Adicción a Twitter: el consejo del terapeuta

Escrito por Susan Orlins 
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

World of Psychology

Un día, después de pasar horas saltando de Twitter a Facebook, de ahí a las estadísticas de mi blog y de nuevo a Twitter -cuando debería haber estado escribiendo- envié un email al Dr. M., un terapeuta cognitivo.

El Dr. M. me había ayudado tiempo atrás a entender que la preocupación es adictiva: activa el mismo centro de placer del cerebro que otras adicciones, como el alcohol.

Cuanto más me preocupo, me refuerza más a preocuparme. Buscando siempre el placer, me preocupo más, y así perpetúo el ciclo. Sin embargo, una vez entendí mi adicción a la preocupación, empecé a preocuparme menos.

Si bien tiendo a atiborrarme de hacer lo que me gusta (como dice mi madre, “¡Susan, eres una extremista!”), también procuro evitar las consecuencias de buscar el máximo placer.

Sólo necesité una resaca para decidir no volver a pasar por eso. Mi atracción por el placer no incluye sentirme empachada, tener kilos de más o atontarme por haber fumado.

Por lo tanto, me siento muy mal después de pasa el día, no escribiendo, sino saltando compulsivamente entre Facebook y Twitter, en busca de ese chorro de serotonina que siento cuando veo que alguien ha escrito un comentario en mi página de fans o me ha retwitteado.

Esto es lo que me aconsejó el Dr. M.:

Pon un límite diario a las revisiones de Twitter. Puedes tener una hoja junto al ordenador, con una tabla donde controlar con qué frecuencia lo haces. También sería bueno imprimir la palabra STOP en negrita y en color rojo debajo de la tabla, para que sirva como recordatorio para parar.

Averigua qué es lo que provoca esa conducta. En cualquier conducta relacionada con hábitos o adicciones, es importante entender qué la produce. ¿Qué emociones, pensamientos o comportamientos activan tu deseo de entrar en Twitter? Por ejemplo:

    • ¿Sientes ansiedad y entonces entras?
    • ¿Te aburres y por eso entras?
    • ¿Empiezas a navegar por Internet y sientes más ganas de entrar?

Descubre qué es lo que provoca esta conducta y actúa sobre ello, para conseguir reducirla.

Date un premio por no seguir esa conducta. Recuerda que entrar en Twitter puede ser, en sí mismo, gratificante; por eso, cada vez que entras, refuerzas la conducta. Sustituye la recompensa de entrar en Twitter por otro premio.

Gracias, Dr. M. Saber que estoy alimentando una adicción cada vez que busco un retweet me ayudará a no hacerlo con tanta frecuencia.

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