TDAH y TND. Cómo educar a un hijo desafiante. Segunda parte.

Escrito por Royce Flippin
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADDitude

Conseguir la paz

El terapeuta ha de tratar de detectar o descartar ansiedad, depresión o trastorno bipolar en tu hijo. Cada uno de estos trastornos pueden causar un comportamiento oposicionista, y cada uno requiere su propio tratamiento. También puede recomendar una terapia cognitiva que ayude a tu hijo a afrontar de forma más eficaz las situaciones difíciles.

El palo y la zanahoria

En la mayoría de casos, sin embargo, el tratamiento de elección para el TND es el entrenamiento conductual de los padres. Un terapeuta familiar enseña a los padres a cambiar la forma de reaccionar a la conducta de su hijo –tanto la buena como la mala. Cada semana, los padres practican lo que han aprendido y, en la siguiente sesión, informan al terapeuta sobre sus progresos.

“Básicamente, el entrenamiento de los padres se basa en el palo y la zanahoria”, dice Brady. “En el lado de la zanahoria, se trabaja en dar a su hijo elogios y recompensas por cooperar. En el lado del palo, se establecen consecuencias claras para la mala conducta, por lo general tiempos de espera o retirada de recompensas.”

El entrenamiento conductual de los padres suele ser muy eficaz; el comportamiento del niño mejora notablemente en cuatro de cada cinco casos. Los padres que han seguido el programa de entrenamiento suelen reconocer que ha mejorado su relación de pareja, así como la conducta de sus otros hijos.

Algunos padres se resisten a pensar que son ellos quienes necesitan entrenamiento, pero “tienen que aprender a no entrar al trapo con el niño, a no bajar al nivel de la disputa”, dice Silver. A menudo, los propios padres alimentan el problema, al aplicar unas normas excesivamente severas o poco coherentes. En su lugar, deben reafirmar su autoridad estableciendo premios y castigos claros y aplicándolos de una manera coherente y desapasionada.”

“La regla más importante es que los padres no debéis tomaros el comportamiento oposicionista como algo personal”, dice Riley. “Manteneos tranquilos y amables siempre que actuáis. Los niños con TOD tienen un radar para la hostilidad de los adultos. Si capta tu ira, responderá con la suya.”

Riley recomienda la norma de las “dos oportunidades”: “La primera vez que pides a tu hijo que haga algo, dale dos minutos. Si no obedece, dile tranquilamente: “Te estoy pidiendo por segunda vez que recojas tu abrigo. ¿Entiendes lo que te pido y cuáles son las consecuencias, si no lo haces? Por favor, piénsalo.” Si tienes que pedírselo por tercera vez, aplica la consecuencia preestablecida: apagar el televisor durante una hora, o quitarle el videojuego”.

Los opuestos positivos

No es que recompensar el buen comportamiento o castigar la mala conducta sea un concepto revolucionario pero, con los niños oposicionistas, es más fácil decirlo que hacerlo. Los padres deben controlar el impulso de gritarle o pegarle. Al mismo tiempo, deben aprender a sustituir los castigos por consecuencias, como tiempo de espera o la pérdida de privilegios.

Muchos padres de niños oposicionistas están tan centrados en su mal comportamiento que dejan de reforzar la conducta positiva. Sin embargo, el refuerzo positivo es la esencia del entrenamiento conductual de los padres.

“Invariablemente, los padres acuden al tratamiento pensando en suprimir, eliminar o reducir las conductas problemáticas”, escribe Alan E. Kazdin, Director del Centro de Estudios Infantiles de la Universidad de Yale, en su manual para terapeutas “Parent Management Training(en inglés). Pero, según él, el entrenamiento de los padres ha de incidir en el concepto de “los opuestos positivos”. “Por ejemplo, preguntamos a los padres qué hacer para que su hijo deje de gritar, golpear la puerta, o destrozar objetos. La respuesta está en reforzarle cuando habla en voz baja, cierra la puerta con suavidad y trata las cosas con cuidado”.

Para Kazdin, conseguir que los padres aprendan a elogiar el buen comportamiento es uno de los retos más difíciles para los terapeutas. Los padres a menudo “son reacios a elogiar un comportamiento o, en general, a aplicar refuerzos, porque creen que el buen comportamiento no debería necesitar de ninguna intervención. ‘Mi hijo sabe limpiar su habitación, lo que ocurre es que no quiere’ suele ser un comentario típico de los padres”.

El entusiasmo es importante

Cuando los padres elogiáis, debéis hacerlo con entusiasmo. “Decir ‘Bien’, a secas, es poco probable que cambie la conducta del niño”, dice Kazdin. La alabanza debe especificar el comportamiento que la causa y, a ser posible, incluir algún gesto. Por ejemplo, puedes decir: “¡Es fantástico lo bien que has jugado en silencio mientras yo hablaba por teléfono!” y darle un beso.

Los premios y castigos más apropiados varían de un niño a otro. Cuanto más creativa sea la adaptación del programa a las capacidades y necesidades específicas de vuestro hijo, mejor. Pero como escribe Russell Barkley, profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Carolina del Sur, en “Hijos desafiantes y rebeldes”, “Es cierto que la imaginación es importante para educar a un hijo, pero no puede compararse con la coherencia. La coherencia en la forma de tratarle –cómo establecéis normas, transmitís lo que esperáis, le prestáis atención, fomentáis su buen comportamiento e imponéis consecuencias por el malo- es la clave para mejorar su forma de actuar”.

Nunca perdáis de vista que los niños oposicionistas tienen mucho que ofrecer, una vez su comportamiento está controlado. “Los niños oposicionistas son también, a menudo, encantadores y brillantes” dice Riley. “Suelen ser optimistas y tener una marcada personalidad, con su propia manera de ver el mundo. Una vez superado su negativismo, hay mucho que disfrutar. ”

 Lecturas recomendadas

Nino insoportable - Greene Hijos desafiantes y rebeldes - Barkley             BARKLEY - Adolescentes rebeldes

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  1. Caro Martinez dijo:

    Super interesante

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