La fuerza del elogio: paternidad adecuada para el TDAH

Tu hijo con TDAH puede desarrollar confianza y tener éxito si, como padres, destacáis más sus virtudes que sus defectos.

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Escrito por Arlene Schusteff
Traducido y adaptado por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADDitude

Si tenéis un hijo con Trastorno de Déficit de Atención (TDAH), es probable que paséis mucho tiempo señalándole sus puntos débiles –y buscando la manera de reforzarlos. No es malo tratar de corregir la impulsividad, la desorganización o la falta de concentración de tu hijo. De hecho, para los padres es importante hacerlo. Pero centraros demasiado en las limitaciones de tu hijo puede afectar a su autoestima.

Los niños a quienes continuamente se les llama vagos (o cosas peores) pueden llegar a desanimarse hasta el punto de no intentar hacer aquellas cosas que se les dan bien y les gustan –o ni siquiera darse cuenta de cuáles son. Como todo el mundo, los niños y niñas con TDAH tienen sus virtudes y sus aficiones. Pero les costará averiguar cuáles son si sus padres y profesores están siempre castigándoles y reprendiéndoles.

No se trata, según los expertos, de evitar criticar a tu hija, sino de compensar vuestras observaciones negativas con ánimos y elogios por lo que haga bien. “Las personas con TDAH mejoran sus posibilidades de éxito cuando se centran en sus talentos naturales –aquello en lo que habitualmente conseguir buenos resultados– y desarrollan un plan para hacer esos talentos aún más fuertes”, dice David Giwerc, entrenador de TDAH (y persona con TDAH) de Slingerlands, Nueva York. “No conozco a nadie que haya salido adelante tratando de eliminar sus debilidades. Pero tengo un montón de clientes, amigos, familiares y colegas que han madurado y salido adelante insistiendo en sus puntos fuertes”.

Lograr un equilibrio

Concéntrate en tus defectos: ése es el mensaje que Steve M. recibía mientras crecía con TDAH, en los años 1960. “Desde mi primer día de clase, me hicieron ver con claridad todas las cosas que no podía hacer”, dice. “No podía leer bien. No podía prestar atención. No podía quedarme quieto. Era muy impulsivo, y a veces agresivo. Mis maestros, e incluso mis amigos y familiares, pensaban que era un vago. Todo lo que los demás sabían sobre mí era lo que no sabía hacer”.

Después del bachillerato, Steve se matriculó en un módulo de Formación Profesional, pero fue pasando de un área a otra y terminó abandonando antes de obtener ningún título. Sus padres trataban de ayudarle a encontrar su camino. Pero en el fondo, dice, les veía decepcionados por su fracaso. Tras una serie de trabajos diversos, terminó confundido y furioso. “No podía conservar mi empleo porque me despistaba de las tareas con demasiada facilidad. Cometía errores tontos por no prestar atención a los detalles”.

Steve consultó a un psiquiatra, quien le diagnosticó de TDAH y le prescribió medicación. De repente, podía concentrarse. El médico le animó a evaluar sus intereses y fortalezas –y avanzar a partir de ahí. “Siempre me había gustado cocinar, pero nunca pensé que podría dedicarme a ello”, recuerda. Con ayuda de la terapia, reconoció que tenía una habilidad especial para idear recetas. Así que regresó al centro de Formación Profesional para estudiar Hostelería.

Ahora Steve y su esposa se ganan bien la vida como propietarios de una pizzería. “Me costó mucho tiempo identificar mis fortalezas”, dice. “Una vez lo hice, cambió la forma en que veía a mí mismo y me veían los demás. Sé que mis puntos fuertes están en el trato con la gente, no en los detalles del negocio. Me aseguro de disponer de buenos sistemas para que no se me olviden los detalles”. Ahora, Steve ayuda a su hijo de nueve años con TDAH a explorar diferentes campos de interés y encontrar sus propios talentos –y trata de evitarle los problemas con los que él tuvo que luchar.

Los padres como detectives

Una cosa es decir que las personas con TDAH deben centrarse en sus fortalezas y otra llevar a la práctica ese consejo. ¿Cómo pueden decir los padres lo que se le da bien a su hijo? Giwerc anima a los padres a ser detectives –prestar mucha atención a lo que el niño disfruta haciendo y le sale bien, y a todas las circunstancias que contribuyen a su éxito y felicidad.

“Tratad de determinar qué es lo que vuestros hijos parecen inclinados naturalmente a hacer y a qué sacan provecho. No es que anime a los padres a ignorar las debilidades del niño”, explica Giwerc. “Pero si vuestra hija llega a casa con las notas y son todo Sobresalientes y un Muy Deficiente, ¿en qué os vais a fijar? Probablemente, en el Muy Deficiente. Si es así, el mensaje que enviáis es que es más importante lo que se ha hecho mal que lo que ya se ha hecho bien”.

Algunos expertos dicen que este proceso de “descubrimiento” debe comenzar incluso antes de que el niño empiece a mostrar preferencias o habilidades especiales. “El primer paso es creer de verdad que vuestro hijo tiene fortalezas, que el éxito es posible, a pesar de –o a causa de– su TDAH”, dice Catherine Corman, de Brookline, Massachusetts, coautora de “Positively ADD” (“El TDAH en positivo”) y madre de unos trillizos adolescentes con TDAH. Ella dice que es de vital importancia que los padres presten atención a las cosas que interesan a sus hijos.

“Hablad con vuestra hija y averiguad lo que realmente le gusta hacer, incluso si no parece tener nada que ver con vuestra idea de éxito. Si a los niños con TDAH no se les enseña a concentrarse en sus fortalezas, será mucho más difícil de que sientan el éxito. “El libro de Corman narra la vida de personas con TDAH que encontraron el éxito en trabajos que van desde administrador de un instituto de bachillerato a asesor político. Según ella, lo único que todas estas personas tenían en común era que “sentían que se les permitía seguir sus puntos fuertes”.

Cómo dirigen las fortalezas una carrera

En algunos casos, los profesores serán los primeros en reconocer sus fortalezas. Eso ocurrió con Giwerc, cuya infancia estuvo marcada por una hiperactividad tan grave que rompía sillas sistemáticamente. La misma profesora de Tercero que le había expulsado de la escuela por su incapacidad para permanecer sentado, fue también la primera en darse cuenta de que era un atleta nato.

Él explotó esta habilidad, jugando al baloncesto en la universidad (donde se graduó cum laude) y consiguiendo un cinturón negro de karate con 40 años. Una década más tarde, sus ejercicios regulares (que suele practicar con música Motown) le ayudan a mantenerse centrado para dirigir su empresa de coaching. A menudo dirige reuniones corriendo sobre una cinta. Robert Tudisco es otra persona con TDAH cuyos puntos fuertes tardaron algún tiempo en aflorar. De pequeño, él sabía que era inteligente, pero nadie parecía darse cuenta. “Había más cosas en mi cabeza de las que los demás podían creer”, dice.

La comunicación escrita le resultaba especialmente problemática. Una vez, recuerda, una profesora llamó a sus padres para decirles que Robert a duras penas podía poner una frase por escrito. Y cuando conseguía escribir algo, resultaba ilegible. Por suerte, los profesores de Tudisco también advirtieron su talento para hablar en público. “Se pone de pie en clase y ya está”, recuerda que uno les dijo a sus padres.

Saber que era un buen orador le ayudó a decidirse a estudiar Derecho –algo que, según él, es “perfecto para una persona con TDAH”. Al salir de la facultad, trabajó en la oficina del fiscal de distrito. Le encantó, pero no le sorprendió, descubrir que su capacidad oratoria le hacía temible en la sala del tribunal. “Durante un juicio, las cosas pueden cambiar de repente”, dice. “Hay que reaccionar con rapidez. Yo era bueno en la sala. Era una estrella”.

Sus dificultades para llevar los trámites relacionados con sus casos apenas se notaban, porque la oficina del fiscal solía ser un caos. Años más tarde, sin embargo, cuando abrió su propio bufete en White Plains, Nueva York, esta debilidad se hizo dolorosamente patente. “De repente, yo era quien tenía que dirigir la oficina, llevar la cuenta del tiempo y organizarme”, dice. “Fue una pesadilla”.

Con el tiempo, encontró la manera de “sortear sus debilidades” y tener éxito en su despacho. Los medicamentos estimulantes le ayudan a mantenerse al día con el papeleo (aunque suele renunciar a la medicación durante los juicios, porque se siente más agudo sin ella). El teclado portátil le permite anotar sus ideas sin lápiz ni papel. Como Giwerc, Tudisco se dio cuenta de que es un procesador kinestésico. Como él mismo dice, “tengo que moverme para pensar.” A sus 42 años, Tudisco corre 20 millas cada semana –y hasta 60 cuando se entrena para correr una maratón, lo que lo hace al menos una vez al año.

Redefinir las diferencias

Ray Reinertsen, un profesor universitario que vive cerca de Duluth, Minnesota, dedicó años a un vano intento de corregir sus debilidades relacionadas con el TDAH: desorganización crónica e incapacidad para terminar las tareas. Hacía listas interminables (que a menudo olvidaba dónde había dejado) y configuraba sistemas de recompensa. (“Si termino esto, voy a recompensarme con aquello”).

Nada funcionaba. Le preocupaba constantemente el desorden de su despacho. Hace un par de años, un profesor especializado en ADHD le animó a dejar de lamentar sus puntos débiles y centrarse en sus altos niveles de energía y su empatía. Dejó de preocuparse por su despacho. Se dio cuenta de que estaba desordenado porque él tenía suficiente energía para tener en marcha varios proyectos a la vez. Y al “permitirse” pensar en las necesidades de sus alumnos, se convirtió en un profesor más dinámico e innovador.

“Soy consciente de que mis alumnos tienen diferentes formas de aprender”, dice. “Así que utilizo diferentes métodos para enseñar –visuales, auditivos, con ejercicios escritos…”. Sin esa empatía, dice, no sería tan eficaz.

Al igual que Steve M., Reinertsen piensa a menudo en cómo puede ayudar a su hijo con TDAH a reconocer y aprovechar al máximo sus capacidades. “Tenemos un niño al que han llamado vago y tonto”, dice. “Pero que tiene algunas habilidades reales”, como una capacidad atlética innata y una habilidad poco común para las matemáticas y la informática.

Pensamiento no convencional

Para muchas personas con TDAH, entre ellas David Neeleman, fundador y director ejecutivo de JetBlue Airways, la clave del éxito está simplemente en no ser convencional. Neeleman dice que su capacidad de “ver las cosas de otra manera” le llevó a desarrollar el sistema de billete electrónico que ahora utiliza toda la aviación comercial (y por el que es famoso). “Nadie había pensado en viajar sin billete”, dice. “Pero para mí, era algo obvio”.

El éxito le llegó tarde a Neeleman, en parte porque su TDA no fue diagnosticado hasta después de los treinta años. “Lo pasé mal en la escuela”, dice. “No podía estudiar ni deletrear, lo que tuvo un gran impacto en mi autoestima.” Pero darse cuenta de que piensa visualmente “me ayudó a entender cómo podría aprender mejor y, en el fondo, tener éxito.”

En última instancia, es responsabilidad de los padres ayudar a sus hijos a aprovechar al máximo sus capacidades –“fortalecer sus puntos fuertes”, como dice Giwerc. Según Tudisco, “No tengas miedo de intentar muchas cosas. Analiza lo que funciona y lo que no, y sé consciente de que las fortalezas pueden cambiar con el tiempo”.

 

 

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