Mujeres con TDAH: cómo vencer a la depresión

No es fácil derrotar a la depresión, sobre todo tras años de interiorizar el estigma del Déficit de Atención. La autora de este artículo está luchando. Y venciendo.

Yagoda1

Escrito por Maria Yagoda
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADDitude

Siendo una mujer con TDAH y depresión, nunca estoy segura de cuáles de mis frustrantes comportamientos se deben al TDAH, cuáles a la depresión y cuáles a la combinación de ambos.

Miremos mi cama. Llevo un mes sin hacerla y dos sin cambiar las sábanas. Puede que esto diga algo sobre mi higiene personal, pero dice aún más sobre mi estado mental. Cuando veo mi cama a través de la lente del TDAH, pienso: “OK, estoy dispersa. Me cuesta estar al día con las tareas básicas. Cada vez que lo intento, me distraigo.” Pero mi depresión también explica mi incapacidad para echar las sábanas a lavar: “No me siento bien. No me quiero levantar de la cama. Voy a comerme una pizza.”

Fui diagnosticada de TDAH a los 21 años, relativamente tarde si pensamos que la mayoría de los diagnósticos se hacen en la infancia, cuando los síntomas empiezan a aparecer. Me diagnosticaron tarde porque muchos de los síntomas del TDAH se superponían con los de la depresión, con la que llevaba muchos años luchando. Tenía problemas para concentrarme, dormir, organizarme o llevar a cabo tareas simples y rutinarias, como hacer la cama. Durante mucho tiempo fui tratada con antidepresivos y terapia. Sin embargo, faltaba una pieza del rompecabezas. Hasta que se descubrió mi TDAH, mi tratamiento estaba incompleto, como suele sucederles a muchas chicas que no son diagnosticados hasta adultas.

MANEJAR DOS TRASTORNOS

El TDAH y la depresión se manifiestan de manera similar, lo que da lugar a frecuentes diagnósticos erróneos (o tardíos) para ambos trastornos. Ambas aparecen en los mismos sitios -se estima que la depresión es unas 2,7 veces más frecuente entre personas adultas con TDAH. Independientemente de si estás genéticamente predispuesto a la depresión, vivir con un TDAH no controlado puede conducir a un profundo sentimiento de fracaso, vergüenza y, en última instancia, depresión. Antes de ser diagnosticada de TDAH, mi ​​caos mental y mi incapacidad para concentrarme –con sus consecuencias de llaves perdidas, citas olvidadas y una habitación desastrosa- me producían bastante ansiedad. Estos síntomas, comunes en el TDAH, agravaron mi depresión, ya presente.

Estudios recientes muestran que el TDAH y la depresión pueden tener en común algo más que síntomas similares. Ambos trastornos se conectan a nivel del genoma. Un innovador estudio, publicado en la edición digital de “The Lancet”, muestra que cinco de los trastornos mentales más graves -autismo, depresión mayor, TDAH, trastorno bipolar y esquizofrenia – comparten similitudes genéticas. Los científicos han identificado cuatro lugares en los genes, la mayoría relacionados con la regulación del calcio en las células cerebrales, que aumentan el riesgo de padecer los cinco trastornos.

Los hallazgos se centran en unas pocas coincidencias genéticas, mientras que probablemente hay cientos de genes implicados en cada trastorno, además de las causas no genéticas. Pero este estudio es un paso en la buena dirección. La identificación de variantes genéticas comunes entre estos trastornos puede llevar a nuevos objetivos de prevención y tratamiento, o al menos ayudar a comprender mejor los factores de riesgo.

Mientras no entendamos la conexión entre el TDAH y la depresión, y cómo podemos tratar conjuntamente ambos, la tarea de manejar a la vez el TDAH y la depresión es abrumadora. Ambos trastornos nos privan de la voluntad, la energía y la organización necesarias para poder esforzarnos en mejorar.

Hay riesgos especialmente altos para las mujeres que padecen a la vez TDAH y depresión. Un estudio del “Journal of Consulting and Clinical Psychology” del año pasado mostraba que las mujeres diagnosticadas de TDAH en su juventud son más propensas a los intentos de suicidio o las autolesiones que quienes lo fueron en su infancia. Así, muchas mujeres que no son diagnosticadas hasta adultas –mantienen sus síntomas bajo control hasta que se producen cambios abrumadores y desorientadores en sus vidas, como la universidad o el embarazo– están expuestas a las graves consecuencias psicológicas de un diagnóstico tardío.

La conciencia resultó ser mi herramienta más poderosa. Una vez superado el obstáculo del diagnóstico de TDAH -¡por fin!- comprendí mejor a mi enemigo y pude idear un plan de ataque preciso contra la depresión y el TDAH, con ayuda de medicación, terapia y buenas dosis de automotivación positiva (esto último parecía ridículo al principio, pero me ayudó a distanciarme de mi TDAH).

AFRONTAR LA VERGÜENZA

Luchar contra la depresión no es fácil; tampoco lo es revertir años de interiorizar como defectos los síntomas de TDAH. Durante la mayor parte de mi vida, me he sentido tonta, perezosa e inútil, condenada a fracasar en la escuela y el trabajo desde antes de empezar. Muchas mujeres con TDAH son dominadas por la vergüenza cuando no pueden cumplir con lo que se espera de la mujer ideal: ser ordenada, responsable, atenta, puntual y sociable. Por otro lado, la mentalidad de que “los chicos siempre serán chicos” minimiza la vergüenza que experimentan los varones con TDAH. Si un niño no puede quedarse sentado durante la clase de Matemáticas, o no limpia habitualmente su habitación, se considera “lo normal en un chico”. La incapacidad de las niñas para cumplir con su estándar de género puede resultar demoledora, sobre todo si no hay un diagnóstico de TDAH que lo explique. De hecho, un estudio realizado en 2002 en el “Journal of Attention Disorders” llegó a la conclusión de que las chicas con TDAH interiorizan más que los chicos sus problemas con el trastorno.

En el bachillerato, perdía a menudo los deberes y los libros de texto, tenía problemas para seguir las clases y faltaba a las reuniones del club. Me importaba mucho el colegio y me culpaba a mí misma por mis errores y descuidos. Me sentía impotente y deprimida. Para afrontar mis profundos sentimientos de incapacidad, necesitaba plantar cara a esa voz interna negativa y distanciarme así de mi TDAH. Tenía que cambiar el título de mi relato, de “La ruina perpetua” a “La súper-inteligente dama que va a dejar de ser desorganizada y desordenada.”

¿Cómo funciona esto en la práctica? Pongamos que pierdo mis llaves, lo que es algo habitual. En lugar de pensar: “Soy idiota. ¡Parece mentira que haya vuelto a perder las llaves! ¿Qué es lo que pasa conmigo?”, soy más amable conmigo misma. Razono: “Está bien. Estas cosas pasan. Voy a pensar en algún sistema para no olvidarlas; quizá comprar un llavero más grande.”

La vergüenza y las ideas negativas nos tientan a recrearnos en ellas, pero enfrentarnos a esos sentimientos -lo cual requiere práctica, podéis creerme- funciona como un abrillantador instantáneo del estado de ánimo. Al igual que lo negativo se alimenta de lo negativo, lo positivo se alimenta de lo positivo. Debe convertirse en una costumbre.

Con una medicación dirigida a los fundamentos químicos de los síntomas del TDAH y la depresión crónica, el resto depende de mí. He descubierto que hacer ejercicio al aire libre, caminar o correr por el parque, reduce mi intranquilidad, dispara mis endorfinas y me da la perspectiva que tanto necesito. Llevar un diario también me ayuda a identificar los patrones del pensamiento negativo y a seguir motivada.

A pesar de que la guerra contra la depresión es más cruel a causa del TDAH, no hay por qué considerarla perdida.

MARIA YAGODA es una escritora independiente afincada en Brooklyn. Sus trabajos han sido publicados en theatlanticwire.com y en nytimes.com.

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6 respuestas a Mujeres con TDAH: cómo vencer a la depresión

  1. Susana dijo:

    Como madre de TDAH, me siento orgullosa de tí, María. Veo, gracias a tu enfoque, más luz al final de larguísimo tunel. Un abrazo.

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  3. Pamela dijo:

    yo no estoy segura de tenerlo por que nunca se me ha diagnosticado pero durante mas de 10 años me he sentido diferente que no encajo en ningun lugar y solo en mi mundo y en mis cosas, me cuesta demasiado superar la frustración, pierdo el interes en las cosas muy rapido, he tenido mas de 10 empleos y tengo 30 años, y los sintomas por olvido empeoran cada dia, ami hijo le acaban de mandar el neurologo por sintomas parecidos y yo pienso atenderme por que crecí con el estigma de que la gente deprimida esta loca o es floja o que mi malestar es solo cuestion de cambio de actitud, pero yo sigo sintiendome mal y aunque me cuesta quiero acercarme para colver al medicamento, que no quisiera tomar pero que cuando se agravan mis sintomas me resigno y creo que esa debe ser la unica opción para sentirme mejor, Gracias por leerme

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    • Marian dijo:

      Hola Pamela estoy exactamente en la misma situación que tu y siempre me he sentido muy sola, los empleos, lagente, hacer cosas. Al igual que tu no he sido diagnosticada y no puedo ir a un psicologo de pago porque no me duran los empleos. Que hiciste para solucionarlo.

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  4. Gena dijo:

    Llevo 15 años con depresión crónica y creo que 3 años con lo que probablemente sea TDAH. Lo de la falta de higiene, sentirse incapaz de hacer cualquier vida cotidiana normal es mi día a día: años en paro y me siento atada en casa sin buscar, inmóvil. Solo puedo leer artículos ( nada de libros), ni ver una serie, ni hacer deporte, como o ceno a horas raras, he dejado tres veces los mismos estudios, me parece imposible tener una pareja por el esfuerzo que conlleva, limpio la casa por encima una vez al mes como mucho…estoy asustada por la pérdida del dominio de mi vida y me despierto por la noche pensando que estoy muerta en vida. Me siento idiota y un completo caos.

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  5. raquel dijo:

    Afortunadamente creo que he contado con un buen caldo de cultivo en cuanto al diagnostico y control del TDAH.
    En mi caso, provenga de una familia con estudios superiores, un abuelo y una madre conscientes de su propio TDAH, que machacaron este tema en mí diagnosticandome ya a los 5 años.
    Estas cosas ayudan, y mucho, pero no solventan. Con 21 decidí acudir al psiquiatra por primera vez como adulta, debido a la ansiedad y la depresión, algo que empiezo a encajar y dar por hecho en el TDAH. En dos años pasé de tener de las mejores notas de mi promoción a a penas salvar una o dos asignaturas, fusionarse con mi cama por apatía, procrastinación y fatiga crónica, viviendo a través de los personajes de las peliculas. Tras varios meses con 4 o 5 cambios de medicación nada a cambiado, y la mayor conciencia del problema sólo inquieta más mi autofocalización.
    Sin embargo asumir este obstáculo neurológico-social (a mi parecer) calma el alma, y da esperanzas.
    Como feminista y politóloga empedernida doy enteramente las gracias por autoras como tú que defienden, como buena TDAH, la necesidad de ayudar y dar voz a tantas niñas y mujeres ignoradas y silenciadas.
    Gracias y fuerzas para seguir construyendo el camino 🙂

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