¿Eres demasiado emotiva?

Terry Matlen

Escrito por Terry Matlen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Hace apenas unas semanas, mi país y el mundo entero se vieron sacudidos por los atentados del Maratón de Boston. Los medios de comunicación hicieron su agosto con esta historia; parecía imposible evitarla.

Yo estaba conectada a Facebook cuando alguien publicó la terrible noticia. Me quedé horrorizada, indignada y preocupada por lo que podría ocurrir. Por supuesto, todo el mundo estaba sorprendido y aterrorizado por esta trágica historia, pero yo no podía apartar los ojos de las noticias, apagar la radio o dejar de leer las últimas noticias en la red. Los videos se repetían una y otra vez, hasta que memoricé las caras de las personas que corrían más allá de la línea de meta, algunas con horror, otras ni siquiera conscientes de lo que ocurría.

La mayoría de la gente parecía capaz de encajar esta historia aterradora en un lugar de su mente y seguir adelante, en general, con su vida. Yo, sin embargo, no podía borrar las aterradoras imágenes y el miedo que me dejó sin aliento durante días.

Ya ves, muchas personas con TDAH reaccionamos de una manera muy intensa –sentimos “demasiado fuerte”. No en un sentido negativo, sino neurobiológico. Algunos anuncios me hacen saltar las lágrimas. Las canciones sentimentales me ponen un nudo en la garganta. Cuando, de adolescente, asistí por primera vez a una sinfonía, la emoción me hizo pasarme todo el concierto secándome los ojos. Si me entero de que hay niños con necesidades especiales que lo pasan mal en la escuela por desinformación o desinterés, me voy hasta la capital a manifestarme por sus derechos. De hecho, la razón de hacerme trabajadora social, hace un millón de años, fue mi extrema necesidad de luchar contra la injusticia del mundo.

Yo no sabía entonces que tenía TDAH. Pero ahora sé que siento las cosas tan profundamente que, si no actúo de alguna manera, me siento literalmente enferma.

Para quienes tenemos TDAH, un comentario levemente crítico nos sobresalta y nos obsesiona, por haber desvelado nuestras limitaciones. Un libro con un final triste nos deja de mal humor o decaídos durante días. Sin embargo, un día de sol tras un largo y gris invierno nos hace sentir invencibles, estar en la cima del mundo, porque los sentimientos intensos van en ambas sentidos. Me recuerdo llorando -y quiero decir llorando– mientras mi hija mayor bajaba del escenario con su flamante título universitario bajo el brazo. La intensidad de mis sentimientos saca, a veces, lo mejor de mí. Por eso, rara vez voy al cine, y me niego en redondo a ver programas de televisión violentos.

No estoy segura de si esto se debe a la neurobiología de nuestro cerebro TDAH, a nuestra falta de control de los impulsos (de las emociones, en este caso), o si es un resorte, un recuerdo de antiguos líos y problemas, que nos hace más sensibles y vulnerables.

¿Qué hay de ti? ¿Qué es lo que te provoca las emociones más intensas? ¿Cómo lidias con ellas?

Terry Matlen es psicoterapeuta y consultora especialista en TDAH de adultos, con un enfoque especial en las mujeres. Es autora del libro “Survival Tips for Women with ADHD” y fundadora y directora de MomsWithADD.com y ADD Consults.com. Terry ha fundado también la página WomenWithADHD.com, que administra con su colega Tara McGillicuddy.

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