Romper viejos patrones del matrimonio, tras casi romperme la muñeca

Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADHD and relationships

Esto es lo que sucede a menudo con “el TDAH y la pareja”: tras varios años de relación, descubrís que uno de vosotros, o ambos, tenéis TDAH. Para entonces, los dos habéis desarrollado unos cuantos patrones de manejo bastante contraproducentes. La mayoría va a necesitar un gran esfuerzo para superar pautas destructivas y respuestas emocionales ya arraigadas.

Suelo hablar de esto en mis charlas para el público en general y para profesionales sanitarios, desde San Francisco hasta Turquía. Porque, tenedlo por seguro, además de conseguir la categoría de “experta en TDAH”, tengo multitud de oportunidades para practicar en casa. Ayer mismo tuvimos un incidente. Permitidme que os lo cuente. Pero antes, conectad los altavoces, porque tiene efectos de sonido.

Lesionada, abandonada y desconsolada

Para mí, un patrón particularmente negativo se refiere al temor de que mi marido (el cónyuge con TDAH de nuestro matrimonio) se muestre incapaz – e incluso indiferente – a la hora de cuidarme si estoy enferma o impedida, aunque sea temporalmente. Y ese patrón ha vuelto a manifestarse esta semana.

ADHD and relationshiops

En los veinte años que llevamos juntos, he tenido un montón de “pruebas” que apoyan esta creencia no-tan-irracional de que sólo podré contar conmigo misma si algún día estoy enferma o incapacitada.

Por ejemplo, tras operarme de un pie hace algunos años, me dieron órdenes estrictas de mantenerlo en alto y moverme lo menos posible. Mi marido, que entonces trabajaba en casa, juró que sería mi enfermera Nightingale (una Nigthingale de metro noventa y ciento cuatro kilos).

Se estrenó en el cargo tras la operación, llevando mi silla de ruedas a toda velocidad por los pasillos del hospital, camino del ascensor, como si estuviera en Disneylandia. ¡Yujuuuu!

¡Yo iba agarrándome a la silla con todas mis fuerzas, rezando para que no me golpeara el pie con el marco del ascensor ni me catapultara fuera de la silla!

Una vez en casa, preparó obedientemente la cabecera de la cama con un teléfono fijo y su teléfono móvil. De este modo, yo podía estar segura de localizarle en su despacho del piso de arriba cuando lo necesitase.

El problema es que al teléfono fijo se le agotó la batería, y el móvil de prepago se quedó sin saldo.

Estuve abandonada durante largas horas, sin que él oyera mis gritos. Tampoco se le ocurrió venir a ver cómo estaba. Así que me sentí impotente, dolorida y engañada. En contra de mi sentido común – afinado tras tantos años de decepciones – había hecho un acto de fe confiándole mi cuidado.

Auto-advertencia: nunca vuelvas a confiar

Me sentí como si me hubiera dado un golpe en la cabeza. Y desconsolada.

Nota mental para mi subconsciente: ten mucho cuidado con volver a confiar a esta persona tu bienestar.

De esto hará unos seis años.

Ayer sufrí una caída prolongada, poco elegante y bastante dolorosa en el garaje.

Tropecé con un pedal de la bicicleta y, al tratar de evitar pisar un humidificador de aire, reboté varias veces sobre diferentes superficies hasta acabar aterrizando con un estruendo en el peldaño de entrada a la cocina.

Algo como:

Mi marido ha vuelto a trabajar en casa, después de estar seis años en una oficina. Estaba en el piso de arriba (al menos eso creía yo).

Estaba segura que habría oído mi caída (¡me pareció que había sonado lo bastante fuerte!). Y si no, estaba segura de que no podía ignorar mi gimoteo y mis gritos llamándole.

Algo como esto, pero no con la misma energía:

Allí tirada como una muñeca de trapo, pasaron por mi mente todas las explicaciones posibles: había oído el estruendo, pero pensó: “Estará bien. Es de esas personas auto-suficientes”; o, peor aún, lo había oído y no quería interrumpir su trabajo. Pero, maldita sea, yo podía haberme roto algo.

Por fin me puse de pie y avancé como Quasimodo hacia mi estudio, llamándole por el camino. Tenía la esperanza de que estuviera en otra parte de la casa, y no hubiera oído mi caída ni mis llamadas. Entonces lo descubrí. Estaba en el baño. “¡Chivo!”, le dije (porque ese es su apodo). “¡Me he caído de mala manera!”

Lo oí a través de la puerta cerrada: profundo disgusto por la interrupción. Un suspiro como este:

Sin embargo, él lo recuerda más bien como:

Se había desatado el peor de mis temores: estaba molesto porque me había pasado algo malo que requería su ayuda.

¿”En el fondo”, le importa?

¿Pero dónde está exactamente ese fondo?

Me suena haberlo oído más veces.

En más de una década liderando un grupo online para cónyuges de adultos con TDAH, me lo han contado muchas veces: el cónyuge con TDAH no ve con compasión la enfermedad de su pareja, sino que la considera… una molestia.

Es escalofriante el primer encuentro con esta reacción. La primera respuesta puede ser de negación – tu pareja no puede ser tan fría, insensible y egoísta. Después, cuando la realidad finalmente se impone, puedes sentir tu ánimo absolutamente paralizado.

De hecho, no importan nuestras fantasías sobre la relación, nuestra pareja puede ser absolutamente fría, insensible y egoísta, tenga o no TDAH. Si es éste el caso, ¡abre los ojos y deja de soñar!

¿Cómo sabemos, sin embargo, si es el TDAH quien produce esta respuesta indeseable o es otra cosa? ¿Simple insensibilidad, por ejemplo? No hay una respuesta fácil. Cada persona es un caso distinto.

Pero la dura realidad es que a veces sólo lo sabes con certeza después del tratamiento médico del TDAH y los trastornos coexistentes, como el trastorno bipolar, la ansiedad o la depresión.

El TDAH y las relaciones de pareja: no hay soluciones estándar

ADHD and relationships

Una advertencia: algunos autoproclamados expertos en TDAH hacen sistemáticamente “luz de gas” a los cónyuges de los adultos con TDAH. Proclaman que al cónyuge con TDAH “en el fondo”, sí que le importa, aunque sus actos no lo demuestren.

Por supuesto, esto es cierto a veces; los síntomas del TDAH y las estrategias de manejo inadecuadas pueden obstaculizar su capacidad para expresar sentimientos o actuar conforme a ellos.

Pero no lo es para los 10 a 30 millones de adultos con TDAH que hay sólo en los EE.UU., y sería absurdo afirmarlo. Nada es cierto para tantas personas. Hay que reconocer, honestamente, que en algunos cónyuges con TDAH, “en el fondo” sólo hay más egocentrismo.

Los millones de adultos con TDAH sólo tienen una cosa en común: aspectos variables de este síndrome tan variable.

Debes tener en cuenta el resto de la personalidad, así como las complicaciones por trastornos coexistentes (trastorno de conducta, trastorno de personalidad antisocial y otros). En otras palabras, estos juicios deben emitirse caso por caso. Es fácil echar mano de tópicos “estándar”. Esto, sin embargo, no ayuda a nadie – y puede hacer mucho daño.

Aprender a recurrir a recuerdos más recientes

Tras casi veinte años juntos, he aprendido que hay un “fondo” de bondad en mi marido. Con demasiada frecuencia, fue oscurecido o directamente saboteado por un TDAH mal manejado. Defraudaba mis expectativas – y las suyas. En lugar de reaccionar con arrepentimiento, lo hacía con ira. Luego, decía, dirigía esa ira contra sí mismo (“¡He vuelto a fallar!”). Pero era yo quien quedaba atrapada en el fuego cruzado.

Afortunadamente, las cosas ahora son diferentes

Esa mañana, mientras me arrastraba hacia la parte trasera de la casa en busca de consuelo, decidí ignorar momentáneamente el suspiro de incomodidad de mi marido y todas las dolorosas pautas acumuladas durante tanto tiempo. En vez de eso, recurrí a un recuerdo más reciente: cuando me hicieron un injerto óseo, hace dos años.

La mañana de la operación, el médico le dio a mi marido, que me había acompañado a la consulta, instrucciones estrictas sobre mis cuidados. Mi marido las siguió al pie de la letra. Cada cuatro horas, desde la mañana hasta la medianoche, aparecía junto a mi cama y me atiborraba de barbitúricos y helado de vainilla. Al final, tuve que pedirle que se detuviera, si no quería provocar una tragedia como la de Marilyn Monroe.

Con ese recuerdo en mente, retrocedí un paso mental y le concedí un minuto para hacer la “transición” – y de paso terminar lo que estuviera haciendo en el baño.

Algo como esto:

Me dejé caer en la cama y finalmente dije: “¡Hey!, me he hecho daño y necesito un poco de consuelo”. En ese momento captó la onda – fue rápidamente a por bolsas de hielo, se sentó conmigo en la cama, me acarició la cabeza, y me besó la muñeca golpeada, diciendo: “Pobrecita…”.

Fue un resultado mucho mejor del que ambos habríamos experimentado hace años, a saber:

  • Yo reacciono con ira y dolor a su suspiro de molestia, le acuso de ser el hombre más egoísta que he conocido y salgo furiosa de la habitación, con unas sensaciones horribles sobre mi matrimonio y planeando fugarme.
  • Él reacciona refugiándose en los confines seguros de la elaboración de bases de datos en su ordenador, sintiéndose molesto consigo mismo por haber vuelto a meter la pata, estupefacto porque sus intenciones se trasladen tan mal a sus actos y pensando “¿pero qué diablos le pasa?”

¿Puede ayudar esta estrategia en tu relación? Dar un paso atrás y permitir que tu pareja con TDAH, ahora embarcada en estrategias de tratamiento, tenga un momento de transición, ¿ayudará a curar patrones contraproducentes anteriores? Construir nuevos patrones ¿te permitirá dejar a un lado los viejos?

No puedo prometerlo. Pero puede valer la pena probar.

Posdata: Esta mañana fui al garaje a meter la ropa en la lavadora. ¿Qué encontré? Un camino absolutamente amplio y despejado, libre de la bicicleta, el humidificador y otros trastos y desechos. ¡Gracias, Dr. Chivo!

¡Esperamos que nuestra historia os ayude!

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Una respuesta a Romper viejos patrones del matrimonio, tras casi romperme la muñeca

  1. Elena Salazar dijo:

    Excelente historia, personalmente opto por decirle en lo q debe ayudarme y ya sabe q puede hacer, aunq a veces sienta q es como mi hijo pero logro q me ayude en casa y eso ya es bastante

    Me gusta

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