Acaba con estas cuatro costumbres TDAH antes de que ellas acaben con tu relación

Carol Gignoux

Escrito por Carol Gignoux
Traducido por la Dra Elena Díaz de Guereñu
Publicado en www.selfgrowth.com
selfgrowth  
Texto original en inglés

Hay un puñado de malas costumbres muy comunes que, de no controlarse, pueden acabar con una relación de pareja. Las pautas de comunicación que vienen a continuación pueden comenzar de una forma inocente. Puede que no sepas hacer las cosas mejor. Y durante un tiempo, estos ciclos aflojan la tensión y os reís de ellos después. Sin embargo, con el paso del tiempo, estos malos hábitos pueden llegar a corroer los lazos entre los cónyuges de forma irreversible. Comprueba si esa costumbre “inofensiva” tuya está en esta lista, y si es así, empieza a trabajar hoy mismo para tener una relación más sana y más respetuosa.

1. Poner palabras en boca del otro

Comienza con un silencio. Hay tensión, pero uno de vosotros -o  los dos- no quiere romperla. Es necesario expresar sinceramente lo que se siente, pero estáis en un punto muerto. Ambos os sentís ofendidos, y ninguno reconoce lo que está pensando o lo que realmente quería decir. Seguro que el otro va a dar la vuelta a las palabras. Así que cada uno se va haciendo su idea de lo que pasa por la cabeza del otro. Es la naturaleza humana.

Poner palabras en boca de la otra persona es peligroso, igual que llegar a conclusiones sobre sus motivos o sus sentimientos. En una situación difícil, cuando la comunicación ha fallado, comenzarán a asaltarte las dudas, y llenarás el vacío creado por el silencio de tu pareja con las peores suposiciones. Pero quizá estás yendo demasiado lejos. Busca el verdadero motivo de toda esta tensión, en vez de imaginarte lo peor. No hagas que tus falsas suposiciones sean un problema aún mayor. Escucha a tu pareja, y contén tus ideas negativas hasta tener los dos puntos de vista sobre la situación.

2. El ciclo de reñir

El marido calzonazos es un viejo tópico, pero hay quien piensa que es un tópico justificado. En las relaciones con TDAH, la dinámica “quién riñe a quién” no surge en función del sexo, sino de quién tiene TDAH y quién no; en las parejas donde ambos tienen TDAH, los papeles saltan de uno a otro, según el estado de autocontrol de cada uno.

ADHD Management aborda el tema en “5 señales de que el TDAH puede estar dañando tu matrimonio.” “Odias reñir o que te riñan, pero está pasando constantemente. Si quieres que tu pareja con TDAH termine de una vez con las tareas domésticas o cambie de costumbres, puedes pensar que no hay más remedio que darle la lata. Pero a menos que los cónyuges hayan acordado las formas de recordar que son necesarias y aceptables, reñir siempre daña la relación”.

Como se observa, reñir puede llegar a ser útil, con tal de que sea un recurso acordado entre ambos. Pero, muy a menudo, no es algo planificado ni consensuado. Una persona es la mandona, dominante pero culpable, y la otra, la víctima incompetente/alborotadora. Se va creando un nivel de fricción continua que puede llegar a hacer descarrilar la relación.

Para eliminar el hábito de reñir, debéis reservar un tiempo para vosotros solos. Empezad compartiendo una diversión, para llevar las energías a un terreno positivo. Mantened entonces una conversación sincera. En un tono lo más neutro posible, decid cada uno lo que hacéis, por qué lo hacéis, cómo queréis que reaccione la otra persona y cómo (creéis que) reacciona realmente. Te sorprenderán las conclusiones a las que habías llegado, igual que en el mal hábito # 1. Trabajad juntos para encontrar la forma de tratar los temas conflictivos y hacer que pasen a ser una costumbre saludable y que el sonido de la riña sea un lejano recuerdo.

3. La misma pelea de siempre

Personas que juran amarse pueden discutir por las mayores tonterías. En mi trabajo de asesora de parejas, me piden a menudo que haga de árbitro de estas pequeñas disputas, pero trato de evitarlo en lo posible. Porque en el fondo, siempre es la misma pelea con algún matiz, ¿no? Muy a menudo, la raíz del problema es que tener la razón ha llegado a ser lo más importante. Tener la última palabra, decir “ya te lo dije”, es más importante que ser amable, sensible o comprensivo. El matrimonio es una relación compleja, compuesta de amistad, tutela e incluso competencia, así que es normal no estar todo el tiempo como dos tortolitos. Pero las disputas constantes te hacen empezar a ver a tu pareja como a un adversario.

Al igual que en la costumbre 1, un buen primer paso es limpiar el aire y escucharos el uno al otro. Y como en la costumbre 2, buscar juntos una solución que acabe con el problema de fondo de una vez por todas. Esta forma de comunicación es especialmente dañina, así que pensad en buscar un consejero para trabajar los temas más profundos. El artículo “malas vibraciones” de la revista ADDitude recomienda algunas medidas enérgicas para romper con el ciclo negativo. Si el tema central es el desorden, “dile que decida la forma de guardar las cosas que funcione con él… fijad un día y hora de la semana para hacer ambos la limpieza, marcad un sitio donde puedas dejar sus trastos… o, si os lo podéis permitir, contratad alguien para limpiar la casa.”

4. Cuando uno de los cónyuges es un “hijo extra”

He escrito ya sobre este tema con otros enfoques, pero esta mentalidad concreta es una verdadera rompe-parejas. Se suele dar, sobre todo, en matrimonios en que sólo uno de los cónyuges tiene TDAH. Atrapados en el ajetreo de la vida diaria, el hábito de que el cónyuge con TDAH se encargue de su parte de las tareas comienza a abandonarse. El cónyuge sin TDAH piensa: “Voy a tardar menos si lo hago yo esta vez.” Pronto cargará con todas las tareas rutinarias, mientras el cónyuge con TDAH se divierte. Para ser justos, puede que no sea tan vago como piensa su pareja. Puede que le avergüencen las constantes críticas y el incumplimiento de los objetivos, y se esté rindiendo o desconectando.

Cuando se empieza a considerar a la persona con TDAH un “hijo extra”, en vez de un cónyuge y padre/madre, es necesaria una redistribución seria de las responsabilidades. Mantened una conversación sincera, exponed vuestros sentimientos de una forma concreta. No se trata de ajustar cuentas, sino de buscar un sistema válido para ambos.

¿Puedes ver la pauta?

¿Qué tienen todos estos consejos en común? En el fondo, en todos ellos hay una lucha por el poder, no una alianza. Y no estoy señalando a mis amigos con TDAH. Estas situaciones pueden darse -y se dan- en cualquier matrimonio del mundo. Incluso las parejas de personas con los modales más exquisitos tienen que renovar su compromiso, mental y emocionalmente, una y otra vez.

El ego sufre, entran las dudas, la cortesía salta por la ventana. Pero, en el fondo, piensa en las razones por las que has decidido compartir tu vida con esa persona y busca la manera de volver a estar en el mismo equipo.

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