El botón de alarma: por qué las personas con TDAH nunca deberíamos pulsarlo

Family guy

¿Cómo olvidar el día en que me precipité y envié a mi hija al colegio pintada de gato una semana antes de Halloween?

Douglas Cootey

Escrito por Douglas Cootey
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADDitude

Es increíble el daño que produce un momento de pánico a mis, por lo demás, organizadas mañanas. Tengo rutinas. Tengo listas de tareas pendientes. ¿Qué más podría necesitar? Mi hiperactividad suele tener un maravilloso lado positivo, que me permite ponerme en marcha rápidamente mientras hago juegos malabares con seis bolas y entonces atrapar una más sin despeinarme. Cuando ando con prisa, puedo resultar un poco vehemente para quien ande cerca; esa vehemencia no sería necesaria si yo fuera un poquitín más organizado, pero me gusta la forma en que la “H” del TDAH me ayuda cuando me hace falta. Hay veces, sin embargo, en que una nueva bola viene hacia mí a toda velocidad, y en lugar de añadirla con elegancia a mi puñado de tareas en marcha, grito “¡En la cara no!” y me pongo a cubierto. También puedo quedarme bloqueado cuando la emoción y el caos me llenan la mente de indecisión. Entonces todo se desmorona a mi alrededor. Conecto rápidamente la hiperactividad, recojo todo lo que se ha caído, pongo todo en el aire de nuevo, pero esta vez con un punto de pánico y un sentimiento de terror. Esto suele ser porque, con las prisas por recuperar tiempo, he olvidado algo importante.

He sufrido algunas catástrofes, y rebuscando en las ruinas he aprendido que soy más vulnerable cuando estoy cansado o estresado por tener demasiadas bolas en el aire. El ejemplo más reciente fue el mes pasado. Era las seis y veinte de la mañana y estaba preparando unos huevos fritos que, misteriosamente, parecían revueltos, cuando mi hija entró corriendo en la cocina. Venía en estado de pánico porque era el día en que se suponía que debía llevar un disfraz de Halloween a la escuela. El anuncio cayó como una bomba en la cocina. “¿Queeé? ¿Y me lo dices ahora?” Abrí un ojo como un plato al descubrir con horror que sólo teníamos 25 minutos hasta que llegara su autobús. Su pánico era contagioso. Pedí el kit de pintura y me preparé para un pintado de cara de emergencia. Ninguna hija mía iba a ir a la escuela sin disfrazar porque yo no estuviera preparado. La pintura voló, se cometieron errores y se corrigieron y, de repente, mi hija de 14 años se había convertido en un gato. ¡El autobús llegó cuando terminaba con el último bigote, y ella salió por la puerta!

Nueve horas después, mi hija con cara de gato volvió a casa. Cerró despacio la puerta y se acercó a mí en silencio. Me dio un folleto y su mirada me dijo que algo iba mal. Lo miré por encima y me fijé en donde golpeaba con el dedo. El día de Halloween de la escuela era una semana después. Levanté la vista hacia ella con la boca abierta, y me eché a reír. La pobre había ido pintada como un gato a todas las clases del día. Los dos nos estuvimos riendo a carcajadas durante un buen rato.

La moraleja de la historia es: “Nunca te dejes llevar por el pánico”. Con nuestra impulsividad, pensar con pánico nos lanza en la dirección equivocada a la velocidad del rayo. Tal vez es porque hemos cometido demasiados errores en los últimos años. Tal vez estamos atrapados en el momento TDAH. Cualquiera que sea la razón, el pánico hace que nuestra mente, de por sí impulsiva, tome una decisión precipitada que rara vez termina bien. Entrénate para tomarte un momento de respiro y dejar que pase el pánico. Puede salvarte de la vergüenza ante ti mismo o ante tu familia. Como mínimo, podrás usar tus recursos para dar una respuesta más comedida. Yo ya tengo un plan de acción preparado para el siguiente pánico mañanero. Pediré que me enseñen el folleto primero.

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Cuando el colegio produjo ataques de ansiedad a mi hija

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El profesor de mi hija pensaba que ponía excusas para no terminar su trabajo de clase, así que le saqué rápidamente de su error.

Jennifer Gay Summers

Escrito por Jennifer Gay Summers
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Estaba cenando con mi hija, cuando vi cómo apartaba el arroz del plato y se comía sólo el pollo.

“¿Qué te pasa, Lee?”

“Me duele el estómago.”

“¿Es por el colegio?”

“¡Sí!” Sus mejillas enrojecieron mientras sus palabras salían atropelladamente, “El Sr. Peters me ha vuelto a mandar demasiado trabajo en clase. No pude terminar a tiempo y él actuó como si yo estuviera poniendo excusas”.

“¿Le dijiste que te sentías desbordada?”

“Sí. Le dije que creía que me iba a explotar la cabeza. Pero me contestó que mandarme menos tarea a mí no sería justo para los demás”.

Aparté mi plato y pensé, Ojalá me hubieran dado un dólar por cada vez que un profesor le ha dicho eso a mi hija.

“Pero yo no soy como los demás”, dijo Lee. “Es una tortura; todo ese trabajo es como tener que escalar una gran montaña. Mi profesor dice: “Vamos, empieza a hacer tu trabajo” y me dan ganas de llorar”.

Lee había hecho lo correcto en su defensa, pero yo también entendía al profesor. He sido profesora de bachiller, tenía cerca de 40 alumnos en clase y escuchaba todo tipo de excusas cuando los estudiantes no terminaban su trabajo: “Estoy demasiado cansado por el entrenamiento de anoche”, “necesito más tiempo para pensar” o “me duele la cabeza”. Lo que parecía un desprecio de los sentimientos de Lee podría ser, en realidad, una conclusión a la que el maestro había llegado: que Lee estaba poniendo excusas.

Como madre de una niña con TDAH y problemas de aprendizaje, también sabía cuándo me llegaba un grito de ayuda. El hecho de que Lee no pudiera hacer todo su trabajo de clase, y que eso le causara ataques de ansiedad, era una explicación sincera, no una excusa. El Sr. Peters necesitaba más explicaciones, esta vez mías. La ansiedad de Lee estaba empeorando en sus clases, y eso me preocupaba.

Había asistido a una conferencia donde aprendí que las niñas con TDAH y ansiedad o depresión son mucho más propensas a pasar desapercibidas en clase, porque sus síntomas se muestran de forma diferente. A diferencia de los niños con TDAH, las niñas sufren en silencio y se hunde su autoestima sin que nadie se dé cuenta. No es extraño que los maestros de Lee insistieran en que la auto-defensa es la máxima prioridad en décimo curso. Y me heló la sangre escuchar que las niñas también corren un mayor riesgo de conductas autolesivas, trastornos de alimentación e intentos de suicidio. Apartando mis temores a un lado, envié un email al Sr. Peters diciendo que quería hablarle de los problemas de Lee en su clase. Él respondió que pensaba que Lee podría necesitar un nueva adaptación para reducir su carga de trabajo y propuso una reunión de IEP[1]. Así que, después de todo, la había escuchado. Tal vez no había querido ofrecerle falsas promesas hasta que pudieran ser puestas en práctica oficialmente.

El equipo de IEP se reunió la siguiente semana y acordamos que su IEP debía incluir una reducción de su carga de trabajo. Aquella noche, le di a Lee la buena nueva cuando nos pusimos a cenar. Atacó la pasta y la ensalada y comió más que en la última semana.

“¿Quieres repetir?”, le pregunté.

Asintió con la cabeza. La explicación estaba clara.

[1]  Individualized Education Program: En EE.UU., programa adaptado a las necesidades educativas específicas de un alumno con una discapacidad.

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“¡Tengo TDAH!” Controla tu entusiasmo

Rick Green
Escrito por Rick Green
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Rick Green

Te lo han diagnosticado. Estás en estado de shock. Pero, de repente, tu vida adquiere sentido. Ya tienes una explicación. Las cosas comienzan a cambiar. Alivio. ¡Esperanza!

Compartes tus buenas noticias. Y… ¡CHAF!

“Yo no creo en el TDAH”.

“¿No es sólo una estafa de las farmacéuticas?”

“Todo el mundo quiere tener una excusa para la vagancia”.

“Es internet. En mis tiempos no teníamos TDAH”.

TÚ CONTRA DÉCADAS DE DESINFORMACIÓN

Llegamos a hacer un concurso en Facebook sobre “La mayor tontería que te hayan dicho sobre el TDAH“. ¿Sabes cuál es mi favorita? “Lo que tienes que hacer es dejar de pensar tanto“.

Cuando hicimos nuestra película ADD & Loving It?! y creamos TotallyADD, había mucha resistencia a la idea del TDAH. Todavía la hay. Gente que se niega a creer en la ciencia, la neuroimagen, la investigación genética y la experiencia de millones de personas que han sido diagnosticadas y están recuperando el control de su vida.

Dicho esto, hay que reconocer que las cosas están cambiando. Cada vez más personas entienden lo que es. La mayoría de los maestros se han formado. Los padres han tomado conciencia. Y cada vez más adultos están pensando en esa posibilidad.

Estoy orgulloso de decir que hemos tenido mucho que ver en ello.

¿Sabes? Hace unas semanas tuve el gran honor de recibir la Orden de Ontario. Fue por todo lo que he hecho por el TDAH. Por supuesto, en realidad es lo que muchos hemos hecho para producir nuestros videos y mantener activa la página web.

Sin embargo hubo un periódico – uno que ha publicado artículos alarmistas sobre el TDAH, la medicación y los niños – que dijo que me la habían concedido por participar en The Red Green Show. Ninguna mención del TDAH.

Y créeme, no me concedieron la Orden de Ontario por las payasadas que hago en The Red Green Show. ¡Si nunca he ganado ningún premio de televisión por el papel de Bill!

Dicho esto, parece haber cada vez más artículos en la prensa general que se atienen a los datos, ofrecen sabios consejos y hacen un trabajo serio para explicar el TDAH. Y lo que falta aún por descubrir.

(Ahora, dos horas de carcajadas)

¿4.000 ESTUDIOS CIENTÍFICOS NO SIRVEN PARA NADA?

Todavía me encuentro con padres preocupados que claman que nadie comprende a su hijo. Y con ‘expertos de café’ que se burlan de la sola idea del TDAH.

En la red, resulta deprimente lo fácil que es encontrar sitios web que dicen que no existe, o que el hombre que descubrió el TDAH dice que no existe (No fue un solo hombre. Y no dijo eso).

Un artículo proclamaba que los niños franceses no tienen TDAH. Hmm… Dado que los estudios muestran que el TDAH es hereditario en más del 70%, ¿pueden Perrier y Brie transformar el ADN para que te quedes sentado, prestes atención y ‘te portes como todo el mundo’?

Claro, los niños franceses no tienen TDAH. Y los niños de Corea del Norte son felices, están bien alimentados y disfrutan de su libertad… Sólo tienes que preguntar en la Oficina de Turismo de Corea del Norte.

El New York Times ha publicado un artículo tras otro descalificando la prevalencia, la gravedad o incluso la existencia del TDAH. El año pasado sentí vergüenza ajena al ver publicado un nuevo libro, “¡El TDAH no existe!” El autor plantea algunos puntos positivos: a menudo está mal diagnosticado. A menudo es otra cosa. O también otra cosa.

LOS ESCÉPTICOS TIENEN RAZÓN

¿Está sobrediagnosticado el TDAH? Con toda seguridad… en algunos lugares todavía está infradiagnosticado. Lee algunos mensajes en el foro de nuestra web de personas de Europa, Asia y Australia.

Si te ves confundido por ‘sabelotodos’ que no saben nada de nada, echa un vistazo a nuestro video Facing The World. En él explico cómo entender la psicología humana me ha permitido convertir rápidamente a los saboteadores en partidarios. Sin empezar discusiones ni destrozar amistades.

Y, bueno, algunas personas lo creerán. Pero eso plantea una pregunta interesante: ¿Importa lo que cree cada persona? ¿Tenemos que convencer a todo el mundo?

Por ejemplo, ¿te importa a ti personalmente que haya tribus primitivas en la Amazonía que crean que, si se pintan la cara de rojo, tendrán mejor suerte en la caza?

En realidad, no. Sus creencias no afectan a tu vida. No es probable que te pintes la cara con lápiz de labios para cazar un chollo en la tienda.

Obviamente, no importa lo que crea una tribu de la selva. Pero importa mucho lo que piensen tus parientes, maestros, compañeros, socios o tu pareja.

¿Qué pasa si tu jefe cree que el TDAH es una excusa para la vagancia? ¿Y si un compañero sin escrúpulos le enseña a tu supervisor basura de Internet que confirma los mitos? Adiós, ascenso.

TU PROPIO PEOR ENEMIGO

Ser diagnosticado puede resultar emocionante. Yo no podía resistirme a contárselo a la gente. Algunos se lo tomaron a broma. ‘Rick siempre está buscando una excusa”. (En realidad, lo que estaba buscando era una explicación y ésta era la más lógica).

Para algunos, estoy seguro, fue un motivo de preocupación que les hizo reacios a trabajar conmigo. ‘¿Está tomando medicación? ¿Va a resultar fiable?

No tengo ni idea de lo que ha supuesto para mi carrera ‘salir del armario’. Tal vez, al ser un cómico, la gente es más tolerante. No lo sé. Puede que me haya costado esfuerzo, pero ahora se ha convertido en un trabajo con dedicación plena.

Hoy en día, el TDAH es lo único de lo que hablo en mi trabajo. Eso es lo que ha reconocido la Orden de Ontario.

Pero eso es tan sólo lo que me ha pasado a mí.

En tu caso, ¿desvelar tu TDAH? ¿O el TDAH de tu hijo? Es algo lleno de peligros.

Sé que la primera reacción negativa que recibí me dejó desorientado y minó mi seguridad y mi progreso.

CUANDO EL GATO YA ESTÁ FUERA DE LA BOLSA…

Revelar es un asunto peliagudo. De hecho, hubo tantas personas que nos preguntaron a quién deberían decírselo, o que nos contaron historias terroríficas de lo que ocurrió cuando se enteró quien no debía, que hemos creado un video sobre ello, To Tell or Not to Tell? (¿Contarlo o no contarlo?).

En él, se ofrecen ideas claras de una docena de expertos en TDAH, médicos, entrenadores y un abogado laboralista. Hablan de los aspectos legales, los potenciales beneficios y las muchas consecuencias negativas.

Como explica el Dr. David Teplin, especialista en TDAH, “En cuestión de revelaciones, como en cualquier otro aspecto de la vida, tienes que ser consciente de lo que estás diciendo, de quién lo está escuchando y de cómo puede utilizarlo. En cierto modo, tiene que ver con la confianza. Y en cierto modo, con la ingenuidad. O con la falta de ingenuidad. Y, en el fondo, con lo que quieres conseguir o lo que crees que ayudará“.

¿A quién se lo has dicho? ¿Y cómo te fue?

¿A quién no se lo has dicho? ¿Y por qué?

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Comprender a las niñas con TDAH

Escrito por Kathleen Nadeau, PhD para ADHD Roller Coaster (Blog de Gina Pera)
 Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Understanding  Nadeau

Me emocionó que Gina Pera, una pionera en ayudarnos a todos a entender las parejas afectadas por el TDAH, me invitara a escribir una entrada para su maravilloso blog sobre TDAH.

Como especialista en TDAH, mi misión ha consistido en escribir sobre aquellas personas con TDAH cuyas dificultades pasan desapercibidas.

Primero me centré en los adultos con TDAH en los años 80 y principios de los 90, cuando el TDAH adulto era absolutamente desconocido. Unos años más tarde, me uní a mis colegas Ellen Littman, Ph.D. y Patricia Quinn, MD para escribir “Comprender a las niñas con TDAH”.

El nuestro fue el primer libro que trataba sobre cómo identificar y ayudar a las niñas con TDAH y sobre qué las hacía diferentes de los chicos. En aquel momento apenas existían estudios, pero Stephen Hinshaw, Ph.D., estaba comenzando su revolucionaria investigación sobre las niñas con TDAH y había más estudios en marcha.

Ahora, en 2015, hemos escrito una edición revisada y actualizada de “Comprender a las niñas con TDAH”, y me alegra decir que hay mucha más investigación sobre la que informar.

Una conexión personal

Mi hija fue diagnosticada de TDAH en 1980. Era distraída, movida y despistada en la escuela, pero sus notas eran tan buenas que rechazaron proporcionarle adaptaciones. No se reconocía el “TDAH superdotado” como se hacía con las “dificultades de aprendizaje de los superdotados”.

Ahora, en 2015, tengo una nieta recién diagnosticada de TDAH, una niña de diez años encantadora, brillante y creativa a quien se le han denegado adaptaciones para un examen de acceso a un programa Magnet[i] porque, al igual que su madre, saca buenas notas en Primaria, gracias a que su cociente intelectual es superior a la media. No se admite que su TDAH probablemente le impedirá acceder a un programa Magnet – el que mejor le iría – porque no dispondrá de adaptaciones en el examen de ingreso.

Así que, en el momento de publicarse la segunda edición de “Comprender a las niñas con TDAH”, está claro que aún queda trabajo por hacer. Debido a los problemas de mi nieta, sigo teniendo un gran interés personal en ayudar a educadores y otros profesionales a comprender mejor a las chicas con TDAH.

Reseña de los estudios recientes sobre las niñas

¿En qué son diferentes las niñas? Echemos un vistazo a lo que nos dicen los estudios de la última década.

Las niñas con TDAH tienen diferencias en la estructura cerebral respecto a los niños:

  • Las partes del cerebro asociadas a la hiperactividad son más grandes en las niñas que en los niños, lo que ayuda a explicar por qué la hiperactividad es menos pronunciada en aquellas.
  • La región asociada a la regulación emocional (la amígdala cerebral) es más pequeña en las niñas, lo que nos da una idea de por qué la ansiedad y la depresión parecen ser más intensas en las niñas con TDAH.

Las niñas con TDAH muestran diferencias en la maduración cerebral, en comparación con los niños:

  • El cerebro de las niñas madura antes que el de los niños, lo que conlleva un mejor funcionamiento ejecutivo en las niñas durante la pubertad.
  • Sin embargo, el cerebro de los chicos continúa madurando después de la pubertad, por lo que tienen más oportunidades de mejora en la adolescencia que las chicas.

Los síntomas del TDAH en las chicas pueden empeorar en la pubertad, justo cuando mejoran los síntomas de hiperactividad en los chicos:

  • Dado que el cerebro femenino es sensible a los niveles bajos de estrógeno, las fluctuaciones hormonales que se producen en la pubertad y durante la semana premenstrual, tras aquélla, pueden empeorar los síntomas del TDAH en las chicas.

Las chicas con TDAH corren más riesgo de padecer problemas graves de salud mental en la juventud que los chicos:

  • Estudios realizados en Escandinavia, y otros más recientes en California, muestran que las chicas con TDAH corren riesgo de desarrollar conductas autolesivas, y después llevar a cabo intentos de suicidio.
  • Las mujeres con TDAH de entre veinte y cuarenta años también muestran niveles más altos de trastornos psiquiátricos graves que los varones con TDAH.

Las niñas con TDAH tienden a pasar desapercibidas cuando:

  • Se portan bien y entran en la categoría “predominantemente inatenta”.
  • Su ansiedad las lleva a esforzarse mucho para compensar su TDAH.
  • Un cociente intelectual alto les permite compensar fácilmente su TDAH en Primaria.

Incluso las chicas que muestran síntomas similares a los chicos suelen pasar desapercibidas para el profesorado; los estudios muestran que:

  • Los padres y las propias chicas refieren niveles significativamente más altos de TDAH que el profesorado.
  • Cuando las niñas y los niños demuestran exactamente los mismos síntomas, los niños tienen más probabilidades sean sometidos a evaluación y reciban apoyo del profesorado.
  • Las niñas son mucho menos disruptivas en clase que los niños con TDAH y sus síntomas son más a menudo malinterpretados como signos de ansiedad o como pruebas de que “no se están esforzando”.

Conclusión: La investigación muestra que las niñas siguen pasando a menudo desapercibidas, debido a que sus síntomas resultan menos llamativos en clase. Sin embargo, en realidad corren mayor riesgo que los varones, si no se trata su TDAH, al pasar de la adolescencia a la edad adulta.

Depende de todos nosotros formar a aquellos profesionales que pueden marcar una gran diferencia en nuestras hijas con TDAH.

Kathleen Nadeau, Ph.D.

 

[i] En EE.UU., programas especializados, diseñados para estudiantes de altas capacidades y desarrollados en escuelas públicas (N. de la T.).

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Cuando estás en un punto crítico

Escrito por Laurie Dupar
Traducido por la Dra Elena Díaz de Guereñu  
Texto original en inglés

Laurie Dupar

Hace unos meses, escribí sobre “puntos críticos”:

…un momento en la vida de una persona en el que, por diversas razones, las estrategias que ha estado utilizando para compensar los retos de su TDAH parecen haber dejado de funcionar. Este “punto crítico” se experimenta a menudo junto con sentimientos de agobio y caos. Hasta el “punto crítico”, la gente ha sido capaz de compensar los retos conocidos o desconocidos del TDAH con estrategias que usaban, quizá sin darse cuenta. Hasta el “punto crítico”, habían sido capaces de adaptarse y afrontar bien sus síntomas, incluso hasta el punto de que su TDAH pasara desapercibido a un diagnóstico formal de TDAH (en otras palabras, sus síntomas no interferían con sus actividades). Pero, por alguna razón, un cambio en su vida – que podría ser un ascenso en el trabajo, un cambio en una relación, un cambio de colegio, o mil cosas diferentes – vuelve las estrategias actuales ineficaces y, con el tiempo, hay una sensación de que las cosas ya no “van bien” y de hecho, la vida parece estar viniéndose completamente abajo.

Este artículo encontró muchísimo eco. He recibido muchos correos electrónicos de lectores que afirman haber pasado la mayor parte de su vida sin saber que tenían TDAH, hasta que cambiaron de trabajo o tuvieron hijos (el agobio y caos que conlleva tener hijos parece ser uno de los mayores puntos críticos). Sin embargo, una vez leído el artículo, todo adquirió sentido – habían ‘volcado’ y estaban debatiéndose sin saber por qué o cómo volver a la normalidad.

He vivido mis propios puntos críticos, el último el pasado verano, cuando llevé mi negocio “al siguiente nivel”, como se suele decir. Después de estar años gestionando yo misma todo mi negocio, contraté a un asistente y un gerente. Luego actualicé mi marketing a un sistema de alta tecnología que, teóricamente, gestionaba todos mis correos electrónicos, procesos de pago, calendario, etc. en una ventanilla única. Todo positivo y maravilloso, lleno de esperanzas y con la promesa de ser más accesible para mis clientes y tener más tiempo para crear los proyectos innovadores que rondaban mi cabeza.

Y, aunque ha funcionado, me costó meses adaptarme a cambios que no esperaba, y muchas noches sin dormir por la preocupación y la ansiedad. Tuve que explorar a fondo mi arsenal de estrategias y aprender a reorganizarme, mantener la concentración y reducir el agobio.

Si te enfrentas a tu propio punto crítico, he aquí algunas lecciones que pueden ayudarte:

  1. Es bueno delegar. No hay suficientes horas en el día y tú sólo tienes dos manos y un cerebro. Con el TDAH, puedes tener la mente en todas partes a la vez. Y cuando añades la tensión de un punto crítico a tu TDAH, es imposible hacer bien la multitarea. Por lo tanto, es esencial que te rodees de personas de confianza e identifiques las tareas que pueden hacer por ti. Y que les dejes hacerlas.
  2. Ponte de acuerdo con alguien para que te ayude a mantenerte firme. Muchas personas con TDAH tenemos problemas con las fronteras y los límites. Queremos decir que sí a todo, y a menudo lo hacemos de manera impulsiva, sin recordar que ya teníamos el día comprometido o que la víspera habíamos decidido decir que no. Tener a alguien que te recuerde que “no puedes hacer eso” te ayuda a seguir el camino planeado.
  3. Pregúntate a ti mismo, ¿de verdad es tan grave? El TDAH puede causar estragos en tu autoestima y confianza. Cuando las cosas están en un punto crítico, hasta el incidente o retroceso más nimio pueden parecer una catástrofe ‘apocalíptica’. Dar un paso atrás y poner las cosas en perspectiva puede aplacar el agobio.
  4. Fíjate en lo que va bien. Muchos de nosotros tendemos a centrarnos en el caos cuando estamos estresados. En lugar de frustrarte cuando vuelves a llegar tarde a trabajar, fíjate en los días que consigues salir puntual de casa. ¿Cómo has podido hacerlo? ¿Qué estrategias has empleado para lograrlo? Y ¿cómo puedes aprovecharlas mañana?
  5. Mañana será otro día. Creo firmemente que el sueño es un botón de reinicio que te permite despertar con una pizarra en blanco. Y, aunque eso no significa ignorar cualquier error cometido el día anterior, te da la oportunidad de probar nuevas estrategias de éxito.

Todos afrontamos puntos críticos en nuestra vida. Los necesitamos para crecer y aprender. De hecho, los puntos críticos pueden ser un don – una forma de desarrollar nuevas estrategias, fortalezas o una nueva forma de estar en el mundo. Tu TDAH – y la creatividad, ingenio e forma innovadora de pensar que conlleva – puede ser la llave para poner tu vida de nuevo en orden, una vez superado el punto crítico.

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5 señales que te advierten de que puedes estar en un punto crítico

Laurie Dupar

Escrito por Laurie Dupar
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Recientemente, he advertido en mis pacientes un patrón que yo llamo “punto crítico”. El Woman-blow-drying-hair-cropped“punto crítico” es básicamente un momento en la vida de las personas en el que, por diversas razones, las estrategias que han estado utilizando para compensar los retos de su TDAH parecen haber dejado de funcionar. Este “punto crítico” se experimenta a menudo junto con sentimientos de agobio y caos. Hasta el “punto crítico”, la gente ha sido capaz de compensar los retos conocidos o desconocidos del TDAH con estrategias que usaban, quizá sin darse cuenta. Hasta el “punto crítico”, habían sido capaces de adaptarse y afrontar bien sus síntomas, incluso hasta el punto de que su TDAH pasara desapercibido a un diagnóstico formal de TDAH (en otras palabras, sus síntomas no interferían con sus actividades). Pero, por alguna razón, un cambio en su vida – que podría ser un ascenso en el trabajo, un cambio en una relación, un cambio de colegio, o mil cosas diferentes – vuelve las estrategias actuales ineficaces y, con el tiempo, hay una sensación de que las cosas ya no “van bien” y de hecho, la vida parece estar viniéndose completamente abajo.

Estas son algunas situaciones de la vida que podrían ser “puntos críticos”:

Señal de advertencia # 1: nuevos problemas en la escuela. A menudo, al empezar la escuela primaria, secundaria o superior, los estudiantes comienzan a desmoronarse al experimentar mayor responsabilidad, por tener que ir a muchas aulas, hacer más deberes y tener clases mayores. De repente, parece que ya nada funciona. No pueden llevar a cabo lo que quieren, todo parece ir hacia el caos, las cosas comienzan a írseles de las manos. Sus deberes empiezan a resentirse; pueden tener problemas para concentrarse en clase, olvidarse de entregar la tarea o comenzar a experimentar dificultades con las viejas amistades. A menudo, no se reconoce que estas señales de advertencia tengan que ver con el TDAH, porque los estudiantes habían logrado hasta entonces manejarlo o compensar sus retos. Los padres y educadores comienzan a sentirse impotentes cuando un estudiante, brillante hasta ahora, parece estar desmotivado.  A los estudiantes se les dice que sólo tienen que esforzarse más. Todo el mundo duda de cómo reconducir al niño; los estudiantes comienzan a sentirse tontos, vagos e incapaces.

Señal de advertencia # 2: Incapacidad de salir adelante después de cambios importantes. Algunas personas con TDAH experimentan su primer “punto crítico” después de un cambio significativo en su vida… aunque sea un cambio positivo, como casarse o mudarse a una nueva casa. Estas importantes celebraciones de la vida se anticipan con gran alegría, pero a menudo pueden suponer un “vuelco” para el equilibrio. Tal vez eras capaz de equilibrar tu vida y tu horario y dónde ponías las cosas hasta ahora, pero te has casado y ahora tu cónyuge hace las cosas de otra manera o espera que las cosas se organicen de forma diferente a como tú lo harías, por no hablar de tener que guardar más cosas en el mismo espacio. Poco a poco te das cuenta que las cosas no funcionan tan bien como antes, y si se supone que éste es el momento más feliz de tu vida, algo debe de pasarte… ¿no? ¡No! Los cambios importantes en la vida, como casarse, tener otro hijo o mudarse de casa, a menudo pueden alterar tu equilibrio inconsciente.

Señal de advertencia # 3: No consigues realizar con éxito la transición a un nuevo puesto de trabajo. Hasta el “punto crítico”, lo has estado haciendo muy bien en tu trabajo. Tan bien, que te han ascendido. Poco a poco, puede que empieces a notar que en este nuevo puesto no lo haces tan bien como todo el mundo esperaba y comiences a aislarte, a tener miedo de ir a trabajar; podrías llegar a ser despedido. ¿Qué ha pasado? Has alcanzado tu “punto crítico”. No es que no sirvas para el nuevo trabajo, sino que los cambios en el trabajo a menudo implican cambios de compañeros, apoyos, lugar de trabajo, etc., que te pueden descolocar.

Señal de advertencia # 4: Cambios en la dinámica familiar. Si te encuentras con nuevas responsabilidades y cambios en tu familia, como hacerte cargo de tu padre anciano, aumentar tu familia o tener un nuevo compañero de cuarto, las responsabilidades adicionales, el cambio de rutina y el estrés pueden ir penetrando poco a poco en ti, abrumándote y haciéndote incapaz de afrontarlas como antes. Es fácil que empieces a pensar que eres una madre horrible, que no puedes con las responsabilidades de una familia o que estás condenado a vivir solo. No eres TÚ, es que te han sacado de tu equilibrio y tu capacidad de compensar el TDAH con tus antiguas rutinas y estructuras ya no funciona. Pero en lugar de ver la verdad, que no has hecho nada mal, o tener conciencia de que puedes solucionarlo, te llenas de culpa y vergüenza inmerecidas.

Señal de advertencia # 5: Una lesión física. La gente a menudo experimenta su “punto crítico” cuando una estrategia de manejo del TDAH como el ejercicio disminuye o cambia el nivel de actividad. Muchas personas con TDAH desconocen que la práctica de deportes y/o el ejercicio diario proporcionan dopamina extra a nuestro cerebro y proporcionan estructura y rutina a nuestra vida, lo que ayuda a manejar mejor los síntomas del TDAH. Los “puntos críticos” son habituales en atletas de bachillerato que han tenido tanto éxito deportivo como académico, y experimentan por primera vez el fracaso al ir a la universidad. Sin el riguroso entrenamiento físico y la estructura del bachillerato, poco a poco se van viniendo abajo. Otro “punto crítico” común en personas con TDAH se da cuando han sufrido una lesión y tienen que disminuir su nivel de actividad o ejercicio. Este cambio en la rutina y la ausencia de suministro diario de dopamina extra puede comprometer el equilibrio anterior, los niveles de energía y la capacidad de concentración; la vida comienza a tambalearse.

Como ves, hay muchas razones, a menudo fuera de tu control, que podrían conducirte a un “punto crítico”. Permanece atento a la próxima edición de mi e-zine, donde hablaré de cómo evitar rebasar ese punto. Porque recuerda, un “punto crítico” significa estar en una encrucijada en la que puedes decidir cómo reaccionar: puedes continuar por ese camino hacia el caos y el agobio o puedes conseguir reestructurarte y volver a aprender cómo afrontarlo y conseguir centrarte de nuevo. Puedes encontrar más información en http://www.coachingforadhd.com.

 

 

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Terapia cognitivo-conductual para tratar el TDAH

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Aprende a mejorar la gestión del tiempo y las funciones ejecutivas con estas estrategias cognitivo-conductuales de nuestros expertos en TDAH. Escrito por Mary Solanto, Ph.D. Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu Presentación original en inglés

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El TDAH es real: una madre orgullosa ve cómo su hijo con TDAH defiende su causa

Lisa Aro

Escrito por Lisa Aro
EVERYDAY HEALTH, INC. LOGO
Publicado en el blog “Una vida distraída. Aventuras con el TDAH de una familia”
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Todas las tardes tiene lugar en mi casa un ritual que comenzó allá en la guardería. Mis hijos llegan del colegio en tropel, dejando un rastro de zapatos y mochilas. De la manera más desorganizada posible, empiezan a contar todo lo que les ha pasado. Hablan todos a la vez, entrando y saliendo de la conversación, mientras van soltándolo todo. Desde lo que han aprendido en clase hasta los últimos chismorreos del instituto, todo llega como un torrente. Oigo hablar de maestros, exámenes, deberes, amigos, acontecimientos próximos y a menudo, conversaciones e interacciones que les han causado problemas.

Irónicamente, en pleno Mes de Sensibilización sobre el TDAH mi hijo mayor tuvo su propia e intensa semana de Sensibilización sobre el TDAH. Cada día aparecía una nueva oportunidad de enseñar y defender su causa en estas tumultuosas sesiones de fin de la jornada.

Había acudido a una profesora con quien tenía problemas: “Le he dicho que tengo TDAH y lo estoy pasando mal con todos esos trabajos que hay que entregar al final de cada tema”. No resulta sorprendente, ya que a los niños con TDAH les suele costar descomponer los proyectos grandes en partes más pequeñas y regular la realización y entrega del trabajo. “Esto está agravando mi ansiedad”, le dijo, “estoy teniendo ataques de pánico todos los días”. Entonces le pidió ayuda: “Necesito que me ayudes, dividiéndolos en tareas más pequeñas, para que no tenga que entregarlo todo a la vez”.

No podría estar más contenta. Tanto mi hijo como yo habíamos descubierto que esta profesora, en particular, no sabía prácticamente nada sobre el TDAH. Ambos habíamos tratado de ayudarle a entender cómo funciona el cerebro con TDAH y las diferentes estrategias que se aplicar para hacer las cosas más fáciles. Me gustaría decir que asimiló todos los conocimientos y la comprensión que le ofrecimos, pero en realidad no fue así. Es una labor en progreso. Pero el progreso, aunque sea lento, es bueno. Es algo que he aprendido al tener un marido y cinco de seis hijos con TDAH.

Al poco tiempo, llegó a casa quejándose de las personas, bien estudiantes o adultos, que insisten en decir que el TDAH no existe. Eso le molestaba. No era que dudase de su propio diagnóstico, de si es algo real; eso no pasaba. Le molestaba porque él lucha a diario con los síntomas de su TDAH. Ha de convivir con él todos los días. Alguien que lo negara, decía, estaba negando sus experiencias, sus dificultades, su lucha. Y eso duele.

De todas las experiencias que contó durante la semana surgieron buenas oportunidades de hablar con él y con toda la familia de lo que significa tener TDAH, vivir con él y sus trastornos coexistentes. Nuestros hijos y los adultos con quienes convivimos entienden mejor que nadie la necesidad de tomar conciencia del TDAH. Entienden la importancia de deshacerse de mitos y malentendidos y de eliminar los sentimientos de vergüenza que pueden ir asociados al trastorno. Eso sólo se puede conseguir difundiendo el mensaje: el TDAH es real.

La verdad es que la concienciación sobre el TDAH no sólo es algo del mes de octubre. No consiste sólo en difundir artículos y memes divertidos o emotivos. Debe darse todo el año, sobre todo en conversaciones en torno a un pupitre, ante el supermercado, en llamadas telefónicas y mensajes de texto, con amigos, familiares, maestros, entrenadores y conocidos. Quienes han sido diagnosticados están en la primera línea de la batalla para ser comprendidos y para que su experiencia sea reconocida.

Me amargaba que él tuviera que afrontar tantos desafíos. Escuchar una historia tras otra, día tras día, contadas por nuestro hijo adolescente era realmente desgarrador. Pero he de admitir que me siento muy orgullosa de él y de su reacción ante estas situaciones. Orgullosa de que haya aprendido lo que hemos tratado de enseñarle acerca de su trastorno y lo utilice para defenderse, para abogar por sí mismo, y para ayudar a otros a entender. Orgullosa de que esté lo suficientemente seguro de sí mismo para no dejarse llevar por alguien que no conoce el trastorno o prefiere no creer o aceptarlo. Después de estar años delante de mis hijos forjando un camino para ellos, es fabuloso estar a su lado y ver como asumen ese papel ellos mismos.

Al final de la semana trajo una nueva historia. Una chica, en una de sus clases, se le quedó mirando y le desafió con cara de asco, “Si yo creyera en el TDAH, diría que seguro que tú lo tienes, pero no creo”.

Su respuesta me emocionó: “Yo tengo TDAH. Existe, da igual que lo creas o no. Decir que el sol no existe no va a impedir que brille”.

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Gafas, TDAH y estigma. Cuarta y Última Parte

Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Publicado el 30 de septiembre de 2015 en ADHD Roller Coaster
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Ten cuidado con esas gafas TDAH

Tal vez te haya pasado. Tan pronto como comenzaste a aprender sobre el TDAH, de repente lo veías a tu alrededor. Te habías puesto oficialmente tus gafas TDAH.

Empezaste a ver, en muchas personas conocidas, algunos comportamientos “tan familiares” bajo una nueva luz – bajo la lente del conocimiento del TDAH.

La culpa es de los avances en neurociencia del siglo XXI. Ellos hacen que estemos desarrollando actitudes mejor informadas acerca del órgano relacionado con todo lo que hacemos, sentimos o pensamos: el cerebro.

Sin embargo, sique habiendo resistencia. Es comprensible. No podemos esperar que todo el mundo abrace de inmediato la realidad de TDAH: que existe, que es más común de lo que nadie pensaba y que tiene el potencial de limitar las opciones y la autorrealización de quienes lo padecen. El cambio les llega muy lentamente a algunas personas.

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Muchas personas con TDAH no ven que lo tienen

Claro que puede resultar muy emocionante nuestra nueva capacidad de detectar posibles síntomas de TDAH a nuestro alrededor, gracias a nuestras flamantes gafas TDAH. Aun así, haríamos bien en reprimir la tentación de empezar a “diagnosticar” a nuestros seres queridos y nuestros conocidos – o a ese chico inquieto que está delante de nosotros en la caja del supermercado.

Por un lado, podríamos equivocarnos; sólo un profesional cualificado puede realizar un diagnóstico. Quizá peor, podríamos acertar.

Ciertamente, puede que algunas personas agradezcan nuestras observaciones; se sienten aliviadas al entender por fin por qué su vida parecía a menudo innecesariamente frustrante. Otras, sin embargo, van a recibir tu “interesante descubrimiento” con muros defensivos – muros que, una vez levantados, serán inamovibles. De cualquier manera, la manera en que transmitas tus ideas al principio puede afectar tremendamente a los resultados.

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“Orejeras… Porque le asustan las nuevas ideas.”

Es más, no importa lo claramente que empieces a ver el TDAH, puede que otras personas que lo tienen no vean las cosas como tú.

Piénsalo así: una persona con vista débil puede no darse cuenta de lo que se ha estado perdiendo hasta que se pone unas gafas.

(Yo personalmente he sufrido un shock cuando me he olvidado de quitarme las gafas de leer para ir a la cocina. ¡Y yo que pensaba que la encimera estaba reluciente!)

Del mismo modo, una persona con un TDAH no reconocido sólo conoce la forma en que ha sido siempre su vida. Además, los propios síntomas del TDAH pueden “cegar” su capacidad de percibirse con precisión a sí misma o de percibir su conducta.

Por otro lado, al igual que el TDAH distorsiona la propia imagen, también puede distorsionar la de los seres queridos. ¿A quién beneficia un mundo lleno de percepciones erróneas y distorsionadas?

Vuestros comentarios serán bienvenidos.

Gina Pera

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Gafas, TDAH y estigma. Tercera Parte

Gina Pera

Escrito por Gina Pera
Publicado el 23 de septiembre de 2015 en ADHD Roller Coaster
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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La vista: una función del cerebro, tanto como del ojo

Considera este hecho: la vista es sólo en parte una función del ojo.

Sí, el ojo recibe el estímulo sensorial en forma de luz que llega a la retina. Pero esos patrones de luz se convierten en señales eléctricas que viajan a lo largo de las vías cerebrales hasta un centro de procesamiento visual. Ahí es donde el cerebro te dice lo que has visto y le da sentido. O no.

He aquí un breve video que explica cómo funciona la vista.

Para algunas personas, no existen gafas que les ayuden a procesar correctamente todo lo que ven. Por ejemplo, algunas personas con TDAH pueden ver perfectamente las palabras de la página, pero no recuerdan su significado o cómo situarlas en su contexto. Pueden ver un coche que viene por el carril contrario, pero no son capaces de procesar con precisión su velocidad y si tienen tiempo para girar a la izquierda. Puede que sepan que su pareja está disgustada, pero no comprenden completamente su expresión facial.

Los medicamentos que mitigan los síntomas del TDAH son llamados a veces, como metáfora, “gafas para el cerebro”. La idea es la siguiente: lo mismo que las gafas no cambian nuestra personalidad, tampoco lo hacen los medicamentos utilizados para tratar el TDAH.

También pueden aparecer otros retos sensoriales con el TDAH. Las señales del cerebro relacionadas con el oído, el tacto, el gusto y el olfato – incluso con los sistemas respiratorio y cardiovascular – pueden también “perderse en la traducción” al viajar a los centros del cerebro que las procesan.

Si tienes problemas para comprender este concepto, no eres un caso aislado. Muchos médicos tampoco lo entienden. Esto puede explicar por qué no ven un TDAH no tratado en la base de tantos trastornos que llegan a su consulta: obesidad, síndrome de piernas inquietas, apnea del sueño, diabetes, trastornos de la audición y muchos más.

Vuestros comentarios serán bienvenidos.

Gina Pera

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