Necesitas una buena formación, no una formación convencional

Rick Green

Escrito por Rick Green

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Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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“Tienes que estudiar una carrera para conseguir un buen trabajo”. Me lo decían mis padres. Me lo decía el sistema escolar. Y parecía confirmarlo lo que yo veía del mundo real desde mi escuela secundaria.

Un título universitario te trae riqueza, felicidad, oportunidades y éxito. No tenerlo te condena a trabajos de poca categoría, desagradables y serviles. Era algo evidente.

Naturalmente, yo estaba desesperado por encontrar un buen trabajo. En algún campo interesante y emocionante. Pero no tenía ni idea de cuál podía ser. Luchando contra un TDAH sin diagnosticar, yo sentía que era ‘diferente’. Extraño. Miraba las carreras más comunes y me daba la impresión de que todas eran igualmente espantosas.

Una prueba de orientación profesional en décimo curso[1] aumentó mis temores. Yo tenía la esperanza de que arrojara una lista con mis ‘5 Empleos Favoritos’: mago, comediante, especialista de cine, fabricante de maquetas de tren o gigoló.

O, mejor aún, como yo tenía TDAH, ¡los cinco! ¡Hurra! ¡Multitarea!

La verdad es que no quería crecer

Por desgracia, ninguno de mis cinco empleos favoritos estaba en la lista que contenía la tarjeta perforada que escupió el ordenador. La única profesión que puedo recordar de las recomendadas era… ejem… ‘peletero’.

¿Peletero? Yo pensaba que “peletero” quería decir peludo. “Mi perro es más peletero que el tuyo”.

Cuando el orientador explicó lo que hace un peletero, me sentí mortificado. ¿Desollar animales, coser las pieles para hacer ropa, tratar con clientes ricos? ¿De verdad? ¿Cómo diablos había llegado aquella máquina a semejante conclusión? La prueba de orientación profesional, que estaba destinada a abrir mi mente a un abanico de opciones para mi vida, me dejó temeroso de la edad adulta (una sensación que nunca ha desaparecido del todo).

Con el corazón encogido, imaginé que tendría que soportar cuarenta años de aburrimiento, trabajando como un esclavo hasta poder jubilarme y disfrutar de la vida. A menos de que consiguiera un título universitario.

¿Qué clase de título? No tenía ni idea de lo que quería ser. Pero sí una idea clara de lo que no quería. Para empezar, peletero.

Cuando mis parientes me preguntaban, con buena voluntad, “¿Qué quieres ser de mayor?”, yo me encogía de hombros. Porque ellos daban por supuesto que yo quería ser mayor.

Una posibilidad entre un millón

Cuando comencé en la universidad, aún no tenía ni idea de lo que quería hacer.

Empecé a estudiar Físicas porque era la asignatura que me parecía más interesante en bachillerato. Tuve un gran maestro. Sacaba buenas notas. Es cierto que no tan buenas como en Arte, ni como en aquel curso de televisión que hice en 12º curso[2]. Pero eso eran sólo diversiones, ¿no? La simple idea de poder dedicarme a la televisión o a la creación artística… parecía una posibilidad entre un millón. Tan probable como que me pagaran por hacer maquetas de ferrocarril (lo gracioso, es que, hace unos años, trabajé seis meses a jornada completa en la construcción de una enorme maqueta de ferrocarril. La semana pasada vi un anuncio: Lego está contratando gente para hacer construcciones, sí, con Lego ¡Es un trabajo a jornada completa! ¡Ah, y hace unos años, un amigo de mi hijo trabajó a jornada completa probando videojuegos! Pero me estoy yendo por las ramas).

Así que, en mi segundo año de universidad, sufrí una depresión. Había llegado a temer a la universidad tanto como antes había temido al instituto. Perdido, con miedo de decírselo a mi familia, fui a la Secretaría de la Universidad, conseguí el asesoramiento que tanto necesitaba y opté por una carrera media de tres años, en vez de una superior de cuatro. ¡Sería libre un año antes! Y acepté que eso me condenaría a una vida mediocre, con un sueldo mediocre.

Estaba equivocado, al menos en parte. Mi vida nunca ha sido mediocre.

“Tengo suerte de tener un trabajo”

Como les pasa a muchas personas con TDAH, mi sueldo nunca reflejó mi verdadera valía, porque daba por supuesto que lo que yo hacía era fácil y que en cualquier momento podrían reemplazarme por otro guionista de comedias. “Tengo suerte de tener trabajo”. Una creencia común entre gente con TDAH que posee talentos poco comunes.

Cuando me gradué en la universidad, todavía no tenía idea de lo que iba a hacer con mi vida. Pero tenía un gran trabajo, haciendo estrafalarias exhibiciones públicas con rayos láser, criogenia y productos químicos inflamables en un Centro Científico. Era perfecto para mí. Pero nunca me pareció una carrera profesional.

De hecho, he acabado por rechazar el término “carrera profesional”. Para mí y para muchos compañeros, nuestro historial laboral no es una “carrera”. Es más bien como un juego de rayuela, en el que saltas de un trabajo interesante a otro, a menudo con escasos puntos en común.

“Eso parece interesante”.

Una Revolución en Expansión

A pesar de mi peculiar recorrido hacia el éxito, me encontré a mí mismo repitiendo la misma “verdad” de mis padres a mis hijos, “Necesitáis una buena formación para conseguir un buen trabajo. Eso significa ir a la universidad”.

Hoy, mis hijos son adultos… y he comprobado que esa “verdad” es errónea. O medio errónea. Sí, se necesita una buena formación para conseguir un buen trabajo. Pero no, eso no significa que la única vía hacia el trabajo de tus sueños vaya directamente del bachillerato a la universidad.

Lo puedo ver al hablar con mis familiares, compañeros y amigos.

La idea de que ir directamente a la universidad puede no ser el único camino para todos sigue apareciendo en periódicos y revistas. El año pasado, la revista de negocios más importante del mundo, “The Economist”, titulaba en su portada: “Todo el mundo va a la universidad: ¿merece la pena?”

Cuando estábamos realizando nuestro video “Conseguir un título teniendo TDAH” pude ver mi propia trayectoria con más claridad. En el vídeo, una docena de expertos tratan sobre diversas estrategias y adaptaciones que pueden marcar una gran diferencia para los estudiantes en esta situación. Sea cual sea su edad. Como se puede ver, la mayoría de las universidades hace todo lo posible por ayudar a los estudiantes con TDAH, porque cuando tenemos los apoyos y las herramientas adecuadas, podemos llegar muy arriba.

Pero en el video, varios expertos sugieren algo… digamos, revolucionario.

Pasar del bachillerato a la universidad está bien para algunos, pero no para muchos. Especialmente para quienes tienen TDAH. Recordemos que es un trastorno del desarrollo neurológico. Vamos por detrás de nuestros compañeros en habilidades de autogestión cruciales. A menudo vamos socialmente retrasados (cuando yo estaba terminando el bachillerato, mis mejores amigos estaban tres cursos más abajo).

¿Qué prisa hay? Como padres, de cara a los estudiantes, hay una sensación de urgencia. El mundo está cambiando. Tienes que estar ahí. ¡Ahora mismo! ¡Te lo vas a perder!

Me gustaría haber esperado. Haber meditado. Y tal vez haber hecho lo que muchos niños con TDAH. Es lo que hicieron mis hijos. Uno cursó un año extra en la escuela secundaria. Y luego hizo unas prácticas remuneradas durante 16 meses entre tercer y cuarto curso. Otro dejó el instituto, se puso a trabajar, regresó a terminar el bachillerato y entonces fue a la universidad.

¡Ni Bill Gates ni Steven Jobs consiguieron nunca un título!

Otra opción, tal vez, es asistir sólo el tiempo necesario para conseguir los conocimientos que necesitas. Sí, algunas personas con mucho éxito dejaron los estudios y se hicieron multimillonarias. El caso de Steven Jobs es especialmente interesante. Asistía a las asignaturas que le interesaban. Aunque no estuviera matriculado en ellas. Siguiendo lo que le dictaba la curiosidad natural.

El problema con los casos de multimillonarios “desertores” es que pasan por alto a los millones de personas que abandonaron los estudios y terminaron teniendo empleos mal remunerados y muy por debajo de sus capacidades. El término es “subempleados”. Y es un gran problema para quienes tienen TDAH. No es extraño que a menudo haya una fuerte sensación de “bajo rendimiento”. Y de “siempre he sabido que yo era capaz de más”.

Otra opción que ha funcionado para algunos chavales con TDAH que conozco es estar un par de años después del bachillerato trabajando en varias áreas diferentes para ver qué te gusta hacer, y entonces conseguir la formación que necesitas. Trabajan para una Empresa de Trabajo Temporal. O en prácticas. Como aprendices. Siguiendo cursos online. Como voluntarios. Consiguiendo créditos adicionales de bachillerato a tiempo parcial, para así tener más opciones.

Esto no es sólo una idea extraordinaria, es algo que ya está sucediendo. Cada vez más. Una revolución en expansión. Mis dos hijos siguieron caminos infrecuentes para conseguir sus títulos. Reconozco que, en aquel momento, yo estaba preocupado. Pero, a día de hoy, ambos tienen un trabajo que les gusta. Lo mejor de todo, destacan en lo que hacen. Porque, bueno, tienen un trabajo que les gusta.

¿Es la universidad el camino adecuado para las personas con TDAH? Es una pregunta oportuna.

Estoy muy a favor de la formación. De la buena formación. Y por buena formación entiendo la correcta, la apropiada para el trabajo que quieres. Sí, si quieres ser médico tendrás que pasar 6 o 7 años estudiando para conseguir el título. Y debe ser así. Estoy de acuerdo. Mi hijo tiene un grado en Ingeniería Física. Como Medicina, una Ingeniería es un título profesional, conseguida con esfuerzo (esta es la razón por la que la mayoría de los edificios y puentes no se hunden).

Así que, para muchas carreras, es fantástico un plan de estudios tradicional, lineal, acreditado y estructurado. Pero eso no significa que tengas que conseguir ese título de la misma forma lineal.

El riesgo es grande. Los costes, enormes

He visto una gran cantidad de jóvenes conseguir títulos que no les dan las habilidades necesarias para el trabajo que querían. O para ningún trabajo.

Como yo, muchas personas con TDAH eligen carrera universitaria basándose en la asignatura que les gustaba en bachillerato. Lo cual se debe a menudo a que tenían un gran profesor en esa asignatura.

Me parece que la mayoría de la gente dedica más reflexión y búsqueda a elegir su nueva casa que la carrera que quiere estudiar. Lanzamos a los chavales directamente de la escuela secundaria a la Universidad, sin ninguna experiencia sobre el trabajo de verdad ni sobre las empresas de verdad.

Es todo teórico. Lo que han leído o visto en la televisión acerca de la carrera.

Sí, en ‘Ley y orden’ despachan un juicio por asesinato en una hora. En la vida real, los casos penales se prolongan durante años. Y la mayoría de los abogados penalistas tienen docenas de casos trabajando y siguiendo… de los que pocos llegan a juicio.

Pedir a un estudiante de 16 años que decida lo que va a hacer para ganarse la vida y comprometer decenas de miles de dólares y muchos años de estudio, es… bueno, es como pedir a un joven que compre una casa basándose únicamente en la lectura de una docena de anuncios de inmobiliarias. Todavía no estoy seguro de lo que haré para ganarme la vida dentro de cinco años. Pero sé que será algo interesante.

Con los cambios de ritmo en el mundo, existe un peligro real de que los estudiantes gasten tiempo y dinero en obtener un título para una profesión que ya no existe.

O peor aún, de que trabajen como peleteros. ¡Puede pasar!

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[1] Equivale a 4º ESO (N. de la T.)

[2] Equivale a 2º Bachillerato (N. de la T.)

 

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