TDAH coaching: Cómo usar la agenda

Becky Wheeler (entrenadora de TDAH) comparte algunos consejos para entrenadores, preparadores de entrenadores y personas con TDAH.

Traducido y adaptado por la Dra. Elena Díaz de Guereñu

Texto original en inglés

Mis clientes con TDAH suelen pedir ayuda para planificar, gestionar su tiempo y cumplir sus compromisos; aunque los problemas suelen ser muy parecidos –desde recordar sus citas a terminar sus trabajos a tiempo– las soluciones son diferentes para cada persona. La solución más habitual es tener una agenda pero, para que esto realmente funcione, lo importante es saber utilizarla. Vamos a analizar los cuatro pasos fundamentales para gestionar eficazmente una agenda.

Paso 1: Piensa a fondo

A principios de este verano, Nathan -un estudiante- estaba entusiasmado con su próxima entrevista de trabajo. Le sugerí que comprobase el tiempo que tenía disponible antes de ir a hacerla.

-No hay problema, tengo libre todo el verano. ¡Puedo trabajar cuando me digan!

Le propuse abrir su agenda, aún en blanco.

-Echemos un vistazo a las páginas de cada mes.

Tener delante el mes completo ayuda a tener una idea global, para luego planificar con más detalle cada semana.

-¿No dijiste que te ibas a ir de vacaciones con tu familia?

-¡Ah, sí! Del 20 de junio al 2 de julio.

Él escribe entonces la palabra “vacaciones” en azul el día 20 de junio y va marcando con flechas cada día hasta el 2 de julio. Entonces se acuerda de los campamentos; luego, de su cita semanal con el preparador, de su examen de acceso a la Universidad, de la semana que vendrán a verle sus sobrinos, de su salida con la parroquia… Vamos marcando las actividades sociales y extraescolares en azul y las escolares en rojo; reservamos el verde para las horas que le quedan libres para trabajar. Cuando acabamos, Nathan concluye entre risas que tiene demasiadas cosas que hacer este verano, así que el trabajo deberá esperar hasta el otoño. Yo estoy de acuerdo.

Conclusión: Nathan vive el presente y le cuesta orientar el radar hacia el futuro. Ha descubierto que su voz interna, la que hace las preguntas importantes, es débil, y que procesa mejor la información verbalizada. Enumeramos las preguntas generales que deberá hacerse a diario; Nathan cree que será capaz de organizarse si revisa su agenda con alguien (su preparador, su madre o un compañero); es lo que llamamos “un sistema de amigos”.

Paso 2: Escribe

Kate se queja de que siempre le mandan la tarea cuando suena el timbre, al final de la clase.

-Trato de memorizarlas porque, si las escribo, llego tarde a la próxima clase.

Pero Kate sabe que esto no funciona.

Le pregunto cuánto tiempo cree que necesitaría para anotar las tareas; calcula que unos dos o tres minutos.

-Vamos a hacer la prueba. Cuando diga “Ya”, escribe: “Leer de la página 15 a la 23 y hacer los ejercicios de la página 24. Preparar el examen de mañana; visitar Blackboard[1] y comentar lo que has leído.

Kate cree que han pasado tres minutos, pero sólo le ha costado 40 segundos anotar las tareas en su agenda. Le sugiero que use una clave de siglas para conseguirlo en menos de 15 segundos. Esto es lo que se le ocurrió: L p.15-23, Ej p.24. Cmnt BB. Ex mñn.

-Catorce segundos exactos. ¡Perfecto!”

Revisamos el proceso para ver los posibles obstáculos y diseñamos el siguiente plan.

1) Al comienzo de la clase, Kate sacará la agenda para no tener que andar buscándola después.

2) Escribirá el nombre de la asignatura antes de cada tarea.

3) Dibujará una casilla junto a cada tarea, para marcarla cuando la haya hecho.

4) Marcará con un asterisco las tareas que requieran llevar a casa libros o cuadernos; así será más fácil cogerlos de la taquilla cuando tenga prisa para coger el autobús.

Conclusión: Kate dice, en broma, que pacece  “DT: Distorsión del Tiempo”. Siente que el tiempo se le escapa entre los dedos, por lo que ha decidido elaborar un “diccionario de tiempo” donde registrar cuánto le cuesta hacer diferentes tareas. Al aumentar su conocimiento sobre sí misma, Kate será capaz de asignar plazos factibles a cada tarea y, sabiendo con exactitud el tiempo necesario para anotar los deberes, hará de ello una nueva costumbre.

Paso 3: Organízala

Sue tiene un marido que viaja mucho, dos adolescentes muy activos y muchas ocupaciones. Le gustan las agendas tradicionales, pero le falta espacio. Notas, números de teléfono y garabatos diversos cubren las páginas y ocultan lo importante. Se pasa el día buscando esa nota o aquel teléfono importante. Revisando un día cualquiera en su agenda, puedo imaginármela yendo y viniendo a todo correr de casa a sus compromisos, desbordada y con los nervios destrozados.

Después de pensarlo un poco, Sue opta por una agenda online, con un espacio reservado para anotaciones, una carpeta de Contactos donde localizar la información fundamental de cada uno y, lo mejor de todo, la posibilidad de crear citas periódicas automáticamente; así no tendrá que preocuparse de recordar todas sus citas habituales.

Le sugiero también que agrupe sus actividades para ahorrar tiempo, reducir el estrés y disfrutar de verdad de cada día. He aquí cómo distribuye Sue el tiempo:

Tiempo en el despacho; planificar, programar citas, revisar correos electrónicos, gestionar pedidos online y resolver el papeleo fundamental (martes y jueves por las mañanas).

Tiempo de ejercicio; aprovechar para hacer recados cuando sale de casa (lunes, miércoles y sábados por las tardes).

Tiempo personal; quedar para comer con alguna amiga, tocar el piano o ir al médico (viernes).

Actividades de los chicos; turnos semanales del coche compartido para el colegio, deportes y actividades de la parroquia (variable).

Conclusión: Una vez ha asignado el tiempo necesario a los temas fundamentales, Sue ya puede relajarse. Tiene tiempo para pensar, lo  que le viene muy bien. Su horario está ahora un aspecto más ordenado, su agenda transmite menos estrés al verla. Cuando tiene que programar una nueva cita, es fácil encontrar los huecos entre las horas ya ocupadas.

También ha aprendido a sacar partido de las alarmas de la agenda, para saber cuándo toca cambiar de actividad. Gracias a estos recursos, Sue ya no ha de recurrir a su memoria de trabajo, que puede dedicar a otras tareas.

Paso 4: Consúltala

“Una herramienta sólo es tan buena como hábil es el artesano que la usa.” Para las agendas, esto significa que “una agenda bien organizada sólo es útil para quien la consulta.” Veamos cómo dos personas se las arreglan para asegurarse de consultar su agenda.

Noah es un abogado que registra meticulosamente cada detalle de su vida, pero cada mañana se despierta en una niebla y va cumpliendo sus rutinas a trompicones, sin consultar su agenda. No basta con revisarla la noche anterior: por la mañana, ha olvidado lo que miró. Mirar la agenda debe ser lo primero que haga cada mañana, así que le pregunto:

-¿Cuál es el primer sitio al que vas cada mañana?

El se sonríe. ¡Eso es! Va a colocar su agenda sobre la tapa del inodoro. Ahora bien, ¿cómo acordarse de colocarla allí cada noche? Noah usará su costumbre de cepillarse los dientes por la noche para vincular a esta tarea la colocación de la agenda en su sitio. Para mayor seguridad, pega una tarjeta reflectante en el espejo del baño. ¡Voila, funciona!

Kevin, que se autodefine como un friki, estudia para ser ingeniero. Es capaz de perder cualquier papel, pero la tecnología es sagrada: él y su smartphone son uno solo. Siempre lleva su agenda sincronizada con su teléfono, el ordenador de su habitación, el portátil y el iPod.

El problema es que la agenda queda enterrada a varios clics de profundidad y las alarmas no hacen que la consulte. Como el experto en tecnología es él, le pregunto cómo puede recordarse a sí mismo consultar su horario. Piensa un momento, abre su agenda y la guarda como protector de pantalla. Le pregunto cómo lo ha hecho:

-Hay una aplicación para eso. ¡Sólo hay que buscarla en Google!

Ahora, su teléfono le recuerda su agenda del día cada vez que lo conecta.

Conclusión: Tanto Noah como Kevin han encontrado sus propios trucos para recordar. Noah utiliza el “método caballito” toma una costumbre actual y añade otra sobre ella. Para Kevin, se trata de encontrar algo que no pueda evitar mirar.

En todos los casos, controlar tu agenda (y tu vida) consiste en aprender acerca de ti mismo, comprender cómo funcionas mejor, y ser imaginativo. ¡Buena planificación!


[1] Sitio web de educación online www.blackboard.com

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