Cuando la “buena noticia” del diagnóstico es una “mala noticia” en tu pareja. Primera Parte

 Escrito por Gina Pera

Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu

Texto original en inglés

Decimos que un diagnóstico de TDAH es una “buena noticia”, porque nos proporciona, además de la explicación que buscábamos hace tanto tiempo para nuestros problemas de conducta, un tratamiento eficaz para ellos. Entonces, ¿por qué ese diagnóstico (a veces, hasta el propio tratamiento) es una “mala noticia” para algunas parejas?

Las razones son de todo tipo, tan variadas como lo son las personas implicadas y la historia de su relación. Para tratar este tema, empezaremos con la carta que me envió un lector. Es sólo un ejemplo de cómo el diagnóstico y el tratamiento del TDAH pueden crear nuevos problemas, incluso al resolver los antiguos.

 

Jack celebra su éxito. ¿Por qué su mujer no?

Escuchemos a Jack: 42 años, casado desde hace doce y diagnosticado hace nueve meses:

“Me costó cerca de seis meses empezar con la medicación, y aún no habíamos acabado de ajustarla el médico y yo. Pero digámoslo así: antes de empezar con la medicación, me solían echar en cara que era muy movido, ruidoso, desordenado y me distraía a menudo. Con la medicación, me oigo a mí mismo igual que me oyen los demás, así que noto más si grito. También me doy cuenta de mi tendencia a discutir. Antes, una buena bronca era para mí como la comida. Ahora, no necesito convertir cada conversación en una disputa, y puedo conversar con normalidad sobre algo que me interesa.

Así pues, entre la medicación y la terapia, creo que mi vida ha cambiado radicalmente. Me organizo mejor, estoy más centrado y hago mejor mi trabajo. ¿Pero ha ayudado todo esto a mi matrimonio? Esta es la gran sorpresa. Más bien, la situación en casa ha empeorado en muchos aspectos.

De hecho, ahora que mi “niebla TDAH” se ha disipado, veo algunas cosas que hace tiempo que no funcionan en nuestro matrimonio y me pregunto si Judy, mi mujer, no necesitará que la vea un médico: tal vez también tiene TDAH o es codependiente. Sea lo que sea, parece que no soporta que haga mejor las cosas; creo que es porque ha perdido el control de la situación. Lo lógico es que se alegrase por mí, pero no es así.

Mi psiquiatra y mi terapeuta están de acuerdo en que el tratamiento, no es que funcione, es que está siendo un éxito. Con el apoyo de mi terapeuta, voy haciéndome valer cada vez más –por ejemplo, quiero controlar más nuestras cuentas– y eso a Judy no le gusta. Últimamente, la noto enfadada a menudo, o quizá sea que soy más consciente, porque la medicación me impide desconectarme de ella como hacía antes”.

El caso de Jack es una variación sobre un tema muy común: los adultos recién diagnosticados de TDAH comienzan el tratamiento, a menudo tomando medicación, y pronto la “niebla” de la distracción, la impulsividad y la inatención comienza a disiparse. Con la nueva claridad, muchos de estos adultos empiezan a reconsiderar sus decisiones: su empleo, su futuro profesional, sus amistades, sus hábitos de salud y, a veces, incluso su relación de pareja.

Muchos de estos adultos sienten, por primera vez en su vida, un optimismo fundado acerca de su capacidad de hacer cambios permanentes; al fin y al cabo, ahora ya tienen las respuestas correctas y las herramientas adecuadas. Sin embargo, conforme van descubriendo con entusiasmo sus nuevas capacidades y su confianza, es inevitable que el “equilibrio de poder” en su pareja empiece a cambiar.

Por tanto, es comprensible que personas como Jack se desanimen o hasta se enfaden cuando su pareja en lugar de compartir su optimismo, trate de aguarles la fiesta y desmoralizarles, restregándoles constantemente sus antiguos desmanes. Es fácil de entender que les moleste que su pareja se pase el día como un piloto automático, recordándoles sus obligaciones, dándoles instrucciones y enmendándoles. Debe ser deprimente, o al menos difícil de soportar, escuchar a tu cónyuge soltarte: “Bueno, le doy seis semanas a tu último arranque de auto-ayuda”.

No hay duda. El cambio puede resultar aterrador, especialmente si la pareja no está trabajando unida para conocer del TDAH y colaborar en las nuevas estrategias. La “negación” del TDAH puede suponer un problema en ambos cónyuges. En otras palabras, es posible que la mujer de Jack no quiera admitir que él vaya a cambiar sus viejas costumbres. Puede que, además, ella no vea sus propios pecadillos o incluso sus trastornos (trataremos este tema próximamente).

 

Pero ¿comprende Jack la reacción de su mujer?

Para ser justos, analicemos lo que Jack podría estar olvidando. Puede que Judy tenga también sus buenos motivos para reaccionar así, motivos que a Jack quizá se le escapen; él reconoce que pasó muchos años en una “niebla TDAH”. Y Judy podría estar haciéndose estas preguntas:

• ¿Cuánto tiempo durará esta vez la “renovada” conducta de Jack?

Lo más probable es que Jack, antes del diagnóstico, haya pasado temporadas en que “hacía mejor las cosas” durante semanas o hasta meses –estaba más centrado en casa, hacía deporte, tenía más paciencia con los niños, cumplía lo acordado y demás. Poco a poco, sin embargo, su atención se iba desvaneciendo o se desviaba a actividades más estimulantes. “Jabonar, aclarar y repetir”. Una y otra vez a lo largo de años.

¿Reconoce Jack este patrón? Acaso de una forma fugaz y vaga, en parte porque le disgusta hablar de los fracasos del pasado; él trata de mirar hacia el futuro con actitud positiva. Pero Judy está más preocupada por los antecedentes.

• ¿Cómo puedo confiar en Jack, cuando no acierta a reconocer los problemas del pasado, ni muestra comprensión por lo que yo he pasado estos años?

Arrastrado por el entusiasmo de sus nuevas posibilidades y viendo el pasado por un retrovisor muy deformado, Jack puede no tener un recuerdo claro de los antiguos patrones, y mucho menos de su importancia actual. Después de todo, él (y su terapeuta) cree que todo está saliendo bien.

Pero en realidad, ¿ha pedido este terapeuta la opinión de Judy sobre todo esto? Algunas personas con TDAH pueden contar historias maravillosas durante la estimulante hora de la terapia (no es que mientan, pero puede que sean poco objetivos), por lo tanto, el terapeuta sólo puede hacer conjeturas sobre cuál está siendo su evolución real (De ahí la recomendación de que las parejas trabajen en equipo en el conocimiento y tratamiento del TDAH, tal como se explica en este post[1])

Por su parte, Judy aprendió hace mucho a protegerse de los inevitables jarros de agua fría de Jack. Ha jurado no volver a celebrar antes de tiempo sus cambios positivos: es demasiado deprimente cuando de repente terminan, sin explicación y sin que Jack siquiera lo reconozca.

Cuando Jack dice querer controlar las cuentas de casa, ¿cómo va a aceptarlo Judy, cuando él ni siquiera reconoce sus antiguos derroches y sus efectos catastróficos en su familia, no hablemos ya de cómo piensa evitar la misma situación? A Judy le costó años sacarles de la ruina. Con sólo pensar en sus exigencias de libertad económica  –como si ella nunca hubiera querido tomar las decisiones juntos– a Judy le explotan las venas del cuello. ¿Enfadada? ¡Cómo diablos no va a estar enfadada!


[1]En inglés. Lo traduciremos próximamente (N. de la T.) 

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