TDAH: Que no lo veas no significa que no exista

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Escrito por ZOË KESSLER, BA, B.ED.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Uno de las peores consecuencias del estigma asociado con tanta frecuencia al TDAH es que muchos adultos se resisten a buscar un diagnóstico. Y una vez diagnosticados, son reacios a hablar de ello.

Algunas de las razones de su reticencia a hablar de su diagnóstico son obvias. No hace falta buscar mucho para encontrar a alguien que ha perdido un trabajo por decirlo, o cuyos amigos y familiares niegan que exista el TDAH.

¿Es el TDAH una religión?

Poco después de mi diagnóstico entrevisté al Dr. Gabor Maté, un médico de Vancouver autor de “Mentes dispersas: Una nueva visión sobre los orígenes y la curación del TDAH” (uno de mis libros favoritos sobre el TDAH de todos los tiempos).

He compartido con el Dr. Maté mis dificultades para entender el TDAH. Me habían confundido las teorías contradictorias sobre su origen, sobre lo que realmente es, cómo tratarla e incluso sobre si existe o no. Cuando insistí, “A veces me cuesta creer en el TDAH”, Maté respondió (con su habitual tono mordaz):

“¿Qué es, una religión?”

Yo estaba sorprendida. Seguimos hablando y él me confesó en tono conspirativo: “Yo tampoco creo en él.” Probablemente me estaba tomando el pelo, tendría que revisar mis notas para ver el contexto, pero la cuestión es: si dos adultos razonablemente informados (y ambos diagnosticados de TDAH) pueden tener una conversación acerca de creer o no en el TDAH, ¿cuánto más difícil será convencer a alguien sin el trastorno, o sin formación, conocimiento de la investigación… de que existe?

Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas

Dada la naturaleza nebulosa del TDAH, sin un análisis de sangre o algo equivalente para su diagnóstico definitivo, y teniendo en cuenta lo rápidos que algunos son juzgando y condenando, me encontré a mí misma ante un período especialmente oscuro, justo después de mi diagnóstico, con una idea que inmediatamente auto-censuraba.

Sería mucho más fácil si fuera en silla de ruedas.

Entenderás este pensamiento si alguna vez has compartido tu diagnóstico de TDAH con alguien y has tenido que soportar su escepticismo, su ignorancia, la negación o un ataque en toda regla.

Casi cuatro años desde que empecé “TDAH de la A a Zoë”, sigo recibiendo algún ocasional (pero vehemente) ataque personal contra mi inteligencia, mi carácter y mi supuesta depravación moral, basado en que alguien cree que el TDAH no existe.

Como un rayo en un cielo azul

A veces, lo único que hace falta es que otra persona dé validez a nuestras ideas. Es un apoyo que puede aparecer de forma tan inesperada como un rayo en un cielo azul.

Para mí, el rayo cayó en una reunión de presentación de mi ponencia para la Conferencia sobre el Bienestar y la Salud Mental en el Trabajo 2013 en Toronto, Canadá.

A medida que el evaluador encargado iba haciendo sus comentarios, yo le escuchaba con atención. Me alegraba de que pensara que mi presentación estaba muy bien. Entonces cayó el rayo. Concluyó diciendo:

“Hay muchos tipos de discapacidad… Algunas son visibles, otras no.

Las físicas… como una silla de ruedas… Anuncian la discapacidad y abren la puerta al debate.

Las invisibles, como la suya, pueden ser mal entendidas”.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Apenas pude oír lo que dijo a continuación, cuando me daba las gracias por lo entretenida e informativa que era mi charla.

Me quedé de piedra, no sólo por esta validación improvisada de aquel pensamiento prohibido, sino sobre todo porque en mi discurso no había hecho ninguna alusión a la frustración de hablar de tu diagnóstico de TDAH y recibir sólo hostilidad, comentarios groseros o negaciones. No había dicho ni una palabra sobre la frecuencia con que hay personas despedidas o discriminadas por esta causa.

No había dicho lo degradada o despreciada que te sientes cuando tu revelación se recibe con un “Sí, todo el mundo tiene TDAH” o “todos tienen problemas de esos”, lo frustrante que resulta no ser capaz de comunicar el sufrimiento -a veces profundo- de toda una vida antes de ser diagnosticada y tratada, ya de adulta.

No había mencionado la frecuencia con que médicos y otros profesionales de la salud, a los que acudes en busca de ayuda, rechazan a los pacientes con TDAH.

Por eso lloré.

Me sentí reconocida por la persona perfecta para decirme que mi pensamiento era correcto. Él me dio la seguridad de que mi pensamiento no iba a ofender a nadie.

El tenía razón: mi discapacidad no viene con una silla de ruedas.

Pero la suya sí.

 

 

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2 respuestas a TDAH: Que no lo veas no significa que no exista

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  2. Sandra Fernández García dijo:

    Leer este tipo de cosas me inunda de una fuerza que solo viene de la autocomprensión y del reflejo de sentirte identificada en estas palabras. Es muy difícil que el común de los mortales entienda el TDAH, precisamente porque es una incapacidad invisible. No te falta nada aparentemente, y tú te esfuerzas porque tu sintomatología no se ponga en evidencia…pero ese sobreesfuerzo que hacemos por mantener el nivel de competencia en todos los ámbitos de nuestra vida, tiene un coste brutal en forma de comorbilidad. Yo sigo sobrepasada por mi diagnóstico, pero más lo estaba por la espiral “sinsentido” que era mi vida.Y empezar a entender, aceptar y mirar a esa cara tan desconocida e incomprendida que es el TDAH, me ha liberado, en parte, del peso de la culpa y de no entenderme, algo que empezó a pesar demasiado.
    Se están dando pasos muy importantes al respecto de la visibilización de este trastorno, pero falta, lo más importante para quienes lo sufrimos, que es que se nos “acomode” de una manera
    eficaz en esta sociedad y no se nos estigmatize.
    No quiero que me sobreprotejan, ni beneficios por mi condición, soy eficaz, y puedo serlo más solo por el simple hecho de que se tenga un poco en cuenta el esfuerzo que hago por hacer las cosas lo mejor posible. Solo eso alimentaría mi constancia y mis ganas de seguir luchando, no pido mucho, lo demás lo pondría yo luchando con mi TDAH.

    UN ABRAZO a todos esos/as incomprendidas

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