Los deberes, una tortura para algunos alumnos

Por Jay Mathews (Washington Post)
Traducido y adaptado por la Dra. Elena Díaz de Guereñu

Texto original en inglés

La primera pista que Bonnie Beaver tuvo sobre los problemas de aprendizaje de su hija fue en 2º curso. La niña tenía un percentil 99 en Matemáticas según el test WISC, pero cuando su profesora dividió la clase de Matemáticas en grupos según su nivel, ella no estaba en el primero.

La Sra. Beavers mostró los resultados del test de la niña a la profesora, que no se inmutó. “La pillé contando con los dedos”, dijo. Después perdió un poco los papeles, empeñándose en afirmar que los alumnos no sabían que se les había agrupado según su nivel.

“Desde entonces, a mi hija nunca le han gustado las matemáticas ni se ha considerado buena en eso”, dice la Sra. Beavers.

Más adelante, a la niña se le diagnosticó un trastorno por déficit de atención con hiperactividad y un trastorno de las funciones ejecutivas (incapacidad para organizarse), igual que a su hermano mayor. Como muchos niños inteligentes que padecen este trastorno, tuvieron que soportar que los profesores insinuaran que eran unos vagos por no ser capaces de completar una serie de tareas repetitivas en un tiempo razonable.

Estos niños sienten frustración, incluso en una región como la nuestra, con magníficos profesores y estupendas escuelas. Según declaran muchos padres, hay demasiados educadores que siguen confundiendo este trastorno con pereza o dejadez.

Los hijos de la Sra. Beavers iban a escuelas del condado de Montgomery, que no son peores en esto que las de otras zonas. Un portavoz de las escuelas de Montgomery dijo que hay especialistas formando al profesorado sobre adaptaciones curriculares. La Sra. Beavers matriculó a su hija en una prestigiosa escuela privada, buscando algo mejor. Pronto sufrió una nueva decepción.

Lo llamativo de la historia de los Beavers es que, pese a la incapacidad de los niños para aprender las tablas de multiplicar en 3º, ambos fueron admitidos en el Centro para Superdotados de la Escuela Primaria Lucy V. Barnsley para cursar 4º. “La evaluación se basa, sobre todo, en conceptos”, según la Sra. Beavers. “A ambos les encantaba enfrentarse a desafíos; fue la única ocasión que se sintieron a gusto en el colegio.”

Sin embargo, algunos profesores no entendían que la inteligencia no se mide por la cantidad de deberes que puedes hacer. “La tarea de un día para una sola asignatura, consistía en preparar un texto para un personaje de Shakespeare, empapar papel en té y arrugarlo para que pareciera pergamino y escribir sobre él ese texto con caligrafía. Una auténtica tortura para un estudiante con problemas de aprendizaje que trabaja despacio y apenas consigue escribir a lápiz de forma legible”.

Después de dos años en Barnsley, su hijo quiso matricularse en un instituto especializado en Matemáticas, pero no fue admitido: sólo respondió la mitad de las preguntas de matemáticas en el tiempo asignado. Todas las respuestas eran correctas.

Se matriculó en Westland Middle School, donde Beavers pidió que se le aplicase el Programa 504 (adaptación curricular regulada por una ley federal). Alegó sus altas calificaciones y, en contraste, las notas que recibía por no entregar sus deberes o hacerlo tarde. Pidió que le concedieran tiempo adicional en los exámenes y otras adaptaciones. El jefe de estudios le contestó: “Lo siento por su hijo. Lo que está usted haciendo es presionarle para que saque mejores notas” y se marchó. Un portavoz de las escuelas del Condado no quiso comentar sobre el caso, aludiendo a cuestiones de privacidad.

La Sra. Beavers pensó que a su hija le iría mejor en Holton-Arms, una escuela privada para niñas de Bethesda. A la vista de los resultados de su test, se le asignó al grupo más alto de Matemáticas y se le concedió tiempo adicional para los exámenes. Pero cuando La Sra. Beavers pidió que se le redujeran las tareas repetitivas, garantizando que se trataran todos los temas, la respuesta fue: “Nosotros no ofrecemos ese tipo de adaptación” Un portavoz de la escuela nos lo confirmó.

Podéis pensar que la Sra. Beavers estaba jugando con el sistema para ayudar a unos hijos vagos; estáis en vuestro derecho. Yo ya he visto demasiados casos como éste para pensar así.

Quizá merezca la pena hacer un esfuerzo más y pedir a esos profesores que prueben a realizar una adaptación de todos modos, a ver qué pasa.

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