Cuando la “buena noticia” del diagnóstico es una “mala noticia” en tu pareja. Segunda Parte

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Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Hace años, cuando mi marido aceptó por primera vez someterse a una evaluación de TDAH, puso una condición: que lo hiciera yo también. Puede que no le gustase ser señalado, o que pensase realmente en restos de mi TDAH perdidos en las brumas del tiempo que podían darme una percepción distorsionada.

Mi opinión: lo que ocurría es que él no unía correctamente sus acciones y mis reacciones; para él, estas surgían de la nada, sin ninguna razón. Desde mi punto de vista, estaba claro que mis reacciones estaban totalmente justificadas. Pero ¿podía estar segura? No. Además, algo tendría que ver yo en seguir “montada en la montaña rusa” de malentendidos, conflictos, acuerdos tirados a la basura y demás. Así que acepté con gusto someterme con él a un diagnóstico profesional.

Tras dos largas evaluaciones, mi marido fue diagnosticado de TDAH y yo no. En cambio, el psiquiatra me declaró “compleja” y dijo: “Solemos recomendar a nuestros pacientes con TDAH que su cónyuge sea una persona organizada, que pueda hacerse cargo de los asuntos prácticos.” Me costó un minuto entenderlo: Espera, ¿soy YO la receta para mi marido? (¿Y qué le recetarían si no estuviera casado con una persona organizada? ¿El divorcio? ¿Un servicio profesional de parejas-que-encajan? Preferí no preguntar.)

Durante los primeros años, sufrimos un cierto desbarajuste por lo difícil que nos resultó entender y limar asperezas en la dinámica entre nosotros, entre nuestras respectivas neuronas, y entre sus diferentes combinaciones. Durante esa tormentosa etapa, alguien de fuera estaría tentado de diagnosticarnos una menestra de enfermedades. Y, en algunas, seguro que estaríamos de acuerdo.

Han pasado varios años. Mi marido aún tiene TDAH, aunque la mayor parte del tiempo la diferencia no tiene importancia. Yo sigo sin tener TDAH, como mi marido podrá confirmar. No soy perfecta (¿quién lo es?), pero estoy mucho menos confusa, ansiosa, deprimida y susceptible que cuando la montaña rusa del TDAH iba a toda velocidad y no sabíamos por qué. Ambos hemos cambiado mucho.

Nuestra historia les sonará conocida a muchas parejas afectadas por un TDAH no reconocido: una vez el TDAH se diagnostica y se trata de forma cooperativa, el resto de desafíos es más fácil de afrontar y resolver. El diagnóstico fue verdaderamente una “buena noticia”. Para otras parejas, sin embargo, el diagnóstico de TDAH da lugar a más preguntas que respuestas sobre lo que no funciona en su relación. Lo que nos lleva a la Segunda Parte de por qué la “buena noticia” del diagnóstico es una “mala noticia” en tu pareja.

Resumen de la Primera parte: Buena noticia/mala noticia

Recordando la Parte I de este tema, el mes pasado (clic aquí para leer el post completo):

Los  adultos recién diagnosticados de TDAH comienzan el tratamiento, a menudo tomando medicación, y pronto la “niebla” de la distracción, la impulsividad y la inatención comienza a disiparse. Con la nueva claridad, muchos de estos adultos empiezan a reconsiderar sus decisiones: su empleo, su futuro profesional, sus amistades, sus hábitos de salud y, a veces, incluso su relación de pareja.

Muchos de estos adultos sienten, por primera vez en su vida, un fundado optimismo acerca de su capacidad de hacer cambios permanentes; al fin y al cabo, ahora ya tienen las respuestas correctas y las herramientas adecuadas. Sin embargo, conforme van descubriendo con entusiasmo sus nuevas capacidades y su confianza, es inevitable que el “equilibrio de poder” en su pareja empiece a cambiar.

Jack fue nuestro caso práctico en la Parte I. Recién embarcado en el tratamiento del TDAH, expresaba un amargo resentimiento por lo que veía como un odioso desprecio de su esposa hacia sus excelentes progresos. Llegó a la conclusión de que ella no reconocía sus propios trastornos, como una tendencia a la bebida que estaba causando cada vez más problemas. Lo último que sé es que iban a divorciarse.

El mes pasado, expliqué algunas razones por las que Jack podría no estar viendo lo que le pasaba a su mujer, e incluso podría tener una percepción errónea de su progreso. El fenómeno post-diagnóstico-TDAH es amplio, complejo y lleno de giros sorprendentes.

A veces el cónyuge explota cuando llega el diagnóstico. Suele ocurrir cuando ha estado esforzándose durante mucho tiempo para “explicar lo inexplicable” y “manejar lo inmanejable” sobre las manifestaciones de un TDAH no reconocido.

Cuando al fin escucha que los problemas de comportamiento de su pareja, no sólo tenían un nombre, sino también una solución, reacciona como una olla psicológica a presión que se destapa. Vuelve la vista hacia todos los años de frustrantes sesiones de terapia, de adaptaciones inútiles, de que su pareja le acusara de “controlarle demasiado” o de otras muchas cosas. Llega a entender por qué necesitó recurrir a la bebida. El resentimiento puede multiplicarse si además, de repente ha de ser el apoyo de su pareja con TDAH, sin ningún reconocimiento del daño que se le ha hecho y sin ninguna terapia para su propio trauma. Son situaciones muy comunes.

También es posible, en el caso de Jack, que los problemas de conducta de su mujer hubieran estado mucho tiempo ahí, sin detectar, incluso toda su vida; pero Jack estaba demasiado “desconectado” para notarlos, bien de novios o ya casados. Con el tratamiento, en cambio, empezó a percibir esos problemas y la dinámica fue cambiando.

El post del mes pasado recibió un comentario de Katy, que escribe sobre el TDAH Adulto en el blog 18Channels. Katy explicaba cómo su diagnóstico de TDAH fue también una mala noticia para su relación, pero cómo al final resultó ser una buena noticia:

Mala noticia: Ha servido para acelerar el final de la relación que mantenía cuando me lo diagnosticaron… pero, de todos modos, esa relación no era buena para ninguno de los dos. Era un buen tipo, pero tenía la mala costumbre de sobreproteger, algo que yo no necesitaba ni siquiera antes del diagnóstico. Y, para ser franca, algunas de mis rarezas le  resultaban un poco estresantes… ¡vaya sorpresa! 🙂 Tenía unas costumbres demasiado rígidas para que yo pudiera adaptarme.

Mi proceso de diagnóstico le hizo valorar mi esfuerzo para responsabilizarme de toda mi persona… pero eso no cambió el hecho de que toda mi persona no encajaba con toda su persona. Además, él estaba aprovechando mis excentricidades para esconderse y no tener que afrontar las suyas…

Creo que ambos estamos mejor tras la separación. Yo me cansé de ser “la persona con el problema” y él se cansó de esquivar la basura para entrar en casa (¡qué queréis que diga, necesito imágenes de apoyo!).

Buena noticia: conocí al amor de mi vida (cursi, cursi, cursi… ¡pero cierto!) después de romper con el otro. Él también tiene TDAH. Nos adoramos y no nos molestan en absoluto las excentricidades del otro. La mitad de las veces ni nos damos cuenta, la otra mitad disfrutamos con ellas.

Me parece muy divertido verle andar por ahí, haciendo exactamente las mismas cosas raras que yo hago a menudo; ¡es tan divertido verlas desde fuera! Por ejemplo: hoy ha revuelto la casa de arriba a abajo buscando su W-2 [1]. Él decía: “Sólo sé que lo puse en algún lugar supuestamente seguro, y que no tengo ni idea de dónde puede estar”. Todos los años, yo pierdo mi W-2, revuelvo toda la casa para buscarlo y digo exactamente lo mismo. ¡Lo que tenemos que hacer es dejar de poner las cosas en lugares seguros! Agarré y le di un enorme abrazo:)

 

Como ilustra la historia de Katy, el diagnóstico de TDAH de una persona y su tratamiento puede “equilibrar el terreno de juego” de la relación. En otras palabras, permite a la pareja valorar con más claridad su compatibilidad, más allá de algo obvio como “Yo soy desorganizada y él es muy desorganizado”. Por otra parte, sube el listón y obliga al otro cónyuge a dejar de “escurrir el bulto” sobre sus propios problemas de conducta, en vez de esconderlos tras los de su pareja, como indica Katy.

Cuando “el otro cónyuge” también tiene TDAH

Nunca me ha parecido apropiada la expresión cónyuge sin TDAH para describir a la pareja de un adulto con TDAH. Para empezar, ¿qué ocurre si aquél también tiene TDAH? Es algo muy frecuente.

Pero, ¿y si aún no sabe que tiene TDAH? Teniendo en cuenta los millones de adultos con TDAH sin diagnosticar, está claro que es posible. Por otra parte, parece lógico que el cónyuge con los síntomas de TDAH más evidentes o extremos sea diagnosticado primero, mientras que el otro podría serlo años más tarde. O no serlo nunca.

En mis años moderando grupos de apoyo para cónyuges de adultos con TDAH, me han llamado la atención algunas personas que, durante mucho tiempo, no aprecian ningún progreso en casa. Suelen ser las que repiten una y otra vez los mismos problemas y hacen las mismas preguntas, las que nunca parecen interiorizar la información y tomar medidas. ¿No podrían tener TDAH, como su pareja? (Nota al margen: también veo este fenómeno en padres de niños con TDAH, que parecen no darse cuenta de que ellos mismos podrían tener TDAH)

Algunas personas sí llegan a descubrirlo. Pero, por lo que he observado, lo normal es que esto ocurra meses, o hasta años, después de que el tratamiento de su pareja comience a estabilizarse. Cuando la polvareda por fin se va asentando –cuando ya no se ven constantemente envueltos en crisis y dramas relacionados con el TDAH de su cónyuge– pueden, ellas o sus terapeutas, ver con más claridad su propia contribución a los problemas de la relación. Finalmente, pueden empezar a separar los pobres mecanismos de supervivencia que han creado, como reacción ante los síntomas del TDAH no reconocido de su cónyuge, de los problemas que ellas mismas han tenido durante toda su vida.

Recibo muchas cartas de lectores de mi libro, “¿Eres tú, soy yo, o es el TDAH adulto?” Como era de esperar, muchas escritas por cónyuges de adultos con TDAH. Sorprende, sin embargo, que la mayoría de cartas provienen de adultos con TDAH. Peter comenzó en la primera categoría, pero con el tiempo vio que también se encontraba en la segunda. Para leer extractos de sus cartas (publicados con su permiso), haz clic aquí.

Lo que nos dicen los estudios

Las anécdotas de Katy y Peter son sólo eso: anécdotas. No son probabilidades estadísticas, son simples posibilidades. Y cuando se trata de la salud mental de los cónyuges de adultos con TDAH –ya se hayan conocido recientemente o lleven juntos mucho tiempo- todo es posible. Sin embargo, esto no ha detenido a los gurús a la hora de publicar estereotipos frecuentemente repetidos sobre el perfil psicológico o la personalidad  de los cónyuges, como por ejemplo:

• También tienen TDAH

• Tienen baja autoestima

• Son “crueles y controladores”

• Son unos “muggles”[2] aburridos

El problema es que estas afirmaciones se basan únicamente en prejuicios y conjeturas, aunque vengan de supuestos expertos –como, por desgracia, ocurre a menudo.

En primer lugar, ten en cuenta esto: el TDAH afecta a entre 10 y 30 millones de adultos en los EE.UU., es un trastorno con características muy variables, y una persona es algo más que sus síntomas. En resumen, no podemos hacer ninguna afirmación general sobre los adultos con TDAH. Entonces, ¿cómo vamos a poder hacerla sobre sus parejas, antiguas o actuales?

Segundo: No podemos evaluar las características psicológicas del cónyuge sin considerar también el resultado de convivir con alguien no diagnosticado o no tratado de sus síntomas de TDAH, a veces durante décadas y a veces criando al mismo tiempo a hijos con TDAH. Por supuesto, podemos hacer comentarios sobre cómo los cónyuges parecen estar ahora, tras meses o décadas metidos en estas estresantes relaciones (y esto parece ser lo que hacen estos supuestos expertos). ¿Pero cómo eran estas personas antes de dar unas cuantas vueltas en la montaña rusa del TDAH? Y ¿qué pasa con los cónyuges que no acuden a los grupos de apoyo?

Los estudios sobre este tema son muy escasos, pero hay publicados dos, pequeños pero importantes, de investigadores reconocidos, que arrojan algo de luz. Y está el Cuestionario TDAH a cónyuges, que examinó este tema desde diferentes ángulos. Vamos primero con los estudios:

1. El funcionamiento psicosocial de los hijos y cónyuges de adultos con TDAH determinó que “en general, los cónyuges de adultos con TDAH no muestran más trastornos psiquiátricos, ni a lo largo de su vida ni en la actualidad, que los del grupo de control, cuestionando así el concepto de emparejamiento selectivo. Sin embargo, refieren más angustia psicológica en el test SCL-90-R y menos satisfacción conyugal”.

2. El funcionamiento conyugal y familiar de adultos con TDAH y sus cónyuges: concluyó que los cónyuges de adultos con TDAH no difieren de los del grupo de control, en términos de salud psiquiátrica.

El Cuestionario TDAH a cónyuges preguntó sobre el estado de su salud mental de las personas entrevistadas, antes de la relación y durante esta. El objetivo de esta parte del estudio fue diferenciar el estado de salud mental previo a la relación y el impacto psicológico de convivir con los síntomas del TDAH no reconocido de su cónyuge.

Gina Pera - mental-health-chart1

La imagen que obtenemos es la de un grupo variopinto, que llega a esta relación con diferentes antecedentes y estados mentales. Ninguna sorpresa.

Al parecer, la única descripción precisa que tenemos de los cónyuges de adultos con TDAH es esta: viven (o vivían) con un cónyuge que tiene TDAH. Más allá de esto, todo es posible y ninguna caracterización universal es útil.


[1] Impreso con la suma de los ingresos anuales, necesario para la Declaración de la Renta, similar al 10-T en España (N. de la T.),

[2] En las novelas de Harry Potter, personas que no tienen poderes mágicos (N. de la T.)

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