Prepara a tu hijo con TDAH para la Universidad. Tercera y última parte.

El exceso de distracciones y la falta de disciplina hacen descarrilar a muchos estudiantes con TDAH. Ayuda a tu hijo a prepararse para su primer año de Universidad.

Escrito por Lois Gilman
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADDitude

Nota previa:
Algunas de las estructuras de apoyo que se mencionan en este artículo corresponden al sistema universitario de Estados Unidos.
No me consta que en la Universidad española haya estructuras similares, lo que ya es motivo de reflexión.
En todo caso, creo que el artículo, en su conjunto, tiene el suficiente interés para traducirlo y  publicarlo. Espero que estéis de acuerdo.

Dra. Elena Díaz de Guereñu

Hablad con vuestro hijo de los nuevos hábitos que deberá poner en práctica a partir del otoño; por ejemplo, despertarse sin la ayuda de mamá o papá. “Si necesita seis alarmas para levantarse, ahora es el momento de practicar”, subraya Vickie Ball, entrenadora de TDAH en Providence, Rhode Island. Averigua cuántas horas necesita dormir tu hijo y qué le hace falta para dormirse (tapones para los oídos) y levantarse (un despertador ruidoso).

¿Tu hijo sabe lavar la ropa? Te sorprendería saber cuántos estudiantes de bachiller no tienen ni idea de cómo hacerlo. El verano es un buen momento para enseñarle. Divide la tarea en pasos –coger la bolsa de la lavandería, separar la ropa, elegir detergente- y haz una lista con ellos.

¿Cómo maneja tu hijo el dinero? Haz que se acostumbre a hacer presupuestos a partir de su paga semanal o quincenal, para ayudarle a limitar los gastos impulsivos. Utilizad un código de colores –un sobre rojo para los transportes, uno azul para las diversiones, uno verde para artículos de aseo, etc.–  para controlar los gastos. Utiliza una tarjeta telefónica de prepago y acordad con qué frecuencia vais a llamaros.

¿Qué forma de organizar el tiempo le va mejor a tu hijo? Algunos estudiantes prefieren calendarios o agendas de papel, mientras que otros recurren a asistentes digitales, como el teléfono móvil. Este puede ser un buen regalo de graduación; el estudiante puede empezar a usarlo durante el verano. De lo contrario, con el trajín de la vida universitaria, un estudiante novato puede no llegar a acostumbrarse a manejar  su Palm Pilot.

La universidad es un lugar muy competitivo, donde incluso los “chicos inteligentes” de bachillerato a menudo se sienten incapaces. Los cursos de verano pueden ser buenos para un estudiante con TDAH: tendrá la oportunidad de ver cómo es el ritmo real de las clases y qué es lo que va a encontrar en otoño. Esta introducción a la vida universitaria puede ayudarle a planear con realismo su carga académica; los créditos transferibles pueden darle un cierto margen de maniobra, si ve que su agenda está demasiado cargada.

Es muy importante que recuerdes a tu hijo que no vas a estar allí con él. Hablad de sus fortalezas y sus debilidades. Identificad ahora sus posibles puntos débiles, y dad vueltas a cómo manejarlos. Tomad nota del número de indicaciones que le das al día -“Billy, es la hora de tomar tu medicación”- y ved cómo puede hacer las cosas solo.

¿Qué deben hacer los padres?

El papel de los padres cambia radicalmente cuando un hijo da este paso. Adaptarse a este cambio puede resultar particularmente duro si vuestro hijo tiene TDAH, porque durante 18 años habéis sido algo así como sus ojos y sus oídos. Pero cuando entra en la universidad, hay que dejar que encuentre su propio camino.

“No es que disminuyan vuestras responsabilidades como padres”, dice Pollack (Manhattan College), “sino que se transforman en responsabilidades de otro tipo.”

Por supuesto, podéis seguir participando; aseguraos de que vuestro hijo dispone de los recursos para arreglárselas solo. Es bueno preguntarle; de hecho, debéis hacerlo. Preguntadle por su horario y su plan de estudios, y buscad maneras de apoyarle desde casa. Mantener abiertas las líneas de comunicación con vuestro hijo es la mejor manera –y quizás la única- de saber cómo le va. A diferencia del bachillerato, vuestro hijo no tiene por qué dejaros entrar en su vida académica –aunque seáis vosotros quienes pagan. Los estudiantes adultos están amparados por las leyes de protección de datos y, para que se proporcione información, vuestro hijo debe autorizarlo. Incluso sus notas son confidenciales. Sin embargo, si firma una autorización o exención de privacidad –una buena idea, dice Pollack– los profesores pueden hablar acerca de él.

Así que, a medida que vais dejando que resuelva sus propios problemas, no temáis supervisarle. “Los jóvenes siempre han recibido apoyo de sus padres”, dice Weyandt, “y ahora continuarán necesitándolo”. Tal vez de una forma diferente, pero ser padres consiste en adaptarse a las necesidades de vuestro hijo.

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