TDAH 2 – “Escuela para educadores: Pautas educativas con niños TDAH padres y maestros”

Continúa la serie de charlas organizada por el Centro de Convivencia Uxío Novoneyra y la Fundación Tic.

Javier Estévez habla sobre el concepto de autoridad y los diferentes estilos parentales.

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Una forma más inteligente de estudiar con TDAH: ayuda para estudiantes de cualquier edad

Ayuda con la tarea para estudiantes con TDAH. Cómo tomar buenos apuntes en clase, leer para comprender y planificar los repasos.

Michael Sandler

Escrito por Michael Sandler
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Los estudiantes con TDAH piensan en conceptos, imágenes
y redes de ideas interconectadas

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Para muchos estudiantes, preparar un examen es una tarea discontinua, que a menudo se emprende con sólo unas pocas horas de margen. Una forma mejor de hacerlo – especialmente beneficiosa para quienes tienen un Trastorno de Déficit de Atención (TDAH) y problemas de aprendizaje – es entender la preparación del examen como un proceso que dura varias semanas.

Tomar buenos apuntes en clase, leer para comprender y retener y planificar una agenda de repasos cuando se anuncia el examen; éstas son las claves para que los alumnos con TDAH tengan buenas notas.

Descubrir una forma de tomar apuntes

Para un estudiante con TDAH, tomar apuntes es una oportunidad para traducir el material que se enseña a un formato en el que puede aprender. La mayoría de los maestros presentan la información en un orden A-B-C, pero los estudiantes con TDAH piensan en conceptos, imágenes y redes de ideas interconectadas. Pueden escribir cada palabra que dice el maestro y, sin embargo, perderse cuestiones o temas importantes.

Anima a tu hijo a experimentar diferentes técnicas para tomar apuntes en clase, como hacer esquemas, gráficos, diagramas, listas o dibujos – y utilizar la combinación que mejor se adapte a su estilo de aprendizaje.

Para desarrollar una buena capacidad para tomar apuntes, tu hija debe sentarse en la parte delantera de la clase, lejos de amigas y otras distracciones. Conforme habla el profesor, debe preguntarse: “¿Es esto importante? ¿Podría caer en el examen?” Después, si no está segura de haber captado toda la información importante, puede pedir al profesor que eche un vistazo a sus apuntes.

Repasar los apuntes a diario

Para ayudar a tu hijo a mantenerse al día de lo que ha aprendido en clase – y evitar tener que volver a aprender toda la materia para el examen – haz que todos los días dedique una hora determinada a repasar sus apuntes. Esto debe ser una oportunidad para completar fragmentos de frases, aclarar cuestiones o preparar reglas mnemotécnicas. O quizás pasar a limpio los apuntes que ha escrito a toda prisa, para tenerlos más claros. Mientras repasa, debe preguntarse a sí mismo:

  • ¿Puedo encontrar la información clave rápidamente? ¿Destacan en la página los puntos importantes?
  • ¿Siguen mis apuntes una secuencia lógica y me recuerdan la clase?
  • ¿Puedo mantener la concentración en mis apuntes, o hacen que me descentre?

Si tu hijo es un estudiante auditivo, debería grabar sus apuntes y escucharlos con auriculares.

Leer para retener

Cuando tu hija llegue a la ESO, probablemente tendrá que estudiar varios temas cada día; gran parte de esa información entrará en un examen. Para no tener que volver a leerlo todo, necesitará hábitos de lectura eficaces.

Comienza por crear una rutina de estudio. Dile que averigüe dónde, cuándo, y cómo trabaja mejor. ¿Está más cómoda sentada en su mesa o tumbada en la cama? ¿Prefiere hacerlo antes de ir a clase o antes de acostarse? ¿Con música o en silencio?

Debe estudiar la materia más difícil cuando está descansada. Dale una hoja adhesiva de color que le recuerde “¡mantén la concentración!” Puede llevarla de una página a otra para mantenerla a la vista, y utilizarla como marcador de lectura.

Los estudiantes con TDAH necesitan descansos frecuentes para relajarse y recargar. Coloca un temporizador para indicar sus tiempos de estudio y sus descansos.

Para ayudarle a absorber la materia y crear herramientas de estudio que pueda usar si es necesario, sugiérele que tome notas y haga fichas según avanza. Los estudiantes auditivos pueden grabar la información importante en forma de preguntas y respuestas, para crear “fichas sonoras” que le sirvan para repasar.

Anímale a ir anotando en una hoja “lo que no sé” para revisarlo con el profesor.

Crear un plan de estudio

Cuando anuncian un examen, ayuda a tu hijo a elaborar un programa de estudio que le permita aprovechar al máximo el tiempo y evitar las prisas de última hora. ¿Cuántos días faltan para el examen? ¿Qué materia entrará?

Divide la preparación en partes manejables (por tema o capítulo, o por grupo de problemas de matemáticas), y programa el tiempo de estudio en su agenda. Sé realista sobre cuánto tiempo puede concentrarse con eficacia: programa cada día varias sesiones de estudio de una hora, en vez de un maratón de tres horas. Reserva los últimos dos o tres días para un repaso general o algo de tiempo para dedicar a la parte más difícil.

Debe hacerse preguntas a sí mismo, en vez de simplemente leer la materia una y otra vez. Las preguntas muestran al estudiante qué materia domina y qué partes necesita estudiar más. Ayuda a tu hijo a probar diferentes técnicas de aprendizaje, para encontrar las que le vayan mejor. Las fichas son una buena manera de repasar datos y cifras. Utiliza reglas mnemotécnicas para recordar rápidamente conceptos y términos clave.

Para los problemas de matemáticas, la clave es practicar, practicar y practicar, para dominar las fórmulas y los procesos. Altera la redacción de los problemas del libro de texto y de los deberes, para preparar a tu hija para las variantes que puedan aparecer en el examen. Para evitar los errores por descuido, dile que use papel cuadriculado, numere cada paso de cada ecuación y escriba con letra grande y clara.

Para preparar a tu hijo para un examen redactado, haz que escriba – o grabe – un tema de prueba. Utiliza las preguntas que el profesor ha hecho en clase, o formula otras nuevas sobre la materia de examen. Para poner a prueba su memoria sobre acontecimientos históricos, dile que dibuje de memoria una línea de tiempo o un mapa conceptual.

A los atletas del ordenador les gustará estudiar con software como Inspiration, My Study-Buddy o Kidwidget, que ofrecen tarjetas virtuales y otras herramientas de estudio. También hay software de matemáticas y ciencias para el estudio interactivo. Visita download.com  y busca la materia (álgebra, biología, geometría) o un programa específico. La mayoría se puede probar gratis.

Si tu hijo aprende mejor de forma interactiva, haz que busque o cree un grupo de estudio. Cada miembro prepara preguntas para los demás sobre una parte de la materia, ahorrando tiempo a todos y permitiendo una discusión reflexiva.

Tres días antes del examen, haz uno de prueba con reloj. Dile que tiene que hacerlo como si fuera de verdad, pero sin agobiarse por el resultado. Las respuestas incorrectas mostrarán a qué debe dedicar el tiempo de estudio que le queda.

 

 

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TDAH: una nueva forma de estudiar

No más empolladas de víspera; los estudios muestran qué técnicas de estudio ayudan a quienes tienen déficit de atención a aprender más rápido, retener más y mejorar su rendimiento en los exámenes.

Escrito por Ann Dolin, M.Ed.
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Ann Dolin

 

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Para los estudiantes con TDAH, estudiar para un examen puede resultar abrumador. Por suerte, hay nuevos estudios que demuestran que los estudiantes podrían no necesitar dedicar más tiempo a estudiar sino hacerlo de otra manera. James y John, hermanos gemelos con TDAH, acuden a la misma clase de Biología. Estudian la misma cantidad de tiempo, pero James saca un sobresaliente en el examen y John, sólo un aprobado. ¿A qué se debe esta diferencia?

¿Qué técnica de estudio funciona mejor?

John estudió con dedicación durante tres horas el jueves por la noche, víspera del examen. Leyó una y otra vez sus apuntes y el libro de texto, y repasó la guía de estudio. Estudió en su habitación. James estudió tres horas, pero repartidas en cuatro tardes, de lunes a jueves. Usando sus apuntes, un examen de otro año y la guía de estudio, elaboró un simulacro de examen. Estudió en diferentes sitios, como el Starbucks y la biblioteca.

El ochenta y cuatro por ciento de los alumnos estudia leyendo una y otra vez el libro de texto, como hizo John. El problema es que la lectura repetitiva es la forma menos eficaz de estudiar para un examen. La lectura es una forma difícil de asimilar información para un cerebro con TDAH. La lectura es algo pasivo. Es como aprender a jugar al baloncesto viendo jugar a tu entrenador.

La investigación muestra que la mejor forma de estudiar es hacer un simulacro de examen. Trata de predecir lo que tu profesor preguntará en el examen. Echa un vistazo a tu guía de estudio, localiza exámenes antiguos, encuentra las partes importantes de tus apuntes y pregunta a los de tu clase qué piensan ellos que es lo importante. A continuación, elabora un simulacro de examen.

Empollar no sirve

¿Qué más hizo bien James? Aplicó un concepto que los educadores llaman práctica distribuida. En otras palabras, no empolló todo a última hora. Estudió tres horas repartidas en cuatro días, 45 minutos cada día. Esto funciona por dos razones. La primera es que James revisó la materia varias veces, con lo que se le fue haciendo familiar. En segundo lugar, y más importante, lo “consultó con la almohada”. Dormir ayuda a aprender. El cerebro es más activo durante la noche que durante el día. Durante el sueño, se reproducen los acontecimientos del día en la cabeza y se rumia la información adquirida. En el caso de James, rumió la materia mediante el sueño cuatro veces.

John trabajó duro para preparar su examen, y faltó al entrenamiento de fútbol el jueves por la tarde para tener más tiempo. Estudió en su habitación, sin hacer ningún descanso. Pero, aunque trataba de concentrarse, las cosas de su habitación (ordenador, teléfono, música) le distraían. John no podía regular su atención mientras estudiaba el examen.

James, por su parte, sabía que cuando llega el aburrimiento, necesita períodos de estudio más cortos, o un lugar de estudio diferente. Descubrió, a base de prueba y error, que se concentraba mejor cuando estudiaba en lugares distintos de su propia casa. En otras palabras, James tenía el concepto de metacognición – cuándo y cómo utilizar estrategias particulares de aprendizaje – bien aprendido. Sabía qué le ayudaba a concentrarse y qué se lo impedía. Al final, no era más tiempo lo que John necesitaba, sino emplear su tiempo de otra manera.

He aquí algunos consejos basados ​​en la investigación que pueden marcar la diferencia para tu hijo con TDAH.

Repasa antes de acostarte

Los estudios demuestran que recuerdas más cuando dedicas 10 ó 15 minutos antes de acostarte a repasar lo que has estudiado durante el día. Eso no significa que los estudiantes deban hacer todos sus deberes a la hora de acostarse, sino que repasar lo que ha estudiado permite al niño procesar la información mientras duerme.

El ejercicio agudiza la concentración

Treinta minutos de ejercicio aeróbico al día, cuatro o cinco días por semana, mejoran la capacidad de concentración y las funciones ejecutivas, sobre todo en los estudiantes con TDAH. Si tu hijo practica algún deporte, anímale a estudiar en el autobús o en el coche, al volver a casa después de un partido. También es bueno que estudie justo después de los entrenamientos. Si tu hijo no practica ningún deporte, anímale a salir a correr con el perro, o lanzar unos tiros a canasta, justo antes de ponerse a hacer los deberes. Aunque cualquier ejercicio aeróbico sirve, los más útiles para los estudiantes con TDAH son el ballet, el yoga y el taichí, que requieren concentrarse en el cuerpo y la mente.

Utiliza la nariz

El olfato es una poderosa herramienta de estudio. La investigación muestra que si estás expuesto al mismo olor cuando estudias y cuando duermes, puedes recordar más. Cuando tu hijo estudia, coloca cerca un pequeño plato de aceite esencial; la menta es una buena opción, ya que alivia el estrés. Coloca un pequeño plato de la misma esencia junto a su cama mientras duerme. Los estudios indican que su cerebro asociará el aroma con lo que ha estudiado. Esto, según los investigadores, puede ayudarle a retener mejor la información que trata de recordar.

Siestas, descansos y memoria

La mayoría de las personas necesita dormir entre ocho y nueve horas para retener los recuerdos, pero los adolescentes necesitan más. Treinta minutos de siesta por la tarde pueden ser de ayuda. Asegúrate de que estas siestas no duran más de 30 minutos, ya que las siestas prolongadas pueden interferir con el sueño nocturno.

Hacer un descanso ayuda a todos los niños a aprender más, sobre todo a quienes tienen TDAH. Los estudios muestran que los estudiantes recuerdan más cuando hacen descansos entre sesiones de estudio, en lugar de estudiar seguido durante un período largo. El tiempo de inactividad permite al cerebro del estudiante repasar la información y la materia, aunque no sea consciente de que lo está haciendo.

Sorbos de refresco

Una bebida que contenga azúcar mejora el rendimiento al hacer los deberes. Las bebidas azucaradas proporcionan glucosa, el principal combustible para el cerebro. Si tienes un nivel bajo de glucosa, no serás capaz de concentrarte o rendir bien.

El zumo de manzana o el Gatorade proporcionan glucosa sin sobrecargar de azúcar el organismo del niño. Las sodas y otras bebidas con altos niveles de azúcar (hasta 50 ml) proporcionan demasiada glucosa, lo que provoca después en una bajada brusca que altera la memoria y nubla el pensamiento. Así que dile a tu hijo que tome poco a poco (no todo de una vez) algún refresco azucarado. Puede conseguir una mejor concentración y mejorar su estado de ánimo.

En resumen, animar a los estudiantes con problemas de atención a poner en práctica algunas de estas sencillas ideas puede marcar una gran diferencia en el rendimiento de tu hijo en la escuela.

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TDAH y fin de curso: gracias a los buenos profesores

Escrito por la Dra. Elena Díaz de Guereñu

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Ilustración: Ángel Remírez de Ganuza

 

Para mi familia, como para cualquiera que convive con el TDAH, el curso escolar es un período tenso y lleno de altibajos, de esperanzas y de frustraciones. Cuando parece que las cosas por fin marchan bien, todo se descalabra de repente.

Para mí, cada curso es un paso adelante más. Con algunas alegrías y unas cuantas decepciones. Con habilidades que voy mejorando y problemas que aún no consigo solucionar.

Con todo, el final de curso es siempre un alivio. Puede que las cosas hayan salido bien,  o puede que no. Pero ha llegado, por fin, el momento de descansar.

También es el momento de repasar lo que ha sido el curso. Y de reconocer a los buenos profesores.

A profesoras como vosotras, para quienes cada uno de los veinticinco alumnos de la clase es una persona importante, un proyecto que desarrollar.

Que, cuando supisteis de mi TDAH, os esforzasteis por aprender qué era eso y cómo podíais ayudarme a manejarlo. Que incluso hablasteis con mi médico y con las demás personas que trabajan conmigo.

Que siempre habéis tenido claro que yo tengo un problema, no soy un problema. Que mi TDAH es como la miopía de otros, y que no sólo se trata de “esforzarme más”, sino de lo que puedo y de lo que no puedo hacer, y de cómo puedo hacerlo.

Es el momento de daros las gracias.

Gracias, Blanca, por aquel concurso que organizaste al empezar el curso, para que los más tímidos nos integráramos en el nuevo grupo. Por colocarme junto a Pablo, ese chaval tan tranquilo y tan buen compañero. Hacer los trabajos con él ha sido mucho más fácil para mí.

Gracias por darte cuenta de que necesito moverme, y aprovechar cualquier excusa para hacer que me levantara o saliera de la clase. Gracias por ese suave toque en el hombro con el que me traías de regreso a la Tierra sin ponerme en evidencia.

Gracias por ese minuto, al final de la clase, en el que te asegurabas de que no me olvidaba de la agenda. Por esos apuntes tan claros con los que, de un vistazo, tengo toda la lección en la cabeza.

Gracias por entender que me resulta difícil redactar y que soy incapaz de hacer quince multiplicaciones seguidas bien, pero que me sé la materia y que sé multiplicar.

Gracias por comprender mis rabietas y reaccionar con serenidad. Porque, al verme en el patio sola y enfadada, venías a bromear un poco y llevarme junto a mis compañeras.

Gracias, José Alberto, por darte cuenta de que puedo ser más lenta que otros en aprender ciertas cosas, pero acabaré consiguiéndolo. Porque viste en aquel rayo de sol el anuncio de un cielo despejado. Porque, cuando suspendí cuatro asignaturas más que la evaluación anterior, me tranquilizaste y me animaste. Porque sabes que mis pinchazos son inevitables, pero que volveré a recuperarme.

Gracias por llamar a mis padres cuando ves problemas, no para buscar culpables, sino para encontrar soluciones juntos y compartir también lo positivo. Sobre todo para mi madre, hablar contigo siempre resulta tranquilizador.

Gracias, Mónica, por hacerme exámenes cortos y separados. Por revisarlos conmigo antes de que los entregue y hacerme corregir los pequeños despistes.

Gracias, Jesús, porque siempre has dejado claro que el esfuerzo era cosa mía, pero has hecho todo lo posible para que ese esfuerzo diera sus frutos; recuerdo cuando llegaste a inventarte una recuperación de la recuperación, hasta que conseguí aprobar aquel examen.

Gracias por asumir que jamás podré ser capaz de entregar un trabajo bien presentado y no dar tanta importancia a los detalles. Gracias por no penalizarme por mi mala letra, sabiendo que no puedo hacerla mejor.

Trasladad mi agradecimiento al orientador, que lleva tanto tiempo predicando en el desierto, pero sigue haciéndolo con infinita paciencia y perseverancia. Y a la directora, por ser consciente de que la calidad de un colegio no se mide por los resultados de sus alumnos más brillantes, sino por cómo ayuda a quienes tienen más dificultades.

Por último y sobre todo, quiero daros las gracias por tomaros mis éxitos y mis fracasos como un reto personal; Andrés, aún conservo aquel email que me enviaste la víspera de un examen. Habéis sido para mí como esos entrenadores que saltan de júbilo cuando un jugador marca un gol y le dan un abrazo de ánimo cuando las cosas no han salido bien.

A los otros profesores; a quienes cargáis sobre mí toda la culpa de los suspensos; a quienes consideráis los síntomas de TDAH como pruebas de mala voluntad; a quienes sólo explicáis una mala nota diciendo que “presto poca atención en clase” o que “puedo esforzarme más”; a quienes utilizáis mis pequeños aciertos, no para estimularme, sino para restregarme mis errores; a quienes no tenéis más criterio que los decimales para decidir si he conseguido o no mis objetivos; a quienes me auguráis el fracaso en la vida, sólo os pido una cosa: aprended a hacer bien vuestro trabajo.

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Inestabilidad emocional, una característica central del TDAH

5º Congreso Mundial sobre el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Resumen PL-1-002. Presentado el 29 de mayo de 2015.

Liam Davenport, 29 de mayo de 2015

Texto original en inglés

GLASGOW, Escocia – Una reciente investigación muestra que la desregulación emocional debe considerarse un aspecto central del TDAH, dado que aparece frecuentemente en pacientes, incluso en quienes no presentan comorbilidades, y responde al tratamiento.

Mostrando datos de un estudio realizado con presos adultos, así como una revisión de la literatura, el Dr. Philip Asherson, profesor de Psiquiatría Molecular en el King’s College de Londres, expuso a los asistentes al 5º Congreso Mundial sobre el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) que, aunque la labilidad emocional no es algo exclusivo del TDAH, causa por sí sola discapacidad en estos pacientes.

En consecuencia, según el Dr. Asherson, debe ser siempre tenido en cuenta en el diagnóstico de pacientes con inestabilidad crónica emocional o del estado de ánimo.

El Dr. Asherson señaló que los criterios “tradicionales” de diagnóstico del TDAH incluían la labilidad emocional. Sin embargo, este ámbito, que incluye la inestabilidad del estado de ánimo y la labilidad afectiva, fue dejado de lado y los médicos se centraron en la hiperactividad, la impulsividad y la inatención.

Esto puede no reflejar la verdadera imagen del TDAH, continuó, porque la gravedad de la inestabilidad emocional sin duda contribuye a incapacitar en el hogar, el trabajo, la educación, la delincuencia, la conducción y los problemas financieros.

No obstante, para determinar si la labilidad emocional es una “tercera dimensión” del TDAH, tendría que demostrarse que el tratamiento tiene incidencia sobre ella, que existen diferencias de labilidad en casos controlados, que contribuye de forma demostrable a incapacitar y que comparte factores genéticos con las otras dimensiones.

A mejor concentración, mejor estado de ánimo

Para tratar de responder a algunas de estas cuestiones, el Dr. Asherson puso en marcha el proyecto CIAO, un estudio a etiqueta abierta del metilfenidato (de varias marcas) en delincuentes adultos con TDAH.

De 1.922 reclusos varones de entre 18 y 30 años, el 19,3% cumplía los criterios de TDAH del DSM-V y el 40% fue tratado con metilfenidato. En estos pacientes, la dosis se ajustó durante cuatro semanas; después, se mantuvo estable durante ocho semanas.

Durante las doce semanas hubo mejoras significativas en las subescalas de Inatención/Memoria y de Hiperactividad/Inquietud de las Escalas de Valoración del TDAH adulto de Conners (P<0,0001 en ambos casos), lo que indica que el tratamiento era eficaz.

Cuando el equipo repitió las evaluaciones utilizando la Escala de Desregulación Emocional de la Entrevista Wender-Reimherr para Adultos con TDAH, volvieron a verse mejoras significativas en las puntuaciones de todos los campos (P<0,0001 para todos los cambios desde el inicio a la 5ª semana).

El Dr. Asherson explicó que los reclusos podían concentrarse mejor y estaban menos inquietos y que su estado de ánimo era más estable. Esto se tradujo en una reducción significativa del número total de incidentes graves entre el inicio y la semana 12 (p <0,001) y en un aumento significativo del número de informes positivos (p <0,03).

Un análisis más detallado reveló que, incluso contando con los cambios en la inatención y la hiperactividad debidos al tratamiento, las mejoras en la desregulación emocional estaban asociadas de forma independiente a reducciones en el número de sanciones a reclusos (P <0,0001).

Estos hallazgos, que fueron recopilados el pasado mes de febrero, han hecho que el estudio sea refinanciado y convertido en un ensayo aleatorio controlado sobre los efectos del metilfenidato en la desregulación emocional.

Hallazgos confirmatorios

El Dr. Asherson dijo a los asistentes que sus hallazgos reflejan los de varios estudios previos sobre adultos, así como sobre niños y adolescentes. Lo más importante, una serie de investigaciones, como estudios sobre gemelos, genéticos y neurobiológicos, también ha demostrado que la labilidad emocional es una característica central del TDAH.

Sin embargo, señaló que, pese a las influencias genéticas comunes, aún queda trabajo por hacer para desentrañar la conexión entre el TDAH y la desregulación emocional, sobre todo porque ésta no es algo exclusivo del TDAH.

Por ejemplo, existen dos posibles modelos: que sean los mismos procesos neuronales los que conduzcan al TDAH y a la desregulación emocional, lo que implicaría, por ejemplo, un papel para el control ejecutivo; y que sean diferentes procesos neuronales, como una disfunción de la amígdala cerebral.

En declaraciones a “Medscape Medical News” tras la sesión, el Dr. Asherson dijo que, en cierto modo, la inestabilidad emocional es “particularmente pobre” para indicar qué trastorno sufre un paciente, pero eso no significa que no sea un aspecto del TDAH.

“En ese contexto, para las personas con TDAH emocionalmente inestables, hay evidencia de una buena respuesta al tratamiento con estimulantes y atomoxetina [Strattera] sobre esos síntomas emocionales”, añadió.

“En general, no ha sido utilizado como un efecto primario, porque todos se han centrado en los síntomas nucleares del TDAH, pero creo que si se realizase un estudio en el que éste fuera el efecto primario, cabría esperar resultados muy similares”.

En cuanto a las razones por las que la inestabilidad emocional fue eliminada de entrada de los ámbitos clave de TDAH, el Dr. Asherson comentó: “Cuando llegó el DSM, se comenzó a ver el TDAH como un modelo cognitivo y educativo, y tal vez el modelo de las funciones ejecutivas se hizo más prominente”.

“Había un grupo, sobre todo en Estados Unidos, que pensaba que la inestabilidad emocional era reflejo de otros problemas, como el trastorno bipolar, en vez de ser posiblemente una característica central del TDAH, pero parece que los tiempos han cambiado mucho y la mayoría de expertos en la materia ha llegado a la convicción de que ‘Sí, en realidad parece parte de TDAH'”, añadió.

El Dr. Asherson hizo notar que el DSM-V dice que la labilidad emocional es una característica central del TDAH y que, aunque no debe utilizarse en el diagnóstico diferencial, puede apoyar el diagnóstico.

“Pero creo que los médicos, en particular los psiquiatras de adultos, que están menos familiarizados con el TDAH, cuando ven inestabilidad del estado de ánimo, a menudo piensan en trastorno bipolar, depresión o trastorno de la personalidad, y olvidan que el TDAH puede también causarla”, dijo.

La necesidad de marcadores biológicos

Los problemas y las novedades en el diagnóstico de TDAH fueron el tema de la sesión. Fue presidida por el Dr. Andreas Warnke, Profesor Emérito de Psiquiatría Infantil y Adolescente de la Universidad de Würzburg, Alemania, quien explicó por qué esta consideración es tan importante.

El Dr. Warnke dijo a “Medscape Medical News” que la base del diagnóstico del TDAH es la información dada por los pacientes y sus padres.

“Se critica el diagnóstico por ser muy subjetivo, depender de la edad y sólo en algunos síntomas, [y] por supuesto, estar relacionado con las tareas que tienes que realizar”, dijo, y agregó: “Si puedes estar corriendo todo el día, no es ningún problema, pero si tienes que permanecer sentado, entonces sí que lo es”.

El Dr. Warnke señaló que, como consecuencia, hay grandes discrepancias en la prevalencia de TDAH registrada en distintos países y dentro de cada país, incluyendo EE.UU.

La respuesta, dijo, es que se necesitan marcadores biológicos para ayudar a diagnosticar con seguridad el TDAH. “Necesitamos más y más marcadores de que un paciente realmente tiene ese diagnóstico, porque vamos a prescribir medicación y, en este caso, es muy importante no equivocar el tratamiento”.

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Proteger del bullying a tu hijo con TDAH

Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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¿Son realmente eficaces los programas contra el bullying a la hora de proteger a los niños con TDAH, sobre todo fuera de la escuela? Durante mucho tiempo he tenido mis dudas. Por eso me fascinó leer las opiniones, un tanto heterodoxas, de un veterano psicólogo educativo: Israel “Izzy” Kalman, diseñador del programa “De Abusones a Colegas”. Israel ha accedido amablemente a escribir sobre ello (ver más abajo) para los lectores de ADHD Roller Coaster. Él habla específicamente sobre niños, pero la misma estrategia podría adoptarse por adultos con TDAH que se sienten intimidados en su vida personal o en su trabajo.

Antes, una pequeña introducción. Hace algunos años formé parte de un grupo de cuatro expertos en TDAH que ayudó a recaudar fondos en un acto benéfico; la gente hacía generosos donativos para comer y charlar con nosotros (Thomas E. Brown, Patricia Quinn, Robert Brooks y yo – afortunada de estar en compañía de mis héroes y mentores).

Una madre me preguntó qué podía hacer para proteger a su hijo del acoso escolar. En primer lugar, le advertí de que yo no era ninguna experta en TDAH infantil, ni mucho menos en tácticas contra el acoso escolar. Entonces me atreví a decir: “Sabes, yo creo que incluso las escuelas con mejores programas de prevención del acoso sólo llegan hasta un cierto punto. Habrá muchas veces en que el niño esté fuera de la vista del profesor, o conectado a Internet en su casa. Para mí, la mejor protección que puede ofrecer a su hijo o hija es enseñarle a manejar a los matones, hacerse a prueba de bullying“.

Un terapeuta educativo, al otro lado de la mesa, me lanzó una mirada asesina. Al parecer, había dicho algo inadecuado.

No nos equivoquemos: las escuelas deben tener programas anti-acoso, por supuesto. Durante mis 13 años en escuelas parroquiales, disfruté de un ambiente que insistía en la compasión y la caridad; no recuerdo haber visto un solo caso de acoso escolar. Pero no todos los niños están en ese tipo de ambiente, y hay situaciones fuera de la escuela en las que también puede darse el acoso. Creo que los padres pueden utilizar diferentes estrategias.

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Una frase me vino a la mente: “Es más fácil ponerse zapatillas que enmoquetar todo el mundo”, de uno de los personajes de “Al Franken Saturday Night Life”, el gurú de la autoayuda Stuart Smalley (“Soy lo bastante bueno, soy lo bastante inteligente y ¡qué coño, le gusto a la gente! “). Seguramente, también hay maneras de que los padres sean más pro-activos al preparar a sus hijos para manejar a los acosadores y para distinguir entre el acoso verdaderamente dañino y las bromas e incordios corrientes.

Al volver a casa, empecé a buscar en internet criterios así; fue entonces cuando encontré a Izzy Kalman. Os recomiendo los videos de su página web; son a la vez divertidos y profundos.

Acoso escolar y niños con TDAH

Por Israel (Izzy) Kalman, MS, NCSP

Es un honor para mí que Gina Pera, experta en TDAH reconocida en todo el país, me pida que escriba un artículo sobre acoso escolar para este blog. Espero hacer justicia al tema y ser de ayudaros para algunos de vosotros.

La gravedad del problema del acoso

Una de las peores cosas que le puede pasar a un niño es ser víctima de un acoso implacable. Se meten con él o ella a diario, y nada de lo que ellos o la escuela hacen para detenerlo parece funcionar.

Los investigadores han descubierto, como era de prever, que la exposición prolongada al acoso puede afectar de por vida. Puede hacer daño no sólo emocional sino también físico. Además, como es de sobra conocido, las víctimas de acoso escolar pueden llegar a ser terriblemente violentas hacia ellas mismas y hacia otras personas.

Los investigadores también han confirmado algo que todos pensamos: que los niños con TDAH son más propensos que sus compañeros a convertirse en víctimas de acoso. Para colmo, muchos de ellos son tachados abusones por su colegio, pues tienden a reaccionar de manera impulsiva y agresiva cuando son molestados.

¿Por qué los niños y niñas se convierten en víctimas de acoso escolar?

Para entender por qué los niños con TDAH tienen más probabilidades de sufrir acoso (y por sufrir acoso me refiero concretamente a que las mismas personas se metan reiteradamente con uno), es necesario entender la dinámica de la intimidación. La siguiente explicación puede parecer demasiado simplista. Sin embargo, en la gran mayoría de las situaciones de acoso escolar, resulta exacta. No tiene nada que ver la complejidad de un problema con la cantidad de sufrimiento que produce.

Todas las criaturas sociales, incluidos los seres humanos, están programadas para disfrutar con el poder y el dominio. Por eso uno se siente bien cuando tiene el poder y mal cuando no lo tiene. Este deseo de poder varía en intensidad de persona a persona, pero es tan universal como los deseos biológicos de alimentación, sexo y sueño.

Cuando hacemos algo que nos da poder, sentimos placer. El placer refuerza ese acto, por lo que es probable que lo repitamos. Por eso, por ejemplo, cuando nos enfadamos por las rabietas, los niños tienden a tenerlas a menudo. Son una buena forma de dominarnos.

Pongamos que tú y yo somos dos niños. Tú me insultas y yo me enfado. A mí no me gusta estar enfadado; prefiero estar contento. Así que cuando haces que yo deje de estar contento y me enfade, me has vencido. Sientes un chorro de poder. Además, cuando me enfado parezco tonto, así que ya no me respetas.

Ahora has descubierto que puedes obtener placer insultándome. Y como no me respetas cuando parezco tonto, no tienes reparo en hacerlo una y otra vez. En otras palabras, sientes que merezco que me insulten.

Puede que, de hecho, estés haciéndomelo sin tener ni idea de por qué. La mayoría de los refuerzos en la vida están fuera de nuestra percepción consciente. Volviendo al ejemplo de las rabietas, los padres no suelen sospechar siquiera que están fomentando las rabietas ¡al poner tanto empeño en pararlas!

Del mismo modo, si tú me insultas constantemente, probablemente no piensas, “Oh, cuando insulto a Izzy [a mí] y él se enfada, le estoy derrotando, así que voy a hacerlo una y otra vez.” Pero el simple hecho de que yo me enfade contigo por insultarme hace más probable que continúes haciéndolo. No es que seas necesariamente una mala persona. Es simplemente la naturaleza humana en acción.

En esencia, estoy atrapado por una ficción. Creo que me enfado porque tú me insultas constantemente. ¡No me doy cuenta de que, si tú me insultas constantemente, es porque yo me enfado!

Por cierto, esto no quiere decir que yo sea tonto por caer en tu trampa. Esto les pasa también a los adultos más inteligentes. Muchos tenemos un cónyuge, jefe, padre o hijo que nos irrita a menudo, sin que nos demos cuenta de cómo nosotros mismos estamos reforzando su mala conducta.

Ahora bien, si yo soy un niño con TDAH, soy más reactivo que la mayoría de los niños. No me paro a evaluar la situación y pensar en la mejor manera de manejarla. Así descubres que soy el objetivo ideal. Si te metes conmigo, seguro que me voy a enfadar. En consecuencia, es más probable que te metas conmigo que con otros niños. Si, además, tengo problemas con el profesor por mis reacciones llamativas e impulsivas, tienes un tanto a tu favor, lo que aumenta enormemente tu deseo de meterte conmigo.

Entonces, ¿cómo podemos ayudar a esos niños?

Sería fantástico poder contar con el colegio para detener el acoso. Sin embargo, no es posible.

Aunque los padres de niños acosados acusan sistemáticamente a los colegios de no hacer nada para hacer que cese el acoso, es un ataque injusto. La investigación ha demostrado inequívocamente que las políticas contra el acoso que los colegios deben cumplir no funcionan. De hecho, es probable que empeoren el problema. Piensa en esto: si tú me insultas y yo se lo digo al profesor, y entonces te mandan al despacho del director por acosarme, ¿voy a caerte mejor? ¿Vas a querer ser más amable conmigo?

En última instancia, la solución más fiable es enseñar a los niños a manejar el acoso por sí mismos. He enseñado esto durante casi cuatro décadas, utilizando juegos de rol muy estructurados. La mayoría de los niños lo entienden muy rápidamente y aprenden a no caer más en la trampa de enfadarse. También les enseño un marco más amplio de normas para tratar a los niños como amigos, en lugar de enemigos, y les enseño a aplicar las reglas mediante juegos de rol, para manejar todas las situaciones de acoso a que se enfrenten.

Debo admitir que, en general, me cuesta más conseguirlo con niños que sufren de TDAH, ya que son más impulsivos. Cuando se meten con ellos, es más difícil que se paren a pensar en lo que les he enseñado a hacer. Entonces, ¿cómo puedo ayudarles? Simplemente con más repetición de los juegos de rol, y quizá trabajando con ellos unos minutos todos los días, hasta que la respuesta adecuada surja de manera natural.

Gina me preguntó si empleo alguna técnica particularmente potente para niños con poco control de la impulsividad. La respuesta es “No. Si la tuviera, la emplearía con todos los niños”. Mis técnicas, de hecho, son muy potentes, por eso consiguen tan buenos resultados. Lo único que necesitan los niños con TDAH es más repetición.

También puede ser útil tratar los síntomas de TDAH, para aumentar su capacidad de autocontrol.

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¿Qué pueden hacer los padres?

Entonces, si tu hijo sufre acoso, ¿cómo podéis proporcionarle la ayuda que necesita? Tal vez la mejor manera de hacerlo sea realizar una versión simplificada de mis técnicas, de la siguiente manera:

Dile a tu hijo, “Llámame idiota y no me dejes pararte”. Cuando te insulte, haz como si estuvieras enfadado de veras y adviértele de que debe dejar de hacerlo.

Probablemente descubras que te sigue insultando mientras se ríe a carcajadas. Después de un rato, ríndete. Entonces, pídele que lo vuelva a hacer. Esta vez, permanece completamente en calma mientras permites que te insulte todo lo que quiera. Probablemente se aburrirá y parará al poco tiempo.

Entonces explícale que cuando estabas tratando de detenerle, en realidad hacías que se divirtiera, por eso continuó insultándote. Cuando no trataste de detenerle, se aburrió y dejó de hacerlo.

Pide a tu hijo que lo intente durante una semana con los niños que se meten con él. También es una buena idea hacer que tu hijo lo practique. Dile que vas a insultarle y tiene que evitar enfadarse, no importa lo que le digas. Si puede hacerlo contigo, tal vez lo consiga con otros niños.

Podéis ver esta técnica en acción en un vídeo de mi página web. Id a Bullies to Buddies Resource Page   y haced clic en el video titulado The Idiot Game. También es útil que tus hijos lo vean.

¡Buena suerte!

Izzy Kalman

Israel “Izzy” Kalman es Psicólogo Educativo certificado a nivel nacional; ha trabajado en colegios y en su consulta privada desde 1978. Ofrece diferentes recursos en su página web, incluyendo un manual gratuito, How to Stop Being Teased and Bullied Without Really Trying  y libros y archivos de audio a la venta. También ofrece consultas a distancia.

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TDAH: decir NO

Kelly Babcock

Escrito por Kelly Babcock
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

NO

Tengo un problema: no sé decir que no. Cuando alguien me pide que haga algo, siento que el mundo se hundiría si digo que no.

He pensado sobre ello, claro. Creo que podría ser, en parte, por culpa del TDAH. Entre la procrastinación y la distracción, he decepcionado a un montón de gente.

Entre esos dos sabuesos infernales del TDAH, he defraudado a padres, abuelos, hermanos, novias, mi esposa, su familia, sobrinos y sobrinas y mascotas. Si hubiera tenido hijos, estoy seguro de que también estarían en esta lista.

El círculo de la culpa

Y a cuenta de eso, me veo buscando la menor oportunidad de redención. Y una oportunidad de redimirse por ser responsable de alguna tarea requiere, lo primero, responsabilizarse de esa tarea.

En otras palabras, uno debe aceptar hacerse cargo de un trabajo. Uno debe decir sí.

Pero ¿debe uno hacerlo?

En realidad, uno debe aprender cuándo no debe. ¿De verdad debe? Sí, sí que debe.

Pero aún no he aprendido del todo a hacerlo. Sigo cargando con más responsabilidades. Y trato de hacer las tareas bien. Y normalmente lo consigo.

Pero abarcar demasiadas cosas produce dos efectos negativos.

Uno de ellos consiste en no hacer esa tarea del todo bien. Sea por la procrastinación y la falta de tiempo, o por la distracción – que básicamente tiene el mismo efecto – algunas tareas no se acaban bien.

Como consecuencia, me siento tan culpable por no hacerlo bien que cargo con más tareas para compensar el fracaso. Siento que estoy en deuda.

El otro efecto negativo es que no consigo hacer mis propias tareas. Esto me hace sentirme inútil y me lleva a intentar demostrar que no lo soy. Quiero decir, que no es verdad, que asumir demasiadas cosas no es lo mismo que ser incapaz, pero me queda una sensación de haberme sobrevalorado a mí mismo y a mis habilidades cada vez que no llevo a cabo algo que había aceptado hacer.

¿Cómo se me aplica esto a mí?

Pues ahora mismo ando en problemas con esta situación. Tengo aún que terminar un par de tareas para poder lanzarme a mi nuevo proyecto vital: vender mi casa y reubicar mi vida.

Se supone que esas tareas debían estar ya terminadas, pero una tenía que hacerla esta semana; la otra, es que no se va a terminar.

De hecho, cada vez que acabo con lo que me han encargado y creo haber terminado, aparecen una o dos tareas más.

O tengo un trabajo que hacer, al que se le añaden más cosas. El viernes tenía que colgar unos armarios de cocina y colocar otros dos elementos bajo un mostrador. Antes de que acabara, el que manda decidió que añadiera puertas a un espacio que quedaba entre ellos y pusiera baldas en su interior.

Para hacerlo más entretenido, el lugar de la obra es una zona limpia, así que había que hacer todos los cortes y taladros en un edificio al otro lado de la calle. Un trabajo que debería durar media hora me costó cinco. No fue por culpa mía y, sin embargo, me sentí responsable.

¡Pero se acabó!

¿Van a seguir así las cosas? ¡Eso sí que NO! (¿Ves? Ya empiezo a cogerle el truco).

Y esta misma semana voy a tratar de aprender a decir no.

…en cuanto termine con esto que estoy haciendo.

psychcentral 20 years

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TDAH – A Moda do s.XXI “Hiperactividade e déficit de atención”

Un título provocador para una serie de charlas apasionantes.

¡Gracias, Javier, Lucía y Emilio!

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Promesas, promesas: por qué las incumplía y cómo las cumplo

Cuando me costó tres años reparar una casa de muñecas para mi hija pequeña, decidí no volver a decepcionarla.

Family guy

Del blog Family Guy. Escrito por Douglas Cootey
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Douglas Cootey

De todos los aspectos negativos del TDAH, el peor para mí es la larga lista de promesas incumplidas que he hecho a mis hijas. “Te voy a dar una clase de arte. Te llevaré a un viaje. Lo buscaré para ti. Arreglaré ese juguete”. No es que incumpla mis promesas adrede, pero la vida pasa, estamos atareados y las cosas que siempre quería hacer van quedando arrinconadas y olvidadas. Mi proyecto olvidado más reciente es la casa de muñecas. Es una hermosa casa de muñecas de madera hecha a mano, con paredes pintadas, una azotea y moqueta en todas las habitaciones – como la de la casa de los abuelos de mi hija. Compré la casa de muñecas hace años para mis dos hijas mayores, que ya han abandonado las Barbies por los novios. Ahora la pequeña quiere jugar con ella, pero hay un problema.

Después de ser utilizada con cariño durante años, la casa de muñecas necesita algunos cuidados. Un patio perdió la valla, las paredes pintadas están rayadas y sucias y la azotea negra y rugosa está desgastada. Hay que limar las esquinas. Cuando me mudé a mi nuevo apartamento, después del divorcio, la casa de muñecas iba a ser el primer proyecto que hiciera para la primera Navidad – y para cada Navidad desde entonces. Han pasado ya tres navidades y a esa pobre casa de muñecas no le queda menos para estar terminada.

Todo el mundo ha pospuesto la realización de algún proyecto. Por lo general, se trata de proyectos grandes y difíciles de manejar, como garajes y trasteros desordenados o siete cajas de recetas desordenadas de la Bisabuela que aguardan tu atención. Por desgracia, la procrastinación es un rasgo característico del TDAH. Procrastinamos tanto que acumulamos sobre nosotros proyectos inconclusos como percebes hasta que todos se enteran. Llegamos a ser tan buenos procrastinando que a menudo los grandes proyectos no tienen ninguna posibilidad con nosotros, porque ya hay demasiados proyectos pequeños en los que no trabajamos. Sin embargo, hay una forma de evitar que el TDAH nos impida llevar a cabo lo que tenemos que hacer.

1) Haz de ello una meta

Los grandes proyectos nos abruman. No sé tú, pero yo, cuando miro a algo como esa casa de muñecas, me agobio por todo el trabajo que hay que hacer. ¿Por dónde empiezo? ¿Tengo tiempo para hacerlo hoy? ¿No tenía otra cosa que hacer? El primer paso es decidirme a terminar el proyecto: considerarlo algo importante; de lo contrario, nunca lo será. El deseo de terminar la casa de muñecas antes de que mi hija pequeña deje de jugar con muñecas es una gran motivación para mí.

2) Divídelo en pasos

El siguiente paso para hacer frente a un gran proyecto es escribir todos los pequeños pasos que se necesitan para completarlo. Para mí, éste es el aspecto del proyecto que me desborda. Dividirlo me ayuda a entenderlo mejor y a tenerle menos miedo.

3) Prográmalo

Ahora que tienes el proyecto dividido en pasos pequeños, puedes encajarlos aquí y allá en tu horario. En lugar de “pintar la casa,” tienes que “pintar la puerta.” Eso sólo cuesta una hora. Los sábados tengo tiempo para trabajar en la casa de muñecas, así que puedo relajarme porque sé que el siguiente paso no se comerá todo mi fin de semana.

En cuanto pongo en práctica estos tres pasos, consigo hacer los proyectos. Si veo que una tarea está acabando conmigo, es porque no me he tomado tiempo de entender el proyecto y dividirlo en pasos. Motivación. Preparación. Acción. Así es como incluso los adultos con TDAH consiguen hacer las cosas.

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El divorcio al estilo TDAH

No es el TDAH quien arruina los matrimonios, sino las personas.

Escrito por Kate Hurley
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

ADDitude

Estuve casada dieciséis años con Adam, un hombre con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH); nuestros tres hijos también lo tienen. Tuvo que ser uno de esos niños quien me demostrara que no es el TDAH lo que hace naufragar un matrimonio. Es que personas como mi marido decidan o no esforzarse por manejar sus síntomas.

Nadie reconoció el TDAH de Adam hasta que nuestro hijo mayor fue diagnosticado, con tres años. Para entonces, yo estaba desbordada. Mi trabajo era tan exigente como el de Adam, pero al volver a casa, él no hacía casi nada. No pagaba facturas, no cocinaba, no limpiaba, no ayudaba a hacer los deberes ni acostaba a los niños.

¿Podía mi marido cambiar?

Cuando buscamos ayuda profesional, yo era una treintañera llorona con un niño de cuatro años con TDAH y otro de dos años que también parecía tenerlo. Aun así, las palabras del terapeuta eran reconfortantes: cada una de nuestras vidas es como un aeropuerto muy concurrido, explicó, y yo estaba gestionando demasiado tráfico. Era por eso por lo que nuestro matrimonio no funcionaba.

Estaba en lo cierto. Yo estaba gestionando mi propio aeropuerto y los de mis hijos, mientras hacía que funcionara el de mi marido – el ir y venir, la limpieza, la organización de su vida personal y financiera. Nuestro terapeuta le leyó la cartilla a Adam: si no ponía su vida en orden, toda la familia se estrellaría.

Pese a la conclusión negativa de la metáfora, me sentí esperanzada. Yo quería a Adam. Si seguíamos las instrucciones del terapeuta, teníamos un matrimonio mejor a nuestro alcance.

Sin embargo, eso nunca sucedió. Tenía tantas ganas de que las cosas salieran adelante, que lo intenté durante diez años. Adam también quería que nuestro matrimonio saliera bien. Quería estar a la altura de sus responsabilidades. Lo que no podía hacer era cambiar. No quería tener que acordarse de tomar la medicación, o estar pendiente de renovar sus recetas. Me di cuenta de que, en el fondo, Adam no quería madurar.

El momento crítico

Un día encontré a nuestro hijo de nueve años escribiendo febrilmente un montón de post-it. “Estoy tratando de escribir todo lo que se supone que papá tiene que hacer hoy. Si se los pego en la camisa, quizá se acuerde”.

Lo lamenté aquella noche. Mi hijo es una persona leal, como yo. Pero él se merecía el lujo de dedicar sus pensamientos al baloncesto, no a mantener a su padre en el buen camino.

El final llegó cuando le pedí a Adam que llevara a nuestra hija de seis años a su clase de ballet y la recogiera tres días en una semana. En su descargo, tengo que reconocer que fue capaz de dejarla allí a las 6:30. Pero se olvidó de recogerla a las 7:30 todos los días, a pesar de que yo se lo recordaba cada mañana. Finalmente, tuve que aceptar que él no iba a cambiar. Cuando le propuse separarnos, Adam se quedó desolado y perplejo.

La moraleja

Una amiga trató de hacerme cambiar de opinión. Le dije que mirara a mis hijos. Ellos también tienen TDAH. Pero, a diferencia de su padre, que eligió caer de bruces, ellos hicieron lo necesario para llegar a ser adultos responsables.

No es el TDAH lo que destruye matrimonios. Quien que produce el daño es la persona que no se enfronta a su diagnóstico, no se compromete con su medicación y no se responsabiliza de sí misma. Si no nos hacemos cargo de nuestras vidas, las personas más cercanas a nosotros sufren.

Hace cuatro años, me diagnosticaron hipertensión y tuve que tomar medicación para bajarla. En aquel momento eché la culpa a la tensión causada por la negativa de Adam a reconocer y manejar su TDAH. Él se lo tomó a risa.

Ahora soy yo quien se ríe. Mi tensión arterial se normalizó a los diez días de nuestro divorcio y ha sido normal desde entonces. Los medicamentos están ahora en la basura, donde deberían haber estado hace una década.

 

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