El TDAH va al aeropuerto

Terry Matlen

Escrito por Terry Matlen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADD consults

Acabo de regresar del Congreso de CHADD en Chicago, donde he hablado de dos temas: mujeres con TDAH y padres con TDAH que crían a hijos con TDAH.

Llevo cerca de veinte años trabajando, de una u otra manera, en el campo del TDAH. He escrito dos libros. He pronunciado muchas conferencias, tanto en mi región como en el resto del país. He sido invitada en la radio, me han entrevistado para el New York Times, el Wall Street Journal, la revista Redbook y otras. Tengo tropecientas páginas web sobre el TDAH (las principales están en www.ADDconsults.com y www.QueensOfDistraction.com).

Así que pensarás que tengo un buen control sobre mi propio TDA. Pero si pudieras ver el desorden de la mesa donde estoy sentada en este mismo momento, probablemente dirías ¿Qué? ¿Qué pasa con esto? ¿Cómo puedes decirme a MÍ cómo manejar el desorden cuando no puedes controlar el tuyo?

Bueno, tengo que confesarte un secreto. La mayoría de “expertos” en TDAH seguimos luchando con el desorden, la procrastinación, el manejo del tiempo y lo demás. Pero con una diferencia: la mayor parte del tiempo, ya no se nos cae la cara de vergüenza. Hemos aprendido métodos para afrontarlo. Hemos aprendido a perdonarnos a nosotros mismos y a darnos cuenta… venga… vamos a poder hacerlo (lo que sea) y hasta entonces, no vamos a llamarnos perezosos, inadaptados o incapaces. Te digo esto porque todos tenemos nuestros “momentos” TDAH –hasta quienes tenemos TDAH y somos psicoterapeutas, entrenadores, escritores, etc.

Déjame contarte cómo me explotó en la cara mi TDAH hace sólo tres días.

Al volar de vuelta desde el congreso de CHADD de Chicago a mi casa, cerca de Detroit, tuve una horrible experiencia TDAH en el aeropuerto O’Hare. Últimamente, no me hacían quitarme el abrigo, los zapatos, el cinturón, el móvil, el portátil, etc.; simplemente, pasaba por el escáner y seguía adelante.

El domingo, sin embargo, cambiaron las normas de seguridad y me pidieron que me quitara los zapatos y el abrigo antes de dirigirme a la máquina esa de rayos X. Esto me dejó descolocada. Pero hice lo que me decían y, cuando estaba pasando por la máquina, un guardia de seguridad moreno de pelo corto me echó la bronca por no sacar el ordenador portátil de la funda. Me disculpé varias veces mientras él agarraba la bolsa y la volvía a pasar por el escáner, y yo me apresuraba a recoger mi abrigo y mis zapatos para salir de allí de una vez, con la cara colorada. ¡Sí, señor!

La Experta en TDAH estaba muerta de vergüenza, mientras los demás me lanzaban miradas asesinas por atascar la fila. Y ni siquiera tenía un niño llorón a quien echar la culpa.

Corriendo hacia mi puerta de embarque, que como de costumbre era la última, a casi medio kilómetro, cogí algo para comer, compré la última revista People, con alguna famosa en la portada que no conocía de nada y encontré un acogedor (?) lugar en el que esperar al momento de embarcar. Mientras masticaba el cartón, quiero decir, el sándwich de pavo, se me ocurrió revisar mi correo electrónico. Después de todo, quedaban unos veinte minutos, y ya sabes lo que son veinte minutos sin hacer nada: ¡un infierno!

Saqué el cable del ordenador, lo enchufé, cogí la funda y me di cuenta, horrorizada, de que estaba vacía. ¡El de seguridad debía de haber puesto el portátil en una cesta, en lugar de devolverlo a su funda! Eso podía significar dos cosas: o me lo habían robado… o me lo habían robado.

Corrí el medio kilómetro de vuelta al control de seguridad pero, como era de esperar, no encontré mi MacBook Pro (nombre en clave para ORDENADOR PORTÁTIL MUY CARO). Pero un empleado de amplia sonrisa y amables ojos verdes se ofreció a revisar el video para tratar de ver qué había ocurrido con él. ¡Don Amables Ojos Verdes lo localizó! Lo habían llevado a la sala de seguridad que – ¡ay!- estaba cerrada el fin de semana.

Para abreviar, cuando llegué a casa arreglé las cosas para que me enviasen el portátil por mensajero, pero pasarán varios días hasta tener la seguridad de que Don Amables Ojos Verdes solucionó de verdad mi problema.

¿Cuál es la moraleja? TODOS tenemos nuestros momentos TDAH. Yo DEBERÍA haber revisado la funda para comprobar que mi portátil estaba allí dentro. Para empezar, DEBERÍA haberlo sacado de la funda. NO DEBERÍA haberme comido un sándwich de cartón con pavo antes de correr durante medio kilómetro en busca de mi querido ordenador.

Pero ¿cuál es la lección más importante de todas? El TDAH me acompañará siempre. Y sin esos momentos locos… ¿sobre qué iba yo a escribir?

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Experiencia Focus Aula

Javier Estévez psicólogo y psicopedagogo de Unidad Focus y un grupo de profesores explican el proyecto Focus Aula. Más información en http://www.unidadfocus.com

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TDAH. Un vídeo de Beatriz Pita

Un mayor conocimiento sobre TDAH y sus consecuencias a nivel académico y emocional son esenciales para que los alumnos afectados puedan desarrollar sus capacidades en igualdad de oportunidades.
Con el testimonio de un psicólogo, una psicopedagoga, padres y niños vemos cuales son las dificultades de un niño/a con TDAH en el aula, como se sienten y como podemos facilitarles el camino.

Un vídeo de Beatriz Pita

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Cómo manejar la ira de tu hijo con TDAH

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Educar a hijos con TDAH. ¿Puede ayudarte la Terapia Conductual?

Siete técnicas de terapia conductual para TDAH que mejorarán la actitud y el autocontrol de tu hijo.

ADDitude

Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Los fundamentos de la terapia conductual para el TDAH son fáciles de entender y de poner en práctica, incluso sin ayuda de un terapeuta.

¿Alguna vez has mandado a tu hijo un tiempo fuera por contestarte mal – o le has advertido antes de llevarle a algún lugar que ponga a prueba su autodominio? Entonces ya tienes una idea de cómo funciona la terapia conductual en la educación de hijos con TDAH.

“La modificación de la conducta consiste, en gran parte, en aplicar el sentido común”, dice William Pelham, Jr., Ph.D., director del Centro para Niños y Familias de la Universidad del Estado de Nueva York, en Buffalo. “El problema es que a ninguno de nosotros nos han enseñado a ser buenos padres, y ninguno esperábamos que nuestros hijos necesitarían unos padres con grandes dotes para la educación de los hijos y mucha paciencia.”

La idea básica es establecer normas específicas para regular la conducta de tu hijo (nada vago ni demasiado general) y hacer cumplir esas normas de forma coherente, con consecuencias positivas por seguirlas y consecuencias negativas por incumplirlas. El Dr. Pelham propone estas siete estrategias para mejorar el comportamiento TDAH:

1. Asegúrate de que tu hijo entiende las reglas

Decirle a un niño “haz esto” o “no hagas aquello” no basta. Para asegurarte de que tu hijo interioriza las reglas, escribe listas y colócalas por toda la casa. Por ejemplo, puedes elaborar una lista detallando todo lo que tu hijo debe hacer antes de ir a la escuela.
Asegúrate de que las normas están escritas con claridad. Repásalas para asegurarte de que las entiende, y revísalas cuando sea necesario. Sigue las rutinas a rajatabla hasta que tu hijo las comprenda.

2. Dale órdenes claras

En primer lugar, llama a tu hija por su nombre, para asegurarte de que te atiende. Entonces dile exactamente lo que quieres que haga. Si estás, por ejemplo, en la fila para pagar en el supermercado puedes decirle: “Sara, quédate a mi lado y no toques nada.” No basta con decirle “pórtate bien”; puede que no entienda lo que eso implica. Por último, indícale las consecuencias de desobedecer la orden –y aplícalas siempre.

3. No esperes la perfección

Busca el equilibrio entre los elogios y las críticas. Una regla de oro es alabar a tu hijo por hacer algo bien, al menos cinco veces más de las que le riñes por su mala conducta.
Si esperas resultados inmediatos y perfectos, sólo prepararás a tu hijo para el fracaso. Es mejor que te centres en premiar los pequeños logros y avances poco a poco hacia el resultado que deseas.
Si notas que estás criticándole demasiado, baja el listón un poco. Poniéndote tiquismiquis sólo conseguirás volveros locos tú y tu hijo.

4. Usa frases del tipo “cuando-entonces” para alentar el buen comportamiento y recompensar a tu hijo

Si tu hija te pide permiso para hacer algo que le gusta antes de terminar sus tareas o deberes, dile: “Sí, cuando termines de recoger tu cuarto, entonces puedes salir con tus amigas.” Con los niños más pequeños, es importante que la actividad gratificante se realice inmediatamente después de terminar la tarea u obligación.

5. Establece un sistema de puntos o fichas para las recompensas y las consecuencias

Un sistema eficaz para alentar a tu hijo a cumplir tus órdenes consiste en un bote y unas canicas. Cada vez que tu hijo haga lo que le pides, pon una canica en el bote. Cada vez que no lo haga, saca dos canicas. Al final del día, ganará una pequeña recompensa en función del número de canicas que haya en el bote. El día siguiente, comienza de nuevo.

6. Adapta tus técnicas de disciplina a su edad

Algunas medidas, como el tiempo fuera, pueden no funcionar con los pre-adolescentes y los adolescentes tan bien como con los niños más pequeños. Si tu hija de doce años incumple una norma, puedes encargarle una tarea de cinco minutos, como recoger el cuarto de estar, mejor que mandarle cinco minutos fuera.

Con los niños mayores, es bueno negociar las normas y las recompensas por el buen comportamiento. Por ejemplo, tu hijo puede pediros que le dejéis el coche o salir más tiempo con sus amigos, si colabora en casa y trabaja bien en el colegio.

7. Pide a sus profesores que establezcan un sistema similar en la escuela

Una de las mejores herramientas para la cooperación entre padres y maestros es la tarjeta de control diario. Habla con su profesor para determinar las conductas deseadas en clase -“completar las tareas dentro del tiempo asignado” o “participar en clase”. Al final de cada jornada escolar, el profesor puede anotar una evaluación rápida de cómo ha cumplido tu hijo esos objetivos de conducta, y enviarla a casa con él. Prémiale por haberlo hecho bien ese día con tiempo para jugar fuera o dejándole elegir la emisora en la radio del coche.

Si tu hija estudia ESO o Bachiller, pídele a su tutor que proponga a los demás profesores usar una tarjeta de control diario. Utilizad hojas de su cuaderno de tareas para los informes diarios.

Muchos padres incorporan estas estrategias a la vida familiar sin ayuda profesional. Si tienes dificultades para lograr los resultados que buscas, piensa en apuntarte a un programa de formación para padres. Un programa normal consta de sesiones de dos horas, en las que un terapeuta trabaja con los padres -por lo general en grupo- para darles el apoyo y la orientación necesarios para fomentar la buena conducta.

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