de pareja sugirió que George podría presentar una resistencia psicológica subconsciente a escuchar a Diane.

¿Me oyes ahora?

Afortunadamente, el diagnóstico de TDAH de George llegó justo cuando estos “problemas de comunicación” llegaran a extremos insoportables. Ambos se sintieron aliviados cuando el terapeuta cognitivo les explicó cómo el TDAH tiene un compañero de viaje muy común llamado Trastorno de Procesamiento Auditivo Central (TPA). En pocas palabras, el TPA puede hacer que una persona malinterprete el contenido e incluso el tono de voz (más detalles sobre el TPA en un minuto). El terapeuta proporcionó a la pareja estrategias para mejorar sus comunicaciones, señalando que los medicamentos estimulantes a menudo ayudan a “reforzar la señal”.

¿De qué señal hablamos? De la que viaja desde el punto A (el oído, adonde llegan las ondas sonoras) hasta el punto B (el córtex de procesamiento auditivo del cerebro, donde los sonidos se interpretan y se les da un significado).

Este viaje es posible gracias a sustancias químicas del cerebro llamadas neurotransmisores. Si hay escasez de ciertos neurotransmisores, los mensajes no llegarán, o no lo harán completos (es como transmitir un archivo grande usando un módem de acceso telefónico: los datos llegan corruptos).

Además de la debilidad de la señal, hay otros trastornos neurológicos relacionados con el TDAH que podrían contribuir a la Torre de Babel de tu relación: distraibilidad, falta de atención, pobre memoria de trabajo e incluso dificultad para descifrar señales como las expresiones faciales. Como decía un joven con TDAH (en un video producido por Chris Dendy): “Es como vivir escuchando a la gente hablar en un idioma que no entiendes y sin disponer de traducción”.

El estrés de saber que las comunicaciones van mal no hace más que empeorar las cosas para el adulto con TDAH, especialmente a la hora de hablar de cuestiones personales; es lo que afirma mi amigo Carl, quien, al igual que su esposa, fue diagnosticado hace ocho años. “Con el estrés, las personas con TDAH sufren un ‘bloqueo mental’ y pierden toda esperanza de poder expresarse y tener una conversación ‘auténtica’ como quisieran”, dice Carl. “Así que tratan desesperadamente de decir algo correcto para que aquello pase, pues no son capaces de expresar lo que realmente sienten. No pueden siquiera definir o centrarse en lo que sienten, mucho menos hablar de ello a otra persona”.

Está también mi amiga Mary, desconsolada por el estado de su matrimonio: “Ya no sé cómo hablar con mi marido. Si llegamos a un acuerdo, lo olvida o protesta, busca una excusa para incumplirlo o me acusa de no recordarlo bien”.

Una demostración de oído

Recientemente asistí a una conferencia en la que un psiquiatra (que, además de tener TDAH, se dedica a tratarlo) demostró cómo el TDAH puede afectar a la capacidad de retener información verbal. En primer lugar, pidió que levantaran la mano quienes hubieran sido diagnosticados de TDAH o que sospecharan tenerlo. Las veinticinco personas del público levantaron la mano. Entonces contó una pequeña biografía (se han cambiado los detalles):

“Mi nombre es John Michael Smith. Me crie en Filadelfia, Pensilvania. Estudié en la facultad de Medicina de la Universidad de California, Los Ángeles. Ahora vivo en Palo Alto.

“Muy bien; ahora” dijo “¿quién puede decirme mi segundo nombre?” Se alzaron dos manos.

“¿Quién puede decirme a qué Facultad de Medicina asistí?” Una mano.

“¿Dónde vivo?” Se alzaron seis manos (aunque pudo influir que la reunión se celebrara en Palo Alto).

“¿Quién puede decirme dónde crecí?” Dos manos se levantaron tímidamente.

“Ya lo ven,” concluyó, “cuando piensan que tienen problemas de comunicación, lo que tienen es dificultades para recordar los detalles entre una frase y la siguiente.”

TPA y TDAH: ¿Son la misma cosa?

Teniendo en cuenta todo esto, no puedo entender por qué estos problemas se identifican normalmente como TPA en niños, pero cuando se trata de adultos con un TDAH no diagnosticado, suelen denominarse… ¿qué exactamente? ¿Agresividad pasiva? ¿Obstinación? ¿Negativismo? A veces. Hasta que eres lo bastante mayor para que evalúen tus problemas auditivos y te coloquen un audífono. El problema es que quizá tu “oído” funciona bien.

Lee estas características de la TPA (del Instituto Nacional sobre la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación), y observa las similitudes con el TDAH (algunos expertos dudan de que ambos trastornos, a menudo coexistentes, sean realmente cosas distintas):

  • Tiene dificultad para prestar atención y recordar información oral.
  • Tiene problemas para llevar a cabo secuencias de instrucciones de varios pasos
  • Tiene poca capacidad de escucha
  • Necesita más tiempo para procesar la información
  • Tiene bajo rendimiento académico
  • Tiene problemas de conducta
  • Tiene dificultades de lenguaje (por ejemplo, confunde secuencias de sílabas y le cuesta desarrollar el vocabulario y entender el lenguaje)
  • Tiene dificultades con la lectura, comprensión, ortografía y vocabulario.

En este breve post tan sólo he planteado someramente cómo, cuando se trata de TDAH, oír bien no siempre significa poder escuchar bien.

¡Oído atento! Estrategias sólidas para parejas en conflicto

A algunas parejas les resultan útiles estas estrategias prácticas.

Para cónyuges de adultos con TDAH:

Apaga los ruidos que puedan distraer antes de hablar (TV, radio, ordenador…).

Toca a tu pareja y haz contacto visual antes de hablar, dejándole suficiente tiempo de transición.

Pídele a tu pareja que repita lo que has dicho, para asegurarte de que lo ha entendido.

Habla de manera sencilla y concisa, sin detalles superfluos, por qués y para qués, etc. (admitiendo que esto no siempre es posible en comunicaciones más complejas).

No trates asuntos importantes “sobre la marcha”, mientras tu pareja está dedicada a otra actividad necesaria o cuando estás saliendo de casa.

Para parejas:

Para algunos temas, funciona mejor el correo electrónico. El cónyuge con TDAH tiene así tiempo para centrarse, releer y reflexionar sobre su respuesta sin sentir la presión de tener que contestar inmediatamente.

Dad un paseo juntos cuando tratéis asuntos importantes (el ejercicio activa el flujo de sangre al cerebro y alivia el estrés).

Colocad una pizarra en el “centro de mando” de la casa para dedicarla a dos o tres mensajes importantes enunciados brevemente .

Para adultos con TDAH:

Reconoce qué significa para tu pareja escuchar bien: que tú valoras sus opiniones y que él/ella te importa.

Primero escucha. Después responde. Dedica un esfuerzo mental adicional para escuchar de verdad. Deja a un lado lo que estabas haciendo, lo que vas a hacer cuando tu pareja termine, lo que vas a responder o temas que no vienen al caso. Si necesitas más tiempo para dar forma a tu respuesta, pídelo.

Utiliza técnicas de relajación para despejar tu mente antes de una conversación importante.

Cuando los síntomas son moderados o severos

A veces, estas estrategias no son suficientes; la medicación puede resultar más útil para reforzar la “señal transmitida” en unos cuantos puntos. Fíjate en esta historia de “antes y después”:

“Mi novio lleva cosa de un mes tomando medicación neuroestimulante; la mayor diferencia que hemos notado es que ahora podemos tener conversaciones sin grandes explosiones de genio. Él es mucho menos dramático en sus expresiones de auto-desprecio o ira; hemos aprendido que se producían sobre todo porque él perdía el foco de atención y subconscientemente lanzaba adrenalina para recuperarlo, además de que se sentía mal por no poder seguir prestando atención. Él solía perder el hilo enseguida; automáticamente se iba por una tangente más estimulante (para él), dejándome a mí descolocada y haciéndome enfadar si trataba de volver al asunto.

“Hay que decir que, antes, nuestras conversaciones no serían especialmente exigentes para la mayoría; eran conversaciones normales que las parejas tienen a diario. Ahora ya no se marcha de la habitación a media conversación para enfurruñarse. Ya no “recuerda mal” los acuerdos a que hemos llegado. Ya no está en completo silencio, ignorando lo que yo digo y obsesionado por lo inútil que es y cómo me está decepcionando”.

 

 

 

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