¿Debería recibir terapia conductual vuestro hijo con TDAH?

Eileen Bailey

Escrito por Eileen Bailey
Publicado el 9 de febrero de 2015
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Health Central

Los principales síntomas del TDAH –hiperactividad, impulsividad e inatención– pueden causar problemas a los niños en el colegio, socialmente y en casa. Según la Asociación Americana de Psiquiatría, “la terapia conductual y la medicación pueden mejorar los síntomas del TDAH. Los estudios han demostrado que la combinación de terapia conductual y medicación es lo mejor para la mayoría de los pacientes”. En algunos casos, es posible reducir la medicación cuando se administra en combinación con una terapia conductual.

Sin embargo, de acuerdo con un reciente estudio, la mayoría de los niños con TDAH no recibe terapia conductual. Los investigadores de RAND –organización sin ánimo de lucro dedicada a la investigación– revisaron más de 300.000 historias clínicas de niños y adolescentes a quienes se había prescrito medicación para el TDAH. Comprobaron cuántos de estos niños recibían terapia de conversación o conductual, además de medicación para el TDAH y descubrieron que eran menos de la cuarta parte.

La terapia conductual –a veces denominada tratamiento psicosocial– consiste en ayudar al niño a aprender a manejar sus síntomas en diferentes situaciones. Según Help4ADHD.org, los tratamientos conductuales pueden ser de ayuda cuando un niño:

  • Tiene problemas académicos o de comportamiento en la escuela
  • Tiene dificultades para hacer amistades o mantenerlas
  • Tiene problemas para llevarse bien con sus padres o hermanos

La terapia conductual no se dirige necesariamente a los síntomas del TDAH, sino que busca cambiar los comportamientos que se producen como resultado de esos síntomas; por ejemplo, no seguir instrucciones podría ser una consecuencia de la inatención. El terapeuta puede trabajar con vuestro hijo sobre la mejor forma de refrenarse y seguir instrucciones. Además de trabajar directamente con vuestro hijo, este tipo de terapia enseña a los padres y profesores nuevas estrategias para manejar los problemas de conducta y responder cuando estos problemas aparecen. Entre ellas, aprender a establecer reglas coherentes en casa y en la escuela, alabando las conductas deseadas e ignorando las conductas indeseadas de poca importancia, así como usar cuadros diarios y sistemas de puntos para recompensas y consecuencias negativas.

Los investigadores comprobaron que en las zonas donde había menos gabinetes psicológicos, asistían menos niños a terapia conductual que en aquéllas donde había más psicólogos. Pero no siempre era así. Comparando zonas con un número similar de psicólogos (el condado de Sacramento, en California y el condado de Miami-Dade, en Florida) vieron que, en California, cerca de la mitad de los niños con TDAH recibían terapia conductual, mientras que sólo un quinto de los niños con TDAH de Florida recibían ese tratamiento.

Hablando con padres de niños con TDAH, descubrí varias razones por las que los padres no solicitaban este tipo de tratamiento (no hay nada de científico en los resultados, pregunté a algunos padres que conozco por qué no pedían terapia conductual para sus hijos). Algunos padres no sabían que su seguro cubría este tipo de tratamiento y suponían que tendrían que pagarlo ellos. Otros padres no querían que sus hijos fueran etiquetados como “enfermos mentales” por acudir a un terapeuta. Otros señalaron que su médico nunca se lo propuso ni se lo explicó, por lo que nunca se plantearon esa posibilidad. Otra razón era que veían la terapia como algo necesario para niños “muy malos” y creían que su hijo no respondía a esa descripción.

Si vuestro hijo tiene TDAH, consultad con vuestro seguro y hablad con vuestro médico. Informaos sobre los terapeutas de la zona especializados en trabajar con niños y adolescentes con TDAH. Hablad con el terapeuta para averiguar cómo puede beneficiar este tipo de tratamiento a vuestro hijo. La terapia conductual puede ayudar a que vuestro hijo aprenda a manejar sus síntomas y le puede enseñar a responder mejor cuando se presenten los problemas. Puede mejorar su relación con vosotros y darle herramientas para continuar manejando sus síntomas a lo largo de su vida.

 

Más información: http://tdahvitoriagasteiz.com/el-tdah/tratamiento-psicosocial-para-ninos-y-adolescentes-con-tdah/

 

 

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¿Qué edad tienes? ¿Y tienes TDAH?

Kelly Babcock

Escrito por Kelly Babcock
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Tengo un problema. Bueno, tengo un montón de problemas, pero hay uno que me gustaría contaros.

Es mi edad o, mejor dicho, mis edades. Tengo TDAH, así que tengo una edad cronológica, una edad física, una edad emocional, y una edad basada en la cantidad de tiempo que parece que he vivido.

Esas edades son, por ese orden, 56, 86, 13 y 21 años.

Podemos olvidarnos de los 56; es sólo el tiempo que ha pasado desde que nací. No aparento esa edad y me siento mucho mayor (¿alguien ha visto mi linimento?).

Lo de sentirme mayor constituye la segunda edad, la física. Las personas con TDAH acudimos más a menudo a Urgencias, sufrimos más contusiones y esguinces, y tenemos más probabilidades de morir intoxicados por accidente (creo que esto último es porque también somos más propensos a decir: “Igual esto se puede comer todavía “, mientras rebuscamos en la nevera).

No es de extrañar que me sienta viejo. Al igual que muchas personas hiperactivas –la gran “H” del TDAH– trabajo duro, juego duro y trato de mantenerme todavía al día.

Por otro lado, mis articulaciones no se doblan con la misma facilidad al levantarme por las mañanas; como dijo mi colega canadiense Leonard Cohen: “Me duelen los lugares con que solía jugar”.

Pero como lo viejo que yo me sienta no tiene que ver con mi edad, podemos olvidarnos también de este número.

Así que quedan mi edad emocional y la que representa el tiempo que parece que llevo aquí. Y ambas podrían expresarse adecuadamente con el término “menor de treinta años.”

Qué suerte, ¿no?

Sí, supongo… pero también no. Sabes, a mi edad y con TDAH, represento a un gran número, cada vez mayor, de personas. Personas mayores de 50 años que, más o menos en los últimos ocho años, han sido diagnosticadas de TDAH.

¿Y por qué no somos tan afortunados? Bueno, poniéndome a mí mismo como ejemplo, he descubierto hace poco que tengo TDAH, a mis cincuenta y tantos años. He sufrido dos shocks: primero, por tener TDAH, y además, por tener cincuenta y tantos años.

Por el amor de Dios, si aún no he decidido lo que quiero ser de mayor…

¡Y eso es terrible!

Hay todo tipo de programas proactivos para proporcionar a los jóvenes una enseñanza adecuada, un empleo adecuado o una vivienda adecuada, y eso está bien. A mí me podrían ser útiles algunos de estos programas, pero no cumplo los requisitos.

En realidad, cumplo todos los requisitos, excepto lo de la edad. No mi edad real, sino la que marca el maldito calendario; el problema es la edad cronológica.

Escucha…

No puedo hablar en tu nombre, puede que tengas cincuenta y tantos años, puede que te hayan diagnosticado TDAH hace poco y puede que tengas muchos problemas que se supone que deberías haber resuelto a estas alturas.

Pero también puede que estés preguntándote cómo ha pasado la vida tan rápido sin que te dieras cuenta. Si es así, nos pasa lo mismo. Bienvenido al club. Somos los adolescentes más viejos del mundo. Somos veinteañeros a los que trata de usted el chaval con acné que nos atiende en el Burger, mientras pensamos: “Si yo trabajara aquí, ¿podría comer todas las patatas fritas que quisiera?”.

¿Y las soluciones?

No estoy buscando ventajas ni ayudas, ni siquiera programas sociales. Pero no puedo entender por qué no hay ninguno para nosotros.

Porque déjame decirte que, cuando llegamos a una edad en la que necesitamos que la sociedad cuide de nosotros, y ves que, si nos hubieran ayudado a organizar nuestras vidas, quizá no supondríamos una carga semejante… Desearás que hubiéramos recibido esa ayuda.

Sobre todo cuando te das cuenta de que sólo necesitábamos ayuda para organizarnos; que alguien nos mostrara adónde ir y qué hacer.

Pero ¿qué hay de…?

Sí, ya sé que hubo personas con TDAH antes de nosotros que no sabían eso. Y sé que las cosas han funcionado, mejor o peor, hasta ahora. Entonces, ¿por qué digo que vamos a lamentar que nada cambie? Porque, mientras que las cosas sigan más o menos igual, estaremos perdiendo la oportunidad de que pudieran ir mejor. Porque ahora sí sabemos. Y no hacemos nada.

Somos, de verdad, los adolescentes más viejos del mundo y necesitamos algo de ayuda para llegar a entender ese mundo antes de jubilarnos… el año que viene, más o menos.

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Por qué no duermen los niños con TDAH y qué hacer para solucionarlo

Dormir mejor conduce a controlar mejor los síntomas del TDAH para niños. Estas son soluciones probadas por padres para una buena noche de descanso.

 

Escrito por Jeanne Gehret y Patricia Quinn, M. D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu

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“¿Me estás escuchando?” Cómo es el TDAH Inatento en niños

Carol Brady

Tu hijo inatento puede estar luchando contra los síntomas del TDAH, no portándose mal adrede. Estas comprobaciones pueden ayudarte a comprender su conducta.

Escrito por Carol Brady, Ph.D.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADDitude

Como trastorno “invisible” que es, el TDAH infantil se percibe a menudo erróneamente como mala conducta. Podemos creer que el niño inatento desobedece las órdenes o remolonea deliberadamente.

El TDAH hace a menudo que el niño procese los pensamientos y haga las transiciones más lentamente. Si no entendemos esto, su tendencia a la inatención puede provocar conflictos en casa. He aquí algunas estrategias para evitarlos.

Cuando no te responde

Jane se sentía fatal cuando su madre le reñía por no escucharla.

Jane necesitaba tiempo para pensar y se quedaba mirando al vacío mientras elaboraba una respuesta.

Decidimos hacer las cosas de otra manera. Cuando su madre le hiciera una pregunta, Jane la miraría a los ojos y le diría: “Mamá, necesito un poco de tiempo para pensar en eso.”

Esto también ayudó a la madre a tener más paciencia, porque se dio cuenta de que su hija no lo hacía por terquedad.

Cuando le cuesta mucho tiempo terminar sus tareas

Susan siempre llegaba tarde a clase.

Susan tuvo una gran bronca con su madre hace unos días, cuando ésta fue a su cuarto, suponiendo que estaría lista para desayunar, y la encontró en pijama.

El TDAH hace difícil realizar una sencilla secuenciación de tareas. Madre e hija decidieron preparar una lista con los pasos de la rutina matinal y colocarla en el dormitorio y el baño. Además, recogían la habitación de Susan la víspera y guardaban en el armario los juguetes que podían distraerla. Al principio, la madre de Susan se quedaba cerca para recordarle que revisara y siguiera la lista. Al poco tiempo, Susan fue capaz de hacerlo sola.

Cuando tiene dificultades de memoria y concentración

Evan y su madre siempre parecían andar por separado en el supermercado.

Ella le mandaba por algunos artículos y al rato le encontraba con sólo uno en las manos, mirando las cajas de cereales. O iba empujando el carro, pensando que él venía detrás, y al darse la vuelta descubría que se había despistado.

Evan reconoció que no podía recordar más de un artículo de los que su madre le encargaba. Sus padres empezaron a darle las órdenes de una en una y reconocerle cada vez que hacía bien una tarea. Evan ganó confianza para llevar a cabo encargos sencillos, y consiguió ir por dos artículos a la vez.

Los niños tienen que superar el proceso de aprender a ser responsables y de cometer errores. No es fácil sentirse un niño problemático. Siendo pacientes, a nuestros hijos no les pasará eso.

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TDAH: Algunos trucos poco conocidos para manejar el tiempo

Escrito por Alan Brown
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu 
Texto original en inglés

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En el mundo de los remedios naturales para adolescentes y adultos con TDAH, quizá no se habla tanto de ningún tema como del manejo del tiempo.

Y es que, por regla general, en eso somos unos negados. Pero, también por regla general, escuchamos una y otra vez los mismos consejos para manejar el tiempo. Suelen estar bien y muchos de ellos son muy útiles si se siguen; pero, a petición de un lector de nuestro blog, quisiera aportar mi granito de arena sobre este tema y sacar a la luz algunas estrategias eficaces que quizá no hayas oído ya un millón de veces.

Ahí van…

Chutes de energía de proteínas

Cuando estás sentado en tu mesa tratando de pensar y avanzar, pero te has topado con un muro –puede que al final de la mañana o a media tarde- estás perdiendo el tiempo. Tu esfuerzo produce cada vez menos resultados y sólo consigues frustrarte. Ten siempre a mano un tentempié saludable de proteínas –lo mejor son frutos secos o semillas. Un puñado de frutos secos (NO azucarados ni con hidratos de carbono) con unas pocas frutas desecadas, como albaricoque, te pondrá de nuevo en marcha. Y unos chutes de proteínas cada vez que empiezas a atascarte te dará energía hasta la hora de terminar o la de comer. Esto puede suponer más de una hora de resultados productivos.

No le des más vueltas

Es una forma de desperdiciar mucho tiempo (y energía). Mientras estoy escribiendo este párrafo, a veces siento la “urgencia” de reflexionar sobre algunas cosas negativas que me han ocurrido hoy. Nada terrible –sólo esas cosas a las que mi mente quiere instintivamente dar vueltas… quizás como poner un fondo de violines como banda sonora que legitime las ganas de sentirme mal. Pero me digo ¡PARA!… y me recuerdo que obsesionarse es lo contrario de impulsar.

Ya lo sé. Podría haberme permitido ese pequeño “¡pobre de mí!”. Pero me habría robado unos cuantos minutos, por no hablar de una energía mental que puedo dedicar a mejores cosas. Así que, en vez de eso, estoy de nuevo escribiendo este blog. E impulsando, no obsesionándome.

Redefine el tiempo de espera

Perdemos mucho tiempo esperando (por ejemplo, haciendo cola en la tienda o ante una ventanilla) –y desperdiciamos mucha energía mental en frustración por tener que esperar. Me gusta tan poco esperar como a cualquier otro impaciente con TDAH. Así que, mientras estoy esperando, me dedico a… una de estas cuatro cosas:

  1. Borrar mensajes inútiles de correo electrónico (en mi smartphone, por supuesto… Si no tienes uno, consíguelo). Los importantes no los leo, a menos que sean urgentes –sólo hago limpieza para, al volver al trabajo poder centrar mis energías ena los mensajes importantes.
  2. Revisar las noticias. He reducido de forma espectacular mi consumo de medios de comunicación, pero debo estar al día de ciertas noticias y cultura pop, así que reviso algunas aplicaciones de medios de comunicación en mi teléfono (¡y resisto la tentación de navegar por artículos atractivos pero irrelevantes!)
  3. Meditar. Si ya he terminado de limpiar mi correo basura y estoy al tanto de los principales titulares de interés, acallo… la… mente. Nada del otro mundo –sólo dejar de escuchar mi ruido mental y escuchar mi propia respiración durante un par de minutos. Además, suelo adoptar una Pose de Poder… así que, cuando ha terminado la espera y estoy de vuelta al trabajo, ya estoy listo para ir A POR TODAS.
  4. Resolver problemas. Cuando hay que esperar más de cinco minutos –por ejemplo, en la consulta del médico o esperando un vuelo –entro en modo de Resolución de Problemas. ¿Qué me ha preocupado o frustrado últimamente? ¿Qué proyecto activo necesita un poco de cariño mental? Voy a desplegar mi superdotada mente de TDAH y a darle algunas vueltas a esa cuestión. Hmmm… ¡Ooh! ¡Qué buena idea!

Fíjate en que, en los cuatro casos, se trata de hacer algo de provecho. No me dedico a cotillear por teléfono ni a chatear… ni veo el último vídeo de lindos gatitos. Y lo más importante, no estoy gastando energías en sentirme frustrado – ¡porque, en realidad, no estoy esperando!

“No digas que no tienes tiempo. Tus días tiene el mismo número de horas que los de Helen Keller, Miguel Ángel, la madre Teresa, Leonardo Da Vinci y Albert Einstein.”

Jackson Brown Jr.

Para terminar, si pones en práctica con regularidad sólo dos de estos tres trucos, verás que tu lista de tareas pendientes empieza a encoger y que esas notas adhesivas de tu mesa empiezan a escasear. Puede que hasta llegues a sentir algo de control sobre ese escurridizo reloj.

Así que empieza por probar uno de ellos (no todos – sólo uno) y dime qué tal te va. Tal vez tú tengas tu propio truco poco conocido para manejar el tiempo TDAH y te gustaría compartirlo. ¡¡Somos todo oídos !!

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Cuando el TDAH de vuestro hijo afecta a la relación de la pareja

WebMD

Escrito por Heather Hatfield

Revisado por la Dra. Patricia Quinn

Traducido por la Dra Elena Díaz de Guereñu

Texto original en inglés

Forjar y mantener una buena relación con tu pareja cuesta trabajo. Cuando tienes un hijo con TDAH, equilibrar sus necesidades con la atención que merece tu matrimonio es fundamental para que ambos salgan bien parados.

“Cualquiera que tenga un hijo con un trastorno como el TDAH, que afecta a su capacidad de relacionarse, seguir normas, aprender y escuchar, verá su matrimonio afectado”, dice la psicoterapeuta Jenn Berman, de Los Ángeles. “Como padres y como pareja, hay que escuchar, trabajar juntos y no centrarse sólo en el niño, sino también en el otro cónyuge.”

De acuerdo o en desacuerdo

Uno de los primeros desacuerdos que sufren muchos padres al afrontar el TDAH de su hijo es si su hijo tiene de verdad el trastorno. Para algunas parejas, es un obstáculo difícil de superar.

“A menudo vemos a unos padres con diferentes puntos de vista sobre si su hijo tiene o no TDAH o, estando de acuerdo en esto, sobre cómo tratarlo”, dice Mark Wolraich, profesor de Pediatría en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Oklahoma.

El objetivo es llegar a un acuerdo sobre el diagnóstico y sobre el camino a seguir en lo relativo al tratamiento. A partir de ahí, es posible centrarse en ayudar al niño y al otro cónyuge.

En lo bueno y en lo malo

“El matrimonio es algo que necesita permanente dedicación”, dice Terry Dickson, director de la Clínica de Medicina de la Conducta de Michigan y entrenador TDAH. “Pero tener un hijo con TDAH añade una tensión adicional a toda la dinámica familiar”.

Dickson habla con conocimiento de causa: él mismo tiene TDAH, al igual que sus dos hijos. Su mujer, no.

“Cuando nos casamos, ambos sabíamos que era para siempre”, dice Dickson. “Pero debéis saber que tener un hijo con TDAH afectará a vuestro matrimonio, y ambos deberéis poner el mismo empeño para hacer que la cosa funcione.”

No siempre es fácil.

Dickson menciona un estudio que reveló que los padres de niños con TDAH tienen doble tasa de divorcio cuando su hijo tiene ocho años que los padres de niños sin TDAH. Aunque se trata de un solo estudio, dice Dickson, esto pone de manifiesto la presión adicional que un hijo con TDAH aporta a una relación de pareja.

Eso no significa que el TDAH separe a todas las parejas. En realidad, puede hacer que algunas se sientan más cercanas, al trabajar juntos para criar a un niño sano y feliz y mantener sólida su propia relación. Un sencillo paso para ello es comprender que vuestra relación es una de las herramientas más importantes de que disponéis para ayudar a vuestro hijo a crecer y salir adelante. Así de importante es vuestra relación, de veras.

Siete consejos para la relación de pareja

Los siguientes consejos pueden reforzar vuestra relación, al tiempo que ayudan a vuestro hijo:

  1. Organizad estructura y hábitos. Organizad estructura y hábitos diarios, aconseja Wolraich. No sólo ayudarán a tu hijo con TDAH, sino que os permitirá liberar tiempo para ti y tu pareja.
  2. Escuchad. “Aprended a escucharos uno al otro”, dice Berman. Cuando habla tu pareja, no pienses en tu respuesta, dedícate a escucharle. Esto os ayudará a superar conflictos, ya sean sobre el TDAH de vuestro hijo o sobre cualquier otra cosa.
  3. Estableced reglas en casa. “Acuerda con tu pareja unas reglas claras para la casa”, dice Wolraich. Si estáis de acuerdo sobre cómo criar a vuestro hijo, tenga o no TDAH, reduciréis el riesgo de disputas innecesarias sobre criterios educativos.
  4. Comunicaos. “Es realmente importante que te comuniques eficazmente con tu pareja acerca de vuestra relación”, dice Berman. “Los padres de un niño con TDAH tienden a poner en primer lugar las necesidades del niño, lo cual es comprensible. Pero dedicad también tiempo a las necesidades de vuestra relación y aprended cuáles son esas necesidades mediante una buena comunicación.”
  5. Compartid la carga. Tratad de mantener un equilibrio en la crianza de los hijos, evitando que uno soporte la mayor carga. “Cuando ambos padres trabajan juntos, el cuidado de un niño con TDAH es más fácil”, dice Wolraich. Compartir la responsabilidad reduce también el riesgo de conflictos y resentimientos en vuestra relación.
  6. Adaptaos. “Tenéis que aprender a adaptaros”, dice Dickson. Tenéis que aprender a convivir con el diagnóstico de TDAH de vuestro hijo y a trabajar sobre ello de la mejor forma para vuestro hijo y para vuestra pareja.
  7. Dad prioridad al tiempo para “vosotros”. Berman recomienda reservar de manera regular un tiempo para ti y tu pareja, alejados de los niños, sólo vosotros dos. “Toda relación necesita ser alimentada”, dice. “Especialmente si tenéis un niño con TDAH, es muy importante que os concentréis uno en el otro.”
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El TDAH va al aeropuerto

Terry Matlen

Escrito por Terry Matlen
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADD consults

Acabo de regresar del Congreso de CHADD en Chicago, donde he hablado de dos temas: mujeres con TDAH y padres con TDAH que crían a hijos con TDAH.

Llevo cerca de veinte años trabajando, de una u otra manera, en el campo del TDAH. He escrito dos libros. He pronunciado muchas conferencias, tanto en mi región como en el resto del país. He sido invitada en la radio, me han entrevistado para el New York Times, el Wall Street Journal, la revista Redbook y otras. Tengo tropecientas páginas web sobre el TDAH (las principales están en www.ADDconsults.com y www.QueensOfDistraction.com).

Así que pensarás que tengo un buen control sobre mi propio TDA. Pero si pudieras ver el desorden de la mesa donde estoy sentada en este mismo momento, probablemente dirías ¿Qué? ¿Qué pasa con esto? ¿Cómo puedes decirme a MÍ cómo manejar el desorden cuando no puedes controlar el tuyo?

Bueno, tengo que confesarte un secreto. La mayoría de “expertos” en TDAH seguimos luchando con el desorden, la procrastinación, el manejo del tiempo y lo demás. Pero con una diferencia: la mayor parte del tiempo, ya no se nos cae la cara de vergüenza. Hemos aprendido métodos para afrontarlo. Hemos aprendido a perdonarnos a nosotros mismos y a darnos cuenta… venga… vamos a poder hacerlo (lo que sea) y hasta entonces, no vamos a llamarnos perezosos, inadaptados o incapaces. Te digo esto porque todos tenemos nuestros “momentos” TDAH –hasta quienes tenemos TDAH y somos psicoterapeutas, entrenadores, escritores, etc.

Déjame contarte cómo me explotó en la cara mi TDAH hace sólo tres días.

Al volar de vuelta desde el congreso de CHADD de Chicago a mi casa, cerca de Detroit, tuve una horrible experiencia TDAH en el aeropuerto O’Hare. Últimamente, no me hacían quitarme el abrigo, los zapatos, el cinturón, el móvil, el portátil, etc.; simplemente, pasaba por el escáner y seguía adelante.

El domingo, sin embargo, cambiaron las normas de seguridad y me pidieron que me quitara los zapatos y el abrigo antes de dirigirme a la máquina esa de rayos X. Esto me dejó descolocada. Pero hice lo que me decían y, cuando estaba pasando por la máquina, un guardia de seguridad moreno de pelo corto me echó la bronca por no sacar el ordenador portátil de la funda. Me disculpé varias veces mientras él agarraba la bolsa y la volvía a pasar por el escáner, y yo me apresuraba a recoger mi abrigo y mis zapatos para salir de allí de una vez, con la cara colorada. ¡Sí, señor!

La Experta en TDAH estaba muerta de vergüenza, mientras los demás me lanzaban miradas asesinas por atascar la fila. Y ni siquiera tenía un niño llorón a quien echar la culpa.

Corriendo hacia mi puerta de embarque, que como de costumbre era la última, a casi medio kilómetro, cogí algo para comer, compré la última revista People, con alguna famosa en la portada que no conocía de nada y encontré un acogedor (?) lugar en el que esperar al momento de embarcar. Mientras masticaba el cartón, quiero decir, el sándwich de pavo, se me ocurrió revisar mi correo electrónico. Después de todo, quedaban unos veinte minutos, y ya sabes lo que son veinte minutos sin hacer nada: ¡un infierno!

Saqué el cable del ordenador, lo enchufé, cogí la funda y me di cuenta, horrorizada, de que estaba vacía. ¡El de seguridad debía de haber puesto el portátil en una cesta, en lugar de devolverlo a su funda! Eso podía significar dos cosas: o me lo habían robado… o me lo habían robado.

Corrí el medio kilómetro de vuelta al control de seguridad pero, como era de esperar, no encontré mi MacBook Pro (nombre en clave para ORDENADOR PORTÁTIL MUY CARO). Pero un empleado de amplia sonrisa y amables ojos verdes se ofreció a revisar el video para tratar de ver qué había ocurrido con él. ¡Don Amables Ojos Verdes lo localizó! Lo habían llevado a la sala de seguridad que – ¡ay!- estaba cerrada el fin de semana.

Para abreviar, cuando llegué a casa arreglé las cosas para que me enviasen el portátil por mensajero, pero pasarán varios días hasta tener la seguridad de que Don Amables Ojos Verdes solucionó de verdad mi problema.

¿Cuál es la moraleja? TODOS tenemos nuestros momentos TDAH. Yo DEBERÍA haber revisado la funda para comprobar que mi portátil estaba allí dentro. Para empezar, DEBERÍA haberlo sacado de la funda. NO DEBERÍA haberme comido un sándwich de cartón con pavo antes de correr durante medio kilómetro en busca de mi querido ordenador.

Pero ¿cuál es la lección más importante de todas? El TDAH me acompañará siempre. Y sin esos momentos locos… ¿sobre qué iba yo a escribir?

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Experiencia Focus Aula

Javier Estévez psicólogo y psicopedagogo de Unidad Focus y un grupo de profesores explican el proyecto Focus Aula. Más información en http://www.unidadfocus.com

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TDAH. Un vídeo de Beatriz Pita

Un mayor conocimiento sobre TDAH y sus consecuencias a nivel académico y emocional son esenciales para que los alumnos afectados puedan desarrollar sus capacidades en igualdad de oportunidades.
Con el testimonio de un psicólogo, una psicopedagoga, padres y niños vemos cuales son las dificultades de un niño/a con TDAH en el aula, como se sienten y como podemos facilitarles el camino.

Un vídeo de Beatriz Pita

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Cómo manejar la ira de tu hijo con TDAH

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