Compañeros para toda la vida, compañeros para descubrir el TDAH

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Escrito por Gina Pera

Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu

Texto original en inglés

Compartís vuestra vida; tal vez incluso la cama, la cuenta corriente y hasta la descendencia. Aunque pueda parecer sorprendente (sobre todo a algunos médicos y terapeutas poco cualificados), los resultados de la evaluación y el tratamiento del TDAH también suelen ser mejores cuando se trabaja “en equipo”. Veamos las razones.

Elaine decidió por fin buscar ayuda profesional para su TDAH, diagnosticado tiempo atrás. Pero aún le costó tres meses llegar a pedir cita. Resulto que aquel terapeuta sabía poco del TDAH, y Elaine desistió de buscar otro cubierto por su seguro.

“Se da fácilmente por vencida ante los obstáculos” explica Brian, su novio, “y olvida rápidamente por qué su TDAH es un problema; hasta que vuelve a perder su empleo.” Durante mucho tiempo, Brian no insistía, porque no quería actuar “como si fuera su padre.” No parecía adecuado intervenir.

Por otra parte, los síntomas del TDAH de Elaine eran terreno abonado para una buena cosecha de conductas poco adecuadas por parte de ambos. Reñir, negar, echar la culpa al otro… sólo por nombrar algunas.

Al final, Brian se dio cuenta de que no se trataba de que Elaine aprendiera a ser una “persona responsable” o de si él sería un “macho dominante” por intervenir en su ayuda. “Si ella tuviera alguna alergia, o se diera un golpe en la cabeza que le causase un daño  parecido al TDAH, yo no dejaría que lo resolviese ella sola, ¿no?”

Una vez tuvo esto claro, pudo empezar a ayudarla a buscar un profesional mejor cualificado. “Con todos los obstáculos que debíamos superar –para empezar, encontrar un médico competente y que, además, aceptase nuestro seguro- Elaine necesitaba de veras que la ayudase a planificar y seguir adelante.”

Con toda paciencia, Genevieve se había pasado meses animando a Larry, su marido, a hablar con un profesional de su “verborrea crónica” en actos sociales, sus olvidos de detalles importantes sobre grandes clientes y los pequeños, pero frecuentes y costosos, accidentes con el coche.

Además, al hermano de Larry le acababan de diagnosticar TDAH y sus dos hijos también lo tenían, así que  Genevieve creía que a Larry le vendría bien una valoración. Por eso le dejó abatida la valoración que hizo el médico: “Bueno, puede que usted tenga TDAH, pero si ha conseguido llegar así hasta aquí, no tiene que preocuparse de él ahora.”

El médico no había realizado una evaluación completa, se limitó a echar un vistazo y hacer preguntas como: “¿Qué tal te va?” No solicitó la opinión de su pareja u otra persona cercana, tal como recomiendan los expertos en TDAH. Por tanto, ese médico no tenía ni idea de las limitaciones que realmente sufría Larry –las que él no recordaba, no advertía o no consideraba de interés para contar al médico- ni de la abrumadora carga que debía soportar Geneieve para compensar las carencias de su marido.

Por desgracia para esta pareja, Larry decidió que lo que decía el médico iba a misa, y prohibió a Genevieve volver a mencionar la palabra “TDAH” en su presencia.

Se trata de historias reales, entresacadas de los cientos que he podido reunir durante mis años como moderadora de grupos de adultos con TDAH (en grupos separados: pacientes por un lado y cónyuges, por otro); vemos en ellas dos obstáculos comunes para lograr un diagnóstico acertado y unos resultados positivos del tratamiento del TDAH:

1.     Los propios síntomas del TDAH  -mala memoria de trabajo, fácil distracción, inatención, baja iniciativa y motivación, y demás.

Los síntomas del TDAH nublan la capacidad de percibir con claridad todos los efectos negativos de sus problemas (lo que llamamos “negación”).

Por otra parte, los síntomas del TDAH inhiben la capacidad de emprender y llevar adelante el proceso de evaluación y tratamiento –que no suele ser tarea fácil, dados los obstáculos administrativos que deben superarse.

Como explica Ted: “Mi mujer leyó un artículo sobre el TDAH en la pareja y dijo: ‘¡Hey, éstos somos nosotros!”, pero al día siguiente se había olvidado por completo del tema.”

2. Un médico que no recaba la opinión de alguien cercano; por lo general, su pareja, pero también un familiar o un amigo íntimo.

Aunque el médico se lo pida, algunos cónyuges son reacios a participar, pero sus motivos pueden no ser razonables.

Por ejemplo, se quejan amargamente de estar cansados ​​de que su pareja se comporte como un crío y de tener que encargarse de ordenarlo todo, recordarlo todo e insistir para todo.

Sin embargo, cuando se trata de ayudar a su pareja a valorar y tratar su TDAH –es  decir, a buscar las herramientas para empezar a comportarse como adultos– dicen: “No, no; yo no soy su madre” Por desgracia, muchos terapeutas contribuyen a esta actitud, refiriéndose a esta ayuda como capacitación o codependencia.

Jazmin tenía esa resistencia cuando entró en el despacho de la psicóloga, agotada tras seis años de matrimonio apoyando a su marido, que ahora acababa de ser diagnosticado de TDAH. Estuvo a punto de saltar cuando la psicóloga le indicó que todavía tenía que ayudarle un poquito más. Le explicó entonces que los síntomas del TDAH de su marido (distracción, postergación, etc.) hacían improbable que pusiera en práctica con acierto sus indicaciones. Jazmin aceptó intentarlo.

Encontró un psiquiatra especializado en el tratamiento del TDAH, concertó una cita y llevó a su marido a la consulta. Con su ayuda, él pudo por fin iniciar el camino correcto. La psicóloga, en este caso, era la experta en TDAH Michele Novotni, coautora de “¿Qué es lo que saben todos menos yo? Ayuda en habilidades sociales para adultos con TDAH(en inglés)

Novotni coincide totalmente en que pedir la intervención de Jazmin parece poco ortodoxo. Después de todo, ¿no se supone que cada adulto es responsable de sí mismo? “Sé que esto no es lo habitual en una pareja”, admite, “pero a menudo es necesario, para que la persona con TDAH consiga la ayuda que necesita.”

Este apoyo, subraya, no debe confundirse con codependencia. Para que quede claro, aceptar que las limitaciones derivadas del TDAH pueden impedir a tu pareja acceder a su tratamiento no implica relevarle de su propia responsabilidad. “Es muy importante que el paciente participe activamente en el proceso de tratamiento”, insiste Novotni. “Con el tiempo, será capaz de asumir una mayor responsabilidad en él. Pero esto es un objetivo del tratamiento, no una exigencia previa. ”

Por supuesto, hay que insistir en que no todos los adultos con TDAH necesitan la intervención de otra persona. El TDAH es un trastorno de amplio espectro, con muchos puntos dentro de ese espectro. Algunas personas pueden ser más conscientes de sus problemas, más capaces de tomar notas en las consultas con su terapeuta y de seguir sus consejos.

En los últimos años, va resultando más fácil encontrar terapeutas y médicos altamente capacitados para evaluar y tratar el TDAH, pero aún requiere algo de trabajo de detective. A menudo, dos cabezas siguen siendo mejor que una, especialmente si se trata de evaluar el rigor y la competencia del profesional durante las consultas.

A continuación, destacados expertos en TDAH y algunos cónyuges de adultos con TDAH explican por qué consideran fundamental un trabajo de equipo en el proceso de diagnóstico y tratamiento.

Los expertos en TDAH Intervienen:

“La mayoría de los pacientes psiquiátricos, cuando acuden a la consulta, dicen haber notado cambios. El paciente con TDAH no se queja de ningún cambio. Ha sido así toda su vida. No suele ser objetivo. Cuando oye a otros describir su comportamiento, le parece que haban de otra persona. Para manejarlo clínicamente, no hay que hacer  acusaciones. Pero es fundamental, siempre que sea posible, hablar con su pareja. Lo considero algo obligado para evaluar el estado del paciente. Además de definir el problema, algo que el propio paciente puede no reconocer, su pareja también puede advertir los cambios que se van produciendo con el tratamiento. Es indispensable tener esa información”.

Dr. Paul Wender, pionero en el diagnóstico y tratamiento del TDAH en niños y adultos, entrevistado por Gina Pera en 2007.

“¿Cuál es uno de los síntomas básicos del TDAH? No poder prestar atención a fenómenos externos e internos. El psicólogo e investigador del TDAH Russell Barkley ha hecho un seguimiento de niños con TDAH que había estudiado a finales de los años 80, que ahora tienen poco más de veinte años. ¿Cuántos de ellos tienen aún TDAH? Depende de quién lo diga. Si se lo preguntas a ellos mismos, un 5%. Si se lo preguntas a sus padres, un 50%. Además, si adaptamos los criterios de diagnóstico para medir las manifestaciones del TDAH adulto por contraste con el infantil, llega casi al 70%. La moraleja de la historia: hasta para realizar el diagnóstico –en menor medida para el tratamiento- se necesita una confirmación por otra persona”.

Stephen Hinshaw, Ph.D., investigador del TDAH, Catedrático Jefe del Departamento de Psicología de la Universidad de California, Berkeley, entrevistado por Gina Pera en 2007

“Una de las razones de que los psiquiatras de adultos no hayan identificado antes el TDAH puede ser que, a diferencia de sus homólogos pediátricos, la evaluación del adulto se centra en el propio paciente, no en otros informantes. El psiquiatra sólo llega a conocer las quejas de la familia o la empresa en la medida en que el paciente es consciente de ellas. En el TDAH, esta percepción es variable… Comparando los datos proporcionados  por dos informantes diferentes, el médico accede a múltiples informaciones y percibe la coherencia del informe del paciente con el de otros para todos los posibles diagnósticos comórbidos. Así, el médico puede observar que el paciente no reconoce problemas como mentir, ser desafiante o no saber tratar a las personas, que son las principales preocupaciones de su cónyuge. Por otra parte, el paciente y el otro informante pueden coincidir en su informe sobre los síntomas de TDAH. Estas observaciones son, en sí mismas, útiles para el paciente.”

Margaret D. Weiss, MD, Ph.D., y Jacqueline R. Weiss, MD, “Guía para el tratamiento de adultos con TDAH,” The Journal of Clinical Psychiatry 2004.

Hablan parejas de adultos con TDAH:

“Miré el cuestionario de evaluación de TDAH que estaba rellenando mi marido. A la pregunta de si puede concentrarse cuando lee, había contestado “sí”. ¡Pero si no es capaz ni de acabar un articulillo del periódico! ¿Qué pasa si responde mal a todas las preguntas y yo no estoy allí para dejar las cosas claras? Según escuché en el grupo de apoyo, algunos médicos y terapeutas son fáciles de engañar. Y si este doctor le dice: “No, usted no tiene TDAH”, mi marido dirá: “¡Caso cerrado!” Y entonces, ¿qué hago yo?”

Leslie

“Mi novio estuvo tratando de buscar ayuda durante años, sin saber que tenía TDAH; los médicos nunca le hicieron las preguntas adecuadas ni pidieron información a sus familiares o amigos. En consecuencia, le trataban con antidepresivos, pastillas contra la ansiedad y todo tipo de terapias; ninguna funcionó y alguna incluso empeoró las cosas. Al fin pensé que podría tener TDAH, pero en su seguro médico no había especialistas en TDAH y mi novio no tenía fuerzas para pelear con ellos. Tampoco tenía criterio para saber si un médico estaba bien cualificado. Si yo no hubiera intervenido, estoy segura de que mi novio se habría dado por vencido o quizá la desesperación le hubiera llevado a algo peor. Había llegado a ese punto.”

Dana

“Después de dos años de “tratamiento del TDAH”, mi mujer comentó por casualidad que está hecha polvo la mayor parte del tiempo -confusa, desorganizada y desmotivada- hasta que va a ver al médico. Entonces, el entusiasmo de que el médico le preste atención le levanta el ánimo, y se siente bien. ¡Y le dice al médico que todo va fenomenal! Todo el tratamiento se basa en cómo se siente en la consulta del médico; lo que pasó ayer se pierde en la bruma. ¡No me extraña que no funcione! ”

Hank

“Uno de los motivos por los que mi novio no mejoraba durante tanto tiempo, a pesar de las ganas que ponía, es que le daba vergüenza decirle con franqueza al médico si la medicación ayudaba y cómo iba en realidad su vida. Siempre se limitaba a decir: “Las cosas van bien.” Así que ahora le acompañamos, o su hermano o yo. Dice que para él es un alivio que le ayudemos a expresar sus problemas y sus avances porque, si va solo, se le “bloquea el cerebro” al entrar por la puerta de la consulta”

Tammy

“Puede que tu pareja no sea capaz de describir o evocar con exactitud los problemas que ha tenido, o los efectos de la medicación en su conducta, o de recordar las indicaciones del médico o terapeuta. Si se pone a la defensiva, explícale que quieres ir para aprender a tener más paciencia y comprensión. Puede sonar a manipulación, pero cuando tratas con una persona que niega sus problemas, es necesario para aclararle las cosas”.

Susanna

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3 respuestas a Compañeros para toda la vida, compañeros para descubrir el TDAH

  1. Gina Pera dijo:

    Hi Dr. Elena,
    I bet translating that was a lot of work! Thank you for sharing ADHD/TDAH information with the Spanish-reading world! Gracias!

    Me gusta

  2. Pingback: Compañeros para toda la vida, compa&ntil...

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