TDAH y fin de curso: gracias a los buenos profesores

Escrito por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Ilustraciones: Ángel Remírez de Ganuza

 

Para mi familia, como para cualquiera que convive con el TDAH, el curso escolar es un período tenso y lleno de altibajos, de esperanzas y de frustraciones. Cuando parece que las cosas por fin marchan bien, todo se descalabra de repente.

Para mí, cada curso es un paso adelante más. Con algunas alegrías y unas cuantas decepciones. Con habilidades que voy mejorando y problemas que aún no consigo solucionar.

Con todo, el final de curso es siempre un alivio. Puede que las cosas hayan salido bien,  o puede que no. Pero ha llegado, por fin, el momento de descansar.

También es el momento de repasar lo que ha sido el curso. Y de reconocer a los buenos profesores.

A profesoras como vosotras, para quienes cada uno de los veinticinco alumnos de la clase es una persona importante, un proyecto que desarrollar.

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Que, cuando supisteis de mi TDAH, os esforzasteis por aprender qué era eso y cómo podíais ayudarme a manejarlo. Que incluso hablasteis con mi médico y con las demás personas que trabajan conmigo.

Que siempre habéis tenido claro que yo tengo un problema, no soy un problema. Que mi TDAH es como la miopía de otros, y que no sólo se trata de “esforzarme más”, sino de lo que puedo y de lo que no puedo hacer, y de cómo puedo hacerlo.

Es el momento de daros las gracias.

Gracias, Blanca, por aquel concurso que organizaste al empezar el curso, para que los más tímidos nos integráramos en el nuevo grupo. Por colocarme junto a Pablo, ese chaval tan tranquilo y tan buen compañero. Hacer los trabajos con él ha sido mucho más fácil para mí.

Gracias por darte cuenta de que necesito moverme, y aprovechar cualquier excusa para hacer que me levantara o saliera de la clase. Gracias por ese suave toque en el hombro con el que me traías de regreso a la Tierra sin ponerme en evidencia.

Gracias por ese minuto, al final de la clase, en el que te asegurabas de que no me olvidaba de la agenda. Por esos apuntes tan claros con los que, de un vistazo, tengo toda la lección en la cabeza.

Gracias por entender que me resulta difícil redactar y que soy incapaz de hacer quince multiplicaciones seguidas bien, pero que me sé la materia y que sé multiplicar.

Gracias por comprender mis rabietas y reaccionar con serenidad. Porque, al verme en el patio sola y enfadada, venías a bromear un poco y llevarme junto a mis compañeras.

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Gracias, José Alberto, por darte cuenta de que puedo ser más lenta que otros en aprender ciertas cosas, pero acabaré consiguiéndolo. Porque viste en aquel rayo de sol el anuncio de un cielo despejado. Porque, cuando suspendí cuatro asignaturas más que la evaluación anterior, me tranquilizaste y me animaste. Porque sabes que mis pinchazos son inevitables, pero que volveré a recuperarme.

Gracias por llamar a mis padres cuando ves problemas, no para buscar culpables, sino para encontrar soluciones juntos y compartir también lo positivo. Sobre todo para mi madre, hablar contigo siempre resulta tranquilizador.

Gracias, Mónica, por hacerme exámenes cortos y separados. Por revisarlos conmigo antes de que los entregue y hacerme corregir los pequeños despistes.

Gracias, Jesús, porque siempre has dejado claro que el esfuerzo era cosa mía, pero has hecho todo lo posible para que ese esfuerzo diera sus frutos; recuerdo cuando llegaste a inventarte una recuperación de la recuperación, hasta que conseguí aprobar aquel examen.

Gracias por asumir que jamás podré ser capaz de entregar un trabajo bien presentado y no dar tanta importancia a los detalles. Gracias por no penalizarme por mi mala letra, sabiendo que no puedo hacerla mejor.

Trasladad mi agradecimiento al orientador, que lleva tanto tiempo predicando en el desierto, pero sigue haciéndolo con infinita paciencia y perseverancia. Y a la directora, por ser consciente de que la calidad de un colegio no se mide por los resultados de sus alumnos más brillantes, sino por cómo ayuda a quienes tienen más dificultades.

Por último y sobre todo, quiero daros las gracias por tomaros mis éxitos y mis fracasos como un reto personal; Andrés, aún conservo aquel email que me enviaste la víspera de un examen. Habéis sido para mí como esos entrenadores que saltan de júbilo cuando un jugador marca un gol y le dan un abrazo de ánimo cuando las cosas no han salido bien.

A los otros profesores; a quienes cargáis sobre mí toda la culpa de los suspensos; a quienes consideráis los síntomas de TDAH como pruebas de mala voluntad; a quienes sólo explicáis una mala nota diciendo que “presto poca atención en clase” o que “puedo esforzarme más”; a quienes utilizáis mis pequeños aciertos, no para estimularme, sino para restregarme mis errores; a quienes no tenéis más criterio que los decimales para decidir si he conseguido o no mis objetivos; a quienes me auguráis el fracaso en la vida, sólo os pido una cosa: aprended a hacer bien vuestro trabajo.

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2 respuestas a TDAH y fin de curso: gracias a los buenos profesores

  1. Maria dijo:

    Nuestra hija ,por desgracia ,se ha encontrado con los profesores que cuestionan el informe médico , que ponen zancadillas…pero vamos a luchar por sus derechos.

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  2. Marisa Conejero dijo:

    Gracias ase colegio con profesores estupendos Dumboa en Irun que han tenido paciencia on mi nieto

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