El cerebro adolescente es más sensible al elogio de los amigos

Sciencedaily
Publicado por ScienceDaily el 17 de abril de 2013
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Los adolescentes son amantes del riesgo; tienen más propensión que los niños o los adultos a probar sustancias prohibidas, practicar sexo sin protección o conducir de forma temeraria. Pero las investigaciones demuestran que los adolescentes tienen el conocimiento y la capacidad necesarios para tomar las decisiones correctas sobre el riesgo, exactamente igual que los adultos. Entonces, ¿a qué se debe esta conducta imprudente?

En un reciente informe, los psicólogos científicos Laurence Steinberg y Jason Chein, de la Universidad de Temple, y Dustin Albert, de la Universidad de Duke, afirman que el comportamiento imprudente de algunos adolescentes “refleja la especial influencia de los amigos en el cerebro adolescente, que aún está en proceso de desarrollo”.

Este informe es parte de un número especial de la revista “Current Directions in Psychological Science”, editada por la “Association for Psychological Science”, dedicado a la comprensión del cerebro adolescente.

Current directions

Los adolescentes pasan cada vez más tiempo con personas de su edad; los comentarios de sus amigos y compañeros de clase modulan el sistema de recompensas del cerebro, haciéndolo más sensible a las derivadas de conductas imprudentes. Esta sensibilidad lleva a los adolescentes a buscar beneficios inmediatos en acciones arriesgadas, frente al valor a largo plazo de las alternativas seguras.

El sistema de control cognitivo del cerebro, que es el encargado de “echar el freno” a las conductas imprudentes, madura de una manera más lenta.

“Si los adolescentes tomaran todas sus decisiones sobre beber, conducir, ligar o  cometer infracciones en el ambiente aséptico de un laboratorio, estas decisiones serían probablemente tan prudentes como las de los adultos”, argumentan Steinberg y sus colegas. “Pero ahí está el problema: Los adolescentes pasan gran cantidad de tiempo en compañía de otros adolescentes.”

Los autores apuntan a una nueva línea de investigación de la interconexión entre neurociencia y comportamiento, que indica que la compañía de otros jóvenes altera radicalmente la evaluación de riesgo de un adolescente.

En un estudio publicado en 2009, Steinberg y sus colegas descubrieron que los adolescentes más jóvenes, de unos 14 años, asumían el doble de riesgo en un juego de simulación de conducción cuando se sometían a la prueba junto a otros adolescentes, que cuando la hacían solos. La conducción en adolescentes mayores era un 50% más arriesgada cuando estaban en presencia de otros jóvenes.

En un estudio más reciente, Steinberg y sus colegas descubrieron que los adolescentes, a diferencia de los adultos, asumían más riesgos cuando eran observados por sus compañeros. También mostraban una mayor activación de estructuras cerebrales, como el estriado ventral y la corteza orbitofrontal, relacionadas con la evaluación de las recompensas.

En conjunto, los resultados de esta línea de investigación indican que la presencia de sus amigos puede hacer a los adolescentes tomar decisiones más arriesgadas, por la diferente forma en que sus cerebros procesan las recompensas.

“La frase “¿Qué estabas pensando?” suena familiar a todos los que tienen hijos adolescentes”, señala Randall W. Engle, profesor de psicología en Georgia Tech y editor de “Current Directions”. Y, sin embargo, la investigación psicológica ha descuidado tradicionalmente a los adolescentes, centrándose en los niños y en los adultos.

Ahora, con la aparición de nuevas técnicas de estudio del cerebro y su desarrollo, los investigadores están comenzando a entender mejor cómo piensan y se comportan los adolescentes.

“Los artículos de este número especial sobre el cerebro adolescente proporcionan los últimos hallazgos sobre imagen humana y estudios con animales, en temas que van desde el autocontrol hasta la influencia de los compañeros en la conducta”, dice B.J. Casey, editor invitado de este número especial y Director del Instituto Sackler de Psicobiología del Desarrollo en el Weill Cornell Medical College.

Casey hace hincapié en que, en lugar de retratar el cerebro adolescente como algo “defectuoso”, “los autores nos muestran la imagen de un cerebro moldeado, tanto por factores biológicos como por la experiencia, para adaptarse a los retos sociales, físicos, sexuales e intelectuales característicos de la adolescencia.”

El artículo se titula: “El cerebro adolescente: Influencias de los compañeros sobre la neurocognición adolescente.”

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