La inocencia del TDAH

Escrito por Kelly Babcock
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Versión original en inglés

"Does he have any kibble on him?" Maggie wonders.

Estoy mirando un perro. No, no estoy mirando un perro como se mira una casa o un nuevo coche, estoy literalmente aquí sentado, mirando un perro. Se llama Maggie y es la perra de mi jefe.

Maggie está acostada en el suelo de mi sala de estar. Abre los ojos cuando siente que me muevo. No quiere perderse nada de lo que hago, pues podría haber una croqueta o un paseo de por medio.

Mi jefe y su mujer se han ido este fin de semana a una boda. Maggie ha venido a visitarme mientras estén fuera. Conoce mi camioneta, conoce mi mano y conoce mi voz. Si abro la puerta o el portón trasero de mi camioneta, me mira; le hago un gesto y entra como una bala.

Y ¿por qué escribo sobre Maggie?

Maggie no tiene, que yo sepa, ningún rasgo de TDAH. Bueno, tal vez un poco de hiperconcentración cuando ve ardillas, pero a quién no le pasa eso ¿verdad?

Lo que Maggie tiene, es lo que quiero destacar, es inocencia. Tiene una total y absoluta falta de malicia.

¿Es perfecta?

No, no es perfecta de ninguna manera. He aquí un ejemplo. Anoche cogí un par de galletas para ella y le di una. Mientras la devoraba, dejé la otra en el mostrador y fui a la otra habitación a coger mi chaqueta. Cuando volví, en la cocina sólo estaba Maggie. No había ninguna galleta en el mostrador.

Era su galleta. Ella lo sabía. Estaba allí mismo, a su alcance. Y ya no estaba.

Y Maggie me miraba con expresión de felicidad. Vale, es verdad que siempre tiene la misma expresión, menos cuando se enfada. Lo que quiero decir es que no se escondía, no trataba de escabullirse para evitar el castigo. No era consciente de haber cometido ninguna falta. ¿Por qué? Porque la norma que dice que la galleta se queda en el mostrador hasta que yo vuelva es mi norma, no la de ella. Ella no sabe nada de las reglas de la casa. Ni siquiera es su casa.

¿Reglas? ¿Qué reglas?

No somos perros. Somos personas. Evitamos saltarnos las reglas. Sin embargo, no siempre conocemos todas las reglas. Y aunque las conozcamos, a veces nos enfrentamos al problema de saltarnos una u otra regla, cuando no hay manera de evitarlo. Y no siempre tomamos la decisión correcta.

Cuando nos saltamos las reglas, lo hacemos sin malicia.

Bueno, vale, tienes razón, no siempre rompemos las reglas inocentemente. Pero muchas veces sí lo hacemos. Y es entonces cuando nos sentimos más culpables. Nos hemos vuelto a equivocar. No hemos sabido ver lo obvio, entender la situación, calcular las consecuencias de nuestros actos y moderarlos conforme a este cálculo.

Somos inocentes, tan inocentes como Maggie, pero vamos a castigarnos nosotros mismos. Y vamos a permitir que otros nos castiguen también, pues creemos merecerlo.

He observado a gente castigar a perros. Pierden los estribos, les riñen sin parar, puede que intenten pegarles y, si los dioses quieren, hasta que lo hagan para causarles daño o dolor, llevados por su ira. El perro, sin entender por qué esa persona está despotricando, sufre estos abusos con la actitud compungida que corresponde y a continuación, tiene la inmensa dicha de poder marcharse a dormir la siesta.

Creo que, en vez de pasarnos la vida tratando de evitar esos errores inocentes que cometemos las personas con TDAH, deberíamos aprender la lección de los que son como Maggie: ser capaces de recibir una reprimenda y luego ir a echar la siesta.

Ahora me tengo que ir, Maggie está sobre la mesa, comiéndose la mantequilla.

Buena perra, Maggie.

kelly_babcock1

Nací en la ciudad de Toronto en 1959, pero salí de allí a los cuatro años. Crecí y estudié en un ambiente rural. Vivo en una región donde mi familia ha estado presente durante seis generaciones o más. Fui diagnosticado de TDAH con 50 años y he estado luchando con la nueva realidad y al mismo tiempo, tratando de mejorar mi vida con lo que descubriendo.

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3 respuestas a La inocencia del TDAH

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  2. Silvina dijo:

    Tengo 51 años y fui diagnosticada hace como 9. Creo, pareciera que estas en la etapa de aceptación, es la primera parte del camino, después viene la otra, cuando intentas hacerte cargo y lo logras a medias o al 70 o al 10, no importa, da lo mismo. Después de estos años siento que lo más importante es que se donde estoy parada. ¡Suerte!

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  3. jovita gamas lopez dijo:

    muy cierto. y no tengo tdah pero mi hijo y es muy cierto.

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