Mito #8: “El TDAH no es para tanto”

 Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

O, en la versión más larga:

El TDAH es sólo una diferencia en la forma de ver el mundo. ¿Por qué darle tanta importancia – o peor aún, considerarlo algo patológico?

Por supuesto, el diagnóstico de TDAH podría parecer trivial a cualquiera que no haya vivido con él. No reconocido o mal gestionado, sin embargo, puede ser, sin duda, un problema serio.

La tendencia a minimizar el TDAH surge, en mi opinión, de su naturaleza tan variable:

  • Afecta a individuos cuya personalidad tiene muchos otros aspectos.
  • Es ampliamente reconocido como poligénico. En otras palabras, no hay un “gen del TDAH”. Más bien hay “múltiples genes con un efecto moderado involucrados en la base genética del TDAH” (ADHDgene es una base de datos genéticos sobre el trastorno por déficit de atención e hiperactividad).
  • Puede variar desde leve a “extra fuerte”.
  • Tiene una serie de “compañeros de viaje” (el 75 por ciento de los adultos con TDAH tiene un trastorno coexistente, como depresión, ansiedad, trastorno bipolar o trastorno por uso de sustancias; el 50 por ciento tiene dos o más trastornos coexistentes).

Si conoces a alguien con TDAH que tiene muy “altas capacidades”, puede que pienses… ¡vaya, no es ningún problema!

Por otra parte, puede que no sepas el gran esfuerzo que le supone.

Sin discapacidad no hay TDAH

Piensa primero: No es TDAH si no hay discapacidad.

Para tener un diagnóstico de TDAH, una persona debe estar experimentando dificultades en más de un “ámbito de la vida”. Entre estos ámbitos están el trabajo, las relaciones afectivas, las finanzas, la educación y otros.

Como se explicó anteriormente en esta serie sobre Mitos del TDAH, los síntomas del TDAH son comportamientos humanos típicos. Es su número y su severidad lo que lleva al diagnóstico, junto con la discapacidad.

Sin embargo, el diagnóstico de TDAH no es, como algunos creen, un presagio fatal. Más bien, aporta el conocimiento sobre la mejor manera de reducir o eliminar la discapacidad. Por eso un diagnóstico de TDAH es una “buena noticia”.

(Para obtener más información sobre lo referente al TDAH y la relación de pareja, echa un vistazo a mi artículo en dos partes del blog que escribo para CHADD:  Cuando la “buena noticia” del diagnóstico es una “mala noticia” en tu pareja)

Estas discapacidades pueden ser realmente importantes. La investigación señala que los adultos con TDAH mal manejado obtienen peores resultados en la vida que los adultos sin TDAH.

Por supuesto, hay muchos adultos con TDAH a quienes les va bien, estén o no diagnosticados. Pero estamos hablando de un riesgo generalmente más alto de resultados adversos. Al minimizar el potencial de estos resultados adversos, corremos el riesgo de subestimar la legitimidad del TDAH en la percepción pública, que es donde se toman decisiones políticas y de gestión.

En otras palabras, si deseas que tu seguro te cubra el diagnóstico y el tratamiento del TDAH, piensa en el riesgo de considerarlo un “don”.

Potencialmente: el trastorno extrahospitalario más discapacitante

De hecho, muchos expertos consideran el TDAH uno de los trastornos potencialmente más discapacitantes en psiquiatría; sí, más que la depresión o la ansiedad.

En parte, esto se debe a que el TDAH puede afectar a muchos aspectos de la vida: la administración del dinero, la educación, la conducción, el empleo, la comunicación, el sueño, la capacidad auditiva e incluso el sexo.

Sin embargo, ¿vemos en el New York Times titulares sensacionalistas que apunten a la depresión o a la ansiedad? No. Habría un escándalo.

¿Qué hay de los reportajes sobre depresión y suicidio en adolescentes? ¿Encontramos comentarios de los lectores diciendo algo como “Te diré lo que hacían en mis tiempos con los chicos así – ¡darles un par de azotes!” No.

Pero con el TDAH, es algo habitual.

Las investigaciones muestran que los niños con TDAH tienen tasas más altas de otros trastornos psiquiátricos, mayor frecuencia de hospitalizaciones, visitas a Urgencias y gastos médicos, en comparación con los individuos sin TDAH (Liebson et al., 2001).

Tres áreas clave de impacto

En una entrevista con Russell Barkley para mi libro, citó numerosos estudios que apuntaban a malos resultados para personas con TDAH no tratado (de nuevo, hablando en general) en estas tres áreas, entre otras:

1. Educación: menos probabilidades de terminar la escuela

Es menos probable que terminen el bachillerato o la universidad y más probable que lleguen a estudiar menos de lo que podrían con su capacidad intelectual y los antecedentes educativos de su familia.

2. Trabajo: pérdida del empleo, subempleo

“Son siete veces más propensos a ser despedidos de su trabajo, y no subirán en la escala económica o laboral tan rápidamente como personas sin TDAH de su mismo barrio, CI y nivel educativo”, dice Barkley.

Además, son más proclives a cambiar de trabajo con frecuencia, ya sea por aburrimiento, dificultades para cumplir con los plazos o problemas personales con sus compañeros de trabajo, supervisores o clientes.

3. Relaciones personales: discordia y divorcio

Las personas con TDAH mal gestionado acaban con sus amistades y relaciones sentimentales con más rapidez que el promedio y son más propensos a los problemas matrimoniales y el divorcio.

Como población, los adultos con TDAH muestran estos patrones:

  • Experimentan incidencias mucho más altas de separaciones y divorcios (casi el doble) en comparación con una muestra representativa de la población de los Estados Unidos.
  • Tienden a casarse con más frecuencia, incluso en comparación con otros adultos que acudieron a una evaluación de TDAH, pero no tenían el trastorno.
  • Tienden a estar más insatisfechos que los grupos de control en su relación de pareja, incluso más que su propia pareja. Y a menudo tienen más dificultades para actuar como padres de una manera efectiva y coherente.

Barkley y otros expertos serios no hacen hincapié en estos hechos porque sean unos pájaros de mal agüero. Pero saben que las políticas públicas en torno al TDAH – cobertura de los seguros, acceso a los medicamentos y adaptaciones académicas – depende de una evaluación precisa de lo que las personas afrontan.

En cuanto a los psiquiatras que tienen TDAH y lo “venden” como un don, me tengo que preguntar qué interés defienden: la comunidad TDAH o sus propios ingresos financieros (y, para ser sincera, no tengo muchas dudas).

Conclusión

El objeto de este mito cazado no es pintar el TDAH con tonos muy oscuros. Más bien, es enfatizar que el conocimiento, las estrategias y los tratamientos del siglo XXI son capaces de conseguir que el TDAH no sea un problema tan grave. Para nadie. Pero sólo si no nos distraemos con pensamientos confusos y cuentos de hadas sobre qué es y qué no es el TDAH.

Algún día, la ciencia será capaz de ayudarnos a “profundizar” en el diagnóstico y distinguir mejor entre las variadas formas de experimentarlo.

Hasta entonces, a nadie nos gusta meter a 10-30 millones de personas en un mismo saco llamado “TDAH”. Por ahora, sin embargo, es todo lo que tenemos. En lugar de pintar el TDAH como un don, propongo que trabajemos en comunicar la gran diversidad en su diagnóstico y la importancia de ver a todas las personas como individuos.

 

 

Gina Pera

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